Todo lo que ya hayan leído en los libros de JK Rowling, es pura y exclusivamente suyo. Lo demás, es totalmente inventado, inspirado en la canción de Coldplay homónima a la historia, que encontrarán en el disco "X&Y". La composición de este texto NO contempla los sucesos de "Harry Potter and the Half-Blood Prince". Sin fines de lucro.
Para Agus
X&Y
Segunda parte
-Creo que daré una vuelta. ¿A qué hora embarcamos?.-
-Diez y media. ¿Quieres llevar a Paul contigo?. Creo que está un poco inquieto.-
-Sí, por supuesto. ¿Te veo aquí en media hora?.-
-Ajá.-
Caminó unos pasos y se puso detrás del carrito. Le dio un beso en la mejilla a su esposa y tomó el barral. Empujó, para que las ruedas giraran, y caminó.
Pasó frente a varios cafés, pero no paró en ninguno. Siguió caminando algunos minutos, viendo la gente pasar mientras miraba por los grandes ventanales el despegue de algunos aviones.
Se preguntó si no había otra posibilidad que la de subirse al mortal transporte para regresar a casa. Después de todo, a pesar de que ya había viajado una vez en él, la experiencia no había sido de su agrado. Antes, siempre había utilizado medios mágicos para sus viajes y no le hubiera molestado para nada volver a eso en ese momento.
Pero ahora las cosas eran diferentes, por evidentes motivos. Paul tenía sólo tres meses y era algo arriesgado subirlo a un avión. Más lo sería meterlo en una chimenea o hacerle tocar un traslador.
Volvió la vista al frente y siguió caminando, hasta que sintió que el bebé gimoteaba. Se hizo a un lado y se puso frente a él. Se le había caído el chupete.
Él lo buscó entre sus mantas y volvió a colocárselo, sonriendo. El niño se calmó al instante y cerró sus ojitos lentamente. Él estiró el dedo índice y lo pasó por su pequeña y rechoncha mejilla. Volvió a la parte trasera del carrito y siguió con su caminata por el aeropuerto.
Unos cinco minutos más tarde, alguien tropezó con él.
-Oh, disculpe.- dijo rápidamente la mujer.
-No, no es... – se quedó congelado en su posición. No podía creerlo. Después de tantos años, volvía a encontrarla en el lugar menos esperado. -¿Hermione?.-
Ella levantó la vista, que tenía ocupada en levantar las cosas que se le habían caído con la colisión y abrió la boca en un gesto de incredulidad al verlo.
-¿Harry?.- se levantó y lo miró.
Ninguno dijo nada. Había sido demasiado repentino. Ninguno de los dos esperaba que ese encuentro se produjera. No en un aeropuerto, no después de diez años sin verse las caras.
-Bueno... Hola.- Harry rompió el hielo. La situación era lo suficientemente incómoda como para que hubiera decidido hacerlo. -¿Cómo has estado?.-
Hermione abrió y cerró la boca varias veces antes de poder reaccionar al fin. –Bien.- respondió simplemente. -¿Qué haces aquí?.- preguntó, levantando involuntariamente la voz.
-Vuelvo a Australia con... – pausó un momento. No sabía porqué, pero le costaba decirlo. Le costaba decírselo a ella –mi esposa.- completó. –Y Paul.- agregó, señalando el carrito que aún sostenía fuertemente tomado por la manija trasera.
-Oh.- soltó ella, sorprendida.
A ese pequeño intercambio siguió un incómodo silencio. Harry miró a los lados, tratando de que su nerviosismo no se notara demasiado.
-¿Y tú?.- habló al fin. -¿Qué haces tú aquí?.-
-Yo... Yo también viajo. A Berlín, por trabajo.- contó ella.
Luego, volvieron a callar.
Lo cierto era que motivos sobraban para que esa incómoda situación se produjera. A pesar de que años atrás habían sido muy buenos amigos (y algo más, por cierto), al punto de que se consideraban el uno al otro como hermanos, ciertos acontecimientos habían separado sus caminos en forma casi definitiva.
Luego de la graduación en Hogwarts, habían hablado dos o tres veces más. Algunas lechuzas habían volado de la casa de uno a la del otro unas cuantas veces más durante los dos meses siguientes, pero nada de eso funcionó. Algo se había roto y no había forma alguna de arreglarlo.
-.-.-.-.-.-
Días atrás, los habían descubierto. Habían olvidado asegurar la puerta y Ron había entrado en el momento menos propicio.
Después de eso, subsiguió la peor semana de sus vidas. El último varón Weasley no estaba dispuesto a considerar siquiera la posibilidad de una charla que arreglara las cosas entre los tres.
Ginny se había enterado también, por supuesto. Pero ella aceptó los sucesos con menos dramatismo. Sabía desde hacía tiempo que las cosas entre ella y Harry no iban bien, por lo que contempló el hecho de que él hubiera buscado lo que ella no podía darle en otra parte. Sin embargo, estaba lo suficientemente herida como para no querer hablar con ninguno de los dos.
Ahora, en la mitad de la fiesta de graduación, Harry y Hermione se encontraban separados del resto, ambos muy decaídos. El rumor se había corrido por todo el colegio en el transcurso de la semana y cada armadura sabía lo que había sucedido con Ginny y Ron.
Pero lo que más les dolía era que los Weasley no daban cabida a la más mínima explicación. Harry y Hermione no encontraban el modo de hacerles comprender que lo que había sucedido no tenía nada que ver con ellos, y que su real intención nunca había sido hacerles mal.
Por más esfuerzo que hicieran, ellos no escuchaban.
Después de pasar la semana entera tratando de cruzar palabra con ellos, habían desistido. Tal vez, fuera del colegio, lejos de todos los susurros que perseguían a los cuatro por los pasillos todo el tiempo, las cosas fueran más fáciles.
Cansados, decidieron salir a los jardines. Atravesaron la pista de baile por un costado, para llamar la atención lo menos posible. Pero todas las cabezas se giraban hacia ellos y miles de dedos los señalaban acusadoramente. Caminaron rápido, intentando escapar del fantasma de la humillación y la vergüenza, que los perseguía incansablemente desde hacía tantos días.
Salieron a la profunda noche y bajaron los peldaños de las escaleras principales del castillo. Pasearon por el húmedo pasto un rato, en silencio.
Aunque ninguno de los dos quería aceptarlo, esa semana había significado también un alejamiento entre los dos, más allá de que fuera inconsciente.
Sin querer, por inercia, casi por un instinto de vanidad que les impedía aceptar la propia carga, los dos culpaban al otro por lo que había sucedido. Ninguno de los dos lo decía, pero ambos lo pensaban. Habían perdido a sus mejores amigos y eso era algo de lo que no podían hacerse cargo voluntariamente, por más que lo intentaran.
A su vez, los dos se sentían muy culpables por culpar al otro, puesto que, a pesar de que lo hacían, sabían que no debían hacerlo. No, sus pensamientos no eran algo que pudiera llamarse coherente por esos días.
Pararon sus pasos y se miraron. A esas alturas, les bastaba eso para comprenderse.
-Lamento que haya pasado esto. Lo sabes¿no es cierto?.- dijo Harry, tratando de expresar su culpa en palabras.
-Sí, lo sé.- confirmó ella. –Yo también, pero pasó.- reflexionó, acertadamente. Ahora que lo decía, se daba cuenta de que era eso lo que realmente sucedía y que ése era el obstáculo que no podía superar.
Lo que habían hecho, ya estaba hecho y no había forma de deshacerlo, por más que se cargaran la culpa o se la cargaran al otro. Por más que se lamentaran, por más que intentaran arreglarlo, estaba quebrado y no había forma de devolverlo al estado original.
Esa noche, sin saberlo, se despidieron.
-.-.-.-.-.-
-No, no volví a hablar con Ron.- contaba Harry. Ahora caminaban juntos por los iluminados pasillos del aeropuerto. Luego de unos minutos de tensión, pudieron volver a hablar como antes. –Pero supe por Molly que se casó el año pasado.-
-Oh¿si?.-
-Ajá. No recuerdo ahora quién era ella, pero creo que era alguien del colegio que había seguido con él la carrera de auror aquí.- se refería a Londres. Él había viajado desde Australia, donde vivía ahora, para que sus suegros, que no habían tenido la posibilidad de viajar hacia allá, conocieran a Paul.
-Yo sigo hablando con Ginny. Nos encontramos unos dos años después de que nosotros termináramos el colegio y hablamos. Dejamos las cosas bastante claras y aún estamos en contacto.- relató Hermione. –Vive a una media hora de casa y nos vemos de vez en cuando. Ella tiene un bebé pequeño también.-
-¿Y tú?.- preguntó Harry, descolocándola por un momento. Tardó unos segundos en responder.
-Yo... yo estoy casada.- levantó la mano derecha y le mostró una dorada alianza en su dedo anular. –Hace cuatro años.-
Pararon su periplo y se sentaron en unos sillones destinados a la espera de los arribos y las partidas. Harry colocó el carrito de su hijo a su lado. Paul aún dormía.
-¿Eres feliz?.- quiso saber, de pronto sonando muy serio.
Hermione lo miró a los ojos un momento.
-Sí.- afirmó, sinceramente. –Muy feliz.- agregó. –Nosotros tenemos mellizos.- comentó. –Matthew y Sophia. Tienen un año y medio ya.- comentó.
-¿Viajan todos?.-
-Sí. Los tres están en la juguetería, comprando provisiones para matar el aburrimiento durante el vuelo.-
Harry sonrió torcidamente.
-Siempre pienso que hicimos todo al revés.- empezó, mirando fijamente sus zapatos. Hacía años que tenía planeado decírselo, pero nunca había juntado el suficiente valor para escribir una carta o tocar un timbre y hablar. –Que no deberíamos haber dejado que lo que pasó entre nosotros nos separara como amigos.- Hermione escuchaba con la cabeza ladeada hacia la izquierda. –A veces me pregunto cómo hubiera sido todo si no hubiéramos sido tan egoístas. Tal vez Ron y Ginny se enojaran en un principio, pero seguramente hubieran aceptado lo nuestro si no les hubiéramos mentido por tanto tiempo y no se hubieran enterado de lo que sucedía en la forma en que lo hicieron. Creo que fue eso lo que arruinó todo en realidad.-
-Si... Yo también lo creo. Tal vez nosotros estaríamos juntos aún¿no lo crees?. Ron y Ginny serían los felices tíos de nuestros hijos y todo sería como antes.- Su voz comenzaba a ahogarse.
-Y si nosotros no estuviéramos juntos, lo más seguro es que aún seríamos todos amigos, como lo fuimos en algún momento.- pausó un momento. Paul se movió en su coche, pero seguía durmiendo. –Tal vez todo sería como ahora, y todos hubiéramos tomado los caminos que tomamos. Pero hubiéramos presenciado casamientos y nacimientos, como se suponía que lo haríamos en un principio. Después de todo, ése era el plan.-
-Pero nuestro plan no funcionó, Harry.- replicó Hermione sensatamente, comprendiendo a dónde estaba yendo el planteo de él. –Y tú no tuviste la culpa, así como ni Ginny ni Ron ni yo misma la tuvimos. Simplemente pasó y no hay nada que podamos hacer ahora. Creo que ni siquiera en ese entonces hubiéramos podido en contra de eso, por más que hubiéramos querido hacerlo.-
-Sí, lo sé. Pero no puedo dejar de pensar en qué hubiera pasado.- Paul despertó y se movió incómodo. Harry lo levantó y lo meció suavemente en sus brazos.
-Él no estaría aquí.- dijo Hermione, señalando al pequeño. –Es hermoso.- elogió, inclinándose para verlo más de cerca.
-Se parece mucho a su madre.-
-¿Sí?. ¿Quién es ella?.-
-Cate Harrison. La conocí hace diez años, en la Academia.- Harry había pedido un traslado de su beca a Australia luego de los sucesos del final de su séptimo año y jamás había regresado al Reino Unido, hasta ahora. –Nos casamos hace dos, pero habíamos sido pareja cinco años antes de eso.-
-Eso es mucho tiempo.- comentó Hermione.
-Sí, lo sé.-
-¿Eres feliz?.- Hermione repitió la pregunta que Harry le había echo a ella minutos antes, provocando en él el mismo efecto que había provocado en ella.
-Sí. Muy feliz.- respondió él también. –La amo y ella me ama. Tenemos a este pequeño.- miró a su hijo un segundo. Luego levantó la vista y miró a Hermione a los ojos por primera vez en diez años. -No veo qué más puedo pedir.-
Ella sonrió, realmente contenta por lo que él le contaba.
-Hay algo que nunca te dije.- Harry volvió a hablar. –Realmente te amé el tiempo que estuvimos juntos, a pesar de que no lo demostré después de lo que pasó.-
-Lo sé. Yo también te amé, Harry. Y amé lo que tuvimos mientras duró.- pausó un momento y luego prosiguió. -Estoy muy contenta de que seas feliz ahora, con tu familia. Creo que es lo mínimo que mereces por todo lo que has hecho por todos nosotros.-
-Yo también estoy contento por ti. Tú mereces eso y mucho más.-
Se miraron de nuevo y se sonrieron. Después de tanto tiempo, encontraron que seguían siendo los mismos, que se seguían queriendo tanto como antes de que el destino hubiera separado sus caminos y que la compañía del otro les era tan agradable como siempre les había resultado.
-¿Harry?.- llamó Cate. Seguramente, la media hora que Harry había dicho que tomaría había pasado hacía tiempo.
-Cate.- Harry dejó a Paul de nuevo en su carrito y se levantó. Tomó a su esposa por la mano y la acercó al sillón en el que él había estado conversando con Hermione. –Ella es Hermione Granger, la amiga de la que te hablé¿recuerdas?.- Cate asintió y le estiró la mano, sonriéndole amablemente. –Nos encontramos hace un rato por aquí.-
-Un gusto. Harry me ha hablado mucho de ti.- contó Cate.
-El gusto es mío. Espero que no te haya contado lo que no se puede.- dijo, levantando las cejas y fingiendo un gesto de preocupación. Rieron por lo bajo. –Oh, aquí viene William.- anunció, mirando por encima del hombro de la esposa de Harry.
En efecto, unos segundos más tarde, un hombre rubio llegó con dos niños pequeños de la mano.
-William, él es Harry.- presentó cuando su marido llegó a su lado. Los hombres estrecharon manos cordialmente. –Cate, su esposa.- William hizo lo mismo con ella.
-Finalmente.- comentó, con voz grave. –Hermione ha comentado mucho sobre ti.- le contó a Harry. –Ella es Sophia, y él es Matthew.- señaló a los niños que habían venido con él, que saludaron a la pareja con un tímido y educado Hola.
-Harry, debemos abordar, o nos dejarán aquí.- dijo Cate, consultando su reloj.
-Bien, entonces deberemos irnos.- dijo Harry.
Cate tomó el carrito de Paul y lo empujó en dirección contraria. –Ha sido un gusto, Hermione, William.- y caminó en dirección a la puerta por la que ella y Harry debían abordar.
El esposo de Hermione se despidió también y se volteó con los niños para dirigirse a su propia puerta de abordaje, en sentido contrario.
Harry y Hermione quedaron solos un momento.
-Estoy muy contento por ti, en serio.- volvió a decir Harry, tratando de asegurarse así de que ella lo comprendiera.
-Lo sé. Yo también por ti.-
Se miraron un segundo y luego se abrazaron fuertemente, como hacía muchísimo tiempo no lo hacían.
-Te quiero mucho.- confesó Harry cuando se separaron.
-Yo también te quiero. Gracias por todo lo que has hecho por mí, Harry, en serio.-
Luego, los dos se giraron y caminaron rápido para alcanzar a sus respectivas parejas.
Ese día, ambos comprendieron que nada de lo que había sucedido diez años antes tenía que ver con ellos. Que nada de lo que hicieran ahora remediaría los grandes errores que habían cometido antes, pero que podían seguir adelante sin sentirse culpables por lo que había sucedido, tratando de aprender de lo que habían echo mal.
Y que, más allá de que habían pasado una década sin hablarse, en el fondo, todo seguía siendo como antes.
FIN.
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Una segunda parte inesperada, que simplemente surgió (especialmente fomentada por algunos bonitos reviews). Gracias a todos los que leyeron el primer episodio de esta historia y dejaron sus comentarios.
Toda sugerencia, critica, tomatazo, ramo de flores (?) será recibido cordialmente en ese pequeño lugarcito que se llama review, al que pueden acceder con un simple click en GO. Gracias por leer!
Adío!
