Destino Fortuito
Disclaimer: Slam Dunk es propiedad de Inoue-sensei.
Advertencia: Esta historia contiene yaoi (más adelante, quizá lemon)
1. Miremos hacía Delante
- ¿Estás bien… Kaze?
Al oírle llamar por su nombre de labios de aquél chico, no evito levantar, con algo de brusquedad, su mirada. Al ver la sincera sonrisa que Rukawa le regalaba, sus ojos mostraron debilidad, y dejaron asomar varias lágrimas cristalinas, mientras que apretaba fuertemente los labios. Sus mejillas ardían en un hermoso rojo escarlata. Al instante se aventó a los brazos de quien estuviera en frente suyo, a llorar, como hacía tanto que no hacía, de felicidad.
- ¡Kaede!- gimió, mientras que los brazos de Rukawa lo estrechaban contra su pecho y le decía palabras tranquilizantes al oído. Sus manos acariciaban su largo pelo rojo, mientras aspiraba profundamente su inigualable olor a manzana.
- ¿Por qué!- pregunto, mientras se enjugaba las lágrimas.
- ¿Cómo supiste donde estaba?
- Yo… yo le pregunte a nee-san… - se aferro con fuerza a la espalda de Rukawa -… ella me dijo… - como su rostro estaba contra el pecho de Rukawa, no pudo ver como sus facciones se distorsionaban en una mueca de sorpresa Mi hermana.
Rukawa Aoi. Hermana mayor de Kaede. Se emancipó de sus padres a la edad que ahora tiene Kaede (esté, en ese tiempo, tenía 7 años), no porque odiará a sus padres, sino porque quería tener sus propias aventuras lejos de su constante supervisión. Para hacerlos sentir orgullosos de ella, sin saber que ya se sentían así al saber que su hija estaba madurando. Al enterarse de sus muertes, se sintió impotente, no podía hacer nada ya, lloro toda la noche. Ahora arqueóloga, se encuentra en Perú en unas importantes excavaciones.
- ¿Por qué?- volvió a gemir Kaze - ¿Por qué no me buscaste?- sus lágrimas corrían libremente por sus pálidas mejillas ahora sonrojadas.- ¿Por qué te olvidaste de mí!
En un delicado movimiento, le secó las lágrimas con el pulgar. Al sentir su toque cerró sus ojos, y sus labios se entreabrieron levemente.
- Ahora duerme – una sonrisa adornaba su rostro. Lo acomodo sobre la cama.
Pudo notar como sus ojos lo observaba fijamente, que seguían sus movimientos, cada uno de ellos. No se dormiría hasta obtener respuestas. Las quería ahora. Y eso lo sabía muy bien. Sabía que pasaba por la mente de ese muchacho, lo conocía bastante bien.
- Mañana – fue lo único que dijo.
Notó, ahora, como el semblante de Kaze se relajaba, al tiempo que le regalaba una sonrisa. Aún sentado en la orilla de la cama, se inclino lentamente hacía el pelirrojo, le apartó algunos mechones de cabello de la frente y allí, le deposito un pequeño y dulce beso.
- Descansa – se levanto de la cama y camino hacía la puerta de la habitación. Antes de salir, le dirigió una última mirada – Yo también te extrañe – y diciendo estas últimas palabras, salió del cuarto cerrando tras de si la puerta.
-o-
La duda aún estaba suelta. Todos tenían curiosidad por saber quien era ese muchacho que hace unos minutos había caído inconsciente, ya que, la sorpresa de ver como Rukawa lo trataba fue grande. Pero sus dudas no serían saciadas.
Sakuragi caminaba lentamente a lado de su gundam. Hablaba de lo sucedido al salir del entrenamiento, de lo poco que había dicho Haruko, etc. Una pregunta lo asalto mientras hablaba¿Por qué le tomaba tanta importancia? Y es cierto. ¿Por qué¿A él que le importaba lo que hacía el apestoso zorro o no? Pero, siendo sinceros, la duda era más poderosa pese a cualquier razón.
- Y dijo que se llamaba Kaze, Hashiba Kaze…
- ¿Hashiba?- le interrumpió de pronto Okus. - ¡Ah! Ya se a quien te refieres… ese chico esta en mi salón…
- ¡Ah! Es cierto, tu también estas en el mismo salón que Haruko – habló Noma que estaba a un lado de él.
- Si – afirmó - Se sienta a un lado mío (delante de Haruko) y lo poco que me contó fue que había venido de Kyoto y que acababa de llegar hoy en la madrugada.
- ¿En la madrugada?- preguntaron los cuatro a la vez.
- Bueno, eso me dijo – se encogió de hombros.
- Y a todo esto¿Por qué estabas hablando tú con él?- pregunto Sakuragi, curioso.
- Es que él me pregunto por Rukawa… - trato de acordarse de lago que al parecer era importante -…
- ¿Qué ocurre Okus?- pregunto Yohei, al verlo tan pensativo.
- Nada Yohei – respondió.
-o-
Hanamichi había estado caminando sin rumbo fijo desde que su gundam lo dejase en el Danny's. No quería regresar ya a su casa aún. Quería tomar un poco más de aire fresco antes de encerrase en ella.
En toda la tarde, antes de que quedará sólo, la plática fue acerca de Hashiba (cada vez que oía ese nombre, sentía una terrible migraña) y su extraña relación con Rukawa. Familiares no podían ser ya que el apellido lo dejaba claro. Amigos, imposible, ya que el zorro era un antisocial y no tenía ni un solo amigo. Pero¿Quién le aseguraba eso?
Siguió caminando, intentando despejar su mente y dejar de pensar en ese absurdo tema, ya que ¿Qué le importaba a él lo que hiciera o dejara de hacer Rukawa?
Elevó la mirada al cielo y lo contemplo largo rato. ¡Que hermoso se veía! Con una luna menguante brillando junto a miles de estrellas intentando opacarla vanamente. Mientras que su profundidad, era negra, como la piel de una pantera. Y completamente despejado, sin nubes. Simplemente, hermoso.
Al bajar su mirada, esta se topo con la imagen de una esbelta figura de cabellos negros que conocía muy bien. Rukawa. Si, era él, no cabía duda; sin embargo no quiso acércasele, ni siquiera para reñir. Algo muy dentro de él le decía que sólo mirara…
Rukawa entró en la farmacia con paso tranquilo. Hacía apenas unos cinco minutos que había salido de su casa, y ya era de noche. ¡Que rápido se pasa el tiempo!
- ¿Qué necesitaba?- pregunto la señora que atendía la pequeña farmacia, con una sonrisa.
No contesto rápido, primero le echo un vistazo al mostrador, para ver si estaba a la mano lo que necesitaba. Al no verlo, le pidió lo que necesitaba.
- ¿Me permites la receta médica?- Rukawa asintió, mientras sacaba del bolsillo de su chaqueta un papel doblado, color blanco. Se lo entrego. La señora se alejo del mostrador con el papel en manos, mientras desaparecía por un pequeño pasillo.
No tardó mucho en regresar. Llevaba consigo un pequeño frasquito de cristal oscuro y tapa blanca en su mano. Las dejó sobre el mostrador y después se dirigió a con Rukawa:- Se me acabaron, sólo me queda esta joven. Cuesta 6000…
- Démela – interrumpió, mientras le extendía la mano con el dinero.
La mujer se quedo sorprendida, para después recuperar la cordura, sonreírle y después cobrarle. Rukawa salió de ahí con una pequeña bolsita negra que contenía la medicina. Al salir, se encontró frente a un molesto pelirrojo que estaba parado frente a la farmacia.
Iba a pasarlo de largo, cuando la imponente voz del pelirrojo le llamó. El siguió caminando como si nada. Esto no le hizo ni pizca de gracia al pelirrojo, que, en vez de gritarle hasta de lo que se iba a morir, lo siguió tranquilamente y en silencio, esperando no se molestara con su presencia. Ese día no tenía ganas de pelear.
- ¿Quieres ir a molestar a otras personas, do'aho? ahora no tengo tiempo para tus tonterías – escupió con molestia después de varios minutos. Sin esperar respuesta, acelero el paso hasta que llegó a una lujosa casa de estilo occidental, a la que entró dando un portazo.
Hanamichi se le quedó viendo a la fachada de la casa por un momento, para después seguir su camino. Éste ni se dio cuenta que, a través de una ventana, Rukawa lo había visto alejarse.
-o-
Subió lentamente los escalones, sus piernas le dolían. Al llegar al segundo piso, y dar vuelta a la derecha en el pasillo, se encontró de frente a Kaze. Sus cabellos pelirrojos caían libres sobre sus hombros mientras que sus pies descansaban desnudos sobre la alfombra.
- Escuche un golpe – explicó tímidamente, mientras sus manos e aferraban a la orilla de la camiseta que Rukawa le había prestado. – Y me he levantado…
- He sido yo, perdona si te asuste – se disculpó, mientras que llegaba con él. - ¿Acabas de despertar?- pregunto, poniendo una mano en su hombro y adentrándolo a la habitación.
Kaze meneó la cabeza, negando. – Ya estaba despierto – una vez dentro, se sentaron en la orilla de la cama. - ¿a dónde fuiste Kaede?
El aludido le mostró la pequeña bolsita que traía consigo. Kaze se le quedó viendo fijamente, con cara de no entender.
- Me imaginó que aún las necesitas – se lo entregó.
Con curiosidad la abrió, sacó su contenido, un pequeño frasco de cristal oscuro, y miró la etiqueta. Sus ojos se abrieron lo más que pudo, estaba sorprendido.
- Mis pastillas… -musito, después se giró para ver a Kaede a los ojos - No lo olvidaste – más que una pregunta, eso era una afirmación. Kaede sólo sonrió en respuesta, era una sonrisa sincera y llena de cariño.
No pudo evitar que una solitaria lágrima de emoción corriera por su mejilla, mientras le devolvía el gesto.
-o-
La mañana llegaba esplendorosa. El sol brillaba con intensidad en el firmamento. Ya se oía el cantar de los pájaros y el sonido del viento jugando con las hojas y las ramas de los árboles. El rocío aún se notaba el sus hojas y flores.
El sonido de las llantas de la bicicleta se mezclaba con el crujir de la poca hojarasca que ya había. Lo cuál hacía voltear a algunos de los estudiantes que a esa hora caminaban por ahí. Los que conocían al conductor (de vista nada más, ya que no le hablaba a nadie) estaban sorprendidos al ver que no estaba dormido y que, además, no venía solo.
Sentado tras de Rukawa, venía Kaze, él cual lo abrazaba, rodeando su cintura con sus brazos, para así evitar caerse. Era la primera vez que se subía a una bicicleta.
- ¿No crees que vas muy rápido?- pregunto, con cierto temor, mientras hundía su rostro en la espalda del conductor.
- ¿Rápido? Pero si apenas pasó de los 10 km/hr…
Después de unos segundos, llegaron al instituto. Dónde Rukawa atracó la bicicleta y puso cadena.
- Te traje tu almuerzo Kaede – dijo, sonriente, el pelirrojo.
- ¿Y que es?- pregunto. Quería saber que le había traído. Por primera vez en mucho tiempo, comería comida casera (hecha por otra persona –una de su completa confianza-).
- Lo que te gusta. Rollos de crema dulce. ¡Ah! Y también te puse… - comenzó a enumerarle mientras golpeaba sus piernas con el maletín.
- ¿En serio?- pregunto emocionado. Kaze asintió.
Y siguieron hablando, mientras eran observados con minuciosa curiosidad por los demás estudiantes, los cuales estaban sorprendidos por la "nueva" actitud del chico, que todos conocían como un bloque de hielo.
Por los pasillos, se podían ver varias chicas tiradas en el suelo, otras sufriendo paros cardiacos, o con un ataque de suspiros y cientos de corazones volando alrededor de su cabeza. Todas esas chicas, admiradoras suyas. Todas así por tan sólo ver su hermosa sonrisa.
-o-
Las clases se pasaron rápidas y tranquilas. Todos los alumnos salían de sus salones para dirigirse a sus respectivas casas a descansar de su agotador día. Se reunían a la salida para irse juntos. Se iban charlando de sus cosas, de cómo les había ido en el día y eso.
Pero en el gimnasio, al contrarío, había ruido. Demasiado. Y era más que obvio. Los integrantes de shohoku practicaban arduamente, pasándose el balón, driblando, botando, anotando. El rechinar de los tenis, el sonido del balón, los "pásamela" y los gritos de las porritas era todo el sonido que inundaba el lugar.
- Tomen un descanso… en cinco minutos volvemos a comenzar – anunció Ryota de pronto.
La mayoría se fue a sentar a la banca, o incluso e tiraron a la suela, pero Kaede se acercó a las gradas. Todas sus admiradoras se emocionaron al ver como se les acercaba con una bella sonrisa en sus labios. Pero su felicidad no duró mucho cuando este se sentó a lado de su pelirrojo amigo.
- Vas bien, Kaede.
- Gracias.
¿Qué¡El llamaba a Rukawa-sempai por su nombre de pila¿Cómo era eso posible? Ni siquiera ellas, que estuvieron con el desde el inicio de clases en el instituto del Shohoku. Pero, ese muchacho, llegaba tan así de repente y ya le llamaba Kaede. Kaze se ganó rápidamente el odio de las fans de Rukawa.
- Por cierto¿No te han dicho nada acerca de tu enfermedad?- pregunto con preocupación, mientras se secaba el sudor con una toalla que Kaze le había dado.
Kaze meneó la cabeza.- Sólo lo que ya sabes. "Que quizá no tenga cura, pero se puede tratar para que la calidad de vida dure"…
- Lo de siempre…
- Exacto – dijo el pelirrojo en un tono de voz triste.
Kaede, en un gesto de cariño, paso un brazo por los hombros de Kaze y lo acerco a su cuerpo. Todos, incluso sus compañeros, se quedaron atónitos. Su mano se acerco a su rostro y le secó una lágrima que en ese momento resbalaba por su mejilla.
- ¿Ya estas más tranquilo?– como respuesta obtuvo un pequeño movimiento de cabeza.
- FIN DEL DESCANSO – exclamo Ryota desde el centro de la suela.
Rukawa regreso su vista a Kaze y le susurro:- Dentro de unos minutos nos vamos a casa¿de acuerdo?
- De acuerdo
-o-
Camino con lentitud a la suela, volteo a verle y notó como Kaze le sonreía. Le respondió el gesto.
- Ejem… - carraspeó Ryota llamando la atención de algunos distraídos, tales como Rukawa. Cuando obtuvo la atención de todos los jugadores, hablo:- … haremos un partido de práctica, nos dividiremos en dos grupos…
Todos escuchaban atentamente las palabras de su capitán. Después de que este diera todas las instrucciones necesarias, el partido por fin comenzó.
Mientras, en las gradas, Kaze observaba el juego de Kaede (era la primera vez que lo veía jugar). Con emoción vio Kaede tomaba el balón, el como botaba el balón, y esquivaba con gran habilidad a sus contrarios. Empezó a driblar, para después pasársela a Mitsui, que avanzo hacía la canasta y se la volvió a pasar a Rukawa. De improvisto, vio como un enorme pelirrojo se le ponía en medio (al verlo aparecer tan de repente se asustó) intentando robarle el esférico, pero el kitsune, aprovechando un pequeño descuido de Sakuragi, encesto.
- ¡RUKAWA¡RUKAWA¡RUKAWA!- gritaban las porritas, con emoción. Entonces, otro grito las calló.
- ¡Bien hecho Kaede!- grito Kaze emocionado.
El aludido, al oírle, volteo a verlo. Le sonrió e hizo el signo de la victoria. Kaze hizo lo mismo. Se sentía tan feliz.
Todas las porristas estaban en shock. En verdad odiaban a ese pelirrojo.
-o-
Hacía horas que el entrenamiento ya había terminado. Ya todo el lugar estaba completamente vacío y sumida totalmente en penumbras, apenas iluminadas por los suaves rayos de luna. Había un absoluto silencio, ni siquiera el sonido de los grillos que cantaban afuera penetraba hacia el interior. Pero, un sonido seco, como de pasos, rompió la elipsis con parsimonia.
No había querido irse aún a su casa, sin ninguna excusa viable para justificar aquello esta vez. Pero, igual que aquella vez, cierta persona ocupaba sus pensamientos, y la misma terca pregunta rondaba su cabeza "¿Por qué?"
Su mente era un embrollo. No entendía que era lo que pasaba en ese momento con su cabeza, con su corazón.
Sus pies lo llevaron hacía la entrada de los vestidores, donde una vez adentro, camino a tientas hasta estar frente a un locker. Sus ojos le observaron monótonamente e impasibles. Entonces sus manos, escabulléndose de los bolsillos de sus pantalones, abrieron lentamente el locker sin que este hiciera un solo chirrido.
Tan centrado estaba en aquella tarea, que no notó como alguien más se escabullía a los vestidores.
Una vez abierto el locker, su vista se paseo por todo el interior hasta hallar su objetivo. Un jersey rojo que estaba ahí abandonado hasta la siguiente practica. Era un jersey que tenía en enormes letras blancas el número "11" en la espalda. La tomo entre sus manos y la sostuvo a una distancia considerable de él. Se le quedo viendo, como si dicho objeto fuera responsable de todos sus penares. Un suave olor llegó a su nariz. Él conocía perfectamente esa fragancia y le gustaba. Era vainilla. La esencia de Rukawa.
Se sorprendió así mismo abrazando contra su pecho aquella prenda, mientras que su rostro se hundía contra la tela y aspiraba más profundamente ese olor a vainilla.
- Ya lo entiendo…- pensó.
- ¿Hanamichi?- pregunto una voz detrás de él.
Apenas oír aquella voz, se volteo sobresaltado con la prenda en mano. Frente a él, estaba parado Yohei con expresión de sorpresa en su rostro.
- ¿Yohei¿Qué haces aquí?- pregunto, intentando parecer normal, mientras ocultaba el jersey tras su espalda, pero Yohei ya la había visto e incluso ya la había identificado.
- Eso te debería de preguntar yo – su voz hacía eco contra las paredes de la habitación – Te había estado buscando, entonces te vi entrar aquí – explico el chico, ante la mirada curiosa del pelirrojo.
- Bueno… pues yo vine porque se me había olvidado algo… esto… pero no lo he encontrado, quizá alguien se lo llevo…
- Hanamichi, tu no me engañas - le dirigió una mirada seria.
En el rostro de Hanamichi apareció un leve rubor, manchando sus aperladas mejillas, dándole un aspecto demasiado infantil. No pudo evitar tragar saliva, nervioso.
- Yo…- Hanamichi no evito sonrojarse más de lo que ya estaba. Mientras que sus manos estrujaban, nerviosamente, el jersey rojo del número once de Shohoku.
- Hanamichi… - interrumpió Yohei con voz suave y tranquila -… ¿a ti… - hizo una pausa, pensando la forma en la que formularia la pregunta - …te gusta Rukawa?…
Segundo capitulo terminado n.n
Me tarde un poco, pero ya esta listo. ¿Qué les pareció el capitulo¿Fatal¿Bueno¿Me moriré de hambre si sigo escribiendo? Pues a mi me pareció algo monótono -- pero bueno (lo que más me gusto fue cuando Yohei lo encuentra en los vestidores). Espero que les haya gustado, déjenme sus comentarios, amenazas de muerte, sugerencias, lo que quieran n.n
Contestando a sus review (que triste estoy TT):
Hipolita: Kaze es chico. Ya sabes como son los niños D, este simplemente estaba… confundido… por eso dijo que sería su esposa xD.
Sinceramente, me gustaría más que Kae-chan se quedara con Kaze (quien lea esto, seguramente me matara X.x), pero preferí que mejor no (soy muy joven para morir XX).
Por hoy esto es todo n.n nos leemos en el próximo capitulo. Besos.
®Copyright 2005 Aliss.chan
