EL CANTO DE LOS PÁJAROS SIN VOZ
Montsalvat ex taetricum ostium
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Como olvidar, para poder vivir
Pero al caer la noche,
La noche, la noche…
Alta la estrella entre
Las penas de la luna
Llora mi alma porque
Te busca y sabe bien
Que ya no estás…
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Claro de luna, sobre las verdes praderas, perdidas y enclavadas sobre lo que, según las leyendas, era el país Cátaro…el país de los puros…y donde estaba el templo de la orden del Santo Grial, Montsalvat…un castillo gigantesco, cerca del cual había un lago, resplandeciente, y del cual se cuentan leyendas, con el famoso conjuro del Viernes Santo…
Pero, hoy día, no es nada diferente de un sitio lúgubre, y observado con cierto recelo por el mundo exterior…ya que tras sus muros, el llamado Goethe contemporáneo se ocultaba. Lohengrin de Vangelis vivía tras esos bizarros muros, oscuros…perennemente cerrados…una niebla constante, y una desolación no tan evidente eran el paisaje circundante de aquel lugar que, temían muchos…y odiaban otros tantos…sedientos de venganza porque algún conocido escrutó el escrito…y decidió que su vida no valía ser vivida…
Y era una bandada de estas extrañas figuras, las que se atrevían a asomar el rostro…a posar los ojos sobre aquella vetusta construcción; con una muralla que se perdía entre la niebla y las rugosidades de la colina, parecía vivir su propia noche perpetua…
–Escuchen con atención; el sujeto está solo…lo buscaremos y lo haremos –susurró un hombre de aproximadamente treinta años, acomodándose unos lentes de visión nocturna– nada de trofeos, nada de nada
–Blah…aburrido –respondió otro
Amartillaron armas y ajustaron instrumentos. Avanzaron con cautela entre aquel paraje muerto, caminando al filo de un abismo que la niebla se encargaba de esconder a la visión incauta, hasta que llegaron a los gigantescos portales de la muralla; en su derredor, habían enormes caracteres escritos en la vieja lengua vernácula; ininteligibles, de hecho; pero, como es común en el razonar humano, fue ignorada la advertencia de la entrada, mientras se sumergían en la inerme oscuridad del interior…
"Aquellos que siendo profanos e impuros
Osen poner un pie dentro del dominio del Grial
Les aguarda el castigo eterno…"
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Sueña. La niña, la joven que acostumbraba tener sueños inconexos. Con los años, los sueños de niñez se fueron…
Entonces¿por qué de nuevo tenía algo similar en su psiquis?
Ella reconocía a la perfección aquella figura que se presentaba ante ella; sus contornos, el calor de su mirada tímida y fría. No había duda…no había lugar para las equivocaciones…aquella evocación era tan dulce…y de repente se sintió tan necesitada de su contacto que corrió a todo dar para alcanzarlo…creyó que no lo lograría…que se iría de nuevo…
Pero pudo alcanzarlo. Y el poder reconfortante de su abrazo la hizo estremecerse de dicha genuina. Una dicha que, creyó, nunca iba a experimentar de nuevo. Pero, pronto eso cambió. Al ver hacia su rostro, encontró sus ojos vacíos, y su piel mustia; abrazaba un cadáver, y un grito silencioso emergió de sus labios…volvió la vista al cielo, y un pincelazo sangriento lo tiñó todo con colores carmesíes, mientras un ave con total desparpajo, con aire señorial se posó cerca de allí…
–No…es..imposible…–susurró ella, al escuchar el mudo canto del ave– …es el libro asesino!
Y de la lejanía, venía caminando, con pasos ligeros, una sombra encapuchada, de aire tan lúgubre que hasta la muerte le abría camino. Era él…Lohengrin, frente al cadáver de su querido…
–Aléjate de él –vociferó ella, de forma atronadora– ¡No lo toques!
Pero aquella torva figura seguía justo frente al cadáver, estudiándolo palmo a palmo. Se inclinó sobre una de sus rodillas, y sacando un brazo de su oscura túnica, retiró un poco del cabello sucio de aquel cuerpo inerte con una mano enguantada, en cuyo dorso lograba distinguir un emblema; luego le miró a ella, y extendiendo su otra mano, le susurró
–Ventum
Pero Sakura no entendía el dialecto en el que hablaba. La figura persistió en mantener su mano directo hacia ella, pero invadida de miedo como estaba, no parecía reaccionar. Acto seguido, se incorporó y susurró otro par de cosas, para luego incorporarse y volverse lentamente a ella; como por arte de magia, pasó frente a sus ojos la imagen de Montsalvat, enclavado en la lejanía de una oscura colina; vio el portal, ensombrecido y con su críptica advertencia que tendía a ser ignorada…pero dentro, en una réplica del mausoleo de Halicarnaso… se erigía la lápida marmórea que rezaba
Xiaolang Lee
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–¿Algún resultado, Johnson? –susurró una voz por el intercomunicador, mientras una figura avanzaba descuidadamente por el viejo adoquinado del castillo
–Ninguno, capitán –respondió, mientras la enorme cúpula sobre su cabeza creaba un estentóreo eco
–¿Qué hay de ti, Ferguson?
–Idem, capitán. No hay ni rastro del sujeto –aseguró a su vez, mientras caminaba por uno de los gigantescos pisos superiores
En efecto, del comando elite de 7 hombres enviado hasta ese lugar, ninguno había encontrado nada. ¿Acaso el sujeto era un fantasma? Desechó de inmediato esa idea, recapacitando y viendo en derredor el desamparado paisaje; sitios para esconderse, no le sobraban.
Se paró un momento, y dejó su fusil a un lado, echando un vistazo a los muros que lo rodeaban. El castillo, por lo menos debía tener mil años de antigüedad. ¿Cómo era posible que se mantuviera en pie? Se encontraba intacto, como si Montsalvat –como era denominado– se hubiese detenido en la noche de los tiempos. Había una que otra antorcha encendida, pero la luz seguía siendo mortecina. Volvió su vista hacia un tapiz raído y oscurecido por el polvo, donde encontró un emblema extraño: una cruz, inscrita dentro de un círculo. Alrededor de la cruz, estaban las letras griegas alfa y omega; y en derredor del círculo rezaba en latín: "Pater noster, qui es in coelis: santificetur nomen tuum; Et ne nos indúcas in tentatiónem; sed nos libera a malo. Amen"
–El Padre Nuestro en latín…–susurró, apartándose con una sensación horrenda recorriéndolo
Empero, un grito lo sacó de sus ensoñaciones. Uno de sus hombres parecía haberse topado con el demonio en persona, porque no hacía sino vociferar incoherencias, arrastrándose de forma inconsciente hacia un ventanal que daba a un gigantesco jardín
–¡Tom! –le gritó– ¿qué pasó¡RESPONDE!
-¡Suéltame Carl¡AHÍ VIENE!
-¿Quién¿Quién viene?
Pero seguía dominado por un terror inconcebible. Se zarandeaba y trataba de zafarse del abrazo protector de su superior y amigo. Tomó su radio entonces, y con la poca calma que le quedaba, habló al resto de sus compañeros
–Nos vemos en el portal por donde ingresamos. La misión se aborta, hay un compañero caído
–Entendido –respondieron al unísono
Izó a su compañero por los hombros y comenzó a arrastrarlo, que a medida que se alejaba del ventanal, se tranquilizaba. Al llegar al portal, encontró al resto de su grupo dentro de sus cabales y eso le arrancó un suspiro de alivio; pero que no le duró demasiado porque una vez más su amigo, cada vez más fuera de sí, vociferaba a voz en cuello, dando una voz de alarma.
–Ay, Tom…–susurró Ferguson, negando
–Calla, y ayúdame a llevarlo fuera de aquí.
Dos trataron de empujar el enorme portón de roble, que no cedió. Con un dejo de extrañeza, volvieron a empujar con un poco más de empeño.
Nada. Ni se mosqueaba
–A un lado –ordenó el superior, dándole una ráfaga de su fusil. El ruido se hizo atronador al chocar contra el embovedado; pero ni una marca quedó inscrita, y el miedo comenzó a correr entre los hombres.
Al igual que un misterioso silencio.
–¿Tan rápido abandonan mi estancia? –susurró una voz que corrió como una brisa helada entre ellos. Todos se volvieron, contemplando como una figura, ataviada con una ondeante y oscura túnica se acercaba a ellos
–Lohengrin de Vangelis…–susurró entonces Carl, el superior, y con voz de trueno ordenó– ¡ACÁBENLO!
Una vez más, el embovedado sirvió de amplificador para las ametralladoras, que vaciaron sus cargadores. Pero la figura, seguía incólume, y el suave taconeo de sus botas llegó justo hasta estar a menos de un metro. Extendió una mano enguantada, que brilló metálicamente, a la vez que se iluminaba con una luz blanquecina la misma imagen que viese en el tapiz. Y el portal, con un sonido correoso, se abrió.
–Largo de mis tierras…o sobre ustedes caerá la maldición del guardián del Grial…–susurró, mientras bajaba su brazo
Los 6 hombres salieron despavoridos ni bien cedió el portal. Pero Carl se quedó frente a Lohengrin, enfrentándolo a su sombría faz. Pudo percibir el brillo triste de sus ojos; pero un brillo que a la vez era sanguinario, y un escalofrío volvió a recorrerlo desde la médula. La incipiente sensación de miedo pareció dominarlo de tal forma que casi podía escucharlo gritar en su cabeza, azuzado por el poderoso sentimiento amenazador que emanaba de su interlocutor.
–Esa armadura no te impide ser osado, soldado –susurró, mientras desplazaba su larga túnica, dejando entrever el mango dorado de una espada en su cinturón, simulando las alas al vuelo de un ave que no supo reconocer– sin embargo, el pecado por perturbar la tranquilidad de Montsalvat es la muerte y el abismo…así que –con un movimiento fantasmagórico lo izó del cuello, desde la distancia, y lo atrajo hasta tenerlo a distancia prudencial– sé quién te ha enviado; un mago hereje, así que vuelve sobre tus pasos, y no regreses…o sufrirás el peor de los castigos…
Dicho esto, lo arrojó fuera. Dio media vuelta, y mientras se adentraba en la oscuridad, el portal se cerró tras su espalda. Carl, miró el lugar por donde había sido asido, y volvió su vista al oscuro portón
–Mejor vámonos…porque algo me dice que nos hemos salvado de puro milagro…
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–Sakura…¿te sientes bien?
Últimamente, su amiga había estado algo distraída, como en sus mejores tiempos. Se notaba a leguas de distancia que pensaba en alguien, como él, que podía dejar a su amiga en un estado muy cercano al nefolitismo total.
En efecto, la pobre muchacha no sabía sacarse aquella visión fantasmagórica de la cabeza. Hace tiempos que ni se atreve a tocar el libro, luego de que su compañero se arrojara desde la azotea. Pero entonces, al abrazar un sueño, se sintió tan completa y tan segura que con gusto hubiese seguido ahí para siempre…
–No aceptaré que Shaoran esté muerto…y mucho menos voy a creer que su tumba está en Montsalvat…a menos de que yo lo vea con mis propios ojos…
–¿Tú viste qué, exactamente? –le inquirió Tomoyo
Ella le miró con una determinación casi peligrosa en sus ojos
–Necesito viajar a España…tengo que ir a Montsalvat…
–No Sakura…no sabemos si ese lugar existe…y mucho menos sabiendo quién está ahí…
–Precisamente Tomoyo…me URGE ir…
Su amiga suspiró
–Está bien. Veré que puedo hacer…
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Sweet darling you worry too much, my child
See the sadness in your eyes
You are not alone in life
Although you might think that you are
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Nota del autor: horroroso final. Lo sé. Y no tienen que decírmelo, porque realmente es un final HORROROSO. Pero no es el final del fic. Le queda exactamente un capítulo de vida, para no arruinar su encanto.
Con su permiso. Ah, si. Y de paso, sepan disculpar mi tardanza.
Lohengrin de Vangelis NightWalker.
