Capítulo 2.
El secreto de la leyenda
Sus rostros estaban muy cerca, solo tenía que acercarse un poco más y ya estaba. Kimiko lo miraba con ojos dulces. Raymundo sentía la respiración de la chica cerca de su hombro, y su corazón tratando de salírsele del pecho. Estaban tan cerca, que Raymundo casi podía rozar los labios de la chica.
Mientras tanto, Omi y Clay bajaban las escaleras mágicas del templo, que los llevaría hasta el maestro Fung. Iban rápidos, tratando de no olvidarse de los detalles de la pelea que momentos antes habían presenciado entre fuego y aire, entre Kimiko y Raymundo.
-Vamos Clay-dijo Omi, llamando a su amigo.
Abrieron las puertas de la sala del maestro, y allí lo vieron, en el centro, sobre el tapiz de un dragón, meditando. Ambos guerreros hicieron un pequeño saludo, y entraron más tranquilos. Se sentaron frente a su maestro. Fung dio media vuelta y los miró directamente a los ojos.
-Hola Omi, Clay- dijo con voz profunda-. Puedo ver que venís a contarme algo, pero puede ser que yo ya conozca lo que es.
-Maestro- dijo Omi agachando un poco su redonda cabeza-. Hemos salido esta mañana temprano a entrenar al jardín, cuando hemos decidido hacer combates por parejas. Yo he luchado contra Clay, encarnizadamente, y debo decir que soy bastante superior a él y…-paró su charla al ver la mirada de Clay.- Bueno, quiero decir, que nosotros más o menos estamos al mismo nivel y…
-Es cierto maestro- dijo Clay, cortando al guerrero del agua-. Pero lo que queremos contarle es la lucha entre Raymundo y Kimico. Se han vuelto muy poderosos, pero ellos están muy igualados. Cuando han luchado, ninguno conseguía vencer al otro, de modo que se retaron a hacer La torre. Kimiko lanzó fuego, y Raymundo llamó al aire. Cuando se unieron, en vez de formar La torre, como el agua y la tierra, se unieron alimentándose el uno del otro ¡hasta desaparecer por completo!- terminó alzando las manos.
El maestro dirigió su mirada havia la ventana. Su aspecto pensativo inquietó un poco a los dos guardianes. El maestro sabía algo sobre eso. Tras unos minutos de reflexión, trató de explicar a sus dos antiguos alumnos el significado de aquel fenómeno.
-Lo suponía. Veréis, existe una antigua leyenda entre los Xiaolin referente al fuego y al aire- Omi y Clay escuchaban ahora intrigados-. La antigua leyenda dice que el fuego es el poder más fogoso e indomable, y el aire el más frío y rápido. Pero estos elementos por sí solos no alcanzan su máximo poder. El fuego necesita del aire para respirar y vivir, y el aire necesita del calor del fuego para moverse ágil y rápido. Ambos elementos se necesitan y complementan. Cuando a uno de los dos le ocurre algo, el otro también lo siente- hizo una pausa para que sus palabras quedasen grabadas en sus mentes-. Por eso envié a los guardianes del aire y del fuego lo más lejos uno del otro, para que trataran de conseguir el mayor poder de su elemento por sí solos, sin ayuda del otro. Su enlace, ese es el motivo por el que son más poderosos que el agua y la tierra cuando están juntos y si actúan de la forma adecuada.
-Pero maestro, si el aire necesita del fuego, y el fuego necesita del aire, ¿Cómo consiguen su poder Raymundo y Kimiko si están solos?
-Eso tiene fácil explicación Clay-contestó el maestro-. El aire y el fuego son dos elementos distintos, por lo que también pueden manejarse solos sin su gemelo. Pero puede ser muy peligroso…
-¿Por qué, maestro?-preguntó Omi incrédulo- También quisiera que me explicara otra cosa. ¿Podría ocurrirles algo a Raymundo y a Kimiko si algo le pasa al otro?
El maestro Fung se quedó en silencio unos instantes, no quería que los guerreros tuvieran aquella preocupación, pero parecía que finalmente sería inevitable.
-Puede ser peligroso Omi, porque si al guardián del aire le ocurre algo, también lo sufrirá la guardiana del fuego, y además, está ese pequeño detalle…
Clay asintió. Sabía a que se refería su maestro. El también había notado lo que les ocurría a Raymundo y a Kimiko cuando estaban juntos, y eso no tenía nada que ver con el aire o el fuego.
-Sí, lo sé maestro Fung. Yo también lo he notado, y estoy seguro de que nos beneficiará mucho-dijo sonriendo pícaramente Clay.
-¿De que habláis?-preguntaba Omi inocentemente, tan ingenuo como siempre.
El maestro Fung y el guardián de la tierra se rieron del chico, que colorado no entendía a qué venían aquellas risas ni qué era eso que los dos habían notado y él no.
-Bueno, maestro Fung, nos retiramos. Con su permiso- dijeron ambos guardianes agachando su cabeza en reverencia y saliendo por la puerta.
-Oye Clay-dijo Omi de repente, mientras subían hacia las habitaciones de Kimiko y Raymundo para buscarlos e ir a comer.- ¿Qué era eso que el maestro y tú habíais notado?
-No te lo diré Omi. Creo, que será mejor que lo descubras tú mismo. Estoy seguro de que pronto lo entenderás todo.
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En el interior de la habitación de la guardiana del fuego, los dos jóvenes seguían mirándose a los ojos.
-No, no debo hacerlo-se dijo Raymundo, ayudando a Kimiko suavemente a ponerse en pie.
La joven estaba muy sonrojada. Habían estado tan cerca el uno del otro que casi había sentido su corazón. El suyo aún latía a mil por hora. Se colocó una mano en el pecho, tratando de calmarse. Raymundo la miraba disimuladamente. Era tan hermosa… Por fin se decidió a decirle algo, pero en el preciso instante en que iba a llamarla, la puerta se abrió de par en par y entró Omi tirándose en los brazos de Kimiko.
-¡Omi!- dijo ella contenta de verlo.
-Hola Kimiko- dijo Omi sonriente- Hola Raymundo. Ya es la hora de ir a comer, el Gong a sonado, ¿Qué os parece si vamos juntos?
-Me parece bien- dijo Raymundo invitando a Kimiko a que pasara delante. Ella le sonrió, y el grupo junto se dirigió al comedor. Se sentaron en una pequeña mesa de cuatro, para que nadie pudiera sentarse con ellos y molestarlos. Aquella estratagema era principalmente por los admiradores de Kimiko y las admiradoras de Raymundo.
Cuando terminaron, se dirigieron de nuevo a entrenar. Esta vez, Clay se ocupó de que las parejas quedaran distintas. Él peleó con Kimiko, y Omi con Raymundo. Al acabar el día estaban tan agotados que se olvidaron de la cena y se dirigieron directamente a sus habitaciones.
Aquella noche, el cowboy guerrero de la tierra trazó un plan, que estaba seguro funcionaría. Raymundo y Kimiko estarían más tiempo juntos a partir de aquel momento.
Los días siguientes pasaron muy rápidos. Por las mañanas se levantaban temprano, y juntos peleaban y entrenaban. El maestro Fung les había impuesto unos entrenamientos muy duros. Por las tardes, Omi y Clay se divertían jugando al lazo del cowboy, y Raymundo y Kimiko paseaban juntos. Todo fue idea de Clay, que le dijo a Raymundo que sería una gran idea pasar un tiempo con ella. Ambos se lo pasaban en grande juntos, dando largos paseos por los alrededores. Los días que hacía mucho calor, Raymundo llamaba vientos del norte para que refrescaran a la chica, y cuando hacía frío, era Kimiko quién hacía danzar las llamas a su alrededor, reconfortándolos.
Pasaron dos semanas, y las cosas no cambiaban demasiado. Era cierto que ahora Raymundo y Kimiko estaban mucho más unidos, pero ninguno de los dos se atrevía a dar el primer paso. Una tarde, Clay decidió que era el momento de actuar, y aprovechando que Raymundo estaba solo formando un torbellino, se acercó a él y le habló.
-Discúlpame Raymundo- dijo sentándose junto a él.
-Hola Clay, ¿Querías algo?- preguntó el joven.
-Si, bueno verás… Creo que deberías invitar a Kimiko esta noche a dar un paseo contigo.
-¿Y por qué iba a hacer yo eso?- preguntó el chico sonrojándose levemente.
-Raymundo, conmigo no hace falta que finjas. Yo sé que tú la amas desde que vinimos aquí la primera vez, y no me gustaría que la perdieras.
-¿Perderla?- preguntó el joven de ojos verdes extrañado.
-Sí, verás. Es que últimamente la he visto muy a menudo con un chico que estudia aquí artes marciales- Clay sabía que aquello no era todo mentira, ya que la había visto en ocasiones con aquel chico y con el maestro Fung.
En aquel momento Raymundo ya no pudo escuchar más lo que le decía Clay, su sangre hervía dentro de él. Otro chico trataba de quitársela… pero él no lo permitiría. Trató de concentrarse, pero el viento comenzó a soplar.
-Invítala a dar un paseo, estoy seguro de que a Kimiko le encantará, compañero- dijo Clay sonriendo.
Al escuchar el nombre de la chica toda su ira volvió a desvanecerse, y un cálido sentimiento lo inundó por dentro.
-Muchas gracias, Clay- dijo el joven, alejándose rápidamente del lugar.
-De nada amigo- dijo el guerrero de tierra, mientras muy satisfecho iba en busca de Omi.
Mientras tanto, en otro lugar, un extraño ser hablaba a dos jóvenes.
-No sé qué demonios estáis haciendo. Conseguí que os permitieran entrar en el templo Xiaolin, y esto es lo que hacéis.
-Lo sentimos Wuya- dijeron la voz de una chica y la de un joven al mismo tiempo.
-A mi no me vale con estúpidos lo siento- dijo imitando sus voces-. Quiero que consigáis el objetivo. ¡Y lo quiero ya!
-Así lo haremos- dijeron ambos, y se marcharon rápidamente hacia el templo.
-Me las vais a pagar… Guerreros de los elementos…- dijo el fantasma desvaneciéndose entre las sombras.
Mientras tanto, en el templo Xiaolin, Raymundo buscaba a Kimiko por todas las habitaciones. Finalmente la encontró caminando por un pasillo.
-Vamos Raymundo, tú puedes, debes invitarla… - se decía a sí mismo mientras se acercaba a ella.-Hola Kimiko- la saludó por fin.
-Hola Raymundo. Te estaba buscando. ¿No sabrás dónde está Omi?
-No, no lo sé- dijo el joven-. Pero, Kimiko…
-¿Sí?- preguntó anhelante la joven.
-Esto… Bueno, yo quería invitarte esta noche, si te apetece… podríamos dar un paseo- dijo un poco sonrojado.
Kimiko le miraba sorprendida, y Raymundo tuvo la horrible sensación de que se lo estaba pensando demasiado…
