Capítulo 6.

El segundo objeto… La Tierra

-Creo que ya es tarde para eso, Fung- dijo uno de los ancianos-. Según he podido notar esta noche, el espectro de Wuya ha entrado en los sueños de la joven guerrera del fuego, consiguiendo que ella no pudiera controlar sus poderes, ni pudiera despertar de su sueño.

El resto de sabios monjes Xiaolin se deshizo en murmullos de exaltación ante tal noticia. Desde siempre, al nacer los dos guardianes del fuego y el viento, habían influido de forma misteriosa en sus vidas, para que ambos no discutieran, estuvieran de acuerdo, y estuvieran a gusto el uno con el otro.

-Tienes razón- dijo el maestro Fung, con los ojos cerrados-. Se ha introducido en su sueño. Pero el guardián del viento ha sabido rescatarla, al igual que otras veces ha sido la guerrera del fuego quién ha ayudado al guerrero del viento.

-Entonces, quizás aun tengamos esperanzas de que los dos poderes se reconcilien- dijo otro sabio-. Quizás aun no esté todo perdido.

-Así es. Por ello debemos tener cuidado con Wuya hasta que los dos objetos del viento y el fuego se unan de nuevo para formar uno solo, y consigamos vencer por completo a Wuya.

-Cierto, pero…-dijo otro hombre-. Hermanos, debo comunicaros algo. Uno de los aprendices del templo, de los más jóvenes, ha desaparecido por completo. Nadie sabe nada de él. Lo único que encontramos suyo fue el traje de aprendiz, que dejó plegado encima de su cama, al igual que sus cosas han desaparecido.

De nuevo murmullos de expectación y preocupación se levantaron por toda la sala, impacientes ante aquella noticia.

-Entonces- habló el maestro Fung-, eso significa que un intruso se introdujo en el templo sin ser visto y se hizo pasar por aprendiz. Y creo que ya sé quién ha podido ser, teniendo en cuenta el momento en que ha decidido dar a conocer su traición y desaparecer… Jack Spicer

Mientras tanto, los cuatro elegidos y protectores de los elementos, montados sobre Dojo, viajaban a gran velocidad hacia su siguiente destino, indicado por el maestro Fung: El objeto de la Tierra.

El maestro Fung les había indicado que estaría en la parte más al norte de los Andes, sonde había grandes cantidades de materiales distintos, y favorecía la fuerza de este elemento.

Clay, aunque trataba de ocultarlo, estaba exultante. Por fin había aparecido su objeto, y no cabía en sí de gozo. La sola idea de conocer hasta dónde alcanzaría su poder con aquel objeto hacia que se sintiera poderoso. Por fin haría ver a sus amigos que el poder de la Tierra es igual de bueno que los suyos. Cuando hubiera probado el objeto haría una pelea con Omi con sus nuevos poderes.

-Vaya, Clay. Se te ve muy contento- dijo Omi sonriendo a su amigo-. Pero no quiero que te entristezcas al ver que mi poder será un poco mejor que el tuyo.

-Tranquilo Omi, no lo haré. Lo cierto es que no tendré motivos para hacerlo- dijo riendo.

-Oye Clay. ¿Sientes por aquí tu objeto? ¿Crees que está por aquí cerca?- preguntó Kimiko mirando a Clay.

-Sí Kimiko. Está por aquí cerca. Yo diría que justo debajo de nosotros- dijo Clay señalando un risco en una roca.

-Sí, aquel parece el lugar indicado para un objeto como el tuyo, Clay- dijo Raymundo medio en broma- Kimiko, dile a Dojo que nos deje por ahí cerca, para que podamos comenzar a buscar- dijo a la joven con voz dulce.

-Bien- dijo ella- Dojo, llévanos hasta aquel risco por favor.

El dragón de color verdoso se acercó hasta allí y dejó que los cuatro jóvenes bajaran de su lomo. Tras hacer una reverencia a su ama, señora del fuego, comenzó a oscurecerse para convertirse en parte de la sombra de Kimiko.

-Bien, y… ¿Por dónde empezamos?- preguntó Raymundo con su típica impaciencia.

-Bueno, creo que lo mejor será que nos separemos.- dijo Clay. Ahora estaba en su elemento- Omi, tú irás por abajo, siguiendo el cauce del río. Raymundo y Kimiko, buscaréis por la ladera de la montaña, y yo iré hacia la cima. Si dentro de un rato no encontráis nada, volved aquí, ¿de acuerdo?

-De acuerdo- dijeron Omi y Kimiko.

-Está bien, es un buen plan- dijo Raymundo.

Los cuatro amigos se separaron. Kimiko se negó a ir por el mismo lado que Raymundo, alegando que así cubrirían más terreno, aunque ambos sabían que ella aún estaba resentida. Omi se dirigió veloz hacia abajo por la montaña, buscando el objeto de la Tierra.

Mientras tanto, Clay subía rápidamente la colina. Sentía que se estaba acercando a su objeto. Lo sentía cerca, muy cerca. Lo llamaba sin cesar, su llamada, que se reuniera con él, necesitaba de su amo, del amo de la tierra para poder seguir aumentando su poder y dárselo a él.

De repente el joven sintió que otro poder distinto al suyo o al de sus amigos rondaba cerca, y así mismo, se dirigía a toda velocidad hacia la cima, dónde algo le decía que se ocultaba su objeto.

-Ni se te ocurra. No permitiré que me lo quites- dijo Clay corriendo a toda velocidad hacia la cima.

El extraño que corría a la cima también se dio cuenta de que Clay se acercaba más rápido hacia el objeto que él, de modo que paró un instante, y tirando varias piedras provocó una avalancha de enormes rocas.

Al verlo, Clay sonrió pensando en lo estúpido de aquella artimaña. Siguió corriendo, y con un rugido las piedras se apartaron, abriéndole paso para que siguiera su camino. El extraño se asustó y aceleró, pero aun así no consiguió alcanzar la cima antes que el guerrero de la Tierra.

Cuando Clay llegó, encontró rápidamente lo que buscaba bajo una pequeña capa de polvo. Con cuidado la quitó, y bajo ella apareció una delgada lámina de color verdoso…

-Es una hoja- dijo Clay hipnotizado mirándola, mientras el pequeño objeto brillaba con tenue luz verdosa y marrón.

Por fin la había encontrado. La pequeña figura se balanceaba como mecida por el viento entre sus manos, acariciándolas y haciéndole cosquillas.

Mientras aquello ocurría en la cima, en las faldas de la montaña un terrible acontecimiento ocurría. Omi ya estaba frente al río, pero Raymundo y Kimiko aún se encontraban rodeando la montaña en busca del objeto mágico, y no habían sido avisados de la avalancha que se les venía encima.

Raymundo veía a Kimiko a lo lejos acercándose hacia él por el otro lado de la montaña. Raymundo, que había emprendido el vuelo ayudado por sus poderes, vio desde el cielo la avalancha. Se quedó pálido al ver que ya estaba cayendo sobre Kimiko y la joven no parecía darse cuenta.

-¡No! ¡Kimiko cuidado!- gritó el joven desesperado y volando a toda velocidad hacia ella en un intento de apartarla de aquel lugar.

Kimiko, extrañada por los gritos del joven, levantó la mirada y lo observó preocupada. Después miró hacia la montaña, y en aquel preciso instante vio cómo ciento de enormes rocas se acercaban a ella y estaban a punto de aplastarla.

-¡Ah!- gritó ella al verlo.

El fuego salió de su cuerpo en un intento de protegerla de aquella avalancha. La joven se rodeó de fuego y lanzó potentes llamaradas en un intento de refrenar la avalancha. Aunque al principio consiguió retener las rocas, pronto llegaron otras mucho más grandes que el fuego no podía detener. Las enormes moles cayeron sobre ella, sepultándola poco a poco bajo toneladas de tierra y piedras.

-¡Kimiko!- gritó Raymundo llegando hasta dónde antes ella había estado, aunque demasiado tarde.

Desesperado, el joven comenzó a quitar las piedras. Al ver que eran demasiado pesadas, llamó al viento, y con potentes ráfagas, las quitaba una a una por miedo a que pudieran hacer más daño aún a la chica.

Unos minutos después apareció Omi que subía por la ladera de la montaña a gran velocidad. Por la expresión de su rostro, se notaba que sabía o había visto lo que había ocurrido. Se acercó sin decir nada al montón de rocas, y con sus manos se dedicó a quitarlas sin usar su poder por si ella se ahogaba.

De los ojos de Raymundo salían lágrimas de frustración al no encontrar a la chica, ni el lugar donde terminaba el montón de rocas. Tenía las manos llenas de heridas que comenzaban a sangrar, pero nada de eso parecía importarle. Solo tenía un objetivo, y era encontrarla a ella, a Kimiko…

Al poco rato apareció Clay triunfante con su objeto mágico entre las manos. Llegaba feliz, pero al ver a sus dos amigos en aquel estado y no encontrar a Kimiko por ninguna parte, se temió lo peor. Se acercó corriendo. Tomó su objeto, y concentrando su poder hizo levitar y retroceder a los lados las enormes rocas. Las enormes piedras y toda la tierra se movió para quedar como estaba antes. Raymundo se acercó corriendo al lugar donde debía estar Kimiko, y Omi lo seguía de cerca, al llegar allí, vieron…