Capítulo 7.

En busca del amor perdido

Cuando Clay hubo levantado las piedras, y los tres jóvenes miraron el lugar con desesperación, se vieron sorprendidos al ver lo que había debajo de la avalancha. No había nada, no había nadie, estaba completamente vacío. Solo un trozo de tela del vestido de combate de la joven quedaba en el lugar afirmando así que ella había estado allí.

-¿Pero qué ha ocurrido?- preguntó Omi perplejo.

-No lo sé, vaquero. Kimiko ha desaparecido completamente- dijo Clay levantándose el sombrero sorprendido.

-Se la han llevado- dijo de repente Raymundo- Alguien se la ha llevado. No noto su presencia, no noto el fuego cerca, ni siquiera logro sentirlo. Alguien ha preparado esto para llevársela, y nosotros, como unos estúpidos ¡hemos dejado que se la llevaran!- terminó el joven alzando la voz.

Omi y Clay tampoco sabían que decir. La joven guerrera del fuego había desaparecido, y ninguno de ellos había podido hacer nada por ella. En aquel instante, Clay se acordó de la sombra humana que vio al subir la pendiente y que trató de conseguir el objeto de la tierra.

-Ey, chicos- los llamó Clay, ya un poco más serio.

-Qué quieres- contestó el dragón del viento de malas maneras. Estaba enfadado, lleno de ira. ¿Cómo había podido permitir que se la llevaran? Debió haber estado más atento, haber cuidado más de ella, avisarla antes del peligro…

-Veréis. Al subir la montaña a por mi objeto vi la sombra de un hombre subiendo hacia arriba. Trató de conseguir el objeto mágico, pero yo llegué antes, por lo que el bajó tras la avalancha, incluso llegó a superar su velocidad, y…

-Eso quiere decir que esa sombra, quién quiera que sea, es la que se ha llevado a Kimiko…

-Y al parecer nos conoce, ya que no hemos visto fuego de Kim, ni gritos ni nada. Nos conoce y sabe como atacarnos.

Los tres jóvenes dragones guerreros callaron entonces, entristecidos. ¿Qué podían hacer ahora? Estaban lejos del templo, y sin nadie que pudiera ayudarlos…

-Vamos al templo- dijo entonces Raymundo.

En aquel momento, el joven se elevó en el aire, e hizo lo mismo con un movimiento de sus manos a sus compañeros. A gran velocidad salieron del lugar dirigiéndose al templo Xiaolín, donde los esperaba el maestro Fung, quién había sentido la desaparición del dragón del fuego, la guerrera de la llamas….

-Kimiko, te encontraré cueste lo que cueste- murmuraba Raymundo mientras sus cabellos eran azotados por el viento.

OOOOOOOOOOOOOOOOOO

Una joven comenzaba a despertar de un extraño sueño. Le dolían las manos y los brazos, mas cuando trató de separarlos sintió que estaban encadenados. Parpadeó varias veces abriendo mucho los ojos. Un extraño fulgor azulado encadenaba sus brazos y sus manos impidiéndole moverse. Estaba encerrada en una enorme jaula de metal, como si fuera un pájaro.

Después observó a su alrededor, vio el cielo a lo alto, pero a su alrededor las paredes cavernosas soltaban bocanadas de aire y gas, mientras que de otras manaban ríos de llamas y lava…

-Un volcán…- susurró la chica abriendo mucho los ojos por la sorpresa.

-Así es, Kimiko- oyó decir a una voz desde las sombras.

La figura de un joven comenzó a aparecer entre las nubes de gases que aparecían por todos lados. Cuando consiguió verlo de cerca casi no podía creer quién era. El joven mantenía su cabello rojo sujeto por unas gafas. Vestía ropas negras, y sus ojos tenían un tono rojo y amarillo.

-Jack Spicer…- dijo la chica escupiendo las palabras como si fueran puro veneno.

-Hola, mí querida Kimiko- contestó el joven haciendo una reverencia, pero sin dejar de mirarla a los ojos-. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos… No puedes imaginar mi dicha cuando te vi entrar en el templo Xiaolin.

-¿Cómo?- Dijo la chica poniéndose en pie, y mirándolo altanera- ¿Estabas en el templo? ¿Cómo lo has conseguido? ¿Y qué quieres de mí? ¿Por qué me has traído aquí?

-Kimiko, Kimiko… Haces demasiadas preguntas. Deberías calmarte un poco y disfrutar de mi compañía.

-Eso es imposible- dijo la chica sonriéndole con ironía.

-Veo que sigues igual que siempre. Verás… Hace ya mucho tiempo que esperábamos que los cuatro dragones de los elementos os unierais. Un plan trazado por mí, por Jack Spicer, el genio del mal, con el que conseguiremos el poder vuestros objetos… Y los poderes de los elementos con ellos.

-Jamás te permitiremos conseguir nuestros poderes. Tus intentos siempre han fracasado, y éste fracasará como todos los demás.

-No estés tan segura- dijo el joven, acercándose más a ella mientras la miraba con ardor en sus ojos-. Este plan es distinto. Una parte ya está completada y ha salido con éxito-dijo mirándola de reojo.

Fue entonces cuando la joven comprendió todo. Habían planeado que ella y Raymundo pelearan y que ella lo odiara. Había salido a la perfección, quizás incluso aquella chica, Jein, hubiera conseguido enamorar al Dragón del Viento.

-Exacto- dijo Jack leyendo en sus ojos los pensamientos de su mente-. También hemos conseguido capturarte a ti, y pronto haremos lo mismo con tus amigos. Los atraeremos hasta aquí y los capturaremos para quitarles sus poderes.

-¡No, por favor! A ellos déjalos en paz. Haré lo que pidas, pero no les hagas nada- dijo la joven dándose cuenta del increíble plan trazado.

Jack rió ante aquella respuesta por parte de la chica. No se imaginaba que sus palabras pudieran causar tanto efecto en ella.

-No los dejaré en paz, porque tú ya estás bajo mi merced y no tienes el poder de ordenarme absolutamente nada- contestó sonriendo, y mientras se alejaba dijo-. Por cierto, casi lo olvido. Wuya estará por aquí, para asegurarse de que no intentas escapar.

En aquel instante, ante ella apareció el fantasma de la terrible mujer condenada hacía siglos por tratar de apoderarse de la Tierra. Sus ojos amarillos la miraban con frialdad y crueldad. Se acercó a ella volando mientras Jack se alejaba para culminar su plan.

-Dragón del Fuego- dijo el fantasma acercándose a ella-. Hacía mucho tiempo que no te veía. Que gusto el verte en tan saludable estado.

Era Wuya. Kimiko la miraba llena de ira. El fuego en su interior trataba de salir, pero aquella extraña cadena de color azul brillante no le permitía moverse, ni utilizar sus poderes.

-Vamos, Kimiko. No debes ponerte así, te voy a hacer una oferta- dijo mirándola con malicia-. Si accedes a trabajar con nosotros, te dejaremos libre. Solo tendrás que cons…

-¡Jamás!- la interrumpió la joven- Yo no trabajo para basura como vosotros.

Aquellas palabras irritaron a Wuya más que muchas otras. Sabía del potencial de la chica y la quería en su bando, no podía permitirse el lujo de perderla. Pero si ella no accedía a trabajar para ella y para Jack, procedería a su tortura. No una tortura física, ya que conocía a la perfección el aguante de la joven, sino a una tortura de su mente, que ahora estaba vulnerable.

-Está bien- dijo Wuya-. Entonces quizás deba hablar contigo un rato. Según me ha contado Jack, tienes un extraño vínculo con el Dragón del Viento, sí, con Raymundo.- dijo mientras la joven la miraba sorprendida- Sí, lo sé todo. Parece ser que él no te corresponde. Al parecer no está interesado en ti, no siente nada por ti. Aunque sí parece sentir algo por esa joven del templo…- y Kimiko supo perfectamente a quién se refería- Creo que se llama: Jein.

El espíritu de Wuya observaba a la chica satisfecha. Aquello ya comenzaba a dar sus frutos, aunque muy lentamente. Kimiko parecía difícil de convencer… Sí. Ella sabía bien que los Dragones protectores del Fuego siempre eran los más tercos e inflexibles.

-Según mis espías en el templo Xiaolín, hay algo entre Jein y Raymundo. Tú, sólo fuiste una prueba que debía superar, una apuesta entre él y algunos amigos, ya que tú eras la única que no parecía necesitar de él. Una simple apuesta, eso eras para él.

-¡No te creo!- dijo la joven tratando de parecer segura, mas algo comenzaba a aflojar en su interior.

-¿No me crees? Entonces quizás deba decirte que él te ha mentido. Te dijo que había pensado mucho en ti durante estos años de entrenamiento, y en realidad no se acordaba de ti en absoluto. Todo se lo ha inventado, y hay algo más, mucho peor.

-¿Qué quieres decir?- preguntó la joven, tratando de sonar fría.

-Durante su entrenamiento, él…

OOOOOOOOOOOOOOOOOO

En el templo Xiaolín, los guerreros protectores, Dragones del Viento, el Agua y la Tierra, hablaban con el maestro Fung tratando de entender qué había ocurrido y quién había podido ser.

Un rato después los tres amigos salían de la sala de meditación, donde los ancianos maestros Xiaolín trataban de entender por qué Wuya había capturado a Kimiko, ya que suponían que había sido Wuya junto a Jack Spicer.

-Yo me voy a mi habitación- dijo Raymundo sin mirar a sus amigos.

-Está bien chico. Pero tranquilízate, todos estamos igual que tú.- dijo Clay en un intento de aplacar su ira por haber permitido que se llevaran a Kimiko.

-Lo dudo… No puedes imaginar cómo me siento- susurró el joven, mientras se alejaba.

Mientras entraba en su habitación, sentía un extraño dolor en el pecho. Al parecer, ahora se daba cuenta de lo mucho que amaba a la joven del fuego. El viento se acercaba a él y bailaba entre sus cabellos para tratar de alegrar a su guerrero, pero nada parecía surtir efecto. Tras un rato pensando dónde podría estar la joven que ocupaba su corazón, escuchó un extraño ruido en los jardines del templo.

Rápidamente se acercó a la ventana, mientras el viento le susurraba lo que la silueta de aquella persona le decía a alguien. Sin hacer ruido, salió volando por la ventana, y llamó a sus compañeros, que dormían en el lado contrario.

La persona que estaba en los jardines, parecía estar hablando con alguien. Cuando los tres guerreros de los elementos del Viento, el Agua y la Tierra se acercaron a ella, la joven dejó de hablar, y una extraña luz frente a ella se apagó.

Dio media vuelta y sacó una garra que brilló con un pequeño destello. La joven vestía de negro, con la cara tapada, y solo unos cabellos salían de la máscara que cubría su rostro. Rápida cual felino, se abalanzó contra Clay, quién no podía pelear con las señoritas, pero si sujetarlas.

La joven se debatía como podía, pero no conseguía escapar. Entonces apareció Omi, quién clamó a su elemento.

-¡Agua!- gritó el joven.

El elemento hizo acto de presencia, y una fuerte columna de agua la rodeó formando una muralla a su alrededor.

-Viento- murmuró Raymundo. Un viento helado golpeó el agua, transformándola en aquel instante en hielo. La joven quedó completamente aprisionada entra aquel amasijo de agua helada.

La encapuchada vio a los tres jóvenes frente a ella mirándola con desprecio e ira. Ganas de venganza… El joven Dragón del Viento se acercó a ella, y tras mirarla con los ojos entrecerrados le quitó la máscara. La miró sorprendido un instante, pero un momento después lo entendió todo.

-Catnape- dijo refiriéndose a la joven- O debería decir Jein.

-Hola Ray- dijo la joven ronroneando y tratando de acariciarlo, pero él detuvo su mano con fuerza.

-Así que todo esto ha sido una farsa. Todo un montaje para conseguir que los poderes se dividan… Muy inteligente, pero no voy a permitir que esto termine así.

-¿De veras Raymundo?- dijo ella mirándolo contenta, aun que sorprendida de que él hubiera descubierto el plan tan rápido- Todo ha acabado. Kimiko está en manos de Jack y pronto conseguirá que se una a él. Según tengo entendido, Wuya está haciendo un muy buen trabajo con ella. Imagino que Jack conseguirá que ella lo ame. Él siempre la ha querido, desde el comienzo de la captura de los Shen Gong Wu.

Al escucharla Raymundo apretó los puños. De modo que trataban de persuadir a Kimiko para que se uniera a su bando. Pero eso no ocurriría, ella era muy fuerte y él estaba seguro de que ella no se iba a dejar intimidar de aquel modo.

De repente, una brisa cálida llegó hasta ellos, y dirigiéndose a Raymundo, lo envolvió susurrándole cosas que los demás no podían oír.

Fue entonces cuando Raymundo sonrió, y Catnape sintió que el miedo comenzaba a recorrer su cuerpo empezando con un escalofrío en su espalda. Los ojos verdes del joven brillaban como esmeraldas reflejando la luz de la luna.

-De modo que es allí donde la tenéis…- murmuró el chico, agachándose frente a ella.- En un lugar tan abrasador que su poder es difícilmente detectable.

-¡Mientes! ¡Tú no sabes dónde se encuentra! ¡Eso es imposible!- comenzó a gritar desesperada la joven.

-No, no lo es… Creo que es hora de que duermas- dijo Raymundo frío como el hielo.

Acercó dos de sus dedos a la frente de la chica, y al instante en que la rozó ésta quedó sumida en un profundo sueño. El hielo comenzó a moverse, y arrastró a la chica hasta un árbol, dónde la dejó atada.

-Raymundo, ¿qué hacemos con ella?- preguntó Omi, mirándola con desprecio.

-La dejaremos aquí. No despertará hasta mañana, y aun que consiguiera despertar, estará atada, y no podrá moverse.

-Es cierto Ray, pero ¿Dónde está Kimiko? ¿Es cierto que sabes dónde se encuentra?- preguntó Clay, deseando que fuera cierto que el joven lo sabía.

-Sí, lo sé. Y voy a ir a buscarla. Debo pagar mi error. No sé cómo pude permitir que a ella le ocurriera algo. Jamás me perdonaría dejarla en manos de Jack Spicer- su tono reflejaba ira y ganas de venganza.

-Pero Raymundo, primero deberías encontrar tu objeto del Viento- dijo Omi tratando de serenar al joven-. De este modo serías más poderoso, y podrías enfrentarte a Jack Spicer y a Wuya con más facilidad y al mismo tiempo impedirías que ellos lo encontraran antes que nosotros.

Raymundo dejó escapar una risa, que no tenía felicidad, era casi con un poco de sarcasmo. Giró sobre sí mismo y miró fijamente a Omi. Él aun no lo había entendido, pero al parecer Clay sí. Se lo explicaría brevemente.

-Escúchame bien, Omi. Para mí, no hay nada más importante que Kimiko. Ella… Es la parte de mí que falta, y yo soy la parte que falta en ella. Nuestros poderes necesitan el uno del otro para vivir, necesitamos estar cerca del otro y sentirnos bien juntos para poder sobrevivir. El fuego se alimenta del aire, y el aire protege al fuego. El fuego impulsa al viento y lo hace más poderoso.

Con que solo una de sus partes falta… Ambos poderes disminuyen, llegando a matar incluso a sus protectores. Y si uno de nosotros muere, el otro lo hará tarde o temprano. Sé que Kimiko aún posee resentimiento hacia mí, pero mi corazón ha estado siempre ocupado por ella, cada uno de mis esfuerzos se lo he dedicado… Y no puedo permitir que a ella le ocurra nada.

Omi lo miraba impresionado. ¿Cómo podía querer Raymundo tanto a Kimiko? Él también la quería, pero de otra manera menos fogosa y decidida.

-Está bien, Raymundo- dijo entonces decidido el chico- Yo voy contigo a buscarla.

-Y yo compañero, puedes contar conmigo para ir a buscar la pieza perdida- aseguró Clay ajustándose el sombrero.

-Gracias amigos- dijo el Dragón del Viento decidido, y acto seguido se elevaron en el aire en busca del fuego que les había sido robado, de la joven a la que tanto querían.

-Te encontraré Kimiko, tú solo… Espérame- murmuraba el joven de ojos verdes mientras surcaba los cielos a gran velocidad.

OOOOOOOOOOOOOOOOO

Entre las paredes de un volcán, en una jaula, atada y torturada su mente, una joven de cabello negro brillante lloraba silenciosamente. Lágrimas plateadas surcaban su rostro saliendo descontroladas de los ojos azules de la joven. Había aguantado todo lo que Wuya le había dicho, pero cuando la mujer fantasma se fue, no pudo más y todo lo que había estado guardando salió con amargura.

Había tratado en vano de no escuchar las palabras que fluían como veneno del fantasma de Wuya, pero no lo había conseguido. Había tratado de escapar, de quemar la celda, pero tampoco había podido, y mientras aquello ocurría notaba cómo sus poderes disminuían poco a poco, aunque cada vez a mayor velocidad.

De repente, escuchó que alguien se acercaba. Se apresuró a secar sus lágrimas con la tela del hombro de su vestido, pero cuan fue su sorpresa al ver que ya no llevaba el mismo. Un vestido blanco al estilo de la antigua Grecia, culminado por brazaletes dorados era ahora lo que tapaba su cuerpo. Se puso de pie dispuesta a no dejar translucir ni un signo de debilidad, aunque ya aquello le fuera imposible.

-Jack Spicer- dijo la chica, escupiendo las palabras.

-Hola Kimiko. Yo también me alegro de verte- luego añadió observándola con descaro- Vaya, estás impresionante. Ese vestido te queda mucho mejor que el otro. Estás hermosa.

-Gracias- dijo ella sin inmutarse.

Aquel comportamiento en la joven impresionaba a Jack, al tiempo que lo atraía. Aquella joven no era como las demás, no como las otras tantas que había conocido. No se dejaba influenciar tan fácilmente, poseía una fuerte personalidad, y no se dejaba impresionar por su dinero o su poder. Sí… Aquella joven le suponía un verdadero reto.

-Verás, Kimiko. Quiero una respuesta, que espero sea agradable para mí. Te permitiré salir de ahí, y te quitaré lo que mantiene sellados tus poderes, si te unes a mí, en mi búsqueda del dominio del mundo.

-Ni lo sueñes- dijo la chica, sonriendo ante el fastidio en la cara del joven.

-Está bien, Kimiko. Tú te lo has buscado- dijo Jack sonriendo cruelmente. Ante la chica apareció una pantalla oscura-. Estoy seguro de que esto te va a encantar.

De repente, las imágenes comenzaron a aparecer. En ellas aparecía Raymundo sonriendo fríamente, y frente a él, apareció el rostro de otra joven…

-Jein- susurró Kimiko sorprendida.

Poco después, la joven observó como la mano de Raymundo se acercaba al rostro de la chica poco a poco, y rozaba su frente. En aquel instante pararon las imágenes, y la pantalla, tras volverse oscura de nuevo, desapareció de su vista.

-Qué me dices ahora- aquello no era una pregunta, sino una afirmación.

-Esto no prueba nada. Yo no he visto que ocurriera nada- dijo la joven tratado de creer lo que ella misma decía.

-Eso, dejaré que lo juzgues tú misma-dijo el joven, saliendo del lugar.

Las lágrimas fluían por sus ojos de nuevo, ¿sería verdad aquello? Todo lo que Wuya y Jack le habían dicho parecía ser cierto. Todo encajaba como en un rompecabezas por fin resuelto. Entonces entendió que no tenía opción, aun que eso ocurriera…

-¡Jack!- llamó la joven autoritaria. El joven apareció al instante a su lado.

-¿Ya has decidido algo?- preguntó.

-Sí, así es- dijo ella- Yo…