La inocencia de Egipto
Capítulo 4: Sorpresas
Yami estaba más que sorprendido, esta era la primera vez en toda su vida que sentía lo que era ser abrazado. Nunca nadie le había mostrado afecto, solo Ishizu pero eso fue hace muchos años. –"Qué estoy haciendo? No puedo dejar que este esclavo me toque y mucho menos que me abrase"- pensó antes de empujar a Yugi con tanta fuerza que lo hizo caer al suelo.
-No vuelvas a tocarme, está claro?- preguntó amenazante. Pero Yugi hizo caso omiso a lo dicho; se incorporó y abrazó a Yami de nuevo.
-Maldito esclavo, quien te has creído?- El faraón se apartó de Yugi nuevamente, esta vez sin empujarlo, y lo miró a los ojos. –Qué quieres de mí? Para que me abrazaste? Querías conmoverme para que te dejara en libertad?- preguntó Yami.
-Solo quiero que seas feliz… quiero verte sonreír- El faraón abrió sus ojos en impresión. Yugi quería que la persona que lo había lastimado tanto fuera feliz?
-"No puede ser. No puede estar hablando enserio"- pensó mientras miraba a Yugi a los ojos, buscando algo. Pero no encontró nada, solo sinceridad.
-Yami- susurró Yugi caminando nuevamente hacia él, pero Yami se apartó bruscamente y lo miró por una fracción de segundo antes de salir corriendo del lugar.
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Un nuevo día estaba por comenzar, los rayos de Ra ya se podían divisar en el horizonte.
-Chico despierta- susurró un joven sacudiendo a Yugi ligeramente, provocando que este se despertara.
-Que…qué pasa?- preguntó Yugi en un bostezo. Al abrir sus ojos se encontró con un joven rubio de unos 18 años, quien le estaba sonriendo amigablemente. Además notó que traía un plato con comida en su mano, y en la otra un vaso con agua. –"Eso me recuerda que no he comido nada desde que llegué aquí. Pero que puedo esperar? Después de todo solo soy un esclavo. No creo que me den otra cosa más que pan y agua"- pensó mientras bajaba la mirada. Era tan difícil ser un simple esclavo; soportar todos los insultos y golpes sin siquiera poder defenderse. –"Solo piénsalo Yugi, hay personas más miserables que tú; tal vez no en clase social pero sí en espíritu."- se dijo intentando animarse.
-Vine a traerte esto- habló el joven entregándole la comida a Yugi. Este lo miró sorprendido. –Entiendo que estés sorprendido pero déjame explicarte. Verás, iba de camino hacia los aposentos de mi amo y me encontré con la señorita Ishizu y pues, ella me pidió que te trajera esto. Me dijo que no habías comido nada desde que llegaste aquí. Vaya, si hubiera sido tú no hubiera podido aguantar ni un día sin comer.- Yugi lo miró extrañado. –Bueno es que tengo… una seria ambición con la comida. En otras palabras soy un glotón.- explicó mientras reía un poco, provocando que el otro chico también riera.
-Por cierto, se me olvidó presentarme. Soy Jono, y tú?- le preguntó
-Yugi- respondió el chico con una pequeña sonrisa.
-Yugi eh? Es un nombre muy bonito. Oye, qué esperas para empezar a comer? Y no me digas que no tienes hambre porque ya tienes dos días sin comer. –Yugi, sin más opción, empezó a comer –Wow, cuidado te ahogas- Bromeó Jono al ver al pequeño comer rápidamente, provocando que este se sonrojara. –No tienes por que avergonzarte, es natural que tengas hambre.- le dijo. Yugi asintió y siguió comiendo, esta vez más despacio. En poco tiempo su plato se encontraba vacío.
-Y… cuantos años tienes? Trece?- preguntó Jono.
-No, tengo 16- respondió Yugi antes de tomar el vaso en sus manos y empezar a beber el agua dentro de este. –Aunque sé que no los aparento. Todas las personas creen que soy solo un niño- agregó cuando terminó de tomar el agua.
-Oh, ya veo. Sabes, eres una buena persona, es injusto que tengas un destino tan cruel- el chico lo miró dudoso. Un destino cruel? A qué se refería?
-No entiendo, por qué un destino cruel?-
-Cómo que por qué? Por Ra eres el esclavo del faraón! Y déjame recordarte que el faraón es un monstruo. Mira no más como te tiene!- exclamó mientras señalaba una de las heridas en el rostro de Yugi. –A eso me refiero con un destino cruel. Gracias a Ra que a mí no me tocó vivir algo así porque te juro que…-
-Por qué? Digo, quien es tu amo?- le preguntó Yugi interrumpiéndolo.
-Es el primo del faraón, aunque no creo que lo conozcas, su nombre es Seth. Él no es la persona más risueña del mundo pero por lo menos sonríe de vez en cuando y no me trata mal.- Yugi lo miró sorprendido. Él no sabía que el faraón tenía un primo. Al contrario, más bien creía que toda la familia de Yami ya había fallecido. –Ahora que me acuerdo, tenía que estar en sus aposentos desde hace horas. Lo mejor es que me vaya. Fue un gusto conocerte Yugi, espero que nos volvamos a ver.- le dijo mientras se incorporaba y salía de la celda. –Buena suerte con el faraón.- fue lo último que dijo.
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Yami estaba en sus aposentos. El suceso ocurrido la noche anterior no había abandonado su mente. –"Maldición, este es el único día libre que tengo en todo el año y lo único que estoy haciendo es pensar en un esclavo!"- se dijo. Pero no importa lo que hiciera, la imagen de Yugi abrazándolo no desaparecía. Es extraño que tener al chico tan cerca lo había hecho sentir tan… bien; tan completo. –Por Ra, que estoy pensando!- exclamó mientras se levantaba de su cama y salía de la habitación.
-Mi faraón- lo llamó Ishizu al verlo salir de sus aposentos.
-Qué quieres ahora Ishizu?- preguntó. Por su tono no parecía muy contento.
-Quiero pedirte permiso para sacar a Yugi de los calabozos, por lo menos por unos días. Eso le haría bien y le ayudaría a recobrar energías.- explicó la sacerdotisa. Yami no dijo nada, solo la siguió mirando. Ishizu tampoco articuló palabra ante el silencio del faraón. Poco a poco, Yami fue apartando su mirada de la de Ishizu y la llevó hasta uno de los balcones cercanos. El paisaje era hermoso; el Nilo, tranquilo y vivaz, corrí a través de su cauce, y las pirámides, un poco más lejanas, se erguían majestuosamente junto con la gigantesca esfinge.
-Te importa mucho ese chico, cierto?- interrogó, rompiendo el silencio que había caído minutos atrás.
-Sí Yami, me importa mucho aunque en verdad no sé por qué- contestó ella. No era mentira lo que acababa de decir, no tenía ni idea por qué se preocupaba tanto por el pequeño esclavo pero había algo diferente en él; algo especial. –"Tal vez él sea el único que pueda cambiar a Yami"- pensó mientras miraba al faraón. –"Como me gustaría ver una sonrisa en tu rostro nuevamente."-
-Sabes, si es cierto lo que dices y en verdad te importa tanto ese esclavo, entonces… te lo regalo. Así podrás cuidarlo y protegerlo como quieres y yo no tendré que interponerme. Haz con él lo que quieras… no me importa.- le dijo mientras se apartaba del lugar, dejando sola a Ishizu.
-Pues debería importarte Yami porque quiérelo o no, ese chico va a representar algo muy importante en tu vida- susurró la joven, el ojo de Horus grabado en su collar emitía un brillo cegador.
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-Yugi- habló una voz femenina al chico que se encontraba dentro de su celda.
-Señorita Ishizu, que bueno verla otra vez.- respondió el más pequeño acercándose a los barrotes que lo separaban de la joven. –Muchas gracias por la comida… estaba muy rica.- agregó mientras una sonrisa se formaba en sus labios. Ishizu le respondió con otra sonrisa.
-No fue nada, pero no deberías de agradecerme a mí, más bien agradésele a Ryou-
-A Ryou… y ese quien es?- preguntó Yugi.
-Ryou es el cocinero. Y debo decir que en verdad es bueno cocinando pero creo que eso ya lo descubriste, cierto?- Yugi solo asintió. Sus ojos tenían un brillo diferente. Estaba feliz, feliz de tener una amiga tan buena y gentil como la joven que tenía al frente, desde el primer momento que lo vio, aun sin conocerlo, ella se mostró amable con él y eso era algo que no pasaba muy a menudo. Después de todo se supone que nadie puede ser amable con los esclavos.
-Bueno, primero que nada te diré por qué estoy aquí. Pues no sé si pensarás que esto es bueno o malo pero… digamos que el faraón… el faraón ya no es tu amo- Yugi abrió sus ojos en impresión.
-Qué? El faraón ya no es mi amo? Pero entonces, quien lo es?- preguntó
-Yo Yugi- el chico la miró obviamente sorprendido pero inmediatamente sus ojos se llenaron de alegría. Pero solo duró unos minutos antes de que esos ojos se cubrieran con algo que parecía ser tristeza. –Qué pasa Yugi? No estás feliz?- preguntó Ishizu preocupada al ver el cambio tan repentino en el chico.
-Por supuesto que sí pero estaba pensando, esto significa que no volveré a ver a Yami?- preguntó con tristeza. No estaba seguro por que pero quería estar cerca del faraón, es como si la presencia de este lo llenara de paz.
-Claro que volverás a verlo porque me tendrás que acompañar todos los días a la corte y ahí está el faraón.- Los ojos de Yugi se iluminaron de nuevo. No solo volvería a ver a Yami, sino que sería todos los días! –"Un momento… por qué habría de estar feliz de ver al faraón todos los días? Y después de todo lo que ha pasado? No lo entiendo, por qué quiero estar cerca de Yami?"- se preguntó confuso.
-Entonces, que tal si salimos de aquí?- le preguntó mientras abría la celda. Yugi asintió y con un suspiro, dio un paso fuera de la celda. –"Y yo que pensé que estaría aquí por el resto de mi vida"- se dijo mientras sonreía ligeramente.
-Sígueme- Yugi obedeció. Por alguna extraña razón, en todo el camino no dejó de pensar en Yami.
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-Bueno, esta es mi habitación. Ves esa puerta de ahí?- preguntó Ishizu señalando una puerta que se encontraba a un costado. Yugi asintió –Esa da a tu habitación. Debo decirte que no es tan grande como esta pero es muy cómoda.- Nuevamente, el pequeño asintió.
-Muchas gracias señorita Ishizu- la aludida lo miró extrañada.
-Por qué me agradeces?- le preguntó.
-Pues por ser tan gentil conmigo, nunca nadie me había tratado como usted lo ha hecho. Por eso quiero agradecerle.- Ishizu solo sonrió al escuchar esto. –"Es un joven muy respetuoso, además de que me sigue tratando de usted."-
-Está bien. Qué te parece si te vas a dar un baño, necesitas limpiar tus heridas.- ofreció la sacerdotisa obteniendo un gesto afirmativo de parte de Yugi. –Pero ten cuidado al limpiarlas, está bien?-
-Sí, descuide, tendré mucho cuidado- le contestó.
-Eso espero- el chico solo sonrió ante esto. –"Es como mi mamá"- pensó mientras entraba a su nueva habitación.
Ishizu esperó hasta que Yugi entrara por completo a la otra habitación para dejar que una sonrisa traviesa se formara en sus labios. En ese momento pudo oír como alguien tocaba su puerta. –"Justo a tiempo"- se dijo mientras caminaba hacia ella y la abría. Uno de los sirvientes estaba del otro lado.
-Necesitaba algo señorita?- le preguntó el hombre respetuosamente.
-Sí, necesito que le digas al faraón que venga. Dile que es urgente.- el aludido asintió y se alejó rápidamente.
La misma sonrisa traviesa se formó nuevamente en los labios de la sacerdotisa. –"Esto será muy divertido"- pensó mientras caminaba hacia la habitación de Yugi.
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Yami se encontraba frente a la puerta que daba a los aposentos de Ishizu. –"Y ahora que querrá?"- se preguntó antes de tocar a la puerta un par de veces. Pero nadie respondió. –Demonios!- exclamó abriéndola de un solo golpe. –"No estoy de humor para estar perdiendo el tiempo"- se dijo.
-Ishizu?- preguntó cuando ya estaba adentro.
-Estoy en la otra habitación!- se oyó la voz de la joven resonar en las paredes.
-Y se supone que es urgente- susurró sarcásticamenteel faraón mientras se encaminaba a donde estaba la mujer.
Al entrar, pudo ver a Ishizu, sentada tranquilamente en el borde de la cama.
-Espero que lo que tengas que decirme sea verdaderamente urgente, aunque por tu tranquilidad en verdad no lo creo.- le dijo fríamente el joven. Pero la mujer solo lo miró con una sonrisa. –"No es lo que voy a decir querido Yami, es lo que vas a ver"- pensó mientras escuchaba a Yugi saliendo del agua para luego oír sus pasos los cuales se encaminaban hacia donde ellos estaban.
-Señorita Ishizu, que…- pero Yugi no pudo terminar por que se quedó completamente mudo al ver al faraón frente a él. Pero ese no era el problema; el verdadero problema era que él estaba totalmente descubierto, en otras palabras, estaba desnudo. Después de unos momentos, su mente al fin reaccionó e inmediatamente salió corriendo hacia el baño y al llegar ahí, cerró la puerta de golpe.
-"Oh por Ra, oh por Ra, oh por Ra…"- se repetía una y otra vez en su mente. Su rostro estaba completamente sonrojado. –"No puedo creerlo… yo… el faraón… me vio… completamente desnudo!"- exclamó en su mente. El sonrojo en su rostro incrementándose.
Por otra parte, Yami se había quedado paralizado. Su mirada seguía enfocada en el mismo lugar en donde Yugi había estado segundos atrás. La imagen del pequeño cuerpo totalmente descubierto no había abandonado su mente.
-Faraón?- preguntó Ishizu sonriendo.
Yami salió de la parálisis al oír la voz de su sacerdotisa. –Yo creo que mejor debería de… de… de retirarme, sí eso, retirarme.- balbuceó el faraón mientras salía de la habitación.
La sonrisa de Ishizu se incrementó. Su plan había dado resultado, un excelente resultado.
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Magi: Bueno aquí termina este capítulo. Espero que haya sido de su agrado.
Quiero agradecer a todos mis reviewers por su apoyo y por sus sugerencias y comentarios.
Bueno creo que eso es todo por ahora. Nos vemos
Ja ne
