La inocencia de Egipto

Capítulo 6: Aun en la oscuridad hay luz

-Disculpe por haber llegado tarde, creo que me entretuve mucho.- se disculpó Yugi. –Señorita Ishizu, se encuentra bien?- preguntó el chico al no obtener respuesta por parte de la sacerdotisa.

-Sí Yugi, no te preocupes.- respondió la joven sin mirar al otro. Su tono de voz era diferente, estaba lleno de tristeza y melancolía.

-Pero, por qué está triste? Acaso hice algo que la molestó o… no sé, que la hizo sentir mal?- interrogó muy preocupado el pequeño. Lo último que quería era ver a Ishizu así por su culpa.

-No Yugi, tú no has hecho nada malo. Yo solo… estaba recordando…- Yugi entendió inmediatamente a que se refería.-"…Yami…"- se dijo mientras bajaba su mirada.

-El pueblo sufre Yugi- el aludido miró a Ishizu confuso. A qué se refería?

-De que habla?- le preguntó

-Tal vez tú no lo hayas notado porque no has salido de aquí. Pero si lo hicieras verías la tristeza y el temor en los ojos de los aldeanos.- contestó la sacerdotisa. Yugi volvió a bajar su mirada.

-Pero por qué? Yo veo que aquí todos son felices- preguntó. Era cierto, mientras estaba en la corte nunca encontró tristeza en ninguno de los presentes, ni tampoco cuando estuvo con Ryou y Malik.

-Es muy diferente- Yugi hizo un gesto interrogativo –La relación entre un pueblo y su rey es muy diferente a la de nosotros con él. El pueblo está totalmente ligado al faraón, si él sufre, ellos también comparten su tristeza. En este caso, todo el pueblo está triste al ver el comportamiento de su líder y el temor vive en sus corazones. Su esperanza se ha convertido en su peor pesadilla.-

-Entiendo- susurró el chico. –"Esto no se trata de riquezas o economía, es algo mucho más serio"- pensó.

-Pero aun en la oscuridad hay luz. El corazón de Yami guarda una luz tan grande que tuvo que ser sellada por las sombras mismas. Pero esa luz aun vive y espera pacientemente a que alguien rompa el sello y la libere. La pregunta es, quien será ese alguien?- peguntó mientras miraba a Yugi fijamente.

-Puede ser que ese alguien… esté más cerca de lo que crees.- comentó el chico.

-Puede ser… pero no puedo estar completamente segura. Solo espero que ese momento llegue pronto, no sabes como deseo oír a Yami riendo. Ya son 12 años desde la última vez que oí su risa.- dijo la mujer obteniendo una triste sonrisa por parte de Yugi. En ese momento pudieron escuchar como alguien tocaba la puerta, Ishizu se levantó y le indicó a Yugi que la acompañara. El chico obedeció.

-Sí? Qué se te ofrece?- preguntó la sacerdotisa al hombre que había tocado a su puerta.

-El faraón solicita tu presencia en sus aposentos- Ishizu suspiró y asintió.

-Gracias por avisarme, ya puedes retirarte.- el hombre asintió y se alejó por los pasillos.

-Bueno, creo que lo mejor es que vaya a mi habitación.- dijo el pequeño

-No Yugi, tú vendrás conmigo- el aludido la miró sorprendido pero asintió. –Quieres cambiar de faldellín?- le preguntó pero Yugi negó con su cabeza.

-Así está bien- contestó luego con una pequeña sonrisa. Ishizu también sonrió.

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-Ishizu, por fin llegas. Necesito que…- Pero Yami no pudo terminar al ver al pequeño ángel que venía detrás de la sacerdotisa. Yugi, al sentir la mirada del faraón sobre él no pudo evitar sonrojarse. –"Y esta es la undécima vez que me sonrojo en este día"- pensó.

Por otra parte, Ishizu miraba la escena con una sonrisa. Podía ver claramente como Yami observaba a Yugi desde su cabeza hasta sus pies pero lo más resaltante era que el faraón no miraba al pequeño con malicia ni con lujuria, más bien lo miraba con admiración y… cariño? No estaba muy segura de si era cariño o no pero aun así estaba feliz. –"Tal vez Yugi sea quien cambie a el faraón… No puedo creerlo, después de todo lo que ha pasado aun puedo ver inocencia en Yami, tal vez no sea mucha, pero aun así sigue siendo la inocencia de Egipto"-

-Bueno Ishizu, si ya terminaste de verme como si fuera un espécimen raro entonces me gustaría decirte la razón por la que te mandé a llamar- habló el faraón sacando a la mujer de sus pensamientos. Sin poder hacer otra cosa, Ishizu asintió.

Mientras tanto, Yugi seguía mirando a Yami. Un semblante de tristeza inundó su rostro al ver una de las cicatrices en el rostro del joven. –"Debe de haber sufrido mucho. Como quisiera poder abrazarlo y hacerlo olvidar todo lo que le ha pasado"- Yugi siguió perdido en sus pensamientos hasta que notó que Ishizu se acercaba hacia él.

-Voy a salir un momento. Espérame aquí- Antes de que el chico pudiera protestar, Ishizu ya estaba cerrando la puerta, dejándolos solos. Yugi se quedó donde estaba, podía sentir la miraba del faraón a sus espaldas.

Yami no podía quitar su mirada del pequeño cuerpo en frente suyo. Sus ojos trazaron un camino desde las piernas del chico hasta su espalda, en donde el faraón notó miles de cicatrices. No pudo evitar el sentimiento de culpa que inundó su pecho al ver las heridas del otro. -"Esas cicatrices las tiene… por mi culpa."- pensó tristemente. Pero inmediatamente se dio cuenta de los que hacía y su rostro se volvió frío y severo de nuevo. –"No puedo mostrarme débil ante nadie y menos frente a un esclavo. Y este extraño sentimiento que siento cuando miro a ese chico… no es nada, es una tontería. Tal vez sea solo lástima."- se dijo mirando al otro chico fijamente.

Lentamente, Yugi se dio la vuelta y quedó frente al faraón. Lo miró por unos segundos antes de sonreírle. –"Por qué me está sonriendo? Acaso no me odia? Pero como después de todo lo que le hice?"- pensó Yami.

-Yo creo que mejor… me retiro- dijo el pequeño mientras avanzaba hacia la puerta.

-No creo que eso sea una buena idea- Yugi se detuvo –Ishizu me dijo que no te dejara salir… no quiere que nada malo te pase y aunque tu presencia me incomoda y molesta, debo cumplir.- habló el joven fríamente.

Yugi por otra parte, tenía lágrimas en sus ojos. No sabía por que pero le dolía, le dolía que Yami fuera tan frío con él y le hablara de una manera tan cruel. –"Qué es este sentimiento dentro de mí? Nunca antes había sentido algo parecido. Quiero acercarme a Yami y abrazarlo como nunca nadie lo ha hecho… pero, por qué?"- se preguntó el pequeño, confundido.

Yami vio las lágrimas del chico y una tremenda opresión cubrió su pecho. -"Tal vez estoy siendo muy cruel con él… Pero que estoy pensando, por supuesto que debo ser cruel, es solo un esclavo, un esclavo por Ra!"-

-Lo siento- habló el pequeño sacando a Yami de sus pensamientos.

-De que hablas?-

-Lo siento… por llorar. Soy un chico muy débil y por cualquier cosa lloro. Perdone si eso le molesta.- se disculpó Yugi mientras miraba al piso como cualquier esclavo. –Aunque se supone que los esclavos no tienen sentimientos… o mejor dicho, no tienen el derecho de tenerlos…pero bueno después de todo nosotros no somos nadie, solo basura; seres despreciables.- susurró. Yami solo lo miró con sorpresa, nunca había escuchado hablar a alguien de esa forma sobre ellos mismos. –"Por Ra, este chico tiene el autoestima en el suelo"- pensó. Pero qué podía esperar? Este chico había sido un esclavo toda su vida. –"Ya me imagino cuantos insultos ha tenido que soportar… ahora que lo pienso, yo también lo he insultado…"-

Flash back

-Eres despreciable! La peor mugre de todas! No sirves para nada, no eres nadie!- exclamó el faraón mientras dejaba caer el látigo que tenía en su mano sobre Yugi, quien no hizo sonido alguno ya que hasta su garganta le dolía después de haber gritado tanto.

-Eres basura, escuchaste? Solo basura!- El chico no dijo nada, solo cerró sus ojos fuertemente.

-Me escuchaste!- preguntó nuevamente, dejando caer el látigo sobre el chico.

-S-sí señor- respondió suavemente el pequeño, mientras que millones de lágrimas rodaban por su rostro, mezclándose con la sangre que había en él.

Fin del flash back

-"Como quisiera poder acercarme a él, tomarlo en mis brazos… y rogarle que me perdone, aunque en verdad no lo merezca… No lo entiendo, desde que este chico llegó, me hizo sentir algo que jamás había sentido. Y cuando me abrazó en esa celda, no sé siquiera que fue lo que sentí… fueron tantas emociones mezcladas… nunca creí que alguien pudiera hacerme sentir así. Pero…qué es este sentimiento?"- se preguntó sin dejar de mirar al pequeño frente a él.

-Perdón por el retraso, pero no podía encontrar a Mahado por ninguna parte.- habló Ishizu mientras entraba a la habitación. –Yugi, quiero pedirte un favor-

-Claro, lo que quiera señorita- respondió Yugi respetuosamente.

-Podrías ir a la cocina y traerme algo de comer?- preguntó la sacerdotisa. Yugi asintió y salió del lugar. Ishizu esperó hasta que el chico se fuera por completo para empezar a hablar.

-Ahora que estamos solos Yami, quiero hablar contigo seriamente.- el aludido no dijo nada, solo miró a la joven fríamente.

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Yugi caminaba tranquilamente hacia la cocina. Ishizu le había enseñado el camino así que no había peligro de perderse. Después de unos minutos, por fin llegó. –"Vaya, este palacio si que es grande."- pensó.

-Hola Yugi, que te trae por aquí?- preguntó Ryou al ver al chico.

-Pues vine porque la señorita Ishizu me pidió que le llevara algo de comer"- explicó Yugi mientras sonreía.

-Ya veo, bueno déjame ver… a Ishizu le gusta mucho la fruta, creo que eso estaría bien, no crees? O acaso te pidió la cena?- preguntó

-Solo me dijo que le llevara algo de comer- respondió el pequeño.

-Entonces creo que la fruta estaría bien- Yugi hizo un gesto afirmativo y esperó a que Ryou trajera las frutas.

-Aquí están. Espero que eso sea lo que Ishizu quiere, de lo contrario tendrás que venir de nuevo.- le dijo sonriendo.

-Gracias Ryou, nos vemos- se despidió mientras se alejaba.

-"Espero que esto sea lo que ella quiere. La próxima vez tendré que preguntarle antes, aunque Ryou dijo que a Ishizu le gusta mucho la fruta, creo que entonces no hay problema"- pensó el chico. Fue entonces cuando oyó gritos, que aparentemente venían de la habitación del faraón. Al parecer, Ishizu y Yami estaban peleando.

Lentamente, Yugi se acercó a la puerta para escuchar claramente que era lo que decían.

-Por qué lo niegas? Crees que no me he dado cuenta!- exclamó una voz femenina la cual pertenecía a la sacerdotisa.

-No sé de que hablas!- respondió el faraón

-Por Ra Yami! Ya deja de negarlo, tú sabes muy bien de que hablo!-

-No lo sé, no tengo la menor idea que es lo que quieres decir!- exclamó Yami enfurecido.

Yugi estaba confundido. –"De que hablan? Por qué están peleando?"- se preguntó el pequeño sin poder encontrar una respuesta. Mientras tanto, los gritos continuaban.

-Deja de mentir Yami! Yo sé que hay alguien especial! Alguien te ha hecho sentir lo que jamás habías sentido!- Yugi abrió sus ojos en impresión. Alguien especial? De pronto, los gritos cesaron, y Yugi tuvo que acercarse más para poder oír lo que decían.

-Tienes razón… no quería admitirlo pero es cierto. Hay alguien especial, y me ha hecho sentir diferente, algo que nunca había sentido.- Los ojos de Yugi se llenaron de lágrimas. Había alguien especial en la vida de Yami, y no era él. En ese momento pudo sentir como su corazón se partía en mil pedazos. Sin importarle nada, soltó la bandeja que traía en sus manos y salió corriendo del lugar.

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Ishizu oyó como algo metálico se estrellaba contra el suelo. –No, Yugi!- exclamó mientras salía de la habitación solo para encontrarse con que no había nadie, solo una bandeja en el suelo con frutas esparcidas alrededor. –Yugi- susurró. Esto no lo había planeado. Había mandado a Yugi a traerle algo de comer para que no oyera su conversación con Yami. Pero al parecer no resultó y ahora el chico había malinterpretado todo.

-Qué pasó aquí?- preguntó Yami al ver el montón de frutas en el suelo.

-Rápido Yami, tenemos que encontrar a Yugi antes de que cometa una locura!- exclamó Ishizu mientras se retiraba rápidamente.

-Y que te hace pensar que yo voy a buscarlo? No me interesa- Ishizu paró en seco al oír este comentario.

-Te interesa y mucho. Yo sé que la persona especial de la que hablaste es Yugi y si quieres saber que es ese sentimiento tan extraño en ti entonces te lo diré, no quería hacerlo pero no me dejas opción. Ese sentimiento se llama amor. Tú estas enamorado de Yugi.- declaró la sacerdotisa antes de retirarse por completo.

Yami, sin embargo, no se movió. Estaba completamente sorprendido. Amor? Eso era lo que sentía? Amor por Yugi? De pronto y sin pensarlo dos veces, empezó a correr en la dirección contraria a la que Ishizu había ido.

Tenía que encontrar a Yugi, y tenía que encontrarlo pronto.

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Yugi estaba completamente destrozado. Ahora entendía perfectamente que era lo que sentía. Era amor. Estaba enamorado de Yami, de la persona que lo había lastimado como nadie lo había hecho. –"Cómo no me di cuenta antes?"- se preguntó. Fue en ese momento cuando recordó que su madre ya le había hablado del amor, hace mucho tiempo…

Flash Back

-Mamá, qué es el amor?- preguntó un niño de unos 5 años.

-El amor Yugi, es cuando te preocupas por alguien, más que por ti mismo. Cuando estás dispuesto a dar tu vida por esa persona. Cuando sientes que lo más importante es él o ella y que todo tu mundo gira alrededor de ese ser.Cuando amas a alguien es cuando estás dispuesto a compartir tú vida con esa persona, sin importar lo que pase. Quieres que esa persona sea feliz, porque eso es lo único que te puede hacer feliz a ti; y cuando llora o sufre, sientes que tu mundo se derrumba. El amor es lo más importante en esta vida Yugi y el amar a alguien es lo más maravilloso que te pueda pasar. Aunque el amor también es sufrimiento, recuerda eso.

-Pero, cómo puede ser maravilloso si es sufrimiento?- preguntó incrédulo el pequeño.

-Porque es el único sufrimiento que vale la pena…-

Fin del flash back

-"Antes no entendía que era lo que mamá había dicho, pero ahora lo hago. Y tenía razón, el amor es lo más maravilloso de todo. Pero mi mamá nunca me habló del amor imposible."- pensó Yugi mientras miraba hacia abajo. Estaba subido en uno de los balcones del palacio, a miles de metros de altura, un paso en falso y caería. Pero ya no importaba, no importaba nada.

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Yami caminaba rápidamente por los pasillos del palacio. Todo lo que ocupaba su mente era el pequeño esclavo de hermosos ojos amatista. –"Tengo que encontrarlo"- se dijo. Fue entonces cuando oyó un llanto, el cual provenían de una habitación a su derecha. –"Yugi, tiene que ser él"-pensó abriendo la puerta de golpe.

-Yugi!- exclamó. El aludido se dio la vuelta, completamente sorprendido. Pero al darla, su pie resbaló haciéndolo caer a una muerte segura.