La inocencia de Egipto

Capítulo 7: La luz despierta

-No Yugi!- exclamó Yami mientras corría hacia el balcón, logrando alcanzar la mano del chico.

-Suéltame!- exclamó el pequeño.

-Y dejar que mueras? No gracias, no quiero ser el culpable de tu muerte. Por mí puedes matarte si quieres, no me importa pero la próxima vez busca un lugar en donde no te vea!- contestó el faraón. –Ahora dame tu otra mano- le dijo al chico quien solo negó con su cabeza. –Maldición mocoso que me des tu mano!- Nuevamente, Yugi se negó.

-Solo suéltame. No serás el culpable de nada, solo… suéltame.- susurró mirando a Yami a los ojos.

-Olvídalo, no pienso soltarte. No te lastimaré de nuevo.- habló el mayor con decisión. –Ahora dame tu mano, es una orden!- agregó con autoridad.

-Pues esta será la primera vez que desobedezca una orden del faraón.- respondió el otro.

-Yugi, por favor, dame tu mano- susurró Yami desesperado al sentir que ya no podría sostener al chico por más tiempo. Yugi miró al faraón sorprendido, pero se sorprendió más al notar lágrimas en los ojos del otro. –"Debe ser mi imaginación"- se dijo.

-Yugi- susurró el faraón nuevamente. Yugi lo miró y asintiendo extendió su brazo. Yami tomó su mano y lo jaló con fuerza hacia adentro. Los dos cayeron al piso por el impulso.

Inmediatamente, Yugi se aferró a Yami y empezó a llorar. El faraón, sin saber realmente que hacer, rodeó al pequeño con sus brazos y permitió que este llorara en su pecho, hasta quedar completamente dormido.

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-Por Ra, Yugi! Qué le pasó?- preguntó Ishizu muy preocupada al ver al pequeño en los brazos del faraón.

-Tienes que cuidar mejor tus pertenencias Ishizu. No vaya a ser que un día las pierdas para siempre.- habló Yami ignorando la pregunta de la sacerdotisa mientras acostaba a Yugi en la cama de Ishizu.

-Hablas de él como si fuera una cosa- comentó ella.

-Y no lo es?- preguntó el joven mirándola seriamente.

-Por supuesto que no. No lo entiendo, por qué cambiaste tanto Yami? No eres el de antes…-

-El Yami que conocías ya no existe!- exclamó el faraón interrumpiéndola.

-No digas eso, yo sé que aun hay luz en ti.- habló Ishizu

-Deja de decir tonterías.-

-No Yami, no son tonterías, al contrario, lo que digo es la pura verdad y tú lo sabes.- declaró la sacerdotisa. El faraón no dijo nada. –Entiéndelo Yami, yo me preocupo por ti. Solo quiero que seas feliz- agregó sinceramente.

-Pues ya no soy un niño y no necesito que estés preocupándote por mi como si fueras mi madre! Tú no eres mi madre Ishizu, no eres nada! Solo una sacerdotisa común y te agradecería que cumplieras con tu trabajo en lugar de estar involucrándote en mi vida! Ya estoy harto de tus sermones y de que me digas que es lo que tengo que hacer y que no. Yo soy el faraón y puedo hacer lo que se me de la gana! Espero que ahora sí hayas entendido!- exclamó Yami.

Ishizu, por otra parte, tenía la mirada baja y varios mechones de cabello caían sobre su rostro tapando sus ojos y escondiendo las lágrimas que caían libremente. –"Ya no hay esperanza. El corazón de Yami ya está completamente perdido. La luz que había en él se ha extinguido para siempre"- se dijo.

-Solo mírate Ishizu, eres patética, ya te pareces a ese niño.- comentó el faraón dirigiendo su mirada hacia Yugi, quien dormía plácidamente. –Maldito esclavo, solo me has dado problemas-

-No hables así de él. Tú lo amas, no lo niegues.- habló Ishizu.

-Puede ser, pero y qué? El amor es para los débiles. Yo no caeré en esa trampa a la que llaman amor.- declaró el joven sin quitar su mirada del pequeño.

-Sí es así como piensas, entonces, por qué ayudaste a Yugi?- interrogó ella.

-No lo sé, tal vez para no tener que oír otro de tus sermones, quien sabe…- respondió.

-Yo sé por que, y tú también. Tenías miedo de perderlo, de no volver a verlo nunca más. Lo amas demasiado como para dejarlo ir así de fácil.- afirmó la sacerdotisa.

-Piensa lo que quieras, no me importa. Ahora si me disculpas, tengo cosas importantes que hacer.- le dijo mientras salía de la habitación.

-"Ra, dame fuerza, ya no sé que hacer."- pensó Ishizu mientras veía a Yami alejarse.

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Los ojos de Yugi se abrieron lentamente indicando que el pequeño estaba despertando. –"Donde estoy?"- fue lo primero que cruzó por su mente. Al fijarse en sus alrededores se dio cuenta de que estaba en la habitación de Ishizu.

-Buenos días Yugi. Has despertado muy temprano, sabes? Ra aun no ha salido.- se oyó la voz de la sacerdotisa. Pero sin embargo, Yugi noto que esa voz estaba llena de tristeza y desilusión.

-Pasa algo malo señorita?- preguntó Yugi

-No te voy a mentir, sí pasa algo- declaró Ishizu

-Es Yami, verdad?- preguntó el chico sorprendiendo a la joven.

-Cómo lo sabes?- interrogó ella.

-No lo sé, aunque después de todo por quien más podrías estar así?- habló el pequeño dedicándole una pequeña sonrisa a su amiga. Ishizu sonrió tristemente. –No estés triste. Estoy seguro de que Yami cambiará. Después de todo está esa persona especial de la que hablaban anoche. Sea quien sea tiene mucha suerte…- Esta vez, la sonrisa de Ishizu fue de felicidad.

-Yugi, esa persona especial de la que escuchaste… eres tú- el aludido abrió sus ojos en impresión. Él era la persona especial de la que habló el faraón?

-Si es verdad lo que dices entonces… por qué estás triste?- preguntó

-Porque ya estoy perdiendo la fe. Ya no sé si aun hay esperanza para Yami…-

-Por supuesto que la hay!- exclamó el chico. –Yo lo amo Ishizu, lo amo con todo mi corazón. Y haré todo lo que sea posible para hacerlo feliz. Te prometo que volverás a ver al Yami que conociste.- dijo el pequeño con decisión. –"Estoy dispuesto hacer lo que sea con tal de ver feliz a Yami… lo que sea"- se dijo.

-Yugi, hay algo que no sabes sobre Yami. Quería que fuera él quien te dijera esto pero después de haberte oído hablar así, creo que es mejor que lo sepas.- le dijo Ishizu. –Recuerdas la historia que te había contado sobre el pasado de Yami?- Yugi asintió –Verás, aquel día que lo encontramos en esa celda, descubrimos algo que… no habíamos notado antes. Nadie sabe de esto solo Shimon y yo…-

-Shimon?- preguntó Yugi interrumpiéndola

-Es el médico del faraón. Bueno lo que descubrimos fue que… que el padre de Yami lo había…- En este momento, las lágrimas se empezaron hacer presentes en los ojos de la sacerdotisa. –El padre de Yami lo había…lo había violado!- exclamó Ishizu estallando en un llanto amargo. Yugi por otra parte no sabía que hacer, estaba completamente paralizado. –Lo había violado desde hace tiempo y ninguno de nosotros se había dada cuenta. Pero lo peor de todo… fue que lo siguió violando y nosotros no podíamos hacer nada! Era nuestra palabra contra la del faraón.-

-No… no es cierto verdad? A Yami nunca… a Yami nunca le pasó nada como eso, estás mintiendo, tienes que estar mintiendo!- exclamó Yugi mientras lloraba desconsoladamente.

-No Yugi, no miento. Es por eso que Yami no se permite amar. Su padre siempre le decía que todo lo que hacía era por amor… porque lo amaba.- susurró la sacerdotisa.

-Cómo se puede amar a una persona a la que estás violando!- exclamó Yugi –Ese hombre no tenía ni la menor idea de lo que es el amor!-

-Yugi, tienes que calmarte…-

-Como quieres que me calme cuando me acabas de decir que la persona que más amo fue abusada sexualmente por su propio padre!- exclamó el chico mientras se levantaba y caminaba hacia la puerta.

-Yugi, adonde vas?- preguntó Ishizu. Pero Yugi no respondió. –Yugi!- pero era muy tarde, el chico ya se había ido.

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Yugi caminaba rápidamente por los pasillos del palacio buscando una habitación. Al llegar, se dio cuenta, para su sorpresa y alivio, de que no había guardias cuidando la puerta. Sin pensarlo dos veces, abrió la puerta y entró.

Era la habitación más hermosa que había visto en toda su vida. Ya había estado en ella antes pero nunca la había visto detalladamente. Las paredes estaban forradas en oro puro y tenían grabados de plata. La cama era gigantesca y tenía joyas por doquier. Era hermosa, pero más hermosa era la persona que descansaba en ella.

Yugi se acercó lentamente hacia la figura durmiente de Yami. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios al ver las facciones del otro. Era hermoso, realmente hermoso. Verdaderamente era el hijo de los dioses, de eso no había duda. –"Cómo alguien que ha sufrido tanto puede verse tan inocente y puro?"- se preguntó mientras llevaba su mano al rostro del faraón y acariciaba su mejilla. Ahora podía ver claramente todas las cicatrices que cubrían el rostro, pecho y brazos del faraón. –"Cómo puede ser tan hermoso aun con todas esas cicatrices?"- se preguntó.

-Yami… si tan solo me dejaras amarte, te juro que serías tan feliz. No sabes como deseo ver una sonrisa en tu hermoso rostro. Te amo tanto Yami…- habló Yugi sinceramente. –Te amo Yami… solo quiero que sepas eso- agregó.

-Yugi?- llamó Ishizu desde la puerta. –Tenemos que irnos Yugi. Hay que dejar que Yami descanse.- el aludido no dijo nada por unos momentos pero luego asintió. Pero antes de irse, se inclinó y beso la frente de Yami. –Te amo- susurró antes de levantarse y salir junto con Ishizu de la habitación.

Al oír la puerta cerrarse, el faraón abrió sus ojos. Un manto de confusión inundó su rostro. Acaso el amor era algo completamente diferente a lo que él pensaba?

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-Estás listo Yugi?- interrogó la sacerdotisa.

-Sí señorita, estoy listo- habló Yugi mientras se acercaba a Ishizu, esta vez luciendo un faldellín que le llegaba a las rodillas. –Ishizu, puedo preguntarte algo?- preguntó el pequeño.

-Por supuesto- respondió ella.

-Usted ya sabía que yo amaba a Yami aun antes de que yo me diera cuenta, cierto? Es por eso que hizo todo aquello.- habló él

-Sí Yugi, yo lo supe desde la primera vez que te vi. Y sí, por eso hice todo lo que hice. Lamento mucho si te hice quedar en ridículo.- se disculpó.

-No se preocupe, le agradezco que haya intentado ayudarme a mi… y a Yami.- comentó Yugi sonriendo. Ishizu asintió.

-Bueno, mejor nos vamos ya, se nos está haciendo tarde.- Yugi asintió. –"Por lo menos veré a Yami de nuevo"- se dijo mientras seguía a la sacerdotisa.

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-Bueno Yugi, no llegamos tarde- comentó Ishizu mientras sonreía.

-No- susurró el pequeño. Esta vez se sentía más cómodo, después de todo yavestíaun faldellín normal. –"Y si es así entonces, por qué todo el mundo me está viendo tan raro?"- Era cierto, aunque su faldellín ya no era revelador, las miradas lujuriosas no se habían ido.

-Quédate cerca de mí Yugi- habló la sacerdotisa un poco preocupada. En verdad había esperado que las miradas se fueran ahora pero por lo visto se había equivocado. –Ven, siéntate aquí- le indicó al pequeño.

-Ishizu, por qué tan cerca?- preguntó Yugi al notar que estaban muy cerca del faraón.

-Soy una sacerdotisa, eso significa que tengo un puesto de privilegio en la corte que puedo utilizar cuando quiera- explicó ella.

-Ya veo- susurró el chico mientras dirigía su mirada hacia Yami, quien estaba sentado en su trono. –"Por lo menos ahora estaré más cerca de él"- se dijo sonriendo.

Y como si hubiera sentido la mirada del pequeño sobre él, Yami llevó su mirada hasta encontrarse con la de Yugi.

Yugi, al notar la mirada de Yami, le sonrió cariñosamente. El faraón por otra parte se quedó serio pero no dejó de mirar al chico. Estaba muy confundido. –"Yugi parece ser una buena persona… pero, será cierto que me ama? Como puedo saberlo si ni siquiera sé lo que es el amor?"- se preguntó

-Si tan solo me dejaras amarte, te juro que serías tan feliz…- Yami recordó las palabras que había dicho Yugi horas atrás. –"Una oportunidad… permitirme a mí mismo una oportunidad de amar"- pensó mientras separaba su mirada de la de Yugi. –"Qué debo hacer?"-

-Mi señor, si está de acuerdo creo que debemos empezar- habló uno de los hombres del consejo sacando a Yami de sus pensamientos.

-Estoy de acuerdo- respondió el faraón mirando de reojo a Yugi. Por alguna razón, no quería quitar su mirada del pequeño. Y no lo hizo, Yami miró a Yugi todo el tiempo.

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-Quieres esperar a Ryou y Malik o prefieres venir conmigo?- preguntó Ishizu

-Creo que mejor voy a esperarlos- contestó el chico.

-Está bien, entonces nos vemos después. Y recuerda que tienes que estar en tu habitación antes de que Ra se oculte- Yugi asintió

-No se preocupe- comentó –Estaré temprano-

-Bueno entonces quédate aquí y no te muevas, Ryou y Malik deben llegar pronto.- le dijo la sacerdotisa.

-Sí- fue la única respuesta de Yugi. Ishizu le sonrió antes de retirarse. –"Bueno ahora a esperar"- se dijo.

-Yugi- lo llamó una voz a sus espaldas. El aludido no se movió; sabía a quien pertenecía esa voz pero…-Necesito hablar contigo-

-Pasa algo Yami?- preguntó Yugi mientras se volteaba y quedaba frente al faraón. Su corazón estaba latiendo fuertemente. Solo el tener a Yami cerca hacía que su respiración se acelerara.

-Necesito saber por que dijiste que me amabas horas atrás. Supuestamente estaba durmiendo entonces para que necesitas mentir? Se supone que no te estaba oyendo.- habló Yami. Yugi suspiró. –"Parece que oyó todo… y cree que estaba mintiendo"- se dijo

-Lo que dije no es mentira… y te lo dije mientras dormías porque es el único momento en el que te puedo hablar y no quedarme sin aliento.- contestó el chico

-No te creo… qué es el amor para ti?- le preguntó de repente.

-El amor… es cuando estás frente a alguien y al mirarlo a los ojos sientes que te quedas sin aliento. Es cuando quieres cuidar y proteger a una persona sin importar el precio que tengas que pagar. El amor es honestidad, cariño, tolerancia, humildad, respeto… todo eso mezclado se convierte en amor. Y no importa cuando daño te haya hecho esa persona, tú siempre la sigues mirando con cariño porque sabes que no importa lo que pase jamás podrás llegar a odiarla…- habló Yugi mirando a Yami a los ojos –Y cuando lo único que quieres ver en el rostro de esa persona es una sonrisa… eso es amor.- agregó el chico mientras sonreía ligeramente. –Si amas a una persona, jamás la harías sufrir.- Yami no dijo nada.

-"Jamás creí que el amor fuera algo como eso… siempre pensé que el amor era sufrimiento."-

-El amor también es sufrimiento- dijo Yugi como si hubiera leído el pensamiento del faraón. –Pero es el único sufrimiento que vale la pena. Si alguna persona te está lastimando y dice que lo hace por amor es porque en verdad no te ama.- explicó el pequeño. Yami abrió sus ojos en impresión. Acaso Yugi sabía lo de su padre?

-Tú sabes que…-

-Sí Yami… es por eso que te estoy diciendo esto. Ese hombre no te amaba…- El faraón bajó la mirada. –"Siempre lo supe, pero no quería aceptarlo"- se dijo

-Yo te amo Yami y no quiero verte sufrir. Quiero que todo el odio que hay en tu corazón se vaya para siempre… quiero que seas feliz, aunque no sea a mi lado.- Yami alzó su mirada nuevamente y miró al pequeño a los ojos. –"No está mintiendo"- pensó

-Qué harás Yami?- preguntó el chico repentinamente. –Creerás lo que dije o me mandarás a decapitar? Después de todo he roto muchas reglas, cierto? Te miro a los ojos, no me inclino ante ti y te hablo así, de esta manera tan directa.- explicó

-"Nunca haría eso, no me importa cuantas reglas hayas roto"- pensó el faraón

-Qué harás Yami?- preguntó Yugi nuevamente. Pero Yami no respondió. –Faraón?- Esta vez Yami lo miró.

-No me digas así, me gusta que me llames por mi nombre.- Yugi sonrió al oír este comentario.

-Supongo que eso significa que voy a seguir vivito y coleando?- preguntó el pequeño causando que Yami riera… por primera vez en 12 años. –"Por Ra, su risa es hermosa"- pensó el chico.

-Supongo que sí.- contestó el faraón sonriendo. –"Ra, su sonrisa también es hermosa… ahora que lo pienso todo de Yami es hermoso"- se dijo.

-Y… si yo no quiero vivir?- preguntó inocentemente causando que Yami lo mirara, serio.

-Ya te lo había dicho, yo no voy a lastimarte de nuevo.- habló seriamente causando que Yugi riera.

-Solo bromeaba. Por supuesto que quiero vivir, sobretodo ahora.- El faraón lo miró amenazante.

-Entonces me mentiste… y también te burlaste de mí.-

-Sí, no es genial?- preguntó el chico

-Con eso ya son más de 5 reglas que has roto!- exclamó –Yo creo que sí mereces un buen castigo.-

-No! Por favor su majestad, perdóneme! No lo vuelvo hacer.-

-Déjame pensar… no, no te perdono.- Yugi bajó la mirada

-Entonces, cual es el castigo que usará en su humilde siervo?- preguntó de manera inocente.

-No lo sé… aunque estaba pensando en algo como esto!- exclamó el faraón mientras se acercaba a Yugi y lo besaba en los labios. El chico correspondió el beso, sin embargo no pudo evitar las lágrimas de felicidad que cayeron de sus ojos.

-Te amo Yugi- susurró Yami al separarse.

-Y yo a ti Yami- El faraón sonrió al oír esto y se inclinó para besar al chico nuevamente.

Pero sin saberlo, ambos estaban siendo observados. –No dejaré que un esclavo arruine algo que me costó 13 años lograr. Pero me encargaré de desaparecer a ese mocoso y Yami será quien se encargará de eso.- se oyó hablar una voz macabra. Sin embargo, ninguno de los dos chicos la escuchó ya que esa voz… provenía del reino de los muertos.