La inocencia de Egipto

Capítulo 9: El dominio de la oscuridad

Tres meses habían pasado ya desde que Yami y Yugi habían confesado sus sentimientos. El faraón había cambiado notablemente al igual que el pueblo de Egipto. Todos se notaban felices y animados.

-Buenos días Yami- habló el pequeño antes de depositar un pequeño beso en los labios de su compañero. –Dormiste bien?- le preguntó.

-Contigo siempre duermo bien- respondió el faraón provocando que una pequeña sonrisa se formara en el rostro de Yugi. Pero desapareció de pronto.

-Estás bien?- preguntó Yami al notar el cambio de Yugi.

-Sí, no te preocupes estoy bien- contestó el chico. –Solo tengo náuseas- agregó

-Seguro que no es nada?- insistió

-Seguro- le dijo el pequeño sonriendo nuevamente. –Es mejor que nos alistemos… se nos está haciendo tarde- afirmó mientras se levantaba pero un fuerte mareo lo hizo caer.

-Yugi!- exclamó Yami. –Estás bien? Qué te pasó?- preguntó preocupado.

-Fue un mareo… supongo que me levanté muy rápido- respondió mientras se incorporaba con la ayuda del faraón.

-Yugi, yo creo que es mejor llevarte con Shimon…-

-Ya te dije que estoy bien Yami. Ya deja de preocuparte tanto sí?- le dijo Yugi.

-No puedo evitarlo… no quiero perderte Yugi, te amo tanto…- El pequeño sonrió al escuchar esto y se acercó a Yami para besarlo ligeramente.

-Yo también te amo Yami, pero tú sabes que no puedes estar preocupándote por mí todo el tiempo. Fue un pequeño mareo, nada más- afirmó. El faraón asintió, aun un poco inseguro.

-Si tú lo dices…- habló.

-Bueno, ya pasó. Que tal si nos alistamos? Creo que ahora sí vamos tarde- comentó el chico. Nuevamente, el faraón asintió.

-No importa, primero tu salud- le dijo sonriendo. Yugi solo negó con su cabeza. –"No tiene remedio… definitivamente no tiene remedio."- pensó Yugi mientras sonreía.

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-Buenos días jóvenes- saludó Ishizu al ver a Yami y Yugi. –Al parecer se les hizo un poco tarde- agregó.

-Sí… es que tuve un pequeño accidente y bueno ya conoces a Yami… estaba muerto de la preocupación- comentó Yugi.

-Me imagino- Habló Ishizu antes de reír, causando que el pequeño también riera.

-Bueno si ya terminaron de burlarse de mí me gustaría que fuéramos a comer algo… tengo mucha hambre- comentó el faraón un poco molesto.

-Como digas Yami- dijo el pequeño al terminar de reír.

-Bueno, entonces acompáñenme- habló Ishizu al haber recobrado la compostura.

-No puedo creer que ya no tenga derecho a preocuparme- susurró el faraón.

-Yami, solo bromeaba, no te lo tomes tan enserio. Además, me gusta que te preocupes por mí- comentó Yugi causando que Yami le sonriera. –Pero… creo que te preocupas demasiado por cosas muy simples- agregó.

-Opino lo mismo, sobretodo si se trata de Yugi- habló la sacerdotisa. –Aunque eso solo demuestra el gran amor que Yami siente por ti- le dijo a Yugi.

-Tú sí me entiendes Ishizu- le dijo Yami con una sonrisa triunfal. –No como él- agregó mientras miraba a Yugi de reojo. Este solo se cruzó de brazos.

-Bueno, ya llegamos- avisó Ishizu.

-Por fin. Me muero de hambre- comentó el faraón. Yugi, por otra parte, no se sentía muy bien. Al ver toda esa comida, las náuseas volvieron.

-Disculpen!- exclamó el pequeño mientras salía del lugar.

-Por Ra- susurró Yami al oír a Yugi vomitando. –Yugi, estás bien? Qué pasa?- le preguntó acercándose al chico, quien al parecer ya había terminado.

-No lo sé. Al ver toda esa comida…- sin embargo no pudo terminar.

-Yugi…- habló el faraón suavemente al ver al pequeño convulsionar de nuevo.

-Será mejor que te revise Shimon, Yugi. Estás peor de lo que imaginé- comentó Ishizu preocupada. El aludido solo negó con la cabeza.

-Estoy bien, no es nada…-

-No me importa Yugi. Irás a ver a Shimon quieras o no- ordenó el faraón sorprendiendo al pequeño. Nunca lo había escuchado hablar así. –"Jamás creí que se preocupara tanto por mí."- pensó el chico.

-Está bien, iré a ver a Shimon aunque estoy seguro que no tengo nada grave- afirmó Yugi. El faraón suspiró aliviado al escuchar esto.

-Que bueno porque tenía pensado llevarte a la fuerza- dijo Yami causando que Yugi lo mirara un poco molesto pero desapareció inmediatamente al ser remplazada por una miraba llena de ternura.

-Te preocupas mucho por mí, cierto Yami?- le preguntó

-Más de lo que imaginas- contestó el joven sinceramente. Mientras tanto, Ishizu miraba la escena con una sonrisa. Por fin Yami había dejado el hermetismo a un lado y había vuelto a ser sí mismo, y todo gracias a Yugi.

-Bueno, entonces qué esperamos?- preguntó Yugi mientras empezaba a caminar. Pero se detuvo al recordar algo importante. –Yami, no tenías hambre?- interrogó.

-No, además el hambre puede esperar- contestó el faraón. Yugi estaba a punto de quejarse pero prefirió no hacerlo. –"Yami es muy necio, jamás me escucharía."- se dijo.

-Está bien, como digas- le dijo el chico obteniendo una sonrisa triunfal por parte de Yami.

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-Esto es muy interesante… parece que el pequeño está enfermo. Espero que no le pase nada, primero quiero divertirme un rato con él. Luego haré que desaparezca y el faraón por fin será mío… para siempre- habló alguien oculto en las sombras, antes de reír maléficamente.

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-Por qué se tardan tanto!- exclamó el faraón.

-Ya cálmate primo, recuerda que la paciencia es una virtud. Aunque es una lástima que no hayas nacido con ella- le dijo Seth mientras miraba a Yami dar vueltas por todo el pasillo. Al principio no le había importado, pero ahora lo estaba desesperando. –Yami, podrías estarte quieto! Si sigues así vas hacer un hoyo en el piso!- exclamó provocando que el faraón se detuviera.

-Sabes Seth, yo creo que si Jono fuera el que estuviera allá dentro tú estarías haciendo lo mismo que yo, o me equivoco?- le preguntó. El aludido hizo un gesto negativo. –Entonces no me digas que me esté quieto!- Seth suspiró, su primo era un verdadero problema cuando estaba nervioso.

-Como quieras. Le dijo el sacerdote resignado. En ese momento se abrió la puerta.

-Faraón- habló Ishizu.

-Ishizu, cómo está Yugi? Qué tiene? Está enfermo? Es grave? No te quedes callada Ishizu!- le dijo el faraón rápidamente confundiendo a la sacerdotisa por unos momentos.

-Mira Yami, primero que nada debes tranquilizarte. No quiero que te exaltes por lo que voy a decirte, de acuerdo?- El aludido la miró por unos segundos antes de asentir. –Bueno, los síntomas que presenta Yugi no son de ninguna enfermedad que conozcamos, sin embargo, estos síntomas se pueden presentar en un caso…-

-Ishizu, por Ra, solo dilo!- exclamó Yami.

-Yugi está embarazado- Después de estas palabras siguió un silencio sepulcral.

-Es una broma, cierto?- preguntó el faraón rompiendo el silencio. Ishizu negó con su cabeza. –Ishizu, no sé si te has dado cuenta de que Yugi es hombre, y los hombre no se embarazan…-

-Eso ya lo sé. Pero este caso es diferente. Los síntomas de Yugi son los mismos del embarazo y… los milagros existen Yami- le dijo ella sonriendo. –Aunque aun no podemos saber con exactitud si es embarazo, estoy muy segura de que Ra les ha regalo este milagro… después de todo era el deseo de Yugi- Yami la miró interrogante.

-El deseo de Yugi?- le preguntó. Ishizu asintió.

-Sé que no te lo había dicho, pero Yugi deseaba con todo su corazón poder darte un hijo- explicó la joven. Yami sonrió ligeramente.

-Puedo verlo?- preguntó

-Por supuesto- contestó la sacerdotisa. –Aun no le he dicho nada… quería que tú se lo dijeras- le dijo ella. El faraón asintió.

-Gracias- le dijo Yami suavemente antes de retirarse.

-A cambiado mucho, no crees?- preguntó Seth

-Claro que sí- afirmó la sacerdotisa. –A cambiado… para bien- agregó sonriendo.

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-Yami, tú sí me vas a decir que tengo, cierto? Es grave, verdad? Por eso Ishizu no quiso decirme nada- habló el pequeño tristemente. Yami solo negó con su cabeza, y le sonrió ligeramente.

-No Yugi, no es nada grave- El aludido levantó la mirada.

-No lo es? Entonces, qué es lo que tengo?- le preguntó. Yami se acercó a él y puso su mano sobre el pequeño vientre de Yugi. El chico miró sus acciones confundido. –Yami?- preguntó.

-Dentro de ti… está naciendo una nueva vida.- El pequeño abrió sus ojos en impresión. Una nueva vida? Dentro de él?

-De qué hablas? No puede haber otra vida dentro de mi porque eso significaría que yo…- Yugi detuvo sus palabras al ver al faraón asintiendo. – No es enserio, verdad?- interrogó incrédulo.

-Sí lo es Yugi, tú estás… estás embarazado- El pequeño lo miró por unos momentos, aun sin creerle. Pero los ojos de Yami solo mostraban sinceridad. –"No es mentira… Estoy… voy a tener un bebé!"- exclamó Yugi en su mente mientras sentía como lágrimas de felicidad caían de sus ojos. El faraón lo miró con ternura y lo abrazó fuertemente.

-No puedo creerlo… voy a tener un hijo. Es… lo más maravilloso que me ha pasado en toda mi vida- le dijo el chico. –Y todo gracias a ti, Yami. Primero me diste tu amor y ahora me das este regalo tan hermoso. No sé como agradecerte.-

-No tienes nada que agradecer… con tu amor es suficiente- respondió el faraón antes de depositar un pequeño beso en la frente del chico. –Te amo Yugi- le dijo.

-Yo también te amo Yami. Más de lo que te puedas imaginar.-

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-Maldición… esto no lo tenía planeado. Tendré que deshacerme de ese niño cuanto antes. No puedo permitir que ese bebé nazca- habló la figura mientras miraba la escena, para luego desaparecer por completo.

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-Seguro que estás cómodo?- preguntó Yami.

-Yami, esta es la undécima vez que te lo digo, estoy muy cómodo- respondió el chico.

-Seguro? Si necesitas algo solo dímelo- le dijo el faraón. Yugi suspiró, desde que Yami había sabido de su embarazo, lo había estado cuidando como si fuera un bebé. –"Y eso que solo lleva unas pocas horas de haberse enterado. Me preguntó que hará durante los 6 meses que me quedan de embarazo… 6 meses, es muy poco tiempo, pronto tendré a mi bebé en mis brazos"- pensó el pequeño mientras sonreía. –"No puedo creer que haya tenido a esta criatura dentro de mí durante 3 meses enteros sin siquiera darme cuenta… supongo que a eso se debía mi cambio de peso, y yo que pensé que estaba engordando"- Una pequeña risita escapó de sus labios al pensar esto.

-Se puede saber por qué estás riendo?- preguntó el faraón.

-Por nada… solo recordé algo- Yami lo miró interrogante pero decidió dejar el tema. –Yami, no me digas que me cuidarás de esta manera durante 6 meses completos… no puedo estar en cama todo el día y tú lo sabes.- le dijo

-Pues creo que podrías sacrificarte por un tiempo, no crees?-

-Yami, estoy embarazado, no enfermo. Además si no hago ejercicio subiré mucho de peso y eso podría afectar al bebé- comentó Yugi

-Cómo sabes eso?- le preguntó el faraón

-Mi mamá me lo dijo- contestó Yugi simplemente y con una pequeña sonrisa. Yami lo miró por unos momentos… Yugi nunca había hablado sobre su familia. –"Estará bien preguntarle?...pero si lo hago sentir mal?"- pensó. Yugi comprendió que era lo que pensaba Yami.

-Si quieres preguntarme sobre mi familia, hazlo. Por mí no hay ningún problema en contestar tus preguntas, además de que tienes derecho a saber- afirmó el pequeño.

-Seguro de que quieres hablar de eso?- interrogó Yami

-Seguro- respondió el aludido

-Bueno… que te parece si me cuentas sobre como era antes… ya sabes, cuando estabas con tu familia- ofreció el joven. Yugi asintió.

-Pues… recuerdo que mi familia era pequeña y yo era hijo único, en verdad solo éramos mi papá, mi mamá y yo. Mi papá murió cuando yo tenía 5 años… no sé que fue lo que pasó pero mamá me dijo que los soldados se lo habían llevado y que le habían llegado noticias de su muerte unos días después. En cuanto a mí… me convertí en esclavo desde los 7 años. Recuerdo que mi mamá siempre me decía que iríamos a Egipto cuando el príncipe Yami subiera al trono… y que ahí viviríamos en paz. Vaya, jamás hubiera pensado que conocería a ese príncipe y que me enamoraría profundamente de él.- Yami sonrió al escuchar esto. –Bueno la cosa es que un día llegaron unos soldados que me separaron de mi madre, desde ese día me convertí en esclavo y también desde ese día no he vuelto a ver a mi madre… Aunque estoy seguro de que ella está bien y de que está aquí, en Egipto. Tal vez algún día la vuelva a ver… quien sabe- comentó Yugi mientras sonreía con nostalgia.

-Perdón por haberte hecho recordar, no era mi intención- se disculpó Yami.

-No te preocupes Yami… eso ya está en el pasado. Estoy seguro de quemi mamá está bien y eso es lo importante. Además no puedo deprimirme y menos ahora. Lo que menos deseo es hacerle daño a nuestro hijo.- le dijo Yugi

-Vaya… no puedo creerlo… voy a ser papá- comentó Yami sonriendo.

-Y yo mamá- afirmó el chico antes de reír. – Eso sí no me lo esperaba- dijo provocando que ambos rieran. –Yami, tienes más preguntas?- El aludido asintió.

-Qué pasó durante los 9 años que fuiste esclavo en Nubia?- preguntó. Yugi suspiró; esta era la parte difícil.

-Bueno, recuerdo que tuve muchos amos y ninguno de ellos me trataba bien… lo único que hacían era castigarme aunque no lo hacían de una forma cruel. Supongo que ya sabes que en Nubia no se puede maltratar a los esclavos… bueno maltratar sí, pero no castigarlos de una forma violenta y si lo hacían tenían que cerciorarse de que el esclavo no estuviera consiente…-

-Les dan vino, cierto?- preguntó el faraón interrumpiéndolo.Yugi asintió.

-Así es y pues lo único que recuerdo son gritos e insultos… nada más- comentó el pequeño.

-Entonces, no sabes que te hicieron?- preguntó el faraón.

-Sí lo sé. Recuerdo que siempre despertaba con heridas en mi cuerpo producidas por un látigo y… heridas… entre mis piernas- Yami abrió sus ojos en impresión al escuchar esto.

-Yugi, a ti te…?-

-Sí… pero nunca le di importancia. Tal vez hasta lo haya disfrutado, después de todo no sabía nada de lo que ocurría. Espero que no te de asco ahora que sabes la verdad…- susurró Yugi tristemente.

-Yugi, tú jamás me podrías dar asco… nunca…-

-Pero ya me lo habías dicho- le dijo Yugi con lágrimas en los ojos. Yami bajó la mirada. Era cierto… lo que Yugi había dicho era cierto. –"Lo he lastimado demasiado… no lo merezco, no merezco su amor… no merezco estar cerca de él. Ra, como pude pensar que podía olvidar el pasado tan fácilmente."- pensó con furia.

-Lo siento Yugi… yo no te merezco, eres demasiado bueno para mí- susurró Yami mientras se levantaba bruscamente y salía corriendo de la habitación.

-No, Yami espera! No quise decir eso!- exclamó Yugi mientras salía de la habitación y buscaba al faraón. –"Yami… perdóname, te amo Yami. Por favor no te alejes de mí"- pensó el chico cayendo sobre sus rodillas y estallando en un llanto amargo. –Yami, no me dejes!- exclamó desesperado.

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Mientras tanto, Yami había llegado a uno de los jardines. La lluvia había empezado a caer desde hace algunos minutos.

-"Yugi, Yugi…"- se repetía una y otra vez mientras lloraba como nunca lo había hecho. Imágenes de su pasado corrían por su mente… su padre castigándolo, violándolo; veía con desesperación a ese inocente niño de 4 años siendo abusado de todas las formas por su propio padre. –Por qué papá? Por qué tenías que hacerlo? Yo te amaba!- gritó a los cielos como esperando una respuesta, una respuesta que nunca llegó.

De pronto, nuevos recuerdos vinieron a su mente. Imágenes de él, abusando de los esclavos. Las lágrimas empezaron a correr con mayor velocidad. –"Les hice a ellos lo mismo que mi padre me hizo a mi"- pensó. Pero al igual que como vinieron, los recuerdos se fueron. La mente del faraón quedó en blanco… por unos momentos.

-"No…no puede ser"- Nuevas imágenes aparecieron. Eran de él, abusando a Yugi; a la persona que más amaba. Podía ver el dolor en los ojos del pequeño, pero sin embargo no decía nada. –"Yugi… mi Yugi… por qué?"- se preguntó.

-Quieres saberlo? Quieres saber por qué?- preguntó una voz a sus espaldas. Yami no se movió.

-Quien eres?- interrogó

-Creo que eso es lo que menos importa Yami. Acaso no lo entiendes, estás solo. Nadie te ama, nadie más que yo. Yo te amo Yami, y no quiero verte sufrir.- El faraón no habló por unos segundos.

-Como sé que dices la verdad?- preguntó. El dueño de la voz rió.

-Tendrás que confiar en mí. Te prometo que siempre serás feliz si eliges estar de mi lado. No puedes dejar que nadie se aproveche de ti Yami, y por si no lo sabes ya lo están haciendo.- afirmó

-Enserio?- preguntó Yami, se sentía cansado; sin fuerzas, como si estuviera en trance.

-Enserio… déjame ayudarte Yami. Te prometo que jamás volverás a sufrir y si quieres puedo traer a tu padre del reino de los muertos y así podrás vengarte de él. Eso es lo que quieres, verdad? Quieres vengarte.- le dijo la figura mientras se acercaba cada vez más al faraón.

-Vengarme? Eso no suena tan mal…- susurró el joven con una pequeña sonrisa.

-Por supuesto que no… la venganza es lo mejor de todo, hacer sufrir a los demás por lo que te hicieron es lo más dulce. Que dices? Quieres que te ayude?- preguntó. El faraón no dijo nada durante algunos momentos. Pero luego asintió.

-Sí, ayúdame. Quiero estar contigo.- la figura sonrió y se puso al frente de Yami. Lo último que el faraón vio fueron dos hermosos ojos azules, después, su mundo se volvió negro.

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Yugi seguía llorando en el mismo lugar. De pronto oyó unos pasos que se dirigían hacia él. Al alzar su mirada se encontró con el faraón.

-Yami… Yami!- exclamó el chico mientras se levantaba y se acercaba al faraón. –Lo siento Yami… perdóname- susurró acercándose más al joven, pero un fuerte impacto lo hizo caer. Al llevar su mano hasta su mejilla se dio cuenta que había pasado. –Yami?- preguntó el chico con temor. El faraón sonrió al escuchar el miedo presente en la voz del pequeño.

-Desde hoy niño, las reglas van a cambiar-