La inocencia de Egipto

Capítulo 10: Confrontación

Oscuridad, eso era todo lo que veía. Oscuridad por todas partes, ocupando todo. Podía sentir sus manos, pero no podía verlas… era desesperante.

Imágenes corrían por su mente; iban y venían a cada segundo. Parecían recuerdos… escenas del pasado, un pasado oscuro y frío, lleno de sufrimiento. Oía gritos de dolor y angustia mezclados con gemidos penetrantes. Oía llantos amargos… y lo peor era que podía ver a quien pertenecían. El pequeño le era extrañamente familiar, pero no sabía quien era. Eran recuerdos; memorias olvidadas.

Pero de quien?

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-Yami, por favor no sigas… piensa en nuestro bebé- susurró Yugi entre llantos. –Ya no más… me duele!- exclamó

-Ya cállate esclavo! Haré que yo quiera!- contestó el faraón mientras dejaba caer el látigo sobre el pequeño cuerpo del chico.

-Yami, no lo hagas por mí… hazlo por el bebé- le dijo. Yami sonrió sádicamente.

-El bebé? Te refieres a esa cosa que se está formando dentro de ti?- Yugi lo miró con sorpresa. –No me importa lo que le pase a esa criatura… más bien, deseo que muera. Sabes el asco que me da saber que dentro de un esclavo está naciendo el fruto de mi semilla? Me repugna el solo pensarlo- Yugi empezó a llorar al escuchar esto; su mirada llena de dolor.

-Creí que estabas feliz… creí… creí que me amabas- susurró el chico.

-Amarte? Esa es la mayor estupidez que he escuchado en toda mi vida. No lo entiendes Yugi? Yo no puedo amar… el amor es para los débiles- Yugi negó con su cabeza varias veces. –"No es cierto, no es cierto…"- Se repetía una y otra vez. –"Yami no es así… él me ama… me ama"- se dijo intentando conservar la esperanza. La esperanza que se desvanecía cada segundo.

-No es cierto. Lo que dices es mentira- susurró el pequeño.

-Piensa lo que quieras… después de todo eso no me afecta en nada- habló el faraón antes de caminar hacia su enorme cama. Yugi no se movió. –Qué esperas? No me hagas traerte a la fuerza- ordenó Yami. Yugi, sin más opción, obedeció.

-Así me gusta- El pequeño no dijo nada, solo lo miró con rencor. –Y no te preocupes… nos vamos a divertir mucho, ya verás- Yugi cerró sus ojos fuertemente. No podía creer que esto estuviera pasando. –"Yami…te amo"- fue su último pensamiento.

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Un ruido rompió el silencio; eran pasos que se dirigían hacia él.

-Lamento el retraso. Pero estaba muy ocupado- Esa voz… la conocía. Una sonrisa se formó en sus labios al recordar a quien pertenecía. –Estás feliz de que esté aquí? Te dejé solo por mucho tiempo… espero que me perdones, no volverá a pasar- No importaba. Él ya estaba aquí y no lo dejaría solo. –Yami… mi Yami- oyó antes de sentir unos cálidos labios sobre los suyos. Inmediatamente correspondió el beso. Se sentía tan bien. Estar con él lo hacía sentirse completo.

Pero por alguna razón, tenía la idea de que ya se había sentido así antes… no hace mucho tiempo.

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-Yugi! Por Ra, que te pasó?- preguntó Ishizu muy alarmada al ver el estado en que se encontraba el chico. Estaba acostado en la cama, con una sábana cubriéndole hasta la cintura. Pero la sábana estaba manchada de sangre. –Yugi, por favor dime que pasó!- exclamó la sacerdotisa.

-Yami- fue la única respuesta que recibió del pequeño.

-Un momento… Yami te hizo esto?- preguntó aterrada. Yugi asintió débilmente.

-Me odia… Yami me odia!- afirmó mientras abrazaba a Ishizu con la poca fuerza que tenía y empezaba a llorar. Ishizu estaba paralizada. No podía creer lo que estaba pasando. Yami había lastimado a Yugi. –"No puede ser… la oscuridad que había en su corazón ha vuelto. Y esta vez más fuerte que nunca"- pensó mientras sentía como sus propias lágrimas empezaban a caer.

-Ya Yugi… todo está bien. No te preocupes- le dijo la joven intentando animarlo pero sin éxito.

-No quiero que Yami se acerque a mí- Ishizu abrió sus ojos en impresión y se separó del abrazo para poder ver a Yugi a la cara. –No por ahora. Tengo miedo de que algo le suceda al bebé- continuó Yugi. Para este momento, Ishizu ya entendía todo.

-Haré lo que pueda- contestó la sacerdotisa.

-Gracias Ishizu- le dijo el pequeño.

-Pero no te puedo asegurar nada, recuerda que Yami es el faraón. Pero ahora lo más importante es curarte esas heridas. Es mejor que vayamos a mi habitación, así podremos estar más tranquilos, no crees?- le preguntó.

-Sí, supongo que sí- respondió el chico tristemente.

-No te desanimes Yugi, todo va a estar bien. Yami solo está confundido, ya verás que pronto volverá a ser el mismo de antes- le dijo la joven mientras sonreía ligeramente.

-Eso espero Ishizu- comentó el pequeño. –"Por el bien del bebé eso espero"- pensó.

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-Esto no se ve bien- comentó el joven.

-Tienes razón. Es mejor que hagamos algo. No podemos quedarnos de brazos cruzados- habló el otro.

-Estoy de acuerdo. Aunque nuestros padres nos hicieron jurar que nunca volveríamos a Egipto- recordó.

-Olvida los juramentos. Es nuestro amigo el que está en problemas y tenemos que ayudarlo. Es hora de romper con el exilio- le dijo con decisión. El otro asintió.

-Está bien. Vamos a Egipto…-

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-"Yugi… Yugi…"- ese nombre seguía pasando por su cabeza. Quien era Yugi? Y por qué solo recordaba ese nombre? Acaso era alguien especial para él?

-"Qué me está pasando?"- se preguntó. –"Yugi… mi Yugi… quien es él?"-

-Que pasa? Por qué no has dicho nada?- interrogó la figura que estaba a su lado. Sin embargo no contestó.

-"Yugi… no… esto no está bien. No puedo estar aquí. Yugi me necesita. Pero, quien es Yugi? Maldición por qué no puedo recordar nada!"- exclamó en su mente.

-Yami?-

-Yugi- dijo al fin. El otro lo miró con sorpresa.

-Qué dijiste?- le preguntó con furia.

-Yugi… Yugi me necesita. No puedo estar aquí. Tú solo me estás engañando. Yo amo a Yugi no te amo a ti!- exclamó. De pronto, la oscuridad empezó a desvanecerse.

-No te librarás de mi tan fácilmente! Ya verás Yami, vas a ser mío para siempre!- exclamó el otro antes de desaparecer.

-"Yugi, ayúdame"- pensó el faraón antes de desaparecer del lugar.

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-Ya está. Ahora estarás mejor- habló Ishizu con una sonrisa.

-Muchas gracias Ishizu- agradeció el pequeño.

-No me lo agradezcas, es lo menos que puedo hacer- le dijo. Yugi la miró con tristeza en sus ojos.

-Tú crees que Yami aun sienta algo por mí?- le preguntó. Ishizu se sorprendió por la pregunta. Acaso Yugi no estaba seguro de los sentimientos de Yami hacia él? Pero hace unos días jamás hubiera dudado del amor del faraón.

-Yugi, cómo preguntas eso? Por supuesto que Yami aun siente algo por ti. Él te ama Yugi. Por qué lo dudas?- preguntó sabiendo muy bien cual sería la respuesta del chico.

-Su comportamiento hace unos momentos. Él me dijo que me odiaba y que también odiaba a nuestro hijo… dijo que… que deseaba que muriera… y… y que le daba asco saber que dentro de mí… estaba su hijo- le dijo el pequeño mientras empezaba a llorar. Ishizu lo miró con tristeza y lo abrazó para dejar que llorara en su pecho.

-Yugi… cálmate. Si sigues así puedes lastimar al niño. Yo sé que estás triste y que te duele lo que Yami te dijo pero ahora lo que más importa es tu hijo- habló la sacerdotisa intentando calmar al pequeño en sus brazos.

-Tienes razón… lo más importante es mi hijo… no quiero lastimarlo- afirmó el chico intentando calmarse. –Tal vez este bebé sea lo único que podrá cambiar a Yami- comentó Yugi mientras se tocaba el vientre, el cual ya había crecido notablemente.

-Todo estará bien Yugi, no pierdas la fe- le dijo Ishizu

-Es que tengo miedo… miedo de que Yami le haga algo al bebé. No me importa lo que me haga a mí pero al niño… nunca se lo perdonaría- afirmó Yugi.

-Yugi, tienes que entender que… - Sin embargo no terminó de decir la frase porque escuchó golpes en su puerta. Los ojos de Yugi se inundaron de miedo.

-Es Yami… que hago Ishizu? No quiero que me lastime de nuevo!- exclamó el pequeño.

-Cálmate Yugi. Quiero que vayas a la habitación de al lado y busques un lugar donde esconderte. Yo me encargaré de Yami, está claro?- El aludido asintió e hizo lo que le habían dicho. Ishizu avanzó hasta la puerta y la abrió. Lo que había del otro lado la sorprendió. Era Yami, pero no se veía muy bien, parecía enfermo o herido.

-Ishizu, Yugi… donde está Yugi. Está… bien?- preguntó. Al parecer le faltaba el aliento.

-Yami, qué te pasa?- le preguntó la joven preocupada.

-Yugi… cómo está Yugi?- insistió el faraón.

-Él está bien. Pero ahora yo quiero saber qué te pasó a ti- afirmó Ishizu mientras tomaba a Yami de los hombros.

-No hay tiempo… no podré… resistir… él… ya viene- balbuceó el faraón. La sacerdotisa lo miró interrogante. De qué hablaba? Quien viene?

-No te entiendo Yami- le dijo Ishizu. –A qué te refieres?- agregó

-No importa… tienes… tienes que protegerlo… tienes que proteger a Yugi… él ya viene… no… no puedo controlarlo!- exclamó mientras caía de rodillas. –Por favor, tienes que salir de aquí! Llévate a Yugi! Aléjalo de mí!- Ishizu estaba aterrada. Ahora entendía perfectamente a que se refería Yami. –"Tengo que sacar a Yugi de aquí"- pensó la sacerdotisa mientras corría hacia la habitación en donde estaba Yugi.

-Ishizu, qué pasó?- preguntó Yugi alarmado.

-No hay tiempo para charlar… necesito que salgas de aquí- le dijo ella.

-Salir, adonde?- preguntó el chico.

-Ve al desierto y busca a dos personas llamadas Marik y Bakura. Ellos ya vienen para acá así que los encontrarás pronto… ellos te protegerán- explicó Ishizu rápidamente. –Ahora sal de aquí!-

-Pero, por qué? Y Yami? Qué pasa si no los encuentro?- preguntó el chico muy preocupado.

-Ya te dije que no hay tiempo. Necesito que te vayas ahora! Marik y Bakura te explicarán todo, está bien?- interrogó ella apresuradamente. Yugi asintió. –Bien, y pase lo que pase no te detengas, entendido?- Nuevamente, el joven asintió.

-Pero, y Yami?-

-Él estará bien, te lo aseguro… ahora, por favor, sal de aquí!- exclamó. Yugi obedeció.

-Buena suerte Yugi- susurró ella al ver al pequeño alejarse.

-Ishizu- Un escalofrío recorrió su cuerpo al oír esto. –"Yugi… apresúrate, por favor"- pensó.

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Yugi corría lo más rápido posible. La oscuridad de la noche estaba cayendo haciendo que todo fuera aun más difícil, sobretodo para él.

-"Ra… ayúdame. No dejes que nada malo le pase a mi bebé"- pensó mientras incontrolables lágrimas caían de sus hermosos ojos. –"Yami, te ayudaré… no importa lo que pase yo siempre estaré contigo"-

Siguió corriendo, sin mirar atrás y sin detenerse, como le había dicho Ishizu. En pocos minutos, ya se encontraba en medio del desierto.

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-Donde está Yugi?- interrogó

-No lo sé- afirmó la sacerdotisa. No importa lo que pasara, no pensaba decirle la verdad. No quería poner a Yugi en peligro.

-No sabes mentir Ishizu. Tú sabes en donde está ese esclavo, pero no quieres decírmelo, cierto?- preguntó. La sacerdotisa se quedó callada.

-Tomaré tu silencio como un sí. Sabes, podría torturarte hasta que me dijeras donde está el mocoso… pero estoy seguro que ni aun así me lo dirías. Te conozco muy bien- le dijo con una sonrisa.

-Y yo a ti, Atem- comentó ella. –Eres igual a tu padre- agregó.

-Enserio? Me halagas. Aunque, quien querría ser como ese hombre? Solo era un maldito asesino y un pésimo padre, no lo crees?- le preguntó

-Por qué haces esto? Se que no te interesa ser Faraón y dominar Egipto, entonces por qué atormentas a Yami desde hace tantos años?- interrogó la sacerdotisa.

-Porque él es el culpable de todo… Todo lo que me pasó fue por su culpa. Mi padre me despreció por su culpa. Mi padre me quitó la vida por su culpa!- exclamó. –Y… yo solo le devolví ese favor. Destrocé su vida; hice que viviera en la oscuridad, porque eso fue exactamente lo que me pasó a mí- explicó

-Yami no tuvo la culpa de nada… ni la reina tampoco. Si a alguien vas a culpar ahora, entonces culpa a tu padre! Él fue el que abandonó a tu madre, después de haberle jurado amor. La engañó para su propio beneficio. E hizo todo lo que hizo. Pero después se arrepintió. Yo lo oía murmurar tu nombre en sus sueños… y el de tu madre también. Prometió que si llegara a tener otro hijo le daría el amor que tú te merecías. Prometió no volver a cometer el mismo error que cometió contigo. Pero luego llegaste tú, y echaste todo a perder- comentó la joven.

-Crees que voy a creer tu cuento barato? Mi padre nunca me quiso… me cambió por un esclavo! Y tú querías que me quedara de brazos cruzados?- preguntó el joven.

-Atem, por favor, tienes que aceptar la realidad! Sé que te duele lo que tu padre te hizo, pero entiende, tú ya no perteneces aquí. Tú moriste hace años! Moriste antes de que Yami llegara. Él ni siquiera sabía que existías!- exclamó Ishizu. –Como puedes vengarte de alguien que no te conoció? De alguien que tal vez pudo haber sido tu amigo?- susurró. El joven no dijo nada, por unos momentos.

-No vas a engañarme Ishizu. No voy a caer en tus sucias trampas. Seguiré atormentando a Yami, y espera a que encuentre a Yugi, lo haré sufrir como el esclavo que es. Me vengaré de todos los que me han hecho daño o han estaba involucrados. Y creo que tu nombre también está en mi lista. Así que cuídate Ishizu… no vaya a ser que algún día pierdas tu cabeza por habladora- le dijo.

-No lo entiendo, te quejas tanto de tu padre, pero eres igual a él. Un asesino, un hombre sin corazón… y físicamente, también eres igual a él, hasta tus ojos son iguales a los de él- comentó la sacerdotisa. –Claro que como ahora estás usando el cuerpo de Yami… no se nota- agregó

-Y me alegra mucho… no quiero parecerme a ese hombre- afirmó él.

-Atem… sé que es muy injusto lo que te pasó, pero eso no significa que puedas culpar a la primera persona que se cruce en tu camino… que por desgracia fue Yami, quien no tenía nada que ver en el asunto. Pero ya verás, algún día vas a cambiar y vas a querer a Yami de forma en que debiste hacerlo desde hace mucho tiempo, y perdonarás a tu padre, de eso estoy segura- afirmó Ishizu con decisión.

-Por mí puedes decir lo que quieras… no me importa. Ya veremos como resultará todo. Hasta entonces… cuídate- comentó el joven mientras se alejaba.

-Sí Atem… ya veremos- susurró ella.

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-Qué piensas Marik? Crees que lo que le dijo Ishizu haya servido de algo?- preguntó el joven.

-Sí, definitivamente. Atem está confundido. Las palabras de Ishizu han tocado fondo. No creo que le haga daño a Yami… por uno o dos meses. Eso es un gran beneficio… no solo para Yami sino también para nosotros.- explicó el moreno.

-En cuanto tiempo crees que llegaremos a Egipto?-

-Cinco meses… cuatro pero eso sería si no nos detenemos, y eso nos mataría- comentó

-Y Yugi? Cuando lo encontraremos?- preguntó

-Eso es lo que más me preocupa Bakura… tengo miedo de lo que pueda pasarle a ese niño solo en el desierto. Tenemos que encontrarlo lo más rápido posible. Aunque su fuerza de voluntad es grande… creo que él nos encontrará a nosotros… tal vez en un mes-

-Demasiado tiempo, necesitamos a Yugi. Sin él no podemos hacer nada. Si algo le pasa todo estará acabado- afirmó Bakura.

-En verdad eso es lo que menos me preocupa… sé que él resistirá, es muy fuerte. Lo que me preocupa es el niño, Yugi no tiene comida ni agua… eso podría afectar al bebé. Además de que entre más cerca esté el fin del embarazo, hay más peligro de que el niño nazca antes de tiempo… y con Yugi esforzándose tanto es muy posible que eso pase- dijo Marik preocupado.

-Entonces, tenemos que encontrar a Yugi y llegar a Egipto lo más rápido posible- afirmó. Marik asintió.

-Así es… aunque aun nos espera un largo camino por delante…-

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Magi: bueno, eso es todo por ahora. Sé que está un poco confuso pero todo se aclarará más adelante.

Gracias por sus reviews!

Nos vemos