La inocencia de Egipto

Capítulo 11: Los cinco meses

-"Ra ayúdame. No dejes que nada le pase a mi bebé"- pensaba Yugi mientras seguía caminando por el interminable desierto. Cuanto tiempo había pasado? Un mes? Dos meses? No estaba seguro... el tiempo parecía avanzar demasiado lento. Los días eran más largos de lo normal. -"No puedo rendirme... tengo que ayudar a Yami"- se dijo.

-Solo un poco más... solo aguanta un poco más- le decía Yugi al bebé aunque sabía que no lo podía escuchar. -Muy pronto encontraremos a Marik y Bakura y ellos nos darán algo de comer- habló nuevamente.

De pronto, algo llamó su atención. Podía ver una pequeña aldea a los lejos... un oasis. -"Mi imaginación, es solo mi imaginación... un espejismo, eso debe ser"- se dijo mientras continuaba avanzando. -"Cuando llegue allá será lo mismo... arena, un desierto por doquier"-

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-"Maldición, esa maldita bruja. Por qué tenía que meterse? A ella no le importa, no es su asunto"- pensaba el joven mientras miraba a Yami, quien al parecer estaba dormido. Dos cadenas ataban sus muñecas a la pared, las cuales eran suficientemente largas para que pudiera sentarse o pararse cuando quisiera.

-No puedo dejr que esa sacerdotisa me confunda- susurró. Habían pasado casi dos meses y él ni siquiera se había acercado a Yami. -"Al principio creí que lo mejor era borrar su memoria y hacerlo creer que y era el único que lo amaba, luego le devolvería todos sus recuerdos y lo haría sufrir de la culpa de haberle fallado a Yugi. Pero no creo que eso sirva ahora. Aun no me explico como pudo romper mi hechizo... como pudo recordar a Yugi. Debe de amarlo mucho; demasiado..."- Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar un gemido proveniente de Yami. Al parecer tenía una pesadilla. Aunque era lógico, en lugar de acercarse a Yami, le había dado pesadillas durante dos meses. -"Después de todo se dice que el peor daño que se le puede hacer a alguien es el mental"- pensó mientras sonreía. Le complacía ver al faraón en ese estado, aunque no podía evitar sentir un poco de culpa.

-Papá... por favor ya no más, papito- mumuró Yami mientras negaba con la cabeza.

-Yami?- preguntó Atem sintiéndose aun más culpable.

-Papá detente! Por favor, me duele mucho!- exclamó mientras se movía bruscamente, como si intentara alejarse de algo... o alguien. Atem solo lo miraba fijamente.

-"No debería de sentirme culpable. Debería de estar disfrutando esto. Maldición, todo es culpa de Ishizu!"- se dijo acercándose a Yami y sacudiéndolo ligeramente. El faraón inmediatamente abrió sus ojos, los cuales estaban inundados de lágrimas. Al darse cuenta quien estaba frente a él, su rostro se llenó de miedo; pero no importaba, necesitaba estar cerca de alguien. Sin importarle lo que pudiera pasar, abrazó al joven fuertemente y empezó a llorar en su pecho.

-Qúe demonios haces!- exclamó Atem sorprendido por las acciones de Yami. -Como te atreves a tocarme!- le dijo mientras intentaba separarse. Después de unos momentos logró alejarse. -No vuelvas a tocarme, está claro? No tienes ningun derecho, solo eres un esclavo y los esclavos no tienen derechos!- Yami lo miró confundido.

-Yo no soy un esclavo- afirmó con nueva confianza. Atem sonrió. -"Creo que podré hacerlo sufrir después de todo"- pensó.

-Eso es lo que tú crees. Pero déjame decirte que no es verdad. No eres quien tú crees- le dijo disfurtando cada reacción por parte del faraón.

-No te creo. Solo quieres confundirme- habló el joven.

-Pero estoy diciendo la verdad. Qué te parece si te cuento la historia de tu origen, eso aclararía tus dudas, no crees?- El aludido no respondió. No quería creer lo que el otro le decía, pero estaba inseguro.

-Supongo que eso es un sí. Bueno, todo comenzó cuando mi padre conoce a mi madre... y se enamora de ella. Ambos eran felices, hasta que un día todo cambió y mi padre se enamoró de otra mujer. Sin importarle nada, dejó a mi madre. Pero lo que no sabía era que ella estaba embarazada. Cinco años después se enteró de que tenía un hijo, pero no le importó. Después de todo ya había dejado a mi madre, aun después de haberle jurado amor. Pero los problemas empezaron, mi padre temía que cuando yo creciera reclamara el derecho al trono como su primogénito. No podía permitirlo... así que una noche, mandó soldados a ejecutar a su antigua amante... y a su hijo- Yami abrió sus ojos en impresión. -Así es Yami... mi propio padre ordenó mi ejecución-

-No lo entiendo... qué tiene que ver todo esto conmigo?- preguntó.

-Voy para allá. Esa mujer de la que se enamoró, la convirtió en la reina de Egipto- le dijo. El faraón lo miró sorprendido. -Así es, mi padre... era el faraón. Y aquí es donde entras tú. Supongo que no sabías que la reina era estéril- Esta vez, la sorpresa de Yami fue grande. -Extraño, cierto? Cómo pudo tenerte si no podía tener hijos? Bueno, la respuesta es muy simple... ella no te tuvo, ella no era tu madre...-

-Es mentira! Solo quieres confundirme!- exclamó Yami. Atem solo lo miró, serio. Podía ver confusión en los ojos del faraón. -"Bueno, esa era la idea. Después de todo lo que dije no es mentira"- pensó el joven sin quitar su mirada de Yami.

-Qué te parece si me dejas continuar y te ahorras los comentarios?- Yami ni dijo nada, solo miró al joven con furia. -No me digas que estás enojado. Te estoy diciendo la verdad, así que no tienes por qué enojarte. Pero supongo que no me harás caso así que continuaré. Como ya había dicho, tu madre era estéril... bueno, tu madre no, mejor dicho la reina. Pero ella anhelaba tener un hijo. Así que el faraón la complació. Iba a darle un hijo ajeno, pero no podía ser de la nobleza... los rumores empezarían. Tenía que ser un hijo de esclavos. La reina aceptó, quería un bebé y no le importaba quien fuera. Y adivina quien tuvo la suerte de convertirse en el hijo del faraón- Yami no habló. -No sabes? Entonces te lo diré... tú fuiste ese niño, tú eres hijo de esclavos. Tienes una suerte inmensa, sabes?-

-No creo nada de lo que dices- afirmó Yami de repente.

-De verdad? Entonces por qué veo duda en tus ojos?- preguntó Atem. Nuevamente, el faraón se quedó callado. -Me crees, cierto? Deberías de hacerlo porque lo que dije es verdad. Claro que la historia no termina ahí. El faraón te amaba, sabes? Te amaba como si fueras su hijo. Pero yo te odiaba y no podía permitir que fueras feliz con tu nueva familia. Asesiné a la reina dos meses después de que llegaste y le hice creer a tu "padre" que había sido un esclavo el que le había quitado la vida a su esposa. Todo el amor que sentía por ti se transformó en odio. Te amaba demasiado, no crees?- le dijo mientras miraba complacido las lágrimas que caían de los ojos del otro.

-Eres un desgraciado- susurró Yami.

-Ten cuidado con lo que dices. No estás en posición beneficiosa. En cambio yo...- habló mientras sacaba un látigo que se encontraba a sus espaldas. -puedo hacer lo que quiera. Y te lo voy a demostrar... vas a sentir el mismo dolor que le has causado a todos los que han intentado acercarse a ti; vas a sentir lo que sintió Yugi... no puedes amar a alguien a quien odias Yami, y eso es lo que pasó con Yugi! Tú lo odias pero intentaste cubrir ese odio con amor. Pero no sirvió de nada. Lo único que le has causado a Yugi es sufrimiento. Estoy seguro de que ahora debe odiarte- le dijo. Yami bajó su mirada. Aunque no quería admitirlo, lo que Atem había dicho era la pura verdad.

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-Me preocupa mucho Ishizu. Y si le pasó algo?- preguntó el joven preocupado.

-No te preocupes Ryou, estoy segura que Yugi está bien- contestó la sacerdotisa.

-Pero se fue hace mucho tiempo- comentó el moreno. Ishizu no dijo nada.

-Qué pasa Ishizu?- preguntó el rubio. De todos ellos él parecía el más preocupado. Después de todo Yugi se había convertido en uno de sus mejores amigos.

-Chicos... hay algo que no saben- confesó Ishizu ganándose la atención de los tres jóvenes.

-Algo que no sabemos? Es sobre Yugi?- preguntó Malik. La joven asintió. -De qué se trata?- interrogó con preocupación.

-No sé como decirlo. Sé que al principio no me van a creer, pero les juro que es verdad- Los tres la miraron interrogantes. -Yugi... Yugi está embarazado- afirmó.

-Qué?- preguntó Jono aun sin salir de su asombro. -Te sientes bien Ishizu? No te golpeaste la cabeza o algo?- preguntó. Ishizu solo le dirgió una mirada severa. -Está bien, está bien, te creo. Aunque suena un poco ilógico. Pero con todo lo que he visto hasta ahora es muy posible que sea verdad lo que dices- le dijo el rubio.

-Por supuesto que es verdad Jono. Para qué diría una mentira? Yugi está embarazado... va a tener un hijo de Yami...-

-Un momento, me estás diciendo que dejaste que Yugi se fuera sabiendo que iba a tener un bebé. Por Ra Ishizu en qué pensabas! Como pudiste decirle a Yugi que fuera al desierto a buscar a no sé quienes que podrían estar a miles de kilómetros de aquí!- exclamó el moreno.

-Malik tiene razón Ishizu. Es muy probable que a Yugi le haya pasado algo. Y tú aquí muy tranquila!- le dijo Ryou.

-Ya cálmense!- exclamó la sacerdotisa. -Yo sé lo que hago. Les aseguro que Yugi está bien... pueden estar tranquilos- agregó. Los jóvenes la miraron por unos segundos antes de asentir simultáneamente.

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Yugi estaba más que sorprendido. Al parecer el oasis que había visto era verdadero. -"Bueno, ahora solo tengo que encontrar algo de comer"- pensó débilmente. Sentía que sus piernas ya empezaban a fallar, rogando un descanso. Pero no podía darse ese lujo. -"Ishizu me dijo que no me detuviera... tengo que seguir. Solo buscaré algo de comer y luego seguiré"- se dijo con decisión. Pero estaba tan perdido en sus pensamientos, que no se dio cuenta de adonde se dirigía hasta se chocó contra algo... o mejor dicho alguien.

-Oye, ten cuidado por donde... por Ra, joven se encuentra bien?- preguntó la mujer con preocupación al ver el estado del pequeño.

-Ayúdeme... por favor... ayúdeme- dijo el pequeño antes de caer inconsciente.

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-Dijiste que lo encontraríamos en un mes y por si no te has dado cuenta ya han pasado casi dos meses!- exclamó el joven.

-Lo que te dije fue un cálculo. No soy sabio, sabes?- contestó el moreno. -Pero estoy seguro que pronto lo encontraremos- agregó.

-Mejor no digas nada... no vaya a ser que nos quedemos aquí durante dos meses más- le dijo el otro causando que Marik lo mirara con enojo.

-Cállate Bakura, deja tus bromas para después y concéntrate! Yugi nos necesita y Yami también- habló el joven.

-Tienes razón, continuemos- comentó Bakura. Marik asintió. -"Solo resiste un poco más Yugi... y tú también Yami"- pensó Marik.

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Yugi abrió sus ojos lentamente. -"Donde estoy?"- fue su primer pensamiento al mirar sus alrededores.

-Ve que ya está bien... me alegra mucho- Oyó una voz femenina. Al voltearse, se encontró con una mujer de rostro amable, quien le estaba sonriendo amigablemente.

-Donde estoy?- preguntó Yugi confundido.

-Te desmayaste hace algunas horas, no te veías muy bien. Así que te traje a mi casa mientras te reponías- le explicó mientras se acercaba al chico. -Toma, hice esto para ti- le dijo mientras le entregaba un plato con comida. -Debes estar hambriento... por tu estado me di cuenta de que no has comido en mucho tiempo...-

-Usted me trajo aquí?- preguntó Yugi interrumpiéndola. La mujer asintió.

-Sí, te traje aquí y te bañe y te cambié de ropa- le dijo. -Espero que no te importe- añadió.

-No, para nada- respondió Yugi. -"Me pregunto si habrá notado lo de mi embarazo... aunque tal vez creyó que es gordura. Espero que haya sido así, no creo poder explicarle sobre mi inusual embarazo"- pensó Yugi.

-Bueno, yo te dejo para que comas tranquílamente. De una vez te digo que puedes quedarte todo el tiempo que quieras- le dijo la mujer pero Yugi negó con la cabeza.

-No, tengo prisa- comentó el pequeño. -Necesito encontrar a... dos jóvenes. Es muy urgente- le dijo

-Un momento. Vas a entrar al desierto nuevamente?- preguntó la mujer sorprendida. Yugi asintió. -Bueno entonces iré a prepararte un camello. Y te daré comida y agua para el viaje- le dijo sonriendo.

-No se molesto yo...-

-No es ninguna molestia. Gracias a Ra yo tengo comida y agua de sobra, lo menos que puedo hacer es compartirla con los que la necesitan- Yugi sonrió al escuchar esto.

-Muchas gracias...- Se detuvo al recordar que aun no sabía el nombre de aquella mujer. -Disculpe, cual es su nombre?- preguntó el chico un poco apenado. -El mio es Yugi- agregó.

-Mi nombre es Nea- le dijo la mujer.

-Nea... muchas gracias Nea. No todos los días se puede encontrar personas como usted- habló el pequeño sinceramente.

-Ni tampoco jóvenes tan educados- agregó la otra causando que una pequeña sonrisa se formara en los labios de Yugi. -Bueno, me retiro. Si necesitas algo estaré afuera, está bien?- preguntó. El aludido asintió.

-"Vaya, en verdad he tenido mucha suerte... solo espero que Yami esté bien"- pensó el pequeño con preocupación.

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-Cómo te sientes?- preguntó Atem mientras miraba a Yami con una sádica sonrisa. -Te gustó? A mí me encantó- le dijo sin quitar su mirada del otro joven, quien no se veía muy bien. Su cuerpo estaba cubierto de sangre y heridas producidas por el látigo. -Ahora por qué lloras?- le preguntó fastidiado al ver las lágrimas que caían de los ojos de Yami. -Un faraón no se inclina ante nadie. Un verdadero faraón no muestra sus sentimientos... claro que tú no eres un faraón, eres un simple esclavo. Sabes algo curioso? Yugi tiene un rango más alto que el tuyo. Él es esclavo de un amo, en cambio tú eres esclavo de todos. Solo espera que se entere, te tratará como un esclavo- Yami cerró sus ojos fuertemente. -"No es cierto. Yugi me ama, jamás haría eso"- pensó el joven.

-Bueno, que tal si nos seguimos divertiendo?- ofreció Atem mientras sacaba el látigo nuevamente. -"Yugi... ayúdame"- pensó Yami. No podía creer lo que estaba pasando. Era como volver al pasado... al doloroso pasado que deseaba olvidar.

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-Ya terminaste de comer Yugi?- le preguntó Nea al pequeño.

-Sí... muchas gracias, la comida estaba muy rica- agradeció el chico. La mujer solo le sonrió y asintió.

-Ya todo está listo. Puedes irte cuando quieras- le dijo la mujer.

-De verdad, muchas gracias. Me ayudó sin siquiera conocerme, se lo agredezco- La mujer negó con la cabeza.

-No tiene nada que agradecerme joven, ya le dije que esto es lo menos que puedo hacer- contestó

-Bueno, entonces... hasta pronto- le dijo Yugi mientras se montaba encima el camello. -Ahora que lo pienso... el camello...-

-Tranquilo, te lo regalo- afirmó ella. -Que Ra te acompañe- agregó.

-Igual a usted- habló Yugi antes de partir.

-"No puedo creer la suerte que tuve al encontrarme con esa mujer... ahora lo único que me preocupa es Yami... como estará? No entendí lo que pasó, pero Ishizu me dijo que Marik y Bakura me lo explicarían. Solo espero que no sea nada malo. No podría vivir sin Yami"- pensó el pequeño.

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-Te dije que lo encontraríamos pronto- habló el moreno.

-Déjame recordarte que han pasado horas desde que dijiste eso y no hay ni rastro de ese chico- respondió Bakura.

-Estás equivocado... mira- le dijo señalando adelante. Bakura levantó su mirada. -Ahí está- añadió Marik.

-Creí que vendría caminando... y sin comida y agua- susurró el joven sorprendido al ver al pequeño con ropa limpia y montao sobre un camello.

-Parece que alguien le ayudó- comentó Marik mientras se adelantaba hasta estar frente al chico. -Eres Yugi, cierto?- El pequeño asintió. -Por fin te encuentro... yo soy Marik y aquel es Bakura- le dijo. Yugi asintió.

-Ishizu me dijo que ustedes me explicarían que está pasando- habló el chico. Marik hizo un gesto afirmativo.

-Así es... bueno mejor avancemos, necesitamos llegar los más rápido posible- Nuevamente, Yugi asintió.

-Supongo que te preguntarás cómo sabíamos que nos estabas buscando, o me equivoco?- preguntó Bakura. Yugi negó con la cabeza. -Bueno, digamos que hay ciertos... artículos que nos permiten saber que está pasando en otro lugar. Son siete artículos. Ishizu, Marik, Yami, Seth y yo tenemos uno. Los otros dos los tiene Shadi. Digamos que con estos artículos estamos... vinculados. Sabemos cuando uno de los portadores está en peligro o...-

-Cómo son esos artículos?- preguntó Yugi interrumpiéndolo.

-Como este- le dijo Marik mientras sacaba un cetro de oro con el ojo de Horus grabado en él.

-Pero Yami no tiene nada parecido... ni tampoco Seth- comentó el pequeño.

-Sí tienen... es solo que no los usan- explicó Bakura. Yugi lo miró confundido. -Verás, estos artículos fueron creados con magia de las sombras... es muy peligroso para el que no sepa manejarla. Yami y Seth nunca quisieron arriesgarse pero ellos siguen siendo los portadores y debido a eso supimos que Yami estaba en problemas- le dijo

-Yami está en problemas?- preguntó Yugi alarmado.

-Lamento decirte que sí. Es por eso que debemos darnos prisa... si quieres volver a ver al Yami que conocías- comentó el moreno. -No voy a mentirte Yugi... Yami está sufriendo, mucho. Y solo tú puedes ayudarlo. Solo te escuchará a ti- El pequeño miró a Marik por unos momentos antes de asentir.

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-Yugi... donde estás?- preguntó el joven suavemente. Le dolía la garganta... todo su cuerpo le dolía.

-Él no va a venir Yami... tú ya no le importas. Después de todo solo le causaste problemas. Ya debe de estar con alguien más. Estoy seguro que ya se olvidó de ti- le dijo Atem. -Porque de lo contrario, no crees que ya habría venido a ayudarte? Han pasado ya cinco meses Yami, y aun tienes esperanza? Tengo que admitir que me sorprendes- añadió

-"Yugi... por qué? Por qué me abandonaste? Te amaba tanto..."- pensó Yami antes de caer inconsciente.

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-Ya casi llegamos- habló Marik

-Que bien porque ya estoy harto de ver arena!- exclamó Bakura.

-"No puedo creerlo, he estado tres meses con Marik y Bakura y hasta ahora noto sus parecidos con Ryou y Malik... me pregunto como estarán... y Jono... y...Yami..."- De inmediato sintió una tristeza profundo. Yami le había hecho tanta falta durante estos cinco meses. -"Solo resiste un poco más Yami... yo te voy a ayudar. Y nuestro hijo también"- pensó el pequeño mientras ponía su mano en su vientre, el cual había crecido bastante. Ahora se notaba su embarazo a simple vista. -"Solo un mes más y tendré a mi bebé en brazos... quiero que estés ahí Yami"-

-Yugi- llamó Marik captando la atención del pequeño. -Ven a ver esto- le dijo. Yugi hizo lo dicho y se acercó adonde estaba el moreno. -Mira el horizonte- Yugi obedeció. Sus ojos se abrieron en impresión y su corazón empezó a latir rápidamente.

No muy lejos de ahí, se encontraba la Ciudad Dorada.