La inocencia de Egipto
Epílogo
Cuatro años habían pasado desde el nacimiento del pequeño príncipe. Todo había vuelto a la normalidad, solo algunas cosas pequeñas habían cambiado.
Yami abrió sus ojos lentamente. Una sonrisa se formó en su rostro al ver a Yugi a su lado. Lo amaba tanto. Y a pesar de que ya había pasado tanto tiempo, sus sentimientos haciaél no habían cambiado.Seguía amándolo igual que antes, tal vez más.
Lentamente y con cuidado de no despertar al otro chico, el faraón salió de la cama y se dirigió a unos de los balcones. La vista era hermosa, los primeros rayos de Ra ya se asomaban en el horizonte. Una triste sonrisa se formó en sus labios. Aunque no pareciera, Yami seguía recordando el pasado... sobretodo su niñez, si es que se le podía llamar así. No le había dicho nada a Yugi porque no quería preocuparlo.
De pronto, sintió dos brazos rodear su cintura y unos suaves labios besar su cuello.
-Buenos días mi hermoso faraón- habló el chico. -Es temprano aun... por qué te levantaste?- le preguntó. Yami bajó su mirada y se separó de Yugi. -Yami, qué pasa?- preguntó preocupado por las acciones de su compañero.
-No es nada- afirmó Yami. Sin embargo, sus acciones decían otra cosa.
-No mientas Yami. Acaso ya no confías en mi?- preguntó Yugi.
-Por supuesto que confío en ti... es solo que no quiero preocuparte- respondió Yami con sinceridad.
-Me preocupa más verte así- susurró Yugi antes de besar a Yami ligeramente. -Te amo y no me gusta que estés así. Por favor dime que pasa- El faraón suspiró.
-Mi pasado... aun me atormenta Yugi- El joven lo miró con tristeza. -Hay algo que no sabes- comentó Yami.
-Algo que no sé? De qué se trata?- preguntó confundido.
-Yo no soy hijo de reyes- Yugi abrió sus ojos en impresión. -Soy... soy hijo de esclavos...-
Yami, de qué hablas?- preguntó incredulo.
-La reina era estéril, pero ella quería un hijo... y el faraón la complació. Yugi... Atem era mi hermano- afrimó.
-Qué?- fue lo único que pudo decir el chico.
-Atem era el verdadero hijo del faraón, pero el faraónhabía dejado a su madre. Al descubrir que tenía un hijo, el faraón envió soldados a ejecutarlo.Fue muy cruel, no crees?- Yugi estaba sorprendido, por el relato y por la naturalidad con que Yami lo había contado.
-Yami...- Sin embargo no pudo terminar al escuchar la puerta de la habitación abrirse. Del otro lado se encontraba un niño muy parecido a Yami, pero sus ojos eran iguales a los de Yugi.
-Mamá, papá, espero no haberlos interrumpido- Ambos padres sonrieron al escuchar la tierna voz de su hijo.
-Por supuesto que no... ven aquí- le dijo Yami agachándose y extendiendo sus brazos. Toda la tristeza había sido olvidada al ver a su pequeño.
El niño de inmediato corrió hacia los brazos de su padre y lo abrazó fuertemente.
-Estás muy fuerte... ya eres un niño grande- comentó el faraón quien casi había perdido el equilibrio por la fuerza con la que el niño se había arrojado a sus brazos.
-Y tu mamá? No vas a abrazarme también?- preguntó Yugi fingiendo estar lastimado.
-Claro que sí!- exclamó el pequeño mientras abrazaba a Yugi. -Te quiero mamá- le dijo.
-Yo también Atemu- respondió. Mientras tanto, Yami miraba a sus dos tesoros más grandes con una pequeña sonrisa. -"Tengo todo lo que necesito y es más de lo que merezco... es hora de que me olvide del pasado"- pensó.
-Ishizu me dijo que quiere verlos... me dijo que viniera a buscarlos- dijo el niño.
-Te dijo para que?- preguntó Yami. Aun era muy temprano.
-Pues... no, no me dijo- contestó. -"Me dijo que no les dijera nada... es una sorpresa"- pensó el pequeño mientras sonreía inocentemente.
-Bueno, entonces creo que es mejor no hacerla esperar- comentó Yugi. Yami asintió. -"Esto es extraño. Estoy seguro que Ishizu planea algo, esa sonrisa 'inocente' de Atemu no me convence"- pensó el faraón.
-Entonces síganme. Ishizu me dijo que es urgente- afirmó el pequeño mientras se alejaba.
-Estoy seguro que Ishizu planea algo- susurró el faraón. Yugi asintió.
-Lo sé... y Atemu sabe de que se trata, no sabe mentir- respondió Yugi sonriendo. -Creo que eso lo sacó de ti, sabes? Ninguno puede mentir- comentó.
-Sí, como tú digas- le dijo Yami mientras se cruzaba de brazos.
-A veces actúas como un niño, sabes?- afirmó.
-Y tú no solo actúas como uno... también pareces uno- comentó Yami mientras reía.
-Está bien, eso ya no fue gracioso- susurró Yugi con enojo.
-Sabes que solo estaba bromeando- afirmó.
-Por fin llegan- habló Ishizu.
-Para que nos necesitas?- preguntó Yami.
-Necesito que... conozcan a un par de personas- explicó la sacerdotisa mientras empezaba a alejarse. Yami y Yugi, sin otra opción, la siguieron. De pronto, Yugi paró en seco.
-Yugi?- preguntó Yami con preocupación.
-No puede ser- susurró el chico, las lágrimas ya se comenzaban a hacer presentes en sus ojos. -Mamá?- preguntó aun sin creer lo que estaba viendo. Al oír esto, el faraón miró hacia adelante. Una mujer de unos 40 años estaba frente a ellos. Tenía el cabello rubio y hermosos ojos amatista.
-Yugi... no puedo creerlo. Al fin te encontré- susurró la mujer. Al escuchar esto, Yugi se lanzó a sus brazos y empezó a llorar en el pecho de su madre.
-Mamá, te extrañé tanto... no puedo creer que estés aquí- le dijo Yugi con alegría.
-Mi faraón- susurró Ishizu captando la atención de Yami. -Crees que te dejamos fuera?- preguntó. Yami la miró confundido. De pronto, una mujer se acercó. Por alguna extraña razón, era muy parecida a... Yami. -"No puede ser"- pensó Yami.
-Ishizu... quien es ella?- preguntó el faraón.
-Mi abuela, papi... tu mamá- le contestó Atemu. Yami abrió sus ojos en impresión. -"Mi mamá? Pero como...?"- pensó aunque ya sabía muy bien la respuesta. Al levantar su mirada nuevamente, se dio cuenta de que la mujer estaba mirando al piso... como si esperara que alguien le gritara. Lentamente, llevó su mano hasta la mejilla de la mujer, la cual alzó la mirada de inmediato. Las lágrimas empezaron a rodar por el rostro de Yami al ver esos ojos... eran iguales a los suyos.
-Mamá- susurró Yami antes de abrazar a su madre con todas sus fuerzas. -Por qué no habías venido antes?- le preguntó.
-Tenía miedo... miedo de que no me creyeras. De que te diera asco saber que eres hijo de una simple esclava. Tenía miedo de que me rechazaras- susurró la mujer mientras lloraba abrazada a su hijo. Un hijo que creyó haber perdido desde hace años.
-Jamás hubiera pensado eso. Te extrañé tanto... aun sin saber que eras mi madre. Nunca te hubiera rechazado, eres mi madre, no me importa cual sea tu clase social. Yo siempre estaré orgulloso de ti. Yo solo quiero tu cariño, solo eso. No me importa quien seas- le dijo Yami con toda sinceridad. Su madre sonrió y derramó incontables lágrimas de alegría. Jamás creyó volver a ver a su bebé... pero aquí estaba con ella, y así seguiría siendo por mucho tiempo... y luego para toda la eternidad.
-Como odio los finales felices- susurró Bakura mientras abrazaba a Ryou.
-Deja de mentir Kura... estás igual o más feliz que yo- afirmó Ryou. -Te conozco- agregó.
-Eso crees- murmuró.
-Qué dijiste?- le preguntó el joven.
-Nada, olvídalo- respondió Bakura.
-Creo que voy a llorar- dijo Malik.
-No te atrevas- avirtió Marik quien también estaba abrazando a Malik. -Si no estoy seguro que yo también voy a llorar- susurró intentando contener las lágrimas.
-Me alegra todo haya acabado bien- habló Jono.
-A mi también- susurró Seth mientras rodeaba a Jono con sus brazos. -Yami y Yugi se lo merecen- dijo. Jono asintió.
-Por supuesto que sí- respondió el rubio.
Mientras tanto, lejos de ahí, un joven abrazado a su padre miraba la conmovedora escena con una sonrisa. Al fin, el hombre que tanto lo había lastimado estaba a su lado, mostrándole el amor paterno que siempre quiso.
-FIN-
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Magi: bueno aquí termina este fic. Espero que les haya gustado, me divertí mucho escribiéndolo. Pero bueno, todo llega a un fin.
Gracias a todos mis reviewers por su apoyo y sugerencias.
Nos vemos
Ja ne!
