I
Revelación
-Cinco mil novecientas noventa y nueve,… seis mil-
Terminó la frase en gruñidos de esfuerzo; con una gravedad aumentada 4000 veces fatigaban hasta las palabras. Gotas de sudor caían pesadamente del atlético cuerpo mientras se concentraba en hacerse más poderoso, casi en una obsesión. No porque quería demostrar algo tan egocéntrico como ser el mejor, no había absolutamente nadie con quién hacer un parangón; sino por la potencial amenaza siempre latente. Definitivamente determinó no darse el lujo de relajarse y vivir la vida como lo haría cualquier ser humano normal; debía mantener su condición de guerrero Saiyan y superar sus límites infinitamente, sobre todo ahora que era el único guerrero que quedaba.
Concentró sus fuerzas en el brazo izquierdo mientras tres dedos levantaban y bajaban una y otra vez todo el peso de su cuerpo en posición invertida. Consideró el ejercicio aburrido… una buena sesión con rayos y bolas de energía entraría en provecho. Se paró en sus dos piernas y subió los brazos trabajosamente como si quisiera hacer la Genkidama; tratando de ignorar el gradual aumento de la gravedad que comenzaba a agotarlo. Cerró los ojos y concentró en las palmas cuanta energía fuera posible, era la primera vez que entrenaba pasado los cuarenta mil. La energy-dan se achataba más y más; acercándose peligrosamente a su cuerpo mientras sus brazos temblaban a la fuerza contraria.
'Debo superar el nivel que inútilmente utilicé contra Cell, debe desaparecer esa desesperación que aún siento dentro de mí… Gohan estaba lo suficientemente calmado, por eso tuvo éxito en su transformación.'
Repetía en una letanía; sus ojos apretadamente cerrados y el cabello apenas irguiéndose a la transformación que superaba la del Super Saiyajin básico. Se enfocaba tras la oscuridad de su visión, pero lo único que sentía era un extenuante peso tras su espalda, el adormecimiento de sus miembros y como sus extremidades eran sobrecalentadas por su propio poder; haciendo cada vez más difícil lanzarlo hacia adelante. Su cara no ocultaba el magno esfuerzo por mantener su resistencia, vertiendo lo último de su voluntad en un grito que terminaría en un colapso.
Se resignó, esta vez nuevamente no lo lograría. Quizás debía seguir el ejemplo del Sr. Piccoro, la meditación le permitía ganar ese autocontrol en vez de gastarse en un sobreesfuerzo de su sistema; una solución lenta pero suficiente para acallar sus ahora críticas internas. No obstante, algo andaba mal, el visor pasaba las 4050 gravedades programadas para la anulación del campo gravitatorio artificial.
Se estremeció por completo, el incesante beep de la máquina indicaba que estaba fuera de control. Pero eso no era lo peor, difícilmente podía mantenerse de pie y mucho menos caminar con el enorme poder sobre su cabeza que luchaba por seguir el fluir de la gravedad; apenas girando el cuello para siquiera calcular qué tan lejos estaba del panel de control.
Tan pronto terminó de intuir su peor temor, la colosal fuerza lo tiró violentamente de espaldas al piso, la energía como un gran sol amenazante de volarle la cabeza. Unas mechas comenzaban a chamuscarse y el duro suelo metálico bajo él se hundía; el tumbeo de la sangre en las orejas y el rechinar de dientes eran las únicas respuestas de su cuerpo. No era posible que muriera tan estúpidamente por su propia técnica.
En un último intento sacó lo más oculto de sus fuerzas para crear otra energía y así anular a la primeriza. Los gruesos remaches salían de las uniones como disparos y el metal hacía un espantoso chirrido cuando el contador llegó al máximo de 6000 gravedades, el lugar estremeciéndose como si fuera a rajarse. Trunks veía lo infructuoso de sus últimas fuerzas; la energía quemándole la punta de la nariz y burlando escandalosa y definitivamente la resistencia de sus brazos.
-NOOOOOOOOOOOO!-
Fue demasiado rápido, la masiva energía se fue disparada a lo alto amenazando destruir todo en su radio. Trunks no perdió tiempo; por super velocidad se interpuso entre el poder y el techo, fallando en el siguiente paso de lanzarla a un lado y que explotara kilómetros a la distancia: estaba dentro de su propia casa. No había tiempo de pensarlo y decidió recibir en su pecho el doble poder, sumado a su enorme energía potencial que se tornó cinética en un ahora campo de gravedad uno. El duro choque con el piso metálico y su posterior inconsciencia le impidió enterarse que la habitación estaba completamente oscura y el silbido del motor totalmente silenciado.
-¡Trunks, despierta hijo¡Trunks!-
Su madre lo agitó suavemente de los hombros mientras lo mantenía en su regazo. El muchacho abrió los ojos lentamente, su pecho rojo de las quemaduras y la cabeza girando como en una centrífuga.
-Ma- mamá… ¿qué pasó?- Preguntó en un hilo de voz.
-¡Hijo no vuelvas a hacerme esto, si hubiera encendido el tercer reactor no se hubiera cortado la energía y quizás, quizás…-
La transitoria tartamudez en la voz de Bulma la delató; el muchacho en un esfuerzo pestañeó para enfocarse y poder ver más claramente los húmedos ojos de su madre, tratando de contestarle con su mirada que aquello no había ocurrido.
-Mamá, lo siento, fue falla de la máquina. El contador se descontroló y no pude hacer nada para detenerlo.-
Bulma se sobrecogió a la realización que el desperfecto de algo que ella misma construyó haría perder la vida del único ser que amaba.
-Hijo, ya basta de entrenar de esa forma. Tú me mencionaste que yo misma dije en la época pasada que si Gokuu ya no estaba, no atraería problemas a la Tierra. Ya ha pasado mucho tiempo y como ves nada ha sucedido, ya es hora que vivas tu vida, por favor, no te vuelvas un loco de las peleas como lo fue tu padre.- Dijo casi en un ruego
-Lo siento mamá…- Contestó apenas. -…pero tengo la responsabilidad de proteger el lugar donde vivimos, tú sabes que la Tierra ha sido blanco de muchos intentos de destrucción y dominio y no puedo quedarme así de tranquilo. ¿Qué pasaría si viniera alguien más fuerte que no pudiera vencer?... Dime mamá¿qué pasaría?-
Bulma se estremeció a la idea, pero aún así no justificaba correr ese tipo de peligros contra su integridad física. Se lo hizo saber mientras Trunks la escuchaba cada vez más lejos con sus ojos a medio cerrar, nuevamente cayendo en sopor.
-¡Levántate!-
Vejita saltaba en sus piernas, la adrenalina a flor de piel para atestar un feroz golpe apenas el hipotético enemigo rompiera su defensa. El rostro de Trunks estaba lleno de rabia e impotencia, percibiendo como una burla que a pesar de todos sus esfuerzos su padre permaneciera de pie.
De repente un fuego comenzó a magnificarse dentro de él sacando lo más violento de sus técnicas, golpeando los brazos que el oponente usaba para cubrir su torso. Su energía era increíble, a cada puñetazo los pies de su padre cedían más y más atrás, impidiéndole liberarse de su estado defensivo. Finalmente llevó su puño derecho lo más lejos que pudo con el fin de golpear con toda la fuerza del impulso, pero Vejita ya se había adelantado. Se volvió borroso por super velocidad y barrió sus piernas, haciéndolo caer de espaladas al piso.
-¡Maldición Trunks, no sabes canalizar tu fuerza sino nublarte como un imbécil con una rabia que no te permite pensar estratégicamente. ¡Pelea como debe ser insecto! -
Se sintió humillado y tonto allí en el suelo; lamentablemente él tenía razón, le faltaba mucho aún por aprender en ese año de un día. La sesión del día terminada en una señal muda; sin embargo, Vejita aún no había acabado.
-Aún así creo que tienes posibilidad.- Dijo mirándolo por sobre los hombros, tomando algún rumbo desconocido en el vacío planeta. -Además vas a ver cómo los instintos de Saiyajin te sirven para otras cosas.-
Apenas acabó la frase, una sonrisa de sorna llenó su rostro.
Trunks no entendió la extensión de esas palabras ¿lo decía para hacerlo sentirse peor o realmente había un fondo en aquella frase¿Acaso debía esperar un rendimiento pobre como guerrero que su habilidad podría servirle para otras cosas¿Qué otras cosas exactamente?
Una pregunta tras otra se amontonaban en su mente mientras sus ojos divisaban la espalada de Vejita, alejándose y volviéndose difusa en una repentina niebla que cruzó la vacía extensión de la dimensión.
Amargamente abrió los ojos buscando entre sus recuerdos si acaso eso había sido un sueño o si realmente pasó en el 'día' de un año, cuando entró con su padre en la Cámara del Espíritu y del Tiempo. Era extraño, parecía una fusión de realidad y onírica, casi un 'déja vù'.
Permaneció pensando, quizás sus progenitores tenían razón. Su madre en que debía darse cuenta que la vida no se trataba de sólo pelear; su padre en que quizás ya había llegado hasta el tope de sus fuerzas. Ya había prueba de ello, en el pasado, a pesar de entrar dos veces a la habitación del Espíritu y del Tiempo no hizo la más mínima diferencia en sus poderes; y llegar al segundo nivel lo veía casi imposible sin tener un estímulo tan poderoso como el que tuvo Gohan o como el que tuvo él 15 años atrás.
Por primera vez temió sentir la misma frustración de su padre cuando se veía siempre superado por ese enervante enemigo llamado Kakaroto; pero en su caso el enemigo no era nada más que su misma limitación. Pero algo en él rechazaba caer en un pensamiento tan derrotista, porfiándole que aún no se diera por vencido… quizás más que ejercitar su cuerpo debía entrenar su voluntad, con el fin de tomar más autocontrol de sí mismo y de no nublarse con la desesperación.
Se sentó a la orilla de la cama perdiéndose en la vista de los enormes ventanales. Nubes grises, cargadas y pesadas compatibilizaban con su estado.
