VI

Contingencia

Estaba de cuclillas sobre la cama revisando lo último de su informe. Se estiró hacia atrás en descanso para cuando supuso había terminado. Miró la radio reloj que marcaba las 8:00 PM; reflejándose borrosamente en el lustroso cuero de la agenda.

Sintió curiosidad de revisar la agenda de la chica que siquiera sabía su nombre, pero al mismo tiempo la voz de su conciencia le decía que no era lo correcto. Trunks siempre se caracterizó por ser un hombre práctico, y preguntas como '¿Y si ella realmente la necesita ahora? ¿Y si la está desesperadamente buscando?' fueron la excusa perfecta para poner en obra su pragmatismo.

Ahora supo que se llamaba Dana.

No muy lejos de allí la chica caminaba rumbo a su departamento. Debido a la reconstrucción de la zona contigua a su alojamiento debía caminar por unas improvisadas calles sin alumbrado eléctrico, y ya a esa hora estaba sobradamente oscuro.

Llegando al recodo sintió su celular nuevamente sonar, la pantalla de cuarzo líquido identificando un número que no estaba guardado. En un ademán por responder notó por el rabillo del ojo a dos hombres que se acercaban por su izquierda y tomaban su mismo rumbo, hasta que se murmuraron algo y se dirigieron corriendo hacia ella.

Trunks escuchó dar línea al otro extremo, pero sólo unos ininteligibles sonidos sonaban en su auricular y finalmente una voz que gritaba por ayuda.

-¡¡¡SEA QUIEN SEA, POR FAVOR, AYÚDEME…!-

Cualquier cosa que haya querido decir fue anulada súbitamente por un espeso silencio y el pito característico cuando la comunicación se corta. El joven Saiyan quedó petrificado, sintiendo cómo su cuerpo se paró por automático en menos de un segundo y cruzaba volando la ventana

Estaba atrapada en un callejón oscuro y sin salida. No podía usar su celular ahora que se lo habían quitado. Al parecer no querían dinero porque no se interesaron de la entrega en bandeja de su billetera. Su instinto le dijo que gritara 'fuego'; ya tenía internalizado que si gritaba 'auxilio' nadie vendría. Lo hubiera hecho si su boca no hubiera sido tapada mientras era neutralizada por la espalda; el otro tipo quitándole la ropa a jirones.

Trató de patear al sujeto de adelante con el apoyo que le daba el de atrás, logrando tirarlo cerca de unos basureros que se tumbaron aparatosamente con él. Después de revolotear furioso entre la basura consiguió levantarse y de enojo puro la apuñeteó; aprovechándola de aturdirla para que cesara de hacer escándalo y el sujeto de la espalda la tirara al suelo en un acto de lo más cobarde.

-¡¡¡DIOS MIO, SU KI NO LO CONOZCO, NO LO CONOZCO!- Gritó desesperado, tratando de percibir su presencia planeando sobre los edificios y cerrando frenéticamente los ojos para enfocar con mayor agudeza su inquietud al verlo en la mañana, el grito desgarrador al otro lado del teléfono, el grito…

Uno se agachó contrario a la cabeza de Dana para detener el ciego latigazo de los brazos, atestiguando de cerca con goloso morbosismo cada uno de los vehementes movimientos de su compañero en terminar de despojarla de toda la ropa. '¡¡YA CÁLLATE!' la abofeteó el sujeto apostado encima de ella, cansado de la energía de su resistencia y sus gritos; silenciándola brutalmente. Celebró lamiendo el labio superior para cuando vio su lencería y se bajaba presuroso el cierre del pantalón; ignorando completamente que eso sería lo último que haría después de salir volando a más de 50 metros a la distancia y chocar escandalosamente en una batería de basureros.

El tipo que sostenía los brazos se orinó encima cuando vio al frente una silueta negra aterrizando suavemente en el suelo. Trató de escapar pero chocó con algo que parecía una muralla. Después del ruego de rigor sintió recibir en el estómago lo más parecido a diez balas de cañón a quemarropa, expectorando sangre de los orificios y cayendo en un estado de semiinconsciencia del intenso dolor, el cuerpo torciéndose en el suelo buscando la posición fetal. El atacante esperó que volviera lo más cercano a sus sentidos para llevarlo a rastras del pelo y tirarlo con su socio en el crimen a la esquina de los basureros.

Levantó de la camisa al que no había recibido su merecido aún, ubicándolo a su altura. Otros patéticos ruegos por su vida y una ola de algo que parecían extremos golpes de corriente no omitían en absoluto las zonas corporales más sensibles al dolor. Para cuando golpeó su entrepierna se arrastró por el pestilente piso casi perdiendo la vida en ahogos. La golpiza hubiera continuado hasta dejarlos hechos una masa de sangre, pero se dio cuenta que tan sólo eran humanos.

Sólo un susto más y nunca volverían a delinquir en su vida.

-¡Escúchenme bien malditos!- Gritó furioso mientras les apuntaba con la palma brillante, a punto de lanzar una energía. -¡Si alguna vez le hacen lo mismo a otra mujer, si acaso se atreven a PENSAR hacer algo de ese estilo, les juro que la próxima vez volveré a matarlos! Ya conozco sus energías y puedo encontrarlos donde sea. ¡¡Ahora LÁRGUENSE!-

Los sujetos se volvían a caer tratando de correr en su pobre condición, alejándose lo más rápido posible. Le tomó unos segundos a Trunks volver a sus cabales cuando escuchó unos solitarios gimoteos en lo oscuro del callejón. La visión era penosa, una delgada figura se enroscaba en el piso con la mirada perdida y temblando del shock. Trunks por escasos segundos no supo que hacer.

Quitó su chaqueta y se arrodilló a su lado, alzándola de los brazos y enrollándola en la prenda. En su registro de miradas atormentadas creyó que esta superaba a todas, preguntándose si acaso esta muchacha había sonreído feliz una vez en su vida. Sólo se limitó a rodearla con sus brazos e incorporarla en su regazo, los temblores cesaron cuando ya se había desmayado.

8 AM…

¿Qué pasó?

Fue el primer pensamiento que cruzó su mente cuando abrió los ojos, deseando que todo lo anterior hubiera sido una horrible pesadilla muy real. Confirmó lo contrario al sentarse en su cama y sentir que tenía puesta una chaqueta muy grande que no era suya. Tuvo que aceptar el horrible hecho que todo había sido cierto.

Cubrió su rostro con ambas manos y rompió a llorar, sintiéndose violada a pesar que no se había consumado. Su llanto fue interrumpido cuando el teléfono sonó insistente en la moribunda oscuridad de su habitación, una voz igual de lúgubre siquiera saludaba.

-Levántese o deje de hacer cualquier cosa que esté haciendo, tiene una reunión a las 8:00 y ya está atrasada.-

Miró el reloj, eran las 8:10. En una colosal fuerza de voluntad se levantó y secó sus lágrimas, enfrentándose a la cruda realidad y a la agonizante soledad. Tapó con el maquillaje que nunca usaba los moretones de su mejilla y los terminó de ocultar con su cabello; soltó el cierre de la falda que rozaban las heridas de la espalda.

Miró a la mujer que reflejaba el espejo, preguntándose cuánto tiempo más podría resistirlo.