VIII
Señales
Apoyó la cabeza en su mano, cansado y aburrido de estar sentado frente al escritorio con un libro de resistencias que debía estudiar. Los ojos comenzaron solos a cerrarse, tomando apuntes mentales de nunca más estudiar después de una ardua sesión de entrenamiento. Pestañeó lentamente; al próximo movimiento sus ojos permanecieron cerrados hasta que fue interrumpido por un ruido en su cuarto.
-¿Mamá, ¿eres tú?-
Ahora el ruido se materializaba en pasos fuera de su habitación, llevándolo a ese oscuro y muerto pasillo donde se encontraban los inoperantes cuartos de módulos de prueba. A medida que avanzaba, un reflejo de luz en la muralla contraria indicaba que alguien estaba en uno de los cuartos.
Ya sabía quién estaba allí pero no tenía las fuerzas de confirmarlo. Esta vez las ansias fueron mayores, lo que le dio fuerzas para empujar la pesada puerta hacia atrás. Permaneció mirando aturdido y espantado.
El reflejo de su cuerpo 20 años menor permanecía frente a un enemigo totalmente oscuro e invisible, la espada legendaria sostenida con urgencia en ambas manos llevada al frente y las piernas separadas para mantener el máximo de equilibrio. No podía ver su rostro pero ya lo adivinaba; los hombros convulsionados subían y bajaban al acelerado ritmo de la respiración, la tostada piel cubierta en sudor.
Los pequeños pies retrocedieron un par de pasos con el fin de tomar impulso y correr hecho un berserk al inmaterial enemigo. Trunks en instinto corrió tras él para impedir cualquier locura que se propusiera; su propósito imposible de materializar al chocar estrepitosamente con una masiva pared transparente, tumbándolo al suelo con la misma fuerza y velocidad del choque.
El niño sumergido en paroxismo troceaba toscamente de izquierda a derecha los apéndices de sombras que poco a poco iban tomando forma. Trunks en un acto desesperado se volvió Super Saiyajin al límite máximo, no correría el riesgo de invocar poder insuficiente para romper la inmaterial barrera. Sin embargo, fue imposible; el velo se iluminaba traslúcido mostrando sus infinitos límites en todas direcciones cuando los energy-dan golpeaban en su contra. Finalmente se abalanzó como un proyectil para traspasarla con su cuerpo, sólo consiguiendo golpearse más fuerte. Al levantar la vista el niño seguía luchando contra las sombras que comenzaban a rodearlo espesamente, los ya exhaustos movimientos de la espada no cortaban los brazos del inmaterial sustancia que amenazaba con convertirse quizás en qué cosa.
Trunks extendió sus manos en un gesto imposible de alcanzarlo, atestiguando horrorizado que el piso metálico comenzaba a derrumbarse, primero bajo el niño y luego bajo él; cayendo ambos en un negro precipicio sin principio ni fin. De pronto el niño chocó con un supuesto suelo y abrió los ojos en shock tan pronto miró hacia arriba. Trunks vertió su vida en un grito al ver su pequeño yo reflejado al otro lado de la aún inmaterial barrera a menos de 5 metros, clavando sus uñas en la invisible muralla en un último intento de salvarlo de la inminente y abominable colisión. Cerró los ojos, era la tortura más execrable ver ese pequeño cuerpo reventado bajo sus narices…
-NOOOOOOOOOOO!-
Botó todas las cosas de su escritorio con la agitación de sus brazos. Cubrió su rostro con ambas manos como un niño que se resiste a ver una película de terror, jadeando atropelladamente y ahogado de la cruda conmoción. Este era lejos, uno de sus pesadillas más horribles.
Por un momento temió abrir los ojos y ver nuevamente ese escenario. No sabía si gritar, patear la mesa o correr como un loco, finalmente tirándose en la cama temblando. Permaneció igual como lo hacía cuando apenas tenía cinco años y despertaba por el ensordecedor ruido venido del exterior; donde la pieza se iluminaba con el fulgor de explosiones dibujando tétricas sombras. Esos eran los tiempos que los androides causaban las imposibles luces en medio de la noche, los gritos desgarradores y el temblor de los cimientos.
Ya era tarde y trató de conciliar el sueño, pero en las primeras horas fue casi imposible, buscando la interpretación a aquel panorama onírico. Se dio por vencido y dejó de torturarse con las imágenes, esperanzado que el próximo sueño le traería escenarios mejores.
Se equivocó, quizás era su castigo de por vida seguir teniendo pesadillas.
