XII

Mensaje

Las sesiones de meditación se hacían menos difíciles, y no era necesario ir a lugares emblemáticos para un mejor resultado. En esta ocasión apoyó la columna en su cama, su pose favorita para pensar. Sin embargo, hoy habría cambios, quería recordar los momentos felices de su niñez aunque fueran casi nulos.

Su cumpleaños número diez era digno de recordar. En sus entrenamientos en el bosque conoció a un elfo llamado Tapión, y según le contó había equivocado su ruta en el tiempo. Parece que Trunks había despertado afectivos sentimientos en él al obsequiarle una espectacular espada; la segunda del mismo tipo hecha por el mejor herrero de su raza. Las sorpresas no acaban allí, su madre y Gohan lo esperaban con una pequeña fiesta en honor a su cumpleaños de regreso a la Corporación Cápsula.

También recordó una de sus primeras buenas acciones. En un ruinoso centro comercial, un niño de no más de cinco años pasó corriendo por el frente y cayó al suelo. Trunks teniendo solo siete lo ayudó a pararse y a animarlo que no llorara más, intuyendo que estaba perdido y que le ayudaría a buscar a sus padres. No fue difícil advertirlos, dos personas resaltaban de las demás particularmente agitados.

-Muchas gracias niño, nuestro hijo es lo único que nos está quedando en este mundo.- La madre respondió en lágrimas, el padre acariciando animosa y filialmente la cabeza de Trunks, desordenando sus cabellos en agradecimiento.

Porfió por recordar qué seguía después de ese momento, introduciéndose él mismo en el recuerdo e interactuando con éste. Fue algo raro, en la visión el Trunks de 7 años volteó hacia atrás y le sonrió, como si supiera quién era él y qué hacia ahí; invitándolo a seguirlo.

El pequeño salió al exterior y una seca planicie apareció a su vista; un desierto que apenas florecía. No recordaba haber visto ese paisaje allí.

¡Qué rayos!

Siguió a su versión infante hasta que el pequeño se detuvo, sentándose en cuclillas en el suelo.

-¿Qué es este lugar?- Preguntó el visitante, agachándose a su lado. El niño no respondió, tomó un palito y comenzó a hacer líneas en el piso infértil.

'Amor'

El niño lo miró a los ojos y le pasó su instrumento, exhortándolo a que él escribiera un concepto. Se dejó llevar y escribió 'Fe'. El niño alcanzó otra pequeña varilla y escribió 'Benignidad'. Ya eran tres palabras y el turno del Trunks adulto. Al pasar algo que se sentía como el tiempo había nueve palabras escritas. Trunks al final las leyó todas en voz alta: Amor, Fe, Benignidad, Paz, Paciencia, Mansedumbre, Templanza, Gozo, Bondad.

-Es lo que tienes que practicar para volver este desierto que está verdeciendo de poco en un bosque, y así otros puedan tomar de tu tierra y verdecer sus propios desiertos.-

El Trunks mayor no hizo más que abrir sus estrechos ojos azules sin poder articular una palabra coherente, el niño se inclinó por última vez y comenzó a escribir la última palabra al final de la fila.

Súbitamente un ruido foráneo llenó el paisaje, perturbando la edificante comunión que mantenía con su ser interno. 'La última palabra, la última palabra' movió su cabeza de un lado a otro hasta que despertó de golpe, dándose de lleno en la cabeza con el cajón abierto del velador que estaba al lado de su cama. El ruido era el maldito despertador que casi lo hizo pedazos al apagarlo con el puño. Se había quedado dormido. Lo único que consoló el intenso dolor en la cabeza fue que esta vez no era una pesadilla.

Las infinitas chispas de agua eran las infinitas posibilidades de esas palabras inconclusas. Apoyó sus manos en los cerámicos de la ducha con el agua cayendo en su espalda, preguntándose qué significaba todo aquello.