XVII
Elección
-Hijo, ¿eres feliz?-
La pregunta lo cogió de improviso mientras analizaba los transistores. En un momento temió no saber qué significaba aquella palabra, quizás lo que más se acercaba era satisfacción y conformismo, como cuando vio a su padre por primera vez o la reciente transformación que le costó tanto alcanzar. Su madre por un momento pensó que no le había entendido y acotó la pregunta.
-¿Qué crees que te hace falta para ser de una forma… más feliz? ¿Crees tú que trayendo de vuelta a Gohan y tu padre lo serías?
Su mente viajó a aquellos tiempos pretéritos, quitándole el polvo a las sensaciones que experimentó cuando estuvo con todos los demás guerreros Z. ¿Se sintió realmente diferente? Sabía que sí, pero ignoraba en qué parte de la balanza emocional tasaban esas sensaciones, todo ese tiempo fue tan confuso, tantas cosas nuevas en tan poco tiempo. La siguiente interrogante aclaró por fin las intenciones de su madre.
-¿Crees que sería poco ético si resucitáramos a tu padre y a los demás ahora, en este tiempo?-
Finalmente lo entendió, en realidad la pregunta no era para él. Su madre necesitaba justificar sus propios deseos y apoyarlos en alguien más, en una forma fría de ver las cosas usando a su hijo como vector para validar sus más íntimos anhelos. No la culpó, ella había roto la barrera de la juventud tiempo atrás, era normal e inevitable temer a enfrentar sus últimos días en completa soledad.
-¿Extrañas a papá, no es así?-
Empuñó suavemente su mano, esa pregunta también era para él.
-¿Acaso estuviste pensando en un viaje a Nameck para buscar las esferas y resucitarlos?-
Bulma miró a su lado en silencio el borrador de la nave que una vez los llevó a Gohan y Kuririn hace muchos años atrás. La nostalgia flotaba de sus ojos, pero algo repentino endureció su mirada. Su hijo parado en medio del laboratorio era suficiente argumento; jamás nada ni nadie podrían pagarle el altísimo precio de criarlo ella sola en esos tiempos catastróficos ni las horas de esfuerzo que le llevó tener todo lo que ella había levantado.
-Olvídalo Trunks ¿por qué las cosas tienen que ser diferentes ahora cuando vivimos toda una vida solos, no lo crees? Mejor toma la lista que está al lado y ve al almacén a comprarme estas cosas que necesitamos, ¿quieres?-
El tema se dio por terminado, mas no en la mente del Saiyan. No hizo más que pensar en el puro concepto mientras realizaba las compras, adentrándose en una profunda introinspección.
¿Que si estoy feliz?…, si hago un análisis de mi estado actual ¿puedo responder esa pregunta?
-Salsa de tomates, pastas y sal.-
Pues sigo vivo, sano y salvo, ya superé al Super Saiyajin y mi frustración es mínima cuando entreno.
-Leche, huevos, algo de carne.-
Aunque la soledad me golpea a veces duro ya estoy acostumbrado, además me he hecho de muy buenos amigos.
-Azúcar, chocolate y pasas.-
Mi vida promete ser edificante, si todo sale bien levantaremos la compañía de mi abuelo, ayudando a mucha gente.
-Toallas, jabón, dentífrico.-
Me siento satisfecho con lo que soy, esta época me ha enseñado muchas cosas que quizás no hubiera aprendido en otras circunstancias, aunque no puedo negar que aún no me siento completo...
La cautivante sonrisa de un niño aupado por un padre en la fila hizo detener sus cavilaciones, perdiéndose en esos pequeños ojitos por un momento. El bebé sonrió aún más, arrimándose al cuello del progenitor al momento que la madre cruzaba la espalda del esposo en un abrazo. La criatura percibió instintivamente el especial lazo y rió con la pureza de un infante.
Trunks permaneció su mirada en esa fusión familiar que no se separó hasta llegar a la empleada de la caja registradora. Pensó en su compromiso de tener un hijo para transmitir su legado y que la Tierra quedara protegida en el futuro. Pensó en los pasos anteriores que debía caminar antes de llegar a esa visión enfrente. Pensó en Dana. Pensó en que no la veía hace dos semanas. Pensó en ella como lo hacía todas las noches desde esa noche.
¿Por qué perdieron el contacto? ¿Acaso ahora lo odiaba? ¿Era de esas personas que armaban y despedazaba y volvían a armar sus 'yo debí' o 'por qué lo hice' antes de dar el siguiente paso? ¿Había cometido un error? La especulación lo carcomía y llegó el momento de enfrentarla mientras estaba sentado allí, frente al incólume y frío aparato que una vez la salvó de un acontecimiento terrible. Tomó el recibidor y marcó el número tan nervioso como si estuviera siendo evaluado. El pito de llamada se volvió uno con el traicionero y limitante miedo, diciéndole que cortara.
'Te comunicas con Dana Sterling, me temo que si escuchas esto es porque no estoy en casa, por favor deja tu mensaje y trataré de contactarlo a la brevedad, gracias.'
-Hola Dana, tan solo quería saber si estabas bien, hace dos semanas que no te apareces por la universidad…-
En aquella pausa deseó con todo su ser poder escuchar su voz, saber en qué status estaban sus relaciones.
-… y bueno, si deseas puedes llamarme, me gustaría mucho sab...-
-¡Trunks!-
…
Una vara caliente lo perforó de mollera a planta, el silencio de la línea acribillando con afirmaciones y negaciones sus infinitas hipótesis. Esperó esa segunda frase, esa que lo haría explotar de la susodicha felicidad o reducirlo a una masa de materia miserable.
-Por favor no, no me llames más…-
Fría y cortante en estructura, titubeante y dolorosa en tono. Un segundo silencio hablaba de la intensa lucha antes de la última palabra para colgar el teléfono, Trunks en espera de un veredicto axiomático.
- …y tan sólo ven.-
