XVIII
Consumación
El sonido polifónico del celular terminó con el break que decidieron tomar después de trabajar en el proyecto. Fue completamente dicotómica la adoptada línea seria de sus labios al momento de responder respecto a la sonrisa de ameno humor segundos antes de encaminarse al aparato.
-¡Desgraciados, ¡Ya no los soporto!- Exclamó con ira al cortar la comunicación. Trunks miró anonadado del otro lado de la sala, un iniciado testigo de excepción de semejante actitud. Intuyó que era la hora de preguntar; vez que atendía el celular su rostro cambiaba acentuadamente. ¿Qué era lo que la hacía responder así? ¿Podía él ayudarla?
-¿Estás bien?- Preguntó tiernamente parándose de su puesto. - ¿Por qué no me cuentas, quizás pueda ayudarte en algo, y si no, no hay nada cómo sacarse un peso de encima por el sólo hecho de contar tus problemas.-
Dana lo miró como a un ingenuo.
- ¿Contarte a ti? Tú eres la última persona a la que podría jamás acudir.-
La desconcertante postura no dejó a Trunks impávido, algo ocurría y él no tenía pistas. Esa violenta e inesperada reacción respondía a algo específico y no pudo evitar sentirse desplazado. El darle la espalda no mejoró la situación.
-¿Por qué no? Tú sabes cuánto me interesas ¿qué puede ser tan grave para que no puedas confiármelo?-
Dana volteó en una actitud ofensiva - ¿Confiar? ¿Has dicho confiar?... ¿Cuándo tú me has confiado algo a mí? Tú reserva no tiene límites y me pides que me sincere contigo.-
La muchacha se transformó de una forma extraña, comentarios venenosos como aquellos comenzaron a mellar en la infinita consideración del Saiyan, llevando la situación a la primera discusión de la pareja.
-¡NO TIENES IDEA LO QUE ESTOY PASANDO!-
Empujó la silla a un lado en respuesta, su lenguaje corporal hablaba más que sus palabras.
-No puedes ser tan injusta.- Respondió tratando de no alzar la voz, pero sí agregando un tono grave e inmisericorde.- Tú has sido la única testigo de mi quebrantamiento y transformación en el bosque ¿¡y te atreves a decirme que no te he confiado nada? No te creas tan especial, yo también pasé por cosas durísimas y no tenía a nadie para siquiera compartir mi angustia. ¡Tendría idea de lo que estás pasando si me lo contaras, pero veo que eres demasiado orgullosa para abrirte a la gente que realmente puede ver más allá de tu soberbia!-
Eso fue suficiente, no tardó en encaminarse a la mesa donde Trunks se apoyaba para plantarle una senda bofetada en el rostro. La detuvo ciegamente tirando bruscamente de su muñeca hacia un lado, los ojos de ambos miraron directo y encendidos.
-Si vas a golpearme, hazlo en serio. Para hacértelo más fácil acercaré mi cara para que tengas un golpe limpio.- Terminó con la misma malicia de su padre.
Subestimó a la muchacha más de lo que debía. Trunks esperaba ver mover su brazo y no la pierna, la que empujó la mesa donde mantenía un endeble apoyo. Ya en el momento de querer restablecer su equilibrio, un puño con una fuerza que sólo el enojo puede dar lo golpeó de lleno en la mejilla, haciéndolo caer estúpidamente al suelo. Allí recordó que la fuerza muscular no es proporcional a la fuerza de las emociones.
Un 'vete de aquí' concordó con sendas lágrimas, volviéndole nuevamente la espalda. Su cabeza gacha presagiaba el llanto que se acercaba, pero esta vez no estaba de humor para ser de consolador. Camino a la puerta una voz, casi una visión, se instaló en la mente de sus recuerdos…
…Es lo que tienes que practicar para volver este desierto que está verdeciendo de poco en un bosque, y así otros puedan tomar de tu tierra y verdecer sus propios desiertos…
Las palabras vinieron como una premonición, y una ola arrepentimiento y comprensión lo inundó hasta lo sumo. Permaneció parado frente a la reducida figura caída en sus piernas que poco a poco se fusionaba con la creciente oscuridad.
-No sé por qué siempre que estás conmigo no resisto las ganas de llorar.- Balbuceó entre sollozos. - No es mi intención molestarte, por favor, no tienes por qué quedarte.-
Simplemente estrechó de aquél cuerpo al suyo en el abrazo más cálido que pudo darle.
-No, no me molesta… me siento halagado.- Contestó sedosamente mirándola a los ojos; una nueva lágrima interceptó con sus labios cuando bajaba por su blanca mejilla. Dana le dejó hacer, la balanza de sus emociones se recargó a recibir.
Despertó de golpe con la mirada ya dirigida a la ventana. Se sintió extraña, su cuerpo estaba limitado en movimientos como nunca lo había estado sobre la cama. Con la vista barrió bajo su pecho desnudo y el fuerte brazo que rodeaba su cintura, las piernas en un corto movimiento rozando con otras. Volteó en su puesto buscando una explicación a esas desconocidas sensaciones matutinas.
Las piedras más transparentes, los cristales más nítidos, adivinándose en el reflejo el pasmo de sus egos. Permanecieron hipnotizados en el otro hasta que supieron que nada impropio o incorrecto sobresalía de la conexión. Dana terminó de posar su rubia cabellera en su pecho, Trunks estrechándola aún más en el corpóreo lazo.
Ya no pudo negarlo más, a pesar de toda su lucha y toda su negativa, estaba perdidamente enamorada de ese hombre.
