XIX

Desvelamiento

-12 de Noviembre, las efemérides Sergi por favor…-

-Ehhh… ¿El descubrimiento de América?-

-¡Eso fue el 12 de Octubre idiota!-

El Saiyan rió de buena gana sorprendiendo a sus amigos; del tiempo que lo conocían nunca lo habían escuchado reír tan espontáneamente, siempre midiendo sus decibeles. La única explicación que los satisfizo era que esa risa aparecía una sola vez al año por ser su cumpleaños.

-¿Y qué vamos a hacer esta noche Trunks, ¿lucha libre en el lodo? ¿gritar groserías en el estadio? ¿Comer hasta reventar y beber hasta emborracharnos?-

-No-o, siento decirles que ya tengo mi panorama y es de a dos.-

Dan y Sergi se aliaron en encubiertas protestas, llamándolo mal amigo y egoísta.

-Ha ha, no se preocupen, eso será en la noche. Y ahora que los tengo bajo mi tirana voluntad necesito pedirles un favor… ¿me acompañarían a comprarme un traje?-

Sergi saltó de su puesto mirándolo raro, como si hubiera dicho una aberración. Trunks pareció asustarse y se preguntó si había metido la pata. Dan rió.

-POR SUPUESTO AMIGO TRUNKS, ¡QUÉ PREGUNTA ES ESA!- Sergi casi lo tira al suelo del manotazo en la espalda que le dio. -A todo esto serías un pésimo tirano, ¡qué dictador pediría un favor!... esta emoción me dio sed… ¿no quieren tomar algo antes de ir?-

-Sergi, te necesito con todos tus sentidos, además que necesito elegir algo muy especial.-

-¿Qué cosa?-

-No les diré hasta que estemos allá.-

A pesar de la infantil insistencia de Sergi fue imposible obtener la información. Sin embargo, le prometió que sería su mayor cooperador llegado el momento, acallando su ansiedad.

8 PM…

-Un momento ¡ya voy!-

Siquiera vio por el ojo mágico para ver quién tocaba; ya lo sabía. No obstante, nadie estaba al momento de abrirla, cerrando la puerta y retrocediendo extrañada. Se le salió el alma cuando volteó y lo vio ya dentro de su departamento estupendamente vestido. Camisa blanca abierta en el primer botón sin corbata, dándole un aire refrescante de rebeldía. Distinción brillaba con colleras plateadas, fino blazer negro, pantalones rectos del mismo tono con una banda de seda negra a los extremos; zapatos lustrados como espejos. Dana se sintió babear.

-¡Me asustaste otra vez, ¿por qué si me enseñaste a percibir presencias no pude saber dónde estabas exactamente?-

-Así es, te enseñé a percibir, pero no a enfocar.-

-¡Tú tonto!- Lo golpeaba suavemente en el pecho con los puños, finalmente colgándose feliz del cuello del hombre que amaba. El aroma a agua y jabón le recordó que apenas había salido de la ducha, apartándola rápido. Aún así no pudo resistir quitarle gentilmente el turbante que ocultaba su largo y sedoso cabello, usando la toalla para rodear su cintura y empujarla de los extremos, besándola efusivamente al topar con su cuerpo.

-¿Quieres que te vista yo?- Le dijo en tono libidinoso, levantando una bolsa de lo que se veía una elegante tienda. La chica exclamó en sorpresa.

-Trunks, ¿acaso me compraste un vestido?-

-No precisamente, yo solo lo elegí… Sergi y Dan hicieron todo lo demás.-

-¿Todo lo demás, ¡cuéntame, ¡¿qué estaban haciendo los tres granujas!-

Entre sonrisas le conversaba que tenía intenciones de comprarle un hermoso vestido, sin embargo, no sabía su talla. Fue allí que Sergi puso manos a la obra y le pidió a Trunks que apenas encontrara a una muchacha con la misma figura de Dana (se sonrojó) le avisara. Así Sergi se haría pasar por el diseñador que estaba de incógnito en la tienda y la trataría de convencer de probarse la prenda, chamullándole que sería un honor ver su creación en tan bella criatura. Trunks rió al acordarse como Sergi tomó unas gafas negras del mostrador para hacer más convincente su actuación.

-¿Qué, ¡mi misma figura, a cuántas mujeres tuviste que verle el… el….y los… los… bueno ¡tú sabes!- Respondió con la voz vibrante de divertida contrariedad, reanudando los golpes. Trunks hizo un débil gesto de defensa y continuó riendo.

-¡Ha ha, juro que observé lo estrictamente necesario… el caso es que la muchacha le dijo a Sergi que ningún diseñador se vestía como colegial, y así con tres más. Ya los guardias de la tienda nos tenían vigilados y Dan tuvo que salir al rescate. No tenía idea que tuviera esas aptitudes histriónicas, ¡incluso la hizo probarse hasta los zapatos!-

-¡Hump!- La chica refunfuño cruzando los brazos y torciendo la boca en molestia. A los pocos segundos sus expresiones explotaron en risas con tan solo imaginarse a los tres en semejante show y luego se suavizaron en una ensoñadora mirada.

-¡Y todo eso lo hiciste por mí!...- Lo besó en la mejilla, tomando de la bolsa y acercándose a su oído. -… sólo espérame unos minutos, yo también te tengo una sorpresa.-

Se apartó guiñándole un ojo. Trunks creyó ver las luces de la felicidad.

Se sentó en ese sillón en donde habían pasado tantas cosas, pero estaba muy inquieto para estatismos. Podía ver lo maravillosa que iba a ser esa noche, el mejor cumpleaños de su vida, imaginándose miles de cosas como un niño en Navidad. Prefirió no comer ansias, apoyando su espalda en el mesón de la pequeña cocina y en un movimiento brusco pasó a llevar unas carpetas que se asomaban por la mesa, subiendo un poco el frente de sus nuevos y elegantes pantalones para poder agacharse y recogerlos.

Era un buen taco de papeles, los que se desparramaron en la alfombra. Comenzó rápidamente a ordenarlos sin prestarle mucha atención, hasta que vio algo que le pareció muy familiar: el logo de Capsule Corp entre los documentos.

¿Por qué Dana tiene papeles de nuestra compañía? se pregunto sin desconfiar demasiado, aterrizando en el planeta después de volar en imaginerías de todo tipo. Luego recordó que su madre había vendido ciertos planos a las Empresas Nagura tranquilizándose un poco, pero aún así no encontrando conexión con Dana. Era sólo cuestión de tiempo.

Usurpación y maquinación fueron conceptos que tomaron significado apenas topó con un memorando de color amarillo engrapado a los planos, el rostro de Trunks cambiando marcadamente al fruncir su ceño.

"ENCUENTRA EL MECANISMO DE MINIATURIZACIÓN CUESTE LO QUE CUESTE"

La escritura gruesa y urgente, firmada por el mismísimo Sr. Nagura. El turbador descubrimiento lo obligó a revisar afanosamente los papeles que seguían, encontrando unos diez planos con el logo de la compañía de su abuelo y la misma orden.

Todo esto se convertía en la desagradable abertura de una alcantarilla en el sucio mundo de los negocios y las falsas apariencias. Detrás de todos los planos originales de Capsule Corp comenzó a ver los susodichos borradores del mecanismo de miniaturización. Todos y cada uno de ellos con la firma de la Jefa del departamento de Tecnología, y sobre el título, el nombre de Dana Sterling.

Hace mucho tiempo, mucho antes que todo esto comenzara, su madre en un simbólico acto le había confiado algo muy importante, lo primero que le originó pensar en una descendencia… el secreto, la razón de ser de Capsule Corp, la vida de su abuelo: el plano original del pequeño chip que permitían que las cápsulas Hoi Poi ser lo que eran. Ahora estaba allí burlándose de él, en el departamento de una persona totalmente ajena y no en el cajón del cuarto suyo donde lo había guardado celosamente.

No tardó en hilar acontecimientos. Dana se quedó en su casa y durmió en su cuarto; tuvo el tiempo suficiente para hurgar en sus cosas y robar la idea para la empresa enemiga.

Pensó que alcanzaba el último nivel de resistencia a no desmoronarse cuando finalmente llegó a un miserable trozo de papel blanco, el que originó una poderosa y quemante puntada en el fondo del estómago que casi le causó vómito. Le dio náuseas de solo pensar que todo lo que había creído a ojos cerrados era falso, el más despiadado maremoto haciendo añicos su enorme castillo fundado en la arena. Su foto y todos sus datos cerraban el horrendo capítulo, el post-it adherido esta vez lucía letras negras y bien remarcadas.

"averigua todo lo que puedas de él, sus planes y su compañía A CUALQUIER PRECIO".

A cualquier precio…

Ahora todo tenía sentido, sus expresiones de un miedo indescriptible cada vez que lo veía y su gradual acostumbramiento, todos caminos para finalmente alcanzar su objetivo. Se sintió usado y un perfecto imbécil, habían jugado con sus sentimientos y reacciones tal como un científico con ratas de laboratorio en un análisis de estímulo-respuesta. Fue una víctima hecha a la medida de la infinita maldad en tiempo de paz.

-Trunks, muchas gracias, ¡es precioso!-

Apareció en el living girando sobre sus talones, un vestido de corte oriental de una exquisita seda roja la hacía parecer una princesa. El Saiyan reaccionó a su voz con un marcado estremecimiento, aún mostrándole la espalda

-¿Trunks? ¿Estás allí?-

No necesitó de mayores explicaciones, el papel arrugado con la empuñadura de su mano caía a sus pies como un ave herida. El rostro de la chica cambió totalmente.

-Trunks, no, no es lo que piensas, yo iba a explicártelo todo ahora, ¿no viste el certificado de renuncia que venía después de ese papel, por favor, dime que lo viste.-

-Ya vi lo suficiente.- Contestó sepulcralmente dirigiéndose hacia la puerta sin mirar atrás.

-Trunks, por favor escúchame, esta era la sorpresa de la que te hablaba, ¡por favor escúchame!-

Si quiso detenerlo no produjo resultado, el visitante iba a la puerta de salida como alma espantada por el diablo. Dana se apresuró en sacar el certificado aludido mientras Trunks caminaba raudamente para tomar el ascensor, su cabeza gacha y oscura.

-¡Espera por favor Trunks! - Dejo ir en una lastimosa súplica como si fuera a perderlo para siempre, alcanzando a tomar de su brazo.

-¡SUÉLTAME!-

Un furioso escape de energía y una voz cargada provocó el quiebre de artefactos de vidrio más próximos, y haciendo casi a Dana caer al piso. Era otro ser el que la miraba de vuelta, un demonio con el cuerpo del hombre del que se enamoró perdidamente. Sus naturales arrugas de la frente, entrecejo y comisuras se profundizaron al máximo en marcados surcos, los ojos brillantes de rencor y los dientes apretados uno contra otro completaban un rostro desfigurado.

Sólo bastaron segundos para que una sensación repugnante tomara lo mejor de él mientras contemplaba ese rostro que una vez consideró su salvación. Apenas pudo articular lo que serían sus últimas palabras, las que se volvieron crueles insultos.

-¡¡¡No te me acerques nunca más, ramera asquerosa!-

Le habían rajado lenta y alevosamente el corazón con el oxidado puñal del odio, las lágrimas fundiéndose con la sangre que se filtraba entre los laberintos de sus emociones y llevándose lo último de sus fuerzas. Sus piernas cedieron enterrándose vidrios en sus rodillas y en las palmas de las manos. No los sintió, su espíritu estaba tan destruido que dudó poder levantarse para buscar la salida a ese abismo en el que estuvo sumida tanto tiempo, y del que estaba a punto de salir. Ahora sentía hundirse sin retorno hasta el 7mo infierno.

Tenía razón, los viejos miedos del principio se volvieron más reales que su propia vida, el miedo que nunca podría ser feliz. Voló y voló a una velocidad inestimable, hasta sentirse cansado de hacerlo, su cuerpo a punto de explotar de fuerzas negativas. Llegó el momento que no pudo resistirlo, se detuvo con el cuerpo convulsionado y sudando frío, su rostro prieto en contención…

-¡¡¡POR QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!-

Gritó hasta quedar afónico, hasta que las fuerzas lo abandonaran, hasta que su colosal ki que hizo el terreno aledaño destruirse quedara reducido a apenas una llama prendida por un fósforo mojado. Cayó como un muñeco de trapo en sus rodillas, apretándose el estómago con una mano para tratar de contener el dolor que terminaba en la garganta junto con desgarradores llantos, tumbándolo al suelo derrotado en la más traicionera batalla de su existencia.

-¿Qué significa esto? Por qué me tiene que ser de interés esta persona.-

-Es parte de su trabajo.-

-¿Que dice? Ud, no puede obligar a un empleado a hacer esto, y si se me pidiera no lo haría, ¡esto es chantaje! -

-Srta. Sterling… ¿Por qué cree que le pagamos el curso en la Universidad…? Considere que somos la única empresa mundial levantada en estos momentos que puede mantenerla y la única que puede manchar sus papeles para siempre.-

La aludida bajó el rostro en impotencia empuñando la mano hasta enterrarse las uñas, deseando que ese hombre hubiera sido asesinado por los androides. Dijo que lo pensaría, no pudiendo dormir en toda la noche. Sus peores temores se hicieron reales al próximo día, la persona del papel tropezó directamente con ella. Deseó con todo su ser no verlo nunca más, sin embargo el destino fue irónico…. Finalmente se propuso tener terminantemente prohibido establecer cualquier relación amistosa y mucho menos enamorarse de la presa de Nagura. El destino fue más irónico aún...