Para Alba Chan que me adivinó el pensamiento.
Advertencia: todos los chicos van a cambiar en adelante, así que no me reclamen si sus personalidades han cambiado rotundamente ¿De acuerdo?
Cinco corazones en un mismo sueño.Estaba casi todo el consejo Yayuki, ya sólo faltaba Heero puesto que su padre se había sentado con sus hijos a revisar los planes para el día siguiente hacía poco rato. Cuando el último de los hijos llegó se veía relajado pero cansado.
- Mejor no preguntar qué hacías – le dijo Midachi preocupado – debiste descansar.
- No te metas en lo que no te importa ¿quieres? Yo veré que hago con mi vida.
- Luego vas a salir con que quieres ser el siguiente duque – dijo Tomochi.
- Cállate o te meteré un tiro por la bocota,
- Que genio – dijo Taichi – pero no estamos aquí para pelear, sino para ver lo que haremos mañana y quienes serán los encargados del trabajo ¿no es así, abuelo?
- Cierto, pero no deberían provocar a Heero, será su decisión lo que mueva al futuro, después de todo, fue él quien evitó que la Tierra entrara en un período de hielos eternos nuevamente ¿no es así, muchacho?
- Era mi deber hacerlo – se encogió de hombros – cuando se cambio el plan meteoro original se nos ordenó proteger a los civiles, destruir a Oz y no a la Tierra.
- Fuiste entrenado como soldado, así que cumpliste con tu deber.
- Y no dudaría en volver a hacerlo – afirmó.
- Bien, entonces estás completamente involucrado en la fantasía principal – miró a los otros jóvenes – hay tres personas que desean lo mismo, ser lo que no pudieron ser a causa de la guerra, así que los cinco volverán a la infancia, vivirán en un mundo en el que su única misión será ser niños y reencontrarse con sus amores. Heero, debes tener presente que no recordarás lo que ha pasado hasta ahora, serás un niño normal, pero quiero que sepas que tus energías son vitales para el cumplimiento de este sueño.
- Misión aceptada.
- ¿Nunca vas a dejar de pensar como soldado?
- Yo viví la guerra desde adentro, Tomochi, desde muy pequeño fui entrenado como el arma perfecta, mis habilidades innatas me pusieron a la cabeza de muchas operaciones de alta peligrosidad, puse en riesgo mi vida y me vi obligado a matar para no morir. Dime, Taichi, tu que eres psicólogo ¿existe alguna posibilidad que yo olvide a quienes tuve la desgracia de matar?
- Sólo que te diera amnesia.
- Allí tienes tu respuesta.
- Pobre hermanito – dijo Akito abrazándolo – así que ahora debes disfrutar minuto a minuto esta fantasía, serás el niño que debiste ser ¿de acuerdo? Y nosotros nos haremos cargo del resto.
- Claro que sí, hermano.
- ¿A él lo llamas hermano y a nosotros no? – le dijo Midachi exaltado.
- A él lo respeto, a ustedes no – replicó – además, ustedes, en especial Tomochi y tú, me están tratando de quitar a Dúo a base de regalos costosos, mimándolo en montones de cosas que antes yo no podía darle por más que trabajara como energúmeno ¿Crees que eso esté bien de parte de ustedes?
- No pretendíamos quitártelo, simplemente hacerlo sentirse a gusto con nosotros.
- Pues lograron que yo me sintiera mal con ustedes.
- Pobre Hee-chan – le dijo Taichi – mira, como de ahora en adelante vas a olvidar por un tiempo que fuiste soldado ¿por qué no te dejas mimar por nosotros?
- Dios me libre – replicó.
- Eres peor que Aki-chan – le dijo Tomochi y vio la mirada asesina que le lanzó el aludido – en fin, veremos que pasa luego, después de todo no pensarás igual si te acostumbras a la familia.
- Bien, Heero, quiero que lleves a tus amigos al invernadero sin decirle de qué se trata, empezaremos a prepararlos para la fantasía haciéndolos olvidar todo, esa es tu misión, mantener un lazo con la realidad.
- Pero, abuelo, sí él mantiene ese lazo…
- Heero, quiero que te olvides rotundamente del presente – le dijo mirándolo fijamente a los ojos y los de Heero se pusieron extraños – lleva a tus amigos al invernadero y pídeles que se sienten alrededor del reloj de flores en el siguiente orden a favor del reloj: Tú primero, luego tu esposo, luego tu amigo Trowa, tu amigo Quatre y finalmente tu amigo Wufei.
- Como ordene – respondió de manera automática y salió.
Dúo vio a Heero entrar en la sala de descanso donde estaban ellos cuatro reunidos y lo vio un poco extraño, sin embargo, lo que más le llamó la atención es que no cruzara su mirada con la de Trowa, al contrario, evitó mirarlo y fue directamente con él.
- ¿Pasa algo malo, amorcito?
- Me pidieron que fuéramos al invernadero – le dijo con voz neutra.
- ¿Para qué? – le dijo Quatre enfadado, cada día le agradaba menos el japonés, después de todo siempre tuvo la esperanza de conquistar a Dúo dándole lo que Heero no podía y ahora resultaba que él sí podía dárselas y con creces, porque podía hacer sus sueños realidad.
- Sólo acompáñenme – respondió sin ponerle ninguna inflexión en la voz y Trowa alzó las cejas extrañado, definitivamente allí había algo raro y debía averiguarlo.
- Está bien – asintieron todos y lo siguieron mientras Quatre caminaba un poco rezagado de ellos, tenía que haber algo que lo ayudara a conquistar a Dúo.
En el invernadero Heero se detuvo junto al reloj de flores y los hizo sentarse alrededor del mismo: él quedó a las 12; a su lado, Dúo, a las dos; Trowa, a las cuatro; Quatre, a las seis; Wufei a las ocho; y el último lugar lo ocupó Relena.
- ¡Que hace esta arpía aquí! – chilló Dúo molesto.
- Me invitaron a participar de una extraña ceremonia – le contestó ella – ¿Verdad, Heero mío?
- ¡Heero no es tuyo, es mío!
- No te exaltes, sólo siéntate, cuando antes comencemos, todo estará terminado – le dijo Heero y cerró los ojos. Dúo, furioso lo imitó junto con los demás.
EL INICIO DEL SUEÑOHeero se sintió extraño, como si flotara por el espacio, y luego no había nada, sólo un recuerdo vago que lentamente comenzó a alejarse de su mente hasta desaparecer por completo, como si nunca hubiese existido.
- ¡Hee-chan, despierta! – lo remecía un chico de unos dos años mayor que él e idéntico, como calcado – vamos a jugar a las escondidas con los demás.
- Tomo-chan, yo sueño – le contestó molesto dándose media vuelta y volviendo a dormirse.
- Que aburrido eres – le dijo el niño de cuatro años y salió al jardín a jugar con sus otros tres hermanos.
- Heero ¿no juegas con tus hermanos? – le dijo una mujer muy bonita y bien cuidada – ellos están jugando a las escondidas.
- Yo sueño, mamá – le dijo bostezando.
- Bueno, duerme, te despertaremos cuando sea hora de comer.
- Mamá está bonita ¿dónde va?
- Mamá tiene una cita esta tarde, así que saldrá, pero te traerá un regalo ¿de acuerdo?
- Mamá no deja solos, papá enoja.
- Pero tu papá no quiere que salgan de casa y yo debo ir a aquella cita o perderé la oportunidad – suspiró – estaré ausente lo menos posible, no le vayas a decir a papá ¿eh? No queremos que se enfade
- Hee-chan sigue durmiendo – le contestó y volvió a dormirse, estaba cansado y no sabía por qué.
Dúo estaba sentado a la orilla de un camino a la salida de la cuidad, era un pequeño desarreglado con la carita sucia cuando aquella pareja lo encontró, le preguntaron su nombre y les dijo Dúo, pero nada más. Ellos se contactaron con la policía y buscaron a sus padres sin resultado alguno, así que al final lo adoptaron como suyo y lo criaron como un niño decente. Eran ellos Harry Maxwell y su esposa Helen, quienes lo mandaron a una excelente escuela que había en la colonia donde vivían, aunque el muchachito era demasiado extrovertido y solía meterse en problemas dado que le gustaba hacer bromas a medio mundo.
- Eres un muchachito travieso – le dijo su madre divertida – creo que te vamos a enviar a otra escuela.
- ¡No, no quiero perder a mis amigos! – le reclamó molesto. Y era que Dúo Maxwell había crecido mucho en esos más de seis años, junto con su cabello que insistía en mantener muy largo y trenzado, y se había hecho de muchos amigos en la escuela de L2, pero era un peligro público, según el decir de sus maestros.
- Puedes mantener contacto con ellos, pero te mandaremos a estudiar a una escuela especial en la Tierra – le dijo su padre.
- ¡No quiero ir! – reclamó.
- Mira, Dúo, hagas el berrinche que hagas, irás de todas maneras a esa escuela – le dijo él con firmeza – es tu decisión si quieres que tu trenza te acompañe allá.
- Pero, papá... – gimió tomándose el pelo.
- Ya sabes, si vas por las buenas, te quedarás con ella, sino... te despides de ella.
- Que malo eres – gimoteó – me voy por las buenas.
- Bien, podrás despedirte de tus amigos mañana, por la tarde te iremos a dejar a la escuela. De seguro allá conocerás a muchos amigos nuevos – le dijo su madre.
- Si, mamá – se volvió y se encerró en su cuarto a llorar.
- Creo que no ha sido buena idea – dijo Helen.
- Tal vez ahora no lo parezca, amor, pero será bueno para él cambiar de ambiente, verás que, pese a su pataleta, se acostumbra luego.
- Espero en Dios que tengas razón.
Trowa estaba sentado mirando por la ventana mientras viajaba rumbo a la Tierra, sus padres lo habían enviado a aquel internado por las excelentes calificaciones ya que sentían que en la colonia se desperdiciaría su inteligencia y, pese a haber reclamado que sólo tenía ocho años, se la había visto feas y terminó por irse al famoso colegio donde su hermana estaba por terminar la escuela.
- Espero tener buenos amigos aquí – suspiró mirando la pista de aterrizaje. Un poco más allá estaba un niño rubio aferrado a la cintura de su madre, se notaba que no estaba nada de feliz con quedarse en la escuela.
- Pero, mami, yo no quiero quedarme solito – lloriqueaba.
- Mi pequeño Quatre, debes ser fuerte, es tu mejor opción de estudio.
- ¿Por qué no puedo tener un tutor como mis hermanas y quedarme contigo?
- Porque ellas son mujeres y tú eres el único varón de la familia.
- Pero, mami – intentó una vez más.
Trowa se volvió a mirar a otro lado, el chiquillo ese era un llorón sin remedio, y se fijo en un joven que estaba de pie asintiendo a cuanto le decía una mujer mayor, que parecía ser su abuela, a su ver.
- Espero que te comportes en la escuela, mi querido Wufei, como próximo líder del Clan Chang no te pueden estar expulsando de cada escuela a la que llegas.
- Lo siento, abuela, sólo que me pareció injusto el castigo que me querían imponer, yo no hice nada malo – se defendió.
- Pues creo que debes cuidar un poco tu sentido de justicia, pequeño dragón.
Un poco alejado de ellos venía un grupo de jóvenes casi calcados unos a otros, cinco varones y una niña, se notaba de lejos que eran hermanos.
- Y no quiero que hagan más travesuras – les decía un hombre mayor que debía ser el padre – en especial ustedes dos, Midachi y Tomochi, no sé cómo no los han expulsado cien veces de la escuela por todas las locuras que hacen. Además, este año van a tener que cuidar a Heero y a Mara, no quiero tener reclamos de ninguno ¿entendido?
- No se preocupe, padre, yo me haré cargo – dijo el mayor.
- Yo hubiese preferido seguir estudiando en la colonia.
- Heero, eres demasiado inteligente para aquellos maestros, estoy seguro que aquí podrás extender tus conocimientos a tus anchas.
- Siempre que me dejen estudiar – dijo mirando a sus hermanos mayores que pusieron cara de santos – cuando iba a realizar el examen de nivelación estos – señaló a los hermanos que el padre mencionara – me quitaron el texto de estudio y no supe de él hasta después del examen, menos mal que todo lo sabía.
- Mira, si tienes problemas con ellos, me llamas.
- ¡Papá, le vas a dar permiso de llamarte!
- Es lógico – dijo el mayor muy serio – es el genio de la familia, tiene todos los privilegios que ustedes perdieron.
- Habló el próximo duque – dijeron entre dientes.
- Los detesto – les respondió.
- ¿Papá? – le dijo la chica sonriendo – ¿cuándo nos veremos de nuevo?
- Esperemos que para vacaciones, si es que alguno no se enferma o es expulsado antes – suspiró – compórtense, chicos.
Trowa los miró con curiosidad y se fijó en los uniformes. Se notaban que eran estudiantes de la misma escuela, los tres menores eran de primaria, uno de secundaria y los dos mayores de preparatoria, la diferencia era en el tono de las chaquetas, los que iban en primaria la llevaban de un tono celeste, el de secundaria de un tono más oscuro y los de preparatoria, azul cobalto.
- ¡No me gusta el uniforme! – gritó otro muchacho bastante molesto – parezco...
- Ay, sí, al niño no le gusta verse de celeste porque se le nota lo marica ¿verdad? – dijo otro chico y recibió en respuesta un buen golpe en la nariz, pero no era del chico que se quejaba, sino que del varón menor de los hermanos.
- Hola, soy Heero Yayuki – le dijo haciendo una leve inclinación de cabeza – veo que vamos al mismo nivel.
- ¿Otro Yayuki? – dijo el golpeado tocándose la nariz – ya tenía que aparecerse uno de los malditos colonos.
- Eres un descerebrado, Julian Roswell – dijo uno de los hermanos mayores de Heero – insultas a los colonos espaciales y aquí hay muchos de nosotros, pero creo que sólo bastará el menor de los Yayuki para hacerte cerrar la bocota.
- Estos chicos – dijo su padre apartándolos – por ahora los defenderé porque también me llega el insulto de este muchachito insolente, pero quiero que se vayan de inmediato al autobús del internado y no comenten con nadie respecto de lo que ustedes saben.
- ¡Hai! – Dijeron los seis y se llevaron al trenzado consigo.
- Sus hijos son muy divertidos, señor – le dijo Trowa y los siguió caminando junto al rubio llorón y al pequeño dragón.
- Lo sé, lástima que sean tan desordenados – suspiró y se marchó.
El salón de clase estaba revolucionado, había cinco chicos nuevos en el grupo y se peleaban por quedar con uno de ellos al lado, en especial Dúo, que le sonreía a cuanto lo miraba y lo invitaba a sentarse a su lado.
- Bien, jóvenes – dijo un hombre algo mayor que parecía ser el director de la institución – hay cinco alumnos nuevos en la clase, los voy a presentar, así que pónganse de pie cuando los nombre: Trowa Barton, vienes de L3 ¿verdad? – el chico asintió – Wufei Chang, de L5 – el chino asintió – Dúo Maxwell, de L2 – el trenzado sonrió ampliamente – Quatre Rabberba Winner, de L4 – el rubio se ruborizó intensamente – y Heero ¿Yayuki? No me digas que eres hermano de los jóvenes de L1.
- Supongo que debe de conocerlos muy bien – dijo muy divertido viendo como palidecía ostensiblemente – soy uno de los menores, tengo otra hermana después de mí – asintió.
- Espero que usted resulte menos complicado que sus hermanos – le dijo a modo de advertencia – o pasará mucho tiempo en la sala de castigo junto a sus hermanos mayores.
- Bueno, si usted quiere intentarlo – le dijo sentándose en su puesto y una risita por lo bajo se escuchó en el salón. Las travesuras de los cuatro hermanos mayores eran legendarias, casi siempre se salían con la suya y jamás habían encontrado pruebas reales que fueran ellos los culpables de tal o cual percance sufrido por algún distraído y estirado aristócrata compañero, cosa que les había dado la fama de pillos – pero debo decirle que yo vengo a estudiar.
- Me parece muy loable su intención – le dijo- los dejó con su maestro titular.
- Quisiera conocer a todos tus hermanos – le dijo Dúo divertido – ¿viste la cara del viejo cuando mencionó tu apellido? Si parecía que estaba frente a su peor pesadilla.
- Pues realmente creo que mis hermanos lo han de ser – se encogió de hombros – en especial Midachi, Taichi y Tomochi, que son los del medio.
- Ellos estaban en la plataforma ¿verdad? – le dijo Trowa.
- Si, los de uniforme oscuro son Akito y Midachi, ellos van en tercero y primero de preparatoria respectivamente, luego está Taichi, que está en segundo de secundaria, Tomochi, yo y Mara que estamos en primaria, en sexto, cuarto y segundo grado, respectivamente.
- ¿Por qué les aceptan si tienen tan mala reputación? – le dijo Wufei.
- Somos nietos del dueño de la escuela – se encogió de hombros – y nada han podido probar en contra de mis hermanos como para poder expulsarlos.
- ¿Eres nieto del Duque de Dermail? – le dijo Dúo en voz alta.
- Silencio, no quiero hacerme de indeseables – lo hizo callar – mis hermanos no le han dicho a nadie de esto, así que no quiero que se lo cuenten a nadie más, no queremos que piensen que estamos aquí solo por eso y no por nuestros propios méritos.
- Pues creo que debe haber más de alguno que se aproveche de su "posición social" para obtener lo necesario para estar aquí – le dijo Trowa mirando a un chico de más adelante – pero tal vez sólo estoy especulando.
- Bien, jóvenes, vamos a empezar con la clase – dijo el maestro y todos se dedicaron a escuchar lo que decía el profesor que se extrañó que no fuera interrumpida pese a que había un Yayuki en la Clase, pero tal vez este chico tenía mejores modales que sus hermanos.
El día había estado bastante tranquilo, cosa que le pareció extraña a los maestros siendo que había dos nuevos Yayuki en el internado, pero, al parecer, estaban planeando algo grande, después de todo ¿cómo iban a estar tan tranquilos?
Heero se sentó en el pasto relajado, era una tarde demasiado agradable como para quedarse encerrado estudiando, y menos cuando era el primer día de clases, hubiese preferido que lo dejaran participar de algún club de deportes, pero se había enterado que cualquier reunión con sus hermanos, fuera donde fuera, debía ser reportada de inmediato a rectoría y no quería meterse en problemas tan pronto.
- Hola ¿qué haces aquí tan solito? – le dijo Dúo sentándose a su lado – te hacía con tus hermanos por allí.
- "Las reuniones entre los jóvenes de apellido Yayuki quedan estrictamente prohibidas si estas no cuentan con la debida autorización de la rectoría y la presencia de algún profesor o inspector. Ellas deben ser inmediatamente reportadas por los alumnos y estos quedarán inmediatamente suspendidos"
- Pero, eso no es justo, tú no has hecho nada malo.
- Espera que el Duque de Dermail se entere – sonrió malvado – ellos me pueden prohibir que me reúna con mis hermanos por medio de un decreto de rectoría, pero no pueden evitar que de todas maneras mantenga contacto con ellos.
- ¿Y cómo se supone que vas a hacerlo?
- Simple, la escuela tiene un sistema de redes interconectada a todos los equipos dentro de la escuela y todos tenemos una terminal en nuestras habitaciones, tu y yo compartimos una, así que será cosa de enlazarnos a las de mis hermanos sin que lo sepan y listo.
- Pero de seguro los tienen vigilados también.
- Sería cosa de averiguarlo – se levantó – ¿vienes? – le tendió la mano y lo ayudó a ponerse de pie. Pero algo raro pasó, sintió como una corriente pasaba de la mano del trenzado hacia la suya y le nacían deseos de no soltarla jamás.
- ¿Me devuelves mi mano? – le dijo Dúo sonrojado y Heero lo soltó como si lo quemara, pero le había gustado la sensación.
- En cuanto a la computación soy algo autodidacta – le dijo tratando de controlar el deseo de volver a tomarlo de la mano – aprendí muchos trucos con mi madre, pero la mayoría los descubrí solo curioseando.
- ¿Cómo cuales? – dijo preocupado.
- Bueno, puedo instalar dentro de una red privada otra red espía sin que sepan que estás trabajando sobre ella, cambiar ordenes de acceso, traspasar archivos, bloquear accesos y contraseñas, cosas así.
- Pero de todas maneras deben tener alguna manera de controlar la terminal que tenemos nosotros – insistió Dúo.
- Es posible, pero yo tengo mi propio equipo – entraron en la habitación y Heero cerró la puerta – esto es lo que pasé de contrabando – le sonrió y sacó del forro de su maleta un portátil de última generación – no son tan astutos como creen – se sentó frente a la terminal y la encendió, al principio le pidió una clave y le dio la que le dieran del colegio – está bastante restringido el acceso, no puedo acceder más que a las bases de datos de la biblioteca.
- ¿Y mi cuenta? – le dijo Dúo entregándole su clave.
- No se vale, puedes entrar hasta la sala de multimedia, acceder a casi toda la información institucional y tienes tu propia cuenta de correo.
- ¿Qué vas a hacer ahora? – le dijo sentándose a su lado.
- Si es lo que quieren, les mostraré todas mis habilidades, no tendrán ni la más remota idea de lo que pasó.
- Eso no me suena a nada bueno – dijo el trenzado preocupado.
- Je, je, supongo que no lo es – se sonrió – venga, observa como conecto mi red personal – se desconectó del sistema central y sacó hacia atrás la CPU tomando el cable – solo necesito poner un doble cabezal – le dijo sacando de su bolsillo lo que parecía ser una navaja suiza, cortó el cable e hizo las conexiones necesarias – veamos si me resulta – encendió su portátil y le dio la conexión – estamos listos ¿quieres probar?
- Estás loco, si te pillan de seguro te van a expulsar.
- Si, es posible, pero estoy seguro que no lo harán – comenzó a teclear – anda, ingresa a las bases de datos de los alumnos.
- Bueno, pero no me vayan a castigar por tu culpa.
- No lo harán – sonrió de nuevo viendo como el sistema le entregaba todos los datos necesarios para hackear el sistema – sigue navegando, haz lo que quieras, yo intentaré hacer el lazo con mis hermanos y desbloquear sus sistemas.
- Insisto en que estás bien loquito – lo regañó, pero hizo lo que le decía.
El colegio había estado demasiado calmado durante los primeros dos meses de clases y eso mantenía a los profesores con los nervios de punta, sentían que era la calma que presagiaba la tormenta, pero no podían hacer nada, nadie tenía datos que los jóvenes Yayuki estuvieran planeando algo, incluso hasta sus compañeros vigilaban a los amigos de todos y nada parecía estar mal. Sin embargo, Heero había conseguido infiltrarse en los sistemas de redes y se comunicaba a diario con sus hermanos, que estaban orgullosos de su inteligencia puesto que ahora tenían acceso a lo que quisieran sin tener que hacer el engorroso trámite de ir a rectoría a solicitar una autorización que casi siempre les negaban.
- El colegio ha estado muy tenso últimamente – le dijo Tomochi divertido a través del chat – veo a los profesores saltar cada vez que me acerco a alguno.
- Y que decirte de mí – dijo Midachi – creen que en cualquier momento va a estallar una bomba.
- Y no pueden hacer nada en contra nuestra – le dijo Taichi – no saben que nos comunicamos así.
- Lo único que me preocupa es que algún extraño entre en nuestras habitaciones justo en el momento que estamos conectados – dijo Akito.
- A Dúo no le agrada todo esto, creo que tiene miedo que lo expulsen.
- Supongo que debe de tener razón, nosotros estamos protegidos de alguna manera por nuestro apellido, pero no sería lo mismo con él, si nos descubren de seguro lo acusan de cómplice nuestro por no hablar de nuestras actividades extracurriculares.
- Creo que vamos a tener que hacer algo, aunque sea sólo un distractor – dijo Heero – ¿saben? Uno de los muchachos del marqués de Cantabria tiene acceso ilimitado hasta de los informes de notas, puede acceder a los exámenes mucho antes que los demás y por lo mismo mantiene las más altas calificaciones.
- Ya decía yo que no podía ser más inteligente que tú – dijo Midachi.
- Bueno, creo que podríamos hacer algo en su contra, no algo grave, pero sí lo suficiente como para bajarlo del pedestal ¿no les parece?
- ¿Qué vas a hacer?
-Je, cambiar a última hora el examen – se rió – haré que Dúo se saque la mejor nota del curso sin que este se entere.
- ¿Vas a alterar las notas?
- Por supuesto que no, pero él y yo vamos a estudiar el verdadero examen y el marqués, que al parecer sólo se estudia las respuestas del examen, se las va a ver feas. Y ni siquiera va a poder reclamar o todo el mundo se va a enterar que ha estado haciendo trampa para ser el mejor.
- Pues podrías hacer algo mejor – dijo Akito pensativo – envía el temario del examen a todos tus compañeros como si fuera de parte del profesor ¿Te imaginas que a todo el curso le vaya bien y a él no?
- Y ni siquiera va a saber quién tuvo la culpa, todos saben que no tenemos acceso a esos datos porque nuestras terminales están "restringidas"
- Me parece buena idea, me pondré a hacerlo, pero creo que es mejor que se desconectan por el momento, mi sistema de vigilancia me da el alerta, alguien va a tu habitación, Tomochi.
- Ok, veremos como te fue en el tablero de resultados – se despidieron y sólo Heero siguió trabajando – bien, la maldad está hecha – sonrió enviando los temarios a todos los alumnos – ahora a trabajar en la biblioteca.
Dúo estaba sentado comiendo con el resto de sus amigos cuando Heero llegó con un grueso libro bajo el brazo. No era raro verlo así, por lo mismo nadie prestaba mayor atención cuando lo hacia, pero nadie se preocupaba de ver qué libro andaba trayendo.
- ¿Qué estudia, joven Yayuki? – le dijo un inspector.
- Química, señor – le mostró el libro – en unos días tendremos examen y quiero obtener una buena calificación.
- Ah, si sus hermanos mayores fueran como usted – se marcho y no vio la sonrisa maligna que se dibujaba en sus labios.
- Si supera que soy igualito a ellos – se rió en voz baja.
- ¿En serio estás estudiando eso? – le dijo Trowa divertido.
- No, sólo lo hacía para despistar – sonrió y abrió el libro – no es de química, al menos no de la química que él cree.
- ¿Y de qué tipo de química se trata? – le dijo Quatre.
- La que hay entre dos polos opuestos, entre parejas.
- ¡Pervertido! – dijeron Trowa y Wufei a la vez.
Dúo lo miró divertido, Heero era del tipo que le gustaba investigar cosas extrañas, tenía curiosidad acerca de las cosas de la vida, pero también otros intereses diversos, como la computación, la mecánica, la equitación, la esgrima, los deportes, etc.
- Bueno ¿qué hay de cenar hoy?
- Francesito a la carta – dijo Wufei molesto – o sea, por la ventana, por el balcón o por el desagüe, como mejor te parezca.
- ¿Qué te hizo ahora?
- "Con el pelo suelto pareces niñita, lindo chinito, así me gustas más"
- Si será idiota – dijo Heero – si quieres me puedo vengar de él.
- Heero, no quiero que te suspendan – lo regañó Dúo – sabes que las travesuras están prohibidas.
- No seas aburrido – le dijo sonriendo – solo será eso, ni siquiera me relacionará con ella y se cansará de acosar a Wufei, lo estoy cuidando para alguien más.
- Dúo, te preocupas demasiado de él – le dijo Quatre que era tan tímido que casi no hablaba pese a pertenecer al grupo.
- Por eso dicen que es mi novio – dijo Heero – pero es algo molesto, no me deja hacer nada divertido.
- Andar molestando a los demás no es de un buen cristiano.
- ¿Y quien quiere ser un buen cristiano? – le dijo él divertido – yo quisiera ser un agente secreto o un doble espía, hacer algo grande y divertido con mi vida.
- ¿Y si te llegarán a descubrir? ¿Acaso no te das cuenta que arriesgas te demasiado? – lo regañó muy serio.
- Pues así no me gustas – le hizo un gesto muy infantil para abrazar a Quatre – tu no te opondrías a mis deseos ¿verdad?
- Eres insoportable – le dijo y se levantó – te odio – le dijo y se fue corriendo.
- Dúo, espera – salió detrás de él.
- Esos dos no tienen arreglo – dijo Trowa mirando a Quatre que los seguía con la mirada totalmente sonrojado – creo que van a terminar juntos.
- ¿Crees que le guste a Heero? – dijo Quatre ignorando su afirmación.
- Quatre, Quatre – le dijo Wufei moviendo la cabeza – ¿en serio te gusta Yayuki?
- Bueno, se que lo hace por molestar a Dúo, pero es tan tierno conmigo.
- ¿Se te salió un tornillo acaso? – le dijo Trowa molesto – tú mismo lo has dicho, lo hace para molestar a Dúo, no porque tú le gustes.
- ¡Eres cruel! – le dijo dándole un golpe que lo dejó en el suelo y se fue llorando por el lado contrario donde estaban Heero y Dúo.
- Buena la hiciste – se burló el chino – así no vas a conquistarlo nunca.
- Como si yo quisiera conquistar a semejante espécimen.
- A mí no me engañas, te uniste al grupo o, porque te gusta Yayuki o porque te gusta el rubio, porque según yo recuerdo él se acercó primero al trenzado y después al árabe llorón.
- El árabe llorón tiene nombre y se llama Quatre – le contestó.
- Pero eso no le quita que sea un llorón ¿verdad? – y en respuesta recibió una mirada asesina de parte del latino.
En eso regresó Heero con una marca en la mejilla.
- Te fue mal – afirmó Wufei divertido – no deberías provocarlo así.
- Lo sé, es que se pone tan serio, no me gustas así, quiero que sea un chico alegre, es como si un alma triste habitara dentro de él, casi nunca sonríe, no se divierte, no quiere salir conmigo pero tampoco me deja salir.
- Pero deberías de dejar de usar a Quatre para enfadarlo – le dijo Trowa – el cree que tú lo buscas porque puede ser que te guste.
- Y tú te pones celoso – dijo Heero mirándolo y el latino se sonrojó – hablaré con él, no quisiera que resultara herido por mi culpa.
Dúo se paseaba furioso por los jardines de la sección de primaria, detestaba que Heero fuera así con él, que cada vez que tratara de protegerlo, de hacerlo enmendar su camino, le coqueteara a Quatre, como si el árabe pudiera ser mejor que él, aunque, quizás, si él se pareciera un poco al rubio Heero dejara de hacer tonterías y pudiera influir más en él.
- Heero – escuchó un suspiro. Normalmente no lo habría hecho, pero cualquier cosa que estuviera relacionada con su compañero de habitación lo hacía ponerse alerta – eres tan lindo y tierno.
- Quatre – dijo entre dientes – no creas que me lo vas a quitar, a Dúo Maxwell nadie le arrebata lo suyo.
- Quizás pueda conquistarlo, Dúo no es nada de amable con él – seguía pensando en voz alta sin percatarse que Dúo lo escuchaba oculto detrás de un grueso tronco – Dúo no se da cuenta, Heero requiere de una persona alegre, divertida, amable que lo haga ver las cosas de otra manera, no un amargado como él, yo podría mostrarle tantas cosas...
- ¡Ni jures que voy a dejar que te quedes con Heero! – le dijo Dúo enojado y se marchó corriendo, debía de hacer planes inmediatos para ganarse el corazón de Heero de manera definitiva, nadie, absolutamente nadie, fuera hombre o mujer, le iba a arrebatar el corazón de Heero, aunque tuviera que cambiar del cielo a la tierra para lograrlo.
"Tengo que cambiar, mi madre siempre me dijo que yo debía ser un niño serio y bien portado, pero ¿a quién le voy a gustar así? Al menos a Heero no, y él es el único que me interesa que se fije en mí, así que si quiere un chico extrovertido, voy a serlo, si me quiere sonriente, así seré, seré el mejor para conservarlo a mi lado y ese niño tonto de Quatre ni va a verme ni el polvo".
Entró en su habitación y se sentó a revisar su correo, allí encontró el temario para el siguiente examen, se decidió no más verlo, obtendría una A, a como diera lugar y luego saltaría de contento y besaría a Heero delante de todos, daría volteretas, cualquier cosa, lo que fuera con tal de llamar su atención.
Planeando todo estaba cuando recordó la novela que se había encontrado botada junto a su casillero, no la había ni mirado, había estado más preocupado de lo que estuviera planeando Heero que de cualquier otra cosa, pero ahora la sacó de su bolsillo y le comenzó a leer atentamente, tanto que ni cuenta se dio que la hora avanzaba y de que no había cenado por su pelea con Heero.
Quatre regresó al comedor sonriendo, si Dúo se quería poner en ese plano, le haría la guerra, aunque sólo fuera para divertirse, ya que realmente lo había sentido a sus espaldas, su corazón nunca lo engañaba y si lo hacía era para aprovechar de molestar a Trowa quien era el que realmente le interesaba. Pero dentro de él persistía la duda, el latino ¿se había acercado al grupo por él o por Heero? Si era por el japonés, llevaba las de perder, aunque quizás no tanto, estaba seguro que Heero terminaría enamorado como loco de Dúo.
- Miren lo que tenemos aquí – dijo un joven con acento marcadamente francés – es el pequeño árabe – dijo en un tono bastante peculiar – y hueles a pastel ¿qué tal una mordidita?
- Ni de chiste – le dijo tratando de alejarse de él pero lo atrapó de un brazo – suéltame ¿quieres? – intentó soltarse y se percató que Wufei lo había visto – te vas a meter en problemas – le advirtió.
- Creo que Winner no está muy contento de que lo retengas – le dijo el chino.
- Ah, hermosura, me vas a decir que estás celoso – le dijo el francés y recibió en respuesta un fuerte golpe que lo hizo caer contra una mesa – Auch.
- Yo no estaría celoso de ti ni en mil años, y no querrás meterte en más problemas si no quieres toparte con la ira de mi novio – lo amenazó rodeando a Quatre con un brazo por sobre los hombros – venga, es hora de cenar ¿dónde andabas metido? No deberías alejarte tanto de nosotros, los tipos como este abundan.
- No seas sobre protector, Wufei, allí hay alguien que no le gusta que me trates así – le advirtió divertido.
- Ese Barton – se rió por lo bajo – entre Yayuki y él no se hace uno.
- Bueno, a mi cualquiera de los dos me da lo mismo – sonrió.
- Mientras Maxwell no te escuche, lo veo erizarse cada vez que alguien hace un comentario acerca de la belleza del japonés o le hace un elogio, si hace un rato hasta le pegó, míralo, todavía tiene la mejilla marcada.
- Dúo es muy tonto, así va a ser muy fácil quitárselo.
- Yo no lo haría de ser tú, es meterse en una camisa de once varas.
- Ji, ji – se rió y se sentó junto a Heero tocándole con gran cuidado la cara – ¿Qué fue lo que te pasó? – le dijo suavemente.
- Ese Dúo parecía una fiera – dijo apartando su mano – dijo que yo era un infeliz que le gustaba jugar con sus sentimientos y cuando le dije que no fuera tonto vino y me pegó – se tocó la mejilla magullada – y no sé dónde se metió.
- Andaba de malas pulgas – le dijo Quatre recordando su encuentro en el jardín – creo que tenía ganas de matar a alguien.
- Mientras no sea yo – suspiró – creo que voy a tener que hacer algo para compensarlo, no me gustaría que anduviera enojado conmigo todo el tiempo.
- Pues deberías tener más tacto – le dijo Trowa molesto por la mirada enamorada que le lanzaba Quatre al japonés – parece que todo lo relacionado contigo le afecta notablemente.
- Lo sé, pero es que no puedo evitarlo, desde que lo conocí he sentido algo extraño por él ¿creen que yo le guste?
- Si no le gustas a él...
- Ni se te ocurra – le dijo Trowa tapándole la boca mientras le hablaba al oído – no te volveré a dirigir la palabra nunca más ¿entendido?
Quatre asintió, realmente su corazón no se equivocaba, le gustaba a Trowa e iba a aprovecharlo al máximo.
- Puedes buscar a alguien más – terminó por decir y Trowa lo soltó.
- Es que Dúo es tan... lindo – suspiró y se dio vueltas por el comedor sin mirar a nadie – es como un ángel, un poco serio, sí, pero hermoso y perfecto – abrazó a Tomochi sin querer olvidado que estaba prohibido juntarse con sus hermanos – un poco cabeza hueca, pero lindo y dulce – volvió a suspirar apretando a su hermano y dejándolo sin aire – ¿no crees, Tomo kun?
- Me... estás... ahorcando – tartamudeó tratando de soltarse – Heero – le pidió.
- Je, je, lo siento – lo soltó mirando sus manos – me entusiasmé.
- Y nos has metido en problemas – le señaló al inspector que se acercaba a ellos.
- Diantre, olvidé el decreto – dijo alejándose rápidamente.
- Señores Yayuki, preséntense de inmediato en rectoría.
- Pero si no hemos hecho nada malo – dijo Heero.
- Heero sólo hablaba de que está enamorado – se defendió Tomochi.
- Ambos saben que está estrictamente prohibido que ustedes se reúnan, sean las circunstancias que sean – le dijo el hombre mayor – diríjanse a sus habitaciones hasta que su padre los venga a buscar, están suspendidos.
- Pero si no hemos hecho nada malo – dijo Heero de nuevo.
- Creo que fui bastante claro, joven, está suspendido.
- ¡Eso no es justo, él no hizo nada malo! – dijo Wufei molesto mirando a su amigo.
- Silencio, Señor Chang, o se unirá a la suspensión y no creo que a su abuela le agrade eso, sus antecedentes no son muy buenos que digamos.
- Se está metiendo en problemas – dijo Tomochi molesto – vamos, Heero, dejemos a este amargado.
- Señor Yayuki, está agravando su falta – le advirtió.
- ¿Y usted cree que eso me importa? No hemos hecho nada desde que regresamos al colegio por Heero, pero se lo están buscando, nadie toca a nuestro hermano y no paga las consecuencias – replicó y salieron del comedor yéndose cada uno a su habitación.
Trowa apretaba los puños, debía de haber alguna forma de ayudar a su amigo, no era justo que mantuvieran a los hermanos separados por simple sospecha, además, él no había hecho nada malo, sólo dar vueltas por el comedor suspirando por el trenzado, el inspector lo sabía porque estaba allí, pero de seguro había estado esperando la oportunidad.
- Esto no se va a quedar así – dijo Quatre molesto y decidido a su lado – el abuelo de Heero debe enterarse de lo que está pasando en esta escuela.
- Estaríamos actuando como los otros – le dijo Trowa.
- ¿Y dejar que los suspendan injustamente? – le dijo Wufei apoyando al árabe.
- ¿Y cómo vamos a hacerlo? No podemos hacer una llamada de larga distancia sin autorización de rectoría y de seguro no nos van a dar permiso de llamar al exterior ya que somos amigos de Heero.
- Heero no es el único que puede interferir los sistemas – le dijo Quatre en voz baja – tal vez no sea tan hábil como él, pero puedo intentarlo.
- Ojalá y resulte – suspiró el latino – o estaremos metidos en graves problemas.
Dúo levantó la cabeza del libro cuando sintió el violento portazo que dio Heero al cerrar la puerta de la habitación y luego encender la luz principal del cuarto antes de dejarse caer en su cama. Preocupado, dejó la novela a un lado y se sentó junto a él y lo vio echarse a sus brazos llorando.
- ¿Qué pasó? – le dijo mientras le acariciaba el cabello con ternura – ¿por qué lloras así? ¿Quién fue el desgraciado?
Pero Heero no decía nada, se sentía muy mal, desde un principio le prometió a su padre que no lo suspenderían, pero había hecho una tontería y lo suspendían, ni siquiera por una travesura, sino que por abrazar a su hermano, hubiese sido por la red clandestina no se sentiría tan mal, pero era sólo por andar soñándose amado por el trenzado que ahora lo tenía abrazado.
- ¿Qué pasó? ¿Puedo ayudar?
- No – dijo al fin más calmado separándose, no podía meter a Dúo en ese lío, de seguro y a él si lo expulsaban y por su culpa – ya pasó.
- ¿Cómo que ya pasó? – dijo exaltado – me voy a desquitar de...
- No, Dúo, ya me suspendieron – lo frenó.
- ¿Cómo que te suspendieron? ¿Por qué? ¿Acaso...?
- No, fue porque me acerqué a Tomochi y nos suspendieron a los dos, van a llamar a mi padre y de seguro en unos días estaré de regreso en mi casa.
- Pero, no tiene sentido, no hiciste nada malo.
- Pero el decreto de rectoría es bastante claro, sin nos reunimos nos suspenderán – le dijo cerrando los ojos – y le había prometido a papá que por mi causa no lo iban a llamar en todo el semestre y que haría lo mismo por mis hermanos – se volvió a apoyar en Dúo – ¡no fui capaz de cumplir! – lloriqueó – no sirvo como siguiente duque.
- No digas eso – lo acarició de nuevo – no fue tu culpa.
- ¡Fui yo el tonto que se acercó a mi hermano y le dio la posibilidad al inspector de castigarnos! – replicó – si no hubiese estado jugando y lo hubiese visto antes...
- Tranquilo, por favor, ya encontraré la manera de ayudarte – lo besó en la frente – no llores más.
Trowa y Wufei miraban como Quatre se enlazaba al sistema central de comunicación sin mayores problemas y conseguía una video conferencia con una de sus hermanas en su propia colonia.
- ¿Pasa algo malo, hermanito? – le dijo ella preocupada.
- Si, pero necesito hablar con mamá ¿crees que podría ser, Jazmín?
- Claro, le diré que venga – se volvió y le pidió a uno de los empleados que fuera por ella – pero ¿qué pasó?
- Uno de mis amigos ha sido castigado injustamente, además, aquí somos tratados muy mal por el hecho de ser "colonos" como si eso nos hiciera ser inferiores a los terrestres – le dijo mirando a sus amigos que asintieron a sus palabras – y por tratar de ayudar a Heero, al que suspendieron, han amenazado a Wufei con la expulsión.
- ¿Y que fue lo que hizo para que lo suspendieran?
- Bueno, realmente nada. Andaba suspirando de puro enamorado que anda y abrazó a su hermano, nada más.
- Pero aquello no puede ser tan grave como para que lo suspendan.
- Al parecer – intervino Trowa – las reuniones entre los hermanos Yayuki están estrictamente prohibidas, creo incluso que hay un decreto de rectoría al respecto, debido a que los hermanos mayores son acusados de ciertas travesuras las cuales jamás han probado que sean autores de ellas – suspiró – es cierto que son muy unidos, pero no creo que sea causa suficiente para ser castigados.
- Y como yo les reclamé por la injusticia me recordaron que estoy condicional – dijo Wufei molesto – pero de esto se tiene que enterar mi abuela.
- Quatre, querido – lo saludó su madre – pasó algo malo ¿verdad?
- ¿Podrías hacerme un favor? – le dijo poniendo cara triste.
- ¿Qué pasa allá? ¿Alguien le ha hecho algo malo a mi angelito?
- A mí directamente, no, pero si nos tratan mal los inspectores y maestros- dramatizó y vio que su madre se enojaba – me dijeron que el Duque de Dermail era el dueño del colegio y me preguntaba si él conoce la situación de los alumnos dentro del establecimiento y si está de acuerdo con ello.
- Muy bien, haré que esta misma tarde esté allí, nadie trata mal a mi niño y se queda tan tranquilo – dijo ella echando chispas y le cortó la comunicación.
- Con razón eres como eres – dijo el chino sorprendido – tu madre es una mujer de armas tomar.
- Y no has visto a mi padre temblar cuando ella le levanta la voz – sonrió – muy árabe será, pero mi mamá es quien manda en casa.
- Ojalá yo nunca me consiga una esposa así – dijo Wufei – yo quiero ser quien lleve los pantalones en mi casa.
- Pues si ese es el ejemplo de padre que tiene Quatre, será yo quien mande en casa – dijo Trowa en voz alta y ambos se volvieron hacia él y se sonrojó violentamente.
- Si es que te dejo dar órdenes – le dijo el rubio abrazándolo.
- ¿Y cómo vas a evitarlo? – le dijo aún más rojo.
- Adivina – le dijo acercando su rostro al suyo.
- ¿No creen que están muy chicos para hacer algo así? – los interrumpió Wufei.
- Cierto, primero debemos preocuparnos de Heero – dijo Trowa soltándose de Quatre – tenemos cosas que hacer, como evitar que llamen a su padre.
- ¿Y cómo vamos a hacerlo? – le dijo Quatre.
- Ya que tienes intervenidas las líneas, conseguiremos que ninguna llamada salga del colegio hasta que llegue el duque aquí.
- Y ustedes se van a dejar de arrumacos – le dijo Wufei molesto – tenemos trabajo que hacer – les señaló la terminal y Trowa se sentó a trabajar.
El colegio estaba revolucionado no había manera de entrar a revisar los sistemas computacionales, todos estaban totalmente bloqueados, ni los profesores podían acceder a ellos, habrían culpado a los hermanos Yayuki, pero era conocido por todos que ellos no tenían acceso a casi nada en los mismos y por lo tanto era imposible que hubiesen sido ellos. Pero esto había causado que la escuela estuviera totalmente aislada de los eventos del resto del mundo, así que tampoco sabían de la próxima visita del dueño hasta que ya fue demasiado tarde.
Y es que los cinco varones de la familia estaban en rectoría en espera de su castigo cuando llegó sorpresivamente el duque que miró a sus nietos asombrado.
- ¿Qué hacen ustedes aquí? – les dijo enfadado.
- Están esperando la resolución de expulsión, Duque.
- ¿Cómo dice? ¿Por qué van a expulsarlos?
- Nosotros no hicimos nada – dijo Heero bajando la cabeza – simplemente abracé a Tomochi y como nos está estrictamente prohibido hablarnos, nos suspendieron.
- ¿Y por qué les tienen prohibido hablarse?
- Duque...
- Le pregunté al chico – lo calló molesto.
- Nos culpan de un montón de desastres acaecidos en la escuela y de los cuales jamás han podido probar absolutamente nada – le dijo Akito – y Heero no tiene la culpa de nada, él y Mara no estaban aquí el año pasado.
- "Las reuniones entre los jóvenes de apellido Yayuki quedan estrictamente prohibidas si estas no cuentan con la debida autorización de la rectoría y la presencia de algún profesor o inspector. Ellas deben ser inmediatamente reportadas por los alumnos y estos quedarán inmediatamente suspendidos" – repitió Tomochi.
- No pueden expulsar a nadie sin un sumario que los declare culpables – dijo el duque volviéndose hacia el rector – y menos suspender a un alumno por simple sospecha.
- Estos muchachitos colonos son potenciales enemigos del estado...
- ¡MIS NIETOS NO SON REBELDES! – dejó caer el duque y todos los maestros se quedaron de una pieza – ¡Y MENOS EL PRÓXIMO DUQUE!
- ¿El… próximo… duque? – tartamudeó el rector.
- Así que no dijeron nada – volvió a mirar a los chicos.
- No, señor, no queríamos que dijeran que permanecíamos aquí por ser sus nietos – le dijo Akito – y menos les íbamos a decir que Heero es su heredero principal.
Y los profesores, inspectores y rector, pálidos como estatuas de sal, se volvieron hacia el aludido que mantenía la mirada en el suelo.
- Heero – le dijo el duque molesto – ¿por qué te callaste?
- Yo pensaba que era más valioso por mis cualidades intelectuales que por la herencia que recibiré un día de usted – dijo sin levantar la cabeza – le había prometido a mi padre que no me metería en problemas en todo el semestre y no le pude cumplir.
- Creo que voy a hacer algo por ustedes – puso la mano en su hombro – he sabido que los hijos de las colonias no son bien tratados por ustedes.
- ¿Quién…?
- ¿Ha pasado el soplo? – dijo el hombre mayor molesto – no importa quién fue, sólo que es cierto, así que transferiré a todos los jóvenes de las colonias a la escuela del reino de Sank, creo que por ser su rey un líder pacifista ellos tendrán un trato más adecuado a sus capacidades.
- Pero, señor, la mayoría de los alumnos son colonos – dijo el rector – si ellos se van tendremos muy pocos alumnos…
- Y así será hasta que cambien de actitud – dijo – y alégrense que no tomo otra clase represalias por el trato que le han dado a mis nietos.
- Señor – dijo Akito, jamás lo llamaría abuelo, un mundo le costaba hablarlo.
- Cierto, comuníquenle a todos los jóvenes colonos que serán trasladados dentro de unos días y que preparen sus cosas.
- Los sistemas están bloqueados – dijo un profesor tímidamente.
- Denle un terminal a Heero y él lo pondrá a funcionar de nuevo, por algo es el genio de la familia – dijo orgulloso y los profesores le dieron acceso a una terminal, a los pocos segundo Heero tenía el sistema abierto.
- Entonces, pudo haber sido él – dijo el rector.
- ¿Usted duda de la integridad del próximo duque? – le dijo este molesto.
- Oh, no, por supuesto que no – de defendió asustado.
- Bien, vayan a preparar sus cosas – les ordenó y los cinco salieron de rectoría como verdadero héroes.
Continuará…
Lamento haberme tardado, la otra historia me tenía bloqueado el cerebro, pero cómo ya la terminé voy a ponerle un poco de empeño a esta y a Mi Faraón, a la que no le ha de faltar tanto, espero.
Gracias por los comentarios y si no recuerdan de qué se trata, relean.
Wing Zero. (Tengo cambiado el aceite, las alas limpias y el motor totalmente refaccionado.
