Para aquellas personas que dicen que me tardo mucho en retomar mis historias, espero que valga la pena la espera.
EL SUEÑO SE CONVIERTE EN PESADILLAHeero y sus amigos estaban instalados hacía más de dos años ya en el internado del reino de Sank, el mayor de sus hermanos se había graduado y era el turno de Midachi, ya faltaba poco también para que ellos pasaran a la secundaria, era su sexto grado, allí, pese a la mala fama que traían sus hermanos, la vida había sido bastante agradable y apacible hasta el momento.
Este año se habían unido a las clases los príncipes del reino, el mayor compartía clases con Midachi y la menor con Heero, el príncipe les era pasable hasta cierto punto, pero ella se había encaprichado con que estaba enamorada Heero y no lo dejaba ni a sol ni a sombra aunque este le había dicho hasta el cansancio que Dúo era su novio.
Dúo era demasiado posesivo y celoso con Heero y Relena, que así se llamaba la princesa, era el principal blanco de sus bromas pesadas, aunque siempre se cuidaba de que nadie lo descubriera o siquiera se sospechara de él, pero ella siempre insistía que él debía ser el culpable y su querido hermano mayor la apoyaba aunque no tuviera la razón.
Midachi estaba leyendo un prospecto para su carrera universitaria sentado en uno de los jardines de la escuela cuando Dúo llegó corriendo a su lado ya que Heero estaba ocupado en la biblioteca haciendo alguna tarea seguramente, y vio como Relena lo perseguía con su hermano. Molesto, se puso de pie abriendo los brazos hacia sus costados ocultando a su cuñadito detrás de él mientras miraba con mucha frialdad a su compañero de clases.
- ¿Qué les pasa con Dúo ahora? – les dijo gélidamente.
- Ese estúpido puso una rana en mi cama – le dijo Relena furiosa.
- ¿No sería que tú convertiste a tu compañera de cuarto en una y no te diste cuenta? – le dijo Midachi molesto pero divertido por dentro.
- ¿Acaso me estás llamando bruja? – le dijo ella furiosa.
- Yo no he dicho nada – se defendió este tratando de no perder la compostura.
- ¡Claro que lo has dicho! – gritó furiosa.
- Mira, Yayuki, el que seas nieto del duque de Dermail no te da derecho a tratar así a mi hermana – le dijo Miliardo.
- Y yo le recuerdo a usted, señor Peacecraft, que aquí no tiene privilegios por ser el heredero de este reino – le replicó fríamente.
- Mira, si no quieres que te acuse, me entregarás al trenzado de inmediato – lo amenazó ella.
- Señorita Relena – le dijo Midachi arrastrando las palabras – yo no le voy a entregar a mi cuñado sólo porque usted lo dice.
- ¡Insisten con eso de que es el novio de Heero! – gritó más furiosa aún.
- Mire, a mi hermano le gusta Dúo y usted no puede cambiar la situación a la fuerza – le dijo endureciendo el gesto manteniendo a Dúo detrás de él – y yo primero mato a Heero que dejarlo con usted, así que creo que más le conviene dejarlo por la paz si no quiere conocer la ira de los Yayuki – le advirtió – y usted, alteza, no se meta en estas peleas, no le incumben.
- ¿Y tú si puedes meterte? – le dijo airado.
- Yo no me estoy metiendo en la pelea porque sí – le replicó cansado – ustedes están persiguiendo a Dúo y son dos contra uno y sería totalmente desleal de mi parte no defenderlo si Heero no puede hacerlo.
- Vámonos, Relena, no vamos a conseguir que confiese nada – le dijo y se llevó a la chica que estaba furiosa que se hubiese escapado una vez más de su justa venganza.
- Fea – le dijo Dúo sacándole la lengua detrás de Midachi – gracias, Mida kun.
- No hay de qué – se encogió de hombros y volvió a sentarse – aunque deberías dejar de molestarla, en una de esas te van a pillar y te van a expulsar.
- No pueden probar nada – dijo encogiéndose de hombros – me habría gustado verle la cara cuando la rana le saltó a la cara al levantar la almohada anoche – se rió – y antes que me amenaces con acusarme con Heero por lo de la broma, él lo sabe, él mismo cazó la rana y me ayudó a ponerla en la cama de esa bruja.
- De ustedes dos no se hace uno – suspiró tomando el prospecto de nuevo – y eso que dijo que no habría más travesuras.
- Es porque Relena trató de besarlo a la fuerza ayer en el desayuno delante de todos para que, según ella, supiera lo que era besar de verdad – le dijo y Midachi lo miró asombrado y preocupado – yo le hubiese pegado allí mismo, pero Tomichi me detuvo agarrándome de los brazos, sin embargo, Mara le volteó el jugo por detrás antes que lo consiguiera y ella la acusó con el inspector y la castigaron, por eso lo hicimos, es una bruja que abusa de los privilegios que tiene como princesa de este reino.
- Tomo chan no me dijo nada de eso ayer – lo miró más preocupado aún – Mara tiene el mal temperamento de la familia de mi madre y no suele perdonar con la misma facilidad que nosotors, ellos se han ganado una terrible enemiga en esa niña – movió la cabeza – y esto puede ser la causa que el abuelo anda buscando para enemistarse con el reino de Sank.
- ¿Qué quieres decir con eso, Mida Kun?
- Bueno, sabes que la alianza de la esfera terrestre piensa que la gente de las colonias no tenemos derecho a la libertad, que sólo servimos como trabajadores, pero hay una organización de la Tierra llamada Romeffeler que pretende hacerse con el poder de esta y tiene sus propias fuerzas militares, Oz, que es comandada por un aristocrático joven muy amigo del príncipe de Sank, y creen que él también es parte de la organización, aunque secretamente ya que el rey no está de acuerdo con las fuerzas militares, él es un pacifista total y es eso lo que molesta a la organización, que, pese a que el país es pequeño, Sank sea un reino poderoso sin necesidad de las armas.
- Sabes mucho de esa organización.
- A Akito lo invitaron a formar parte de ella cuando salió de la escuela hace dos años, pero no quiso – suspiró – para el abuelo sería un gran logro que uno de sus nietos se decidiera a participar de esta guerra y más si estuviera de su parte, pero nosotros, los Yayuki, no somos ni seremos guerreros, nuestra herencia es ser médicos, ayudar y salvar vidas, no destruirlas.
- ¿Por qué tu abuelo tiene tanto interés en volverlos guerreros?
- Mi abuelo es el líder de Romeffeler, quien financia las investigaciones de la institución – dijo pensativo – y quien inició la escuela de cadetes de Oz, incluso sospecho que fueron ellos quienes iniciaron la guerra con la colonias espaciales.
- Pero ¿no son todos ustedes sus nietos y colonos también?
- Si, pero para él existe una pequeña gran diferencia en nosotros, tenemos sangre suya y eso nos hace ser superiores a cualquier otro colono a sus ojos. Además, siempre está el hecho que Heero accedió a ser el siguiente Duque y que él si tiene intereses bélicos, no es secreto para nadie que le gustan los deportes bruscos y las peleas, y que, pese a cualquier cosa que pueda decir el Rey de Sank, formó un club de lucha, eso le debe de gustar al duque, significa que su sangre en él es más fuerte que la de mi abuelo Yayuki en él.
- Mi Heero no se volverá soldado, de eso me encargo yo – afirmó.
- Espero que no suelte el mal temperamento de los Yayuki – le sonrió – ella no sabe con el vino con que se quiere curar, sin Heero que contenga a Tomochi y Taichi, aquí se va a armar la de Troya – dejó el libro a un lado – y dudo que si ella vuelve a atacar a uno de mis hermanos yo pueda controlar el mío.
Quatre estaba sentado en la cafetería del colegio comiéndose un helado cuando vio llegar a los príncipes de Sank echando pestes por todos lados, en especial Relena, se notaba de lejos que Dúo le había hecho una nueva broma y ella no había podido probar nada en su contra. Los miró un momento más mientras seguía comiéndose su helado y escuchó a Miliardo que le decía que Midachi tenía razón, ella no podía probar nada contra Dúo dado que no había huellas, pero a la sola mención del hermano de Heero ella pareció rodearse de un aura negra y maligna, era peor que cuando Wufei se enojaba por las bromas que le hacía Heero porque tres de sus hermanos lo perseguían.
- Ese me las va a pagar muy caro – decía ella sin notar que el árabe estaba allí – mira que decir que soy una bruja ¿cómo se atreve, ese...?
- No es por ofender, pequeña, pero para ellos te comportas como una – dijo el rubio tratando de calmarla – y no te conviene atacar a los hermanos de Heero, menos frontalmente como hiciste con su hermana menor, porque lo único que consigues es que te quiera menos, obviamente se pondrá de parte de los suyos a la hora de decidir.
- ¿Acaso te gusta uno de los hermanos de Heero? – le dijo molesta.
- Los cinco varones son como calcados unos con los otros – le dijo tranquilo sin comprometerse – deberías tratar de ganarte al menos a alguno para que te ayude a conquistar a Heero.
- Ja, ninguno de los hermanos de Heero vale la pena el esfuerzo de hacerse su amigo, son puras basuras, igual que esos que dicen ser sus amigos.
Y eso fue el acabose para Quatre que se metió la ultima cucharada de helado en la boca y se puso de pie molesto, no iba a tragarse semejante insulto, su sangre árabe no se lo permitía, enfrentando a los dos y solo Miliardo se sonrojó al ver que los habían escuchado, en cambio Relena ni se inmutó, sólo le lanzó una mirada llena de odio y desafío.
- Mire, Señorita Relena – le dijo Quatre con los dientes apretados arrastrando las palabras – usted no es una bruja, es algo mucho peor y ni jure que le vamos a permitir que conquiste a Heero de ninguna manera, él y sus hermanos van a saber exactamente que fue lo que dijo de nosotrosa, palabra por palabra, porque ¿sabe? Ni yo ni ninguno de mis amigos y hermanos de Heero somos basura, aunque usted se crea más por tener un título nobiliario.
- No te creerá – le dijo burlona muy segura – será tu palabra contra la mía.
- Será mi palabra, que para él vale mucho más que la de cualquiera, contra la suya – le dijo ofensivo – y de estos atropellos tendrá conocimiento su padre, así que vayan preparándose, no cualquiera pasa a llevar a Quatre Raberba Winner y vive para contarlo – los amenazó y salió de la cafetería hecho una auténtica furia decidido a llegar hasta las últimas consecuencias – quien se cree esa arpía que es, si ella no vale nada sin su linajudo apellido, mira que decir que somos basura y no valemos la pena si somos lo mejor que tienen en esta escuela – gruñía molesto sin ver que del otro lado venía Trowa hasta que se estrelló con él – oye, fíjate por donde caminas – lo regañó con violencia tratando de soltarse de sus brazos sin mirarlo – cuando mi novio se entere...
- Soy tu novio – le dijo el latino divertido haciendo que lo mirara.
- Ah, lo siento, Trowa, es que esa bruja me sacó de paciencia – se disculpó.
- ¿Te refieres a la misma bruja que acosa a Heero? – lo miró extrañado.
- Esa misma – le dijo tomándolo del brazo para alejarlo de la cafetería – necesito contarle todo a Heero, a sus hermanos, al resto de nuestros amigos, ella no puede pasarnos a llevar así, como que soy Winner que las cosas no le van a resultar.
- Está bien, yo venía a buscarte porque Heero ya completó la tarea y debemos planear como la presentaremos, creo que él y Wufei iban con sus hermanos.
- Entonces Dúo debe estar con ellos – resopló – venga, ellos están en el jardín, Dúo está muy enojado y cuando les cuente lo que ella anda diciendo de nosotros se va a armar la guerra, pero se lo merece ¿cómo se atreve a decir que somos basura? – seguía gruñendo mientras arrastraba a su novio hacia el patio sin soltarlo – ya me va a conocer, a este árabe o se le juega derecho o no se le juega.
- Ya, Quatre, tranquilízate – le dijo el latino tratando de soltarse de su agarre sin conseguirlo – estás demasiado vehemente para tus cosas.
- Mira, allí están todos – le dijo ignorándolo mientras apuraba el paso y lo volvía a jalar sin contemplaciones hacia ellos – chicos, vi a la bruja malvada esa planeando maleficios para nosotros.
- ¿Me puedes soltar, Quatre? – dijo Trowa soltándose al fin – y toma aire, te puedes atragantar.
- Esa tipa me amenazó con quitarme a Heero, es muy tonta si cree que me voy a dejar, es mío – dijo Dúo echándole los brazos al cuello a Heero haciéndolo perder el equilibrio y caer ambos al suelo.
- Cuidado – le dijo Tomochi tratando de ayudarlo.
- Lo que pasa es que la bruja esa dijo que no valíamos la pena el esfuerzo de hacerse nuestra amiga, que ni nosotros ni los hermanos de Heero, que somos basura – soltó Quatre de sopetón.
- ¿Estás seguro de eso? – le dijo Wufei, no era que le diera el beneficio de la duda a Relena, pero Quatre podía ofuscarse con gran facilidad y mal interpretar las palabras, aunque ella debió decir algo parecido.
- Claro que sí – le dijo exaltado – yo estaba muy tranquilo en la cafetería comiéndome un helado cuando ella y su hermano llegaron reclamando que Dúo se le había escapado y que Midachi la había llamado bruja.
- Fue por lo de la rana ¿verdad? – dijo Heero divertido – me habría gustado verle la cara cuando ella le saltó a la cara cuando levantó la almohada.
- Ella insistía en que yo se la había puesto, pero Midachi le dijo que si no había convertido a su compañera de cuarto en una – se rió Dúo – y se enojó, amenazó con acusarnos.
- No puede hacer nada – dijo Midachi – pero me molestan sus palabras.
- Ella dijo que sería su palabra contra la mía, pero yo tengo como probar lo que dijo – Quatre se metió la mano en el bolsillo de su chaqueta – me acabo de acordar que estaba jugando con mi móvil cuando me senté a comer el helado y lo dejé grabando, debe estar todo grabado.
- Menudo lío en el que se metió – dijo Tomochi abrazando a Wufei – ella no puede decir algo así de nadie, su padre se va a enfadar.
- Como si Miliardo nos fuera a dejar llegar hasta él – dijo Taichi mirando molesto a su hermano que abrazaba al chino – de seguro la va a proteger.
- Pero no va a ser necesario que ellos sepan de eso – dijo Heero mirando a Trowa – simplemente debemos hacerle llegar la grabación de manera clandestina, sin que nadie sepa que fuimos nosotros.
- Va a ser muy fácil – dijo el latino divertido – yo pondré la cinta en la oficina en un lugar que él la vea, me cercioraré que la haya escuchado y luego regresaré con el resto haciéndome el que estaba en el baño.
- Si ella quiere meterse con un Yayuki, se ha metido con todo el clan – dijo Taichi – no le voy a perdonar lo que le hizo a Mara.
- ¿Por qué no me contaron de lo que pasó ayer? – les dijo Midachi molesto.
- Porque Mara se sentía muy mal y no quería que te enteraras de lo que le había pasado y te rieras de ella.
- A esa bruja le voy a sacar los ojos – dijo Midachi – ¿Acaso se cree mejor porque es una princesa? La basura es ella.
- Creo que es mejor que vayamos a grabar lo que Quatre tiene antes que se nos acabe el receso – dijo Wufei – esa bruja va a pagar por su propia boca lo que quiere hacernos, es lo justo – aseveró.
- Los demás nos dedicaremos a planear nuestra justa venganza – dijo Tomochi soltando al chino yéndose con el resto de sus hermanos mientras los cinco muchachos se iban hacia las habitaciones de Quatre.
Era media tarde yo todos estaban en el jardín descansando en un receso cuando escucharon que llamaban a la dirección a la Señorita Relena y los nueve se miraron en silencio esperando saber qué le habría dicho el rey a la petulante princesa, pero no tuvieron que esperar demasiado ya que los llamaron a ellos también. Lentamente y uno a uno llegaron a la oficina del director con la mirada fija en el suelo como fingiendo temer una terrible reprimenda pero sabiendo a ciencia cierts lo que verdaderamente iban.
- Muy bien, jóvenes, pasen – les dijo la secretaria, una mujer mayor muy seria, de esas que con una mirada suelen silenciar a cualquiera, haciéndolos pasar a la oficina y cerrando la puerta con ella por fuera.
- Señores Yayuki – el rey hizo un gesto hacia los hermanos – ustedes traen muy mala fama de la otra escuela ¿verdad?
- Usted debe saber, o al menos sospechar, como es una escuela manejada por Romeffeler – dijo Heero muy tranquilo sin sonar insolente– y nosotros venimos de una colonia.
- Pero son nietos del duque de Dermail – le recordó.
- Pero ellos no lo supieron hasta el día que nos sacaron de la escuela – dijo Midachi – además, no hemos hecho ninguna travesura desde que llegamos aquí porque nadie nos ha tratado mal.
- ¿Me pueden informar que pasó el día de ayer que la hermana menor de ustedes fue suspendida? – miró a los muchachos – les pregunté a ellos – acalló a Relena cuando ella trató de hablar.
- Ella siempre anda persiguiendo a Heero – dijo Taichi – pese a que le hemos dicho cientos de veces que está de novio con Dúo, y esa mañana trató de besarlo a la fuerza, cierto que Dúo quiso apartarla, pero Tomochi lo detuvo, sin embargo, nosotros no vimos a Mara porque estaba detrás de ella y en el forcejeo ella la hizo dar vuelta la bandeja y la mojó con el jugo del desayuno, ella dijo que lo había hecho intencionalmente y no hubo sumario, simplemente el inspector la suspendió indefinidamente, ni siquiera le importó que allí había muchos testigos aparte de nosotros de lo que realmente pasó.
- Bien, ¿y que fue lo que supuestamente hizo alguien?
- Bueno – dijo Dúo – ella me acusa de poner una rana en su cama.
- ¡Pusiste una rana en mi cama bajo mi almohada y sobre mi pijama!
- Relena, no puedes hacer una acusación sin pruebas – le recordó su padre.
- Ella y su hermano llegaron al patio donde yo estudiaba – siguió Midachi – intentando hacer que Dúo confesara algo que él no hizo y salí en su defensa.
- ¡Me dijiste bruja! – gritó ella.
- Cierto – admitió tranquilo – dije que si no habrías convertido a tu compañera de habitación en una rana, pero es porque eres muy pesada con nosotros, te has metido con mis hermanos y como en estos momentos soy el mayor presente, debo protegerlos de lo que venga, es mi obligación.
- ¿Saben ustedes qué dice esta grabación? – les mostró una cinta y ellos negaron mirando de reojo a Relena que palidecía notablemente – quiero que la escuchen atentamente – miró a Miliardo y este asintió avergonzado.
Luego de escuchar la cinta, todos voltearon la mirada hacia Relena que los miraba furiosa, pero los ojos celestes de su padre estaban encendidos en rabia.
- Lo siento – dijo ella al fin mirando a su padre más que a los muchachos – estaba ofuscada, no sabía lo que decía – se disculpó.
- Pues deberías tener más cuidado con lo que dices, Relena – le dijo Dúo tratando de mantener cierto aire digno – nadie sabe quién puede estarnos escuchando y grabando lo que decimos – se apoyó en Heero y la vio apretar los labios con furia – ojalá y te sirva de escarmiento y dejes a mi Heero en paz.
- Pueden retirarse, jóvenes – dijo el rey señalándoles la puerta antes de volverse a sus hijos y ellos asintieron haciendo una reverencia antes de salir y correr al jardín tratando de no reírse en masa de las tribulaciones de Relena y las de su querido hermano.
- No quisiera estar en su pellejo – dijo Taichi.
- Ni en el de Miliardo – agregó Midachi – de seguro a él también le llaman la atención por no ser capaz de contenerla.
- Pero creo más en sus disculpas que en las de ella – dijo Dúo – de seguro ahora va a tener más cuidado, pero no creo que se rinda así tan fácilmente.
- Ya veremos – dijo Heero – ¿que tal si celebramos esta pequeña victoria?
- ¡Claro! – sonrieron y se dirigieron a la cafetería riendo.
El tiempo en la escuela había sido más grato luego del castigo a Relena y al hecho que Miliardo se había graduado, claro que ahora quedaban menos hermanos Yayuki en la escuela ya que Mara no quiso regresar allí luego de lo que pasó con la "bruja" como la dejaron bautizada, así que al final sólo quedaban Tomochi y el propio Heero, el primero ya cursaba el último año de preparatoria y Heero y compañía cursaban el primer año, claro que habían escuchado decir que fuera del reino había una terrible guerra y, como el reino de Sank se negara a formar parte de ella, era enemiga de la alianza y de Oz, que por cierto tenía como uno de sus integrantes al príncipe de Sank, cosa que tenía muy molesto al rey.
- Me dijeron mis hermanos que el abuelo los llamó a participar como líderes, pero todos ellos se han negado, ninguno siquiera le dice abuelo – les decía Heero a los demás – apenas y piensan en él como en el padre de nuestra madre – suspiró – me gustaría salirme de la escuela y volverme soldado, pero si mi padre o alguno de mis hermanos llegara a pillarme de seguro me matan.
- Si lo consigues, me avisas para seguirte – le dijo Quatre.
- ¡Ni jures que te voy a dejar! – dijeron Trowa y Dúo a la vez muy molestos.
- Y eso que este es hijo de uno de los líderes pacifistas de las colonias, como sería si no – dijo Wufei divertido por Quatre que le sonrió a su novio abrazándolo – aunque yo también me uniría.
- Y serían tres contra dos – dijo Heero abrazando a Dúo – de todas maneras, al duque tampoco le gustaría que me hiciera soldado.
- Midachi me dijo hace tiempo que sería el mayor logro de tu abuelo – le dijo Dúo.
- Si me uniera a Oz, quizás lo fiera, pero yo me uniría a la lucha de las colonias, después de todo él es uno de los principales culpables de que las colonias estén como están.
- Te convertirías en un rebelde – dijo Wufei bajando la voz – y creo que es mejor que cambiemos de tema, allí viene tu hermano.
- ¿Se han fijado que la "dulce" señorita Relena no está en el colegio? – dijo Trowa con sarcasmo cambiando el tema en beneficio del hermano de Heero – pero me han informado que pretende dar una gran fiesta para el día de su cumpleaños y que no todos los alumnos estamos invitados a ella – agregó.
- Mejor si no nos invita, de seguro nos envenena – dijo Wufei.
- Al menos a mí, sí – dijo Dúo divertido apoyándose en el hombro de Heero.
- Ah, pero Heero sí está invitado – se burló Tomochi uniéndose al tema abrazando a Wufei que lo miró feo – incluso yo también estoy invitado.
- Ah, pero es porque ella sigue interesada en mi Heero – dijo Dúo molesto – no entiende de indirectas ni directas.
- Bueno, es que con todo lo demás se ha salido con la suya, es lógico que crea que con esto también le va a salir si tiene paciencia.
- A veces me dan ganas de matarla – dijo Heero molesto – es un fastidio.
- Ja, si a mi me llega una invitación de su parte, cosa que dudo – dijo Quatre – en su cara le rechazo la invitación, después de todo nos ha hecho la vida de cuadritos cada vez que está en la escuela.
- Yo lo voy a hacer tan pronto la vea – dijo Heero – quizás así entienda que no me gusta y no quiero nada con ella.
- Ojalá quisiera entender – suspiró Dúo – he tenido más peleas con ella en el tiempo que estoy en esta escuela que cuando era un pequeño peleonero allá en mi colonia.
En eso sonó la campana de reingreso a clases y Tomochi se separó del grupo hacia su propio salón.
EL SUEÑO DE HEERO.
Hacía meses que el reino estaba tenso al haberse declarado la guerra entre la Tierra y las colonias de forma definitiva luego de la muerte de Heero Yuy, el líder pacifista de las colonias espaciales, se murmuraba que había sido algún agente infiltrado de Oz el culpable, pero ello había hecho que los jóvenes colonos que estaban estudiando en la Tierra se vieran forzados a regresar a sus respectivas colonias porque no era posible para ellos vivir y estudiar, todos eran vistos como potenciales rebeldes, especialmente aquellos que tuvieran alguna clase de posición social, como era el caso de los Yayuki, de Quatre y de Wufei, en especial Heero ya que se sabía que era nieto del Duque de Dermail aunque su familia fuera sólo de médicos dedicados.
Heero se paseaba por su hogar en la colonia muy molesto, estaba prohibido todo tipo de comunicación con el resto de las colonias y por lo mismo no tenía noticias desde que salieron de la Tierra de los demás, en especial de Dúo, al que echaba mucho de menos, de Quatre tenía noticias porque con él tenían una señal clandestina, pero él tampoco podía contactarse con su novio y estaba nervioso.
En eso fue cuando a su portátil le llegó un mensaje largamente esperado, la organización rebelde de su colonia aceptaba su ingreso a la academia de guerra y le informaba que debía presentarse dentro de una parte en el hangar 215 sur. En un segundo memorizó por completo el mensaje y lo borró bloqueando el sistema, tomo su bolso que tenía preparado hacía rato y salió de la casa evitando toparse con nadie, ahora sí que podría hacer algo por su familia y su colonia.
/¿Vamos a dejar que Heero se vuelva a hacer soldado?
/No podemos sacar al soldado de él, lo lleva en la sangre.
/Lo sé, pero queríamos que fuera un chico normal, sin guerra.
/En su alma no existe el pacifismo total, es imposible para él.
/Pero, podríamos haberlo cambiado ¿no crees?
/Ya cumplimos un sueño, ahora debemos seguir con el siguiente.
/No me agrada que Heero se convierta en un asesino.
/Nada podemos hacer al respecto, así es su destino.
Heero estaba dispuesto a lo que fuera con tal de defender a las colonias, pero sabía que no podía arriesgar a su familia en el proceso y por lo mismo, mientras recibía el entrenamiento, adoptó otro nombre, Odin Low y así comenzó a entrenar con el mismo interés que lo había hecho siempre, puso todo de su parte para ser el mejor de todos y fue nombrado oficialmente el piloto del gundam llamado Wing antes de ser enviado a la Tierra con estrictas órdenes, debía matar al líder de Oz y destruir de paso cualquier posible arma que pudiera ser utilizada en contra de las colonias.
- Eres un arma, recuérdalo, muchacho – le recalcó su instructor por la pantalla y fue interrumpido por un anciano.
- No le hagas caso, Heero, sólo concéntrate en cumplir tus objetivos – le dijo – y trata de no involucrar a los civiles.
- Misión aceptada – dijo encendiendo los motores de su nave yendo rumbo hacia la Tierra, para él estaba más que claro que su único objetivo era destruir a Oz, aunque quizás pudiera cambiar un poco las cosas.
Dúo miraba con ansiedad su gundam, se notaba que sería un arma terrible y destructiva y no dejaba de preguntarse ¿en que momento se le había metido en la cabeza convertirse en rebelde? Lo que menos quería era ser un asesino, pero sabía con certeza que Heero estaba dentro de la misma organización luchando por los derechos de las colonias y él debía de secundarlo por mucho que no le gustara y no estuviera de acuerdo, ¿qué clase de esposo sería si no lo ayudaba a lograr sus objetivos?
- Bien, Dúo, tu gundam ya está listo para empezar su misión – le dijo su instructor – no dudes en tus objetivos – le recalcó.
- Lo sé, lo sé – dijo suspirando molesto – debo destruir a Oz sin dañar a los civiles dentro de lo posible – dijo mecánicamente.
- Así es, el gundam se hizo para proteger a las colonias y destruir a Oz.
- Bien, no lo olvidaré – asintió y encendió los motores de su nave.
- Ve al Mediterráneo y busca a Howard, él te ayudará a reparar el gundam cuando sea necesario y a obtener las piezas que te hagan falta.
- Muy bien – dijo cortando la comunicación al fin – me gustaría saber dónde está Heero, de seguro a él también lo enviaron a la Tierra a destruir a Oz, espero no interferir en sus planes, preferiría ayudarlo.
Su nave surcó el espacio a gran velocidad y se dirigió a las coordenadas indicadas de ante mano rezando porque las cosas salieran bien, aunque sabía de sobra que lo que hacía no era bueno, estaba fuera de él comportarse así, no era de buen cristiano andar matando gente por allí pese a que ellos intentaran matarlo aél también.
Trowa se sentó junto a las jaulas de los animales a esperar una respuesta del dueño del circo, sabía de sobra que sus habilidades de gimnasta le iban a ser de mucha utilidad cuando entró en la organización, pero lo que mejor se le daba era la empatía que tenía con los animales, en especial con las fieras salvajes como los leones, que eran sus favoritos, pero su falta de experiencia profesional lo podían perjudicar, así no podría infiltrarse con la facilidad que necesitaba.
- Tienes muchas habilidades, pero no me dices por qué debo contratarte – le dijo el hombre mayor y el latino se acercó a la jaula de los leones y acarició la melena de uno sin temor y el feroz animal se dejó hacer como si de un gatito consentido se tratase – vaya – dijo totalmente sorprendido.
- Los animales saben cuando una persona les va a hacer daño o les tiene miedo – explicó Trowa al ver la cara de sorpresa de todos a su alrededor – nunca he tenido miedo a las fieras y menos querido hacerles nada malo.
- Un muchacho que convierte a un terrible león en un tímido gatito no puede ser malo – dijo una muchacha pelirroja – sería un buen elemento para nuestro equipo ¿no le parece, jefe?
- Muy bien, Trowa, puedes quedarte.
Trowa se apartó del león que se había quedado dormido y no mostró ninguna señal de complacencia en su rostro, sólo tomó sus cosas y se dirigió hasta el lugar que desde ahora sería su hogar y su refugio hasta que encontrara a Quatre o hasta que consiguiera destruir a los líderes de Oz, mientras tanto sería uno de los mejores artistas que tuviera el circo en años, se dijo.
Quatre estaba mirando las dunas del desierto con sus binoculares, él había viajado a la Tierra por órdenes de la organización, pero sus hermanas habían insistido demasiado en que no podía ir sin apoyo y le habían enviado a los Maguanacs para que lo ayudaran en su labor y, al fin de cuentas, ellos eran los que luchaban y a él lo consentían como si fuera un niño pequeño, era como estar en su propia casa, se dijo molesto. Claro que eso lo ayudaba a infiltrarse con mayor facilidad entre las tropas de Oz, nadie sospechaba siquiera de un chiquillo consentido como él aparentaba ser, por supuesto que nadie conocía su verdadero temperamento, con excepción de sus amigos.
- Amo Quatre, aquí está su té – le dijo uno de sus capitanes poniendo una bandeja sobre una mesita baja – ¿cómo se siente?
- Mucho mejor, Rasid, un poco cansado del viaje, pero nada más.
El árabe mayor asintió y se retiró dejando la bandeja. Quatre se sentó a beber una taza de té pensativo, le gustaba estar en la Tierra, era un lugar hermoso, pero lo que más le gustaba era ver las doradas arenas del desierto, su calidez y su extensión. La gente que lo habitaba era muy amable, ellos no tenían nada que ver con la guerra que se llevaba a cabo entre las colonias y la Tierra, poco les importaba que él fuera del espacio, sólo les importaba como persona y eso lo alegraba. Sin embargo, a cada rato recordaba a su novio ¿se habría vuelto un rebelde como él para volver a verlo? No lo creía ya que Trowa siempre le había dicho que no iba a permitir que se convirtiera en soldado, pero estaba lejos, no se podía comunicar con él y quizás lo viese hecho para obligarlo a salirse de la organización.
- Nos volveremos a ver, mi Trowa – dijo brindado con su taza de té – lo prometo.
Wufei miraba sin entender lo que estaba pasando en su colonia, tan pronto como regresó allí fue ingresado a las filas de una organización loca que pretendía liberar a las colonias de la tiranía de los gobernantes de la Tierra y lo comenzaron a entrenar como piloto de un gundam volviéndose un arma junto con él. Es cierto, había pensado en volverse un rebelde contra lo que pudiera decir su familia y el resto del clan, pero que ellos prácticamente lo obligaran a serlo estaba fuera de sus planes más locos.
- Muy bien, Wufei, espero que hayas comprendido muy bien tus órdenes y que consigas pronto lograr tus objetivos – le dijo su instructor.
Wufei asintió, era mejor que luchara en la Tierra para vencer a Oz a que usaran a las colonias y a todos quienes vivían allí para destruir el planeta y llevarlo a otra era de glaciación milenaria.
Por supuesto, no había podido comunicarles a sus amigos lo que estaba pasando, no podían comunicarse con otras colonias, pero ahora era más complicado aún ya que sus señales estaban siendo rastreadas y no querían que sus planes fueran descubiertos antes de tiempo.
- Muy bien, las coordenadas me llevarán a lago Victoria – dijo Wufei revisando el mapa en pantalla – allí hay una escuela de cadetes de Oz.
Su nave surcó el espacio en silencio, sus ordenes eran claras, acabar con las bases militares de Oz y luego con los líderes de la organización antes que ellos se hicieran con el poder absoluto de la esfera terrestre.
Suspiró, quizás al fin se encontrara con alguno de sus amigos, era molesto no tener a nadie a quien molestar o que lo molestara, aunque no echara de menos a los hermanos de Heero.
Heero había tenido mala suerte al aterrizar en la Tierra, había sido detectado por los radares de la Alianza y su nave había sido atacada, así que la abandonó estrellándola en el mar junto con su gundam, ya se encargaría de rescatarlo más tarde, lo importante era escapar él y ocultarse en un lugar seguro. Sin embargo, para su desgracia, alguien lo vio en la playa y tuvo que huir.
Al fin encontró un lugar seguro y se quitó el mojado traje espacial, debajo portaba un cómodo traje deportivo, así que caminó hasta un pequeño hotel en donde se hospedó por una noche y se dedicó a buscar un lugar por donde infiltrarse a los archivos de la Alianza y que nadie sospechara de él. No lo pensó demasiado y se anotó en una escuela cercana, ya iría a buscar un uniforme y presentarse en clases como un alumno recientemente trasladado con el nombre de Heero Yuy.
Cerró el portátil que acababa de adquirir y miró el cielo, ¿dónde estaría su querido Dúo? ¿Estaría mirando las estrella como lo hacía él en ese momento? ¿Se acordaría siquiera de él? Suspiró, debía dejar los sentimentalismos de lado, no estaba allí para soñar con estar junto a su amado, sino para cumplir la misión que se le había encomendado: reducir las fuerzas de Oz a como diera lugar.
Al otro día se presentó en la escuela como buen niño y se unió a las clases tranquilamente, siempre había sido un alumno aventajado así que no tuvo problemas para ponerse a la par de sus compañeros, excepto que no pudo evitar sentir que los pelos se le ponían de punta al escuchar algo, ¡Relena Peacraft también asistía a esa escuela! ¿podía existir una peor maldición que volver a encontrarse con ella? No, se dijo, era lo peor que le pudo haber ocurrido, ella sabía quién era y de donde venía, quizás lo entregara como el rebelde que era.
- Señorita Relena, que gusto que esté de regreso – le decía una chica sonriéndole amablemente – tenemos un compañero nuevo...
Pero Heero no esperó que ellas llegaran hasta donde él estaba, de un salto estuvo al otro lado del muro y corrió hacia los baños de varones, sabía que no podría evitarla siempre, en clases habrían de verse, pero de momento podía evitarla.
- Maldición, tengo pésima suerte – gruñó molesto golpeando con un puño una pared – ¿por qué tenía que venir aquí?
Y la campana de ingreso a clases lo obligo a regresar al salón a enfrentarse con su peor maldición, de seguro ella haría algún comentario acerca de que lo conocía desde hacía varios años.
Pero Relena decidió hacerse la interesante fingiendo no conocerlo, así él se vería obligado a ser amable con ella, después de todo él no estaba allí con su verdadero apellido y ella tenía las de ganar porque él era un rebelde y ella podía delatarlo.
Así que Heero respiró tranquilo durante todas las horas de clases, ella no pensaba decir nada a menos que él la obligara, sabía que no podía delatarse, pero traicionar a Dúo era lo que menos iba a hacer, y mientras más tardara ella en hablar al respecto, menos posibilidades tendría luego de delatarlo, así que dedicó a ser un buen compañero.
Ya al otro día Relena decidió invitarlo a su fiesta de cumpleaños pensando que esta vez no podría rechazarla como hiciera el año anterior, pero se equivocaba, Heero ya no iba a ser el chico amable con ella, había tardado demasiado en reaccionar e iba a aprovechar la oportunidad que se le estaba dando. Ella le entregó la invitación delante de sus amigas y Heero , sin mirar siquiera en sobre, lo rompió en pedazos y dejó que el viento se lo llevara.
- Que cruel eres – le dijo ella haciéndose la niña buena.
Heero se acercó a ella pasando su mano por su mejilla secando sus lágrimas y le dijo al pasar al ver que ella se alegraba de su gesto.
- Te voy a matar – dijo soltando las lágrimas en sus dedos mientras se alejaba de la terraza sin importarle quién lo estuviera viendo, estaba a salvo.
Dúo seguía atentamente las evoluciones del submarino que investigaba la nave que se había estrellado en el fondo del mar, fuera lo que fuera que ellos encontraran, no iba a permitir que Oz lo tuviera en sus manos, si se trataba de una de las naves de las colonias, aquello los haría ver como rebeldes y darle motivos valederos para reprimir a su gente por la fuerza bruta.
Se enfrentó a los mobile suits submarinos y los destruyó a todos antes de iluminar lo que ellos encontraron y que estaba dando claras señales de haber iniciado el proceso de auto detonación. Era un gundam muy parecido al suyo, así que desactivó el proceso y se dijo que podría usarlo para obtener los mejores repuestos para el suyo. Sin embargo, se preguntó quién sería su piloto que lo había dejado protegido así, de seguro había pensado que alguien podía tratar de recuperarlo y no podía permitir que su nave cayera en las manos enemigas.
- ¿Será el gundam de Heero? – se preguntó – él es muy capaz de hacer algo así – suspiró mirando al gundam una vez más – si es así, pronto volveré a ver a mi novio y podremos estar juntos – suspiró – no, Dúo, ahora eres shinigami y debes dejar afuera los sentimentalismos – se dijo y comenzó la operación para rescatar al gundam.
Heero había tenido problemas cuando practicaban esgrima, uno de los más grandes admiradores de Relena le había recriminado su crueldad al romper la invitación de la chica a su fiesta y Heero, cuyo temperamento explosivo jamás había llegado a controlar por completo, se enfadó diciéndole que si tanto quería a Relena, se podía quedar con ella, que él no tenía tiempo para chicas consentidas como ella. Y había tenido una pelea feroz que casi acaba con el otro muchacho herido si no hubiese sido por la intervención de uno de los maestros y a que su estilete se partió por la mitad y saltó por los aires cayendo a escasos centímetros de la propia Relena que los miraba asustada.
- No me interesa ella – le repitió saliendo del salón para ir a la siguiente clase.
Luego tuvieron equitación, pero él esquivó la clase saltando con el caballo que le había tocado en suerte las barrera y regresando a la escuela, una vez allí se infiltró a través de sus computadoras a la red de la Alianza y encontró lo que buscaba, allí cerca había una base naval con el armamento necesario para destruir cualquier prueba de su llegada aunque estaban buscando su gundam.
- Ya verán de lo que soy capaz – dijo copiando los datos en un disco que quedó bloqueado, nadie podría dar jamás con la clave de acceso.
Por la tarde, mientras casi todos se iban a la fiesta de Relena, él se dirigió a la base naval y recopiló todo el material necesario para causar un gran explosión, protegería su secreto aunque tuviera que sacrificar su gundam, nadie debería relacionarlo con las colonias o l organización estaría perdida.
Ya en la base puso explosivos por todos lados, ella volaría por los aires, ahora solo debía fijar las coordenadas para el ataque contra los restos e la nave en el mar, sin embargo, una voz a sus espaldas llamó su atención, era Relena la que pretendía detenerlo.
- Despídete de este mundo, Relena – le dijo apuntándole con su automática.
- Heero, ustedes los Yayuki siempre han sido pacifistas – le dijo tratando de evitar que la matara.
- No menciones a mi familia, no ensucies su nombre – le dijo molesto – no debiste buscarme jamás.
- Pero, Heero...
- Creo, Señorita, que no debería estar aquí – dijo a sus espaldas una voz que ella odió siempre – márchese antes que le hagan daño.
- No, debo convencerlo que no destruya la base...
Pero Heero vio que algo se acercaba a gran velocidad por el mar, eran dos gundam lo que venían hacia ellos y Relena no debía verlos, bastante tenía con que supiera quién era él como para darle más herramientas como para que lo chantajeara a sus anchas.
Dúo vio que su gundam surgía del mar a gran velocidad y lanzó una luz deslumbrante para que ella no lo viera y entonces la identificó, era su peor enemiga y el muchacho que le apuntaba no era ni más ni menos que su propio novio, Heero.
Heero, sin esperar más tiempo, se subió sobre los mísiles, cambió el ángulo de disparo y los lanzó con él y todo.
- Todo acabó, misión cumplida – dijo mientras el disparo lo hacía caer gravemente herido al mar.
Dúo no atinó a reaccionar, simplemente se lanzó detrás de él, la detonación había llamado la atención de todos en la base y no podían atraparlos a ambos.
- Esto es una pesadilla – se dijo mientras se alejaba nadando hacia la playa – por mi culpa mi novio ha caído prisionero ¿qué puedo hacer ahora?
La base de nueva Eduard estaba esperando el ataque de uno de los gundam, pero confiaban en poder contenerlos, sin embargo, cuando apareció uno de ellos, no era como pensaban que era, la forma en que este luchaba no era ni medianamente parecida a la que había usado en el fondo del mar, así que lo denominaron el 03. Su armamento era diferente, parecía tener más armas que todo el ejército allí reunido y con relativa facilidad había conseguido reducir a los mejores hombres, gran parte de los robot allí habían sido destruidos sin miramientos y ahora estaba a punto de vencerlos.
- Lo malo es que se te acaban las municiones – dijo Trowa a su gundam – pero eso no significa que vayamos a rendirnos – dijo usando las manos de su guerrero como arma.
Sin embargo, fue encañonado por la parte de atrás y estuvo a punto de ser destruido, pero gran cantidad de disparos dieron sobre las tropas de la alianza sin rozarlo siquiera y otro gundam se lanzó al ataque siendo los soldados repelidos y obligados a huir.
Trowa no estaba dispuesto a dejar que su presa se escapara, pero fue detenido por el otro gundam que se interpuso en su camino.
- ¡Estás en pésimas condiciones para seguir! – le dijo una voz que él conocía perfectamente – tú realmente no quieres enfrentarte a mí ¿verdad? – le dijo y salió de su nave.
Trowa abrió la compuerta de la cabina y se paró frente a Quatre con las manos en alto en señal de rendición, pero no se esperaba la reacción del árabe.
- ¡Trowa! – gritó este al verlo y de un salto estaba junto a él colgado de su cuello – que alegría de volver a verte – lo besó con pasión.
- ¿Amo Quatre? – dijeron asombrados los Maguanacs.
- Es cierto, él es mi novio, Trowa Barton – dijo sin soltarlo – regresemos a la base, ellos repararán tu gundam y nosotros estaremos juntos – sonrió – te he echado tanto de menos, pero sabía que volvería a verte, era lo más lógico, sabes, pero venga, reacciona.
- Creo que me cambiaron a mi árabe – le dijo consiguiendo soltarse para salir del gundam – vamos a tu base a descansar un rato, pero yo debo volver a la mía si no quiero levantar sospechas.
- ¿No vas a pasar la noche conmigo? – le dijo haciéndole un puchero.
- No puedo – le dijo fingiendo lamentarse – mi coartada podría destruirse.
- Que mala suerte, esto parece una pesadilla, te encuentro pero no puede tenerte siempre a mi lado – dijo molesto mientras caminaban hacia los transportes – detesto todo esto, quería estar contigo.
"A Quatre se le salió un tornillo al fin" se dijo Trowa divertido mientras se subía al transporte, no había caso con él.
Dúo llegó al hospital militar donde sabía que Heero estaba prisionero, debía rescatarlo y llevarlo con él a que rescataran a ambos gundams, no podía dejar que lo torturaran para interrogarlo acerca de la información que contenía aquel disco que habían encontrado en su poder.
- Maldita Relena, por tu culpa tienen a Heero ahora, pero esto no se queda así, shinigami te va a mandar a conocer el infierno a cómo dé lugar – juró mientras subía por las escaleras sin ser detectado y llegó a la sala donde vigilaban a Heero – amor mío, veo que estás bien – le dijo sin pronunciar las palabras.
- Dúo, eres un torpe – le dijo de la misma manera – por poco y me mato.
- Lo siento, pero aquí me tienes aquí para tratar de sacarte de aquí – suspiró – espera un poco, ya pronto nos iremos de aquí y no desharemos de la bruja esa, no puedo creer que la primera persona conocida con la que nos crucemos sea ella, es peor que una pesadilla.
- Dúo, cállate y has tu trabajo – lo regañó.
Casi al instante se escuchó una detonación y Dúo entró en la sala buscando la manera de liberar a su Heero, pero era una maquinaria muy arcaica y difícil de manipular.
- Anda, dame tu cuchillo para liberarme – le dijo mostrándole su brazo que goteaba sangre.
- ¡Dios, Heero, estás sangrando!
- No es nada, es un simple artilugio para controlar mis signos vitales – le dijo restándole importancia – vámonos de aquí.
Dúo lo miró y le entregó un paracaídas antes de lanzar una bomba contra los ventanales y ambos se lanzaron al vacío. Dúo dio una vuelta en el aire y activó el motor de la hélice que lo hizo descender lentamente, pero desvió su mirada hacia su novio y notó que este no abría su paracaídas, asustado, le gritó:
- ¿Qué pretendes Heero? ¡Yo no quiero que te mueras sin ser mío!
Heero abrió los ojos al escuchar la voz del trenzado y abrió el paracaídas frenando apenas la caída, sin embargo, ya era demasiado tarde para evitar el golpe y lo soltó, de todas maneras podía matarse con el tremendo porrazo que se dio, pero cuando Dúo tocó tierra al fin, se dio cuenta que Heero se ponía de pie sin mayores daños que unos cuantos raspones y la pierna que no podía apoyar bien.
- ¿En qué estaba pensando? – dijo el japonés molesto.
- Lo mismo te digo yo ¿Qué pretendías, hacer que viera morir a mi novio de semejante forma? – lo regañó Dúo acercándose a él tomándolo del brazo pasándolo por sobre sus hombros – por ahora vas a tener que aguantar que yo te cuide, no te queda otra alternativa e escape.
- Eres terrible, Dúo – suspiró y se apoyó en él – vamos.
Amanecía cuando al fin Dúo vio salir a la superficie su gundam. Había estado toda la noche cuidando a Heero, pero este había dormido tranquilamente como si sus heridas, que no eran nada de superficiales, no tuvieran mayor importancia, ni fiebre había tenido.
- ¡Ya viene el tuyo! – le gritó volviéndose a mirarlo y lo vio en el suelo sujetándose la pierna – ¿qué haces? – le dijo espantado, pero su única respuesta fue el sonido de un hueso volviendo a su sitio y volvió la mirada – que tipo este- dijo cubriéndose el rostro – me das nauseas.
- Entonces deja de ser mi novio – le dijo volviendo a vendarse con firmeza la pierna mirando como su gundam volvía salir a la superficie, estaba maltratado pero se podía arreglar.
- Debería – le dijo acercándose a él por detrás – mejor vamos a desayunar, no tiene caso discutir con el estómago vacío – lo besó en un hombro – ¿vamos?
- Como no sea parte del menú – le dijo divertido y lo siguió cojeando un poco mientras sentía que el dolor se alejaba lentamente.
- Mm, ya quisieras que formara parte ¿verdad? – se rió Dúo y entraron en el comedor tranquilamente.
- Pronto deberé partir a completar mi misión – le dijo Heero.
- ¿Qué es?
- Matar a Relena, ella sabe quienes somos, aunque no se ha dado cuenta todavía.
- No me opongo que mates a la bruja esa, pero ten cuidado, recuerda quién es ella y podríamos provocar que la guerra se intensifique.
- Lo sé – suspiró – esto parece una pesadilla...
Continuará…
Ya sé, volví a tardarme, es que estaba buscando información para la otra historia y no había tenido inspiración, parece que voy a dejar de lado un poco la otra para terminar esta o ponerle un par de capítulos más a esta antes de seguir.
Por cierto, gracias por los comentarios.
Si, los hermanos de Heero son un amor, uno de ellos se va a quedar con Wufei, con cuál, aún no lo decido, que Quatre va a sufrir por hacer sufrir a Trowa, por supuesto que sí, pero cuando acabe el sueño (que es el de Dúo el que debe cumplirse luego), que monos pinta la hermana de Heero, bueno, ella será quien acerque al padre de Heero a la felicidad de nuevo, y respecto a los planes de la madre del japonés, será más adelante que lo explique, no quiero dar más datos.
En fin, les dejo el capítulo, ojalá les haya gustado y quieran el siguiente, que espero entregarles luego.
Shio Chang (¿O soy Wing Zero? Tengo una crisis de personalidad)
