Lo siento, lo volví a hacer, me tardo demasiado actualizando, es que la inspiración me llega a ratos y no siempre es para continuar el fic que tengo comenzado, sino para uno nuevo, pero les digo que voy a terminar los que tengo antes de seguir con otro, palabra de Gundam ¿o será de Shio? Sigo con problemas de personalidad.
A Rey muerto ¿o es duque?Las cosas no estaban resultando muy bien, gruñía Dúo, Heero había preferido ponerse a trabajar en su gundam toda la noche que irse a dormir con él ¿cómo se suponía que iba a seducirlo si él no se dejaba querer? Era un obsesionado con sus misiones, le estaba dando demasiada importancia a la bruja esa y no le gustaba nada.
Heero miraba de reojo a Dúo, si quería pasar la noche con él, estaba más que dispuesto a dejar que las hormonas reinaran por sobre la razón, pero tampoco debía dejarse ganar por las emociones, ése había su principal entrenamiento, no dejar traslucir sus sentimientos, pero le dolía ver a su tranzado molesto por su supuesta falta de atención
- Ya ¿por qué no dejas que la gente del barco arregle tu gundam? – le preguntó tal vez por enésima vez – podríamos estar durmiendo ya – insistió molesto.
- Dúo, si tanto sueño tienes ¿por qué no simplemente te callas y te vas a dormir? – le replicó sin ninguna inflexión en la voz – yo tengo que terminar con mi trabajo.
- Está bien – dijo hartándose al fin – haz lo que quieras – se dio media vuelta y caminó hacia la puerta – pero me cambiaron a mi Heero en el espacio – agregó antes de salir – no es el que yo amaba.
Heero lo siguió con la mirada dolida y luego regresó a lo suyo, no podía remediar el daño, sólo podía esperar que Dúo lo comprendiera y quisiera perdonarlo, pero primero debían acabar con la guerra.
- Tal vez debiera tomar el lugar que me corresponde en Oz – suspiró – pero tendría que ganarme la confianza de sus jefes primero – se volvió a mirar a su gundam y luego constató las piezas que faltaban, algunas podría fabricarlas pero eso le tomaría tiempo, lo único que le quedaba era tomarlas del gundam de Dúo, pero aquello sería como si lo traicionara y de seguro luego no querría verlo ni en pintura. Suspiró cansado, ya no podía hacer nada más, así que se levantó de su asiento y siguió el mismo camino de Dúo. Se acostó en la cama y miró al trenzado que parecía dormir profundamente dándole la espalda sin querer, como quisiera tener ese sueño angelical de su amado. Cerró los ojos e intentó dormir.
El sueño habría sido perfecto si no hubiese sido interrumpido abruptamente por un peso molesto que se cargó con violencia sobre su pecho impidiéndole respirar correctamente, intentó quitárselo de encima mientras abría los ojos y descubrió unos ojos violeta que lo miraban divertidos.
- Parece que al final recapacitaste – le dijo el trenzado acariciándole el pecho – era mejor descansar que dedicarse a reparar un monstruo de metal.
- Pues aquel monstruo de metal no me impide respirar – le reclamó consiguiendo separarlo un poco – y no seguí porque me faltan piezas y estaba demasiado cansado como para fabricarlas a estas horas.
- ¿Me vas a decir que te enseñaron a hacer los repuestos?
- Yo sé hacer una gran cantidad de cosas para reparar el gundam de manera de no depender de nadie para su reparación.
- Yo aprendí a repararlo, pero siempre estoy necesitado de repuestos – empezó a hacerle círculos en el pecho – pero no hablemos de eso, hay cosas mejores que podríamos estar haciendo en estos momentos ¿no crees?
- No vamos a dejar que las hormonas locas y alborotadas... – empezó Heero.
- Si, vamos a hacerlo – le dijo subiéndose sobre su pecho de nuevo comenzando a cubrirle el rostro de besos mientras sus manos recorrían sus costados lenta y sensualmente.
- Dúo, no – trató de detenerlo antes que su cuerpo reaccionara.
- Heero, sí – le dijo atrapando su boca en un beso apasionado mientras sus dedos encontraban su destino comenzando a subir la temperatura de sus cuerpos y ya fue demasiado tarde, el cuerpo de Heero comenzó a reaccionar a sus estímulos y sus brazos subieron por la espalda del americano llevando hacia arriba lentamente la polera rozando la espalda desnuda con suavidad – sí, Heero – dijo permitiendo que comenzara a desnudarlo – es lo que quiero.
- Es lo que tendrás – suspiró el japonés obligándolo a darse vuelta para quedar debajo de él – pero yo arriba – comenzó a acariciarle el pecho ahora desnudo con los labios dando suaves besos y mordidas hasta dejar la piel sonrojada.
- Malo, eso no es justo – se quejó agarrándolo de la camisa.
- ¿Qué no es justo? – le dijo atrapando un pezón entre los dientes torturándolo lentamente entre los dientes.
- Que no... estemos... en las... mismas... condiciones – le dijo sin aire.
- Mm, eso se soluciona rápido – le dijo desabotonándose la camisa sin dejar de torturar el pezón para luego dejarla caer al suelo – ahora estamos iguales.
Dúo arqueó la espalda sintiendo como las manos de Heero frotaban su espalda mientras sus labios viajaban dejando un sendero húmedo de besos al otro lado del pecho, casi sin darse cuenta le permitió quitarle la parte inferior del pijama con todo y ropa interior, no se dio cuenta de lo que le estaba haciendo hasta que sintió como una de las manos de Heero frotaba la cara interior de sus muslos mientras él bajaba lentamente hasta depositar un beso en su ombligo.
- ¡No se vale! – se volvió a quejar y se fue contra él para quitarle el pantalón que muy pronto estuvo también en el suelo – eres hermoso.
- No – lo rebatió Heero – el hermoso eres tú – le dio un rápido beso en los labios y lo recostó de nuevo contra la cama lentamente – ahora, déjate hacer – y comenzó a descender de nuevo por su pecho saboreando su piel mientras arrancaba deliciosos gemidos de la boca de su amado que sólo lo excitaban más, hasta llegar donde se erguía orgulloso el miembro de Dúo que gritó sorprendido cuando Heero se lo introdujo sin ningún preámbulo en la boca – que rico caramelo me encontré – le dijo comenzando a frotarlo de arriba abajo arrastrando los dientes para darle más placer – delicioso – comenzó a chupar.
-¡Heero! – dijo Dúo sorprendido por el intenso placer – ¡ah!
- Mm, y eso que no comienza lo bueno – le sonrió pasando una mano por la cara interna de los muslos hacia atrás, hasta su ano, que comenzó a torturar suavemente para comenzar a dilatarlo sin dejar de subir y bajar por su pene chupando y lamiendo a ratos haciendo que el cuerpo del trenzado se agitara cada vez más, hasta que lo sintió listo para meter un dedo curioso que se abrió camino con suavidad.
- Duele – se quejó Dúo y Heero lo dejó que se acostumbrara antes de darle una chupada al pene que lo hizo tener alucinaciones – Ah, que rico.
De allí en adelante Dúo fue solo gemidos de placer, ni cuenta se dio cuando Heero introdujo un segundo y un tercer dedo abriendo el paso, sólo sentía que estaba tocando tanto dentro como fuera de él lugares muy sensibles que lo harían estallar muy pronto de placer insospechado. Pero cuando sintió que ya no podía más Heero se detuvo y comenzó a subir por su cuerpo dando pequeños besos hasta llegar a su boca que tomó de una manera salvaje mientras retiraba los dedos de su interior y se acomodaba entre sus piernas para entrar suavemente en el cuerpo de su amante. Dúo lo sintió en su ano y sintió como resbalaba apretadamente en él hasta tocar un punto sensible, era demasiado grande y le costaba ingresar.
- Lento – le rogó sintiendo que se abría paso en sus entrañas dilatándolo todo a su paso – duele.
- Tranquilo – lo besó y con la misma mano con que lo preparara comenzó a masturbarlo lentamente convirtiendo el dolor en placer por lo que el propio Dúo comenzó a moverse de atrás para adelante iniciando la danza del placer – ¿te duele todavía? – le dijo frotándole el cuello con la lengua.
- Me gusta – gimió bajito – mucho – dijo buscando su boca mientras lo sentía moverse en su interior yendo y viniendo sin salirse por completo de su interior tocando un punto aún más sensible en su interior con lo que comenzó a acelerar sus movimientos – más fuerte – pidió – más.
Heero hizo lo que le pedía conteniéndose lo más que pudo en acabar, obligando a Dúo a tener dos orgasmos seguidos antes de dejarse ir en su interior, cosa que Dúo sintió como si fuera lava ardiente que subía por sus entrañas y estallaba en miles de luces de colores detrás de sus ojos, yéndose también en un tercer orgasmo de magníficas sensaciones.
Heero se salió con cuidado de Dúo y se recostó a su lado atrayéndolo hacia su pecho con ternura.
- Descansa, amorcito, mañana tendremos que volver a ser soldados.
- Mm – dijo el trenzado y de inmediato se durmió.
- Y serás quien más adolorido esté – agregó Heero cerrando los ojos también para dormirse profundamente.
/Supongo que de allí saldrá su hijo.
/Es lo más probable.
/Recemos porque el cariño sea tan fuerte que puedan conservar a su hijo.
/Espero que Heero no se escandalice cuando se entere.
/El siguiente duque será un tipo con carácter.
/Vaya a saberse si aquello es bueno para él.
Quatre miraba la actuación de Trowa en el circo, hacía días que estaba allí trabajando y le agradaba verlo actuando, aunque, claro, hubiese preferido una función privada a solas los dos y en su propio cuarto, pero el chico más alto le decía que, pese a declarar abiertamente ser novios, aquello les podía acarrear problemas, y era 4ese el motivo por el cual estaba allí, esperando que terminara su acto para intentarlo otra vez, ya fuera que cambiara de opinión aunque sólo fuera por cansancio.
- ¡Trowa! – lo abrazó al salir de su acto el latino y este le sonrió amablemente, pero ello encendió la mecha de los celos de Quatre que lo esperaba a un lado – eso estuvo excelente.
- Gracias Catherine – le dijo y miró al rubio que echaba chispas por los ojos – nos vemos más tarde ¿de acuerdo?
- Por supuesto – se despidió con un beso en la mejilla y se retiró.
Trowa se dirigió entonces a su novio y notó que su semblante había cambiado rotundamente, ya no era el dulce niño que solía fingir ser, al contrario, era una fiera a punto de devorar a quién se le cruzara por el medio. Tomó aire y se acercó más temiendo que le montara una escena, pero Quatre sólo lo miró con los ojos arrasados de lágrimas, se dio media vuelta y se marchó corriendo.
- ¡Quatre, espera! – corrió detrás de él y vio como el vehículo que conducía uno de sus guardianes se alejaba rápidamente – no es lo que piensas – le dijo en voz baja esperando llegar a su corazón tal como lo hacía en el pasado.
Pero Quatre no quería saber nada, se había sentado en el asiento de atrás a llorar y su corazón, herido, se cerró a la posibilidad de perdonar a quien lo había dañado y sus labios pronunciaron un juramento.
- No volveré a buscarte, ni a pronunciar tu nombre.
- Ya llegamos, amo Quatre, ¿se siente bien? – le dijo Rasid al ver que se secaba las lágrimas con la manga de su chaqueta.
- Si, Rasid, gracias, ya pasó la tormenta – sonrió, pero no se reflejó en su mirada.
- Bueno, estaré con el resto de los muchachos – le dijo al ver que entraba en la casa a paso lento – espero que esto no sea a causa de su novio y lo tendremos que freír en aceite.
Trowa se sentó en la puerta de su camerino mirando a Catherine que se paseaba por delante de él relatándole lo que creía sería un gran acto para la siguiente función sin que este le prestara mayor atención, después de todo Trowa tenía la certeza que Quatre no había recibido su mensaje.
- ¿Qué opinas? – le dijo ella al fin terminando su monólogo.
- ¿Sobre qué? – le dijo mirándola al fin sin comprenderla ni de asomo.
- Yo aquí dale que dale pensando en un gran acto y tú, en la luna ¿verdad?
- Estaba pensando en otra cosa – dijo mirando el camino por donde se había ido su pequeño árabe, jamás quiso verlo llorar.
- De seguro en el muchachito ese que viene todas las noches a verte y a pedirte que te vayas con él ¿verdad? – le dijo molesta.
- Sí – le dijo molesto también – y ahora por tu culpa no lo volveré a ver nunca más, él es un muchacho sensible y estoy seguro que se enojó.
- Mejor, así te distrae menos y trabajas mejor.
- Él y yo somos novios desde la primaria – dijo molesto – no quiero perderlo.
- Mira, Trowa, tú no puedes andar con un muchachito consentido como ese.
- No lo conoces, Catherine, esa es sólo una fachada que presenta ante la gente, pero él no es así, no querrás toparte con la ira de un árabe.
- Yo no me preocupo por él – dijo – sólo me importa que hagas bien tu trabajo.
- Al diablo contigo – le dijo poniéndose de pie entrando a su camerino cerrando la puerta, su trabajo no era la actuación era vencer a Oz, y ahora tenía otra misión, recuperar a su Quatre a como diera lugar.
Se sentó frente a su portátil y comenzó a revisar si había alguna base cerca, algo debía haber que lo hiciera volver a reunirse con su Quatre. Al poco rato recibió una nueva orden, Romefeller tenía una reunión de líderes, debía adueñarse de ella y tomar el control de la organización sin mostrarse ante todos.
Wufei había destruido algunas bases enemigas con relativa facilidad, cosa que no le hacía mayor gracia, quería enfrentarse a los fuerte y, para su desgracia, nadie cumplía a cabalidad con los requisitos, si todo iba a ser así tan fácil, mejor dejaba el gundam en piloto automático y dormía durante las batallas por lo aburridas que le estaban resultando. Suspiró, infiltrarse en aquella escuela de cadetes había sido demasiado fácil, destruirla y escapar intacto lo había sido mucho más, tanto así, que se había enfrentado a su comandante y la venció y humilló con demasiada facilidad para su gusto, aunque, claro, era mujer.
- Si me siguen poniendo este tipo de misiones me voy a regresar a mi colonia, mejor – se dijo y escuchó la señal que le alertaba de un mensaje de sus superiores – un consejo de líderes mundiales de Romefeller a quienes reducir y adueñarse por completo de la fundación sin que sepan quienes somos, eso está mucho mejor. Me preguntó qué dirán los Yayuki cuando sepan que vencí a su abuelo – movió la cabeza negativamente – no, no se enterarán o no me los quitaré jamás de encima.
Dio las nuevas coordenadas a su gundam y se alejó de las ruinas de lo que antes era la escuela de cadetes y la base de lago Victoria al mando de Lucrecia Noim.
- Aunque quien sabe con qué me encuentre ¿no te parece, Nataku? Sería bueno tener una batalla de verdad, después de todo fui entrenado para la batalla y aún no tengo ninguna que valga la pena de verdad – suspiró.
El gundam siguió su trayectoria lentamente, no tenía apuro, como los radares no los detectaban por la extraña aleación con los que habían sido construidos, no se preocupaba que lo pudieran descubrir siquiera, y si de casualidad lo lograban, tenía la forma de enfrentarlos.
Heero había dejado a Dúo dormido y había dejado el barco, tenía muchas cosas que hacer todavía y estar cerca de Dúo era un permanente distractor, además, debía hacer planes para matar a Relena antes que dijera nada sobre ellos. Caminó por las calles y notó que seguía tan petulante como siempre, como era la princesa del Reino de Sank, todas las chicas y chicos de donde fuera que estuviera la rodeaban y la llenaban de halagos, pero él sabía que su valor sólo radicaba en su apellido. Miró hacia todos lados y vio que no muy lejos había una terraza en la que se podía ocultar, se subió y fijó la mira láser de su automática, activó el silenciador y apuntó con cuidado, no fuera a ser que en una de esas matara a la persona errada, así que apretó el gatillo y dio en el blanco.
- ¡Señorita Relena! – gritó un chico al verla herida y las chicas a su alrededor se alborotaron llamando a gritos una ambulancia y a la policía, pero Heero ya se alejaba por los callejones y regresaba con su gundam al barco de Dúo.
- ¿Dónde andabas metido? – le dijo este molesto – no sabes lo preocupado que estaba al no verte esta mañana ¿cómo que reparaste tu gundam sin las piezas que le faltaban? ¿No será que tomaste las del mío? Venga, vamos a desayunar – lo arrastró con él.
- Dios, no dejas ni responder – le dijo siguiéndolo al comedor.
- Creo que es mejor que hablemos con el estómago lleno – le dijo el trenzado.
- Te voy a contestar tus preguntas en orden – le dijo tomando una tostada – estaba en la cuidad cumpliendo una misión – tomo el control remoto de la mesa y encendió el televisor – espero que haya resultado bien.
"La Joven princesa del Reino de Sank, Relena Peacecratf, fue atacada esta tarde mientras paseaba con sus amigas por las calles de la cuidad – decía la periodista – desgraciadamente, su herida resultó fatal y falleció mientras era atendida en la clínica – siguió – la policía no tiene pistas de quién pudo haber sido, pero descartan que haya sido algún terrorista ya que ella siempre abogó por el bien de la gente que viene de las colonias"
- ¿Fuiste tú? – le dijo Dúo sorprendido y lo vio asentir – malo, quería hacerlo yo.
- Lo siento, vi mi oportunidad y la tomé, no podía tardarme ya más porque tenemos una nueva misión ¿sabes? – le tomó la mano – después dejaré que destruyas a otras brujas ¿te parece?
- Bueno, pero no has terminado de responder.
- sí, es cierto – se calló unos segundos antes de responder – mi gundam no está operativo, simplemente lo dejé como transporte. Además, si hubiese tomado piezas del tuyo no habría necesitado regresar para terminar con las reparaciones.
- Me alegro que regresaras – le tomó la mano y la besó – ¿cuál es nuestra nueva misión?
- Bien, hay un consejo de líderes mundiales de la Fundación Romefeller en la que estarán todos lo altos funcionarios de Oz, nosotros debemos adueñarnos de la organización y reducir a sus comandantes.
- Ah, pero si la organización es... – pero Heero lo calló al ver que los mecánicos los miraban fijamente – ¿qué pasa?
- Mira las noticias – le dijo.
"El joven Miliardo Peacecratf, hermano mayor de la fallecida Relena Peacecraft, ha declarado hace un momento estar molesto con la decisión de su padre de no acusar a los culpables de la muerte de su hermana y que él sospecha que esto fue una trampa de la Fundación Romefeller y Oz para provocar a su reino a tomar represalias por la muerte de la hija de su querido gobernante"
- De seguro el rey se sintió liberado de semejante peste – dijo Dúo – y le están echando la culpa a quién no fue.
- Recuerda que se murmuraba que él pertenecía a Oz – le dijo Heero.
- Si, pero nunca pudieron probar nada en su contra, por mucho que el rey de Sank no estuviera de acuerdo.
- Pues ahora debe arrepentirse de haberse contado entre sus filas.
"A la Reunión en la base de Nueva Eduars asistirán los líderes pacifistas de todo el mundo a reclamarle a Romefeller por su actitud hacia los países que no están de acuerdo con sus políticas armamentistas y de represión hacía las colonias que no han hecho nada más que defender sus derechos, eso nos dijo el Mariscal Noventa. Además, se encuentra invitado un líder pacifista de las colonias, Hamish Raberba Winner, de L4".
- ¿El padre de Quatre? – dijo Heero sorprendido – debemos actuar de inmediato, es lo que Oz quiere, alguien a quien culpar si pasa algo.
- Quatre se moriría si le pasa algo a su padre – asintió Dúo – ¿cuándo es?
- Dentro de dos días, así que debemos dedicarnos exclusivamente a reparar nuestros Gundam ¿entendido?
- Sí, general, pero primero me das un beso.
- ¡Dúo! – lo regañó sonrojado.
La reunión de los líderes, tanto guerreros como pacifistas, fue desarrollándose en un ambiente muy tenso, en especial porque había montones de mobile suit acordonando la zona, pero para los muchachos no era gran cosa, Heeo y Dúo se habían infiltrado con relativa facilidad haciéndose pasar pos camareros. Otro tanto había hecho Quatre al hacerse pasar por reportero acreditado. Trowa se había infiltrado como soldado de seguridad y se había topado con Wufei que hizo lo mismo. Y, pese a que no se habían visto en meses, ninguno se asombro de ver a sus amigos en una de las salas de vigilancia.
- Vaya, los cinco reunidos de nuevo – dijo Dúo sonriendo luego de saludar a todos – y supongo que venimos a lo mismo ¿verdad? Al menos Heero y yo, sí ¿verdad, muñeco?
- Cállate, Dúo – le dijo este.
- Está de malas pulgas porque no durmió bien anoche solo, no le hizo bien la abstinencia.
- Dúo – lo amenazó.
- Bien, debemos tomarnos el salón principal – dijo Wufei.
- No, espera – le dijo – aun falta alguien que llegue – se volvió hacia Quatre – tu padre fue invitado a la reunión, de seguro Oz pretende matarlo para iniciar la guerra con las colonias.
- ¡Debo prevenirlo! – dijo Quatre preocupado.
- No podemos hacer gran cosa con todos esos soldados a nuestro alrededor sin iniciar una batalla que involucre a las colonias – dijo Trowa pensativo – y tu padre no debe saber quién eres – lo abrazó – pero quizás si obligamos al Duque a dimitir y entregarle el poder a su sucesor los obliguemos a dejar las armas.
- No quiero que mi padre muera – le dijo apoyándose en él.
- Bien, entonces, es cosa de esperar el momento oportuno – dijo Dúo.
Los chicos se pusieron sus uniformes negros y sus cascos oscuros para ocultar su rostro y se colocaron en cinco lugares estratégicos a esperar que la reunión diera comienzo para adueñarse de la organización y obligarlos a rendirse y entregar el poder a quienes lo llevaran mejor.
El duque de Dermail exponía sus puntos con vehemencia siendo apoyado firmemente por otros líderes guerreros que sostenían que las colonias eran una permanente amenaza para la paz de la Tierra.
- Pues me parece extraño – dijo el Sr. Winner – que usted diga eso, duque, es sabido que sus nietos, y en especial su heredero, pertenecen a una de esas colonias – le recordó.
El duque lo miró molesto y dejó que algunos de sus comandante hablaran por él recordando la aparición de los gundam y la destrucción que ellos había hecho la las distintas bases militares de la Alianza y de Oz.
- Pero ellos no han atacado a civiles – los defendió el Mariscal Noventa.
- ¿Quién dice que no lo harán en el futuro? – replicó el comandante de las fuerzas especiales de Oz.
- Yo – dijo Heero apareciendo en medio del salón apuntando su ama contra él – y les ordeno que dejen la organización y que el duque entregue tanto su cargo como su título.
- Un solo soldado no nos asusta.
- Pero él no está solo – dijo Dúo colocándose en una esquina del salón – somos cinco – señaló a los demás que también estaban en una esquina.
- Así que ustedes son los rebeldes que pilotean los gudams ¿verdad?
- Así es – dijo Heero – pero como dijo el Sr Winner y el Mariscal Noventa, nosotros estamos luchando exclusivamente por la reivindicación de las colonias – avanzó hacia el duque – renuncie y acabe con esta guerra, no vale la pena.
- Nadie me da órdenes a mí – le dijo levantando el arma contra él – te mataré primero.
- No me obligue a actuar en su contra, duque – le advirtió Heero – yo tengo más apoyo del que usted piensa – miró a Dúo que había levantado su arma – y tampoco le conviene matarme.
- Basta, exijo saber...
-Usted no esta en posición de exigir nada – lo cortó – muchachos, desarmen a los soldados en la sala, todos son nuestros rehenes hasta que Oz inicie el desarme total de sus tropas.
- ¡No pueden hacer esto!
- Lo siento, Mariscal Noventa, pero a los líderes pacifistas los mantendremos a salvo, es a los otros a quienes vamos a reducir.
- Duque, es mejor que les entregue su cargo – dijo el padre de Quatre.
- Jamás – dijo testarudo.
- Si es lo que quiere – dijo Heero y se plantó ante él – me está obligando a usar las mismas medidas represivas que han usado ustedes contra nosotros los colonos – dejó la automática sobre la mesa y le dio un fuerte golpe en la cara con la palma abierta.
- ¡No golpees a un anciano! – le gritó un soldado que aún no desarmaban y le disparó, sorprendido, el duque agarró a Heero y lo protegió – ¡duque!
- El único… con suficientes… agallas para… hacer eso… es uno… de mis nietos – dijo el hombre cayendo al suelo – eres Heero ¿verdad?
- Si, soy tu sucesor – le dijo quitándose el casco – renuncia y terminemos con esta absurdo, no vale la pena que se pierdan vidas destruyendo cuando podemos construir grandes cosas.
- Eres el nuevo Duque – le dijo y perdió la conciencia.
- Ya oyeron – dijo Dúo molesto – entreguen sus armas.
- Tres – se dirigió a Trowa y este asintió al comprender su mirada – entonces, tomemos el mando de inmediato y cinco – Wufei asintió y tomó el teléfono – ¿estamos listos? – Trowa asintió, todos los soldados dentro del salón estaban desarmados – les habla el nuevo duque de Dermail y nuevo presidente de la organización Romefeller – les dijo a los soldados – ordeno que as hostilidades cesen de inmediato u Oz será disuelta por la fuerza de los Gundams.
- ¿Por qué debemos obedecerte?
- Porque soy y seré legalmente el único con derecho de mandar si el duque de Dermail anterior ya no puede – replicó – soy su nieto y tengo todo el derecho de hacer lo que quiera con la organización.
Un murmullo se escuchó en el salón mientras Heero se cruzaba de brazos, era demasiado joven para asumir esa responsabilidad, pero era más que obvio que la estaba asumiendo plenamente conciente de sus actos y de todas las posibles consecuencias que esto acarrearía.
- ¿Eres Heero Yayuki? – dijo el padre de Quatre sorprendido – entonces, el resto de los pilotos son… - dijo mirando a los muchachos – Dúo Maxwell, Trowa Barton, Wufei Chang y mi hijo Quatre.
- Así es, nosotros hemos estado luchando por liberar a nuestras colonias de la represión y de la tiranía de Oz – le dijo Trowa quitándose el casco – vivimos en carne propia el rechazo de los terrestres a nuestra presencia y fuimos humillados por cuanto quiso hacerlo, en especial por aquellos que no tenían más valor que sus apellidos y el haber nacido en la Tierra.
- Nos vimos siendo maltratados sólo por el hecho de ser colonos – dijo Wufei quitándose el casco también – pocos les importó que nosotros también tuviéramos un buen apellido.
- Y fuimos tratados como basura – dijo Quatre quitándose el casco- se nos veía como potenciales rebeldes en todos lados.
- Y nos vimos obligados a regresar a casa sin terminar nuestros estudios – dijo Dúo imitando a sus amigos – sin comunicación entre nosotros porque era señal que estábamos preparando una revuelta, como si por el hecho de conversar con las personas que quieres y aprecias fuéramos a tratar de destruir a la Tierra.
- Los Yayuki son gente de paz – dijo Heero – y si yo decidí participar de esta guerra, como creo que también lo hicieron mis amigos, fue para acabar con la tiranía y la represión que se nos imponía desde la Tierra, somos personas y tenemos los mismos derechos, y como nuevo Duque los haré valer.
- Me parece bien – dijo el Mariscal Noventa mirando al resto de los líderes mientras el duque era sacado en una camilla del salón – escuchemos la propuesta que tiene el nuevo duque y deliberemos.
- Estoy de acuerdo – dijo otro y muchos más lo secundaron.
Y, al final, la guerra había terminado incluso antes que comenzara realmente, Oz había sido desarticulado y se había comenzado una investigación exhaustiva acerca del asesinato del líder pacifista Heero Yuy y de la princesa de Sank. Dúo estaba preocupado por esto último, no quería que su novio fuera a parar a la cárcel por haber matado a la bruja esa, pero, tal como se había pensado, no había rastro alguno para solucionar el crimen de ninguno y fueron archivados como casos sin resolver.
Lo bueno de todo era que los cinco vivían juntos en una enorme casa mientras terminaban sus estudios. Quatre había optado por estudiar algo relacionado con las artes y la música, Trowa, que permanecía a su lado, estudiaba actuación y practicaba gimnasia de fuerza; Wufei estaba dedicado a la comunicación y al esgrima y las artes marciales, con lo que era un peligro; Heero, que vivía con Dúo y llevaban vida "matrimonial", estudiaba mecánica y computación, era capaz de volver loco al mejor programador cuando quería; y Dúo, él era un caso aparte, nunca le había gustado el estudio, así que no quiso seguir, sin embargo, había encontrado un área de su interés y estaba estudiando para ser el mejor cocinero solo para Heero. Sin embargo, él tenía un cierto problema al levantarse, todas las mañanas volteaba el estómago si se levantaba bruscamente y pasaba lo mismo cuando sólo le mencionaban el pescado o los mariscos, incluso algunos olores le causaban terribles ascos, como la colonia de Midachi.
- Este muchachito está enfermo – aseguró examinándolo Akito, que estaba por terminar su carrera de medicina.
- Será una enfermedad de nueve meses – dijo Taichi sonriendo – por los síntomas yo diría que es un claro caso de embarazo.
- ¡No me puedo embarazar, soy hombre!
- Bueno, podría equivocarme, cuñadito, pero con un par de exámenes sabremos con exactitud si esa supuesta "úlcera" tiene patas.
- Heero se va a enojar conmigo – lloriqueó.
- Oh, vamos – se sonrió divertido Tomochi – de seguro va a saltar en una patita de puro contento, ya verás que te hace hasta una fiesta.
- ¡No, no me va a querer más cuando pierda la figura! – volvió a llorar.
- ¿Y por qué ibas a perder tu figura? – le dijo Quatre entrando en el cuarto.
- Por cosas de familia – le dijo Midachi – creo que voy a decirle a mi amigo que prepare los exámenes y sepamos de una vez qué es lo que tienes para iniciar los trámites, no creo que sea adecuado que sigan en pecado ¿qué dirán tus padres?
- Voy a perder mi trenza también – se sentó y se puso a llorar de nuevo.
- ¿Qué le hicieron a mi Dúo? – dijo Heero molesto sentándose de inmediato a su lado para abrazarlo al entrar – no, corazoncito, no llores así – le acarició la cabeza con ternura y delicadeza tratando de consolarlo.
- Nada, solo tratábamos de saber que clase de "dolencia" tiene, ya que está un poco "delicado" últimamente – dijo Taichi – y Midachi le recordó que ustedes no están casados y que deberían formalizar su relación.
- Me informaron que el Duque de Dermail acaba de fallecer – dijo Mara entrando también en la habitación – ahora Heero es el nuevo duque en todo su derecho ¿qué le pasa a Dúo?
- Es que el pobre ha estado un poco delicado del estómago últimamente – dijo Heero – y eso lo ha dejado sensible.
- si, tiene una enfermedad que dura nueve meses – dijo Midachi.
- ¡Midachi! – le gritó Akito molesto y lo salió persiguiendo por toda la casa.
- Pobre Mida Chan, si Akito lo atrapa, va a pasar a mejor vida – dijo Mara divertida mirando a sus hermanos mayores.
- ¿Qué fue lo que dijo? – preguntó Heero sorprendido mirando a Dúo.
- La única "enfermedad" que dura nueve meses es el embarazo – dijo Quatre mirando a su amigo – pero esto es imposible ¿verdad?
- Dúo ¿es posible que lo estés? – le dijo Heero pero este sólo se ocultó más contra su pecho – Taichi ¿crees que sea posible?
- Es sólo una posibilidad, lo mejor es que un médico lo examine.
- Todos ustedes estudian medicina ¿no pueden hacerlo?
- Va contra la ética atender a alguien de la familia – le dijo Tomochi – y si es verdad lo que creemos no vamos a poder seguir ejerciendo, después de todo el bebé debe ser tuyo ¿no es cierto?
- ¡Por supuesto que es de Heero! – gritó Dúo ofendido – ¡nunca le he sido infiel!
- Yo no dije eso – se defendió – solo que…
- Tranquilo, Dúo, no lo hizo con intención – lo besó en la frente.
- De todas maneras Midachi tiene algo de razón – dijo Tomochi – deberían casarse como insisten los señores Maxwell, no sólo por la posibilidad de los hijos, sino que para formalizar su relación.
- ¿Dúo, quieres casarte conmigo? – le dijo Heero acariciándole el rostro.
-¡Si! – se abrazó a él lo hizo caer al suelo mientras lloraba feliz.
/Ya tres sueños se ven cumplidos, faltan dos.
/Pero uno de ellos es complicado, no podemos hacer sufrir a Heero ¿verdad?
/Pero debemos cumplir los sueños de todos.
/Se los habríamos tenido que cumplir a la bruja.
/¿Qué va a ser de ella?
/No la podemos despertar hasta que la fantasía haya concluido.
/¿Por qué no?
/Romperíamos el esquema y se perdería todo.
/Bueno, al menos ya no la ven.
/Es mejor que dejemos que las cosas sigan su curso.
/Al menos ahora vamos a participar de la boda de nuestro hermanito.
La boda fue preparada por los hermanos de Heero aún antes que los resultados de los exámenes de embarazo en Dúo estuvieran listos, realmente a Heero no le preocupaba mucho aquello, eso de ser padre lo tenía realmente feliz y con el matrimonio en la puerta no cabía en si de pura alegría, aunque sus amigos apenas lo aguantaban a él, en especial Quatre que siempre le contestaba con acritud, no soportaba que estuvieran juntos.
- ¿Cuándo fue que Quatre cambió a Trowa por Dúo? – dijo Wufei a Tomochi mientras miraba al rubio que se paseaba por el borde de la piscina pateando una piedra – es terrible cuando anda de mal genio.
- Pobre Trowa, él no tiene la culpa que Quatre se crea enamorado de Dúo.
- Ni Dúo, ni Heero – dijo apoyándose en el hombro de su novio – me pregunto que le vio a ese alocado para cambiarlo por quién lo ha cuidado desde el comienzo.
- No lo sé, pero debe de haber algo que podamos hacer para ayudar a Trowa a ser feliz también, después de todo, quizás se quede en la familia.
- Je, no creo que sea posible, después de todo nos conocemos desde hace mucho y es casi como estar con Heero.
- Pero es lo mismo que con nosotros ¿no crees?
- Cierto – sonrió.
Trowa estaba sentado estudiando en la biblioteca tratando de olvidar que Quatre le había dicho que ya no lo amaba y que habían terminado, no lo había dejado ni pensar en la forma de convencerlo de no terminar, simplemente se fue. Y para colmo, había descubierto que le interesaba el trenzado y que intentaría lo que fuera con tal de quitárselo a Heero. Ya no sabía qué hacer ¿le decía Heero lo que estaba pasando con el rubio? Porque de seguro iba a intentar arruinarles la boda y eso sí no podía permitirlo, sus amigos no se merecían aquello.
- ¿Estás bien, Trowa? – le dijo Akito poniendo su mano en su hombro atrayéndolo hacia él con cariño – te noto un poco triste.
- Es que Quatre ya no me quiere – se apoyó en su hombro llorando – no sé que hice mal para que me odie.
- Ese chico es un poco extraño – dijo al fin acariciando sus cabellos.
- Me dijo que no intentara nada, que él está enamorado de alguien más y que va a hacer hasta lo imposible por conquistarlo antes que se case con otro.
- ¿Se enamoró de Dúo?
- Si, dice que yo no valgo nada, que Dúo es el único que puede hacerlo feliz.
- Bueno, tranquilízate, veremos que se puede hacer para que se de cuenta de lo que se está perdiendo – lo besó en la mejilla – deja de llorar, las lágrimas no te sientan nada de bien – se las limpió con un dedo – anda, muéstrame una sonrisita ¿quieres? De seguro debe ser fantástica.
- No molestes – se separó mirándolo divertido – pero puedes intentar enseñarme otras cosas para hacerme sonreír.
- ¿Y si te hago cosquillas? – le dijo y Trowa salió corriendo de la biblioteca.
- ¡Atrápame primero! – le dijo.
Heero estaba sentado revisando la minuta para la comida de la boda cuando pasó Trowa perseguido por el mayor de sus hermanos, eso no le iba a hacer mucha gracia a Taichi, estaba interesado en su amigo desde que ellos se vinieron a vivir con ellos, pero también estaba interesado Akito en él. Claro que el latino había andado deprimido desde que Quatre se había enojado con él y terminaron, y, al parecer, Akito estaba logrando sacarlo de aquel estado.
- Hee chan – le dijo Midachi – ¿haz visto a Akito?
- Anda jugando con Trowa – le señaló por donde se perdieran – creo que nuestro imperturbable hermano mayor se deschabetó.
- A Taichi no le va a hacer gracia – dijo divertido – pero al menos nuestro hermano ha perdido su seriedad – miró a su alrededor – ¿y tu adorable prometido?
- Creo que salió con Mara y nuestra madre de compras, tú sabes, eso que él va a ser la novia lo tiene más loco que de costumbre.
- Yo no tuve suerte – miró a Tomochi – él se quedó con el lindo chinito y yo voy a permanecer solito.
- Lo eligió porque tú te pereces a Dúo en lo molesto – le recordó – y es a alguien a quien se traga pero no soporta en su totalidad – se rió – no sé como mi dulce americano lo eligió como su padrino.
- Al menos todo se va a quedar en familia – dijo al fin – estaba pensando que yo podría intentar tranquilizar a Quatre mientras Akito tranquiliza a Trowa y luego los volvemos a unir, mira que ellos siempre han hecho una bonita pareja, así él se dará cuenta de lo que se está perdiendo al rechazarlo ¿no crees? Además, Dúo es tuyo y no vamos a dejar que nadie te lo quite y te haga infeliz.
- Creo que eres un peligro público – le sonrió divertido – pero si quieres arriesgarte a que Quatre te mate, adelante, un Midachi menos que moleste.
- Gracias por tu apoyo – le dijo sarcástico y fue por Quatre.
- Mi hermano está más loco que Dúo – dijo mirándolo y volvió a tomar las minutas.
Midachi se plantó frente a Quatre muy tranquilo, si el rubio se enojaba, bueno, al menos habría conseguido que desviara su atención de Dúo y Heero y se descargara un poco con él.
- ¿Qué quieres? – le dijo de malos modos.
- Saber por qué estás así – le contestó – todos están contentos con lo de la próxima boda ¿por qué tú no?
- Porque… ¿y a ti que te importa? – dijo apartándose.
- Es mi hermano menor quien se casa y creo que a él le gustaría que tú compartieras su alegría tal como hacen los demás – le dijo – no estés enfadado, eres un chico guapo y cualquiera podría enamorarse de ti ¿sabes?
- Pero no la persona que yo quiero – replicó bajando la voz.
- No por eso vas a dejar de buscar el amor, hay otros peces, otra gente a tu alrededor – señaló a Wufei – él eligió a Tomochi y no me he muerto por eso, tampoco Mara, y creo que Trowa está sanando de su ruptura, míralo, incluso Akito está contento ¿por qué no lo intentas al menos?
- Porque yo no podría ser feliz si se casa con tu hermano – dijo mirándolo a los ojos con los suyos llenos de lágrimas – no podría.
- No llores, pequeño – le dijo Midachi lleno de ternura mientras lo abrazaba – ya verás que es algo pasajero.
- Hasta Trowa me despreció – dijo en un susurro – y ahora se fue con tu hermano mayor ¿qué va a ser de mi?
- No llores, pequeño – le acarició el cabello – venga, vamos a beber algo y me cuentas tu problemas ¿te parece?
- ¿Te vas a especializar en sicología? – le dijo limpiando sus lágrimas.
- No lo sé aún, más me gusta destrozar personas – se rió y lo tomó de la mano para entrar en la casa.
/¿Estará bien que interfiramos tanto?
/A mi me gusta el paso de los hechos.
/Claro, como tú saliste ganando.
/No se peleen, los chicos podrían oírnos y se terminaría la fantasía.
/Es que todo es tan lento y aburrido.
/Debemos dejar que ellos tomen las riendas.
/Pronto se acabará todo.
Era media tarde cuando Dúo conoció a su pequeño hijo, ya hacía siete meses que estaba casado con Heero y eran inmensamente felices, pero el ambiente dentro de la mansión de los Yayuki era tenso. Trowa, que andaba de novio con Akito, y Wufei, que estaba todavía con Tomochi, habían hecho una "pequeña" fiesta para recibir a su pequeño sobrino y aquello había terminado en una tremenda pelea entre Quatre, que, aunque no lo admitiera, estaba completamente celoso de Akito pese a andar con Midachi, y el hermano mayor de Heero, cosa que habría terminado en feroz pelea si no hubiese empezado con sus labores de parto.
- ¿Cómo está todo en casa? – le dijo a Heero – ¿se calmaron todos?
- Es apenas un armisticio – dijo este sentado junto a su familia – y creo que Quatre se ha tomado en serio eso de que Trowa esté con Akito, lo ha amenazado con sacarle los ojos y este le ha respondido que si quiere se come a Trowa, después de todo es su novio y hacen vida de pareja – movió la cabeza – creo que Akito no conocía su lado árabe, Quatre estuvo a punto de matarlo. Claro que Trowa se quedó callado y Midachi también se enojó – se rió – amenazó a Trowa con matarlo por hacer sufrir a "su pequeño y amado Quatre" y este le dijo que Quatre no era suyo, pero Mida kun le dijo que él conocía a Quatre íntimamente y Trowa perdió la cabeza, lo agarró por el cuello y estuvo a punto de matar a mi hermano, al parecer él y Quatre jamás tuvieron relaciones y el que Midachi haya sido el primero le dolió demasiado.
- La casa debió ser una locura – dijo Dúo sorprendido.
- Mi padre debió intervenir y Midachi y Akito no están en la casa, creo que fue lo mejor, de seguro Trowa y Quatre los matan.
- Tal vez ellos todavía se aman ¿no crees? Sino ¿por qué les duele tanto?
-Supongo que de cierta manera es cierto, pero ninguno quiere dar su brazo a torcer y allí tienes las consecuencias – suspiró – ninguno quiere perder, pero no ganan nada con lo que hacen.
- ¿Cómo le podremos al bebé? – le dijo Dúo mirando a su hijo – es tan hermoso, se parece mucho a ti ¿no crees?
- Bueno, yo diría…
- ¡Heero, por favor, detenlos! – entro corriendo Mara asustada.
- ¿Qué pasa? – lo miro preocupado, su hermana no interrumpiría así porque sí simplemente a no ser que fuera una emergencia.
- Trowa y Quatre están peleando y parece que el rubio va a matarlo.
- Ese Quatre es de armas tomar – dijo Heero poniéndose de pie – ¿y Wufei?
- No ha conseguido separarlos, ha intentado de todo, pero el árabe está ofuscado.
- Está bien, tranquilízate – le dijo y se inclinó a darle un beso en la frente a Dúo y a su hijo – ya vuelvo.
- Calma a esos locos, no quiero que se hagan daño.
- Veremos que se puede hacer – y salió siguiendo a su hermana.
Ciertamente la pelea era descomunal, Quatre estaba totalmente fuera de si y Trowa, pese a ser más alto, no podía contra él. Heero se acercó a Wufei que estaba con Tomochi y le preguntó que pasaba.
- Me temo que la culpa es de Trowa, le dijo que por su culpa habían alejado de él a su querido Akito y ahora debía vivir como monje – movió la cabeza – pero lo peor fue cuando le dijo que jamás había hecho el amor con él porque no le gustaba, que de seguro era un estorbo en la cama.
- Hubieses visto a ese muchacho, es una fiera, si no los separamos luego – dijo Tomochi preocupado – de seguro se matan entre ellos.
- Veamos – dijo él caminando hacia el par que peleaba – Quatre ¿qué es lo que te pasa? – intentó razonar con él.
- Lo voy a matar – le dijo entre dientes – y si interfieres te va a pasar lo mismo que a Wufei – le advirtió.
- ¿Por qué quieres matarlo? ¿qué fue lo que te hizo?
- ¡Me comparó con tu hermano! ¿Cómo se atreve a decir que no soy buen amante si nunca quiso hacerlo conmigo?
- ¡Porque si lo fueras Midachi estaría dispuesto a casarse contigo!
- ¡Y si tú lo fueras Akito se casaría contigo!
- ¡Al menos ya me lo pidió!
- Desgraciado infeliz – dijo más furioso si se puede – ¡Nadie juega con Quatre Raberba Winner y vive para contarlo! – empezó a ahorcarlo de nuevo.
- Basta, Quatre, sabes que el único que sufre eres tú – insistió Heero.
- Al menos pudiste haber intentado amarme de corazón – dijo Quatre empujando lejos a Trowa – ¡Te odio, Trowa Barton, y si yo no te puedo matar, mi gente lo hará por mí! – atravesó el patio llorando y luego escucharon un portazo.
- Trowa, eres un idiota – le dijo Heero – ¿acaso aún no te das cuenta que Quatre sigue enamorado de ti, que sólo estaba confundido?
- Fue él quien terminó conmigo – se defendió molesto – por poco me mata.
- Pues si su gente se entera de lo que está pasando ¿no crees que podría lograrlo si lo apoyan? – le dijo – o, peor, dejarte vivo pero sin posibilidades de volver a ser el mismo de siempre ¿es que acaso no razonas? Tienes la cabeza vacía.
- ¡Yo amo a Quatre!
- ¡Pues anda y díselo antes que se vaya de esta casa y no lo vuelvas a ver más!
Trowa lo miro fijamente un segundo y asintió, Heero tenía razón, actuaba como un reverendo idiota, alguien debía dar el primer paso y pedir disculpas, ese eres el que más amaba en la pareja. Corrió por el pasillo y al llegar a la puerta de Quatre escuchó sus sollozos desgarradores, tembló y golpeó ante de entrar.
- ¿Quatre, estás aquí? – dijo abriendo lentamente la puerta temiéndose otro ataque del pequeño árabe – Quatre, yo…
Continuará...
Lo siento, estaba demasiado cerca de concluirlo todo, por eso lo dejo hasta aquí, espero que les haya gustado la historia, miran que los chicos están por regresar a la realidad, claro que no falta mucho.
Shio Chang.
Quiero agradecer de corazón a aquellas personas que me han dejado sus comentarios, sé que no les respondo o les nombro, pero les aseguro que siempre les tengo en cuenta, sino, no seguiría escribiendo estas leseras.
