De lo que sería capaz por ti.

A mi amiga Sayuri, que es la única que aboga por Quatre, las demás me han dicho que lo haga sufrir por tratar mal a Trowa, pero creo que tiene razón, ah, y también a la personita que casi le acertó al novio de Wufei.

Fantasía acabada ¿o no?

Trowa empujó suavemente la puerta y buscó con la mirada al pequeño Quatre, si había entendido bien, el pequeño estaba más que celoso de su supuesta relación con el mayor de los hermanos de Heero, así que existía una pequeña posibilidad que quisiera regresar con él.

- ¿Quatre? – volvió a preguntar entrando en la habitación en penumbras – vamos, no te escondas, tenemos... – pero el sonido de la puerta cerrándose violentamente a sus espaldas y el sonido del seguro lo callaron – no juegues, Quatre.

- ¿Quién ha estado jugando con quien? – le dijo él amenazador – me has conocido por años y sabes que no soy del tipo de persona que aguanta que le jueguen chueco, hubiese sido mejor que no lo intentaras siquiera.

- Yo nunca he jugado contigo, Quatre – retrocedió, no quería otro arrebato de ira de su parte, bien sabía que no razonaba en lo tocante a su orgullo de árabe – ni para bien ni para mal.

- ¿A quién tratas de engañar? A mi no me vuelves a mentir ¿me oyes? ¡Jamás!

- No te estoy mintiendo – se defendió.

- Como si yo fuera tonto – le dijo acusador metiendo la mano en su bolsillo – por eso te entiendes tan bien con Heero, te gusta, pero como no lo puedes tener te has quedado con uno de sus hermanos, después de todo se le parecen tanto ¿no es cierto? Son como gotas de agua.

- Te equivocas – dijo viendo que ahora le apuntaba con una automática ¿de dónde la había sacado? – a mí no me gusta Heero, es mi amigo. Además…

- Deja de mentirme – lo calló bruscamente – ahora no hay nadie que evite que te mate, no permitiré que le hagas daño a Dúo o al bebé – le quitó el seguro a su arma – veamos si tienes suerte, sólo me queda una bala – giró el cargador para jugar a la ruleta rusa.

- Quatre, ¿alguna vez me amaste de verdad? – intentó distraerlo, si disparaba de seguro lo pasaba al otro mundo – ¿No fue mentira de tu parte?

- ¡YO TE PROMETÍ MI VIDA, MI CUERPO Y ME DESPRECIASTE! – dijo mientras las lágrimas comenzaban a correr por su rostro, pero la mano no le temblaba al apuntar – ¡A CUALQUIERA LE DABAS LO QUE DEBIÓ SER MÍO!

- ¡Jamás hice eso! – intentó detenerlo.

- ¡LO HICISTE A VISTA Y PACIENCIA DE TODO EL MUNDO! – insistió – ¡A MÍ NO ME RECIBÍAS Y PARA ELLA ERAS TODO SONRISAS! ¡TE DEJABAS ABRAZAR Y BESAR POR ELLA Y YO, QUE ERA TU NOVIO, NO RECIBÍA NINGUNA MUESTRA DE CARIÑO! ¿ACASO ESO NO ES DEPRECIARME?

- ¿Te refieres a Catherine? – dijo asombrado – estás equivocado, mi corazón.

- ¡NO ME LLAMES ASÍ, NUNCA HE SIDO TU CORAZÓN! – dijo y jaló el gatillo y se sintió el sonido del disparo por toda la casa...

/¡Terminen la fantasía!

/¡Va a matar a Trowa!

/¡Despierten a los muchachos!

/¡Despierten a los muchachos!

/¡Heero, rompe el contacto!

/Misión abortada.

Dúo abrió los ojos y vio a su alrededor, estaban en el invernadero y era de noche ¿cuánto rato había estado dormido? Recordaba claramente lo que había vivido y entonces se percató que en su regazo descansaba un lindo bebé que dormía placidamente acurrucado contra él ¿acaso no era parte del sueño?

- Dúo está despierto – dijo Midachi – veo que tu sueño tenía mucha fuerza, se hizo real – acarició al pequeño – venga, revisemos a los demás.

Frente al cuatro del reloj de flores, Trowa despertó sobresaltado, Quatre intentaba matarlo de un certero disparo, pero estaban en el invernadero ¿habría sido una pesadilla? Suspiró, al menos no era cierto, no tenía ni un rasguño, pero de seguro su Quatre no haría eso, no intentaría matarlo...

- Parece que todos han despertado – dijo Tomochi revisando a Quatre que estaba llorando a lágrima viva apoyado en el hombro de Taichi – tranquilo, no le hiciste nada a Trowa, él está bien ¿ves? – le señaló al latino.

- ¡Trowa! – gritó poniéndose de pie corriendo a su lado para abrazarlo – estás bien ¿verdad? – lo miró a los ojos.

- Claro que no, pequeño, estoy bien – dijo correspondiendo a su abrazo con cariño y le limpió las lágrimas – muy bien.

- Menos mal – suspiraron todos – los tuvimos que sacar de la fantasía antes de tiempo, Quatre deseaba demasiado acabar con la causa de su sufrimientos que pudo haber matado en serio a Trowa.

- ¡Pero Heero me mató a mí! – chillo Relena mirando al japonés que miraba a Dúo y al niño – y esa cosa ¿qué es? – señaló al bebé.

- ¡No lo trates así! – dijo Heero defendiendo a su vástago todavía en el regazo de su "madre" – te maté en la fantasía porque no quiero tener nada que ver contigo ¿cuándo te va a entrar en la dura cabezota que tienes que no me gustas? – le recalcó – Ojalá lo hubiese deseado con todas mis fuerzas para que te borraras para siempre de nuestras vidas.

- ¡Heero! – dijo ella sorprendida.

- Vete y no vuelvas a buscarme ¿entendiste? ¡Jamás! Dúo es mi vida y ahora tenemos un hijo para completar nuestro amor ¿verdad, esposo mío?

- Si, esposo mío, pero regresa a tus cabales ¿quieres? Me das miedo así.

Relena se puso de pie furiosa y se alejó rápidamente hacia la salida dando fuertes pisadas y se encontró con Dorothy que le lanzó una mirada furiosa a sus primos, aunque jamás sabría qué había pasado en aquella fantasía.

- Muy bien, ya que se fueron las indeseables, regresemos a casa – dijo el padre de Heero acercándose a Dúo – ¿me permites cargar a mi nieto?

- ¿Eh? – lo miró y luego al bebé – claro – se lo entregó.

- Se parece a todos los Yayuki ¿no crees, querida? – le dijo mostrándoselo a la madre de los muchachos – Heero era así de pequeñito.

- Yo quería que se pareciera a Dúo – dijo Heero abrazando al trenzado que sonreía orgulloso – pero era su deseo, ni modo ¿verdad? No se puede cambiar.

- ¡Hay un sobrinito! – dijeron Tomochi y Midachi felices – deberíamos ir a comprarle un regalito, un enorme oso de peluche…

- Odio los osos de peluche – les dijo Heero – piensen en otra cosa.

- Y el niño es demasiado pequeño para que le interese un juguete de esos – señaló Akito mirando a su sobrino que ahora estaba en los brazos de su abuela – mejor van a comprar pañales y ropa, serían más útiles a un recién nacido.

- ¿Cómo sabes que es un recién nacido? – dijo Heero alzando una ceja – ¿acaso ustedes estuvieron viendo que pasaba en nuestra fantasía?

- Bueno, debíamos vigilar el devenir de los hechos para que no pasara un percance como el que estuvo a punto de suceder por los celos de Quatre – dijo Akito restándole toda importancia.

- ¿Incluso las veces que Dúo y yo…? – dijo Heero sonrojado y todos sus hermanos se sonrojaron también – ¡Pervertidos!

- No te exaltes, no fue su culpa – le dijo el abuelo – debíamos controlar los hechos o habría ocurrido un desastre.

- ¡Pero esas cosas son privadas! – se defendió acalorado.

- Bueno, sólo miramos un poco, no nos gusta ver ese tipo de cosa y menos solos – dijo Tomochi – lo único bueno es que Wufei me escogió a mí de novio ¿verdad, precioso?

- ¡Era sólo parte de la fantasía! – le dijeron Midachi y Mara.

- Por lo mismo, hizo su elección de corazón – dijo él abrazando al chino.

- Hey, suéltame que me vas a desarmar – le dijo Wufei molesto – esa era sólo una fantasía, pude haberme equivocado de hermano.

-¿Qué dices? – le dijo soltándolo al fin mientras palidecía notoriamente.

- No es que no me gustes, pero ¿no crees que eres demasiado efusivo? – le sonrió y Tomochi recobró el color.

- ¡Eres muy malo! – lo regañó – no juegues así.

- ¿Cómo le van a poner al sobrinito? – dijo Midachi acercándose a sus padres – es un poco pequeño para ser un Yayuki ¿no crees, Akito?

- Recuerda que no fue un embarazo normal – le dijo este – y creo que deberíamos examinarlo, no vaya a tener algún problema por ser así.

- Mañana Heero debe volver a la Isla, allí podrá examinarlo un médico – dijo su padre – por ahora sólo preocúpense por arreglar las cosas para que él y sus padres no pasen mala noche.

- Pero nosotros somos médicos – insistió Taichi.

- La ética profesional dice…

- No se atienden parientes de ningún tipo, ya sean por lazos de sangre o por matrimonio – repitieron todos y el padre asintió.

- Pero sería sólo algo momentáneo – dijo Midachi – no algo oficial.

- Midachi, no vas a faltar a tu ética profesional a estas alturas ¿verdad?

- Pero, señor, si no hay otra, el niño...

- Midachi – le advirtió

- Mira, Mida Kun, mejor vamos a preparar el viaje de Heero a la Isla y el nuestro de compras para el bebé – le dijo Akito – y nos evitamos problemas ¿de acuerdo?

- Está bien – se sometió al fin.

- Estos muchachos, son todo un caso – dijo el abuelo – y no deberías ser tan drástico, Enochi, sólo se preocupan.

- Están faltando a su ética profesional – le dijo testarudo.

- ¿Y quién se va a enterar? Al menos ellos estarían mas tranquilos por el bebé.

- Lo sabrían ellos y eso está mal.

- Con razón tus hijos han dejado de llamarte padre – le dijo enfadado – espero que tú no te pongas igual de pesado con el tiempo, Heero.

- Yo siempre querré que mi hijo me diga papá – dijo abrazando a Dúo – después de todo crecí sin uno.

- Igual que el resto de los chicos – dijo el anciano alejándose molesto.

En la Isla ya nada de lo que pasara en Fantasía podía asombrarlos, al menos eso pensaban hasta que vieron al más joven de los hermanos Yayuki llegar con su esposo y un pequeño bebé en sus brazos, querían que mientras Heero recibía su rehabilitación se lo examinaran porque, pese a tener cinco médicos en su propia isla, ellos no podían examinarlo por ser pariente consanguíneo.

- Es un pequeño muy saludable – dijo la enfermera – pesa tres kilos cien y mide 51 cm, está muy sano – se lo entregó a Dúo junto con una libreta – deben darme su nombre para inscribirlo.

- Heero Yayuki – dijo Dúo sin preguntarle a Heero, en realidad este no había estado de acuerdo en ningún nombre la noche anterior y esperaba que no se molestara por darle el suyo – como su papá.

- Si, se le parece mucho – dijo ella anotando el nombre tanto en la libreta como en la computadora – y el nombre de la madre...

- No me lo va a creer – sonrió el trenzado – pero soy yo, Dúo Maxwell.

- Er, si, bueno, no debería asombrarme tanto, muchas cosas extrañas pasan en Fantasía, en especial cuando están todos los Yayuki allí, pero cuando uno cree que lo ha visto todo se da cuenta que no ha visto nada aún – dijo ella suspirando – y, dígame ¿cómo está el señor Yayuki?

- ¿Cuál de todos? – se sonrió divertido.

- ¿Eh? – lo miró como si fuera tonto – Es cierto, todos lo son, me refiero al señor Enochi, el padre de su esposo.

- Bueno, está bien, muy contento de tener un nieto, creo.

- Es un tipo formidable – dijo soñadora – y tan guapo.

- Y enamorado – dijo tomando la libreta al ver que Heero le hacía señas – vamos, tú papá nos llama – le dijo al bebé y se marchó dejando a la mujer asombrada y desilusionada.

Akito estaba de pie en el balcón mirando el mar, ellos siempre se habían sometido a los deseos de su padre, él decidió desde el momento en que Heero desapareciera qué sería de cada uno de ellos y desde muy pequeños se acostumbraron a vivir en un mundo esterilizado, en donde no había cabida para los sentimientos y, por mucho que siempre habían luchado para complacerlo, jamás lo habían conseguido, ni la más mínima muestra de afecto o de orgullo por sus logros, nada, tanto así que, pese al respeto que le tenían, habían perdido el cariño hacia su padre y sólo lo veían como un superior. Suspiró, Heero había sido afortunado al no vivir bajo su sombra.

- ¿Estás bien? – le dijo Quatre deteniéndose a su lado.

- ¿Por qué no habría de estarlo? – le dijo sin inflexión en la voz.

- Yo tengo un don muy especial ¿sabes? Puedo leer los sentimientos de las personas, aunque a veces me confundo – suspiró – además, soy demasiado amable con las personas, alguna vez le pregunté a Heero si eso estaba mal y el me dijo que estaba bien serlo, pero que no lo demostrara siempre – miró hacia el mar – sé que estás lleno de amargura.

- Supongo que es cierto – dijo al fin – es por el bebé ¿sabes?

- Pero si el bebé no ha hecho nada, es demasiado pequeño para hacerles algo.

- No me refiero a eso – movió la cabeza.

- Entonces ¿por qué sufres por él?

- Cuando Heero desapareció nosotros intentamos tocar nuevamente el corazón de nuestro padre por todos los medios posibles, pero él se nos cerró cada vez más hasta convertirse en piedra para todos – miró hacia abajo – hasta el punto que nosotros no tuvimos un padre, sólo nos teníamos entre nosotros, por eso yo me hice responsable de mis hermanos.

- Pero si la diferencia con Midachi es sólo de 2 años.

- Pero yo era el mayor. Además, mi padre escogió que fuéramos médicos.

- En nuestra fantasía también lo eran.

- ¿Crees que estando él al pendiente nos iba a permitir ser algo más? – movió la cabeza – nunca se nos permitió soñar con el futuro, por eso nos duele el bebé, él va a tener un padre, tal vez hasta un abuelo, todo aquello que nosotros nos perdimos.

- Por eso no quieres a tu madre ¿verdad?

- No puedo perdonarla, ella me obligó a asumir un rol que nunca quise ¿Sabes que crecimos internos? Una vez cada tres años veníamos aquí y mi padre jamás estaba con nosotros, siempre tenía una excusa.

- Y Heero y Dúo vinieron a echarles sal en la herida ¿verdad?

- Dime algo, Quatre, ¿por qué, con ese don que dices tener, hieres a Trowa?

- Trowa aún me ama, lo sé, pero yo siento algo muy profundo en mi pecho por Dúo, quiero que él sea feliz y creía que yo podía ayudarlo, pensaba que sin Heero de por medio lo conseguiría, pero he visto también sus sentimientos y Dúo, el día que llegase a perder a Heero querría dejar de vivir, así que lo mejor es que deje las cosas por la paz y me retire a un rincón a llorar.

- ¿No podrías estar confundiendo tus sentimientos de alguien más con los tuyos?

- Ojalá fuera el caso – dijo llorando al fin – siento que me destrozo, pero sé que sólo Heero podrá hacer feliz a Dúo ¿no crees que su fueran sus sentimientos los que percibo no estaría feliz con el bebé?

- Pero en la fantasía me odiaste cuando pensaste que yo tenía a Trowa.

- Yo soy árabe ¿sabes? Y mi orgullo se sintió herido porque a mí me había rechazado, él hizo una comparación y sus palabras me hirieron aún más el orgullo, no podía dejarlo así, fui educado para saber mi valer.

- Por poco y matas a Trowa, pero cuando despertaste de la fantasía corriste hacia Trowa a cerciorarte que estuviera bien – le recordó.

- Fue mi novio y mi amante, ya una vez casi lo mato, no quiero pasar por eso de nuevo – suspiró – no lo amo, pero lo quiero.

- ¿Te importaría mucho si trato de consolarlo?

- ¿A qué te refieres? – le dijo mirándolo directamente por primera vez, Akito era más de una cabeza más alto que él.

- Bueno, es un muchacho bien centrado, además es guapo y agradable, creo que sería una buena pareja para mí – dijo tratando de tantear el camino.

- No creo que llegaras a gustarle, te pareces a Heero más de lo que se ve a simple vista – le contestó calmado – no los conoces.

- ¿Nunca has pensado que esa facilidad de entenderse que tienen sea atracción?

- No, tengo mi don ¿recuerdas? Claro, Dúo pensó más de alguna vez que ellos eran amantes porque con una simple mirada entienden al otro, pero es porque Heero tiene una mirada que dice todo si la ves bien, cosa que Dúo nunca hace.

- Pero yo no soy Heero – le recordó.

- Heero también guarda amargura en su vida del tiempo de la guerra – le dijo – y jamás la expresa, la guarda y le carcome las entrañas, debería decirle a esa persona que lo está destruyendo e impidiendo ser el mismo.

- ¿A quién te refieres?

- A Traize Kusrenada.

- Pero ¿no se supone que ese tipo está muerto?

- El propio Wufei lo mató – asintió – pero, por lo mismo, ambos comparten esa misma herida en sus almas.

- ¿Y dices que me parezco a Heero?

- Claro, pero tú tienes a esa persona a mano para desahogarte ¿sabes?

- ¿Es una terapia? – dijo Midachi abrazando a Quatre – ¿lágrimas? No habrás hecho llorar al pequeño ¿verdad? Pobrecito, deja a este amargado solito y yo te cuido ¿te parece?

- Este Midachi – dijo molesto – claro que no, sólo hablábamos.

- Terrible, se va a caer el mundo a pedazos, Akito hablando con alguien que no sea si propia conciencia.

- Payaso – le replicó molesto – no es algo que te importe.

- Cierto – dijo al fin sin soltar a Quatre que se apoyó en él – allí viene el barco de Dúo y Heero, al fin regresan ¿qué habrán dicho del pequeño allá en la Isla?

- Midachi, no tienes nada de tacto – le dijo Akito y este bajó la mirada al rubio y este se había refugiado contra su pecho a llorar.

- Perdona, yo… hablé si pensar, lo siento – trató de calmarlo.

Trowa estaba sentado en la terraza cuando Dúo, Heero y el bebé entraron en la casa, una sola mirada le bastó para saber que Heero estaba molesto con el trenzado pero que estaba dispuesto a pasar por alto lo que fuera con tal que él fuera feliz, levantó una ceja y el japonés le señaló con una mirada al bebé, entonces lo entendió todo, Dúo le había dado nombre al pequeño sin consultarle.

- ¿Y cómo lo bautizaste? – le dijo al americano acariciando una mejilla de su sobrino que le atrapó el dedo.

- Heero – dijo este sonriendo todo orgulloso.

- Creo que vas a necesitar un babero – dijo Trowa divertido.

- ¿por…? ¡Malvado! – dijo al comprender sus palabras – vas a ver…

- Hola, ya regresaron – dijo Tomichi que venía de la mano con Wufei – ¿cómo lo encontraron?

- Muy sano, pesó 3 kilos cien y midió 51 cm – dijo Dúo.

- Pequeño pero sano – dijo Akito llegando con ellos – recuerdo que cuando Heero nació pesó casi cuatro kilos y midió 55 cm., que es lo normal en la familia.

- Pero este no fue un embarazo normal.

- ¿Y ésos dos? – dijo Dúo señalando a Midachi que estaba con Quatre en lo que parecía ser un abrazo de lo más apasionado.

Y Trowa se movió con la velocidad que le había dado el tiempo de ser soldado y de trabajar como acróbata de un circo, en menos de un segundo estaba frente al hermano de Heero y le aforraba feroz golpe que dio con el por el suelo y se alejó corriendo.

- ¡Trowa! – lo llamó Quatre al percibir su dolor, pero no podía seguirlo, debía ayudar a Midachi – ¿estás bien?

- ¿Alguien anotó la patente? – intentó bromear mientras se sobaba la mandíbula y el resto de la cara – vaya golpe que me dio.

- Midachi y Dúo se parecen demasiado – dijo Akito en voz baja ayudando a su hermano a ponerse de pie – ¿ves lo que te ganas por meterte en cosas que no debes? – lo regañó – feo golpe, ve a ponerte hielo o se te pondrá morado el ojo.

- Sí, papá – le dijo medio en serio, medio en broma.

- Este chico me va a sacar canas verdes – suspiró – ¿estás bien, Quatre?

- Sólo sorprendido, Trowa no suele mostrar sus emociones.

- Debes hablar con él – le dijo Heero preocupado – no vaya a ser que en una de esas se acrimine con mi hermano.

- Pero ¿por qué se enojó tanto? – miró Quatre hacia donde Trowa se había ido.

- Otro despistado – dijo Wufei – desde donde nosotros estábamos parecía que se estaban dando un abrazo apasionado – le dijo.

- Midachi sólo trataba de consolarme – dijo – Trowa está loco

- ¿Y por qué te consolaba? – dijo Dúo – ¿estás triste por algo?

- Ve por Trowa – dijo Akito a Quatre – y ustedes lleven a pequeño dentro, parece que va a haber una tormenta.

- No se ven nubes negras – dijo Dúo mirando el cielo.

- Si Akito lo dice, es porque es cierto – le dijo Tomochi empujándolo mientras le decía al oído a Heero – aunque no sea en ese sentido que lo dijo.

Trowa estaba sentado en su cama con la vista fija en el suelo mientras sus brazos rodeaban sus piernas, dolía, y mucho, saber que Quatre era capaz de rehacer su vida con el hermano de Heero, tal vez se pareciera a aquel que le había quitado a quien creía amar, pero a la vez se parecía mucho a Dúo, si el fuera así tal vez Quatre volviera a amarlo, pero era demasiado tarde para cambiar, quizás lo mejor, fuera regresar al circo o buscar un rincón donde esconderse a llorar y luego morir, pero ahora no podía razonar en nada, sólo en que Quatre ya había encontrado consuelo en los brazos de alguien que no era él.

Un suave golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos depresivos, pero cuando escuchó la voz de quien llamaba, su corazón pareció estrujarse, tanto que pareció estallar en mil pedazos, por lo mismo se endureció y borró toda emoción de su cara y de su pecho y se alegró de no haberse permitido llorar.

- Pasa, Quatre – le dijo con voz tranquila y pausada.

- ¿Estás bien? – le dijo acercándose para percibir sus sentimientos.

- Claro, perdona el arrebato, ya se me pasó.

- Deberías pedirle disculpas a Midachi, Akito dijo que le va a quedar el ojo en tinta.

- Hablaré con él – dijo y se levantó – vamos, creo que me perdonará.

Quatre lo miró asombrado, hace un rato había sentido muy patente el dolor de Trowa y ahora no había nada allí ¿sería que realmente se le había pasado el dolor o es que ya no lo amaba? Porque Trowa nunca le cerraría el corazón ¿verdad? Y ahora estaba verdaderamente confundido ¿por qué le dolía tanto el pensar que Trowa ya no lo amara? ¿acaso no era eso lo que quería cuando fueron a esa isla?

Bajaron lentamente la escalera y entraron el la cocina, allí estaba Midachi con una bolsa de hielo contra el rostro y con los ojos cerrados mientras Akito lo revisaba en silencio, él no estaba acostumbrado a recibir golpes, por lo mismo lo más probable era que casi toda la cara se le inflamara.

- No se lo vayan a decir a mi padre – dijo Midachi sin verlos – de seguro me manda de regreso al continente en castigo.

- Lo siento – le dijo Trowa disculpándose – me ofusqué.

- Está bien, yo no debí aprovecharme de tu novio.

- Quatre no es mi novio desde antes que nos invitaran a venir – le dijo Trowa como quien habla del clima y todos se voltearon a mirarlo – al fin lo asumí, él debe rehacer su vida como quiera y no debo interferir.

Heero lo miró totalmente asombrado, Trowa no podía haberse dado por venido tan fácilmente, él no era de esos, pero en sus ojos había un dejo de resignación total que lo hizo ponerse triste, su amigo había perdido el corazón y no quedaban ni los jirones del alma del otrora soldado de hielo como Dúo se había dado a llamarlo, su alma lloraba en silencio y esperaría hasta estar a solas para desahogarse.

Quatre se sintió de lo peor al escucharlo ¿tanto había sido capaz de dañarlo? Porque ahora leía sus emociones a través de Heero, a él no podía cerrarle su alma, Trowa se había resignado a perderlo y se lo entregaba a su supuesto rival ¿cómo le decía ahora que estaba muy equivocado, que no cambiaba a Dúo por Midachi? O, tal vez, ¿a él por ninguno de ellos?

- Esto está mal – dijo Wufei moviendo la cabeza mirando a Trowa – ¿en serio te vas a quedar tan tranquilo?

- No queda nada por hacer – dijo este encogiéndose de hombros.

- Midachi – dijo Quatre sentándose a su lado – ¿me dejas ver el golpe?

- Claro, pequeño – le sonrió y se quitó la bolsa de hielo de la cara – al menos el dolor se me quitó un poco – se volvió hacia él árabe – ¿me quedó muy feo el golpe? – le preguntó.

- Un poco – le tocó con cuidado la cara – pero no tanto.

- Le dimos un antinflamatorio – le dijo Tomochi – sólo debe esperar que le haga efecto y descansar alejado de nuestro padre.

- Pues entonces es mejor que nos separemos – dijo Heero – tengo la ligera sensación que nos vigila y que estemos todos reunidos en un mismo lugar lo hará pensar que algo pasa y descubrirá a Mida chan.

- Este es el chico listo de la familia – le dijo Akito – venga, vamos a mirar la bebé y tu, Midachi, vete a tu cuarto y no te aparezcas por aquí hasta que se te desinflame por completo la cara ¿de acuerdo?

- De acuerdo – dijo a regañadientes – ¿me acompañarías, Quatre?

- Por lo mismo le pegaron – dijo Taichi moviendo la cabeza mientras los veía salir.

Akito estaba sentado estudiando en el balcón cuando Trowa se sentó a su lado, sospechaba que él si podía ayudarlo a reconquistar a Quatre, al menos en la fantasía el pequeño había reaccionado al pensar que ellos estaban juntos pese a que con él sostenía casi la misma relación que con Heero.

- ¿En que piensas? – le dijo al verlo tan serio.

- En el cambio que vamos a vivir todos de ahora en adelante – replicó molesto – nosotros tratamos por años que mi padre sonriera siquiera una vez, que tuviera un gesto amable, pero fracasamos rotundamente, incluido Heero, pero el bebé lo ha vuelto a ser el hombre que fue hace muchos años, es más, anda como tortolito con mi madre, se le ha olvidado en rotundo lo que pasó cuando Heero se perdió.

- Quizás era lo que necesitaba, que ella volviera a su lado – le puso la mano en el hombro – cuando Heero conoció a Dúo fue muy brusco con él, incluso después se la pasaban peleando porque el trenzado nunca le hacía caso a Heero y este se molestaba, pero él lo amaba y tenía miedo de decirle lo que sentía, creía que lo iba a rechazar y sentía que moría día con día, pero un día se le declaró, Dúo estaba tan sorprendido que se negó a ser su pareja, creo que con tu padre pasaba lo mismo, a Dúo le tomó más de un año convencer a Heero que estaba equivocado y que de verdad lo amaba, durante ese tiempo Heero estaba más que insoportable, su humor era el más amargo que hayas conocido, pero cuando Dúo le dijo que lo amaba y quería casarse con él, cambió del cielo a la tierra.

- Es posible – aceptó – pero eso no quita el dolor ¿sabes?

- Tal vez no se borre, pero puede hacerse más tolerable.

- ¿Y de qué forma se consigue?

- Díganselo a su padre, no creo que Yayuki Sama se enoje, creo que aquello los ayudará a todos.

- No sólo es mi padre, es ella también – movió la cabeza – además está Mara, no quisiera verla perjudicada por los errores del pasado de nuestros padres.

- Pese a que ella no creció con ustedes, te sientes responsable por ella.

- Ella no nacía cuando ocurrió aquello – se encogió de hombros – y soy el mayor.

- Me habría gustado tener una familia como la tuya.

- Te la regalo…

- ¡HEE-CHAN! – escucharon gritar a Dúo molesto.

- ¿Qué habrá pasado?

- No lo sé, pero no creo que sea a tu hermano a quien le grita ¿no crees?

- Vamos a investigar – entraron en la casa y vieron a Dúo de pie, con los brazos cruzados frente al pecho, mirando furioso a Heero que lo miraba divertido – ¿pasa algo malo, chicos?

- Claro que sí – dijo Dúo apuntando a su esposo – ¡ese infeliz ha estado haciendo cosas a mis espaldas y estaba preparando el bautizo de MI HIJO y hasta escogió los padrinos sin consultarme siquiera!

- Tú le diste un nombre sin preguntarme siquiera si estaba de acuerdo – se defendió sin dejar de sonreír – ¿cuál es que te hice un escándalo por eso?

- ¡NO ES LO MISMO!

- Claro que lo es – dijo poniéndose serio – siempre haces lo que quieres y me aguanto ¿por qué no puedes ser tolerante al menos una vez?

- ¡Siempre andas ordenando cosas! ¿cuándo vas a asumir que no eres mi jefe?

- ¿Cuándo vas a asumir que las decisiones se toman en conjunto?

- ¡EL DIA QUE TE DES CUENTA QUE DEBES PEDIR MI OPINIÓN!

- Yo te pido tu opinión – le recordó – y paso por alto cuando no tomas en cuenta la mía – agregó tratando de mantener la calma – lo hice cuando decidiste la fecha de nuestro matrimonio, recuerdo que fuiste a pedir hora ni siquiera me preguntaste y no dije nada, incluso hasta todo lo de la boda lo tenías planeado ¿Me preguntaste acaso si quería ir a las Bahamas de luna de miel? No, y eso que sabías que no me gusta el calor, pero no discutí. Tampoco lo hice cuando fuiste y arrendaste el departamento en ese edificio, yo no quería vivir tan cerca de Preventers, y tampoco dije nada. Y ahora, está lo del nombre de NUESTRO hijo. ¿Para qué te sirvo si no me tomas en cuenta para las cosas que realmente importan? Sabes que yo también tengo sentimientos.

- Heero jamás habla tanto – murmuró Trowa mirando a Dúo que se había quedado mudo, cosa extraña en él.

- Heero, tranquilo – le dijo Akito.

- ¿De qué me sirve amarlo tanto si él no me ama igual?

- No llores, pequeño – lo abrazó atrayéndolo a su pecho – Dúo no quiso herirte ¿verdad? – lo miró mientras acariciaba el cabello de su hermano.

- Yo… - Dúo se quedó en silencio otra vez – lo siento, Heero, claro que te amo – lo abrazó haciendo que soltara a Akito – perdóname, amor mío, dejaré que sigas con el bautizo como tu quieras, pero no llores.

- Este estuvo tomando clases con Quatre – dijo Trowa moviendo la cabeza – ¿y se puede saber quién es el padrino del bebé que te molestó tanto?

- No es por el padrino, sino porque no me había dicho nada – rebatió Dúo – quiere que tú seas el padrino junto con Sally Poe.

- ¿Quién es ella? – dijo Akito asombrado que mencionara a una mujer.

- Una amiga que trabaja en preventers, la conocimos en los tiempos de la guerra.

- Yo quería que Hilde fuera la madrina.

- ¡No quiero a ninguna de tus Ex cerca de mi hijo! – dijo Heero apartándose.

- Yo tampoco querría a Relena cerca – le replicó.

- Pero hay un mar de diferencia – le dijo este – entre Relena y yo nunca hubo nada fuera de su imaginación, en cambio tú si te acostaste con Hilde.

- Bueno, pero ella es mi amiga.

- Y cada vez que la veo me recuerda que ella estuvo contigo antes que yo.

- Ella no es así – la defendió.

- Una pateadura contigo, Dúo Maxwell – se enojó – vete al infierno – se cruzó de brazos molesto.

- Pero, Heero, no seas así – intentó abrazarlo.

- Pero nada, no la soporto y punto.

- Que genio – suspiró – está bien, que sea Sally.

- Podría ser Mara – dijo Akito – así podría entrar oficialmente en la familia. Además, la pobre está dolida porque Tomochi se quedó con Wufei.

- ¿Cuándo va a ser la ceremonia? – intervino Trowa mirando a Heero que le dio una sola mirada y comprendió, todo había sido una farsa para provocar a Dúo.

- Le iba a preguntar a Dúo cuando este me gritó – se encogió de hombros.

- ¡Malo! – le dijo y salieron corriendo ambos de la sala.

- Esos dos no tienen arreglo – dijo Akito.

Midachi observaba de reojo a Quatre que estaba sentado leyendo una novela de amor a su lado, no habían hablado mucho ya que el medicamento había surtido efecto y se había dormido, pero estaba con la curiosidad de saber que pasaba por aquella loca cabecita que se había dedicado a buscar el amor de quien jamás se lo daría ya que era de alguien más. Además, había notado la cara que puso cuando Trowa pareció darse por vencido en la lucha por su amor.

- Al fin despiertas – le dijo el árabe sonriendo calmadamente.

- ¿Cómo me quedó la cara? – le dijo sentándose en la cama para mirarse en el espejo del buró.

- Casi ni se nota el golpe – le respondió mirándole a la cara – lamento lo de Trowa, debí advertirte que es extremadamente celoso.

- Pero debe ser muy tierno contigo ¿verdad?

- Trowa es un chico especial – admitió – aunque debo contarte algo que él no sabe, nunca me he atrevido a decírselo, se parece bastante a mi padre – se metió la mano en el bolsillo y le mostró las fotos de su padre y de Trowa – a veces no sé si lo quiero por el mismo o por el parecido.

- El complejo de Electra – le dijo – Taichi es el psicólogo de la familia, quizás debas consultarlo con él.

- ¿En qué consiste ese complejo?

- Bueno, es lo contrario del de Edipo, se dice que es un amor enfermizo que tiene una hija hacia su padre que la hace odiar a su madre, verla como su rival.

- Pobrecita – suspiró – pero lo de Trowa es mera casualidad, no andaba buscando alguien que se pareciera a mi padre, al contrario, quería a una persona que fuera tan diferente de él que yo pudiera amarlo profundamente, quizás alguien como Dúo, porque hasta Heero tiene actitudes suyas ¿sabes?

- ¿Y cómo era tu padre? – sonrió – no, no me respondas, creo que Taichi es el indicado para aclarar tus dudas

- Mi padre era un líder pacifista, pero era un extremista también, para él no existían los términos medios, si yo quería algo, debía asumir la responsabilidad de tenerlo hasta el final, como cuando quise ser piloto Gundam, no quería, así que me salté sus órdenes, pero cuando me di cuenta de lo que querían de mí y me quise echar atrás, no me dejó, aunque aquello significó su muerte.

- ¿Y en qué se parece a mi hermano?

- Heero y yo vivimos juntos un tiempo, yo quería dejar de ser soldado pero él no me lo permitió y tampoco quiso que cambiara mi actitud, dijo que debía afrontar mis responsabilidades aunque ello me costara la vida, que así había vivido mi padre y yo debía de imitarlo – suspiró – pero fue muy duro.

- Se parece a Akito – suspiró – lo supe desde la primera vez que nos habló, no eran precisamente las palabras, sino la seguridad conque hablaba, la responsabilidad que asumía con su esposo y con todo lo que estaba relacionado a él, su enfado porque nosotros le dábamos a Dúo aquello que antes él no podía.

- Heero es así, desde un principio él se sintió responsable por el resto de nosotros y asumió que, como él fue preparado desde muy pequeño para ser soldado, debía ayudar a los demás a no cometer errores, a responder de manera adecuada, etc., sólo que Dúo no quiso aceptar aquello, siempre había cuidado de si mismo, pero Heero comprendió que no había hecho lo mejor y se dedicó a cuidarlo – miró la ventana – jamás podría hacer eso por él, por mucho que lo ame.

- Quatre, tú eres un chico dulce y tierno, y Dúo necesita una mano firme que lo guíe, que lo apoye y lo haga levantarse cuando tropieza, si él se quedara contigo haría lo que quisiera contigo y serías feliz por un tiempo, mientras sintieras que estás haciendo lo mejor, pero luego cambiaría todo, serías un amargado. ¿Cuánto tiempo te tomaría darte cuenta que estás dando más de lo que recibes?

- ¿Qué quieres decir con ello?

- Simple, me he dado cuenta que Dúo muchas veces hace las cosas a su gusto y que a Heero le molesta aquello, pero él le dice a Dúo que aquello está mal, no deja que él siga tomando las decisiones solo y cuando este comete un error, lo corrige y lo ayuda a mejorar. ¿Serías tu capaz de ponerle un hasta aquí a Dúo?

- No – dijo pensativo – lo dejaría hacer lo que quisiera, lo secundaría en todo.

- A eso me refiero ¿Y que hay de lo que tú quieres? ¿Te has puesto a pensar en qué harás cuando él no quiera algo que tú ansíes de todo corazón?

- Trowa siempre me decía que me entregaba demasiado, que debía actuar con cautela, que no todo lo que deseamos siempre es bueno para nosotros, que debemos privilegiar la calidad por la cantidad, y que nuestras responsabilidades debemos asumirlas con respeto y amor.

- Piensa igual que Akito – dijo molesto – lo que significa que hay tres en casa, se va a convertir en un infierno lleno de responsables y cuidadores ¡que horror!

- ¿Akito piensa como Trowa? – dijo preocupado y angustiado.

- Sí, cuando asumí que debía ser médico – dijo sin percatarse de la angustia de Quatre – Akito me hizo estudiar mucho, dijo que era una gran profesión, pero que ella llevaba una gran responsabilidad y que yo debía aprender a amarla porque tendría en mis manos la vida de muchas personas, me decidiera por la rama que me decidiera. El primer año lo pasé muy mal, yo estaba acostumbrado a irme de farra todos los fines de semana desde que cumplí los 18, pero cuando comencé a estudiar ya no tuve tiempo, quise retirarme, pero Akito no me dejó, incluso llegué a odiarlo, pero cuando entré a ser médico interno me di cuenta que mi hermano tenía razón y aprendí a respetarlo como si fuera mi hermano y no mi padre.

- Akito no quiere a su padre, lo respeta, pero no lo ve como tal.

- ¿Quién de nosotros cuatro lo quiere en realidad? – movió la cabeza – después del divorcio mi padre nos mandó a estudiar a un internado, no nos escribía, no iba a vernos, ni un saludo de cumpleaños tuvimos en ese tiempo, sólo Akito se las ingeniaba para alegrarnos aquellos días, de una u otra manera nos entregaba un presente para esas fechas y para navidad, al principio le creímos que era nuestro padre quien los enviaba, pero luego nos dimos cuenta que él jamás recibía nada de regalo y eso no se lo puedo perdonar ni a él ni a mi madre – se limpió las lágrimas – y te diré que ahora odio a Heero, cual él se fue perdimos a mi padre y ahora que él regreso se ha acordado de nosotros.

- Quizás tu padre se sentía culpable por la pérdida de Heero.

- Pero pagamos con creces su ausencia, en especial Akito, ¿Has visto alguna vez una sonrisa en los labios de Akito? Nosotros sí, solo una vez, cuando fue nombrado el mejor de su clase cuando se recibió de médico, allí estábamos nosotros, orgullosos de nuestro protector hermano mayor, contentos de ver esa sonrisa en sus labios, pero ella murió casi de inmediato, mi padre no estaba allí para felicitarlo y no tuvo siquiera la decencia de mandarle una nota de disculpa, nada, como tampoco lo hizo conmigo ni con Taichi, tampoco nos recibió en el hospital cuando entramos a trabajar, rara vez lo veíamos. Solo en las juntas médicas, y eso porque como somos residentes, aparte de Akito que es oficial, no nos invitan siempre. Es raro que nos visite, claro que cuando hubo aquel atentado en que encontramos a Heero fue al hospital, quizás porque mandé a hacer un examen de ADN, no lo sé.

- Creo que debería decirle a su padre lo que sienten, quizás aún sea tiempo para remediar las cosas con él – suspiró – yo nunca pude hacerlo, mi padre murió por sus ideales y por protegerme.

- Lo siento, Quatre, a veces olvido que otras personas también tienen problemas, quizás mayores que los míos, y me centro sólo en lo que yo siento.

- Midachi, ¿tú alguna vez pensaste en ser algo que no fuera médico?

- Sí, quería ser arquitecto, construir hermosas casas – sonrió – pero ni futuro estaba decidido, sería cirujano y no se podía discutir.

- ¿Y Akito?

- Bueno, él era bueno en todo lo que hacía, siempre se entregaba al máximo en su tarea, creo que quería ser veterinario, le encantaban los animales, pero mi padre nos quitó las mascotas cuando nos internaron y Akito sufrió mucho cuando supo que sus mascotas las habían sacrificado.

- ¿Qué tipo de animales le gustaban? – dijo tragando saliva.

- Los gatos eran sus preferidos, decía que cuando fuera mayor tendría un león o un tigre de mascota… - lo miró extrañado – ¿dije algo malo?

- A Trowa también le gustan los animales, en especial los felinos, en el circo donde trabajaba tenía un león de mascota y siempre va a verlo.

- Entonces tiene mucha afinidad con mi hermano – dijo sin tino y Quatre se puso a llorar, iba a perder a Trowa de puso tonto – no te pongas así – dijo al darse cuenta y lo abrazó – vamos, no creo que a él le guste Akito.

- ¡Sabes que en la fantasía Akito se quedó con Trowa! – le dijo – y hace un rato me dijo que si yo creía que si de verdad le gustaba a Akito.

- Dios, de seguro Akito sólo está siendo protector con él, es su manera de ser.

- ¡Ay, Midachi! – ocultó el rostro en el pecho del médico y comenzó a llorar con más ganas, en realidad era un idiota, siempre había perdido a los que amaba de verdad, de una manera o de otra.

Wufei estaba sentado con el pequeño Heero en su regazo cuando el padre de su amigo se apareció por su lado en silencio. Había notado que era un hombre silencioso y distante con sus hijos, que ellos no le dirigían la palabra a no ser que fuera estrictamente necesario y que se tensaban con la pura idea de que él los llamara por algo, pero sentía que no era por miedo, eran lo bastante duros como para enfrentarlo, pero había algo en él que no terminaba de gustarle, quizás debiera tratar de conocer un poco a su futuro suegro.

- Dios, Nataku, en las cosas que pienso – dijo en voz baja.

- ¿Con quién hablas, muchacho?

- Me llamo Wufei, Yayuki Sama – le dijo – Nataku es algo así como mi ángel de la guarda, es el espíritu de mi esposa.

- Así que estas casado, Wufei, ¿lo sabe Tomochi?

- Nataku murió hace años, señor, la perdí durante la guerra, no creo que a Tomochi le importe demasiado.

- Pero hablas con ella.

- Y otros hablan consigo mismo – le replicó – no es diferente.

- Sólo los niños hacen eso.

- No conoce a Maxwell, entonces, él habla todo el tiempo consigo mismo para tomar buenas decisiones, según él.

- Me pregunto cómo fue que mi hijo fue a caer en sus manos, entonces.

- Me temo que eso va a tener que preguntárselo a él, señor.

- Sí, aunque he notado como que me evade, no he hablado con él.

- ¿Le puedo preguntar algo?

- No te prometo responder.

- Sus hijos se mantienen, en lo posible, lejos de usted, estoy seguro que no es por miedo, llevo años conociendo a su hijo menor y sé que cuando hace eso es por no perder la paciencia y sus hermanos se le parecen bastante y creo que es el mismo motivo, así como tampoco le dicen papá o padre, pero al abuelo si lo tratan con cariño ¿Por qué?

- Eso no debería importarte, muchacho.

- Por supuesto que me importa, estoy con Tomochi y todo lo relacionado con él es importante para mí. Además, ya le dije como me llamo.

- Mira. Mi relación con mis hijos no es tema…

- ¿Relación con sus hijos? Sabe, hay un dicho muy sabio que dice "Padre es el que cría y no el que engendra" y me parece, por lo que he visto y escuchado, que es Akito el padre de los muchachos y no usted, quizás deba admitirlo a él como mi suegro – se levantó con el niño en sus brazos – piénselo, Yayuki Sama, creo que sus hijos no lo quieren – se marchó.

- "Con razón tus hijos han dejado de llamarte padre" – escuchó la voz de su padre hablándole enojado, quizás fuera hora de dejar de pensar que podía perderlos y pensar en la manera de recuperarlos, porque era obvio que en lo anterior había fracasado, los había perdido y por su propia culpa.

Heero escuchó el débil golpe en la puerta y se levantó para abrir, sabía que alguien debía de estar cuidando a su hijo en lugar de Dúo, pero este estaba demasiado acostumbrado a dejarle las responsabilidades a él que ni se había acordado que lo tenían.

- Hola, pasa – le dijo a Wufei – te noto molesto.

- Yayuki Sama – dijo molesto – le pregunté qué le pasaba con ustedes y me dijo que eso no debía importarme, como si yo no fuera a formar parte de la familia.

- Él no es mi padre, Wufei, yo no podría considerarlo como tal y lo sabes, ni siquiera en nuestra fantasía se mostró como hubiese querido que fuera, yo pensé que los muchachos habían tenido un padre amoroso, protector, sí, pero cariñoso, y me he dado cuenta que ellos no llevaron una mejor vida que yo.

- Estás contagiado – le dijo divertido.

- ¿Cómo dices?

- Que Maxwell te contagió, estás muy hablador.

- No molestes – dijo tomado al niño.

- Bueno, yo venía a dejarte a Heero y a decirte que el abuelo quiere que hagamos una fiesta en el jardín para celebrar la llegada de un nuevo miembro a la familia y tu nombramiento como nuevo duque de Dermail.

- Silencio, Dúo no lo sabe.

- Je, lo siento, pero en algún momento va a tener que enterarse ¿no?

- Se lo tendré que decir de todas maneras, aunque no creo que esté muy feliz después de todo, ya que debí consultarle antes.

- Bueno, debo ir a avisarle a los demás, es una fiesta de etiqueta ¿sabes?

- Muy bien, le diré a Dúo que se vista elegante – miró por el pasillo – creo que Trowa está con Akito y Quatre con Midachi.

- Espero que esos dos se junten o nos tendrás a todos por cuñados.

- Ya veremos que pasa, quizás sea lo mejor.

Trowa se cansó de esperar a Akito, era un tipo demasiado metódico para su gusto, Quatre, pese a que siempre había sido un muchacho rico y mimado por sus hermanas, era sencillo, de decisiones rápidas, por eso le gustaba tanto y quizás por eso se había equivocado tanto al soñar con su amor.

- Trowa – lo detuvo Wufei – ¿que haces?

- Aburrirme – se encogió de hombros – no sé cómo le cuesta tanto decidirse por lo que se va a poner para salir.

- ¿Te refieres a Akito?

- ¿A quién otro?

- Heero dijo que estabas con él – dijo moviendo la cabeza – en fin, yo tenía que avisarles que el abuelo está preparando una fiesta en el jardín para celebrar la llegada de un nuevo miembro en la familia y el nombramiento de Heero y que, además, la fiesta es de etiqueta.

- Entonces, mejor le aviso a Akito, quizás eso lo ayude a decidirse, aunque tengamos que posponer nuestra salida.

- Voy por Winner, Heero dijo que estaba con Midachi – dijo sin mirarlo – se va a convertir en su cuñado a este paso – miró las puertas – ¿cuál será su habitación?

- No lo sé – replicó molesto y dio un portazo al entrar en la habitación de Akito.

- Metí la pata – dijo el chino encogiéndose de hombros – pero dijo que ya no le importaba, que se quitaría del medio ¿quién lo entiende?

Revisó una por una las puertas hasta llegar al fondo del pasillo sin notar que Trowa lo seguía con sigilo, allí golpeó y escuchó el suave pase de Midachi y entró. Y ambos muchachos se quedaron sorprendidos, Quatre estaba boca abajo y dormido profundamente apoyado casi totalmente sobre Midachi.

- Maldito – gruñó Trowa furioso y se dio media vuelta y se fue corriendo.

- Espera, no es lo que crees – le dijo Midachi tratando de moverse sin despertar a Quatre, pero este se aferró a él y murmuró unas palabras que dejaron a los que quedaban de una pieza.

- Trowa, te amo – susurró apretando con fuerza a Midachi – no me dejes solo, por favor…

Midachi y Wufei miraron al árabe asombrados ¿no estaba hace pocos días loco por obtener el amor de Dúo? ¿Acaso era que realmente él estaba confundido? ¿No sería que al pensar que podía perderlo al fin había reaccionado como se debía? Eso debía ser, o al menos eso esperaba Midachi...

Continuará…

Ok, ya hice sufrir demasiado a Trowa y a Quatre, espero que el temperamento de los hermanos de Heero les esté gustando, harto me ha costado recrearlos.

Midachi es un poco boca floja, habña sin pensar, pero no es malo, me gusta mucho. Y Akito, bueno, es un hermano responsable y cariñoso, creo que fue muy lindo de su parte tratar de ilusionar a sus hermanos aunque lo hayan descubierto. En fin, ya revelaré al resto de la familia.

En cuanto a Enochi Yayuki, téngale piedad, está por recapacitar de todo el daño que les hizo a sus hijos.

Gracias a Aquellos que me han dejado sus comentarios, me agrada saber que leen mis historias y me alientan a seguir adelante.

Shio Chang (Wing Zero está exigiendo vacaciones pagadas el muy fresco, pero que espere sentado, primero le regalo una bomba de tiempo).

PD. Esto es como regalo de cumpleaños para mí, no me pregunten cuantos que no voy a contestar.

A todo esto ¿Saben quienes son los que hablan entre ? Espero que sí o tendré que decirlo en el otro capítulo. Además, creo que aún falta para terminar.