Cómo convertir a alguien en un diplomático decente

- ¿Han llegado ya todas las delegaciones? -.

- Prácticamente todas, majestad -.

- ¿Algún problema? -.

- De momento ninguno, su sistema de organizar a las embajadas según las alianzas que hay entre sus respectivos países ha evitado que pudiera surgir algún conflicto -.

- Me alegro, puedes retirarte Nantrans -.

Una vez a solas Ameria se permitió un suspiro de alivio. El organizar la Convención estaba resultando agotador, había demasiadas cosas a tener en cuenta y cualquier error podía resultar fatal, y lo que ella menos quería era que se declarara una guerra.

Volvió a repasar los dibujos que tenía sobre la mesa, en ellos se veía la distribución de las mesas y sus comensales durante los banquetes que se celebrarían mientras durara el evento. Todo parecía en orden.

Llamaron a la puerta.

- Adelante -.

- Disculpe majestad, hay unas personas que insisten en verla sin demo... -.

- ¡Ameria! -.

Rina, acompañada de Gaudy, entró empujando al lacayo sin consideración alguna.

- ¡Vaya, menudo cambio! – añadió la hechicera al ver la altura de su amiga, rondando el 1´70, y el largo cabello azabache.

- Rina, Gaudy, me alegro de veros -.

- ¿Ocurre algo? -.

- ¿Por qué lo dices, Rina? -.

- Tienes un aspecto lamentable, deberías dormir más y preocuparte menos, ¿para qué tantos consejeros y políticos rodeándote si no te quitan algo de trabajo? -.

- Precisamente ellos son una de las cosas que más trabajo dan, los burócratas pueden resultar más pesados que un enjambre de moscas – sonrió con acritud – Pero sentaos, debéis estar agotados después del viaje -.

- No más que tú -.

- Por cierto, ha llegado una carta de tu hermana -.

- ¿¡Qué!? – exclamó la hechicera.

- Es increíble, me pregunto como lo hace, ¿tú no, Rina? – dijo su rubio compañero.

- ¿A qué te refieres? – interrogó Ameria, extrañada.

- Luna siempre sabe dónde encontrar a Rina y, no sabemos cómo, sus cartas siempre llegan antes que nosotros -.

- Supongo que el hecho de que sea la Caballero de Ceiphed tiene mucho que ver en ello – replicó la princesa.

- Bueno, ¿y qué tripa se le ha roto está vez a mi hermana?, ¿otro dios demonio suelto? -.

- No, por desconcertante que parezca, quiere que te hagas cargo de la representación de Zefiria en la Convención, ahora eres embajadora -.

- Ameria, yo no sé mucho de política y eso pero, ¿no crees que Rina no es muy diplomática que digamos?... no me mires así, es cierto – señaló Gaudy, temiendo ser puesto en órbita en cualquier momento.

- Lo sé, para ayudarla tendrá a Shilfild y a Filia, además del consabido enjambre de políticos zefirianos – les mostró el mapa del Salón de Banquetes – Estaréis aquí, junto con delegaciones de otros tres reinos; uno de los embajadores es un viejo conocido, el príncipe Miwan de Femenil -.

- Al menos no tendremos que soportar a Martina – comentó feliz la hechicera – Pero Gaudy tiene razón... -.

- ¿Ah, sí? -.

- Sí, cerebro de medusa, yo no puedo representar a Zefiria, no sé como desenvolverme en un ambiente refinado y de intrigas cortesanas, lo mío es la magia y el combate directo -.

- Faltan dos días para que dé comienzo la Convención, en ese tiempo os entrenaremos para convertirte a ti en una espléndida burócrata y a Gaudy en el perfecto acompañante -.

- Supongo que no hay otra salida... instrúyanos, majestad – resolvió Rina, al tiempo que realizaba una torpe reverencia.

Shilfild se mostró de lo más efusiva al reencontrarse con sus amigos, sobre todo con Gaudy. Ameria convocó a sus mejores especialistas en modales cortesanos, así como a sastres, estilistas, etc...

- Es todo un reto para nosotros, demoiselle – comentó el jefe de aquella tropa mientras examinaba a los jóvenes.

- Oiga, sin insultar, yo no me he metido con su tupé – replicó Rina.

- Es peor de lo que pensaba -.

- Haz lo que puedas Aratan – lo alentó Ameria; ella sabía que por muy bruta que pudiera llegar a ser Rina todavía era más inteligente, aprendería.

- ¿Dónde vas? – inquirió la hechicera al ver como su amiga salía de la sala.

- A seguir trabajando; hoy tienen lugar los juicios públicos, atendemos en palacio las demandas de la gente de la ciudad y sus alrededores – sonrió para animarla – Si necesitáis algo sólo tenéis que decírselo a Aratan -.

Enfundaron a Rina en un sencillo vestido de color gris y la obligaron a llevar zapatos de tacón para que se fuera acostumbrando. Aratan colocó un libro sobre la cabeza pelirroja.

- Para eliminar vuestros andares de marimacho – respondió el mayordomo a la pregunta de Rina – Y le recomendaría evitar los hechizos destructivos dentro de palacio, podría ocasionar daños irreparables a alguno de mis colaboradores o a miembros de las embajadas -.

- ¡Hpmf! -.

- Ande... así, bien... levante el rostro, relajados los hombros... mejor... ha de deslizarse, flotar sobre sus pies -.

- ¿Deslizarme?, ¿y cómo se supone que se hace eso? -.

- Usted anda como si pensase pasar por encima de cualquier ser o cosa que se cruce en su camino, ha de olvidar la agresividad... muévase como si caminara sobre una placa de hielo, despacio y sin gestos bruscos -.

La hechicera asintió. Colocó el libro nuevamente sobre su cabeza e intento llevar a la práctica la teoría.

- Vaya, vaya, ¿a estas alturas aprendiendo modales Rina? -.

Zeros esquivó con facilidad el libro que su amiga le arrojó. Un grueso goterón apareció en su frente al ver como el volumen se incrustaba en la pared.

- ¿Qué se supone que pintas tú aquí?, hace más de un año que no se te veía el pelo, desde lo de Estrella Oscura para ser más exactos -.

- Ameria me ha invitado a la fiesta igual que a los demás, ¿te sorprende? -.

- Sinceramente no, seguramente te has autoinvitado... bueno, Aratan, ¿crees que así está mejor? -.

- Se aproxima bastante a la perfección, con un poco de práctica lo haréis de forma natural, tenéis más talentos escondidos de lo que pensé en un principio demoiselle – reconoció el preceptor – Pasemos a lo siguiente, modales en la mesa -.

- En eso estaba Gaudy hace un momento – comentó Zeros.

- Por tu expresión diría que te lo has pasado en grande observándole -.

- Como me conoces, aunque aclararte con tanto cubierto no es fácil, veamos que tal te defiendes tú -.

Rina miró perpleja la cubertería y las variadas copas que tenían preparadas en una pequeña mesa. Zeros sonrió. Aratan procedió a explicarle el uso de cada uno, además de cómo sentarse, como colocar la servilleta, como solicitar que te sirvan, etc.

- Inténtelo, ¿cuál es el de pescado? -.

- Aratan, tengo una idea -.

- ¿Idea? -.

- En vez de aprender esta tontería enséñeme como mantener una conversación con una panda de políticos mentirosos e hinchados de orgullo, lo considero más importante para no meter la pata, provocar una guerra y que Ameria me persiga con su ira justiciera, con cierta colaboración de mi hermana, durante lo que me queda de existencia -.

- ¿Y cómo evitará hacer el ridículo en los banquetes? -.

- Muy fácil, esperando que los otros cojan los cubiertos, así sólo tendré que imitarlos -.

Zeros estalló en carcajadas ante el desconcierto del maestro.

- Rina, mira a quién he encontrado en... -.

- ¿¡Qué hace ÉL aquí!? -.

El mazoku y la hechicera se giraron hacia la entrada, allí estaban Shilfild y Filia con un adorable bebé de cabello turquesa.

- Disculpen pero la señorita Invers ha de terminar su educación y con tanta interrupción no vamos a concluir nunca – protestó Aratan.

Filia, Shilfild y Zeros abandonaron la habitación.

- Nunca imaginé que fueses a venir, parecía que jamás ibas a volver a salir de esa aldea en la que te instalaste -.

- Y yo tenía la esperanza de que permanecieras en tu basurero de Wolf Pack para lo que te queda de eternidad, namagomi, como ves no se han cumplido las expectativas de ninguno -.

- La maternidad no parece haberte ablandado mucho, compadezco al pobre Val -.

- Tú sigue hablando y veremos quién compadece a quién -.

- Deberíais calmaros un poco – sugirió Shilfild, ligeramente alarmada ante las auras dorada y negra respectivamente de la dragón dorado y el demonio.

- Parece que eres tú la que necesita clases de conducta y no Rina, agresiva ex sacerdotisa de Vulabazard – prosiguió Zeros.

- Con que agresiva... Shil cuida un segundo de Val_chan – Filia desenfundó a maza_sama - ¡¡¡VAS A VER LO QUE ES AGRESIVIDAD MALDITO DEMONIO!!! -.

La dragón dorado la emprendió a mazazos por el pasillo persiguiendo al hilarante sacerdote. Una puerta se abrió.

- ¿Ya están discutiendo? – interrogó Gaudy.

- Yo diría que sí -.

- Shil, presiento que algo malo va a suceder y pronto, ¿no has sentido tú nada? -.

La sacerdotisa se sobresaltó, creía que ella era la única que había sentido esa extraña inquietud.

- Sí, algo va a suceder el día de la inauguración de la Convención pero no sé decirte más, sólo alcanzo a percibir una oscuridad que se aproxima -.

- Deberías informar a los demás, así estaremos preparados – recomendó el espadachín – Yo he de volver al entrenamiento -.

- De acuerdo, hasta luego Gaudy -.

La joven echó a andar siguiendo los gritos y golpes que resonaban al fondo del pasillo, su rostro oscurecido por la preocupación.

- Vamos Shilfild, ¿no lo dirás en serio? -.

- Sí, a mí tampoco me gusta pero es la verdad -.

En un saloncito se hallaban reunidos Rina, Gaudy, Shilfild, Ameria, Filia, Phillionel y Zeros. La dulce sacerdotisa les había confiado sus negros presentimientos.

- Algo malo... – murmuró Ameria cabizbaja – No puede ser, no permitiré que nada arruine la Convención -.

- Ninguno lo permitiremos pero hay un problema, no sabemos cual es esa amenaza – puntualizó Rina.

- Eso es cierto – asintió el Príncipe Phil, tan preocupado como su hija.

- ¿Cuál es el plan entonces? – inquirió Gaudy.

- ¿No puedes decirnos nada más, Shilfild?, una imagen, algo -.

- No Rina, sólo veo una oscuridad que se aproxima y siento miedo, confusión, ira, odio -.

- Con tanta energía negativa seguro que el sonriente engendro que tenemos ahí sabrá algo –. Filia miró despectiva a Zeros.

- Zeros, si sabes algo desembucha – amenazó la hechicera - ¿A qué nos enfrentamos? -.

- Bueno, es... en realidad es un secreto -.

- No sé por qué pero lo sabía – suspiró Rina – El que Zeros no abra la boca significa que debemos tener muy en cuenta el presentimiento de Shil y que la amenaza posiblemente esté relacionada con los demonios, o por los menos los beneficia -.

- Mañana por la tarde es la inauguración de la Convención, primero tendremos el acto de presentación de cada delegación, a continuación, un tiempo de bebidas y canapés para que los diplomáticos puedan conocerse... -.

- Querrás decir conocer al enemigo y preparar el campo de batalla, es el momento que más aborrezco de este tipo de eventos – interrumpió Phillionel – Después de ese interludio de más de tres horas pasaremos al Salón Comedor, se ha dispuesto una mesa por cada 4 reinos, antes de comer habrá un discurso de bienvenida y por último un poco de baile -.

- De acuerdo – Rina permaneció pensativa unos instantes – Si aumentamos demasiado el número de guardias los invitados seguramente se percaten del problema, así que todo queda en nuestras manos -.

- ¿Daremos abasto? – dudó Shilfild.

- Sí – la joven pelirroja miró a Zeros – Si mis suposiciones son ciertas, no ocurrirá nada hasta lo de los canapés -.

Se repartieron más o menos posiciones durante la inauguración.

- Shilfild, espera -.

- Dime Rina -.

Todos los demás iban por delante de las dos muchachas camino del comedor, la cena aguardaba.

- ¿Y Zelgadis? -.

- Es muy largo de explicar, básicamente permaneció aquí un par de meses y luego se marchó – los ojos verdes se entristecieron – Ameria estuvo un tiempo muy deprimida, finalmente pareció volver a ser ella misma pero yo sé que no está bien; envió una invitación a Zelgadis usando a Zeros como mensajero, el que no haya aparecido debe tenerla, además de muy preocupada, completamente desolada -.

- Entiendo -.

- ¡Chicas venid de una vez! – las llamó Gaudy.