Gaudy se miró al espejo. En sus ricos ropajes se combinaba el azul y blanco con la plata. Sonrió, hacía mucho que no estaba tan elegante y, sobre todo, hacía mucho que no disfrutaba de un buen banquete.
Los sirvientes que le habían ayudado a vestirse salieron de la habitación, alguien aprovechó ese instante para colarse.
- Vaya, después de todo sí que pareces de la nobleza -.
- ¡Zanglus! – exclamó Gaudy estrechándole efusivamente la mano – Cuánto tiempo sin verte¿Martina está contigo? -.
- Sí, pero la reina de Zoana quería ver a sus antiguas compañeras y fardar un poco de joyas y vestido antes de la inauguración -.
- Ya veo, aún así no va a ser una fiesta muy tranquila -.
- ¿Qué ocurre? -.
- Shilfild ha estado teniendo presentimientos, algo malo va a ocurrir pero no sabemos el qué – el rubio espadachín se encogió de hombros – Rina opina que los demonios están de por medio -.
- Como de costumbre -.
- Tampoco es para decir eso Martina -.
- ¿Cómo que no, Rina siempre está a tortas con los demonios -.
Todas las amigas hubieron de reconocer que en ese aspecto tenía razón. Se habían reunido en las habitaciones de Ameria para que las vistieran, maquillaran y peinaran, en lugar de un ambiente alegre se respiraba una extraña tensión. La única nota de humor la había puesto el espectacular vestido de Martina, rococó era la palabra exacta para definirlo.
- ¡No lo apriete tanto que me asfixio! – protestaba la hechicera mientras la enfundaban en un corpiño.
- Aguanta la respiración, lo hace más fácil – recomendó Ameria. La princesa vestía un elegante vestido de raso y tul, rosa y blanco se entretejían con la plata. Un par de muchachas estaban peinándola y sujetando apropiadamente la corona a la larga cabellera azabache.
- Ese pelo te hace parecer mayor – sonrió Filia. El vestido de la dragón dorado era de un turquesa oscuro con bordados en negro y plata. Habían recogido su cabello en alto dejando que gran parte se derramara sobre su espalda y hombros junto con la cinta que lo sujetaba, de esa manera sus orejas quedaban ocultas.
Shilfild permanecía callada mientras sus amigas conversaban alternativamente de adornos y demonios. Sus malos augurios se habían transformado en una horrible angustia asentada en la boca de su estómago; apenas era consciente de cómo ajustaban su vestido, suave lino y muselina violeta combinado con oro. Igual de silenciosa se dejo peinar y maquillar.
- ¡Shilfild¡despierta! -.
- ¡Ah, Rina, me has asustado -.
- Estaba intentando preguntarte algo pero estás en la parra – replicó la hechicera, molesta.
- Lo siento -.
- ¿Te preocupa algo? – interrogó Filia.
- No es nada, sólo los presentimientos de estos últimos dos días -.
- ¿Han empeorado? -.
- Bueno – la sacerdotisa miró a Ameria – No, en realidad es lo mismo de siempre, una oscuridad que se avecina -.
No había que ser muy hábil para saber que la joven mentía y que lo hacía por compasión, Ameria ya tenía suficientes preocupaciones como para añadir más a la lista.
- Yo tengo que irme ya – dijo la princesa – He de ultimar detalles con mi padre, terminad de prepararos y ocupad vuestro sitio para la inauguración, nos encontraremos en el convite -.
- Vale, ya se ha ido, ahora desembucha – ordenó Rina a Shilfild en cuanto se cerró la puerta.
- La oscuridad se acerca y se abre, veo una estancia muy grande llena de flores y luz, la sensación es de alegría, pero entonces las tinieblas envuelven nuevamente la escena y sólo queda el miedo y el odio... – se le quebró la voz – Y sangre, todo está lleno de sangre -.
- ¿Qué puede significar? – interrogó Martina, sobrecogida.
- Que alguien va a morir – susurró Shilfild.
Silencio.
- ¡Esto es una estupidez! – saltó Rina – Aún no ha sucedido nada y ya estamos casi preparando el funeral; sea lo que sea eso que ve Shilfild vamos a detenerlo, aquí no va a morir nadie como que me llamo Rina Invers -.
- Es cierto, no puede ser peor que detener a Estrella Oscura – asintió Filia – Anímate Shilfild, no permitiremos que ocurra nada malo -.
Llamaron a la puerta.
- Somos nosotros¿podemos pasar? -.
- Adelante -.
Gaudy y Zanglus entraron.
- Menudo par más elegante – comentó Martina agarrando a su esposo – Sin embargo mi Zanglus es mucho más guapo, mwahahaha -.
- Martina no ha cambiado en absoluto – pensó Rina – Aunque hay que reconocer que tiene razón, a Gaudy le sientan muy bien esas ropas -.
Si Rina estaba sorprendida con el aspecto del espadachín mucho más lo estaba Gaudy con la nueva apariencia de su amiga. Un vestido de satén rojo burdeos bordado en negro y oro con los hombros al descubierto que se ceñía perfectamente al cuerpo femenino, resaltando la figura que normalmente ocultaba el traje de hechicera. El cabello suelto, las peinadoras habían considerado que era demasiado bonito y espectacular por sí solo como para hacerle nada, a lo máximo que habían llegado es a recogerle el lado derecho con un broche en forma de rosa dorada y negra.
- Gaudy¿estás bien? –.
- Sí, es sólo que estás rara -.
- ¿Rara? - inquirió Rina, dispuestísima a ponerle en órbita como hiciera un comentario más.
- Sí, te ves muy bonita, ese vestido te sienta mejor que las ropas que llevas siempre -.
Todo el enfado de la joven se evaporó dando paso a un desconcierto total, su rostro cobró un tono encendido a juego con su atuendo. Los presentes sonrieron divertidos.
- Por primera vez Gaudy ha sabido que decir en el momento preciso – apuntó una voz desde la entrada.
- Ya empezábamos a preguntarnos dónde te habías metido – replicó Rina mientras Zeros se aproximaba al grupo. Sus ropajes se asemejaban a los de Zanglus y Gaudy, el color predominante era el negro a excepción del púrpura de la capa.
- Aquí y allá, mi cargo siempre me tiene bastante atareado – sonrió.
- Si ya estamos todos lo mejor sería ir a los jardines, allí es dónde tiene lugar la recepción oficial de las embajadas – sugirió Filia, cualquier cosa con tal de no estar más de 5 minutos en la misma habitación que el mazoku.
- Bien, todos sabemos que no vamos a asistir a una mera fiesta, hay que tener los ojos bien abiertos para anticiparnos a cualquier peligro que pueda surgir – Rina se giró y amenazó a Zeros con el dedo – Que no se te ocurra hacer alguna de tus trastadas o me encargaré personalmente de mandarte al Mar del Caos -.
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La recepción resultaba grandiosa. Cada embajada fue acogida con alabanzas acerca de los dones de sus respectivos reinos y con el regalo de un medallón conmemorativo, éste último lo entregaba una radiante Ameria.
Luego los cientos de invitados entraron a palacio a disfrutar de bebidas, canapés y conversaciones.
- Ya son las ocho y no ha sucedido nada -.
- Lo sé pero yo misma empiezo a sentir un extraño agobio -.
Rina y Filia se callaron nada más ver acercarse a Ameria acompañada de uno de los diplomáticos que poblaban la sala. Rina examinó al extraño, era alto y de buen porte, elegantes ropas en rojo y púrpura, una espada de empuñadura enjoyada al cinto, cabello negro ceñido por un delgado aro dorado, tez muy blanca y grandes ojos castaños; a primera vista un noble como otro cualquiera, sin embargo la hechicera intuyó que allí había mucho más, captó rápidamente la inteligencia y astucia de aquella mirada, él también la estaba analizando.
- Amigas mías, quería presentaros a Caronus, primer embajador del Imperio Lizelli – dijo la princesa – Lord Caronus, os presento a la embajadora de Zefiria, Rina Invers y a Filia Ul Copt, una de sus consejeras -.
- Es un placer conocer a tan hermosas damas -.
- El placer es nuestro, no todos los días puede conocerse a un hábil político que no haya caído en la corrupción – replicó Rina.
- ¿En qué os basáis para hacer tal conjetura? -.
- Sois el único diplomático de la sala que la princesa nos ha presentado, eso refleja la alta estima y el respeto que os tiene, y, en segundo lugar, mi propio juicio – la joven sonrió alegremente.
- Eso me honra – dijo Caronus – Vos también resultáis desconcertante, espero que me perdonéis la indiscreción pero, a mi parecer, vos no pertenecéis al mundo de la política o la nobleza¿me equivoco? -.
Ameria y Filia se sobresaltaron, nadie había notado nada hasta el momento.
- Cierto, ni noble ni diplomática, soy hechicera y para más información acerca de mi currículo deberíais remitiros a la princesa, no quisiera comentar algo que pudiera perjudicarla -.
- ¿Majestad? -.
- La Caballero de Ceiphed había sido designada para ser la embajadora de Zefiria, sin embargo no podía acudir así que envió a su hermana – explicó Ameria – Dijo que si había sido capaz de vencer a Fibrizo y detener la entrada de Estrella Oscura en nuestro mundo bien podía hacerse cargo de una semana de negociaciones en Seyluun -.
Caronus no salía de su asombro, parecía increíble que aquella jovencita tuviera semejante poder.
- Ahora debo continuar saludando a otros compañeros¿podría conversar con vos más tarde? – preguntó el embajador.
- Será un placer – Rina realizó perfectamente la reverencia de despedida.
- Lo has hecho perfectamente – elogió Ameria – El Imperio Lizelli es uno de los principales opositores a la apertura de mercados con reinos de más allá de la Barrera -.
- Te recuerdo que Zefiria también está en contra, su monopolio vitícola puede verse seriamente afectado – señaló su amiga pelirroja – Tengo a cinco moscardones repitiéndomelo todo el día -.
- Lo que ocurre es que esos pobres no se fían de que seas capaz de representar tu papel, reconoce que es un chasco que te cambien a la Caballero de Ceiphed por su hermana en el último momento –.
- Filia, mi autoestima agradece tus palabras – comentó irónica Rina – Y luego dicen que por qué me fui de casa -.
En ese momento varios sirvientes anunciaron que la cena esperaba. Los invitados pasaron al salón comedor y ocuparon sus sitios.
Shilfild prácticamente se desplomó en su sitio a pesar de la ayuda de Gaudy.
- ¿Cómo te encuentras? – inquirió Rina preocupada.
- Mal, no me ha servido de nada salir afuera, hace tanto calor -.
- Estás muy pálida, deberías retirarte e ir a dormir – recomendó Filia.
- No estoy enferma, es por culpa de las visiones – replicó la sacerdotisa.
- Dejadla, llevo más de una hora intentando que se vaya a dormir y no quiere -.
- Porque no puedo Gaudy, aquí va a suceder algo y quiero ayudar, además cuando cierro los ojos me siento peor, la premonición me asfixia -.
Filia no insistió, ella misma sentía la maldad rondando por el lugar. Miró a Zeros, estaba tranquilamente sentado en una mesa para invitados que no pertenecían a las embajadas. Él debió sentir el escrutinio y le dedicó un saludo levantando la copa de vino acompañado el gesto con una sonrisa. La dragón dorado frunció el ceño.
- Ah, vaya sorpresa, hola amigos -.
- Saludos, príncipe Miwan – correspondió Rina.
Shilfild se aisló de la conversación, tenía que aclarar la visión. Llevó su poder hasta los limites que le imponía el no desmayarse allí mismo, pero la respuesta la evadía. Maldijo el día que se le ocurrió aprender el Drag Slave, la magia negra frenaba su dominio de la blanca.
- Detente – murmuró Gaudy junto a ella – Sólo vas a conseguir ponerte enferma de verdad, si ocurre algo lo detendremos con la magia y las espadas -.
- Quiero ayudar -.
- Ya lo has hecho, nos has puesto en alerta – sonrió para reconfortarla.
Una vez todo el mundo estuvo en su mesa correspondiente el príncipe Phillionel subió al estrado, desde allí proclamó su discurso con el entusiasmo que le caracterizaba.
Ameria sonreía mientras escuchaba a su padre. Aquella Convención era una de las cosas más importantes que había hecho nunca, una oportunidad perfecta para extender la Paz y la Justicia más allá de la Barrera y afianzarlas en lo que fue su interior. Debería sentirse feliz, en realidad lo era pero no tanto como podía esperarse de ella. Paseó la mirada por las otras mesas, se sentía sola al no tener a sus amigos cerca.
- Que muermo – pensó Rina, aguantando a duras penas un bostezo.
- ¿Cuánto faltará para la cena? – divagaba Gaudy más aburrido aún que su amiga.
- Es una pena que Jiras y Gurabos no vinieran, ya sé que su aspecto no es lo apropiado para el banquete pero podrían haber disfrutado de unas vacaciones – Filia vigilaba su entorno – Espero que Valchan no asuste a la niñera transformándose de golpe en dragón -.
- Tengo unas ganas de que empiece el baile, así le demostraré a Rina como se comporta una verdadera aristócrata -. Martina sonrió anticipando acontecimientos.
- Esto es lo que más odio de ser el rey de Zoana, los malditos discursos y el protocolo – Zanglus apuró su copa – Shilfild debe estar equivocada, aquí la única catástrofe posible es Rina con su Drag Slave -.
- Sobervio vino, Zefiria, hum, una buena cosecha sin duda – Zeros echó un vistazo al reloj de péndulo que adornaba una de las paredes, lo que pasó por su cabeza en ese momento, bueno, "es un secreto".
- Ahora, con su permiso, quisiera cederle la palabra a mi querida hija Ameria, la idea de organizar esta Convención fue suya y sin su empeño no habría podido realizarse -.
Phillionel se retiró del estrado y Ameria ocupó su lugar. Con la serenidad que otorga la práctica la joven habló a los presentes, expuso sus ideas y las esperanzas que tenía puestas en aquel evento sin precedentes. La mayoría de los invitados se dejaron arrastrar por el entusiasmo de sus palabras.
Shilfild terminó su copa y miró a Ameria, su rostro palideció por el terror. Lo vio, en ese momento lo vio, demasiado tarde. Su propio grito se confundió con otros tantos cuando un sirviente, que pasaba cerca de la tribuna, desenvainó una daga y se arrojó contra la princesa. Ameria sintió el acero cortando su brazo, cayó al suelo paralizada por la sorpresa y el miedo. Los ojos azules se cerraron cuando la daga volvió a caer pero ésta nunca alcanzó a su victima. El asesino asistió perplejo a como su arma se hacía añicos al chocar contra un cuerpo que se había interpuesto entre él y su objetivo, lo siguiente que vio y sintió fue a los amigos de Ameria saltando sobre él, excepción hecha de una confusa Shilfild y un sonriente Zeros, el único de toda la sala que seguía sentado.
- Zelgadis – suspiró la sacerdotisa aliviada, se aproximó para ayudar a su amiga herida.
- Hola Shilfild – saludó serio el quimera.
La sacerdotisa le sonrió y se arrodilló. Ameria miraba sin ver, estaba completamente bloqueada; la sangre que brotaba de su brazo manchó su vestido y a Shilfild mientras invocaba el hechizo de Resurrección.
- Chicos, parad un segundo – ordenó Zelgadis.
Obedecieron quedando en una pintoresca posición, Rina estrangulando al maltrecho homicida mientras Filia levantaba su maza y Martina, Zanglus y Gaudy se quedaban a mitad de un mordisco, puñetazo o patada.
- Ocupaos de ese despojo humano y sonsacarle información, pero intentad no descuartizarle en el proceso – miró a Rina sobre todo.
- Tranquilo, seguro que cuando conozca a nuestra amiga dragón dorado se vuelve de lo más colaborador – sonrió maquiavélicamente – Por cierto, menos mal que te dio al final por venir, me alegra verte a pesar de las circunstancias -.
El quimera volvió donde estaban las dos sacerdotisas acompañadas de Phillionel y cogió a Ameria en brazos.
- Yo me encargo de ella, no se preocupe, vaya y atienda a sus invitados – indicó cordialmente.
- Te lo agradezco Zelgadis, has salvado lo que más quiero en este mundo, estoy en deuda contigo -.
- Acompáñame Shilfild, necesitaré tu ayuda -.
- Sí, claro -.
Antes de abandonar el salón la mirada de Zelgadis se cruzó con otra de brillantes ojos amatista. Zeros le dedicó una siniestra sonrisa y desapareció.
Shilfild contempló sus manos llenas de sangre.
- La visión se ha cumplido -.
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N. de A: Doble ración, os quejaréis. Eso sí, o empiezo a recibir más reviews o no terminaré de subir el fic, porque me parece una perdida de tiempo si nadie va a leerlo.
