Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de Tolkien y de quien quiera que tenga los derechos legales de libro y peliculas.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash)y este se da entre los personajes de Aragorn, Bóromir y Légolas, si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas, comprendo perfectamente esa postura.
Capítulo 3. Por esos ojos.
No podía seguir evadiendo la cuestión.
Aragorn observó al protagonista de sus pensamientos durante aquellas largas jornadas de viaje. Ahora disfrutaban de unos instantes de reposo después de comer, dejando que Gandalf meditase sobre el rumbo a seguir, que a todas luces parecía ser el paso de Caradhras a juzgar por la preocupada mirada que dirigía a menudo el mago a las imponentes montañas.
Cada cual disfrutaba a su manera del breve descanso, un escaso tiempo de ocio del que no podrían volver a gozar en un tiempo si es que tomaban la peligrosa ruta de las heladas cumbres.
Aragorn meditó sobre su revelación al observar a Bóromir.
No servía de nada engañarse. Le deseaba. Pese a su arrogante comportamiento, a su hostilidad hacia él... se sentía atraido por el guerrero de Gondor.
El amor que Aragorn sentía por Arwen era profundo y sincero. Amaba a su doncella elfa con toda su alma pero a veces... y esta era una de esas veces, Aragorn sentía la necesidad de algo diferente. De algo salvaje, impredecible y completamente mortal. La relativa juventud de Bóromir y su tempestuosa naturaleza, tan cuidadosamente guardadas por capas de responsabilidad y orgullo, le llamaban poderosamente.
En ocasiones se había dejado llevar por aquella necesidad, y en sus viajes había yacido ocasionalmente con otros hombres, pero no significaban nada y Arwen guardaba respetuoso silencio, sabiendo que no tenían nada que ver con el amor entre ellos dos.
Pero Bóromir era otra cuestión. Para empezar eran compañeros de viaje, miembros de una misma Compañía. Y era el hijo del Senescal de Gondor, era el Capitán del ejército de la Ciudad Blanca, alguien que en el futuro tendría que jurarle lealtad, por mucho que rechazase ferozmente la idea.
Aragorn no podía permitirse el dejarse llevar por aquel anhelo.
Le doblaba en edad. Aragorn pensó en ello mientras miraba a Bóromir con Merry y Pippin, practicando sus movimientos de espada, enseñando a los hobbits como defenderse en caso de peligro. Bóromir era un gran profesor, un maestro de la espada por naturaleza y práctica, convirtiendo la seria lección en apenas un juego para los inquietos medianos, que adoraban a su profesor con profunda admiración.
Aragorn fumaba de su pipa con una sonrisa, viendo como los pequeños hobbits tiraban a Bóromir al suelo, lanzándose sobre él con gritos de guerra y risas. De pronto Bóromir reía con igual desapego y Áragorn expulsó el humo con un suspiro, era la primera vez que veía al severo Bóromir tan feliz, realmente alegre. La risa iluminaba su mirada mientras se quitaba de encima a los alegres Merry y Pippin, haciendo al montaraz nuevamente consciente del gran atractivo de Bóromir. Sus ojos verdes eran casi camaleonicos, reflejando su humor con todas las gamas de verde, claros y oscuros, mas esmeraldas o mas jades.
Podría perderse en sus profundidades.
Solo mirarle le resultaba duro para mantener su resolución.
Fuertes y entonados músculos, firme planta, todos los signos de un guerrero. Cicatrices de guerra como pétalos blancos sobre la piel.
Sonriendo al sol de la mañana, su belleza era notable, no era la belleza eterea e irreal de los elfos, sino el atractivo de un hombre, de la pasión de los mortales. El cabello rubio y enmarañado por el viento, reluciente a la luz del sol, el rostro indudablemente masculino con los rasgos de los hombres de Gondor.
Afortunados maese Tuk y Brandigamo, estar tan cercanos al atractivo guerrero, al valeroso capitán.
Se preguntó sobre sus posibilidades. La posibilidad de tomar esas encallecidas manos entre las suyas. Besar el fuerte cuello, separar sus labios y robar un beso. Retirar su uniforme y su capa de viaje, y ver al hombre que era, no el que mostraba. La posibilidad de besar su pecho escuchar su poderoso corazón, que marcaba el ritmo del orgulloso guerrero de Gondor.
Como deseaba oirle llamar su nombre mientras veneraba su cuerpo, que ocultaba de él bajo el uniforme de Gondor y las armas de la guardia de élite. Su guardia, si regresaba a la ciudad de sus padres. Su ciudad, su senescal. Su Bóromir.
Pero no, no debía. Aragorn notó el peso del colgante dado por Arwen sobre su pecho, como recordándole que aquello no debía ser. Y que aquellas ideas eran no solo erroneas, sino insensatas y absurdas.
Bóromir no solo no le amaba, sino que le rechazaba incluso como amigo, manteniendo las distanicias con la compañía, como si no quisiese formar parte de ella.
Y Aragorn no podía cerrar esa brecha, no quería estar con Bóromir mas tiempo del estrictamente necesario, no podía dejar que su voluntad flaqueara por el atractivo hombre. Él era Aragorn, hijo de Arathorn, heredero de Isildur, y tenía una misión que cumplir y una hermosa doncella elfa como prometida.
No debía, no podía dejar atrás todo aquello por Bóromir. Por algo que despues de todo era un impulso, nada más... ¿no era asi?
Cuando Sam se acercó y le mencionó la extraña nube en el horizonte, Aragorn apenas si reaccionó, hasta que Bóromir añadió lo mas preocupante, se movía contra el viento.
Se ocultaron rápidamente de los espias de Sáruman, deseando fervientemente no que no les hubiesen visto ni a ellos ni los restos de la hoguera.
No podían seguir disfrutando de aquella breve calma, se pusieron en marcha apresuradamente, habiendo recordado el peligro al que se enfrentaban.
Aragorn miró por encima del hombro a Bóromir y por un segundo sus miradas, como tantas otras veces, se encontraron. Pero esta vez fue Aragorn el primero en desviar la mirada, y apretar el paso.
Habían pasado meses desde que partieron, y cada día que pasaba se le hacía mas duro. Bóromir avanzaba en la retaguardia mientras ascendían por la blanca nieve de la ladera de la montaña, concentrado en sus pensamientos.
Sus compañeros no ayudaban demasiado. Sobre todo tras el incidente en que había recogido el anillo único, cuando este había caido en la nieve, perdiéndolo Frodo.
Actuaban como si Bóromir no fuese consciente de las miradas que le dirigían. ¿Tan ignorante le creían? Bóromir se desanimó aun más, se diría que no esperaban nada de él aparte de su espada y escudo. Se sentía como un simple refuerzo de aquella compañía, siempre a la sombra de Áragorn.
De cuando en cuando los jóvenes hobbits miraban en su dirección. Merry y Pippin se habían ganado su afecto sin duda. Cómo le recordaban a Fáramir cuando era mas joven, Bóromir acostumbraba a mirar por su hermano como un halcón, y hacía lo mismo con los hobbits.
Frodo y Sam eran otra historia, pues ambos parecían tensos cada vez que se acercaba. Bóromir se sentía dolorido al verlo¿realmente creían que traicionaría a la compañía y tomaría el anillo? Lo había recogido, lo había mirado, y era cierto que había oido su llamada¿pero acaso no lo había devuelto sin problema alguno?
Sería una deshonra para su pais y su familia de romper su juramento. Y Bóromir jamas atraería desgracia alguna sobre su hogar o su familia, Fáramir era la persona que mas apreciaba en el mundo y jamas hubiese hecho nada que le perjudicase. Y también estaba su padre... toda su vida había tenido que estar a la altura de las expectativas de Denethor, el Senescal de Gondor, lo había conseguido, y no era cuestión de empezar a avergonzar el orgullo de su padre en él. Puede que no fuese amor, pero era orgullo, y era lo mejor que se podía obtener de su padre.
Bóromir continuó caminando sin apenas prestar atención a sus alrededores, sumido en sus preocupaciones y su convencimiento de que tomar el paso de Caradhras era un error. Era un camino duro incluso para la raza de los hombres¿cómo iban los hobbits a superar semejante obstáculo. Eran valientes, arrojados, pero seguían siendo medianos, no podrían realizar semejante hazaña.
Súbitamente hundió el pie en un agujero oculto por la nieve y hubiese caido de no ser por dos brazos que le aferraron desde atrás y le recogieron. Bóromir notó el cálido cuerpo pese a las bajas temperaturas y miró hacia atrás, sorprendido.
Légolas, el elfo, le sonreía.
"Camina con cuidado, Bóromir."
Bóromir asintió, azorado. Los elfos eran sin duda criaturas fascinantes, de belleza indudable y maneras sosegadas. En Rivendell le había costado mucha fuerza de voluntad no quedarse alelado ante aquel pueblo, nunca había visto gente tan perfecta en rostros y voces.
Légolas no era una excepción, Bóromir no pudo por menos que admirar el rostro amable que le sonreía con juvenil afabilidad, aunque sin duda aquel elfo era mas viejo que todos ellos juntos. El cabello rubio mucho mas claro que el propio caía en una cascada de aspecto sedoso y Bóromir sintió contra su espalda el cuerpo del elfo, mucho mas fuerte de lo que parecía a simple vista, los elfos podían parecer etereos, gráciles, pero eso no les hacía en absoluto débiles o frágiles.
Los ojos azules se parecían a los de Aragorn... devastadoramente intensos.
Bóromir se sintió subitamente incómodo, pues Légolas aun no le había soltado y sus manos estaban aun sobre su torso, cálidas.
"... Gracias, Légolas."- Musitó con leve rubor.
Como si hubiese estado esperando a eso, Légolas le soltó despacio, Bóromir sintió un escalofrio inmediato ante la falta de aquellas manos, aquel cuerpo...
Légolas pasó junto a él, caminando con facilidad por la nieve, como si no pesase lo mas mínimo, y se puso a la cabeza de la compañía en poco tiempo.
Bóromir apresuró el paso para alcanzar a Gimli y continuaron el ascenso.
Esta vez Bóromir puso tiento en su caminar para no volver a tropezar, aunque su mirada solía desviarse hacia Légolas... no podía dejar de pensar que aquel breve encuentro le había perturbado mas de lo que hubiese debido.
Légolas recuperó su puesto en el orden de marcha sintiendo un familiar cosquilleo en las manos, que añoraban sostener aquel cuerpo.
Cuando se había retrasado del grupo su intención había sido hablar con Bóromir, que se veía notablemente alicaido desde hacía un par de días. Desde el incidente del anillo en la nieve.
El resto de la Compañía ya había decidido que Bóromir era el mas vulnerable a la llamada del Anillo. Légolas sentía indignación al ver como el guerrero de Gondor era sutilmente dejado de lado, apartado e ignorado, solo por haber titubeado unos instantes. La llamada del anillo era poderosa, incluso Frodo sufría por ella, Gandalf no quería ni tocarlo y Aragorn lo temía con la desesperación de ser heredero del hombre que había sucumbido por completo a su poder. No tenían derecho a juzgar con tanta severidad.
Estaba sorprendido por la actitud de Aragorn, debería ser el mas adecuado para comprender esto y sin embargo parecía desconfiar de Bóromir como los demás, apartándose de su propio pueblo, evitando a Bóromir. Quizá porque era mas elfo que humano en su corazón. Lamentable.
Con aquello en mente se había rezagado para hablar con Bóromir y tratar de apartar el pesar que había sobre él.
Cuando Bóromir había tropezado en la nieve, Légolas se había precipitado a sujetarle. Los hombres llevaban demasiadas ropas, la capa, la camisa, la cota de mallas... Bóromir era un soldado y vestía como tal, Légolas había sentido contra él todas aquellas capas, que parecían una metáfora física de aquel hombre, había que apartar demasiadas pieles para ver el corazón de aquel fruto.
Le hubiese soltado con toda naturalidad de no haber vuelto Bóromir la mirada. Légolas se había sentido hipnotizado por sus orbes verdes. Aquel atractivo rostro le había robado el aliento, de no haber estado presentes los demas compañeros sin duda habría besado a Bóromir, habría enredado los dedos en sus cabellos rubios y sellado sus carnosos labios...
Cuando Bóromir le había agradecido sujetarle había salido de su trance y le había soltado... no sin antes notar que los latidos del hombre se habían acelerado. El hombre era reticente a revelar sus emociones pero aquel corazón no mentía, Bóromir no era indiferente a su presencia, podía sentirlo sin necesidad de tratar de leer su mente.
Sin duda Bóromir y él tendrían que hablar dentro de poco, cuando tuviesen mas intimidad.
Y también tenía que hablar con Aragorn. Légolas frunció el ceño echando una ojeada al heredero de Isildur. No tenía derecho a tratar con tanta dejación al que en el futuro sería su senescal. Era natural que tuviesen un conflicto, pero esa actitud no lo solucionaría en absoluto.
Y no iba a permitir que siguiese dañando a Bóromir. Légolas suspiró, quizá se estaba poniendo demasiado territorial, pero aun así tendría que hacer alguna sugerencia a Aragorn a ese respecto.
Esperaba que todo acabase bien.
Nota de la autora: Seguiré escribiendo me pongan reviews o no, pero... uno no me haría daño...
