Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de Tolkien y de quien quiera que tenga los derechos legales de libro y peliculas.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash)y este se da entre los personajes de Aragorn, Bóromir y Légolas, si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas, comprendo perfectamente esa postura.
ATENCIÓN: Este capítulo tiene una parte Slash.
Capítulo 6. Tras la pérdida
Gandalf había muerto.
El peso de aquella pérdida era demasiado para todos. Bóromir se sintió derrumbado, aquella misión era un desastre. Gandalf había caido en el horror de Moria, el mago había parecido eterno, el lider lleno de determinación, cierta testarudez, pero Bóromir se había sentido con una dirección.
Y ahora, incluso los hobbits estaban alicaidos, la angustia de Frodo era palpáble. Bóromir sabía que de no haber reaccionado a tiempo de detenerle, probablemente habría salido corriendo hacia Gandalf y la muerte.
La luz del sol era un escaso alivio. Légolas, que había parecido... apagado, en las minas, seguía mostrando abatimiento pese al aire exterior.
Aragorn se volvió para ordenar que se movieran y Bóromir replicó sin poder ocultar su angustia.
"¡Dales un momento, por piedad!"
En el fondo sabía que no tenían tiempo para llorar. Él mismo era un lider de los hombres y mas de una vez había tenido que movilizar un ejército destrozado por las pérdidas no de uno sino de decenas de amigos y camaradas. Pero el dolor que le agarrotaba le nublaba.
Veía la caida de Gandalf como un preludio de la caida de Gondor, la caida de Minas Tirith y de Denethor, su padre, cuyo reinado decaía.
"Al anochecer este lugar será un hervidero de orcos."
Lo sabía. Bóromir se forzó a levantarse tras la advertencia de Áragorn y se acercó a los hobbits, tenían que moverse, no estaban en situación de enfrentar batalla alguna.
Sin palabras, se pusieron en marcha, dirigiéndose a los bosques de Lothlorien.
Los elfos de aquellos bosques eran muy distintos de los de Rivendell. O solo menos hospitalarios. El elfo que había ido a recibirles, un tal Haldir, era un elfo altivo de belleza fria y talante severo que había planteado dificultades a la continuación del viaje, sobre todo por la presencia de Gimli, el enano, que tampoco estaba muy contento con los elfos.
Al final, para evitar problemas, toda la compañía había aceptado que les vendasen los ojos en lugar de llevar de ese modo unicamente al enano. Bóromir aceptó acallando sus reservas, no tenía ni fuerzas para discutir. Si los elfos querían llevarles como una fila de ciegos que así fuera, estaban perdiendo el tiempo.
Légolas había esperado una bienvenida mas acogedora, pero no se podían evitar los recelos entre enanos y elfos, incluso Gimli y él habían tardado en ser corteses el uno con el otro.
Finalmente Aragorn había dado con una solución que contentara a Haldir y a Gimli y la compañía del anillo entró en Lothlorien con los ojos vendados.
Haldir fue desatando las vendas de cada uno de ellos y uno por uno contemplaron el hermoso reino de la dama Galadriel.
Légolas suspiró al ver el magnífico reino y volvió la vista para ver a sus compañeros ir abriendo los ojos a Lothlorien. Cuando Haldir se aproximó a Bóromir, la mirada de Légolas se intensificó. En ese lugar todos podrían descansar de sus heridas y... tal vez podría hablar por fin con Bóromir, hablar con él de veras, descansados y en calma.
Haldir retiró la venda de los ojos del hombre rubio, aquel era el primer humano aparte de Áragorn que entraba en Lorien en mucho tiempo. Apartó la tela y entonces miró a los ojos al humano. Eran de un color raro y deslumbrante, había visto ojos verdes antes, pero no de un tono tan puro, sin mácula alguna. Y había un brillo en aquellos, un dolor sordo fruto de la falta de esperanza y una pesada carga.
Haldir notó entonces una leve punzada. Le bastó un vistazo para notar que los ojos de Légolas y Áragorn no estaban en la ciudad de los elfos sino en el hijo de Gondor.
Haldir se llevó la venda dejando que Bóromir se regalara la vista de los áltos árboles y hogares élficos mientras esbozaba una sonrisa secreta.
Que los enanos se volviesen hermosos si Légolas y Áragorn no estaban prendidos del mismo hombre.
Áragorn observó a Bóromir alejarse del grupo, cabizbajo y afligido. La visita a la dama Galadriel había empeorado el abatimiento del guerrero de Gondor. Fuera lo que fuera lo que había visto le había afectado mucho.
En cuanto a él. Áragorn no podía dejar de pensar en lo que Galadriel le había ofrecido, toda la compañía había sido puesta a prueba con aquello que deseaban, pero aceptarlo hubiese sido renunciar a la compañía y a la misión.
Se le había ofrecido abandonar todo aquello, renegar de su herencia y su destino, volver a ser solo un montaraz. Vagando por lo salvaje sin pensar en las obligaciones de su sangre.
Pero llevaba demasiado tiempo evadiendo su destino.
Nunca antes había sido tan necesario el regreso del rey.
Bóromir le necesitaba. No se lo decía con palabras, pero estaba claro que Bóromir necesitaba un hombro en que apoyarse, Áragorn podía sentir en sus propios huesos el dolor de este.
Sin embargo... dudaba. Sentía en su interior el fuego del deseo que ni el helado corazón de Moria había conseguido apagar. Acercarse a Bóromir era peligroso, como la polilla que se acerca demasiado a la llama. Temía consumirse y olvidar todo lo demás.
Las palabras acusadoras de Légolas resonaban en su mente.
"Es labor del lider asegurar el bienestar de sus hombres."
Aragorn dio un respingo al oir la voz de Celeborn.
"Lord Celeborn..."
"Y tú eres ahora el lider de la Compañía."- Continuó el rey elfo.
Celeborn no añadió nada mas y desapareció en la noche tal y como había aparecido.
Aragorn volvió la vista tras los pasos de Bóromir.
Era labor del lider asegurar el bienestar de sus hombres.
Por primera vez desde que habían salido de Rivendell, Áragorn volvió a ver en Bóromir aquel interior que le había fascinado. Aquellos ojos que le habían robado el aliento la primera vez que se habían encontrado. Aquel espíritu diferente a todo lo mostrado.
Por primera vez Bóromir fue sincero con él.
Bóromir temblaba, su espíritu quebrado tras la caida de Gandalf, sus ojos brillantes, llenos de esperanzas en las que no quería creer, pues temía que lefuesen arrebatadas.
Le habló de la Ciudad Blanca, de la grandiosidad de sus torres, y de sus temores. De la decadencia del gobierno de su padre, de su deber para con las expectativas de su padre, de la sombre siempre cerciéndose sobre el reino de Gondor. Entonces una leve y tímida sonrisa asomó en su rostro, sus ojos brillantes de lágrimas ahogadas, deslumbrándole con su nítido color, y habló del regreso de ambos a Gondor.
Ambos. Áragorn sintió que todos los fantasmas que le perseguían se desvanecían. Bóromir le había incluido en sus sueños de esperanza. Le había aceptado como compañero. Y como rey de Gondor.
Áragorn alzó la mano y acarició la rasposa mejilla de Bóromir. Este le miró con sorpresa, pero no desagrado.
Tocar a Bóromir, con suavidad... acarició la cálida piel con el pulgar y amoldó la mejilla a su mano, sin poder creerse que fuese él quien lo hiciera, y que Bóromir se lo permitiera.
El hijo de Gondor temblaba, sus manos temblorosas como hojas al viento no se movían de sus rodillas.
Áragorn movió el pulgar sobre el labio inferior, un gesto tierno e íntimo, un apagado suspiro surgió de los labios y Aragorn se acercó lentamente, dandole tiempo a apartarse, una última oportunidad. Para salvarse de esta locura, para salvarle a él de sí mismo. Pero Bóromir no se movió, se quedó sentado, con los ojos inmensos como un mar de jade.
"No temas."- Susurró Aragorn.
Bóromir sintió los labios de Áragorn sobre los suyos y se estremeció. Se estaban besando. Fue tentativo, cauto, y poco a poco los labios, la lengua, todo fue cuidadosamente acariciado, sintiéndose el uno al otro, hasta que el beso se hizo mas apasionado, mas hambriento. Hasta que se devoraron el uno al otro, Bóromir no pudo reprimir un suave y grave gemido mientras Áragorn raspaba sus labios con los dientes.
Todos los pesares se esfumaron, las terribles preocupaciones, la angustia del desconocimiento, el temor al futuro, las incertidumbres... Aragorn estaba allí con él, y de pronto parecía que nada fuera de ellos tenía importancia.
No quería pensar en nada mas. Necesitaba aquel afecto, aquella calided. El calor de otro cuerpo, la comfortable fuerza de Áragorn a su lado. Confiarse a alguien. Confiar en Áragorn.
Antes de darse cuenta de que habían dejado de besarse, Bóromir notó como las manos de Áragorn luchaban con los agarres de su ropa, se apresuró a ayudarle, pues llevaba demasiadas capas de ropa entre camisa y armadura.
Se desnudaron el uno al otro con manos torpes y besos entrecortados hasta que ambos pudieron verse sin ropas ni armaduras.
Légolas sintió que ardía, por un lado lujuria, por otro furia.
Aragorn y Bóromir estaban allí, juntos, desnudos, piel contra piel.
Sabía que era descortes, que estaba espiando un acto íntimo en el que no tenía derecho a interferir, pero aun así... no podía apartarse, no podía dejar de observar. Sus pies parecían haber echado raices en el sitio, sus ojos anclados en la figura de Bóromir.
Era tal y como lo imaginaba, músculos firmes, hombros cincelados, cicatrices blancas recorriendole sin quitar un ápice de atractivo a su cuerpo, el vello del torso formando una punta de flecha que se perdía por el vientre hasta las ingles.
El cuerpo de Áragorn era algo mas delgado, pero fibroso y fuerte, sus manos acariciaban las fuertes piernas de Bóromir y despues se perdieron entre estas.
Légolas observó la reacción de Bóromir con anhelo, arqueó la espalda y alzó las rodillas, su rostro era el epítome del placer, las mejillas enrojecidas, los labios magullados entreabiertos, los ojos cerrados, echó la cabeza hacia atrás en una cascada de cabello rubio y gimió gravemente.
Él tendría que estar produciendo ese placer a Bóromir, él tendría que estar besando su torso, descendiendo hasta la poderosa hombría, tomándole entre los labios hasta obligarle a tenderse sobre la hierba ante la oleada de placeres.
Tendría que ser él, y no Áragorn.
Bóromir no podía creer lo que veían sus ojos. Áragorn, su capitán, su rey... entre sus piernas, tomándole en su boca, la caliente lengua recorriendo su hombría. Bóromir no pudo seguir mirando, sobrepasado por las sensaciones se tendió y hundió sus dedos en la oscura melena del hombre ante él.
Nunca habría osado pedir tanto. Gimió y se arqueó con desespero. Tanta ternura, tantas atenciones... nadie había sido tan atento con él.
Los peligros en la ciudad blanca, la llamada incesante del anillo... todo quedó atrás.
Légolas volvió el rostro, no podía seguir mirando.
Y al volverse se encontró cara a cara con Haldir. El guardián tenía una leve sonrisa que incomodó profundamente a Légolas.
"Deberías salir ahí y hacer algo."
Légolas le fulminó con la mirada.
"Sobreestimas tu autoridad en esto, Haldir."
"¿De veras?".- Haldir se cruzó de brazos, a todas luces divertido.- "En cuanto te percataste de la marcha de Lord Boromir saliste en su busqueda inmediatamente y ahora te encuentro observando que Aragorn se te adelantó. Nts nts... los celos no hacen bien a nadie."
"No estoy celoso".- Siseó Légolas, pero un fuerte rubor le contradijo.
Haldir arqueó las cejas.
"Es atractivo".- Ronroneó Haldir echando un vistazo por encima del hombro de Légolas, a lo lejos Bóromir emitió un gruñido de viril satisfacción al derramarse.
El príncipe elfo se negó a picar de nuevo y empezó a marcharse, pero Haldir le detuvo con una mano sobre su hombro, gentil pero firme.
"La Compañía esta en peligro, tal y como dijo la Dama Galadriel."
Légolas comprendió al segundo a lo que se refería Haldir, era algo mas que la pérdida de Gandalf o el peligroso magnetismo del anillo, el conflicto de amor y celos que estaba teniendo lugar muy bien podía dar lugar a una tragedia. Aun así la advertencia de Haldir le enojó.
"Cuidaré de la Cómpañia."
"Has jurado proteger a la Compañía y a Frodo, portador del anillo."
"Recuerdo perfectamente mis deberes".- Replicó Légolas.
"Estas dejando de tus sentimientos nublen tu juicio, has pasado demasiado tiempo en compañía de mortales."
Suficiente. Légolas se sacudió la mano de Haldir y se marchó a paso ligero. No soportaría mas insultos ni descortesías por parte del guardián.
Áragorn besó el liso vientre y observó con fascinación el brillo del sudor sobre la piel, cubrió el cuerpo de Boromir con el suyo y se deleitó en el rostro agotado y satisfecho.
Bóromir entreabrió los ojos y le miró con expresión somnolienta, Aragorn se quedó sin aliento ante la adoración que brillaba en aquella dulce sonrisa, en los ojos esmeraldas. Aquel hombre podía ser veterano de miles de cruentas batallas, un capitán de Gondor, pero Áragorn nunca había visto nada mas hermoso y vulnerable que aquel rostro que desbordaba amor y esperanza.
Súbitamente la expresión adorable desapareció por una de alarma, la vista de Bóromir estaba prendida de algo en su cuello.
Áragorn miró el motivo de aquello y comprendió con el corazón encogido.
El colgante que le diera Arwen colgaba de su cuello. Brillante como la estrella que representaba, como la dama que lo había entregado. Pesado y acusador, caía de su cuello entre los dos hombres.
Bóromir tenía la boca seca, todo placer, toda tranquilidad agobiada ahora por la realidad. Sabía que Aragorn estaba prometido a la hija de Elrond, aquella hermosa doncella elfa, Arwen. Y sabía que aquel colgante representaba aquella relación, pues había oido hablar de ello en Rivendell.
Aragorn estaba prometido a la doncella elfa, amaba a Arwen. Y había acudido a Bóromir como... como...
Como si fuese un soldado en el campo de batalla, un alivio temporal... Bóromir tragó saliva y se recompuso. Por supuesto que era alivio, era absurdo pensar de otro modo.
Y sin embargo... por un momento había querido pensar... que era algo mas... Una estupidez, naturalmente, era ridículo. Había sido un idiota.
"Bóromir... yo..."
"¿Qué?"
La voz de Bóromir, monocorde, era firme y despreocupada, como si nada hubiese ocurrido. Su expresión era seria y rígida. Áragorn reconoció al segundo aquella máscara, una réplica del rostro y las hoscas maneras de Denethor.
La máscara que protegía a Bóromir de los sentimientos... del dolor.
Áragorn se supo responsable de aquel dolor.
"No es... no es lo que piensas..."
"No se de que me hablas. ¿No quieres continuar?"
Aragorn quería golpearse de pura rabia y frustración. Sabía que había hecho daño a Bóromir, lo sabía, pero no sabía... no podía arreglarlo... era imposible si Bóromir se negaba a ello, actuando como si desde el principio aquello no hubiese sido mas que un juego, un entretenimiento, un encuentro casual.
Al incorporarse, el colgante quedó sobre su pecho, frio. Si no era algo temporal... ¿entonces que era? Amaba a Arwen... no podía... no podía abandonarla por... por Bóromir... No era... apropiado.
¿Qué había hecho¿Cómo podía haber sido tan idiota¿Cómo podía ser tan estúpido?
No podía hacerle eso a Arwen, no podía hacer esto a Bóromir. Les estaba haciendo daño a los dos. Áragorn se levantó y empezó a recoger su ropa ante la atónita mirada de Bóromir.
"¿Áragorn¿Qué estas...?"
"Lo siento... lo siento mucho... no volveré a... lo siento".- Murmuró Áragorn, como una letanía. No se atrevía a alzar la vista, no podía mirarle a la cara despues de aquello. Se daba asco a sí mismo.
Bóromir observó como Áragorn se vestía, completamente paralizado, anonadado.
¿Por qué? El hijo de Gondor apretó los dientes y sintió que el agujero de su corazón se convertía en un vacio insoportable. Así que no le gustaba cuando su momentaneo amante se percataba de la realidad¿prefería que se creyese amado? Pero si así era... ¿por qué parecía avergonzado?
No lo entendía, y la verdad era que no quería entenderlo.
Le dolía demasiado el corazón.
Cuando Áragorn se hubo marchado, Bóromir se vistió metodicamente y se sentó en el punto exacto donde le había encontrado Áragorn aquella noche. Aquella noche no había significado nada... nada.
Bóromir ocultó su rostro entre sus manos. Ojala nunca hubiesen entrado en Lorien.
Nota de la autora: No se que tengo que mis fanfics siempre tienen estos dramas angustiosos... en fin, crean argumento.
Muchas gracias por el review Shine-Maia Vanluin, me ha animado mucho con este fanfic, que lo tenía un poco apartado, voy a dedicarle mas atención.
Me encanta Bóromir, no me gusta que se le juzgue tan duramente.
