Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de Tolkien y de quien quiera que tenga los derechos legales de libro y peliculas.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash)y este se da entre los personajes de Aragorn, Bóromir y Légolas, si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas, comprendo perfectamente esa postura.
Capítulo 10. Hacia una encrucijada.
Caminaban a buen ritmo por la explanada, Bóromir y Légolas habían acelerado progresivamente su ritmo de viaje tras encontrar rastros de una fuerza de orcos montados sobre huargos. Bóromir había combatido tiempo atrascontra esos salvajes jinetes y sabía que eran una seria amenaza, sobre todo en gran número. En realidad Bóromir no era muy habil rastreando, pero Légolas eligió la senda con facilidad, tan claramente como si llevase un mapa con la ruta marcada.
Finalmente avistaron Édoras. Pero la visión de su destino no alivió sus espíritus. Légolas frunció el ceño al mirar el hogar del rey Theoden de Rohan. Estaba vacio, los rohirrim no estaban en su hogar.
"¿Qué ocurre?."- Los ojos de Bóromir no eran tan agudos como los ojos de los elfos y no acertaba a distinguir con exactitud que preocupaba a Légolas.
"Las gentes de Rohan no están en Édoras."
"¿Qué banderas están izadas?".- Preguntó Bóromir al segundo.
Légolas se lo comunicó y el hijo de Gondor sintió un gran alivio.
"Eso significa que las gentes de Rohan han marchado a refugiarse a Cuernavilla, en el abismo de Helm."
Ambos continuaron el camino, siguiendo el rastro de los jinetes de Rohan, que viajaban con apenas dos días de ventaja y a los que sin duda darían alcance antes de que llegaran al abismo de Helm, pues viajaban ancianos y niños a pie.
"Una gran fuerza debe amenazarles para obligarles a refugiarse en Cuernavilla."
Légolas pasó un brazo por la cintura de Bóromir sintiendo su preocupación.
"Entonces nos reuniremos con ellos para enfrentar el peligro."
Bóromir sonrió y apoyó la cabeza en el hombro de Légolas, relajándose momentaneamente despues de tantos días de camino a paso veloz para reunirse con la compañía. Por no hablar de conocer al fin el destino de Merry y Pippin. Légolas le había dicho que estaban vivos, que en su corazón podía sentir que nada les había ocurrido, y Bóromir ponía todo su empeño en creerlo, pero nunca dejaría de ser práctico y algo escéptico, de modo que no se calmaría hasta verlo con sus propios ojos.
"No temas."
Légolas le besó suavemente y Bóromir gimió con cierta protesta cuando el beso terminó y se pusieron de nuevo en camino. A veces Légolas era tan suave que Bóromir se sentía fragil.
Una batalla. Légolas y Bóromir llegaron a medio camino del Abismo de Helm y encontraron los restos de unos atacantes orcos y huargos además de unos caballos. Parecía que la avanzadilla había sido realmente furtiva, sin dar tiempo alguno a reaccionar ante el ataque, típico de aquellos crueles animales.
Légolas encontró rastros que solo podían pertenecer a un enano, Gimli parecía haber tenido todo un encuentro con unos huargos a juzgar por los tajos de hacha sobre una montaña de esos animales. Aquel bravo enano sin duda habría disfrutado del combate, los belicosos enanos eran incansables a la hora de disfrutar de una buena pelea.
Bóromir recorrió el lugar, no era bueno leyendo las huellas ni los rastros, pero no tenía nada mejor que hacer mientras lo hacía Légolas. Mirándole podía quedar embelesado, no podía dejar de sorprenderse por ser el amante de aquel elfo, era tan hermoso, tan... inmortal.
Aquello le golpeó como un jarro de agua fria, Légolas y él pertenecían a mundos distintos, culturas distintas... ¿Quién sabía que les depararía el futuro? Le amaba, y Légolas le amaba a él, el resto era pensar demasiado, no le haría ningún bien preocuparse tanto.
Mientras cavilaba un destello en el suelo captó su atención, se aproximó y comprobó que uno de los orcos tenía algo agarrado en su fria mano muerta.
Cuando se inclinó a recogerlo sintió que su corazón se detenía.
El colgante de Aragorn.
"No... no puede ser..."
Con manos temblorosas apartó los dedos del orco y cogió el inconfundible medallón, se notaba distinito, como si su brillo se hubiese apagado sustancialmente, ahora parecía algo quebradizo y áspero, como una flor seca.
¿Estaría anunciando la muerte de su portador?
La idea le resultaba horrible de imaginar siquiera.
"Es imposible..."- Murmuró.- "No puede ser."
Áragorn no podía morir, no podía abandonarle...es decir, no podía abandonar Minas Tirith a su suerte, no ahora que sabía lo mucho que Gondor le necesitaba.
Légolas alzó la vista al oir el apagado murmurllo de Bóromir, entonces le vió caer de rodillas con el rostro cargado de incredulidad y tristeza.
"¿Bóromir?".- Corrió a su lado.
"Áragorn."- Respondió él alzando el colgante.
Légolas miró el colgante con desconcierto, no... no podía ser cierto. Áragorn, su amigo, no podía morir de ese modo, no podía ser... tenía que volver a verle, no podía acabar de ese modo.
Se arrodilló y tomó las manos de Bóromir entre las suyas con el colgante entre ambas.
"Vayamos a Cuernavilla, no creeré en la muerte de Áragorn, hijo de Árathorn, hasta que haya tocado su frio cadaver"
Bóromir abrazó a Légolas, deseando sentir aquellas mismas esperanzas dentro de él, la posibilidad de que Áragorn hubiese muerto le resultaba insoportable. Tras su mutuo consuelo continuaron el camino, Bóromir llevando en su bolsillo el colgante de Áragorn, esperando con todo su corazón entregarselo en vida y no ponerlo sobre un cuerpo frio.
Áragorn subió a lomos de Brego, el excelente corcel aguardó junto a él hasta que logró montar. No cabía duda de que el caballo se había ganado su nombre, el nombre de un rey.
El rio le había salvado en la caida aunque le había arrastrado un trecho. Le dolía todo el cuerpo por la contusión, aunque mucho mas el corte que le había hecho el orco en el hombro. No obstante se sentía capaz de cabalgar, mas le valía ponerse en camino hacia el abismo de Helm.
Había tenido un sueño, había soñado con Arwen. Había sido algo mas que un sueño, había sido un mensaje de la doncella elfa. Ella se despedía, marchaba finalmente con su pueblo hacia el horizonte, partía ya a los Puertos Grises para zarpar al oeste, a las tierras imperecederas.
"No debes pensar mas en mi, soy el pasado, siempre te llevaré en mi corazón, tu tenías razón, ha sido un sueño. Busca tu felicidad en la tierra de los mortales."
Y así lo haría.
Nada mas avistar Cuernavilla Bóromir no tuvo dificultades en hacerse reconocer, las puertas se abrieron para Légolas y el hijo del Senescal de Gondor, Bóromir. Y apenas habían hecho su entrada recibidos por el rey Theoden y su sobrina, la hermosa Eowen, cuando Gimli les recibió a la carrera dando a Bóromir un abrazo tan fuerte que el hijo de Gondor temió acabar con las costillas magulladas.
"¡Sabía que unas flechas orcas no iban a acabar contigo!".- Exclamó el enano.
"Gimli... ¿y Áragorn?"
Inmediatamente el enano perdió la sonrisa y una sombra de tristeza asomó a los rostros de los presentes.
"Cayó... en el combate contra los huargos."
Bóromir apretó el colgante en su mano, la noticia era un frio puño en el pecho. Pero ahora no podía permitirse mostrar su dolor, estaba en presencia de un rey, y él ya no era solo Bóromir, sino el hijo de Dénethor y Capitán de Minas Tirith.
Légolas observó como en un instante Bóromir recuperaba toda su compostura y se investía de autoridad, de pronto estaba ante sus ojos el mismo Bóromir que había ido a Rivendell, el altivo hijo de Gondor.
"Rey Theoden, lamento que nuestro encuentro tenga lugar en estas circunstancias."
El rey asintió, aunque resultaba evidente en sus ojos que no confiaba del todo en Gondor y por tanto tampoco en Bóromir, que lo representaba.
Temiendo que su carácter le llevase a una discusión con el rey de Rohan, Légolas se apresuró a adelantarse a la situación y llevar la conversación a temas mas urgentes, como qué había acontecido en su ausencia.
Las noticias del regreso de Gandalf de entre los muertos y la seguridad de Merry y Pippin apartaron por completo a Bóromir de la ofensa que sentía por la condescendencia de Theoden para con su persona, los dos pequeños hobbits estaban a salvo, puestos en lugar seguro por el mismísimo Gandalf, que ahora se hacía llamar El Blanco.
Mientras todo el fuerte se organizaba, Bóromir tuvo un momento para sentarse y pensar en Áragorn. Era tan irreal, la idea de que hubiese muerto...
Sus ultimas palabras para Áragorn habían sido... mi capitán, mi rey... Había visto la muerte y había temido terriblemente por su error de negar a Áragorn su herencia, la posibilidad de salvar su hogar, a su familia, a su hermano. Y también había temido con agudo horror la idea de marchar al otro mundo sin decirle algo amable, sin abrirle su corazón.
Y ahora era él quien estaba vivo... y Áragorn muerto.
"Puedes llorar, Bóromir, te sentirás mejor."
Bóromir alzó la vista y miró los cristalinos ojos de Légolas, en ellos podía leer tristeza, sabía que Áragorn y Légolas habían sido amigos, Áragorn se había criado en Rivendel, con los elfos, se preguntó si Légolas le había conocido desde que el heredero de Isildur había sido solo un bebe. Sin duda este era un duro golpe para él.
"Estoy bien... yo... tengo una labor que hacer aquí, no me quedaré de brazos cruzados mientras Rohan sufre asedio."
"Bóromir..."
"Intentaré que Theoden envie un mensajero a Minas Tirith, o que al menos..."
"¡Bóromir!"
Légolas sacó al fin a Bóromir de sus planificaciones y este le miró con confusión. Légolas sabía perfectamente lo que estaba haciendo Bóromir, encerrarse en su cascarón de Capitán de Minas Tirith para evadirse de los sentimientos y del dolor. Guardarlo todo dentro, en un rincón, un rincón que acabaría envenenándole.
"Eres Bóromir, eres un hombre antes que el hijo de Dénethor."
Bóromir negó con la cabeza y palmeó el pomo de su espada.
"No es así, Légolas, soy el capitán de Gondor antes que ninguna otra cosa."
Légolas se quedó sin palabras. Cuando creía que podía entenderle actuaba de un modo distinto... tenía tantas capas.
Bóromir suspiró, no sabía como explicarselo a Légolas, para él resultaba de lo mas natural reducirse a su papel de general, lo había hecho toda la vida, se sentía mas seguro de ese modo. Pero lo cierto era que la tensión le afectaba, la perdida de Áragorn se sentía pesada, muy pesada, y los proximos días serían sin duda muy duros, se aproximaba una batalla, sin duda los ejercitos del traidor Saruman llegarían al abismo de Helm y deberían luchar por sus vidas.
"Bóromir, es mejor que descanses, no tienes porqué..."
No estoy cansado.
Légolas le miró con tanta preocupación que Bóromir se enojó, ya no estaba herido, ya no estaba afectado por el anillo, no necesitaba que Légolas mirase por él a cada segundo. No podía seguir así.
"¡No soy debil, Légolas!".- Exclamó frustrado, volviéndose regresó al interior del fuerte.
El elfo dio un respingo y frunció el ceño con extrañeza, tan solo se preocupaba¿no era lo normal? Bóromir le estaba confundiendo. Posiblemente era la tensión por la noticia de la muerte de Áragorn, también sobre él pesaba con fuerza aquella realidad.
Se apoyó sobre las almenas y fijó la vista en el horizonte, había esperado que todo fuese bien, pero la realidad distaba mucho de su ilusión.
