Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de Tolkien y de quien quiera que tenga los derechos legales de libro y peliculas.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash)y este se da entre los personajes de Aragorn, Bóromir y Légolas, si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas, comprendo perfectamente esa postura.

Capítulo 11. El corazón tiene dos partes.

Bóromir no estaba de buen humor, Theoden insistía en mantenerle apartado de los asuntos de estrategia y había dejado bastante claro que no esperaba ni pediría ayuda de Gondor. Lo que enfurecía profundamente a Bóromir¿cómo esperaba ayuda de Gondor si ni siquiera la pedía? Gondor ya tenía problemas directamente con Sauron, no iba a estar atento a Rohan en todo momento.

Pateó una roca y se dirigió a la armería, desde el pasillo podía oir rezongar a Gimli, al parecer el enano estaba farfullando acerca de la mala calidad del acero que usaban los humanos. Bóromir podía perdonar la crítica viniendo de un enano, una raza que practicamente dedicaba sus vidas a la forja.

"No encontrarás aquí hachas como la tuya, buen enano."- Le saludó.

"No sabes cuanta razón tienes, esto es acero de verdad."- Exclamó enseñándole en inmaculado filo, en perfecto estado tras las batallas vividas.

Bóromir asintió y se sentó, cuando estaba de mal humor la mejor compañía era Gimli, el enano sabía callar cuando era necesario y hablaba sin tapujos.

"Deberías ir a hablar con el elfo, si vuelvo a oirle suspirar y susurrar tu nombre me volveré loco."- Gruñó Gimli.

Bóromir se sobresaltó, desde luego Gimli era único en lo de hablar sin tapujos.

"Yo... ¿dónde está?"

"Dando vueltas por ahí despues de que le mandase a paseo, probablemente en el patio superior."


Légolas tenía la mirada perdida en el cielo mientras paseaba pero ni así logró Bóromir evitar su percepción mientras se aproximaba. Légolas se volvió y Bóromir quedó momentaneamente perturbado por su belleza sobrenatural. Se sintió terriblemente culpable por haber sido brusco con Légolas¿cómo podía maltratar algo tan preciado? Légolas había sido el unico hombre que le había amado de un modo tan puro.

"Lamento... mi comportamiento."- Logró decir al fin.

En respuesta Légolas le acarició la mejilla con la mano, en una suave caricia y aceptación.

"No importa."

Bóromir frunció levemente el ceño, le alegraba que Légolas no estuviese enojado con él pero... no podía sino sentir que le faltaba algo. Aquellas caricias y besos que Légolas le prodigaba... eran agradables, maravillosos, le hacían sentir amado pero... Légolas le trataba aun como si fuese algo fragil.

"Légolas, tenemos que hab..."

"¡Abrid las puertas¡Ha vuelto!"

El grito desde la primera muralla les interrumpió y ambos se asomaron para ver el motivo del ajetreo que llegaba desde las puertas. Un solitario jinete atravesaba las puertas de Cuernavilla.

Légolas le distinguió sin dificultad.

"Áragorn."

Bóromir no podía creer lo que oía, Légolas corrió hacia las escaleras y él fue a la zaga. Si realmente era Áragorn... cielos, iba a matarlo por hacerles creer ha todos que lo habían perdido, mas le valía tener una buena excusa.

Áragorn desmontó, agotado, traía terribles noticias para el rey Theoden. De camino a Cuernavilla había avistado el ejército de Sáruman, y mucho temía que no quedaba tiempo que perder. Miles de Uruk-hai se dirigían hacia ellos.

Gimli le saludó con toda la fuerza de los enanos y de no ser por su orgullo enanil hubiese derramado lágrimas. Realmente Gimli era todo un compañero. El enano le dio un empujoncito al interior de Cuernavilla y le guiñó un ojo.

"Adivina quien más ha regresado de entre los muertos."

Bóromir. Áragorn sintió el corazón saltar en su pecho. Bóromir debía estar allí. Corrió por el patio exterior, no podía aguardar un segundo para verle¿cómo se encontraría¿se habría recuperado por completo de las heridas¿se le vería distinto? Y lo que era mas importante¿se alegraría Bóromir de verle tanto como él?

Finalmente frenó sus pasos al tiempo que quien iba a su encuentro hacía lo mismo. Légolas, su amigo desde hace tantos años, el elfo le saludó con toda la dignidad de su raza, pero no podía disimular la total alegria que le producía verle.

"Estas horrible."

Áragorn soltó una carcajada.

"El tiene razón, no es el aspecto propio de un rey."

Esta vez Áragorn ni rió, miró tras Légolas y se encontró con el rubio hijo de Gondor, sano y salvo, el color había vuelto a su rostro y se veía en pie, fuerte y con la postura firme, el epítome del capitán de la guardia. Todo un guerrero de Gondor. Bóromir.

Bóromir apenas si podía contener la emoción, pero lo hizo con notable esfuerzo. Áragorn estaba vivo, ciertamente tenía el aspecto de alguien a quien hubiese pisoteado una jauria de huargos, pero Bóromir no veía sino al montaraz con corazón de rey.

Áragorn abrazó impetuosamente a Bóromir, ignorando el dolor de sus brazos, ansioso por sentir el cuerpo del otro hombre, su olor...

Bóromir sintió miedo. Miedo de lo facil que resultaba amoldarse a aquel cuerpo, lo cercano que lo sentía. Légolas estaba allí, el elfo era hermoso, fuerte, gentil y considerado, habían yacido juntos y había sido algo maravilloso... pero entonces¿por qué se sentía mas cercano a Áragorn, que le había hecho tanto daño¿era solo por que era de su misma raza?

Con dificultad, pues el contacto resultaba tan natural que era doloroso detenerlo, se apartó de Áragorn y un frio metal en su mano le recordó lo que le apartaba de Áragorn, lo que le había hecho ver la verdad allá en los bosques de Lorien.

"Esto es tuyo."

Áragorn reconoció al momento el colgante, ni siquiera se había percatado de la pérdida. Esta vez no sintió desasosiego al ver el medallón, ahora que Arwen había marchado y el amor se había petrificado en sus corazones, el colgante solo era un hermoso recuerdo de aquel sueño de ilusión.

"Gracias."

Recogió el colgante, si apartar la vista de Bóromir, y no perdió el detalle de que los verdes ojos de Bóromir estaban prendidos de los de otra persona que no era él.

Légolas. Ambos se miraban.

Bóromir tragó saliva, se sentía mal, no debería haberse regalado tanto con la presencia de Áragorn. Légolas, el elfo estaba allí, mirándole, y se sentía como si le hubiese fallado. Estaban juntos, no podía, no debía sentir algo por Áragorn.

"No hay porque."

Finalmente la urgencia reclamó a Áragorn, tenía noticias importantes para el rey Theoden. Los tres se encontraron con el rey de Rohan sobre las almenas.


"¿Dónde estaba Gondor mientras mi gente sufría?"

Las palabras de Theoden le inflamaban, Bóromir había estado a un paso de llegar a las manos y sin duda habría caido en una dura discusión con Theoden de no haber estado presentes Légolas y Áragorn. Cuando habían sido informados de la ingente fuerza que se dirigía hacia ellos, Áragorn había propuesto al rey lo mas lógico, pedir ayuda.

Y el rey de Rohan no solo no iba a pedir ayuda, sino que había despreciado la idea e insultado el reino de Gondor ante el Capitán de Minas Tirith.

Le enfurecía, de no haber sido frenado por Légolas, Bóromir le hubiese dicho un par de verdades acerca de donde había estado Theoden mientras su reino se desomoronaba¡poseido por el mago Saruman! No era quien para criticar al reino de Gondor.

Aunque Boromir tenía que admitir que le extrañaba no tener noticias de su hogar... ¿qué estaría ocurriéndo en Gondor¿Resistiría Osghiliath el previsible ataque de Mordor¿Estaría bien su hermano bienamado, Fáramir?

Bóromir se concentró en afilar su espada, ojala hubiese tenido aun el cuerno de Gondor, pero había quedado roto en el combate contra los orcos y mucho temía que hubiese acabado en el rio Anduin.

Tenían una dura batalla por delante y debía prepararse para dar lo mejor de si mismo. El rey Theoden había ordenado que todo hombre capaz de sostener una espada se preparase y a su alrededor hombres, niños y ancianos estaban armándose.

Ver el miedo en el rostro lampiño de los jóvenes le estremecía el corazón. No eran guerreros, no era el ejército de soldados que estaba acostumbrado a dirigir, estos hombres no estaban preparados para enfrentar la horda Uruk-hai ni para ver caer a su alrededor a sus nietos o sus compañeros de juegos.

Pero tenían que intentarlo. Bóromir no dejó que el desaliento le venciera, no esta vez. Ya había dejado que la sombra de Sauron consumiera su esperanza, no dejaría que ocurriese de nuevo. Había fallado a la raza de los hombres una vez, no lo haría de nuevo.

"¿Lucharás junto a ellos?"

Bóromir se sorprendió, la habilidad de Légolas para moverse en silencio siempre le pillaba desprevenido. Sonrió y envainó su espada con un único y fluido movimiento.

"Por supuesto, he dirigido mas de una batalla, este ejército necesita un poco de experiencia de Gondor."- Bromeó.

Pero Légolas no sonreía, la vida humana era fragil, el "ejército" de Rohan era un desorganizado grupo que temblaba como una hoja al viento, aquella batalla sería una carnicería, la raza de los hombres era una llama intensa pero presta a apagarse.

Casi había perdido a Bóromir una vez, y ahora, al verle armado y presto para la batalla, sentía que muy bien lo había ganado para perderlo a continuación. Quería tomar a Bóromir y llevarselo de allí, llevárselo lejos, lejos de la guerra, lejos de la muerte... y porque no, lejos también de Áragorn, que aun tenía un hueco en el corazón del hijo de Gondor.

"Bóromir... prometeme que no te morirás."

Bóromir dejó clara su sorpresa, aturdido por la petición de Légolas, que se adelantó y tomó sus manos entre las suyas.

"Prometemelo."

"Légolas... eso no está en mi mano."

"Si que lo está."

Bóromir no podía creer lo que oía¿qué pretendía Légolas¿Qué luchase en la retaguardia como un cobarde¿Qué abandonase Rohan a su suerte? El elfo parecía seguro del fracaso de esta batalla, de que moriría.

"No, Légolas, no puedo prometerte eso."

Légolas ahogó su dolor con un gemido. Le resultaba insoportable pensar lo facilmente que podía perder a Bóromir, le asustaba. Los humanos estaban acostumbrados a su mortalidad, no les dolía menos, pero sabían que su vida era breve, que su amor también podía serlo, pero los elfos no tenían ese concepto, su amor podía ser inmortal, como ellos, sobrepasando siglos sin inmutarse.

Pero los humanos no eran constantes, eran volubles y sobre todo, eran mortales. Y Légolas no podía soportar que una vida ya de por si breve fuese puesta en riesgo¿es que no entendía Bóromir el dolor que le causaría?

Légolas sintió las manos de Bóromir en torno a su cintura y aquellos ojos verdes que le habían robado el corazón le miraron con intensidad. Bóromir le besó el mentón con cariño.

"No quiero verte triste por mi causa, Légolas, nos espera una dura batalla y es mejor enfrentarla con el ánimo en alto."

"Si Áragorn te lo pidiese le obedecerías."

Bóromir le miró consternado por el giro de la conversación. Légolas tenía los ojos brillantes y un descorazonador gesto de tristeza y fria ira, no dirigida hacia Bóromir pero igualmente escalofriante.

"Si Áragorn te pidiese que te mantuvieses en la retaguardia o que marchases hacia Gondor, lo harías."

"Légolas... ¿de que estas hablando?"

Légolas no contestó, tomó su rostro entre las manos y le besó largamente, emborrachándose de los labios de Bóromir hasta que este se abrazó a él para no desplomarse sobre sus temblosas rodillas.

Y despues se marchó sin decir palabra, dejando a Bóromir recuperar el aliento, confuso y preocupado, sin dejar de preguntarse si realmente Légolas tenía razón.

Légolas dejó que sus pies fuesen donde quisiesen, pero antes de darse cuenta se había dirigido a la armería, y allí se encontró con Áragorn.

Miró a su alrededor y sintió el desanimo crecer dentro de él. Aquello era en vano, y Áragorn... Áragorn, que era su amigo, pero ahora su presencia le resultaba dolorosa, pues le recordaba algo importante que había decidido ignorar durante demasiado tiempo.

Puede que Bóromir le amase realmente, pero sabía quien había sido la primera elección del corazón del guerrero del sur, y ese había sido Áragorn, y hubiese sido Áragorn quien hubiese tenido su amor de no ser por la existencia de Arwen.

Y como le carcomía por dentro aquel conocimiento.