Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de Tolkien y de quien quiera que tenga los derechos legales de libro y peliculas.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic es YAOI (y será slash)y este se da entre los personajes de Aragorn, Bóromir y Légolas, si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas, comprendo perfectamente esa postura.

Capítulo 12. Decisiones

La oscuridad caía sobre el Abismo de Helm. Las antorchas se encendieron mientras caía el astro rey y las murallas y almenas se llenaron de centinelas y arqueros que fijaban la vista en la unica entrada a su refugio.

Todos los defensores de Cuernavilla se armaban y preparaban para la batalla. La llegada de los elfos de Elrond y Galadriel habían sido un soplo de esperanza para todos, pero los mas veteranos sabían que, incluso con su apoyo, las fuerzas de Saruman seguían siendo terriblemente superiores.

Áragorn observó la caida del sol, todos estaban en la primera muralla, donde se habían situado principalmente las fuerzas élficas, a su lado estaban Légolas, Gimli y Bóromir. Todos permanecían allí, al frente del peligro.

"¿Por qué no llegan de una vez? Estoy cansado de esperar."

" Totalmente de acuerdo¡vayamos a buscarlos.".- Coincidió el feroz enano.

Áragorn miró a Bóromir y Gimli pero su curiosidad estaba fija en el capitán de Gondor, ahora Bóromir era el guerrero, su lado mas bélico estaba al mando ahora, no en vano era un general. Sus ojos brillaban con un frio verde, su espada estaba presta en su mano y estaba ansioso por entrar en combate.

El Gondoriano había sido entrenado desde su niñez para llevar una espada, y ahora era un soldado criado para ello, fuerte y valiente, sin miedo a la lucha y ansioso por ella. Légolas interrumpió sus cavilaciones uniendo sus miradas, hablando sin palabras. Áragoen había sido criado por elfos, Légolas y él tenían una visión muy distinta de la guerra a la de Gimli y Bóromir. Para ellos se trataba de una terrible situación que debía ser evitada tanto como fuese posible, luchar solo si era la única solución. Si una guerra tenía lugar rendían al cien por cien, pero no se entusiasmaban en la carnicería.

Légolas le sonrió y preparó su arco. Áragorn asintió, habían tenido un roce en la armería, cuando Légolas había proclamado su desesperanza ante la batalla, la futilidad de su presencia allí y la inevitable derrota. Habían hecho las paces poco despues, y había quedado claro el verdadero motivo de aquella anterior hostilidad.

...Poco antes...

"Estais juntos¿no es así?"

Légolas se volvió con lentitud. El principe elfo acababa de disculparse con él por su arrebato de ira en la armería, cuando había pronosticado la muerte de todos ellos en aquella absurda carnicería.

Áragorn había aceptado sus disculpas, era lógico que la desesperaza pudiese incluso con el elfo. Pero sabía que lo que carcomía su amistad era mucho mas que eso. Era Bóromir.

"Así es."

"... Arwen se ha marchado, abandona la tierra media."

No necesitaba decir mas. Légolas comprendió al segundo el significado de aquello. Lo que apartaba a Áragorn de Bóromir ya no existía. Lo que hacía traicionera aquella relación había desaparecido.

" Lamento oir eso."

Áragorn se adelantó, con firmeza. La marcha de Arwen no había servido solo para abrir sus ojos respecto a su corazón, era una señal mas de que su lugar no estaba entre los elfos, sino con los hombres. De que su lugar era en el trono de Gondor, y no tenía sentido seguir siendo un simple montaraz o un elfo de aspecto humano.

" No voy a renunciar a él."

" No puedes renunciar de alguien que no posees."

Áragorn no se dejó amedrentar, sabía lo que quería, y lucharía por ello. Porque esa era la manera de los hombres, esa era la manera de un rey.

" Légolas, somos amigos, espero que eso no cambie. Pero tampoco voy a cambiar mi decisión."

"Es tu decisión, pero será lo que deba ser, amigo mio."

Lo que deba ser. Áragorn asintió. Sabía cual era la manera de pensar de los elfos respecto al amor, respecto a su eternidad y su providencia. Y ese era el error de Légolas, Áragorn sabía mucho mas acerca del corazón de los hombres. Sería su ganancia, y la pérdida de Légolas.

...Ahora...

La lluvia cayó sobre ellos, arreciando con fuerza, los uruk-hai llegaron con ella. Rugían como las bestias que eran y golpeaban el suelo con sus lanzan, provocando un estruendo que cubría incluso el enloquecido latir de los corazones desbocados.

Légolas supo que el momento estaba cerca, miró a Bóromir y antes de que el infierno estallara y todo se convirtiese en sangre y espadas, alargó un brazo y acercó el rostro del desprevenido Bóromir hacia él.

"Te quiero."

Le besó intensamente, temiendo con todo su corazón que fuese el último beso. Bóromir le respondió con pasión, una fuerza de pasión nacida tanto para el amor como para la guerra.

Se separaron y Bóromir volvió a fijar la vista en el enemigo. Légolas suspiró quedamente. Él también debía concentrarse en el presente, en la batalla.

Áragorn sintió el dolor de una punzada de celos, pero apartó rapidamente ese pensamiento de su mente, se enfrentaban a una batalla, no era momento para eso. Pero en cuanto todo aquello acabara... si es que acababa bien, se sacaría esa espina.


Agua. Sangre. Sudor.

Los gritos de dolor de los heridos y moribundos, los gritos de guerra de los elfos y humanos, los rugidos ferales de los orcos, la explosión de la muralla, la caida de los amigos, la caida de los enemigos, el cuerno de Helm, el celestial sonido de una carga a caballo...

La batalla había sido una vorágine desde el primer instante, oleadas de enemigos asaltando el bastión, la destrucción de la muralla había sido algo devastador y la desolación, absoluta.

Áragorn se sentó, exhausto, la adrenalina que le había espoleado durante el combate había desaparecido y ahora podía sentir el dolor de todas las heridas y golpes, y el agotamiento de su cuerpo por las horas de combate ininterrumpido.

Le sorprendía que Légolas y Gimli aun tuviesen aliento para hacer bromas acerca del numero de enemigos que cada uno había matado.

"¿Crees que debería decirles que les he ganado a los dos?"

Áragorn miró a su derecha y se sorprendió por no haberse percatado antes de que Bóromir se había acercado estaba practicamente a su lado. El cansancio había mermado su atención ademas de sus fuerzas.

"Nah, deja que Gimli disfrute de su victoria por un punto."- Respondió con una leve sonrisa.

Bóromir había sido una auténtica fuerza de la naturaleza durante la batalla, como si hubiese querido resarcir su derrota en el Anduin, había atacado a los Uruk-hai con una saña despiadada y sistemática al tiempo que mantenía ordenada la facción de soldados a su alrededor, como solo un general entrenado sabía hacerlo.

Bóromir se sentó a su lado y suspiró, estaba acostumbrado a las batallas, al caos, a los largos combates que requerían no solo fuerza y destreza, sino constitución, resistencia al cansancio. Aunque eso no significaba que no estuviese cansado.

"Tienes mal aspecto."

"Estoy bien, solo necesitaba sentarme."- Replicó Áragorn.- "Voy a la enfermería."

"¿Estas herido?".- Preguntó Bóromir, subitamente alarmado.

"No, no... voy a ayudar allí, soy sanador al fin y al cabo."

Áragorn se puso en pie y echó a andar... solo para bambolearse repentinamente y perder pie al fallarle las fuerzas. Cayó hacia atrás... en los brazos de Bóromir, que se había precipitado hacia él.

"Idiota."- Masculló Bóromir ayudándole a apoyarse contra él.

"Esa no es forma de dirigirte a tu rey."- Dijo Áragorn con una media sonrisa.

Realmente no tenía fuerzas ni para andar. El cuerpo de Bóromir, recio y fuerte, le sostenía sin difucultad, aunque tampoco tenía aspecto de estar en su mejor momento, no obstante Áragorn no podía sino apreciar la belleza en aquel rostro manchado de tierra y barro, en el pelo sucio y revuelto, porque nada podía apagar la sincera sonrisa que Bóromir le dirigía a él, y solo a él.

"Disculpadme, majestad, pero me dirigiré a vos con todo mi respeto cuando considereis adecuado tener el aspecto de un rey."

"Tú sin embargo, capitán de mi guardia, nunca podriás dejar de estar magnífico."

Bóromir se sintió momentaneamente azorado y finalmente se concentró en llevar a Áragorn al interior del castillo donde podría descansar. Una vez le hubo acomodado al cuidado de los sanadores, Bóromir sintió sobre el el calor de la mirada de Áragorn, conocía esa mirada, era la que había visto en los bosques de Lorien dirigida a él durante aquel furtivo encuentro. Áragorn alargó la mano y le retiró un mechón rubio de la frente.

"Áragorn... yo... no puedo.".- Balbuceó Bóromir, se apartó y se marchó de la enfermería sin mirar atras... porque temía que de hacerlo no tendría fuerzas para marcharse.

Légolas. Piensa en Légolas.


"Siento un cosquilleo en los dedos."

Bóromir no podía creer lo que veía, Légolas había bebido mas de su propio peso en cerveza y lo unico que decía sentir era un ligero cosquilleo en los dedos, a su lado maese Gimli acababa de caer redondo, y para que un enano cayese borracho había que sacar muchas jarras de cerveza.

Eomer pasó una jarra a Bóromir y este aceptó con un cabeceo, era bueno ver al sobrino de Theoden, una cara amiga y realmente bienvenida, la llegada de Gandalf con los jinetes de Rohan había salvado el día sin duda.

Las fuerzas de Saruman habían sido aniquiladas, Rohan se había salvado... Ahora quedaban las fuerzas del enemigo principal, Sauron, y quien corría peligro era su hogar.

Pronto volvería a casa. Ya nada le retenía. Pronto estaría de regreso en Minas Tirith.

"Te veo melancólico."

Una mano engañosamente delicada cubrió la suya y Bóromir suspiró, apoyando la cabeza sobre el hombro de Légolas, sentado a su lado. Su presencia reconfortante calmando su ansiedad.

"Deseo tanto volver a mi hogar."- Confesó.

"Pronto iremos a Minas Tirith."

Permanecieron un rato mas en la fiesta hasta que el aire se vició y Légolas sugirió que saliesen a respirar aire fresco. Bóromir soltó una carcajada y coincidió, ya era momento de tener un poco de intimidad, y estaba claro que el elfo encontraba incómodo el alboroto creado por los borrachos y la fiesta que se alargaba demasiado.

Se sentaron contra una almena, o los restos de esta, contemplando el cielo nocturno, completamente en calma, como si estuviese de acuerdo con los acontecimientos, tormenta durante la batalla, calma en el fin de esta.

Bóromir observó el rostro de Légolas, sin una sola marca, ni una cicatriz, resplandeciente a la luz de la luna, irradiandola desde él mismo. Ninguna batalla, ninguna muerte podía mancillarle. Parecía intocable, y sin embargo allí estaba. Pero a veces le parecía tan lejano...

"Légolas."

Cuando Légolas volvió el rostro hacia él, Bóromir se apresuró a cubrir sus labios con los suyos. Lo necesitaba tanto, despues de tanta muerte, despues de tanta desolación, sentir la vida, sentir su calor, liberarse de todo aquello que ni el alcohol ni el descanso podían erradicar del todo. Y sobre todo volver a sentir cercano a aquel ser inmortal que moldeaba sus labios con los suyos.

Las manos se apresuraban a desatar la ropa, Bóromir sintió bajo sus manos la piel marmorea y a la vez suave de Légolas, al tiempo que las manos de este se delizaban sobre sus pectorales, el elfo le besó el mentón y recorrió su rostro hasta susurrarle al oido palabras en élfico que Bóromir no entendió.

Lo unico que entendía era el calor de su cuerpo, aquellas manos que hacian arder su piel por donde pasaban y eso era mas que suficiente. Buscó la pasión de Légolas hasta palpar su hombría con vigor, arrancandole un gemido de placer, el elfo se meció contra él y correspondió desatandole los pantalones y retirándole la camisa.

"Te hirireron."

Bóromir sintió los labios de Légolas contra la reciente herida, apenas un rasguño, y despues Légolas recorrió su torso en busca de mas heridas que besar. Pronto Bóromir apartó por completo sus pantalones, ansioso de atenciones mas intensas.

Légolas notó la llama de la pasión encendida en Bóromir, el brillo salvaje de sus ojos, como una fiera, Bóromir se situó sobre él con las mejillas arreboladas y la respiración acelerada y Légolas le pasó los brazos por los hombros, atrayendole hacia él.

"Te quiero."


Áragorn arrastró a Gimli como bien pudo hasta su camastro con ayuda de los demas hombres, el enano era mucho mas pesado de lo que su altura diría, su raza era realmente parecida a las piedras en que habitaban.

Cuando llegase el alba partirían con Gandalf hacia la torre de Saruman, a asegurarse por completo de la derrota del aliado de Sauron y la caida de Isengard. Tendrían que luchar, probablemente, con los restos del ejército que hubiesen quedado atrás, ademas del poder del mago.

Áragorn meditó... acerca de otros conflictos. Había declarado a Légolas sus intenciones¿había sido demasiado... pretencioso? Probablemente, pero lo cierto era que ya no le importaba tanto, toda su vida había sentido aquella inferioridad moral respecto a los elfos, se había criado con ellos, Légolas le trataba como a un igual... pero en el fondo siempre había sentido que le trataban de modo paternalista.

Estaba cansado de tener que vivir con respecto a sus expectativas, de cumplir sus altos sentimientos e introspección. ¿Y que si era algo pretencioso? Era un hombre, era Áragorn, no un elfo que pudiese meditar sus sentimientos durante siglos, no era uno de aquellos modelos de perfección estética y espiritual.

Y al infierno con todos los que pensaran que estaba siendo pretencioso, dominante o egoista, quizá lo era. Pero nadie... ni siquiera Légolas, era perfecto.

Nota de la autora: Hola a todos, lamento la tardanza en subir capítulos, he estado bastante liada y ademas la musa se tomó unas vacaciones.

Muchas gracias por los nuevos reviews, y en agradecimiento a ellos afirmo que continuaré hasta el final, que nadie tema que lo vaya a dejar a medias aunque me retrase.

Hasta el proximo capítulo.