Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de Tolkien y de quien quiera que tenga los derechos legales de libro y peliculas.
No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.
AVISO: Este fanfic es YAOI (y slash)y este se da entre los personajes de Aragorn, Bóromir y Légolas, si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas, comprendo perfectamente esa postura.
Este capítulo tiene slash, de hecho empieza con slash, y ya estais advertidos.
Capítulo 13. Abrir los ojos
Légolas susurró el te quiero con todo su corazón, su respiración acelerada y sus manos hormigueando al sentir bajo ellas la deseada carne. Ambos acelerados y ansiosos, el elfo besó el cuello del hombre y arqueó la espalda cuando Bóromir le correspondió con aun mas ansiedad, marcando su blanca piel.
- Bóromir, tómame.
Bóromir sintió que se derramaría en ese instante, besó a Légolas y le acarició hasta dar con la abertura que hacía que su hombría supurase ante la idea de penetrar.
- Cielos, Légolas, dime que llevas lubricante contigo porque no seré capaz de esperar e ir a buscarlo.- Advirtió con la voz ronca de deseo.
Légolas sonrió con tranquilidad y maniobró torpemente entre su ropa hasta dar un vial que Bóromir se apresuró a arrebatarle para poder prepararle adecuadamente. Légolas suspiró al sentir la suave humedad resbalando entre sus piernas, Bóromir le besó de nuevo, con urgencia y Légolas le chupó los labios hasta que el humano encontró su lengua y la chupó con deleite mientras le preparaba.
No pasó mucho tiempo hasta que Légolas se retorció desesperado empujando las caderas hacia los inquisitivos dedos de Bóromir, se apartó y se volvió, poniéndose sobre sus rodillas y antebrazos, ofreciendose a su amante en una irresistible invitación y una mirada ansiosa sobre el hombro.
Bóromir rezó porque Légolas no tardase en alcanzar la culminación porque estaba seguro de que él no tardaría. Las niveos nalgas de su amante, redondas y firmes, eran tan perfectas como el resto de aquel cuerpo, el hombre de Gondor se lubricó a si mismo y guió su miembro hasta la bien preparada entrada.
Y mientras entraba en aquella estrecha calided tuvo que cerrar los ojos, porque ver y sentir a Légolas a la vez era demasiado para cualquier mortal.
Légolas gimió de placer e incomodidad a la vez, Bóromir estaba bien dotado, se movía los mas lentamente que le era posible, sentía sus manos aferrando con fuerza sus caderas y el sudor de su cuerpo contra el propio.
Era maravilloso sentirle tan cerca, dentro de él.
Y nuevamente un puño de pánico se cernió en su corazón. Si, Bóromir estaba con él, sobre él, dentro de él... pero¿era realmente suyo?
Se movía sobre él, le proporcionaba placer, le ofrecía su calor, la intensa hoguera que era Bóromir. Pero sus ojos cerrados no le ofrecían respuesta¿era realmente Legolas lo único que existía en aquellos ojos?
- Bóromir... ah... ah... mirame... por favor...
Los ojos de Bóromir resplandecieron sobre él. Pero Légolas percibió un sutil cambio, no eran como la primera vez, no eran la total entrega que había cautivado su corazón en los bosques de Lorien, en aquel refugio arboreo.
Légolas cerró los ojos, y dejó que las sensaciones ahogaran la intranquilidad. Bóromir era puro fuego, la lentitud inicial se desvaneció ante la fuerza del deseo y el humano le llenaba con un ritmico movimiento de caderas, dando con cada embestida en el botón de placer dentro del elfo, llenándole con su carne.
Légolas se abrazó a Bóromir con desesperación, el deseo acumulándose dentro de él cada vez con mas fuerza, finalmente la mano de Bóromir se apartó de su cadera y encontró su hombría, masturbándole al ritmo de sus embestidas, llevándole con él hasta las alturas del orgasmo que pronto les recorrió, dejándoles sin aliento, y vacios.
Légolas se quedó tendido mientras Bóromir se incorporaba, este le miró con extrañeza.
- ¿Légolas¿Ocurre algo?
Inmediatamente Bóromir se sintió culpable¿le habría hecho daño en su ímpetu¿le había dañado por dentro¿Había sido desconsiderado con el elfo? Los ojos de Légolas, azules como zafiros, le miraban con una seriedad teñida de tristeza.
- Bóromir... mirame a lo ojos y jurame que solo yo estoy en tu corazón.
En ese momento Bóromir sintió que el mencionado corazón se le detenía.
Lo sabe¿Saber? Bóromir no sabía ni que había que saber. No había sido infiel a Légolas, ni se le habría ocurrido semejante acción, estaba con él, le amaba... solo le amaba a él... ¿verdad?
- Légolas, estoy contigo, te quiero.
- Esa no es la respuesta a mi pregunta.- Replicó Légolas, cada vez mas dolido, sus ojos brillantes de humedad, consciente de que ya sabía la respuesta.
¿Por qué¿Por qué Légolas tenía que ponerle en esa situación? Bóromir abrió la boca para decirle que le amaba, que era el único en su corazón, que no amaba a nadie como le amaba a él, que era su rostro y su cuerpo lo que ocupaba su mente durante su placer, que era su nombre el que había estado en sus labios mientras le poseía.
Pero no dijo nada... porque las dudas que Légolas tenía empezaban a calar dentro de él.
Porque en el fondo sabía la verdad, sabía lo que quería decir Légolas al ponerle contra la pared.
Áragorn.
- Yo... no quiero, pero... resulta dificil...
Légolas no le dejó continuar, se incorporó y comenzó a vestirse, sin dirigir una sola mirada a Bóromir. Dolía, dolía demasiado. Los hombres eran imposibles, Légolas se sentía como un estúpido por pensar que podía resultar bien, no eran como los elfos, no eran capaces de tener una armonia de cuerpo, mente y corazón, eran caóticos, impredecibles. Légolas había creido ser capaz de aceptar y amar aquello, pero... en el fondo resultaba demasiado duro.
Estaba acostumbrado a algo diferente, no podía enfrentar este desafio.
- Légolas, por favor, deja que...
- No es necesario, lo entiendo.
Boromir sintió dolor, pena, culpabilidad y... una extraña indignacion.
Condescendencia. Eso era lo que le irritaba. ¿Lo entiendo? Hubiera preferido que Legolas se ofendiese, que se irritase por tener espacio para Áragorn en sus sentimientos, que le acusase de ser debil... pero que le tratase como a un niño del que no se puede esperar nada mejor.
- ¡NO, no lo entiendes, Legolas!
El elfo le miró sorprendido por la violenta reacción. Bóromir se puso la camisa a tirones, irritado y cada vez mas indignado. No era perfecto¿de acuerdo, no podía sentir el amor de los cuentos de hadas donde una mirada lo decia todo y desde el primero instante el amor era un vínculo perfecto de comprensión. Ojala pudiera, pero no era así.
Había tenido sentimientos hacía Áragorn, no podía evitar que quedasen reminiscencias de ello, eso no tenía que ser tan problemático para Légolas.
Pero Légolas era un elfo, pensaba como tal. Y en su mundo de cristalina claridad no había lugar para el caotico torbellino del corazón de los hombres.
- Bóromir...
- Pero supongo que no importa.
Boromir se levantó y se marcho con largas zancadas, deseoso de alejarse de Légolas, de aquella sensación de fracaso que tanto odiaba. Entró en el interior del bastión casi a la carrera, sin mirar atrás.
Légolas se quedó solo, sintiendo el viento enfriar su cuerpo... sintiendo un frio mucho mas intenso dentro de él.
Bóromir entró en su habitación, se sentó en su cama y fijó la vista en la pared, confuso y enojado, no quería hablar con nadie ni ver a nadie.
Y sobre todo, no quería ver a Áragorn, porque si se enfrentaba a él, se enfrentaría a las dudas que Légolas le había suscitado, y no estaba preparado para ello.
Áragorn cerró su macuto y se preparó para acostarse, los ultimos ecos de la fiesta hacía tiempo que se habían acabado y la oscuridad y el silencio reinaban en el lugar.
Apenas había cerrado la ventana cuando la puerta de su habitación se habrió un un conocido elfo le miró desde el umbral.
Légolas tenía mal aspecto, había una sombra de dolor en su mirada, teñida de tristeza y resentimiento. Áragorn le miró con serenidad, esperando a que Légolas encontrase las palabras para definir lo que le había llevado allí. Finalmente su amigo de tantos años entró y le miró desde su superior altura con los puños apretados, por un segundo Áragorn temió que Légolas hubiese resuelto acabar con su conflicto por las malas, lo que no era en absoluto propio de él, pero había una primera vez para todo.
Pero sus temores resultaron, por fortuna, infundados.
- El error fue mio desde el principio.- Dijo el elfo.
- ¿Qué?.- Áragorn le miró confuso.
- No soy tan listo como creí ser, pequé de sobervia y he vuelto a hacerlo, nadie debería pensar que es capaz de comprender a la raza de los hombres.
Áragorn comprendió, no todo, pero lo suficiente.
- No nos conocemos ni nosotros mismos.- Admitió Áragorn.- Creer que podemos ser prececibles e incluso manipulables como barro es el mayor error de nuestos enemigos y de nuestros amigos.
Légolas se volvió y se marchó, no dijo nada mas, no hacía falta. Todo estaba dicho.
Nota de la autora: Bueno, espero que no haya quedado demasiado forzado, como siempre admito cualquier critica que sea adecuada, me ayuda mucho a mejorar mi estilo. Espero poder actualizar más pero es que el verano me mata a la hora de ponerme a escribir, hay tantas otras cosas que hacer...
