¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Les ruego que se den una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Kala–neechan por reírse de mis locuras y a Yukime–chan por leer mis barrabasadas.

Un especial agradecimiento a Ekléctica, quien se dio el enorme trabajo de corregir el fic.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Principio 10 para ver y entender Manga: En el espacio se escucha todo.

Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 1: Encuentros Cercanos.

Bosque del Santuario.

Cuatro días después. 14 de marzo. Medianoche.

Oficialmente los guardias eran unos ineptos buenos para nada. Este asunto del fantasma y las extrañas apariciones en el bosque consagrado a la diosa ya había ido demasiado lejos y logrado hastiar a los dorados, no porque el puñetero fantasma fuera peligroso ni mucho menos, ¡ERA MÁS INOFENSIVO QUE UN GRANO DE ARENA! sino porque los guardias se negaban a hacer su trabajo. Tanto era el susto que tenían, que ya ni las amenazas funcionaban con ellos y era menester aplicar otras medidas coactivas.

Los dorados por fin habían decidido tomar cartas en el asunto y desde hacía dos días que estaban haciendo las rondas en el bosque ellos mismos: no era bueno para la moral que los soldados estuvieran ansiosos así como lo estaban, y si había algún espía enemigo que los estaba asustando a propósito, la idea era eliminar dicha amenaza lo antes posible, antes que las cosas se escaparan de cualquier control.

Pero tal como dice la ley de Murphy, los dorados habían encontrado el lugar tan silencioso como un cementerio o la casa de Máscara Mortal cuando estaba disecando algo, y no habían visto nada fuera de lo normal, a excepción de un par de tejones haciendo una madriguera. Punto. Esto obviamente había logrado confundir a los guardias y a los santos que habían visto al fantasma.

"Desde mi época de aprendiz que no hacía estas guardias." Se quejó Aioria, pateando una piedra. "No nos corresponde."

"Venga, hermanito, no te quejes y al menos míralo del lado positivo."

"¿Cuál es el lado positivo, Aioros?"

"¡Estás paseando con tu hermano mayor favorito!"

"Eres el único que tengo, Aioros." Dijo con voz muy seca.

Aioria entrecerró los ojos cuando vio la sonrisa sabihonda de su hermano mayor. Algo le decía en su fuero interno que lo iban a sermonear… y no en forma injustificada.

"Me rompes el corazón, Aioria." Aioros puso los brazos detrás de la cabeza. "Además hace tiempo que no hablamos. ¿Qué mejor momento que ahora?"

"Mejor nos concentramos en atrapar al fantasma ese."

"A diferencia de los guardias, podemos hacer las dos cosas al mismo tiempo."

"¿Y de qué quieres hablar?" Aioria se rindió, y no porque le gustase. Tenía una tendencia a quedarse con la última palabra, cosa que disfrutaba más allá de cualquier cosa. Pero esta vez no estaba de humor. Desde enero que no estaba de humor.

Aioros miró las estrellas y luego a su hermano, sin notar que a su derecha, no lejos de él, la lucecilla azul flotaba curiosa mientras les seguía. El santo de sagitario sabía que tenía que ser cauto con sus palabras.

"¿Qué tal está Marín?"

"Ay Marincita…" Suspiró el león, quien tomó aire y le exhaló en forma inmediata. "Supongo que está bien. Hace mucho que no hablo con ella."

"Entonces, Marín todavía no te habla de nuevo."

Aioria suspiró y comenzó a arrastrar los pies. ¡Cómo extrañaba a Marín! Desde aquella fiesta que la amazona no le dirigía palabra alguna. No tenía idea porqué se había enojado. ¡Todo era culpa de Camus! No más al franchute se le ocurría pedirle matrimonio a Alsacia justo en la fiesta y de forma que todos escuchasen. Marín estuvo muy extraña esa semana, al cabo de la cual, dejó de hablarle por alguna razón que él no comprendía…

… Err… eso no es del todo cierto. El León sí sabía por qué Marín no le hablaba. Era por ese asunto del ramo de novia y la liga, pero la verdad… a Aioria como que no le gustaba pensar en eso. Y es por esto que siempre olvidaba el motivo del porqué su águila le había quitado el saludo.

"No, no me habla… aunque sé que estuvo preguntando por mi cuando me resfrié." Añadió con una sonrisa infantil. Aioros le miró serio.

"Eso tú te lo buscaste. Deberías intentar hacer las paces con ella." Le dijo muy firme. Como su hermano mayor, único pariente de sangre que tenía vivo, era su deber hacerle notar esto. Y como amigo suyo que era… era su deber hacerle notar que se le estaba escapando la chica de su vida, como mantequilla entre sus dedos.

"¡Pero es que me evita!" Reclamó Aioria. "Intento buscarla y siempre está ocupada o metida dentro del recinto de amazonas. Sabes que allí no podemos entrar."

"Quizás no lo has intentado lo suficiente." Aioros silbó mirando al cielo. "El que busca, siempre encuentra. Lo que me lleva a otra pregunta."

"No quiero hablar del tema. Me pone de malas." Aioria miró hacia el follaje y al cabo de unos segundos, silbó. "¿Has visto como está el bosque este año? No recuerdo haberlo visto tan sano, verde y exuberante." Comentó, intentando cambiar el tema, aunque no estaba de suerte esa noche.

"Sí, pienso igual. Pero respecto de lo que me dijiste antes de eso, es una lástima, pues yo quiero hablar del tema." Aunque Aioros dijo esto con mucha alegría, Aioria supo que su hermano hablaba en serio y que no solo no podría distraerle, sino que podría enojarse si lo intentaba. "No te evadas o no podrás solucionar nunca el problema que tienes con Marín."

"Bah."

"Bueno, evádete. Si pierdes a mi cuñadita, no me vengas a llorar penas al hombro porque la extrañas y ella no."

"…"

"¿Ves que tengo razón?"

"Está bien. No me evado. ¿Qué quieres preguntar?" Aioria resopló. Su hermano le miró con una sonrisa traviesa.

"¿Por qué nunca le hiciste LA pregunta a Marín?"

"¿Pregunta? ¿Cuál pregunta?"

"Ya sabes: 'Te amo, Marín ¿Quieres ser mi esposa?' y otros aderezos del caso." Dijo Aioros sin ninguna cautela. "A Camus le resultó muy bien. Y al paso que va Kanon…" Aioria casi se cae al suelo de la sorpresa.

"¿QUÉ?" El león se pasó las manos por el cuello algo nervioso. "Pues… porque no."

"¿Por qué no? Tú y Marín están hechos el uno para el otro. A veces hasta pienso que ustedes comparten el mismo cerebro. Es la chica ideal para ti."

"¡Claro que Es La Chica Ideal Para Mí! Adoro a mi Marincita con toda mi alma."

"¿Y por qué no le haces la pregunta?"

"Es que no le veo sentido." Dijo Aioria tan tranquilo, encogiéndose de hombros. Aioros se detuvo de golpe y observó a su hermano menor algunos segundos, sorprendido por lo que acababa de decirle. Eso sí que no se le esperaba.

"Pero… acabas de decirme que la adoras."

"Sí, pero no le veo sentido a firmar un papel." Si bien el León parecía muy tranquilo, pero eso era pura apariencia. "No tiene sentido atarme a un contrato de ese tipo."

"Entonces no la adoras lo suficiente." Aioros resopló.

"Claro que la adoro."

"No lo parece. Si la quisieras, no dudarías ni un solo segundo en firmar ocho millones de papeles que testifiquen que estás dispuesto a comprometerte con ella toda la vida."

"Aioros, ¡No me gusta que cuestionen mis sentimientos hacia mi Marincita! Además no voy a dejar que un estúpido papel ni nada me diga lo que tengo que sentir ni como expresarlo."

"No estoy cuestionando tus sentimientos. Nada más emito un juicio acerca de lo que veo." Aioros puso las manos sobre sus caderas y le hizo algunas señas con las cejas a su hermano. "Nadie te puede decir qué debes sentir. Nada más mira como les ha ido a Milo y Alisa."

"Feh. Eso es diferente."

Ambos hermanos se pararon uno al frente del otro e intercambiaron serias miradas, tan serias que parecía que estar a punto de irse cada uno por su lado, enojados hasta la médula, sólo porque no se iban a medir con los puños. La brisa sopló, el follaje se movió. Las estrellas titilaron en lo alto. Aioria entrecerró los ojos y Aioros asintió con suavidad.

¡ZAS!

Con la velocidad propia de los santos dorados, Aioria giró sobre sus pies en forma repentina, casi felina, y lanzó un fortísimo golpe, destinado a interceptar algo. Fantasma estuvo a media pestaña de ser afectado por él y por inercia sujetó hábilmente el brazo del santo dorado, para aprovechar su fuerza, impulsarlo a un lado y echarse a correr hacia el bosque en cuanto tuviera vía libre.

Fantasma había estado siguiendo a los hermanos mientras discutían, curiosa por las armaduras doradas que ambos llevaban. Antes sólo había visto la de géminis, pero de eso hacía mucho ya y había ocurrido en una sola ocasión, a la cual no le prestó atención. Además, había estado siguiendo a este par con ganas de trabar, de una vez por todas, amistad con alguien, pero al parecer esta intención no la estaba llevando por el camino que habría esperado. Estos guerreros parecían ser más agresivos, fuertes y hábiles que los demás y era evidente que iban en serio en cuanto a su patrulla nocturna. Se asustó: eran mucho más fuertes de lo que había pensado. Temerosa, comenzó a huir.

"Ve por la derecha y yo por la izquierda."

"De acuerdo."

Aioria y Aioros comenzaron a perseguir a Fantasma, que ahora corría por entre los árboles con la agilidad de una ardilla. El santo de Leo se sorprendió de la fuerza y delicadeza con la que el fantasma lo había sujetado, pero no se arredró. Eso nada más le había confirmado que era algo real y que tenía algún tipo de entrenamiento. ¡Por fin tenían al esquivo espíritu donde querían! No, no un espíritu, sino algo tangible.

Aioros corría tras los pasos del fantasma, que se movía con una agilidad impresionante entre el follaje. Este llevaba una capa larga y no podía ver bien su contorno, cosa que no le importaba. Estuvieron a punto de atraparle en dos ocasiones, pero Fantasma se les escurría, sin embargo no podía huir del asedio de los dorados. Incluso Aioros vio que, para su sorpresa, Fantasma comenzó a flotar en el aire en vez de correr, como si volase, para así huir de ellos, pero no pudo hacer nada, ya que Aioros, usando su propio cosmo, le obligó a aterrizar y mantener la persecución a ras de tierra.

Entonces Aioria le cerró paso de improviso, y Fantasma tuvo que doblar hacia la izquierda, que era por dónde Aioros iba. Pero justo antes de atraparla, una mera fracción de segundo antes, justo cuando la tenía al frente, entre sus manos y sin posibilidad de escape alguno, Fantasma explotó en un sinfín de chispitas azules y se deshizo en el aire.

Esto sí que no estaba planeado.

"¿Dónde está?" Preguntó Aioria, sorprendido, mirando para todos lados.

"No lo sé." Aioros apretó los dientes, tan impresionado como su hermano. "Pero no anda lejos… no puede estar muy lejos."

Ambos hermanos relajaron la defensa y asumieron una postura casual, como si no hubieran estado persiguiendo a este extraño intruso frenéticamente por entre el bosque segundos antes.

"Bueno, al menos ahora confirmamos que hay alguien en el bosque."

"Sí, no más ahora hay que ponerle solución y terminar con sus incursiones." Aioria suspiró. Habían estado a un pelo de atraparle. "¿Pudiste verlo bien, Aioros?" Le preguntó al notar cierta sutil actitud en su hermano, como la de un cazador.

"No." Dijo tranquilo, casi como decepcionado. "Pero pretendo cambiar eso."

Entonces dio un sorpresivo giro sobre sus talones e impulsándose hacia delante, estiró el brazo bloqueándole el paso a Fantasma, que intentaba escabullirse de allí. Lo arrinconó contra el árbol con mucha energía, y usando la otra mano, le asió del cuello para inmovilizarle, en caso que fuera peligroso. Se llevó una sorpresota: Fantasma era una chica, más bien bajita, que le miraba asustada y con ojos grandes.

Y hablando de sustos, del tremendo susto que se pegó, Fantasma asió el brazo de Aioros con ambas manos y no hizo absolutamente nada, excepto respirar con dificultad, debido a la agitación de la que era víctima y al agarre del santo. No: si bien podría darle una buena pelea al guerrero que la sujetaba, ni de chiste le ganaba.

"¡Pero QUÉ…!"

Digamos las cosas por su nombre. Hay veces en que las impresiones que uno se puede llevar son capaces de dejarte sin aliento, calva o veces en que se cabello se pone blanco de la noche a la mañana o matarte en determinadas circunstancias. En este caso, Aioros perdió el aliento. Lisa y llanamente se quedó sin fuelle en los pulmones y soltó el cuello de Fantasma en cuanto se dio cuenta que era una chica, que parecía ser tan real como él mismo. Sabía que no haría nada. Con toda la delicadeza que pudo, retiró entonces el brazo que le bloqueaba el camino a Fantasma, como dejándole ir.

Es que no… Es que no… ¡Ni pestañear quería! Frente a él tenía a alguien delicado, de aspecto tan frágil, que se sentía incapaz de dañarle. Esta chiquilla parecía ser de ese tipo de personas que no debe recibir daño bajo ningún punto de vista o circunstancia. Tenía algo en sí, algo que le atraía. Su cabello, su rostro… sus ojos… ¡Era como tener un ángel entre los brazos! Retrocedió un paso… sólo para notar que Fantasma aún no le soltaba el brazo.

Es que la chica se sentía repentinamente helada, el aire le fue arrancado de los pulmones y la adrenalina aun era bombardeada hacia su sistema, pero… pero… no se podía mover, su cuerpo no le obedecía. Creyó por un segundo que la iban a lastimar en serio, pero borró ese pensamiento al ver los ojos de su captor, que le decían que no la rozaría ni con el pétalo de un rosa. Eran ojos amables, fieros sí, pero gentiles. Eso le quitaba el aire.

¿Qué clase de guerrero era éste? No podía soltarle el brazo: si hubiera querido, habría aprovechado tal cosa para ejecutar un rápido movimiento de judo, romperle el brazo y huir, pero no podía. Se tuvo que obligar a respirar, se sentía incapaz de pestañear. Tuvo la vaga sensación de estar sonriéndole. ¿Quién era este sujeto? No quería dejarle ir, no quería. Se sentía tan volátil que tuvo que luchar consigo misma para no abrazar a tan gentil y letal extraño.

Se perdió en esa mirada. Definitivamente se perdió en esos ojos tan extraños y a la vez tan bellos. Sí, eran azules, un color azul zafiro como nunca antes lo había, y sí, tenían luz propia, luz tenue, pero presente, que ponía en evidencia su mirada y presencia en la oscuridad. Tan frágil… su piel se veía muy suave, su cabello también: la chica tenía un aroma muy fresco que no pudo identificar de momento. Aioros se sentía tan hechizado por este Fantasma, por sus ojos, que no pudo evitar elevar una silenciosa plegaria de que por favor, ¡por favor!, le dejaran vivir en este momento para el resto de su vida.

Cosa que no le fue concedida, debo añadir.

"¿Aioros?" Llamó de pronto la voz de Aioria, quien interrumpió el mágico momento. Es que el León ya se sentía incómodo con la situación. "¿Sucede algo?" Aioros le miró a punto de sonreír.

Fantasma por fin soltó el brazo de su captor, pero no se movió. Se cubrió más con su capa, y no le quitó los ojos de encima al santo de Sagitario. Aioria estaba extrañado.

"No, no pasa nada." Dijo Aioros, aunque no sintió su voz como propia. "Todo está bien." El santo de sagitario se volvió hacia la chica. "¿Está usted bien?" La chica asintió con la cabeza y le sonrió cuando Aioros le habló.

"¡Ahem!" Aioria tosió a propósito. "Disculpen que les interrumpa, pero… tenemos trabajo… y… este… ya sabes que o hay que mezclar trabajo con… ya sabes, Aioros." El santo de leo carraspeó incómodo y se dirigió a la chica, que nuevamente se había enfrascado con su hermano en una burbujita. "¿Cómo te llamas?"

"¿Huh?"

"¿Cómo te llamas?" Pregunto Aioros esta vez.

Fantasma nada más sonrió. Dio tres pasos hacia delante, obligando a Aioros a retroceder. Rodeó al santo de Sagitario tres veces y luego volvió su atención sobre Aioria, quien, extrañado, siguió a Fantasma con la mirada.

"Disculpa, pero necesitamos saber tu nombre." Insistió el santo de Leo… que a la postre era el único que estaba pensando, ya que el cerebro de su hermano parecía haberse ido a dar una vuelta.

Nada. Aioria fue ignorado rotundamente.

Fantasma sujetó el brazo de Aioros, jalándole en forma juguetona, como invitándole a unirse a su juego, cosa que logró sin mucho esfuerzo. Aioria sentía que sobraba, y lo peor de todo es que no sabía cómo romper el momento, o si era prudente sacar a estos dos de tan especial embrujo. En esos momentos era cuando más extrañaba a Marín. Ni modo: trabajo es trabajo.

"En serio nos tienes que decir cómo te llamas." Dijo Aioria alzando la voz e interrumpiendo el juego. Aioros sacudió la cabeza.

"¡Cierto! Es verdad…" Se dijo a sí mismo, poniéndose serio. Miró a la chica. "¿Cómo te llamas?"

"…"

Entonces un cuerno sonó a la distancia. Diáfano, pero distante, como si su sonido no estuviera en este plano de la realidad. Fantasma, al oírle, levantó la cabeza como poniendo atención, y tras unos minutos de silencio, se quedó observando a los hermanos.

"Debo marcharme." Les dijo tras un leve ademán de cabeza, sin dejar nunca, en ningún momento, de mirar a Aioros.

Cuando les dio la espalda y hubo avanzado algunos metros, ambos santos reaccionaron y se dispusieron, tan rápido como pudieron, a seguirla, pero no sólo la chica se detuvo, sino que además ellos chocaron con fuerza contra un campo de protección invisible, y cayeron con poca elegancia al suelo, lastimándose el orgullo. Estuvieron sobre sus pies en un santiamén, intentando atravesar el campo.

"¡Espera!" Llamó Aioros, que presentía que la chica se iría.

Fantasma sonrió e hizo un coqueto ademán de silencio. Entonces se levantó una fuerte ventolera, que parecía subir desde la misma hierba. Sorprendidos, los santos vieron cómo se dibujaba un extraño e intrincado patrón en el suelo, y que la chica, de pie justo al medio, comenzó a brillar de azul y se elevó en el aire algunos metros, como si estuviera siendo alzada por cuerdas. Su capa entonces se extendió y pareció crecer muchos metros… y sin ningún sonido en lo más mínimo… Fantasma desapareció, nada más dejando chispitas azules tras de sí, como único mudo testimonio de su presencia. También desaparecieron la ventolera, el campo de protección y el sello en el suelo, sin dejar rastro.

Aioria miró de reojo a su hermano, quien avanzó tranquilo hasta el punto en que Fantasma había estado y sobre el cuál llovían estas chispitas azules. Estaba realmente confundido. ¿Qué había pasado recién?

"¿La viste, Aioria?"

"Err… claro que la vi. Vi lo mismo que tú."

Y mucho más importante… ¿Qué le había pasado a su hermano?

"¿En serio la viste, Aioria? Esa chica tenía estrellas en sus ojos."

¡Anda la osa! Aioria tragó saliva. A este le había dado y del fuerte.


Star Hill.

Esa misma noche.

Shion levantó la cabeza y se sacó los anteojos de pronto, desviando de momento su atención de sus mapas estelares, sus ecuaciones y compases. Había sentido una presencia en el bosque de Athena. Se levantó de su sitio y caminó hasta la baranda, dirigiendo su mirada hacia el bosque.

"Vaya, vaya. Fantasma otra vez." Susurró mientras sonreía travieso. "Me pregunto a quién habrá asustado esta noche." Dijo mientras estiraba los brazos detrás de la nuca.

El Patriarca estaba muy consciente del constante ir y venir del travieso espíritu que asolaba el bosque, pero no le daba mayor importancia. Si bien tenía una presencia importante (para él al menos), no era peligrosa, o ya habría tomado cartas en el asunto. Le divertía que los santos estuvieran tan ofuscados por un lado, y atribulados por otro debido a este asunto.

Mientras la cosa se mantuviera a nivel lúdico no había de qué preocuparse.

Además… Fantasma mantenía el bosque. Lo mantenía verde y debido a su presencia, los árboles y las plantas crecían más fuertes y coloridas, lo cual en ningún caso era malo: era muy difícil mantener ese bosque en condiciones, así que cualquier ayuda en jardinería, bienvenida sea. Shion suspiró.

"Creo que estarías contenta si pudieras verlo." Se dijo a sí mismo, aunque parecía como si estuviese hablando con alguien más. "No te gustaba ver el bosque tan reseco, siempre le estabas cuidando." Añadió bajando la mirada. Suspiró profundo y se dio la media vuelta.

Hora de volver al trabajo: aún tenía ecuaciones y cálculos que resolver… y créanme, no podía darse el lujo de distraerse tanto en esos momentos, mucho menos con lo que estaba observando en las estrellas.

Había algo en el firmamento que lo inquietaba.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Señales Extrañas.

"¿Algo pasa con tus rosas, Afro?" Preguntó Shaka de pronto, tan calmado como siempre.

"Nada. Eso pasa. Nunca antes las había visto tan… preciosas. ¿No ves que esta rosa se ve distinta?"


PS: Ahora sí que les dejo algo más largo. Una vez más les estoy dando lata con estas locuras que se me ocurren. Este fic es la más reciente entrega de mi extraña cabeza. La introducción de 'Fantasma' pueden recordarla de aquellos lluviosos capítulos de Eiusdem Farinae. Este fic será un AiorosxOC y AioriaxMarín, en vista de que necesitaba escribir algo sobre aquella esquiva pareja (y espero que les guste lo que escribí al respecto, pero les advierto que sufrirán… tanto ustedes como Aioria y Marín). Este fic tuvo una extraña inspiración. Fue al final de un extraño día en que me di un sentón de La Bella Durmiente, de Fantasía 1940 y de la última parte de Fantasía 2000 (La Leyenda del pájaro de fuego). Como leen, un día muy Disney. Luego para rematar aquél día, me puse a ver los pocos capítulos que tengo de la saga de Hades (NECESITABA ver a Saga). Luego que ya les expliqué qué tipo de inspiración tuvo este fic, creo poder dejarlos tranquilos a esperar mi próxima actualización. ¡GRACIAS POR LEER!