¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Les ruego que se den una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Kala–neechan por reírse de mis locuras y a Yukime–chan por leer mis barrabasadas.

Un especial agradecimiento a Ekléctica, quien se dio el enorme trabajo de corregir el fic.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Principio 20 para ver y entender Manga: El arma más bacán todavía es la espada. Habla quieto y pilotea un mecha GRANDE.

Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 3: Una Desafortunada Caída.

Habitaciones de Athena.

Dos días después. 16 de marzo. 2:00 am.

La puerta del baño se abrió, y Saori salió de él, despeinada y todavía a medio dormir. Apagó las luces y arrastrando los pies, se acercó a su cama, más que dispuesta a continuar con su sueño, aunque éste apenas sí se había interrumpido, ya que Saori había desarrollado la extraña habilidad de caminar medio dormida.

Había tenido un día agitado, pues tuvo que ir al Olimpo por dos motivos. Por un lado, Zeus había requerido de su presencia: quería felicitarla porque ese mes su cuenta del celular no se había pasado del plan y hasta minutos le habían sobrado, lo cuál era justo motivo de felicitación: Athena y Apolo eran quienes más gastaban en celular. Aprovechando la ocasión, Saori le preguntó a Zeus si podía asistir a clases a un colegio normal, pero el dios de los dioses se rió en su cara. Por otro lado, asistió al baby–shower que Ilitia había organizado para Perséfone, cuya panza ya era más que notoria a esas alturas, fiesta a la cual no podía faltar por nada del mundo… ni ella ni el resto de la comunidad divina.

Además en el intertanto, y mientras se dirigía a las Estancias de Ilitia, se había encontrado con Julián, que se dirigía a los Archivos Olímpicos a ver si encontraba alguna pista sobre el paradero de Anfitrite. Estaba convencido que la nereida había encarnado y aprovechando que se había acordado de pronto que tenía una esposa con la cual reconciliarse, quería encontrarla lo antes posible y salir del problema… porque dicho sea de paso, nadie había visto a la nereida en los últimos 1500 años. Ni siquiera sus hermanas.

Tanto evento social le había desgastado bastante. Ni bien regresó a su Santuario, Athena cayó rendida en su cama, muy dormida, y tan sólo había despertado diez minutos atrás, dado que la naturaleza le había llamado con especial ahínco.

Por un azar de la vida, antes de recostarse y continuar su divino sueño de sabiduría, miró hacia el espejo de su tocador, y como toda chica (aunque lo niegue), tuvo la agresiva necesidad de arreglarse su despeinado flequillo, nada más por inercia que por un acto consciente, antes de continuar hacia su cama. Entonces se le heló la espalda. Inhaló profundo y despertó por completo. Oyó los ecos de una feroz batalla y un sonido diáfano, suave, pero muy urgente, colmó sus sentidos.

"Lleva consigo un mensaje apremiante para Usía. ¡Escuchadle Por Favor! Mi mundo vive una hora negra… ¡Oídle si queréis evitar más desgracias!" Dijo una voz masculina, amable, pero firme. Sonaba como la voz de un hombre mayor, muy, muy preocupado.

Saori entonces parpadeó. Fue como si de pronto apagaran un radio, o la televisión, y los sonidos que había estado escuchando no fueran más que parte de un libreto. La joven, intrigada, se rascó la cabeza: sabía que lo que había escuchado era muy real. Quizás si le preguntaba a Shion… La diosa giró sobre sus pies, ajustó su bata y se dirigió a la salida.

Mas, no salió de su habitación. Si bien tenía dudas respecto de lo que había oído y escuchado, no podía ir a molestar a su Patriarca a las dos de la mañana. Mucho menos cuando éste había tenido un extraño accidente cardiaco no hacía mucho, y aún estaba delicado, por mucho que Shion dijese que no. Era preferible dejarlo descansar todo lo posible: no quería que se muriese de nuevo. Saori relajó los músculos. Ya le preguntaría al desayuno.

Aunque olvidó preguntarle a la mañana siguiente.


Lugar desconocido.

La tierra olía a quemado y a muerte. Los gritos de la aterrada multitud que huía en dirección de las murallas de la ciudad se mezclaba con los terroríficos gritos de aquella enorme criatura, los ruegos de los heridos, las últimas exhalaciones de aquellos desafortunados que habían sido alcanzados por las llamas y el chocar de espadas contra la carne inmunda de la cosa esa.

¡ERA GIGANTESCA! Esa Ave, o engendro, tenía alas y cola de carbón, y sus patas y brazos eran gruesos; emanaba humo y vomitaba ríos de lava. Sus enrojecidos ojos, llenos de furia y de odio, congelaban de miedo a quién le dirigía la mirada y todo lo que tocaban sus asquerosas patas, era calcinado en el acto. A ratos arremetía contra las personas, a ratos embestía las murallas, aunque era repelido por un campo de concentración, lo cuál enfurecía más y más a esta horrible criatura, que parecía tener especial interés en la ciudad, y por los tres valientes guerreros que intentaban por todos los medios mantenerle a raya.

"¡ASTERIO, A VUESTRA DIESTRA!" Se oyó una voz femenina, por encima del caos.

"¡CUIDAD VUESTRA ESPALDA, Y NO DEJÉIS DE ATACARLE!" Dijo un tercer sujeto.

Se produjo un momento de quietud, sólo interrumpido por los civiles que aún corrían a la seguridad de los muros. El viento sopló, meciendo sus capas y el maltratadísimo, pero leal, filo de sus espadas, relampagueó por unos segundos cuando asumieron sus posiciones de defensa. Los guerreros se plantaron ante la criatura, con fiera determinación en sus rostros y actitud de combate, aprovechando el inesperado respiro que les había dado. No corrían, sino que estaban decididos a detenerle antes que volviera a embestir contra la ciudad. No se hacían de la idea de permitir que tal cosa destruyera todo cuánto amaban y por lo cual habían jurado dar la vida. Estaban dispuestos a cumplir ese juramento. Quienes corrían hacia la protección de la ciudad, al verles, suspiraron aliviados: fue como si la presencia de estos tres valientes les infundiese nuevos bríos a su huída. Les dio esperanza.

Fantasma…

La criatura observaba con malicia a los guerreros, como planeando su próximo ataque. Fijó sus rojos ojos en ellos y agitó sus inmensas alas. También estaba lastimada. Si bien quienes intentaban detenerla no parecían más que hormigas, sí habían logrado hacerle daño y debía calcular con la mayor frialdad y precisión su próximo ataque. La criatura era fuerte, pero sus atacantes también. Era tal vez la desesperación de verse como última línea de defensa la que había conducido a este trío a un ataque tan suicida como aquél, pero tan necesario que no se habían detenido a meditar en tal asunto.

"Patéticas formas de vida. ¿En serio creéis poder detenerme?" Su ronca y gutural voz resonó por todo el campo invocando un terrible silencio en el cuál sólo resonaban los sonidos que la misma criatura emitía con su garganta. Sangre corría por sus alas. Una sangre de olor tan fétido como aguas negras, que tenía el mismo efecto del ácido sobre la tierra.

Los guerreros no dijeron nada, ni se movieron. Entonces la criatura embistió contra ellos y comenzó nuevamente su ataque. Ondas de energía, el choque de espadas, heridas infringidas y recibidas, uso de técnicas de batallas, golpes y patadas. Las alas se agitaron de lado a lado, chorros de lava fueron vomitados y aunque por instantes el castigo que recibían ambas partes fue parejo, la criatura comenzó a ganarles terreno con una rapidez que helaba, pues también conocía el uso del cosmos, de técnicas y otros trucos. Era inteligente, para colmo de males.

¡Fantasma! Fantasma formaba parte del trío que luchaba contra la criatura. Ágil y poderosa. Tenía una buena patada y aún un mejor gancho derecho. Técnicas curiosas con un sello especial. Era liviana y persistente como un taladro. No le daba cuartel a la criatura y era precisa en sus golpes. Una poesía en movimiento. Con sus altísimos saltos, su capa se extendía en el aire tantos metros como podía imaginarse, al igual que las capas de sus compañeros, quienes también tenían un poder considerable. Entre los tres atacaban a la criatura sin piedad alguna, a punta de espadas, golpes y de lo que fuera necesario para detenerla… de eso dependía la seguridad de la ciudad.

Pero lastimosamente estaban perdiendo la batalla. La criatura extendió sus alas al cielo y profirió un grito que los lanzó a tierra con violencia. Concentró todo su poder en el guerrero más cercano a ella, y escupió lava con alevosía. El guerrero, que apenas sí pudo ponerse de pie, con las justas conjuró un campo de fuerza, pero de poco sirvió debido a la premura y falta de tiempo… en menos de un segundo quedó sepultado bajo aquella ardiente corriente.

"¡ANTEMIO!" Gritaron Fantasma y su compañero, horrorizados por lo que acababan de ver. Se pusieron de pie, y encendiendo sus cosmos, se dispusieron al ataque. Ya habría tiempo de llorar al compañero caído.

Ondas expansivas y un gran temblor de tierra sacudieron el campo de batalla a medida que la criatura azotaba el suelo con sus alas, profiriendo un grito estridente y encendiendo al mismo tiempo su cosmos, para despedir así un poderoso ataque. ¡Fue como si un tren la golpeara! Esta vez dirigió el ataque hacia ella. Fantasma fue arrojada más de doscientos metros por delante con inusitada furia. Apenas tuvo tiempo de reincorporarse, cuando llena de terror vio que estaba por completo vulnerable al golpe de lava que en segundos la golpearía y mataría sin dudarlo…


Santuario de Athena. Casa de Sagitario.

3:30 horas.

"¡NO!"

Aioros se incorporó de golpe, sudando y agitado, sin darse cuenta que su cosmos estaba encendido y tan alerta como si hubiera estado él mismo en aquél caótico campo de batalla. Observó sus manos y se refregó el rostro. Sus músculos estaban tensos ¡Había tenido una pesadilla horrible! Apenas sí podía controlar su respiración, el corazón le latía a mil por hora. Observó el techo.

"Por Athena… ¿QUÉ fue eso?"

Se sentía extraño. Nunca antes una pesadilla lo había dejado tan fuera de sí, tan agitado, como si hubiera estado en serio allí, presenciando aquella horrible batalla. ¡Fantasma! La había visto, enfrentándose a esa cosa, sin posibilidad alguna de ganarle. Pero… ¿había sido una pesadilla o algo real? Se obligó a respirar profundo varias veces. Sólo entonces se dio cuenta que su cosmos seguía encendido.

¡Vaya que había sido una pesadilla realista! Nunca antes había encendido su cosmos por causa de un sueño, y con justa razón se creía el único. Aioros se dejó caer sobre la cama, cansado y agotado de súbito, mas no tranquilo. Había sido demasiado real para su gusto. Entonces llamaron a la puerta. Más somnoliento que nunca, Aioros se levantó a regañadientes y fue a atender la puerta: Milo, Shura y Dohko estaban allí, preocupados y molestos.

"¿Se puede saber qué te pasa? Me has dado un susto que ¡JO!, destrocé mis cortinas por tu culpa." Bramó Shura. "¡Nunca Antes Me Había Despertado Tan De Golpe!"

"Despertaste a Kyrus con tu estúpido cosmos de batalla: el crío está llorando." Siseó Milo de brazos cruzados y prometiendo pestes con sus ojos. "Si vas a activar tu cosmos en medio de la noche, al menos que sea algo importante."

"Creí que había pasado un enemigo hasta Sagitario y todos bien dormidotes. ¿QUÉ PASA CONTIGO?" Insistió Shura.

"¡Te Juro Que Si Vuelvo A Casa Y Mi Hijo Sigue Llorando, Vendré Para Buscarte Para Que Le Duermas!" Amenazó Milo enseñando el puño y con los dientes apretados.

"¿Qué te pasó, Hijo?" Preguntó Dohko, más conciliador, pero no menos molesto: había tenido que detener a muchos santos en Libra, que querían ir a cantarle las cuarenta. "Despertaste a todo el mundo y todos están alterados: no esperes un buen trato mañana."

Aioros escuchó todos estos descargos con una gran gota en la cabeza. Se encogió de hombros y explicó escuetamente que había tenido un sueño muy vívido y que no sabe cómo fue que su cosmos se había activado, explicación que no dejó satisfecho a nadie.

"… además a ver si así aprenden a estar más alerta." Rezongó el santo de Sagitario mientras cerraba la puerta. "Se supone que no puede pasar nadie: imaginen qué hubiera pasado si se hubiera tratado de una emergencia real." Dicho esto, Aioros se introdujo en su casa, dejando tras de sí a los indignados santos sin una explicación satisfactoria.


Bosque de Athena. Día siguiente.

Mediodía.

"¡No sé qué te pasó, Aioros! Anoche casi me matas del susto. ¡Estaba durmiendo tan bien! PERO NOOOO. AL TÍO SE LE OCURRE ACTIVAR SU COSMOS. ¡Creí Que Nos Invadían Y Yo Sin Darme Cuenta De Nada!" Shura no era un santo feliz. "Eso no se hace. No se hace. Menos A Alguien Tan Nervioso Como Yo."

"Ya Les Dije Que Fue Por Un Sueño. ¡Bah! Fue una pesadilla asquerosa: nunca antes había tenido una tan vívida. Era casi como estar allí."

"Entonces debió ser una muy fuerte: hasta los santos de plata se alertaron." Rezongó Aioria. "Estaba soñando con mi Marincita y me interrumpiste." Añadió lastimeramente.

Estos tres santos estaban en ronda de Santuario, aunque si se encontraban en el bosque, no se debía a una casualidad. Desde el extraño encuentro que Aioria y Aioros habían tenido con Fantasma hacía ya algunos días, no había habido reportes sobre visión o fenómeno extraño alguno, lo cuál tenía al santo de Sagitario de capa caída. Necesitaba ver a Fantasma de nuevo, y aprovechando que al ser él el mayor y estar a cargo por esa semana, pues el grupo había ido a parar al bosque. Tal era la impresión que se había llevado Aioros. Y desde que tuviera aquella extraña pesadilla, esta necesidad había crecido.

"¡PESADILLA MIS CALZONCILLOS! Aioros, tú eres mi compadre del alma, pero lo que pasó anoche me voy a tardar en olvidarlo." Shura miró con ojos largos al cielo. "Acababa de reparar mis cortinas y ahora están hechas trizas de nuevo."

"¡Qué mejor excusa entonces para comprar nuevas!" Exclamó Aioria divertido. "Las que tienes ya no aguantan más costura, aparte que ni sabes hacerlo." El león estiró los brazos. "Marín sabe coser muy bien: siempre me arreglaba los botones." Suspiró nostálgico.

"Ya que hablamos de Marín… ¿Cuándo harás las paces con ella?" Preguntó Aioros en forma casual. Shura le dio un palmazo a Aioria en la espalda al tiempo que el León se encogía hombros y tensaba los músculos.

"Voy a hacer las paces con Marín cuando las haga." Dijo de mala gana.

"Si te tardas mucho, entonces puede ser muy tarde." Razonó Shura, mientras Aioros asentía con la cabeza. "Puede venir cualquier tío y ganarse sus afectos y tú sin poder hacer nada."

"¿Ves que no soy el único que piensa así?"

"¿Por qué no mejor ustedes meten la nariz en sus propios…?" Un sonido diáfano, un rugido extraño y un ligero temblor de tierra interrumpieron a Aioria. "¿…asuntos?"

Los tres santos se pusieron alertas y observaron sus alrededores. Aioros aguantó la respiración. Había oído ese sonido antes. ¿Acaso Fantasma estaba cerca? Eso hizo que su corazón le diera un vuelco. Quizás tenía suerte y…

"¿Qué es ESO?" Preguntó Shura, asumiendo una posición de batalla, indicando hacia un costado del camino, a la derecha del grupo.

Una lucecilla azul se acercaba a una velocidad increíble, tan veloz que no tuvieron tiempo de reaccionar. Esta lucecilla no disminuía su velocidad, y justo cuando se encontraba a menos de medio de Aioria, pasó de ser un insignificante punto azul brillante, a ser algo más grande, con más volumen y con mucho cabello. Golpeó al santo de Leo justo en el pecho, haciéndole perder el equilibrio y botándole por los suelos con inusitada fuerza.

Detengámonos un momento. Este suelo al cual cayó Aioria producto del impacto, no era uno cualquiera, sino uno que tenía una pendiente bastante pronunciada, que estaba oportunamente allí para beneficio de la trama. Y si aplicamos la ley de la gravedad y algunas otras leyes de la física newtoniana, podremos inferir que Aioria comenzó a caer, a caer, a caer y a caer.

"¡AIORIA!" Exclamaron Shura y Aioros, que, como habían reaccionado a tiempo, se habían quitado del camino, pero ninguno de los dos atinó a sujetar a su compañero.

Con amigos como éstos…

La canción rodar y rodar cobró todo un nuevo sentido para el león, que de pronto se vio rodando colina abajo, igual que aquella piedra en el camino. Y lo peor de todo es que no iba solo. Estaba cayendo con lo que parecía ser un bulto con mucho pelo y un gran trozo de tela que le impedía hacer algo por evitar su caída, y como estaban cayendo revueltos, más dolorosa y vergonzosa se hacía. Ni sujetarse de las ramas cercanas podía.

"¡AGUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS!"

Ahora sí que sabía como se debió haber sentido la ardilla de Ice Age, cuando caía por aquél glaciar. Los tumbos que daba eran idénticos.

"¡DETENTE, AIORIA, DETENTE!"

E igual de dolorosos.

"CALLA Y CORRE."

Mientras Shura y Aioros comenzaban a bajar la pendiente para ir en ayuda del atribulado León, Aioria apenas sí podía pensar claro y en otra cosa que no fuera gritar aguas para advertir a un probable transeúnte desprevenido. Es que sencillamente no dejaba de dar vueltas y más vueltas. Ya ni se acordaba dónde quedaba arriba o abajo de tantos tumbos que se pegaba. Estaba por completo desorientando y lo peor de todo es que no dejaba de rodar colina abajo. Esa caída seguro dejaría moretones y no le dejaría dormir bien por varios días. ¡Qué bueno que era un santo de Athena! De lo contrario ya tendría muchos huesos rotos.

¡Crack!

Err… eso sonó a costilla fracturada.

Entonces, como si sus plegarias hubieran sido escuchadas, el suelo por fin dejó de tener una dolorosa pendiente, y Aioria, junto con el bulto, se estrellaron pesadamente contra el suelo. ¡AY, COMO DOLÍA! El león había aterrizado medianamente blandito, pero eso no le quitaba el dolor del golpazo que se había pegado, tanto en su orgullo como en cada fibra de su cuerpo. No en balde había, literal, besado el suelo. Exhaló aire y apretó los ojos: le dolía todo el cuerpo y el bulto que estaba debajo de él, le incomodaba.

Argh…!" Aioria se apoyó sobre sus brazos y sacudió la cabeza ligeramente, tomando ya más conciencia de sus alrededores. Miró hacia abajo, a aquello sobre lo cuál había caído. Ya saben. El bulto ese que provocó la caída.

Err… Una pregunta asaltó su mente.

¿Por qué estaba encima de una desconocida?

Palideció.

¡Estaba encima de una chica! La cuál, dicho sea de paso, estaba sobre su espalda. ¡Y CON ÉL ENCIMA!

Frenético, observó su postura, la cuál lo puso más y más nervioso. ¡Daba para pensar MUY MAL! Ni siquiera el hecho que no tenía ni la más remota idea de cómo había terminado con una desconocida debajo él, luego de una sorpresiva y monumental caída, lo distrajo de la incómoda posición en la que se encontraba, y por ende no atinó a salirse de allí.

"¡QueMarínNoMeVeaQueMarínNoMeVea!" Comenzó a repetir a una velocidad abismal.

"¿A–Aioria?"

¡Esa Voz! Esa voz prometía que las cosas se iban a poner peor. ¡Era una voz FEMENINA y Muy Familiar! Como temiendo ver al mismísimo diablo en persona, y sin una pizca de color en el rostro, Aioria levantó la cabeza.

No lejos de allí, Shaina, June, Alsacia y, para su enorme horror, Marín, estaban sentadas bajo un árbol, compartiendo una merienda mañanera. ¡Maldita Sea su Suerte! Más que seguro le habían visto caer y obviamente habían pensado muy mal. Alsacia le miraba con los ojos abiertos a más no poder, June tenía los cabellos de punta, Shaina empuñaba las manos y Marín… tenía un cosmos poco saludable para la salud del santo de Leo.

"¿Aioria?" Preguntó Alsacia, incrédula. "¿Qué Significa Esto?"

"¡QUÉ POCA VERGÜENZA!" Exclamó Shaina furiosa.

"¡No me lo habría esperado de ti!" Añadió June, con una vena pulsándole la frente.

¿Dónde estaba la caballería cuando se la necesitaba?

"¡AIORIAAAA!"

Pues… bajando la colina a toda prisa.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: La Doncella.

"¡SILENCIO TODO EL MUNDO!" Bramó Alsacia de pronto, con inusual autoridad. "Disculpen que interrumpa su civilizada conversación, pero necesito ayuda." Todos la miraron curiosos. "Necesita ir a un hospital."


PS: Si, soy mala. Puse a Aioria en un soberano problema, pero… ¿qué sería un romance si no tuviera problemas? No más hay que ver ahora como lo arreglo. Unos datitos de Mitología: Ilitia es hija de Zeus y Hera, comparte con su madre el título de diosa matrona. Favorecía los embarazos y los partos, y cuidaba de los recién nacidos. Se dice que ella y sus ayudantas, animaban a la madre durante el parto, a menos que Hera dijera lo contrario. Anfitrite es una nereida, esto es, ninfa del Mar, hija de Nereo y Doris. Tiene 50 hermanas, de las cuáles, es la más tímida y recatada. El dios Poseidón la conoció en la isla de Naxos, mientras jugaba con sus hermanas, y su timidez llamó la atención del dios. Sin embargo, conquistarla no le resultó fácil a Poseidón, ya que la nereida se le escapó y estuvieron jugando a las escondidas durante más de 2 años (Anfitrite se sabe esconder muy bien). Poseidón logró dar con ella, luego que un delfín mediara entre ambos (o sea que Anfitrite se dejó encontrar). Ambos se casaron, y Anfitrite fue elevada a la categoría de diosa de los mares calmos y los pescadores. Es ella la que convence a Poseidón que detenga las tormentas marinas. Pero… Digamos que Poseidón no le fue muy fiel que digamos. De momento no tengo nada más que decirles. Cualquier duda que tengan, háganmela saber y con gusto les respondo ya saben donde. ¡GRACIAS POR LEER!