¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Les ruego que se den una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Kala–neechan por reírse de mis locuras y a Yukime–chan por leer mis barrabasadas.
Un especial agradecimiento a Ekléctica, quien se dio el enorme trabajo de corregir el fic.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Principio 29 para ver y entender Manga: El romance nunca es más simple que en un triángulo.
Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 5: Águila Engrifada.
Aioros salió corriendo de la enfermería, seguido de Mu, al ver que Fantasma salía así nada más. ¡Qué gusto le daba verla sobre sus pies!, pero era demasiado pronto para que estuviera corriendo por la vida. Hacía menos de una hora que la habían encontrado en condiciones deplorables. Ni Seiya se recuperaba tan rápido. Alsacia y Astrea intentaron seguirles, pero Saga, por alguna razón que ni él mismo logró explicarse luego, las detuvo.
Pero no fueron los santos dorados quienes detuvieron a Fantasma. El sol de mediodía, las agradables temperaturas (se acercaba la primavera) y el desconocimiento del terreno, fueron quienes lograron que la chica se quedase quieta. Fantasma, agitada, y no sólo debido a la carrera, se detuvo. Se talló los ojos: no se esperaba que la luz fuera tan intensa. Se llevó una mano a la frente, para resguardarse de la luz solar, y observó sus alrededores.
Conocía este lugar, aunque sólo de noche. Había algunos santos y guardias que la miraban con desconfianza. Podía distinguir algunos edificios. Fantasma se giró hacia su derecha y fijó su mirada en las instalaciones principales: a las doce casas del zodiaco y a las Estancias de Athena. Respiró profundo y dio un paso hacia esa dirección…
Aioros le hizo una seña a Mu. La chica se había detenido. ¡Corría muy rápido! Incluso para alguien tan lastimado. Ahora sí que parecía alguien real y no un mero fantasma. Al velo de la noche, la chica se veía más… misteriosa, pero ahora con la luz del día, hasta parecía que la hubiera conocido de toda la vida. No era tan bajita, ni tan frágil; sí era muy, muy delgada, su capa no parecía la gran cosa, aunque su cabello, de color verde petróleo y ondulado, era tan largo como recordaba. Su piel se notaba suave, pero sus ojos estaban ocultos por el flequillo. Aioros se adelantó.
"Disculpa, pero no es bueno que…"
"A riesgo de que suene repetido… necesito presentarme ante vuestro líder." Anunció la chica, interrumpiendo a Aioros, con voz fatigada, mirándole a la cara. "¿Seríais tan amable de escoltarme ante su presencia?"
"Por supuesto que te llevamos." Dijo Aioros muy casual, pero en seguida se puso serio, en aprehensiva actitud: no podía llevar extraños ante la diosa. "Pero quiero saber porqué quieres ir."
"No se lo tome a mal señorita." Añadió Mu avanzando tranquilo hacia ella. "Es nuestra responsabilidad proteger a nuestra diosa, y no podemos llevar a desconocidos." Explicó con amabilidad y firmeza. Si bien no le debían explicaciones a esta extraña, le pareció prudente señalar este hecho. Fantasma asintió con la cabeza.
"Nunca podría tomármelo a mal. En vuestro lugar haría lo mismo. Os lo aseguro." Dijo mientras respiraba profundo. "Lamento esta falta de respeto, pero si mis motivos no fueran tan urgentes como lo son, creedme que no insistiría: mi señor me ha enviado como heraldo de noticias que son asunto de vida o muerte, y que vuestro líder debe saber a la brevedad… con vuestra ayuda llegaré más pronto, aunque sin ella, me voy a tardar."
Dicho esto, Fantasma hizo una reverencia, exponiendo su nuca. Mu y Aioros se miraron a la cara. La chica parecía decidida. El santo de Aries se encogió de hombros.
Algún lugar del Santuario.
Cruzando puentes y quebradas, atravesando el bosque e ignorando algunos guardias dormidos durante su turno. Pasando por el coliseo y hacia otros campos de entrenamiento más privados. Por columnas y ruinas… Aioria, santo dorado de Leo, no abandonaba su intento de ir tras Marín.
Hacía rato que la había perdido de vista, pero sabía muy bien a dónde iba. Su águila era una amazona de costumbres y tenía lugares favoritos específicos, claro que medianamente inaccesibles, tal como a ella le gustaban. Aioria estaba seguro que si no la encontraba en uno, seguro la hallaría en otro. Lo bueno que cuando cazaba tenía mucha paciencia.
En esta ocasión, la fortuna parecía sonreírle. Aioria dio con Marín mucho más rápido de lo que hubiera creído. Allí estaba su chica, junto al abismo aquél desde el cuál colgaba a Seiya cabeza abajo cuando le entrenaba.
"¡Marín!" Aioria corrió hasta su chica, quien, al verle, se puso de pie y se dispuso a irse. Era evidente que no tenía deseos de hablar con él. El león la sujetó de un brazo. "¡No te vayas así, cuando tengo que explicarte tanto!"
"¿Desde cuándo me debes explicaciones, Aioria?" Le preguntó Marín. Aioria tragó saliva: la amazona sonaba tan fría y dura como otras veces, pero a él no le engañaba. Quizás había estado llorando. "De momento quiero estar sola, así que si me disculpas…"
"¿Cómo quieres entonces que te explique lo que pasó, si no me dejas?"
"No es necesario que me expliques nada. Lo que pasó fue evidente."
"¿Ah sí? Y según tú, ¿qué pasó?"
"Estabas encima de una chica."
"¡CAÍ encima de una chica, que ni siquiera conozco!"
"Pero estabas encima de una chica." Marín se cruzó de brazos. "Nunca caíste encima mío."
"…"
"¿Vas a seguir con tu explicación o puedo irme?"
Aioria se rascó la nuca. Hacía mucho que no hablaba con Marín y como que no sabía como manejar la situación. Es que no sabía qué le pasaba a la amazona. Sabía que debajo de esa máscara tan fría que usaba, era una avecita muy sensible, que había que tratar con cuidado. ¿Qué estaría pensando en esos momentos? Quizás era el momento de hacer las paces.
"Tienes razón. Nunca me he caído encima de ti, PORQUE NUNCA me has embestido al borde de una colina." Explicó Aioria perdiendo ya la paciencia. "Estaba con Shura y Aioros haciendo la ronda cuando de pronto este bulto, esta chica, apareció de la nada, me golpeó y nos caímos. Eso fue todo. Un simple accidente."
A Marín no se le movió ni un pelo. El abismo aulló debido al viento. El León aguantó la respiración y la amazona suspiró.
"Justo te tenía que pasar a ti, ¿verdad? No sé ni para qué me das tantas explicaciones, si no pasó nada malo." Rezongó de mala gana. "Un accidente le pasa a cualquiera." Añadió con cierto tinte de sarcasmo.
Inserte un minuto de silencio por mientras Aioria procesa la información.
"¡No seas tan mal pensada, Marín! No pasó nada de lo que piensas." El santo de Leo se sentía impaciente. Lo único que quería era introducir una conversación que le permitiera hacer las paces con Marín, pero no le estaba resultando nada. "Te desconozco, tú no eres así. ¿Se puede saber qué rayos te pasa?"
"¿Qué me pasa?" Preguntó Marín con sus manos en las caderas. "¡Eso lo sabes muy bien, Aioria!"
"¡NO tengo Ni IDEA!" Exclamó el aludido. "Hace meses que no me hablas vaya a saber Athena porqué. ¿Cómo quieres que sepa lo que te pasa? No soy adivino." Protestó con energía. Hacía mucho tiempo que tenía ganas de decir eso.
"¡SÍ LO SABES! Sabes muy bien lo que me pasa." Dijo Marín mientras gesticulaba con las manos. "Bah. No sé ni para qué pierdo el tiempo contigo, con lo cabezota que eres."
"¡NO SOY CABEZOTA!"
"¡Sí Lo Eres!"
"¡NO LO SOY!"
"Sí lo eres."
"¿QUIÉN LO DICE?"
"Pregúntale a cualquiera que te conozca y te lo dirá fuerte y claro."
"Feh."
"¡Hmpf!"
Esto de las reconciliaciones no parece ser la especialidad de ninguno de estos dos. Lo que me extraña, debo añadir. Aioria miró de reojo a la amazona, que ahora le daba la espalda. Relajó los brazos y se acercó a ella… incluso se atrevió a ponerle las manos sobre los hombros, pero Marín se las sacudió.
"No te pongas así…"
"Me pongo como se me da la gana."
"Dejando eso de lado, ya sabes, lo de cabezota (que no lo soy)…" Aioria tomó aire y se puso las manos en las caderas. "¡EN SERIO ERES MAL PENSADA!"
"No soy mal pensada." Marín giró sobre sus talones. "Ahora, NO sé que habrás pensado que pensé, pero seguro no es lo que piensas." Se defendió la chica. Bajo la máscara, entrecerró los ojos. "¿Acaso tienes la conciencia sucia, que sientes la necesidad de darme explicaciones? Demás tú y yo no somos nada. Hace MESES que no salimos."
"Punto uno, te estoy dando explicaciones porque te respeto. Punto dos, no hemos salido en estos meses, porque me evitas. Punto tres, que yo sepa nunca hemos terminado, Punto cuatro, NO conozco a esa chica. ¡Te juro que lo que viste fue un accidente!"
"¡Que apropiado!" Se burló Marín. "¿Estabas encima de ella sólo de casualidad, leoncito? LEÓN TENÍAS QUE SER."
"¡SÍ!" Exclamó Aioria, nervioso e impaciente. "Estaba encima de ella POR ACCIDENTE." El León apretó los dientes. "Bah. Si no fuera así, no le veo el problema."
…
Digamos que ni bien dijo esto, Aioria se arrepintió profundamente.
"¿Qué?" Preguntó Marín, tan sorprendida que apenas sí le salió la voz.
Para su desgracia, Aioria optó por la modalidad de seguir con su error, para no tener que admitir que no había querido decir eso. Ya saben: sigo haciendo desastre, para que no admitir el desastre original.
Puedo ver en mi bola de cristal, un GRAN desastre en el futuro de nuestro querido y orgulloso santo de Leo.
"¡Claro que no le veo el problema! Tú misma lo señalaste: Hace meses que no me hablas ni nada. Ya que así estamos, no le veo problema a buscarme otra chica, ya que parece que no me quieres na…"
¡PAF!
"¿Cómo Te Atreves A Insinuar Eso?"
¡Ay, que dolor, que dolor, que pena! Marín le puso una bofetada tan fuerte, que casi le rompe las muelas. Aioria, que debido al golpe volteó la cabeza, tuvo que reprimir las ganas que le dieron por sobarse el área afectada. Esto lo dejó sin palabras. Marín nunca lo había abofeteado antes. Ni siquiera intentó ir tras de su chica cuando ésta, echando humo por las orejas, se alejó con los puños apretados y con pasos fuertes.
"Serás Infeliz."
Alcanzó a oírle antes de perderla de vista. Cuál gatito regañado, Aioria, con los hombros caídos, se quedó observando el camino, lamentando su actual situación, la cuál era mucho peor que en la mañana.
Recinto de Amazonas.
18:00 horas.
Las cabañas que las amazonas usaban como vivienda, se encontraban en el mismo sector, dentro del mismo recinto. Estaban dispuestas de manera tal que todas daban a un patio común, en cuyo centro se encontraba un pozo, formando una suerte de letra U. Eran muy sencillas, lo bastante amplias como para tres personas. Ninguna tenía cocina. La cocina, los comedores y la lavandería estaban ubicados en un mismo edificio, detrás de las cabañas, de modo tal de incentivar la camaradería entre las chicas. Detrás de este edificio, se encontraban las barracas de las postulantes y aprendizas primerizas, esto es, las que aún no tenían maestros.
Geist entró a la cocina. Había terminado un intenso día de inventario. Como June, ella también había tenido que hacer este trabajo, aunque le había tocado algo más pesado: estuvo a cargo del inventario de alimentos a nivel de Santuario, trabajo mucho más pesado que la revisión de las tres armerías del recinto.
Sin embargo estaba contenta. Contenta de haber terminado. Al menos no le había tocado el inventario de la Biblioteca, como a Luz, otra amazona. El dulce aroma a pastel de manzana le subió aún más el ánimo: alguna de las chicas debió haber horneado algo. ¡PASTEL!
"Mejor te lo llevas antes que me lo coma todo." Dijo Marín de pronto. Geist se dio la vuelta.
"¿Marín? Vaya, estabas aquí. Creí que estabas…" La amazona se mordió los labios. Algo se había enterado del ENORME malentendido entre ella y Aioria de aquella mañana. No sabía mucho del asunto… lo que sí sabía era que Marín había estado perdida todo el día. "… por ahí. ¿Todo bien?"
A todas luces era Marín la que había cocinado. La amazona estaba sentada en la mesa, y frente a ella, había un pastel de manzana a medio comer… y las evidencias que había un segundo pastel, del cuál tan sólo quedaban las migas.
Mala señal. Marín había cocinado y tragado lo que había preparado. ¡Algo Dulce por si fuera poco! Geist se sacó su máscara, la cuál dejó sobre la mesa, tomó el pastel y lo dejó sobre otra mesa, cubriéndolo con un paño. Luego se sentó cerca de la amazona del águila, que aún usaba su máscara.
"¿Dónde estuviste toda la tarde? Te estuvimos buscando."
"…"
Marín no dijo palabra. Ella era fría, no podía dejar que sus sentimientos salieran hacia fuera, ni dejar que nadie la viera tan melancólica. Muy pocas personas la habían visto así, entre ellas, Aioria.
Es que se sentía avergonzada. Muy avergonzada. ¿Cómo podía explicar lo terrible que se había sentido esa mañana cuando había presenciado aquél tragicómico accidente? Se puso CELOSA como nunca se había puesto en su vida. Es que ver a Aioria con otra chica en sus brazos la había descompuesto por completo. No quería admitirlo, también tenía su orgullo, pero… pero… tanto tiempo separada de su leoncito, PARA COLMO por propia opción, la había puesto muy insegura.
Ella amaba al santo de Leo, pero ya no estaba tan segura de que si él la seguía correspondiendo. Al fin y al cabo era hombre y los hombres suelen buscarse otra fuente de afectos cuando se sienten despreciados. Y ella sí que había despreciado a Aioria en esos meses. Quizás si se había buscado a alguien…
… sin embargo, el que no le conociera desliz alguno, le había subido el ego a momentos, pero todo se le derrumbó como un castillo de naipes al ver la aparatosa caída de Aioria.
Entonces se dio cuenta que había estado actuando muy infantilmente. Se dio cuenta que Aioria no tenía porqué soportarle sus caprichos. Se dio cuenta que lo extrañaba más de lo que quería admitir… y que habría dado ambos brazos para que su santo la abrazara de nuevo, lo cuál no había sucedido. Carencia que había satisfecho ingiriendo cantidades poco saludables de dulces, que poco efecto habían surtido para calmar su alterada sensibilidad. Es que ella era una chica sensible. MUY voluble, pese a su frío exterior.
Se había portado como una tonta. La conversación que había sostenido con Aioria esa tarde tan sólo se lo había confirmado.
"Marín, ¿Por qué no mejor te vas a dormir?" Le sugirió Geist con prudencia.
"Fui una tonta." Marín se sujetó la máscara, mientras reprimía un sollozo. Si se le caía en ese momento, sus enrojecidas mejillas y ojos quedarían en evidencia. "Me porté como una tonta."
"¿Huh?"
Esta si que fue una sorpresa para Geist. Marín NUNCA lloraba. Nadie recordaba siquiera haberla visto llorar, o sollozar, ni siquiera en la época de aprendiza. Ella era una tipa fría. Geist se mordió la lengua: esto iba para largo. Mejor hacía algo: se puso de pie, se acercó a un mesón y encendió el hervidor de agua.
"Creo que me detesto." Sollozó Marín. Geist se acercó a la amazona y la obligó a ponerse de pie… como estaría Marín que ésta ni siquiera opuso resistencia.
"Venga, vamos a tu casa. Te quedarás allí y en unos momentos te llevaré un té y algo para que te duermas: creo que lo necesitas." Le dijo mientras se la llevaba caminando. "Y no te preocupes, que yo no he visto nada."
"… Gracias."
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Si Vis Pacem, Para Bellum.
"Te llaman Aioros, ¿me equivoco?"
"Ese es mi nombre. ¿El tuyo es…?"
PS: Antes que decidan linchar a Fantasma por el tremendo lío que generó, por favor, denle una oportunidad, que no fue su culpa que Aioria se pusiera en el camino de su caída. Esta difícil escena entre Aioria y Marín tiene una buena razón de ser… que sabrán al final del fic. ¡GRACIAS POR LEER!
