¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Les ruego que se den una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Kala–neechan por reírse de mis locuras y a Yukime–chan por leer mis barrabasadas.
Un especial agradecimiento a Ekléctica, quien se dio el enorme trabajo de corregir el fic.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Principio 40 para ver y entender Manga: Perder el temperamento puede ser muy terapéutico.
Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 7: Sucesos Nocturnos.
Noche. Coliseo.
21:30 pm.
Mucho frío. Si bien la primavera se estaba acomodando con holgura en Grecia y las temperaturas comenzaban a ser bastante más agradables durante el día, las noches seguían siendo muy, muy frías aún. Después de todo, por calendario aún era invierno. Sin embargo y pese al frío, el Santuario todavía no se sumía en su usual silencio nocturno: aún había mucha actividad, principalmente la de maestros con sus estudiantes.
¡Ah! Casi lo olvido. Aioria de Leo estaba, extraordinariamente, entrenando en el coliseo. Por lo general a esa hora estaba en su casa, preparándose una cena, mirando la tele u ocupando su tiempo en otras actividades. Pero hoy estaba entrenando. Como lo había estado haciendo desde esa tarde, en la que había hablado con Marín. Lo único que quería era sacarse la angustia de encima mediante la ejercitación, pero luego de más de cinco horas de constante repetición de sus rutinas favoritas, lo único que estaba obteniendo a cambio era cansarse de gana, ya que no lograba sacarse la pesadez del corazón.
"¡Feh! Mujeres." Dio un último golpe al aire y se detuvo. Miró a las estrellas y suspiró. "… ¿Qué pasa contigo, Marín?"
No era un reproche en lo absoluto. Por más que le diera vueltas al asunto, no lograba entender lo que había pasado aquél día. ¡Tenía que ser su suerte! Lo único que entendía que de una manera u otra había metido las patas. ¡No era su culpa! Marín era la que se había portado extraño… aunque él no había hecho nada por tratar de remediar la situación, no había cumplido con su parte. Para colmo había empeorado las cosas. ¡Él Y Su Gran Bocota! ¿Qué no podía quedarse callado?
Se sentía desvalido. Esa noche más que nunca extrañaba a Marín. Tenía unas ganas locas de estar con ella, pero mejor ni se le acercaba o esta capaz que lo enviase al quinto pino de un solo bofetón.
Pateó una piedra imaginaria y se dio la media vuelta, dispuesto a regresar a su casa a ver si podía dormir.
"¡Eia!"
Aioria pegó un brinco hacia atrás. Serra estaba a menos de medio metro de distancia, flotando graciosamente en el aire, con los ojos fijos en él. Estaba usando una máscara de visitantes, por lo que podía ver sus ojos con claridad. Quizás cuánto rato había estado allí observándole y él ni idea.
"¿Tú De Donde Sales?" Exigió saber el León. Esta chica ya le había traído bastantes problemas por un día.
"¿De dónde os recuerdo? Vuestro rostro me es familiar."
"No tengo ganas de hablar, así que por favor, déjame solo." Aioria frunció el ceño. Estaba enojado desde la tarde y ver a Serra había aumentado su mal humor… claro que la chica no pareció notarlo (y si lo hizo, decidió pasarlo por alto).
"¡Ya Recuerdo De Donde Os Conozco! También estabais aquella noche en el bosque… Y creo que habéis detenido mi caída." Recordó Serra con entusiasmo, e intentó darle un abrazo. Aioria la empujó.
"No quiero tener más problemas por tu culpa chiquilla. NO me molestes y sal de mi vista."
Serra puso cara de pregunta y retrocedió algunos metros antes de posar sus pies en el suelo, algo apenada por haber causado esa reacción en el santo de Leo. Se puso seria al ver que este no le dedicaba una buena mirada.
"Cuida tus modales, león. Serra no tiene la culpa de tus problemas con Marín." Advirtió Aioros muy serio. Aioria se cruzó de brazos, molesto.
"¡Bah!"
"¿Hice algo malo?" Preguntó Serra con curiosidad.
La chica abandonó su actitud juguetona y observó a ambos hermanos. Apretó los dientes y se reprochó a sí misma su falta de tino. Esa tarde había sido presentada a la gran mayoría de los santos, quienes reaccionaron o curiosos o con mucha amabilidad, si bien generó un poquito de recelo en un comienzo, sobre todo en las amazonas, pero luego de un par de explicaciones y un breve intercambio de palabras las cosas dieron un buen giro. Debía ser algo cultural de la raza humana.
"No sabía que estabas aquí, Aioros." Bufó Aioria molesto.
"Cuido de la señorita: se va a quedar un buen tiempo entre nosotros."
"Me alegro por ella."
"Creo haber hecho una pregunta. ¿Acaso hice algo malo?" Insistió Serra con cautela.
"No." Le respondió Aioria. "Tú no hiciste nada malo. Feh. Nada más causaste un desastre."
"No os entiendo."
"Ocurre que cuando mi hermano y tú cayeron por ese barranco esta mañana, al final de la pendiente el cayó sobre ti." Explicó Aioros, algo avergonzado de la antipática conducta de su hermano menor. "Su chica, Marín de Águila, les vio, y como han tenido algunos problemas, obviamente pensó mal."
Serra levantó ambas cejas y dejó caer los brazos, pero más allá de eso, no se le movió ni un solo músculo. Eso explicaba muchas cosas. Entonces se sintió mal sin haber motivo: bajo cualquier punto de vista del cual se quiera mirar, iniciar el efecto dominó en una pareja que está atravesando una crisis, por muy inocente que sea, siempre deja un amargo sabor de boca.
"Ya veo." Serra meneó la cabeza. "Disculpadme por mi falta de tacto. No estaba enterada de eso."
"Feh." Aioria hizo una mueca. "No te disculpes que no hiciste nada." El santo de Leo miró a su hermano mayor. "No es necesario que anuncies al mundo sobre mis problemas. Bah: Marín no es mi novia. Hace mucho que no se porta como tal."
He ahí un león resentido con su corazón, con su chica y con el mundo que presenció sus desgracias.
"Tú eres un cabezota. Menos mal que Marín no te escuchó decir…"
"Me vale lo que opine Marín." Se apresuró a decir Aioria, tomando por sorpresa a su hermano. El santo de Leo cambió rápidamente el tema. "¿Qué se supone que están haciendo ustedes dos? Creí que Fantasma se iría a su mundo." Obviamente Aioria había oído rumores de lo acontecido.
En todo caso, bueno es mencionar que los santos dorados y algunos plateados estaban ya al tanto de las noticias que Serra había traído a la Tierra.
"¡Qué Imposible Estás!" Aioros se encogió de hombros. "Serra no puede regresar a su mundo. El portal está sellado." Explicó el santo de sagitario muy casualmente. "La estaba escoltando de regreso al recinto de Amazonas, que es donde va a alojar, cuando te presintió aquí y quiso venir a darte las gracias por amortiguar su caída. ¿No es así Serra?"
Aioros se volvió hacia donde suponía que estaba la chica, pero esta no estaba allí, ni en los alrededores. Los hermanos alzaron las cejas y buscaron con la mirada. Serra parecía haberse esfumado en el aire.
"¿Dónde se metió Fantasma?"
"¿Cómo quieres que lo sepa?"
"Mejor la buscamos." Dijo Aioros preocupado. "Aún está delicada y no conoce el lugar: podría pasarle algo."
"Honestamente dudo que le pase algo, pero te ayudaré."
Ambos santos comenzaron a buscar por el Coliseo, poniendo cuidado de escanear los recovecos con sus cosmos. Sabían por experiencia que Serra tenía una muy particular forma de moverse durante la noche.
A lo lejos, en el bosque, se distinguió un pequeño haz de luz, que apenas si expulsó energía. Venía del portal por el cual Serra había cruza tantas veces, pero a nadie pareció importarle… pues se sintió como los primeros intentos de un aprendiz por elevar su cosmos.
Sin embargo, no era precisamente un inofensivo aprendiz.
Recinto de Amazonas.
Cuarto de Marín.
Techo. Hacía horas que solo miraba el techo. Marín suspiró y se dio la vuelta sobre su cama, hacia su mesita de noche, en la cual había una taza de té, que humeaba perezosamente. Geist y Shaina habían sido tan amables de llevarle un té no hacía más de cinco minutos. Este té, si se lo tomaba caliente, seguro la ayudaría a conciliar el sueño. Al menos ya estaba más calmada.
La amazona se incorporó en su cama y encendió la lamparita de su mesita de noche. Suspiró y frunció el ceño. No estaba usando su máscara: ésta estaba junto a la lamparita. Volvió a suspirar e inconscientemente, atrajo hacia sí un perro de peluche que estaba no lejos, y lo abrazó. Éste era un regalo de Aioria… el primero que le había dado.
"Esto me pasa por ser tan sensible." Marín dejó caer los hombros. "Al hades con el ramo. Bah. Como si me hubiera hecho ilusión alguna vez." Añadió con algo de amargura en su voz.
Observó la taza de té, y sin pensarlo más, la tomó y bebió su contenido con calma. Luego se recostó sobre su cama, se arropó a sí misma y sin dejar de abrazar el peluche, cosa que hacía por primera vez en su vida cerró los ojos y se dispuso a dormir.
"… Aioria…" susurró casi imperceptiblemente.
Algo pareció moverse fuera de la ventana de Marín.
Salón Principal.
Día siguiente. Desayuno. 08:30 am.
Aquella noche no hubo señales de Serra. Aioros la estuvo buscando algunas horas antes de rendirse, mas no de buena gana. Eso sí, esa mañana, por unos segundos, creyó estar en un problema cuando recibió la noticia que Athena les esperaba a él y a Serra para desayunar, y como ésta última no aparecía por ningún sitio, ya ni sabía qué explicación dar.
Lo bueno fue que encontró a la chica antes siquiera de salir del área de las doce casas. Serra estaba en Virgo, en el Jardín de las Saras, charlando animadamente con Shaka. El santo de Sagitario no pudo evitar emitir un silbido de exclamación al ver lo bonitos que se veían los adorados árboles de santo de Virgo, que parecían reaccionar tanto a Serra como a su cuidador… y por supuesto, lo linda que se veía fantasma esa mañana.
Hacía ya media hora que estaban en el comedor. Serra había respondido varias preguntas de Shion y Saori, referidas a la naturaleza de Gran Fuego, a sus debilidades y fortalezas y cómo esta criatura había sido derrotada en el pasado, preguntas que fueron respondidas con paciencia por la chica.
Aioros también hizo algunas preguntas, pero fueron pocas. Estaba fascinado con Serra. La chica era muy juguetona y alegre, pero tenía un excelente sentido de la ubicación y su entrenamiento protocolar era con mucho, muy impecable. Toda una dama. Y lo mejor de todo, es que Aioros sabía que allí había una nena traviesa y adorable que le gustaba salir a jugar muy seguido. Serra era un encanto.
¡Qué contento se sentía de haberla conocido!
"… mejor cambiemos el tema o vamos a marear a Serra." Dijo Saori de pronto, asumiendo una actitud más casual. "¿Puedo hacerte una pregunta?"
"Me parece que Gracia ya la ha hecho." Dijo Serra con una sonrisa. "Pero si no os referíais a eso, por supuesto."
"Jejeje… no me pongas nerviosa." Pidió Saori algo apenada. "Ahem. ¿Eras tú el fantasma del bosque que asoló a mis guardias los últimos meses?"
"Ciertamente no estoy muerta. El señor Aioros me contó el día de ayer que causé esa impresión entre la soldadesca estos meses. Le aseguro que no me di cuenta." Serra sonrió. "No quise causar problemas."
"Le estuve contando las historias que se contaban respecto de ella." Añadió Aioros.
"Fueron bastantes, pero muy simpáticas." Aseguró Shion con calma. El Patriarca de pronto tuvo una duda. "¿Cómo fue que llegaste a este Santuario por primera vez?" Le preguntó a Serra.
"No estoy muy segura. Llegué por mero azar: descubrí un antiguo portal cerca de mi árbol favorito." Anunció Serra. "Mi hogar en Auralis es muy especial. Vivo en un bosque…" la chica se interrumpió unos segundos, con el rostro ensombrecido. "Disculpad. Mi hogar era un bosque. Ya no queda nada de él."
"Anda la osa, como lo lamento." Dijo Saori.
"No tiene importancia." Serra anunció. "Como decía. Vivía en un bosque, un bosque de Secrela, que son árboles milenarios, que alcanzan alturas superiores a los treinta o cuarenta metros. Mi aldea está sobre estos árboles."
"¿Viven sobre los árboles?" Preguntó Shion algo sorprendido. "¿A qué me recuerda eso?" Añadió para sí, pensativo y en voz alta. "Dime Serra. ¿Qué te llevó a cruzarlo?"
"Una voz. Era una suerte de cántico muy lindo, que parecía venir del centro del sello. Lo seguí… y aparecí en este Santuario." Serra levantó los ojos, como recordando aquél día. "Aparecí en medio del bosque. Era noche, y tuve deseos de irme de inmediato. Pero los árboles… se oían muy tristes. Decían muchas cosas… Por cierto… ¿Quién es Idril?"
Aioros y Saori, quienes estaban muy atentos al relato de Serra, negaron con la cabeza, dado que no conocían a nadie llamado así. Shion en cambio se sorprendió mucho de oír tal nombre.
"¿Idril? ¿Por qué la nombras?"
"Los árboles la extrañan, y a veces parecen llamarla. Cuando vine la primera vez, lamentaban mucho su ausencia, y lo siguen haciendo." Aseguró Serra.
"¿Conoces a esa Idril, Shion?" Preguntó Saori.
"Sí. Conocía a Idril. Lleva muerta desde la penúltima guerra contra Hades, que Dohko y yo sobrevivimos." Corrigió Shion muy casual. "Ella era muy especial. Una elfa muy bella…" Añadió casi para sí. Serra frunció imperceptiblemente las cejas ante esta afirmación.
"Ouch. Vaya que debió marcar una impresión, que si los árboles la extrañan…" Comentó Aioros, quien luego fijó sus ojos en Serra. "Entonces, ¿Eras tú quien comenzó a cuidar del bosque?" La chica le sonrió con dulzura.
"Tengo algún poder sobre las plantas. Puedo escuchar su melodía y sus susurros. Me gusta ver a las especies vegetales en buenas condiciones." Serra entrecerró los ojos traviesa. "El bosque necesitaba muchos cuidados: tuve mucho trabajo para ponerlo a punto, y aun así creo falta mucho por regresarlo a su antiguo esplendor."
"Con lo lindo que lo tienes, mira cómo te exiges." Bufó Aioros.
"TE AGRADEZCO MUCHO ESO, SERRA. Ese bosque es un dolor de cabeza para mantenerlo." Gimió Saori.
"El placer es todo mío. Si a Gracia no le molesta, puedo seguir trabajando para mantenerlo precioso." Serra suspiró contenta. "Tenéis entre vuestros caballeros buenos jardineros deberíais aprovechar sus conocimientos."
"Jejeje, lo dudo: Shaka y Afrodita están demasiados concentrados en sus jardines como para querer encargarse del bosque." Afirmó Shion. "He intentado convencerlos en un par de ocasiones, sin muchos resultados."
"Lástima."
"Serra. ¿Qué harás hoy?" Preguntó Saori interesada.
La conversación del desayuno continuó por algún rato más y no versó sobre ningún tema de mayor interés, aunque a ratos regresaba al tópico de Gran Fuego. La verdad… las cosas no se pusieron interesantes sino hasta mucho después… cuando un curioso invitado comenzó a subir las escaleras de las doce casas, pasando totalmente inadvertido por los santos dorados.
Y luego se quejan de la seguridad.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: El Ataque del Dragón Nival.
… muy bien. El día de Aioria no había empezado bien y con lo enojado que estaba, no iba a permitir que empeorase… menos por culpa de una lagartija sobrealimentada que había visto en Marín un buen desayuno.
"¡Aléjate De Ella, Maldito Engendro!" Exclamó enojado, mientras se interponía en el camino de la bestia esta y su chica.
"¡Ten cuidado!" Le advirtió la amazona. "Creo Que Escupe Fuego."
PS: Este capítulo me dio guerra. Más bien el cierre del capítulo fue lo que me dio guerra. No tenía idea de cómo cercenar la acción para poder terminar el capítulo. Así que si el final me salió precipitado, culpen a que a mi Musa no se le ocurrió nada mejor y a la falta sueño de la que fui víctima el día que escribí este capítulo. Ni modo, espero que el desastre pase inadvertido. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDENSE MUCHO!
Algunas traducciones necesarias del latín.
Eia: Otra forma para decir Hola.
