¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Les ruego que se den una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Kala–neechan por reírse de mis locuras y a Yukime–chan por leer mis barrabasadas.
Un especial agradecimiento a Ekléctica, quien se dio el enorme trabajo de corregir el fic.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Una velita para que el Concilio actualice los spin offs…
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Principio 43 para ver y entender Manga: Si la chica canta, morirá pronto.
Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 8: El Ataque del Dragón Nival.
Casa de Leo.
09:15 am.
Trabajo. Aioria prefería mantener la cabeza ocupada en el trabajo que en cualquier otra cosa que le recordase a Marín… pero esto se le hacía bastante complicado, dado que el Santuario entero le traía recuerdos de su amazona. Pero ni modo. Estaba seguro que lograría pasar un día entero sin pensar en ella, aunque tuviera que darse de cabezazos contra la columna más cercana hasta hacerla añicos.
El santo de Leo reparó en un par de detalles en su atuendo, sacudió su capa y se dispuso a salir de la quinta casa con dirección al Coliseo. Su rostro adoptó una expresión orgullosa y segura mientras caminaba. Ese día tenía el firme propósito de no pensar en Marín y por la diosa que lo lograría.
"Buenos días, Aioria." Le saludó Marín con frialdad, al encontrárselo en la entrada.
Err… digamos que no fue un buen comienzo para su propósito. Ambos se quedaron quietos unos momentos, mirándose a las caras con largura. Ninguno esperaba ver al otro tan pronto, luego de lo ocurrido el día anterior. Mientras Aioria nunca habría esperado ver a la amazona, Marín por su lado creía que el león ya se había marchado.
"¿Qué no me vas a dar los buenos días, Aioria?" Preguntó Marín con calma. El dorado sacudió la cabeza.
"Este… Buenos días Marín." Aioria sonrió para sus adentros. Era el momento perfecto para iniciar una conversación, y quizás hacer las paces. "Bonito día. ¿Qué te trae a las Doce Casas?"
"El Maestro Shion envió por mi. Creí que ya te habías ido al Coliseo." Respondió Marín. Vaya, al parecer ambos tenían la voluntad de hablar.
"Naah. Me quedé dormido, pero no voy con mucho atraso."
"Tan solo como dos horas y media." Afinó Marín. La chica se mordió el labio inferior.
"Podría ser peor." Rezongó con algo de crudeza, molesto que pusieran en evidencia que su retraso no era menor.
La amazona asintió con ligereza y se dispuso a seguir su camino, sin responderle nada más a Aioria. El León quiso marcharse de allí, pero en vez que sus pies lo guiaran hasta la casa de Cáncer, lo llevaron al interior de su propia casa, siguiendo los pasos de Marín, sin que él pudiera hacer nada para detenerlos.
Aioria sufrió un caso de pies rebeldes.
"Oye Marín. ¿Quién te dijo a ti que podías pasar?" Preguntó con el fin de retenerla unos momentos más.
"Está implícito. Su Excelencia envió por mí."
"No puedes pasar."
"Aioria, no me molestes."
"¡Dije que no puedes!" Aioria sujetó a Marín de un brazo. Quizás intentaba sonar divertido, no lo sé, el caso es que sea lo que sea que haya planeado, no surtió el efecto deseado en la amazona. Marín se soltó con brusquedad.
"¡Y yo dije que no me molestes!" La chica lo apartó a un lado y siguió su camino.
"¡Vaya, qué genio traes hoy!"
Aioria, que había cambiado su objetivo del día a otro más urgente (reconciliarse con ella), se cruzó de brazos a medida que Marín se alejaba. La amazona tensó los hombros: lo del día anterior la tenía muy sensible y no estaba para bromas. Se obligó a relajar sus músculos y giró sobre sus talones, para encarar a Aioria.
"¿Algún problema con mi genio, Simba?"
"¡Marín! Sabes que detesto que me digan así." Muy bien, Aioria olvidó de golpe su nuevo objetivo y nuevamente cambió su meta del día: buscar pelea con Marín.
"¡Te Hice Una Pregunta!" Exclamó con los puños apretados.
Marín había pasado un mal día y una pésima noche. Darse cuenta que había estado actuando como una chiquilla, más la vergüenza que todo eso implicaba, no ayudaba a que su humor estuviera muy bueno. A eso súmenle que no sabía cómo remediar su situación, o si quería hacerlo a fin de cuentas. Después de todo… Aioria no había mostrado mucho interés en intentar reparar los daños en esos casi cinco meses.
"No me da la gana responderte." Gruñó Aioria, también empuñando las manos. "¡SIGUES SIN PODER PASAR POR MI CASA!"
"¡ATRÉVETE A Tratar De Impedírmelo!"
"¿Y meterme en una pelea con alguien inferior? JA." Con las manos en las caderas, Aioria asumió una postura altanera. "Eres una amazona de plata y yo un santo dorado. No estás a mi altura: eso es una pérdida de tiempo."
¡Ay, que fea herida recibió Marín en su orgullo! La amazona apretó los dientes y una venita pulsó en su cabeza. Gracias por la máscara que ocultó este despliegue a los ojos de Aioria. ¿Con que esas tenía el León, eh? El pobre no tenía ni idea que se estaba metiendo en las patas de los caballos. Ya le probaría Marín quién estaba a la altura de quién.
Estos dos se saltaron una importante etapa de la infancia, que ahora parecían estar recreando: las peleas infantiles sin sentido y por cualquier cosa estúpida.
"¿Qué no estoy a tu altura? JA, NO ME HAGAS REÍR. Lo dice el gatito que no le gusta que le llamen SIMBA y que no puede lavar los platos sin ayuda."
"¡NO ME LLAMES SIMBA Y SÍ LAVO MIS PLATOS!"
"Tú no lavas tus platos. De hecho, no mueves un dedo por tu casa. Eso no está a tu altura. ¡JA! Eso sí es un chiste: lo que pasa es que no tienes ni idea de cómo se hace."
"¡SÍ SÉ CÓMO SE HACE!" Exclamó Aioria, MUY enojado. Marín le dio la espalda y avanzó con calma hacia la salida opuesta del templo.
"Si es así… ¿lavaste tus platos esta mañana?"
"…" Aioria abrió la boca para decir algo, incluso avanzó un paso y gesticuló con el brazo en dirección a su chica, pero no dijo ni pío, por más que su leonesco orgullo le ordenaba que lo hiciera.
"Lo supuse." Dijo Marín con calma.
Aioria emitió un gruñido sordo y le dio la espalda. ¡BAH! Mujeres. A pisotones volvió a salir de su templo sin siquiera echarle un último vistazo a Marín.
Al otro lado de Leo, en dirección a Virgo, y a medida que se acercaba a la salida, Marín bajó la velocidad. ¡Ratas! Se supone que quería hablar con Aioria e intentar mejorar las cosas, pero ¿por qué había sido tan mala leche con el león? No debió llamarlo Simba, detestaba ese nombre. Marín salió por fin del templo y avanzó hacia las escaleras. ¿Por qué nada podía resultarle bien? Ya estaba harta de actuar como una chiquilla orgullosa, pero…
"¿Guarf?"
Algo llamó su atención. Marín detuvo sus pasos al encontrarse una pequeña criaturita sentada en el suelo frente a ella. Parecía un perrito maltés, era MUY peluda y de un suave color blanco. Tenía ojos negros y observaba a Marín con una dulzura de esas que hacen subir los niveles de glucosa. No debía pesar más de dos kilos, así como se veía. Extrañamente, no era un perrito… ¿Cómo lo sabía? Pues los perros no tienen alas, aunque las que tenía este animalito se veían demasiado frágiles como para alzarlo en el aire.
"¿De dónde saliste tú?" Preguntó Marín al agacharse.
"¡Buarf!"
¡QUE cosita Más Bonita! Daban ganas de abrazar hasta el sofocamiento a esta criatura tan linda, tan blanca y adorable. De sus grandes y brillantes ojitos, parecía emanar dulzura pura. Hasta Máscara de la Muerte opinaría lo mismo. Marín le enseñó la palma de su mano, y la criaturilla le olfateó con cautela.
"¿Cómo llegaste aquí? ¿Estás perdido?"
"¡Grrrrrrrrr!"
Algo en el olor de Marín no pareció gustarle a la criatura. Esta echó un paso hacia atrás en posición de ataque, erizó su pelaje y enseñó una generosa fila de puntiagudos dientes. Una gran gota resbaló por la cabeza de la amazona: un simple puntapié mandaría a esta cosa al quinto pino. Harta de todo, Marín se puso de pie y miró a este animal hacia abajo, con las manos en las caderas.
"¿Quién te crees tú para gruñirme, saco de pulgas?"
Entonces Marín tuvo que alzar la cabeza poco a poco hasta la luz del sol fue eclipsada por una sombra bastante más grande que ella. Un fuerte olor como a querosén llegó a su nariz. La amazona tragó saliva.
Escaleras entre Leo y Cáncer.
¿Cómo se atrevía? Marín sabía perfectamente que NO LE GUSTABA que le llamaran Simba. ¡Como detestaba esa película! No porque tuviera algo en contra de los dibujos animados, pero desde que habían hecho la comparación entre él y el león protagonista, su vida había sido un infierno: cada vez que querían fastidiarlo, lo llamaban así.
Gruñó desde lo profundo de su pecho. ¡Las cosas no habían salido como él había querido! En serio había querido reconciliarse con Marín, aunque mucho esfuerzo no había puesto. ¿Por qué había tenido que ser tan mala leche con ella? Feh. Ni que la tipa hubiera sido una gatita sumisa en todo caso. ¡Mujeres! Qué lata que dan cuando…
"¡KYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!"
Aioria giró sobre sus pies en el acto y corrió escaleras arriba. Ese grito sonaba como a los de Marín y como su amazona no gritaba por cualquier cosa, entonces era serio. El cosmo de la amazona se elevó, lo mismo que un cosmo desconocido, extraño y claramente agresivo. Aioria cruzó su casa a toda velocidad, en dirección del enorme jaleo. Los ruidos característicos de un enfrentamiento resonaban por entre las columnas, que ya estaban recibiendo un fuerte castigo.
Cuando Aioria por fin salió por el otro extremo, se encontró con algo SORPRENDENTE. Marín estaba en medio de un combate y si no fuera porque tenía experiencia… Ouch. Pero eso no fue lo que preocupó a Aioria, ni lo que hizo que su alma se le fuera a los pies. Una enorme criatura, una suerte de dragón occidental, de siete metros de largo y tres de alto, con alas enormes y fuertes, cuya envergadura debía bordear los seis metros, con dientes puntiagudos, pinchos en la cola, garras filosas, y una mala actitud, atacaba a Marín sin darle cuartel.
¡¿Esa cosa de donde había salido?!
La amazona del águila saltó alto en el aire y atacó al dragón con toda su fuerza, pero su oponente no era un animal bruto, sino al contrario. El dragón la esquivó en el último, se alzó sobre sus patas traseras y de un manotazo la arrojó varios metros.
¿Acaso olía a querosén?
"¡MARÍN!"
Gritó el león cuando vio caer a Marín, quien por fortuna no parecía haberse hecho mucho daño, dado que se puso de pie en menos de segundos. Muy bien. El día de Aioria no había empezado bien y con lo enojado que estaba, no iba a permitir que empeorase… menos por culpa de una lagartija sobrealimentada que había visto en Marín un buen desayuno.
"¡Aléjate De Ella, Maldito Engendro!" Exclamó enojado, mientras se interponía en el camino de la bestia esta y su chica.
"¡Ten cuidado!" Le advirtió la amazona. "Creo Que Escupe Fuego."
El dragón pareció estudiar la nueva situación. Ambos santos no movieron ni un solo músculo, aunque no dejaban de estar por eso menos nerviosos. El dragón olfateó el aire, bufó y emitió un sonido gutural muy curioso. Entonces rugió con todas sus fuerzas y desplegó sus alas, al tiempo que embistió contra la pareja, quien se mantuvo firme. En el último minuto, Aioria, en menos de un segundo, abrazó a Marín por la cintura y aferrándola contra su pecho, dio un salto justo en el momento preciso en que el dragón se dejaba caer con toda su fuerza en el mismo lugar donde segundos antes habían estado.
Pero no tuvieron ni un respiro. El dragón no cesó su ataque. Aioria empujó a Marín a un costado.
"¡VE POR AYUDA! YO LO DETENGO."
"¡AIORIA!"
"¡ES UNA ORDEN!"
No obstante, Marín no obedeció. Se quedó de pie junto a Aioria, y no habría nada sobre la tierra capaz de sacarla de allí. El santo de Leo se dispuso a ejecutar una de sus técnicas. Si bien tenía ante él un GRAN problema (literal), estaba en parte aliviado, pues la atención del dragón estaba concentrada en él y no en Marín. Quizás había visto en él un desayuno más suculento, vaya a saber uno. El olor a querosén se intensificó, el dragón comenzó a inflar el buche y su piel se inflamó de un bonito color rojo escarlata.
"¡DRAGÓN MALO!"
Uno de los almohadones de la casa de Shaka se estrelló contra la cabeza del dragón, lo cuál le produjo tos y se atragantó con sus propios fluidos. Marín y Aioria miraron hacia las escaleras en el preciso momento en que otro cojín se estrellaba contra la cabeza del dragón.
Aioros, Shaka y Serra venían bajando la escalera a toda velocidad. El santo de Virgo venía con un extintor en la mano y era evidente que Aioros hacía vanos esfuerzos por detener a Serra, quien se le escapaba entre sus brazos cada vez que creía atraparla.
"¡DETENÉOS Y VENID AQUÍ EN ESTE MOMENTO, DRAGÓN MALO!"
El dragón fijó su mirada en quienes venían bajando los escalones, meneando la cola con energía y se puso a jadear como un perrito contento. De alguna manera, en menos de un instante, el dragón se convirtió en la adorable criaturita blanca que Marín se había encontrado, y corrió histérico a los brazos de Serra. Todos los presentes se quedaron estáticos de la sorpresa. Aioria se llevó las manos a la cabeza, incrédulo, sintiéndose estafado. Marín no parecía tan sorprendida. Shaka sintió como si le hubieran volteado un balde de agua fría y soltó el extintor. El santo de sagitario se talló los ojos.
"¡FLOPSI!"
"¿QUÉ es ESO?" Preguntó Aioros, sorprendido.
La cosa peluda esta saltó a los brazos de Serra, portándose como lo haría un perrito que no ha visto a su amo en todo el día. Le lamía la cara, movía su cola y alitas, y se acurrucaba en el regazo de su feliz dueña.
"¡Uy, cosita preciosa! Que alivio verte vivo, estaba tan preocupada por ti, Flopsi precioso. ¿Qué habrías hecho sin mami?" Le mimó Serra, ante la sorpresa general.
"¿Flopsi?"
"¿Qué es esa cosa?" Murmuró Shaka.
El dragón, o Flopsi, miró a Serra a los ojos, como si le hubiera entendido, para luego comenzar a gemir, aullar, tal y como si le hablase, dado que Serra daba claras señas de entenderle.
"Aun así no debiste haber hecho eso, Flopsi." Le regañó Serra. "Les diste un susto enorme a estas buenas personas. Sabes que eso no me gusta."
"Serra, ¿acaso esa cosa te habla?" preguntó Aioros.
"Fascinante." Murmuró Shaka.
"¿Fascinante? ESA COSA nos quería de desayuno." Protestó Aioria.
"¡Casi Me Muerde!" Replicó Marín. Serra miró a la pareja e inclinó la cabeza con cortesía.
"Por favor, les pido disculpas por el problema que causó mi mascota." Pidió Serra.
"¿Esa cosa es tuya?" Preguntó Marín.
"Sí, me pertenece." Serra no sabía si sonreír o no. Segunda vez que se metía involuntariamente en problemas con Marín y Aioria, lo cuál hacía que la situación le fuera incómoda. "Es que estaba preocupado por mi. Detectó mi aroma en ti, y luego en el Santo de Leo. Creyó que me había pasado algo malo y no pudo evitar reaccionar mal. Los dragones nivales son muy aprensivos…"
Los santos, en cambio, no sabían si reír o ponerse a llorar. Es que esta situación parecía tan sacada de un cuento de ciencia ficción que ya no sabían si era un sueño o si tenían alucinaciones debido a productos extraños en el agua.
"¿Un dragón nival?" insistió Shaka. "¿Para qué quieres un dragón?"
"Requiero de un dragón nival, que son los únicos domesticables, para transporte personal cuando no quiero ir volando y también como mascota. ¡Son muy buenos!"
"¿Y cómo dijiste que se llama?" Preguntó Aioros extrañado.
"¡LE LLAMO FLOPSI!" Exclamó Serra con alegría, tras echar un rápido vistazo a Aioria y Marín. "¿No es adorable?"
"Bueno…" Titubeó Marín unos segundos, sonriendo nerviosa. "Sí… sí es adorable… cuando no trata de comerte."
"Se puso nervioso, mas os aseguro que no os habría hecho daño. Flopsi es muy manso, incluso a veces tontuelo." Le explicó Serra con amabilidad. "Aredius suele decirme que le mimo demasiado." Marín asintió.
"Esta tiene que ser la mascota más rara que he visto en mi vida. Y creí que tener un elefante de mascota era extraño." Comentó Shaka, ya más tranquilo.
"¿Flopsi?" Preguntaron Aioros y Aioria al mismo tiempo.
"No es un nombre poco… ¿poco agresivo para un dragón?" Preguntó Aioros, rascándose la cabeza.
"¿Intentó comerme un dragón llamado Flopsi?" Si bien el dragón no le había hecho daño, el orgullo de Aioria estaba muy malherido. "¡Qué vergüenza! Por último que se llamara 'Matasantos' o 'Quebrantahuesos,' ¡No sé!, pero ¿FLOPSI?"
"¿Qué tiene de malo el nombre Flopsi?"
"¡Ay, qué bonito! Yo quiero uno de esos." Suspiró Marín casi sin pensar. Serra le puso al dragón en sus brazos.
"Son muy buenas mascotas."
"¡Oigan, Ustedes!"
Los gemelos entonces llamaron la atención del grupo. Ambos se veían tan serios que hasta parecían más iguales que de costumbre. Subieron los escalones con paso pesado.
"Disculpen la interrupción, pero KANON insiste en que vio algo muy grande y con alas aquí." Gruñó Saga, con un especial tono de voz, que le delataba en su incredulidad. "Y no me dejó tranquilo hasta que vinimos. ¿Podrían decirle que no vio nada de eso?"
"¡Sé lo que vi! Tenía alas muy grandes, o eso creo." Protestó Kanon en su defensa, muy convencido. "Estaba aquí hace unos momentos…" El menor de los santos de géminis olfateó de pronto el aire. "¿A qué huele?"
"Huele A Querosén, bruto." Aseguró Saga sin darle importancia al aroma. Frunció el ceño y enfrentó al grupo. "¿Y bien? ¿Pueden desmentirlo o no?"
Los presentes le clavaron la mirada a los gemelos sin saber cómo responder, luego se quedaron mirando a Flopsi, que seguía en los brazos de Marín y que movía la cola con entusiasmo.
¿Cómo les explicaban que aquella tierna criaturita era un dragón?
"¡BUARF, BUARF!"
En eso, Milo y Dohko llegaron corriendo a toda prisa y visiblemente agitados. Asumieron una posición de ataque en cuanto llegaron al grupo, y con la mirada revisaron todo en rededor.
"¿Dónde Está Esa Cosa?" Preguntó Milo. "¡VI UNAS ALAS ENORMES Desde Mi Casa!"
"¡YO TAMBIÉN LE VI!" Exclamó Dohko. "No Hace Más de Cinco Minutos: Era Muy Grande."
Gota generalizada en el grupo. Sin duda había que explicar muchas cosas.
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Hay Amor en el Aire.
"Eso suena muy divertido." Dijo Aioros con los ojos cerrados y muy en calma. "Con razón te gustan tanto las acrobacias. ¿Qué hace una chica tan linda como tú, entre los senescales?"
"¡Mi Señor me está avergonzando!" Exclamó Serra, con el nerviosismo propio de una chica a quien nunca han piropeado.
PS: La velocidad luz de los santos dorados se adapta a las necesidades de la trama: a veces recuerdan usarla, a veces no, depende de cuánta cafeína haya consumido esta escritora y los santos correspondientes. Además Kurumada aplica la misma técnica en más de una ocasión… o sea, si los santos dorados pueden moverse a la velocidad luz… ¿Por qué Saga tiene que subir las escaleras corriendo para evitar que Seiya salve a Saori? O una mejor… ¿por qué Mu no usó la velocidad luz al inicio de la saga de Hades, ya que no podía teletransportarse? Le habría ahorrado muchos problemas. Por otro lado, Flopsi no parece muy importante, pero no se dejen engañar por su adorable aspecto esponjoso. Por cierto y antes que se me olvide, las palabras Síax, Auralis y Secrela me las inventé yo, así que no tienen ningún significado especial… excepto Secrela, que es la palabra Alerces, pero invertida. ¡GRACIAS POR LEER!
… El Alerce es un árbol milenario, por cierto, tipo secoya.
