¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Les ruego que se den una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Kala–neechan por reírse de mis locuras y a Yukime–chan por leer mis barrabasadas.

Un especial agradecimiento a Ekléctica, quien se dio el enorme trabajo de corregir el fic.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Principio 61 para ver y entender Manga: Puedes hacer lo que quieres con un cuerpo humano mientras toques el punto de presión correcto.

Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 11: El Ardid de Serra

Recinto de Amazonas.

Desayuno. Día Siguiente.

08:05 am.

Isabella le dio un sorbo a su taza de café, para poder ocultar mejor su sonrisa. June y Shaina acababan de contarle lo ocurrido la noche anterior con la explicación del beso. Dejó la taza sobre la mesa y se mordió la lengua para no sonreír. ¡Qué extraño que Serra no conociera los besos! O más importante. ¡Qué chasco tener que explicar un beso a alguien que ni siquiera sabe de qué se tratan!

Serra también estaba presente, pero desayunaba en silencio. Por fin había comprendido lo que significaban los besos, luego que Alsacia, Alisa y la misma Shaina pasaran unas tres horas explicándole, y no sabía si sentirse halagada, avergonzada (por su inesperada inocencia al respecto), enojada o incómoda. La pobrecita se había sentido tan apenada por no haber entendido tan íntimo contacto de buenas a primeras, que una vez que había logrado captar el concepto… aparte de encenderse como un pimiento maduro, se había encerrado en el armario de las escobas, en donde había pasado la noche. Serra suspiró. Ahora… ¿Cómo reaccionaría a Aioros cuando lo viera de nuevo? Vaya problema.

"Dime una cosa Serra." Llamó de pronto Isa. "¿En tu mundo no tienen nada similar a los besos?" Preguntó sin rodeos. Fantasma se sonrojó, y asintió con la cabeza.

"¡Claro! Aunque no es tan común." Respondió Serra, quien miró a Isa con la cabeza gacha. "¿Le das besos a Kanon?" June e Isabella casi se atragantaron.

"CLAAARO que le da besos. ¡QUÉ BESOS!" Rió June divertida. "Los besos que se dan estos dos son bastante extraños, por decir lo menos."

Isabella se sonrojó, sintiéndose algo molesta, aunque no por completo. Los primeros besos que se había dado con Kanon, dada la sorpresa y efusividad de los mismos, eran motivo para que TODOS los santos les hicieran bromas ni bien éstos salían a colación. Ni modo.

"Sí le doy besos." Le respondió Isa. "Aunque es más romántico que un hombre te bese de improviso… Como Aioros te besó anoche."

"¿Kanon hace lo mismo?" Preguntó June picarona.

JUNET!" Exclamó Isa de improviso.

Isabella se sonrojó bastante, al tiempo que la amazona sofocaba una risilla. Serra sonrió y tomó un sorbo de su taza. Si bien lo de los besos era algo completamente anómalo en su mundo, había cosas que se repetían. Por ejemplo, el gustillo por incomodar a las parejas. June entonces tomó la palabra.

"Oye, Serra… ¿cuál es el equivalente al beso en tu mundo?" Preguntó con inocencia.

"Un respiro." Dijo Serra sonriendo. "Consiste en respirar con toda la suavidad y lentitud que se pueda sobre la piel de otra persona. Equivale a vuestros besos. A tu enamorado, o al chico que pretendes, respirarle detrás de su cuello es lo mejor de todo." June asintió neutral e Isabella alzó la mirada al cielo con una sonrisa.

"Suena divertido." Fue lo único que comentó. Entonces se fijó en la hora. "Ya tengo que irme. Kanon me tiene que estar esperando."

"¿Dónde van a ir hoy?" Preguntó June con ojos soñadores. Isabella le sonrió.

"Vamos a ir a pasear al Pireo. ¡Nos Iremos En Moto!"

"Aprovechad entonces para darle respirarle en el cuello." Serra sonrió con travesura. "Detrás de la oreja. Ya verás que…"

En ese momento entró Marín a la cocina, caminando igual que un fantasma. Apenas balbuceó un buenos días antes de encender el hervidor eléctrico. ¡Se veía atroz! Tan atroz que nadie pudo decir nada. Flopsi entonces saltó al regazo de Serra, y gimió en voz baja. Fantasma asintió entonces con la cabeza.

"Ya veo…" susurró casi imperceptiblemente.

"Marín, ¿te sientes bien?" Preguntó Isabella de pronto. "Disculpa que sea tan directa, pero te ves atroz."

"… no pasa nada." La amazona del águila detuvo el hervido y se sirvió un té. En silencio, salió de la cocina. June se mordió un labio.

"¿Qué le habrá pasado?" Preguntó.

"Ella y el señor Aioria dieron término a su relación la noche pasada." Explicó Serra con voz elegante. Cuando las chicas se voltearon a mirarla, con cara de pregunta, ésta les respondió mientras acariciaba a su mascota. "Flopsi me lo contó."


Arena de entrenamiento de Amazonas.

12:45 pm.

Se colgó de una rama cabeza abajo. Serra se había recluido en el bosque casi toda la mañana, junto a Flopsi, no porque estuviera evitando a cierto santo (aunque en parte sí) sino porque estaba ideando un plan. Lo que Flopsi le había contado al desayuno la había hecho sentir muy mal. En parte se sentía responsable de la ruptura entre Aioria y Marín y sentía que tenía el deber de al menos remedar en parte tal enredo.

Lo bueno de saber el idioma de los árboles, es que se pudo enterar de muchas cosas, entre ellas, cómo estaba el ánimo del León. Ser un árbol es cosa engañosa. Gracias a los árboles del Jardín de las Saras, que le dijeron a un olivo, que le dijeron a un roble en el bosque para que le dijera a ella, Serra se había enterado que el pobre santo de Leo estaba más deprimido que león viejo de circo, con sarna y sin muelas. Iba a ser difícil, pero tenía que hacer al menos un intento.

Serra observó hacia la arena de entrenamiento de las aprendizas desde su peculiar posición. Pudo distinguir con facilidad a Shaina, a Marín, y a otras dos amazonas, cuyos nombres desconocía, que no les daban descanso alguno a estas aprendizas. Se aseguró su máscara de visitante y se dejó caer al suelo, convirtiéndose en una lucecilla azul antes de golpear el suelo. Flotó hasta Shaina.

"¡Pero Qué Remolonas! Sois Una vergüenza. Si siguen así nunca llegarán a nada y las echaremos a patadas del Santuario. ¡La diosa no merece nenas tan frágiles! Ella Busca Guerreras." Aleccionaba Shaina a este grupo. Serra se materializó junto a la amazona de improviso.

"EIA SHAINA!" Exclamó con todas sus fuerzas, dándole el susto del siglo a la pobre amazona de Ophiucus.

"¡SERRA! NO ME GUSTA QUE ME ASUSTEN." Protestó Shaina, tras lanzar un puñetazo que Serra esquivó y respondió.

"Lamento la interrupción, pero necesito tu asistencia. Es menester." Explicó Serra, señalando disimuladamente hacia Marín. "Supe que tienes guardia esta tarde en el bosque."

"Sí, así es. ¿Qué necesitas?"

"¿Podéis pedirle a Marín que te reemplace?" Serra entrecerró los ojos. "¿Y pedirle que inspeccione cierto sector? Es que necesito que vaya a…" Serra bajó el volumen de su voz y le comunicó a Shaina su plan en secreto. La amazona asintió con la cabeza.

"Cuenta con eso." Dijo Shaina. Serra le sonrió y tras transformarse en una luz azul, se alejó. La amazona suspiró. "Ojalá resulte… ¿QUÉ ESTÁN MIRANDO? NO PIERDAN SU TIEMPO Y A ENTRENAR, MONTÓN DE INÚTILES." Gritó tras descubrir que las aprendizas se habían tomado un descanso sin autorización.


Escaleras Zodiacales entre Leo y Cáncer.

Milo subía las escaleras, cargando a Kyrus sobre su espalda, en una suerte de mochila diseñada para este propósito. El bebé estaba despierto, pero a punto de caer dormido. El santo de escorpión acompañaba a Aioria, quien desde la mañana estaba… en calidad de trapo. Milo ya sabía las noticias, únicamente porque Aioros le había pedido de favor que no lo perdiera de vista, y estaba francamente preocupado. No sabía como animarle y no quería meter la pata.

"Oye Aioria. Tengo que pedirte un favor."

"…"

"¿Qué no me vas a preguntar cuál es?" Añadió Milo divertido. Por lo general, cuando le decía que necesitaba un favor, Aioria le decía que no iba a cambiar pañales. Pero el santo de Leo sólo suspiró, lo cuál desinfló un poco el ánimo de Milo. "Necesito limpiar los terrarios de mis escorpiones. ¿Podrías vigilar a Kyrus mientras lo hago?"

"… supongo."

Milo se mordió la lengua. Ni siquiera había tenido que discutir con Aioria para convencerlo. Entonces el santo de escorpión vio una lucecilla azul muy brillante. Segundos después, Serra se materializó ante ellos.

"EIA, MILO, AIORIA!" Saludó con alegría. La chica se sacudió las ropas. "Tempus transit gelidum, ¿no lo creen? Hay temperaturas más agradables que ayer."

"Hola Serra. ¿Qué te trae a las Doce Casas?" Le saludó Milo. La chica sonrió.

"Busco al señor Aioros. ¿Le habéis visto?"

"Sí. Te está buscando. Tiene que estar en el bosque o algo así." Respondió Milo. Aioria no daba noticias de haber notado la presencia de la chica. Serra intercambió una mirada con Milo y le guiñó un ojo, lo cuál tomó por sorpresa al escorpión.

"¿Es cierto eso que dicen que conocéis a casi todos en el santuario, mi señor Milo?" Preguntó Serra.

"Eso dicen. Aunque no sé si conozco a todos. ¿Por qué la pregunta?"

"Hoy en el bosque crucé caminos con alguien a quién no conozco bien." Explicó Serra muy tranquila. "Era alto, cabello castaño, bien fornido. Estaba preguntando por Marín, pero no supe qué responderle." Milo tuvo que reprimir una risa al notar el juego de Serra: acababa de describir al mismo Aioria.

"¿Por Marín?" Preguntó Aioria de pronto. Vaya: tenemos un león curioso que no sabe como luce. "¿Qué quería?"

"No sé si será prudente decíroslo." Explicó Serra muy seria. Milo entonces se subió al juego.

"Tienes que decirnos. Si se trata de un extraño, entonces es nuestro deber saber quién entra o sale del Santuario." Explicó Milo. "Dinos qué quería." Jugando muy bien su papel, Serra comenzó a jugar con sus dedos, como sopesando sus acciones. Se mordió la lengua y suspiró, como derrotada.

"Tenéis razón, debo decíroslo." Dijo Serra relajando los hombros. "El forastero desea reunirse con Marín esta tarde, luego de su turno. Me pidió que le diera un mensaje, pero no me hizo jurar secreto. El mensaje dice sé que estáis muy triste. Deseo reunirme con vos esta tarde a ver si os puedo animar." El bichito verde de los celos mordió a Aioria en la base de la nuca: el león ha caído en la trampa. Milo carraspeó de nuevo para disimular.

"Pues No Le Digas Nada." Gruñó, cruzándose de brazos. Serra miró con completa inocencia al león.

"¿Hay algún motivo en especial?" Preguntó, pestañeando con dulzura. Aioria abrió la boca para responder, pero en ese momento apareció Kiki.

"Hola a todos. Hola Señorita Serra: la estaba buscando."

"Eia, Kiki! Decidme que necesitáis."

"El Maestro Shion necesita hablar contigo. Espera en sus Estancias: Aioros ya está allí." El niño le ofreció su mano. "Es urgente: Si quiere la puedo llevar." Serra aguantó la respiración.

"Si es urgente, entonces no puede esperar." Dijo mientras tomaba la mano del niño. Ambos no perdieron tiempo en desaparecer en el aire.

Milo miró socarronamente a Aioria, quien parecía de un momento a otro más despierto que nunca. ¡Qué bueno que había adivinado la treta de Serra! La chica debía tener un muy buen plan como para haber sembrado esa semilla de duda en la cabeza del león.

"¿Te están pedaleando la bicicleta, Aioria?" Preguntó burlesco, decidido a ayudar a picar al león aún más.

"No te metas." Gruñó Aioria, mientras reanudaba su camino en dirección a su casa, donde probablemente pasaría mucho rato encerrado.


Estancias del Patriarca.

Kiki y Serra aparecieron ante el despacho de Shion instantes después.

"Bien, ya estamos aquí." Dijo Kiki, llevándose las manos detrás de la cabeza. "Iré por un guardia para que te anuncie: no te podía meter dentro directamente."

"Gracias, Kiki… pero lo del guardia no será necesario." Dijo Aioros de pronto. El santo de Sagitario estaba apoyado en la pared. "Estaba esperando que llegaran."

"Mi señor Aioros." Serra hizo un ademán de cabeza, sintiéndose de pronto muy nerviosa, aunque bien poco se le notó. "No os había visto el día de hoy."

"Yo puedo decir lo mismo. Comenzaba a sentirme muy solo." Le respondió con una sonrisa. "Kiki, ¿no te ibas ya?"

"Jejeje, disculpen, no quise interrumpir." Kiki rió por lo bajo. "Mejor me voy antes que esto pase a ser triple X." El aprendiz de Mu desapareció en el aire. Aioros rechinó los dientes.

"¿Qué significa triple X?" preguntó Serra neutral.

"Nada bueno. Vamos, que su Excelencia quiere hablar contigo." Dijo mientras le ofrecía un brazo. "Te está esperando."

Ambos entraron al despacho de Shion con paso lento. El Patriarca los miró desde atrás de su escritorio con una cansada sonrisa. Se veía pálido y estaba agotado. Serra de inmediato supo que algo estaba muy mal.

"Vaya. Creí que se tardarían más en entrar." Bromeó Shion. "Es bueno verla hoy, señorita Serra." La saludó con cordialidad. Fantasma asintió con un ademán de cabeza.

"Confío en no haberos hecho esperar mucho."

"Pierda cuidado." El Patriarca se sentó pesadamente en su sillón… aunque más bien se dejó caer sobre el mismo. "No… no te tengo buenas noticias."

"¿Ocurre algo malo, Excelencia?" Preguntó Aioros. Shion negó con la cabeza.

"No lo sé." Dijo con suavidad. "Anoche estuve en Star Hill, nuestro observatorio. He estado monitoreando el cosmos de Gran Fuego estos días."

"Eso no es recomendable, mi señor Shion." Dijo Serra abriendo mucho los ojos. "Esa cosa pudo haberos… atacado." La chica se detuvo unos segundos. "Os atacó, ¿me equivoco? Por eso tenéis ese aspecto tan enfermo." Aioros tensó los músculos. Shion levantó una mano en señal conciliadora.

"Eso ya no tiene importancia. No te llamé para decirte esto, Serra. Pasa otra cosa."

"Decidme qué ocurre."

"Anoche… la presencia de Gran Fuego disminuyó en intensidad, y por momentos fue eclipsada antes de volver a brillar como antes." Explicó antes de guardar un minuto de silencio. "Luego de eso su cosmo se puso más agresivo que nunca."

Serra tensó lo músculos de su espalda y sintió un vacío enorme en su estómago. Abrió los ojos como platos y retrocedió un paso. Flexionó los dedos y exhaló. Sintió mucho frío y palideció. Sus rodillas amenazaron con traicionarla. Ni aunque hubiese querido, hubiera podido ocultar esta reacción.

"¿Serra?" Preguntó Aioros.

"No puede ser… no tan rápido." Balbuceó. Aioros le sujetó un brazo, como temiendo que la chica se desplomase. Shion se puso de pie. "No lo esperaba tan rápido… creí que aguantarían más tiempo." Era evidente que estaba muy alterada.

"¿Sabes lo que eso significa?" Preguntó Aioros. Serra asintió, al tiempo que algunas lágrimas caían por sus mejillas.

"Ya no queda nada de mi mundo." Dijo antes de echarse a sollozar. El santo de Sagitario la estrechó en sus brazos y dejó que la chica se desahogara.

Shion y Aioros intercambiaron una preocupada mirada.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Son las lágrimas de las cosas

"Sí. Os agradezco. Vuestros abrazos me calman." Serra se sonrojó con furia. Levantó el rostro y le miró con inocencia. "Anoche me besasteis. No es algo a lo que esté acostumbrada, mi gentil señor, es que… no… no existen los 'besos' en mi mundo." Esto tomó por sorpresa a Aioros.

"¿Te ofendí?" Le preguntó preocupado.


PS: Este capítulo iba a ser más largo, pero me arrepentí en el último minuto. Si aún tienen curiosidad, les recomiendo que sigan leyendo y que me esperen para mi próxima actualización, a ver si es de su agrado. De momento, les pido que ¡GRACIAS POR LEER!


Algunas traducciones del latín.

Tempus transit gelidum: Pasa el tiempo del frío.