¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Les ruego que se den una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Kala–neechan por reírse de mis locuras y a Yukime–chan por leer mis barrabasadas.

Un especial agradecimiento a Ekléctica, quien se dio el enorme trabajo de corregir el fic.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Principio 64 para ver y entender Manga: Cuando alguien pinta su cara (maquillaje u otros) es porque van en serio.

Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 12: Son las Lágrimas de las cosas

Casa de Sagitario.

Algunas horas después.

Serra estaba sentada en el sofá, abrazando sus rodillas y con el rostro sepultado entre sus brazos. Ya estaba mucho más tranquila: había tenido una reacción nerviosa poco propia, y aunque en lágrimas no había estallado, Shion había tenido que dormirla para evitar que se hiciera daño. Este sueño inducido no duró más de media hora, que pasó en uno de los sofás del despacho del Patriarca, al cabo de la cuál, Aioros había decidido llevarla a otro lugar, para que estuviera más tranquila.

Nótese que el muy pillo se la llevó a su propia casa.

El santo de Sagitario se sentó junto a la chica y le ofreció una aromática taza de té de jazmín, que Serra aceptó gustosa. Aioros la observó mientras Fantasma tomaba delicados sorbos, notando que el temblor en sus manos estaba muchísimo más disminuido. Suspiró: no podía reprocharle nada. No debía ser nada divertido descubrir que le mundo de uno estaba reducido a cenizas, mucho menos sabiendo que pudo haber hecho algo por evitarlo. Aioros recordó entonces su caótico sueño.

"¿No está muy caliente?"

"No. Está muy bueno."

Serra se sentía de lo peor. De un momento a otro, como si le hubieran golpeado el estómago, recordó de pronto que todo lo que ella quería y conocía, había estado literalmente ardiendo bajo el terrible asedio de Gran Fuego. Ella podría haber estado allí, pudo haber marcado algún tipo de diferencia o tratado al menos de demorar lo inevitable.

Frunció el ceño… originalmente no quería venir a esta misión, no en ese momento en que sabía que sus fuerzas eran necesarias. Su Señor Wamba había tenido que ponerse firme y darle una orden directa. Y no fue fácil que llegara hasta el portal, Gran Fuego se encargó de eso. Sabía que al menos le había costado la vida a uno de sus compañeros de armas, Antemio, un gran amigo, y ella misma casi había fallecido.

"Pago por tus pensamientos."

"Se han devaluado. No valen nada."

Pero estaba aquí, en el Santuario de Athena, en el planeta Tierra. Por alguna razón, que quizás estaba sentada allí a su lado, se había olvidado de todo eso, y se sentía tan asquerosamente culpable, que no sabía qué hacer… más aún porque agradecía en su corazón la oportunidad de haber conocido algo más de este curioso mundo y sus gentes, pese que no había ido a la ciudad. Estaba teniendo como un efecto retardado en cuanto a culpabilidad. Quizás así se sentían los traidores arrepentidos.

"No estaría tan seguro. ¡Probemos!" Insistió Aioros. El santo de Sagitario prefería que la chica hablase de lo que la atormentaba a que se quedara en silencio. "Dice por ahí un sabio que hablando de nuestras penas, las aliviamos. No recuerdo su nombre, pero tiene razón."

"… razón tiene. Pensaba en mi mundo." Le dijo Serra con un suspiro. "Si es que queda algo de él. Me atormenta pensar en su suerte, cuando pude haber estado allí para pelear."

"No pienses en eso. No sirve de nada pensar en lo que pudo ser." Aioros silenció con la mirada a Serra cuando ésta lo miró con reproche. "Te desgastarás y necesitas reunir tus fuerzas. Además te enviaron en una misión: eso fue por algo, siempre hay una razón poderosa del porqué hacemos o dejamos de hacer las cosas."

"Habláis objetivamente. Tenéis razón, pero no apacigua mis ánimos." Serra suspiró y dejó la taza, vacía, sobre la mesita. "Disculpadme por mi actitud en la cámara del Patriarca Shion." Fantasma se encogió de hombros. "No sé qué me pasó. Que vergüenza…"

"Pierde cuidado." Le dijo Aioros con una amable sonrisa. "Es comprensible que hayas reaccionado así. Yo habría reaccionado peor."

"No. No es normal que reaccione así. Digna y Firme. Eso es lo que me enseñaron de pequeña, yo… debí controlar mejor mis reacciones. No fueron propias de mi cargo. Me siento avergonzada."

Serra reprimió un sollozo largo y nuevamente volvió a ocultar su rostro entre sus brazos y lloró en silencio. Esta imagen le causó una profunda acidez en el estómago y en las venas al santo de Sagitario

"¿De qué otra manera podías reaccionar?" Le preguntó, mientras le acariciaba el cabello. "Uno no planea esas cosas, se salen del alma sin control, sobretodo en tu situación… no llores, que me partes el alma."

"¿Te parto el alma? Eso no es posible." Serra miró a Aioros sorprendida. "¿Es en serio lo que me decís?" El santo de Sagitario tomó la mano de la chica y la puso a la altura de su corazón.

"¿Qué no lo sientes?"

Serra se puso roja como un tomate al darse cuenta que hay cosas que no deben ser tomadas tan literalmente. Sin embargo no se resistió.

"Este… no sé cómo responderos a vuestra pregunta."

"No pedí respuestas." Aioros le acarició la mejilla con su mano libre. "¿Qué quieres que haga por ti?"

Fantasma relajó sus hombros y la expresión de su rostro, que si bien seguía señalando su profunda pena, ya estaba más tranquilo. Suspiró muy profundo y exhaló: tenía que comprobar algo.

"¿Podríais abrazarme?" Preguntó, limpiándose las mejillas con el dorso de una mano.

La sonrisa que puso Aioros en el rostro fue enorme. Éste se apoyó en el respaldo del sofá y abrió los brazos. Serra se acomodó allí, apoyó su cabeza en su hombro y se dejó abrazar por el santo de Sagitario y cerró los ojos. Se quedaron un buen rato en silencio.

"¿Más tranquila?" Preguntó por fin el santo.

"Sí. Os agradezco. Vuestros abrazos me calman." Serra se sonrojó con furia. Levantó el rostro y le miró con inocencia. "Anoche me besasteis. No es algo a lo que esté acostumbrada, mi gentil señor… no… no existen los besos en mi mundo." Esto tomó por sorpresa a Aioros.

"¿Te ofendí?" Le preguntó preocupado.

"No sabía qué era un beso, nunca les había visto, menos recibido uno. Reconozco que me confundisteis." Confesó Serra. Aioros tragó saliva. ¡Qué Tonto Había Sido! O al menos se sintió así.

"Err…"

"La noche pasada, Shaina, Alisa y Alsacia tuvieron la gentileza de explicarme su significado. Perded cuidado."

Serra se incorporó sorpresivamente y le miró a la cara, con una sonrisa cálida, pero de esas que auguran una despedida. La chica entonces acercó su rostro a Aioros, haciéndole creer al santo que le besaría, cosa que no sucedió. Un cosquilleo generalizado hizo que se le crisparan las manos cuando Serra le sopló justo detrás de la oreja.

"Temo que no entendáis las muestras de cariño a las que mi gente y yo misma estamos acostumbrados, mi buen señor Aioros." Le dijo antes de abrazarlo con fuerza. Entonces Serra se convirtió en una lucecilla azul. "Os agradezco todo lo que habéis hecho por mi."

Susurró antes de salir, dejando al santo de Sagitario allí en el sofá, preguntándose QUÉ MISMO había pasado.


Bosque de Athena.

Atardecer.

El sol estaba por ponerse, pero el bosque no estaba en calma. Fieros puñetazos recibía el suelo, castigo que más que a una batalla, se debía a una profunda frustración. El ambiente volvió a agitarse cuando su cosmo se encendió y resonó por todo el bosque, nuevamente intentando lo mismo que había estado haciendo ya desde un par de horas.

Serra había desaparecido de las doce casas. La actividad en el Santuario había aumentado notablemente desde los sucesos de aquél mediodía, sin embargo, nadie había visto a la extraterrestre, pero no era necesario preguntar mucho: era obvio que había ido al bosque. Ahora la chica estaba sentada justo en medio del sello del portal que la llevaba a casa, junto con Flopsi, intentando por todos los medios abrirle para poder regresar, todo en vano. Lo único que Fantasma lograba era encender el brillo del extraño patrón en el suelo, nada más. Y conste que estaba recibiendo la ayuda de su fiel mascota.

Shura llegó caminando con calma, y se acercó hasta Aioros, quien estaba apoyado en un árbol cercano. El santo de Sagitario estaba allí desde hacía unos cuarenta y cinco minutos, observando los movimientos de aquella extraña niña que parecía haberse ganado un rinconcito en su corazón. Serra no daba señales de notar su presencia allí, si es que en verdad se había dado cuenta. Estaba sumida en su meditación: quería regresar a su casa.

"¿Todavía no se rinde?" Preguntó el español.

"¿Te rendirías tú?" Preguntó el griego. Shura meneó la cabeza.

"¿Con lo terco que soy? Ni lo sueñes." El santo de capricornio miró hacia Serra compasivamente. "Ya habría hecho un hoyo en el suelo."

"¿Alguna novedad?"

"Lo normal. Subieron los grados de alerta, pero no estamos recluidos en las Doce casas todavía." Explicó Shura. "Su Excelencia quiere que todo pase inadvertido."

"Ya veo."

El lugar se iluminó con una tenue luz azul color pastel, el color del cosmos de Serra, quien volvía a imponer las manos sobre el sello, obligándole a abrirse, cosa que no logró, pero como queriendo forzar el efecto, Serra porfió y aumentó su poder.

"Espero que no se haga daño."

"Yo también."


Otro sector del bosque.

Al mismo tiempo.

No lejos de donde Serra estaba, Marín hacía las rondas que debía haber hecho Shaina esa noche. Se trataba de un favor que le hacía a su compañera: La amazona de Ophiucus había argumentado que su aprendiza, Rin, tenía algo de fiebre y no quería desatenderla, por lo cual, Marín no había podido negarse.

Por lo menos haciendo esa ronda la distraía de Aioria. La amazona de águila había estado de muy mal humor y voluble como nunca. Aquél no había sido su mejor día. El bosque parecía relajarla con sus aromas y calma presencia, como si supiera de su dolor y quisiera mimarla para que le olvidara.

El cosmos de Serra relampagueó unos instantes antes de apagarse. Marín suspiró: si la chica seguía forzando así sus poderes, iba terminar lastimándose, pero no podía culparla. Feh. La amazona siguió con su guardia, caminando con paso lento… entonces, entre las ramas, le vio: una persona caminaba hacia ella… una muy conocida. ¿Qué hacía aquí a esa hora?

Aioria, cuando distinguió a Marín en la distancia, sintió un vuelco en el estómago. ¿Acaso había recibido el mensaje de aquél extraño? Tal como Marín, el león había estado ese día de un humor horrible, al que Milo no ayudaba con sus bromas de doble sentido. Si el que Marín lo hubiera mandado a freír monos al África ya lo tenía en un deplorable estado anímico, el hecho que esta se reuniera con un extraño en el bosque, justo después de que le diera de calabazas, lo tenía dándose cabezazos por las columnas de los celos que le daban.

Si Marín estaba allí, entonces aquél sujeto no debía estar lejos. El León caminó hacia la amazona con paso decidido. Ya vería como manejaba el asunto una vez que se pusiera a hablar con ella. ¡Si Veía Al Sujeto Ese Lo Mandaría Con Viento Fresco Al Cocytos De Ser Posible!

"Aioria de Leo." Le saludó Marín con frialdad, aunque la amazona creyó que se quebraría, dado el nudo en su garganta.

"Marín. ¿Qué haces aquí?"

"Estoy cubriendo una ronda de Shaina. Rin está con un poco de fiebre."

"¿No esperas a nadie?" Preguntó el león con dureza. En esos momentos prefería ser directo.

"No." Marín ladeó la cabeza ligeramente, en señal de pregunta. "¿Debería?"

"No sé. Dime tú." Aioria levantó la cabeza y sacó pecho con orgullo. "Me dijeron que había por aquí un intruso. Un tipo alto, de cabello castaño y fornido. Puede ser un extraño ¿Le has visto?" Por detrás de la máscara, Marín alzó ambas cejas, para luego mirar al león de pies a cabeza.

"Sí. Lo acabo de encontrar." Respondió Marín con seriedad. Aioria sintió un frío puñal en la espalda y asumió una postura defensiva en el acto.

"¿Dónde está? No me gustan los extraños en el Santuario, menos con las alertas." Gruñó enojado. Una gran gota resbaló por la cabeza de Marín.

"Justo en frente de mi." La amazona lo señaló con un gesto de su mano. "Esa descripción que me diste, concuerda contigo."

"… ¿Conmigo? Marín, ¿De donde sacas esa…?" Aioria se detuvo a media frase y volvió a meditar la descripción. Ahora entendía porqué Milo se había reído de él todo el día, con lo deprimido que estaba. "Ahem."

"No tengo tiempo Aioria, tengo que terminar aquí, así que si me disculpas…"

¡BAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAM!

Una gran explosión sacudió el follaje y algunas aves volaron despavoridas. Una serie de ondas expansivas, inofensivas, surcaron el bosque, sacudiéndolo todo. Ambos defensores de la diosa giraron rápidamente en dirección de la explosión y sin pensarlo corrieron hacia ella. Mientras que Aioria sospechaba que podría tratarse del sello, Marín sospechaba que a lo mejor, algo le había salido mal a Serra en su intento de abrir el portal.

Efectivamente, cuando llegaron, vieron el lugar profusamente iluminado de azul, con una fuerte ventolera que parecía arrastrarlo todo hacia el centro del sello, que sin embargo no afectaba nada que no estuviera más lejos de cierta determinada distancia. Era como si estuviera fuera de control. Ni Marín ni Aioria distinguieron a nadie en las cercanías, ni a Serra, ni a Flopsi, ni a los dorados que le hacían guardia.

"¡El portal está abierto!"

"Dime algo que no sea obvio, Marín."

"Antipático." La amazona se apartó el cabello de la cara y observó al santo de Leo. "No se ve peligroso… ¿Aioria?"

"Quédate aquí que iré a investigar."

"¿Estás loco? Esa cosa te puede absorber."

Aioria no hizo caso. Se acercó con cautela hacia el portal, sin que nada le ocurriera. No estaba lejos del patrón de luz cuando se sintió tentado de estirar el brazo. Traviesamente, volvió la cabeza hacia Marín, que lo había seguido, por cualquier cosa.

"Hay un campo de protección, no nos va a pasar nada…" Pero ni bien terminó de decir estas palabras, cuando una poderosa fuerza lo tomó por las puntas de los dedos y arrastró hacia el interior del portal con una fuerza descomunal.

"¡AIORIA!"


Lugar desconocido.

Aioria se sintió como metido en la juguera a alta velocidad. Las vueltas que dio en esos escasos veinte segundos le hicieron creer que se despedazaría en miles de pedacitos de un momento a otro. Justo cuando creyó que esto realmente sucedería, todo se detuvo de golpe y fue arrojado a tierra con brusquedad. ¡Come Polvo, León! Aioria y las caídas aparatosas no hacían una buena pareja.

Dueleeee!" Gimió lastimosamente. Una vez más, el principal afectado fue el ego del León.

Antes que Aioria intentase ponerse de pie, algo lo asió por su capa y le ayudó a levantarse. Dando manotazos al aire, mareado, Aioria se desprendió fácilmente de este agarre y cuando se disponía a golpearle, se encontró con la cara de Flopsi, en modo dragón. Shura y Aioros entonces lo sujetaron para así ayudarle a orientarse y recuperar la compostura.

"Calma, hombre, todo bien. No pasó nada: estás bien." Le animó Shura, dándole golpes en la espalda.

"Vamos hermanito, no te rompiste nada, Tranquilo y toma aire." Le dijo Aioros, dándole palmadas en las mejillas. "Sé que es horrible, pero no pasa nada."

"¿QUÉ PASA AQUÍ? No Entiendo Nada." Aioria seguía desorientado. Shura y Aioros le dejaron ir. El León sacudió la cabeza. "¿Qué es lo que me acaba de pasar?"

JO! Que cruzamos el portal." Explicó Shura, sacudiéndose la capa.

"Se abrió de repente y sin previo aviso. Nos absorbió antes de que nos diéramos cuenta." Dijo Aioros. "¿Cómo cruzaste tú?"

"Estaba en el bosque…" Comenzó Aioria, aún mareado y confundido por su cruce. "… sentí esa explosión y cuando fui a investigar, el portal estaba activado… y me chupó hacia adentro…"

En esos momentos, un refrescante cosmo se hizo notar. El aura color azul pastel se hizo evidente. Serra no estaba lejos de allí, intentando apaciguar el desatado vórtice que ahora era el portal, intentando cerrarlo.

"¿Y qué hace Serra?" Preguntó el León.

"Intenta apagar el sello." Dijo Aioros preocupado. El esfuerzo que Fantasma hacía podía hacerle daño. "Parece que está fuera de control."

"Estuvo toda la tarde tratando de abrirlo y ahora no quiere cerrar." Añadió Shura, meneando la cabeza. "Típico de la ley de Murphy."

Entonces vieron que el brillo del sello se intensificaba y cambiaba repentinamente de color, al tiempo que Serra fruncía más el ceño. Shura y Aioros se miraron extrañados.

"¿Qué pasa?"

"Parece que viene alguien más." Explicó Aioros. "Tomó ese color momentos antes que llegaras."

"¿Alguien MÁS?" Preguntó Aioria alarmado. Si su instinto no le fallaba…

Segundos después, Marín salió despedida por el portal y se arrastró algunos metros. Flopsi se apresuró junto a ella y enseguida la ayudó a ponerse de pie. Los santos corrieron hacia ella a socorrerla: los cruces por el portal no eran divertidos. Claro que tantas manos dispuestas a ayudar agobian, mucho más cuando entre ellas hay un león aprehensivo.

"¡Ya Basta, Basta, No Me Toquen!" Pidió Marín, con la peor jaqueca de su vida.

Aioria la sujetó para evitar que cayera, al tiempo que la amazona se sujetaba la cabeza con ambas manos, mientras recuperaba el aliento. Entonces el sello se apagó tan repentinamente como se había activado, y se escuchó un golpe sordo. Fantasma cayó al suelo totalmente rendida. Era evidente que los esfuerzos de Serra por activarlo y desactivarlo no eran los responsables de esto. Aioros corrió hacia ella.

"¿Estás bien?" Preguntó Shura al ver a la amazona ya más recuperada.

"¡Aioria!" Marín se volvió hacia el león y le asestó una fuerte bofetada. "¿Acaso estás mal de la cabeza? ¿En qué estabas pensando? LO QUE HICISTE FUE MUY IRRESPONSABLE. Te Pudiste Haber Matado."

"Pero…" Balbuceó Aioria, sobándose la mejilla.

"Feh. No sé ni para qué me preocupo por ti." Marín se cruzó de brazos y miró hacia otro lado.

Entonces… la amazona se encontró con un paisaje tan abrumadoramente desolado que no pudo evitar emitir una muda exclamación. Estaban a campo traviesa, y donde no había más que tierra yerma, calcinada y humeante. Apenas si se distinguían los vestigios de asentamientos humanos. Era un paisaje como azotado por la furia de un particularmente poderos volcán. Se veían pozas de lava, que no parecían resecarse, pese a la exposición. A lo lejos, se distinguía una orgullosa ciudad, mas era evidente que estaba bajo sitio. Los santos de Capricornio y Leo se quedaron sin palabras: todo lo que alcanzaban a ver, estaba calcinado.

"¿Qué es este lugar?" Preguntó Marín casi en un susurro, sujetándose inconscientemente de la mano de Aioria, quien también la aferró entre sus dedos.

"Esto es Auralis, en el mundo de Siax." Explicó de pronto Serra, evidentemente angustiada. Aioros la sujetaba con cariño. "¡Esto era mi hogar! Justo aquí, ¡Aquí estaban los Árboles Milenarios! Mis preciosos Secrela… todo está quemado…" Fantasma fijó sus ojos en dirección de la ciudad. "No lo entiendo… hay algo que no me cuadra."

"¿Qué es esa ciudad?" Preguntó Shura.

"La capital del Reino de Auralis." Serra se soltó de los brazos de Aioros y caminó hacia delante. Flopsi se transformó en su adorable versión de bolsillo y corrió junto a su ama, quien señaló con un dedo a la ciudad. "Esa es Ciudad Real de Dion, Sede del Reino, ciudad de mi señor, el Rex Wamba II."

Un gran ruido tronó por el aire y la instintiva reacción que tuvo el grupo fue echarse al suelo. Un cosmos terrible, asqueroso y pútrido inundó el ambiente, cuando detrás de un monte, luciendo unas alas enormes, una criatura cuya mera presencia derramada putrefacción, malicia y sed de poder apareció a lo lejos y embistió contra la ciudad… que aún era débilmente protegida por un campo. Ya no se veían multitudes corriendo a la seguridad de los muros. Serra reprimió un sollozo de amarga desesperación.

"¿ESO es Gran Fuego?" Preguntaron Marín y Shura al unísono, sin poder creer lo que veían. Serra los miró con tristeza y asintió. Aioros sintió un vuelco en el corazón verla tan desolada.

"¡Qué GRAN Hijo De Pu…!"

"Cuida esa boca, Aioria." Aioros se puso de pie con decisión y señaló hacia Gran Fuego. "Santos de Athena, ESO es nuestro objetivo. Tenemos que llegar a la ciudad."

Shura, Marín y Aioria se pusieron de pie y asintieron con decisión. Serra les miró sorprendida.

"¿De qué habláis?"

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: La Devastación

"¿Tú? Esa cosa te puede matar." No malinterpreten al pobrecito de Aioria. Sus dichos le salieron del alma, no debido a su ya enorme machismo, sino a otros motivos.

"¡A ti también te puede matar! Corres tanto riesgo como yo." Protestó Marín en forma enérgica.

"Eso no es lo mismo." Chistó el león. "¡Si Te Mueres, Yo Contigo!" Dijo bastante alterado.

"… ¿Tú crees que yo NO? Maldito seas, Aioria: Ya tuve suficiente sabiéndote muerto una vez. No lo voy a aguantar de nuevo. ¡YO VOY te guste o no!"


PS: Como ven, cambié la acción de lugar y puse a Aioria, Aioros, Shura y Marín como los primeros humanos en un mundo extraterrestre… aunque eso es cosa común en el mundo del manga y anime. Vamos a ver como les va. Si quieren seguir leyendo esta historia, esperen la próxima actualización. De momento, entreténganse y ¡GRACIAS POR LEER!