¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Les ruego que se den una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Kala–neechan por reírse de mis locuras y a Yukime–chan por leer mis barrabasadas.

Un especial agradecimiento a Ekléctica, quien se dio el enorme trabajo de corregir el fic.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Principio 69 para ver y entender Manga: Cuando las mujeres van a destruir a los malos, siempre hay un galán que las cuida en secreto y que vigila todas sus batallas.

Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 13: La Devastación

Reino de Auralis.

Dos horas después.

El efecto del cambio horario que iban a tener los santos de Athena iba a ser fenomenal. Cuando habían dejado el Santuario, ya era de noche, pero en este mundo, el Sol todavía estaba en alto, como si fuera el mediodía. Bueno… no el sol, sino otra estrella, cuyo nombre no se habían detenido a preguntar. A juzgar por las temperaturas, parecía ser finales de verano… eso siempre y cuando el planeta poseyera estaciones.

Shura miró a su alrededor, al devastado paisaje que le rodeada. Nada. Todo estaba quemado por completo, y parecía que hasta las mismas entrañas de la tierra habían sido calcinadas. Olía a azufre y de cuando en cuando se distinguían negras fumarolas de humo, fuegos aislados y por supuesto, los charquitos de lava. A lo lejos, Dion se alzaba aun conservando algo de su orgullo… y todavía se veía tan lejos. El santo de Capricornio miró en dirección del monte sobre el cuál parecía descansar Gran Fuego: la criatura estaba echada en la cima, y tenía a la ciudad bajo una estrecha vigilancia.

Hacía dos horas que caminaban por aquél yermo paraje. Dos horas en las cuáles no habían hecho más que levantar cenizas y pisar carbones. Dos horas en las cuáles sólo habían atestiguado un ataque. Shura fijó la vista en el suelo y volvió luego sus ojos al cielo.

"Va a ser una pesadilla recuperar estos terrenos para los sembradíos." Opinó para sí en forma oscura, aunque sus palabras guardaban un tinte de esperanza.

Serra iba a la cabeza, aunque se veía tan desolada como el deprimente paisaje que la rodeaba. Arrastraba los pies y de cuando en cuando se detenía en algún punto, para comentar luego qué era lo que había habido allí antes que quedara reducido todo a cenizas. A momentos parecía que sollozaba y que no quería caminar más. Entonces aparecía Aioros y la animaba a seguir caminando.

Cerrando la columna iban Marín y Aioria. Los dos caminaban en silencio, cuidando sus pasos, los flancos y la retaguardia. No podían evitarlo: no se sentían muy cómodos en medio de tanta devastación. Flopsi, en su modo perrito, iba en los brazos de Marín. La criaturita estaba echa una bola de pelos y se acurrucaba en los brazos de la amazona, ocultando su carita y gimiendo tan lastimosamente que partía el alma, haciendo suyo el pesar de Serra y del planeta. De cuando en cuando, Aioria, que hacía esfuerzos por hacerse el indiferente y orgulloso, miraba hacia Marín y suspiraba.

Shura iba al medio… sintiéndose como violinista mal pagado. Pero bueno, cosas que pasan.

"¡Buarf, Buarf!"

Flopsi, levantó la cabeza y sus orejitas. El grupo se detuvo. Aquella suerte de ladrido, tan característicos de los dragones como la mascota de Serra, no había sido emitido por ésta.

"¡BUARF, BUARF, BUARF!" Flopsi saltó de los brazos de Marín al suelo cuando oyó por segunda vez este llamado.

"¡Flopsi, no!"

"¡Pequeño, Venid Aquí!"

Marín y Serra salieron corriendo tras Flopsi. Los tres dorados se miraron como con hastío y se encogieron de hombros. Aioros se llevó los brazos detrás de la cabeza y comenzó a caminar con pereza detrás de las chicas.

"Caballeros, vamos." Dijo de mala gana.

Flopsi, pese a los ruegos y llamados de las chicas, siguió corriendo como loco hasta que de pronto se detuvo. Una criaturita igual que él, pero de color negro le salió al encuentro: estaba muy sucia e histérica, no dejaba de chillar. Ambos dragones entonces reiniciaron la marcha y corrieron algunos metros más allá, hasta que se detuvieron en un borde y comenzaron a ladrar con energía.

"¡Hasta que te detuviste!" Exclamó Marín con alegría, acariciando la cabeza del dragoncito.

"¡FLOPSI!" Serra llegó junto a los animalitos y tomó al suyo en brazos. "No te vayas así como así, ¿no ves que…?" La chica se detuvo al ver al amigo de su mascota. "¡REVIENTATRIPAS!" Exclamó con alegría.

"¡BUARF, BUARF!"

"¿Éste se llama Revientatripas?" Preguntó Marín curiosa. Serra asintió con la cabeza, mientras el nuevo dragón se acercaba al borde a seguir ladrando.

"Sí, pertenece a uno de los senescales del reino." Explicó mientras dejaba a Flopsi en el suelo. "¿Qué miráis, mi amigo?"

Serra se acercó al borde de la quebrada a mirar qué era lo que tenía a Revientatripas tan alterado. Sin embargo no pudo observar bien, dado que el borde cedió bajo su peso. Marín reaccionó a tiempo y la sujetó de un pie. Un segundo más tarde, Aioros ya estaba junto a las chicas y ayudaba a Serra a subir. Aioria y Shura llegaron corriendo.

"Serra, ¿Estás Bien?" Le preguntó Aioros mientras la sentaba frente a él.

"Tienes que tener más cuidado." La regañó Marín. "Esta es una quebrada muy… WOW, ¡QUÉ GRANDE!" Ante la amazona, había una pendiente muy pronunciada y larga como lo era la distancia entre Aries y Piscis, que revelaba un paisaje vastísimo, que obviando lo quemado, debería de verse precioso.

"Esta caída sí que hubiera dolido." Comentó Shura tras un silbido.

"Menos mal que no se cayó conmigo." Suspiró Aioria. "Oye, Cuñada, ¿Estás bien?" Obviamente Aioros casi escupe los pulmones al oír esto último.

"Os agradezco la preocupación, pero perded cuidado. Estoy muy bien." Aseguró Serra poniéndose de pie. "¿Qué es una cuñada?"

"Cuñada es…" Comenzó Aioria.

"Créeme Serra, que eso no tiene importancia." Atajó Aioros con presteza a su hermano. "Lo importante es que estás a salvo."

"Aioros te rescató. Eso te hace la cuñada de Aioria, porque estos dos son hermanos." Explicó Shura travieso. Aioros casi lo pulveriza con la mirada.

"Será mejor que continuemos." Gruñó Aioros algo sonrojado. "¿Vamos, Serra?" Le preguntó cambiando totalmente el semblante.

"¡Esperen un momento!" Dijo Marín, quien comenzaba a concentrar su cosmo. "Parece que hay alguien allá abajo, vivo a duras penas."

El grupo observó en la dirección en la que Marín indicaba. Efectivamente, allí había alguien y tal como decía la amazona, parecía estar vivo. Aioros atajó a Serra, quien sin pensar ya iba en ayuda de aquella víctima. Shura topó el hombro de Aioria.

"Pierde cuidado, Serra, nosotros bajamos a por él." Dijo Shura, comenzando a deslizarse con cuidado colina abajo.

"Te veo en un momento, cuñada." Sonrió Aioria.

Ambos dorados comenzaron su descenso. Serra se soltó de los brazos de Aioros, quien no perdía de vista a su hermano. Marín se acercó a Fantasma y le puso la mano en el hombro en señal de ánimo.

"Esta es la Quebrada de la Altura. La más pronunciada y alta en todo Síax." Explicó Serra con tristeza. "Al fondo había un lago de aguas muy frías y la pendiente estaba cubierta por la más frondosa y suave hierba. Las puestas de Mis se veían preciosas."

"¿Puestas de Mis?" Preguntó Marín.

"Mis es el nombre que le damos a nuestra estrella." Serra suspiró y sonrió con delicadeza. "Su Excelencia Shion me comentó que vosotros le dais otro nombre, pero no recuerdo cuál es."

"No tiene importancia." Dijo Aioros, observado la calcinada pendiente por la cual Shura y Aioria bajaban con tanto cuidado. Flopsi y Revientatripas miraban desde la orilla. "Nunca creí ver algo tan alto y empinado. Es asombroso."

"Tienes razón." Comentó Marín, mientras se agachaba sobre el borde, junto a los dragoncitos. "Seguro muchos se deslizan colina abajo: debe ser un gran problema."

"De hecho, sí lo es." Explicó Serra. "Mucha gente viene aquí a deslizarse sobre la hierba. Parece ser muy divertido, me habría encantado haberlo hecho… Dicen que es una experiencia capaz de despertar muertos."

"¿Y por qué no lo has hecho?" Preguntó Marín. "El otro día le preguntaste a Kanon qué había usado para deslizarse por las escaleras."

"Jajaja, ¿En serio le preguntaste? Dudo que te haya contestado." Rió Aioros divertido.

"No, no me contestó. Me ha dicho que no recuerda mucho de esa ocasión." Serra suspiró y se alejó del borde. "Respecto por qué no me he deslizado… es porque… me da temor: se alcanza mucha velocidad y temo romperme el cuello. Ya antes ha ocurrido tal desgracia."

Serra se quedó mirando la pendiente con melancolía. Aioros y Marín intercambiaron una mirada cómplice, pero se abstuvieron d emitir comentario alguno. Entre los gimoteos de los dragoncitos, y las acompasadas respiraciones de los tres, esperaron a que Shura y Aioria regresasen con el herido. Los dorados tardaron muy poco en llegar hasta él, pero se tardaron más en regresar. Media hora después ya habían alcanzado el borde.

"¡Danju!"

Exclamó Serra al verle. Los tres se apresuraron a ayudar a Shura y Aioria. Mientras Aioros aliviaba a sus compañeros del peso del sujeto y le llevaba varios metros lejos del borde, Marín y Serra se apresuraron en sujetarle la cabeza y ayudar a recostarlo de la forma más cómoda que pudieron ingeniar. Los santos de Capricornio y Leo cayeron rendidos al suelo a recuperar el aliento.

"¡Qué Subida! El aire es muy delgado aquí." Comentó Aioria resoplando. Flopsi comenzó a echarle viento usando sus pequeñas alitas.

"Era como entrenar en los Pirineos."

Revientatripas comenzó a morder los dedos del herido para hacerlo reaccionar, Marín le tomó los signos vitales, Aioros revisaba que no tuviera fracturas. Era evidente que era un senescal. Usaba una armadura muy similar a la de Serra, solo que en versión masculina. El pobre se veía muy mal: no habría querido estar en sus botas en el momento en que recibió aquellas heridas. Serra le golpeaba las mejillas.

"¿Le conoces, Serra?" Preguntó Aioros. La chica asintió.

"Sí, es un buen amigo. Es Danju de Celano, Senescal de los Heraldos. Es el dueño de Revientatripas." Dijo Serra mientras activaba su cosmo y comenzaba a llamarle. "Mi señor Danju, ¡despertad! No es el momento de dormir, ¿Qué esperáis? Despertad, por favor…"

"Despertará, tenlo por seguro." Dijo Marín. "Parece peor de lo que en verdad es. Tiene que estar agotado."

"Eso es verdad… se quejó mientras lo subíamos." Acotó Aioria.

Serra recibió la imprevista ayuda de Aioros para reanimar al caído, quien al cabo de unos minutos comenzó a mostrar señales de que estaba reaccionando. Revientatripas gemía, llamando a su amo. Entonces frunció el ceño y abrió los ojos con dificultad.

"¿Danju de Celano?" Le llamó Serra. "¿Estáis despierto? Habladme o haced alguna señal."

"Hmpf…"

Los cuatro santos presentes rodearon a Danju, quien comenzaba a despertar, mirándole con curiosidad. El sujeto inspiró una buena cantidad de aire, la que retuvo y exhaló con pesadez. Repitió esto un par de veces más, hasta que por fin abrió los ojos. Marín tuvo la ligera impresión que el sujeto tuvo problemas para enfocar, dado que pestañeó varias veces.

"¿Danju?" Le llamó Serra. El aludido giró la cabeza en dirección de la chica. "¿Estáis lúcido?"

"¿Dama Sierra?" Danju sonrió al verla. "Que alegría veros con bien. Temíamos que no hubierais llegado a destino." Expresó con alegría y dificultad.

"Llegué mi señor, y como veis, regresé." Serra frunció el ceño. "¿Qué os ocurrió?"

Danju no contestó de inmediato, sino que posó su mirada en los santos de Athena, a quienes miró con curiosidad. Se incorporó con algo de ayuda, se llevó una mano a la sien y recuperó su aliento.

"¿Qué creéis que pasó? Gran Fuego nos atacó cuando recolectábamos hierbas curativas. ¿Puedes creerlo Serra? En esta quebrada quedaba un pequeño lugar que no fue alcanzado por las flamas, en donde crecía la hierba tles." Danju suspiró derrotado. "Ya no está." El Senescal de pronto reparó en lo santos. "¿Vosotros quienes sois?" Preguntó curioso.

"Somos santos de la Orden de Athena." Respondió Aioros. "Hemos venido con Serra a este mundo."

"Son buenos amigos míos, Danju." Explicó Serra, sujetando inconscientemente la capa de Aioros, que estaba a su lado. "Son guerreros del mundo al que fui enviada."

"¿Cómo es esto posible? Creí que el portal no funcionaría más."

"No tengo respuesta a tal duda, mi buen Danju. Tan sólo cruzamos."

"Quisiésemos o no." Añadió Aioria bufando. Danju sofocó una risa e intentó ponerse de pie, pero Marín se lo impidió.

"Primero trata de recuperarte." Le dijo Marín. Danju la miró extrañado, debido a la máscara. "Descansa."

En eso, en la lejanía, el cosmo de Gran Fuego se activó de nuevo. Todos se echaron a tierra, nuevamente por instinto, al tiempo que el batir de las inmensas alas de la criatura se agitaban en el aire y embestía nuevamente contra la ciudad, aún protegida por aquél campo de protección. Aioros esta vez se concentró: pudo detectar otros cosmos de batalla que se oponían a Gran Fuego, aunque se sentían más que exhaustos. El santo de Sagitario entrecerró los ojos. Una duda le asaltaba.

"Serra, ¿qué hay tan importante en Dion que Gran Fuego quiere obtener con tanta urgencia?" Preguntó en voz alta.

"El Palacio está construido sobre un pozo muy profundo, el cual se dice llega al corazón mismo de Siax. Hay cuatro torres que le custodian y señala su ubicación."

"Es además un lugar de una poderosa energía mística." Explicó Danju de pronto. "Esto es custodiado por nuestro Rex."

"Si Gran Fuego llega a colarse por allí, llegará directo al centro y absorberá toda la esencia de este mundo, secándolo de su energía y matando con esto cuánto ser vivo hay en la superficie." Concluyó Serra. "Es lo que pretende ese maldito engendro."

"Si lo logra, obtendrá una fuerza descomunalmente demencial." Danju apretó los dientes en señal de dolor. Nada podrá detenerlo, ni los mismos agujeros negros. Sembrará devastación, muerte y aniquilación por todo el universo."

Fue preciso que en ese momento se callaran y se hundieran en la tierra y en el silencio todo lo que pudieran. Tuvieron la sensación de que Gran Fuego de pronto había mirado en esa dirección y que ahora les escaneaba. Aguantaron la respiración.

"Mis queridos santos…" Escucharon de pronto la voz de Saori. "Están ocultos… los estoy ocultando con mi cosmos, esa cosa no los verá."

"¿Princesa Athena?" Susurró Shura poniéndose de pie.

"Traten de llegar cuanto antes a la ciudad." Repitió la voz juvenil de la diosa. "Se los encargo… Aioros, te dejo todo a tu buen juicio."

"Así se hará." Dijo Aioros, imitando a su compañero, obligando de paso a Serra. "Santos de Athena, andando. Ya escucharon a la diosa."

"¡No es seguro, nos puede ver!" Exclamó Serra.

"Nuestra diosa nos ha dado una ventaja." Dijo Aioria. "Hay que aprovecharla."

Shura ayudó a Danju a ponerse de pie, y junto al resto del grupo se pusieron en movimiento, ahora impulsados por la repentina ventaja que tenían. Algo inquietos, Serra y Danju se dejaron llevar por el ánimo de los guardianes de la diosa, aunque mientras avanzaban, se dejaron contagiar por este espíritu.

Gran Fuego, como hastiado, dejó de escanear en la dirección del grupo y volvió a embestir contra la ciudad. Su ataque debió durar algo así como media hora, antes que una poderosa energía lograse ponerlo a raya nuevamente. Los dragoncitos se transformaron a su tamaño familiar y ofrecieron sus lomos para llevar al grupo, que agradecidos aceptaron.

Mientras trotaban a paso veloz, Aioros insistió con sus preguntas, que de momento era varias.

"¿Esa cosa puede ser destruida?"

"Hasta ahora no es invulnerable, pero por alguna razón, si absorbe la esencia de Siax, alcanzará demasiado poder." Explicó Serra. "Desde hace milenios que intenta completar su objetivo en nuestro mundo. Vuelve cada quinientos años."

"¿Y qué hace en ese tiempo?" Preguntó Shura.

"Devasta otros mundos, ganando fuerza para poder romper la barrera de Auralis."

"Cosa que le ha sido imposible hasta ahora. Hemos logrado detenerle, pero ahora tiene mucho poder." Danju negó con la cabeza, con los dientes apretados, tratando de sofocar su malestar. "Nuestro Rex está extenuado… y no veo posibilidad de milagro." Aioros sonrió con optimismo relajo. Después de todo, este santo dorado es de los que ven un vaso medio lleno y no uno medio vacío.

"Tranquilo, amigo, guarda tu aliento y no desesperes." Le dijo a Danju con un alegre tono. "No hables como si ese infeliz ya hubiera ganado, que aún no ha logrado nada."

"Si absorbe la esencia de este mundo, entonces nosotros no tendremos oportunidad." Comentó Shura pensativo. "¡Ese malnacido tiene un cosmo asqueroso!" Gruñó mientras agitaba el puño en dirección de la bestia. "No sé ustedes, pero creo que deberíamos detenerle aquí." Dijo decidido.

"Si gana más poder, entonces ni uniendo fuerzas con Hades, Poseidón y con todo dios que tenga escolta podremos detenerlo." Opinó Aioria, tronándose los nudillos. "Opino lo mismo que Shura."

"Yo también. No sólo por nuestro mundo, sino por este y por los que Gran Fuego pueda destruir. Tenemos que detenerlo aquí y ahora."

"Hay que ir a la batalla." Marín resopló tan decidida como los demás. "Cuenten conmigo"

"¿Tú? Esa cosa te puede matar." No malinterpreten al pobrecito de Aioria. Sus dichos le salieron del alma, no debido a su ya enorme machismo, sino a otros motivos.

"¡A ti también te puede matar! Corres tanto riesgo como yo." Protestó Marín en forma enérgica.

"Eso no es lo mismo." Chistó el león. "¡Si Te Mueres, Yo Contigo!" Dijo bastante alterado.

"… ¿Tú crees que yo NO? Maldito seas, Aioria: Ya tuve suficiente sabiéndote muerto una vez. No lo voy a aguantar de nuevo. ¡YO VOY te guste o no!"

Serra y Danju oían sin dar crédito a sus oídos. Si bien Serra pudo haber sospechado que los santos iban a tomar esta determinación, no esperaba que fuera tan enérgica. Se sintió mal: Gran Fuego era un problema de su mundo, y no de la Tierra, por mucho que también amenazase dicho planeta. Era deber de Síax detenerlo… y aun así, estos no esperaban que Gran Fuego les atacara, sino que ellos mismos serían los primeros en dar el golpe a favor de los terrícolas.

"¡Vaya que has encontrado buenos aliados, Doncella Serra!" Exclamó Danju agradecido. "Encima son suicidas. De los peores enemigos que Gran Fuego se pudo haber granjeado."

"Eso es lo divertido." Sonrió Marín, claro que por la máscara no se le notó.

"No creo haber escuchado vuestros nombres." Comentó Danju. Serra se puso como tomate.

"¡Que cabeza tengo! Olvidé presentarles. ¡Qué grosera soy!" Se lamentó. Aioros le dio una palmadita en la espalda.

"Tranquila, muñeca." El santo se dirigió a Danju. "Soy Aioros de Sagitario, él es mi hermano menor, Aioria de Leo, y él es Shura de Capricornio. Los tres somos santos dorados. Ella es la amazona Marín de Águila, una santa de plata. Los cuatro estamos al servicio de la diosa Palas Athena Parthenos."

"Es un honor." Sonrió Danju, para quien no pasó desapercibido el hecho que Aioros miraba a Serra con mucha ternura. Sonrió cómplice del hecho y no dijo nada.


Santuario de Athena.

Milo y Alisa llegaron corriendo al Salón principal, en cuánto escucharon las nuevas noticias. Habían dejado a Kyrus al cuidado de June y Shun en forma excepcional. Los santos de bronce también habían sido convocados al Santuario y desde el día anterior estaban causando desmanes, digo dándose vueltas. Las puertas estaban cerradas y los demás santos dorados esperaban impacientes ante las mismas. Solo los miembros de la elite (y sus esposas) habían sido admitidos en esta ocasión tan excepcional. La pareja se acercó a Aldebarán.

"Alde, ¿sabes qué pasa?" Preguntó Milo curioso.

"¿Quién falta? No los veo a todos." Comentó Alisa. "No veo a Aioros, ni a Shura ni a Aioria."

"La princesa Athena está meditando hace dos horas." Aclaró Aldebarán preocupado. "Parece que fue una meditación inducida, no sabemos."

Entonces se abrieron las puertas. Shion salió apareció ante los dorados y los hizo pasar. Esta vez, los dorados entraron según el orden protocolar y se arrodillaron ante la diosa. Se sorprendieron de verla luciendo la égida, su casco sobre la cabeza, el escudo en una mano y Niké en la otra, y encima luciendo su juvenil sonrisa (y pesar por estar vestida de este modo)… nunca sacaba este atuendo.

"Muy bien chicos. ¡Adivinen!"

"AHEM." Carraspeó Shion, molesto que la chiquilla se saliera del protocolo. Esto causó gracia entre los santos.

"No me molestes, Shion." Saori frunció el ceño y volvió a sonreírles. "Muy bien, chicos. LES TENGO NOTICIAS." Insistió sólo para hacer rabiar al Patriarca, quien pareció contar hasta diez. "Sorpresivamente, Serra, Aioros, Aioria, Shura y Marín viajaron al Mundo de Síax." La sorpresa fue general. "Ellos están bien. Han decidido enfrentarse a Gran Fuego… y cuentan con mi bendición."

"¿Qué?" Máscara sonaba molesto. "¿NO AVISAN? Yo También Quiero Darle De Patadas A ESA COSA." Protestó enérgico. Algunos carraspearon para no reír.

"¿Qué tenemos que hacer ahora?" Preguntó Dohko calmado.

"Ver que la defensa esté a punto." Dijo Shion. "Tomar todas las medidas que se consideren convenientes, todos saben a lo que nos referimos."

"Y darle ánimos a nuestros compañeros." Concluyó Saori. Silencio general. Saga entonces sacó la voz.

"Muy bien, santos, tenemos trabajo."

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: El Sitio de Dion y los Senescales

En eso se oyó un estruendo: gritos que subían en intensidad se acercaban por el corredor. Saori asomó la cabeza desde atrás de una caja curiosa al tiempo que las chicas estiraban el cuello hacia la puerta. Kanon entonces entró arrastrando a Isabella.

"¿Cómo Te Atreves, Grandísimo Tarado? No Soy Tu Muñeca, Suéltame O Seguiré Gritando."Isabella no se veía nada feliz "Dame Al Menos Una Buena Razón Para…"


PS: Por cierto, no en balde Aioros se refiere a Saori como Pallas Athena Parthenos, ya que el apelativo de Pallas refiere a la diosa en actitud de batalla. Me quedó más largo de lo que esperaba, pero dudo que eso les moleste… a menos que me haya quedado horrible de mal escrito… y ya que yo misma he sembrado semillas en duda en mi cabeza, no me queda otra que decirles que los espero en dos días más, en el mismo canal y a la misma hora… perdón… en la misma web y en el mismo servidor, para una nueva entrega de este monstruo tan extraño salido de mi cabeza. Ya que están de paso… ¡GRACIAS POR LEER!