¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Les ruego que se den una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Kala–neechan por reírse de mis locuras y a Yukime–chan por leer mis barrabasadas.
Un especial agradecimiento a Ekléctica, quien se dio el enorme trabajo de corregir el fic.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Principio 76 para ver y entender Manga: Por lo general, el destino del planeta reside en las manos del aparentemente normal y enclenque estudiante de secundaria… o miko sin entrenamiento.
Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 14: El Sitio de Dion y los Senescales
Santuario de Athena.
Podría decirse que Alisa estaba bastante optimista. Había sido llevada a un refugio debajo del Templo Principal, a organizarlo todo allí, en caso que fuera necesario que este lugar fuera ocupado producto de un sitio. Saori estaba allí, lo mismo que Alsacia, Seiya, Hyoga y por supuesto Kyrus, que como el bebé que era, estaba en su cochecito y jugaba con un sonajero.
Las chicas estaban dentro de una gran despensa, pasando una improvisada lista a las provisiones que había allí. Mientras Alsacia revisaba el estado de los botiquines, algunos equipos como radios, mantas, etc., Alisa se encargaba de revisar los alimentos y el agua. Saori se encargaba de ayudarlas aleatoriamente.
En teoría, Seiya y Hyoga también deberían haber estado contando cosas, pero se mantenían ocupados en otros asuntos… los cuáles consistían en jugar con Kyrus, quien no paraba de reír debido a las caras que ambos santos de bronce le ponían.
"Creo que eso es todo." Suspiró Alisa, dejando su lista a un costado. "Confieso que no sabía que hubiera un centro de emergencia aquí debajo. No es mucho lo que tenemos que reponer, al menos en cuanto a comida."
"Este sitio es muy nuevo. MUY nuevo." Reconoció Saori. "Shion lo mandó a construir inmediatamente después que fue regresado a la vida: si lo usamos, ésta será la primera vez."
"Ya veo." Asintió Alisa con la cabeza. La chica suspiró de alivio: ¡Qué Bueno Que No Había Sido Testigo De Esa Batalla!
"Este lugar está bien provisto debo añadir. Fue toda una sorpresa." Apoyó Alsacia, quien estaba por terminar. "De lo que he revisado yo, nada presenta problemas. Ahora, ¿Qué más nos falta?"
En eso se oyó un estruendo: gritos que subían en intensidad se acercaban por el corredor. Saori asomó la cabeza desde atrás de una caja curiosa al tiempo que las chicas estiraban el cuello hacia la puerta. Kanon entonces entró arrastrando a Isabella, la cuál era obvio había sido sacada de su casa a la fuerza.
"¿Cómo Te Atreves, Grandísimo Tarado? No Soy Tu Muñeca, Suéltame O Seguiré Gritando." Isabella no se veía nada feliz "Dame Al Menos Una Buena Razón Para…" Kanon la silenció con un beso.
"¿Quieres Callarte? No Te Habría Traído Si No Fuera Urgente." Este santo de géminis suavizó el rostro. "En serio prefiero que te quedes aquí." Isabella le miró embobada.
"Dame Entonces Una Buena Razón Para Que Me Quede." Insistió Isabella, ya más calmada. Kanon intercambió una rápida mirada con Saori.
"Puede que pase algo muy grave y prefiero que estés aquí." Afirmó Kanon. "De momento éste es el lugar más seguro." Explicó escuetamente.
"¿Qué TAN Grave puede ser como para sacarme de mi casa a esta hora?" Insistió Isabella, de brazos cruzados y no de mejor humor. Su chico no supo qué responder.
"¿Viste Impacto Profundo?" Preguntó entonces Alsacia. Isabella le miró curiosa y asintió con cuidado. "Algo por el estilo puede que ocurra."
Isabella alzó ambas cejas aún algo incrédula. Recorrió con su mirada el lugar y volvió a fijar sus ojos en Kanon, quien la miraba con una expresión que parecía decirle que por favor no le pusiera más problemas, ya que lo que hacía, lo hacía por su bienestar. Entonces, pensativa, y por no más de cinco segundos, la chica volvió a emitir comentario.
"¿Tiene que ver con lo que le pasó al mundo de Serra?" Preguntó. Kanon insistió levemente. Isabella tomó aire y señaló sus pies descalzos. "¿Me dejas al menos ir a buscar algo de ropa? No alcancé ni a ponerme pantuflas." Kanon sonrió y la abrazó de gusto.
"¡Claro que sí!"
"¡Ya suelta, que no es para tanto!" Exclamó Isa mientras se liberaba de tal expresión de cariño. Entonces el santo de géminis abrió un portal a otra dimensión, y junto con su chica, desaparecieron en el mismo.
Los demás se quedaron viendo esto como si fuera la cosa más normal del mundo. Alisa sofocó una risita: seguramente se debió haber visto igual con Milo al principio. Alsacia regresó a su lista, y Saori se puso de pie. Kyrus estiró una de sus manitas hacia su mamá, gimiendo para llamar su atención. En menos de un minuto, Alisa estaba agachada junto a su cochecito.
"Gente, voy a ver como les va a Aioros y a los demás." Anunció de pronto Athena. "Me tienen preocupada y no quiero dejarlos mucho rato solos."
"Ten cuidado, Saori." Le pidió Alisa. "Dale mis ánimos a los chicos, por favor." Athena sonrió y salió del refugio. Seiya suspiró y se llevó los brazos detrás de la cabeza.
"Espero que mi Maestra y los demás estén bien." Suspiró expectante. "Asumo que esa chica era Isabella, ¿no?" Preguntó de pronto Seiya.
"Sí. Ella es la misma." Respondió Alisa.
"¡Cómo Pelean Esos Dos!" Comentó Hyoga tras un silbido. "Se ve simpática."
"NO TIENEN PRIMICIA: ¡Milo Y Alisa Se Pelean Más Fuerte!" Gritó Alsacia con travesura, para luego echarse a reír. Alisa se sonrojó ligeramente y tomó a su bebé en brazos.
"Tengo que cambiar a Kyrus. En seguida regreso." Dijo momentos antes de desaparecer tras la puerta.
Reino de Auralis.
Gracias a la protección de la diosa, el grupo pudo avanzar más rápido. Serra comenzó a volar por delante, extendiendo su capa en el aire bastantes metros, lo cuál no dejaba ver bien su silueta. Detrás de ella, los dragones la seguían de cerca, montados por Marín y Danju. Los dorados ya estaban ante los muros de la ciudad, esperando el arribo de sus compañeros: le velocidad de la luz puede ser a veces un gran aliado.
Gran Fuego comenzó un nuevo ataque, apenas dándole tiempo a la ciudad de recuperarse del anterior. Allí, donde estaban esperando, parecían estar a resguardo, pero era cuestión de tiempo para que el daño también les alcanzase. Aioria tenía su vista fija en los muros. Entre los rugidos y el pútrido cosmo de Gran Fuego, podía distinguir cuatro cosmos de batalla que le hacían frente… que por cierto estaban al mismo límite de sus fuerzas. El León ya estaba ansioso por entrar en batalla. Shura y Aioros parecían sentir lo mismo, aunque el santo de Capricornio era el que más quería repartir golpes. Sagitario se mantenía calmado en apariencia.
Serra entonces aterrizó con delicadeza en el suelo, despidiendo una cálida luz azul pastel al mismo tiempo. Su capa se redujo a un tamaño normal. Al verla, Aioros dio un paso hacia delante y le tomó las manos. Ambos se sonrieron (como imbéciles, sí, pero no voy a entrar en esos detalles), y se quedaron así por mientras Flopsi y Revientatripas aterrizaban.
"No sabía que mi señor Aioros podía viajar a la velocidad luz. Creí que no había mortal que pudiese hacerlo." Comentó Serra al cabo de unos minutos de intensa mirada. "Debéis enseñarme algún día." Añadió muy coqueta.
"Cuando quieras te enseño, Serra." Aioros hizo una simpática reverencia. "Será todo un honor para mi."
"¡Cuánta melaza!" Exclamó Shura entre dientes, contento por su amigo. "¡ASÍ ME GUSTA, COMPADRE!" Añadió con voz potente.
Danju bajó de Revientatripas con algo de dificultad. Aún sentía molestias debido a la paliza recibida. Se acercó a la pareja y puso una mano sobre el hombro de Serra, rompiendo el encanto.
"Veo que vuestro corazón está siendo ganado, mi querida Serra." Dijo amistosamente. La chica se encendió como pimiento y le dio la espalda a Aioros, para ponerse a jugar con sus dedos. Danju sonrió y luego se quedó mirando a Aioros con fijeza.
"Hey… sé apreciar un tesoro cuando lo veo." Le dijo el santo de sagitario con naturalidad y rapidez. Serra se puso aún más roja y decidió alejarse de allí.
"Si quieres cortejar a nuestra Senescal de Tradición, tendrás que pasarnos por encima a todos." Le dijo Danju mientras le daba un gran golpe en la espalda. "No parecéis mal tipo."
"Es el mejor tipo de todos, y no lo digo porque sea mi hermano." Rió Aioria. Shura se cruzó de brazos.
"Jejeje. Aioros no pierde el tiempo." Comentó Marín al bajarse de Flopsi. La amazona había rechazado la ayuda de Aioria. "Mejor dejen eso para después, que tenemos otras cosas que hacer."
"Por ejemplo…" Comenzó Shura. "¿Cómo entramos a la ciudad?"
Ambos senescales asintieron con gravedad y se acercaron hacia la muralla. Serra y Danju pusieron sus manos en la pared y parecieron buscar algo por varios minutos, hasta que por fin Serra dio con algún extraño mecanismo, que al ser activado, abrió como por arte de magia, un boquete en la pared, lo bastante grande como para que pasara una persona. Flopsi y Revientatripas se transformaron a su versión de bolsillo y tras atravesar el boquete, volvieron a su forma dragón.
"Entrad. Serra y yo debemos ser los últimos en cruzar." Explicó Danju brevemente. Uno a uno, los santos atravesaron la pared y se introdujeron en la ciudad. Luego entró Serra y por último Danju.
"Con que esto es Dion." Comentó Aioria sorprendido.
La ciudad de Dion era increíble. Los santos tuvieron la impresión de haber entrado a la Roma Imperial, en su época de mayor gloria, aunque bueno, ahora estaba sufriendo un sitio tenaz y cruel: así se debió haber visto Roma durante su famoso incendio provocado por Nerón o cuando sufrió el saqueo por parte de los visigodos. Incluso una comparación con Pompeya durante la erupción del Vesubio parecía válida. La estética de la ciudad explicaba entonces el diseño de las armaduras de los Senescales. ¿Acaso Auralis había tenido algún contacto con los antiguos romanos o viceversa? Porque había semejanzas demasiado evidentes: el idioma, las construcciones, costumbres, ciertos aspectos de la mentalidad…
La ciudad entera se sacudió hasta sus mismos cimientos cuando tras un furioso rugido, Gran Fuego sacudió las alas y se posó sobre el campo de protección, para intentar derribarlo a toda costa, arañándolo con sus garras, golpeándole con sus alas e intentando morderlo. Sin embargo el escudo de la ciudad resistió, pese a los ríos de lava vomitados por la criatura y al cruel castigo de las afiladas garras de la misma.
Uno de los cosmos que se enfrentaba a Gran Fuego descendió peligrosamente en intensidad, mientras los otros tres cobraban nuevos bríos. Sin intercambiar palabra, los senescales y los santos corrieron en dirección de la batalla. Serra empuñó las manos y corría a todo lo que le daban los pies. Toda su concentración estaba puesta en el inminente combate. Entonces Aioros llegó a su lado, corriendo, y tomó su mano por unos momentos.
"No te olvides de cuidar tu espalda." Le pidió preocupado. Serra asintió con una leve sonrisa. ¿Qué tenía el rostro de Aioros que la ayudaba a olvidar todo lo que la rodeaba?
"Por mí no os preocupéis. Preocupaos por vuestra retaguardia, que yo haré lo mismo."
Aioria apretó los dientes al ver este breve intercambio entre su hermano y Serra. Miró de reojo a Marín, quien corría a su misma altura, pero no junto a él. La amazona tenía la mirada fija hacia delante y no se había dignado a verle a la cara desde que le diera ese bofetón. ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil para él? Lo único que quería era estar junto a su águila, no que esta lo echara de su vida tal como lo había hecho. ¡Por favor! Lo único que pedía era que no le ocurriera nada.
Gran Fuego fue repelido por algunos segundos, pero un certero coletazo volvió a sacudir la ciudad, esta vez con más fuerza, botando a todo el mundo por los suelos. Restos de la mampostería de los edificios cercanos cayó estrepitosamente producto de la gravedad, hubo ventanas que se reventaron y las fluctuaciones de los cosmos de batalla se hizo muy errática. La batalla se detuvo.
"¡Ya Está! Que Dejo a Ese Malnacío' Sin Cola." Gruñó Shura al ponerse de pie, con el puño apretado y una vena en su frente. Los demás se pusieron de pie, con mucha cautela, Danju fue ayudado por su dragón. "JO, ¿Es Que No Llegamos Nunca?"
"Dion es una ciudad muy vasta." Explicó Serra.
"Si no me lo dices, no alcanzo a darme cuenta." Se burló Aioria. Serra lo miró extrañada, pero el león le devolvió un amistoso guiño. "Es una broma, cuñadita." Aioros, quien lucía una bonita vena palpitante en su frete, le propinó un fuerte coscorrón, aunque nunca se supo si fue por la broma o por el hecho que llamara a Serra 'cuñadita'. "Jejeje, No te sulfures, hermanito."
"Feh." Aioros se cruzó de brazos y se dirigió a Danju. "Desde que entramos a la ciudad, no he visto a nadie. Creí que la ciudad estaría atestada de civiles."
"Lo estaba, pero les evacuamos hace dos días." Comentó Danju. "Les llevamos al otro extremo del reino por motivos de seguridad."
Entonces el ataque se reinició. Gran Fuego profirió unos gritos estridentes y ensordecedores antes de lanzar bolas de fuego y de energía consecutivas, que amenazaron con destruir el campo. Se abalanzó sobre la ciudad, y nuevamente comenzó a ser repelido.
"El Palacio ya está a nuestro alcance." Afirmó Serra, quien señalaba un edificio grande y majestuoso, en cuyo centro se elevaban cuatro obeliscos altísimos, que aunque ellos no lo veían desde esa distancia, estaban rodeados en su base por telas, obstaculizando la visión del pozo. "Allí está lo que debemos defender." El grupo reinició la carrera, esta vez con más rapidez, dado que ahora sí sabían donde ir.
Lugar de la batalla.
Había un caos horrendo. El campo de protección estaba por sucumbir. Gran Fuego debía saber esto, pues con más insistencia que nunca, arremetía cada vez con más violencia. Los senescales estaban extenuados y en el límite de sus fuerzas, pero no se daban por vencidos y no lo harían nunca. Algunos escuderos observaban nerviosos y prestos a atacar si la situación lo demandaba, pero tan sólo los senescales eran capaces de enfrentarse a Gran Fuego sin perder la cordura.
Y tan sólo quedaban tres de ellos en batalla.
Había perdido la noción de cuánto tiempo llevaba derribado. Si no hubiera sido por la intervención del Campo, seguramente habría muerto. Sentía el brazo derecho muy frío y un dolor horrendo en su sien derecha. Pestañeó… sangre. Lo primero que vio fue sangre y al intentar moverse tuvo la desagradable sensación de que sus tripas eran vaciadas fuera de su cuerpo, lo que afortunadamente fue no más una sensación bastante poco feliz.
"¡Mi señor! Por favor, no os mováis." Suplicó una vocecilla junto a él, mientras sentía unas delicadas manos reteniéndole. El senescal pestañeó varias veces antes de poder enfocar a su escudera, Nili, quien no tenía más de catorce años.
"A–apartaos pe–queña Nili, Tengo qué…"
"¡MORID DE UNA MALDITA VEZ!"
Rugió Gran Fuego golpeando el campo con sus puños. Dos senescales cayeron a tierra, estrellándose contra paredes y las baldosas. El Campo entero se sacudió y para horror de quienes presenciaban, colapsó en parte, permitiéndole a la criatura meter la cabeza. Rápidamente los guerreros caídos se incorporaron e invocaron sus propias técnicas de batalla, dándole con furia a Gran Fuego en los ojos. Sin embargo, esto enfureció aún más a la criatura, quien de un solo puñetazo, destrozó otro sector del campo y de un manotazo derribó a los senescales que habían sido heridos, lanzándolos con violencia contra uno de los obeliscos. Nili, la escudera, observó con horror como su señor la hacía a un lado y se ponía de pie, disponiéndose a entrar en batalla.
"¡Estáis herido, mi señor, por favor no!"
"¡Os Dije Que Os…!" Comenzó a insistir el senescal, pero…
"¡COLMILLO DE LEÓN!"
"¡EXCÁLIBUR!"
"¡METEORO!"
"¡GOLPE ATÓMICO!"
Cinco siluetas pasaron corriendo a su lado, y sin perder más tiempo, descargaron poderosas técnicas de batalla contra Gran Fuego, haciéndole retroceder debido a la sorpresa, logrando expulsarle del derribado campo. La criatura aulló de dolor, ya que se vio de pronto herida cuando no lo esperaba. Ya más furiosa no podía estar, y aunque enceguecida temporalmente, atacó a lo tonto, embistiendo contra el campo de protección. Los escuderos y senescales, que no salían de su estupor, aguantaron la respiración al ver esto. Los recién llegados asumieron posición de batalla.
Gran Fuego chocó aparatosamente con un campo de protección renovado y fortalecido.
"¿QUÉ TRUCO ES ESTE?" Rugió furioso, mientras le daba puñetazos al campo.
"¡Nananánanána!" Se burló la vocecilla de Saori en el aire. "¡Se te acabó el cuarto de hora! La ciudad está bajo mi protección." Hasta que Athena por fin sirve de algo. El campo de protección se fortaleció con el cosmo de la diosa al tomar ésta control del mismo.
Los senescales apenas podían creer lo que veían, pero no tuvieron tiempo de preguntar. Gran Fuego volvió a la carga, pero esta vez fue atacado no por tres sino por más guerreros. Danju, apretando los dientes y haciendo caso omiso de su dolor, también entró en batalla. Nili sujetó a su señor de un brazo y usando su propio cuerpo como contrapeso, intentó detenerle.
"¡Estáis Herido! Seréis un estorbo, por favor, señor, ¡Recostaos!" Suplicó con un nudo e la garganta.
"No Puedo Q–Quedarme quie…" Serra y Aioros aparecieron de la nada y le obligaron a sentarse en el suelo. Ambos inspeccionaron las graves heridas del Senescal y cada uno contribuyó a aliviarle como mejor podía.
"¡Qué Obcecado Sois, Galieno! Calmaos y hacedle caso a Nili, que está muy preocupada por vos." Gruñó Serra, mientras sujetaba el rostro herido de su compañero. La chica entonces esbozó una amable sonrisa. Galieno aguantó la respiración.
"¿Serra? Os dábamos por muerta. Creímos que no habíais podido cruzar." Con su brazo bueno, Galieno le puso la mano en la mejilla de la chica, en señal de compañerismo. Se veía genuinamente alegre de verla. "Ese ataque os dio de lleno."
"Tuvo una aparatosa llegada al Santuario." Explicó Aioros, mientras aseguraba uno de los vendajes que Nili ya había puesto.
"Ya sabéis que hierba mala nunca muere."
El senescal herido, de la sorpresa que se llevó, casi se incorpora de lleno. Serra le sonrió con dulzura, a él y a Nili, que la miraba con los ojos abiertos como platos. Aioros le impuso las manos, curando en parte las heridas de Galieno: no era un experto y estaba muy oxidado curando heridas, pero algo es algo, peor es nada. Al menos detuvo la hemorragia y alivió el dolor. Ya luego Aioria curaría los huesos. El senescal herido no sabía qué hacer y creyó estar alucinando cuando la fuerza regresó a él.
"¿Qué significa esto Serra? No entiendo, ¿Cómo…?" Galieno entonces se fijó en Aioros, extrañado. "¿Quién sois vos?" Le preguntó. "¿Qué es esa armadura que usáis?"
"Es la armadura de Sagitario. Cálmate, que aún estás herido." Afirmó Aioros con amable seriedad. "De momento no te mueres, pero no soy responsable si reabres tus heridas." Nili le sujetó del brazo.
"¡¿Qué le hacéis a mi señor?!" Demandó saber con angustia.
"¡Pax, Nili! él es Aioros de Sagitario, un fiel amigo mío. Ha venido conmigo desde el mundo al que fui enviada." Explicó Serra, antes de volverse hacia el santo de Sagitario. "Mi señor Aioros, os presento a Galieno de Meronoh, Senescal del Honor, y a Nili de Rimbaut, su escudera."
"¿Qué es lo que está pasando?"
Galieno quiso incorporarse, pero Serra y Nili se lo impidieron. Por momentos había olvidado el fragor de la batalla, y tan sólo quería respuestas a sus preguntas. Le parecía casi un milagro que Serra hubiera regresado, presentándose a la batalla con aliados. Pero su sorpresa apenas comenzaba. Gran Fuego seguía con un fiero ataque, aunque ahora se sentía desconcertado. La ciudad, el campo de protección y sus compañeros seguían aguantando el duro castigo. Serra y Aioros intercambiaron una mirada y sin decir nada, apenas asintiendo con las cabezas, ambos corrieron al encuentro de Gran Fuego.
"¡ÁGUILA DE FUEGO!"
"¡CÁPSULA DE PODER!"
"¡¿Pero qué…?!" Galieno no daba crédito a sus ojos. ¡Los Guerreros que Habían venido con Serra Eran Tan Fuertes como Ellos! Y encima estaban descansados. Esto le llenó de nuevos bríos e intentó ponerse de pie, pero su escudera se lo impidió.
"¡EXCALIBUR!"
"¡GOLPE ATÓMICO!"
"¡MISIL MÁGICO!" Exclamó Serra, conjurando por primera vez en mucho tiempo una de sus más poderosas técnicas.
La batalla se desarrollaba feroz y Gran Fuego ya se había recuperado de la sorpresa inicial, no sin antes recibir un buen par de trancazos. Marín atacaba con agilidad y no perdía ni un minuto u oportunidad para darle su merecido, lo que tenía a cierto león como gato de espaldas. Gran Fuego atacó en los nuevos frentes que le eran impuestos. Cosa curiosa, la criatura parecía atacar a todos en forma individual al mismo tiempo. Los santos de Athena y Serra llevaban ventaja: estaban frescos como lechuga.
"¡Cucarachas! ¿Os atrevéis a intervenir?" Se escuchó una voz gutural al tiempo que Gran Fuego ponía sus alas en posición de ataque. "¡NO FASTIDIEN!"
"¡NO! TÚ deja de FASTIDIAR." Se escuchó la taimada y enrabietada voz de Saori.
Si bien los demás senescales no sabían quienes eran los extraños, no les importaba y agradecían la ayuda con un alivio infinito. Aunque ellos mismos tenían un nivel muy similar al de los santos dorados, tenían varios días de lucha en el cuerpo y eso ya comenzaba a afectarles. Sin embargo había sacado nuevas fuerzas de la nada a la llegada de los santos.
Gran Fuego encendió su asqueroso cosmo e intentó sofocar en varias ocasiones a los santos, tal como lo había hecho con Shion una vez, pero pronto dejó esa táctica, pues los santos estaban protegidos tanto por el campo de protección como por Athena, cuyas porras podían oír en sus corazones, quien estaba muy celosa de sus guardianes. Shura ya había provocado varios cortes en el espinazo de Gran Fuego, y comenzaba a perder la paciencia, dado que la criatura se sanaba rápido. Las técnicas de batalla de Serra no eran menores, y estaban dirigidas a su cabeza. Aioros había logrado fracturarle una pata. Marín y Aioria también habían hecho su parte, causando cantidad de moretones y hemorragias internas.
"¡METEORO!"
Aioria estaba como loco. Cuando Marín se lo proponía, podía sacarlo de quicio y esta vez no era la excepción. El León la seguía de cerca, atacando casi al mismo tiempo. Quizás era producto de su aprehensión, pero veía que con cada ataque y contraataque de Marín, esta pronto quedaría sepultada bajo el inmenso poder de Gran Fuego. Él era un santo dorado, podría aguantar una embestida de la criatura, pero Marín no lo era y no estaba tan seguro de si podría o no soportar un ataque.
"¡RELÁMPAGO DE VOLTAJE!" Aioria encendió su cosmos y lanzó su ataque, enfurecido, ya que Marín había cayó al suelo luego de que le asestaran un golpe con el revés de una de las alas de la criatura.
El santo de Leo corrió hacia su chica, pero Marín, sin hacerse de rogar, se levantó y corrió hacia la criatura, decidida a hacerle pagar. Aioria se enfureció consigo mismo: o estaba subestimando a Marín o él era demasiado aprehensivo. De cualquier manera…
"¡MARÍN, SAL DEL CAMPO DE BATALLA, ES UNA ORDEN!" Le gritó Aioria con fuerza y autoridad. Le desesperaba ver a Marín en aquella batalla y lo único que quería era verla fuera de la misma. Gran Fuego tenía un poder que podría aplastarla de un momento a otro.
"¡ME SACAS MUERTA! NO ME SALGO."
"¿TE ESTÁS INSUBORDINANDO?"
"¡SÍ!"
"¡YA CÁLLENSE LOS DOS Y SIGAN ATACANDO!" Le regañó Shura tras cortar la punta de la cola de Gran Fuego. "¡DEJEN ESO PARA DESPUÉS!"
"Esto no ha terminado." Se burló Gran Fuego de pronto. "Todos moriréis entre mis patas."
La criatura pareció retirarse, pero tan solo tomó distancia. Los senescales, rápidamente se reagruparon ante las telas que había en la base de los obeliscos. Los santos hicieron lo mismo y esperaron con nerviosismo. Entonces infló el buche y escupió una generosa bocanada de lava, que fue repelida por el campo de protección.
En el momento que los senescales y santos se disponían a atacar de nuevo, una suerte de corriente eléctrica subió por los obeliscos hasta reunirse en un mismo punto en el aire, al centro de las cuatro columnas, para disparar un poderoso rayo hacia el pecho de Gran Fuego… el cuál fue repelido algunos cientos de kilómetros, mas no destruido.
La ciudad se cubrió en un tenso silencio, en el cuál todos se miraron las caras. Un senescal colapsó bajo sus rodillas, pero se puso de pie enseguida. Aioros, quien estaba junto a Serra, la miró con curiosidad. Ambos estaban cubiertos de raspones y heridas menores, sudados y sucios por la batalla, pero al igual que los demás santos, en mejores condiciones.
"Serra, ¿Qué fue eso?"
"Fue mi señor, el Rex Wamba." Explicó Serra en un susurró. "Fue un ataque de mi señor…"
"¿Acaso le destruyó?" Preguntó de nuevo. Ahora que se había enfrentado a Gran Fuego, Aioros sabía que derrotarlo no sería un paseo por el bosque. Serra negó con la cabeza.
"Nos compró una hora quizás, no lo sé." La chica inhaló y exhaló. Se llevó una mano a la frente para limpiarse algo de hollín y sudor. "Nos ha dado un respiro."
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Ex Cordis
"Disculpad, no sabía que estabais cortejando a esta bellísima doncella." Se disculpó el senescal, ante la intervención de Aioria. Aunque Marín se sentía halagada por el interés que el León había demostrado en intervenir, no pudo evitar sentirse algo molesta, y así lo hizo saber.
"Aioria de Leo NO me está cortejando." Afirmó cruzándose de brazos.
"AIORIA DE LEO SÍ está cortejando a Marín de Águila."
PS: Este capítulo me quedó un poquitín largo, así que espero que no se molesten (la inspiración me golpeó con fuerza cuando lo estaba corrigiendo y creció sin que me diera cuenta). Respecto de las habilidades curativas de Aioros, no más las estoy infiriendo. Se supone que Aioria fue entrenado por su hermano, antes que este muriese en la desafortunada manera en que lo hizo. Entonces, a menos que alguien más le haya enseñado a curar huesos o que él mismo haya aprendido solo esta habilidad, Aioria debió aprender de su hermano. Si se están preguntando… Gran Fuego no puede atravesar el campo de protección, sin embargo, los santos y senescales sí pueden: cada vez que estos reciben un golpe de la criatura, es porque salieron a propósito de la protección del campo para golpear mejor al bicho éste. ¡GRACIAS POR LEER!
Una pequeña traducción del latín:
Pax:Paz.
