¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Les ruego que se den una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Kala–neechan por reírse de mis locuras y a Yukime–chan por leer mis barrabasadas.

Un especial agradecimiento a Ekléctica, quien se dio el enorme trabajo de corregir el fic.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Principio 93 para ver y entender Manga: Todos los directores de las secundarias japonesas están locos.

Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 16: La Despedida

Reino de Auralis.

"¡ROOOOOOOOOOAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRRR!"

El rugido de Gran Fuego resonó por toda la atmósfera del planeta. Shura, tras lanzar un par de técnicas y esquivar el contraataque de la criatura, se detuvo por una fracción de segundo. Aioros y Serra por fin entraban a la batalla.

La pareja, tomada de la mano, salió corriendo y ni bien tuvieron a Gran Fuego en la mira decidieron atacar. Sin intercambiar palabras o ponerse de acuerdo, en una simbiosis bastante armónica, Aioros, aprovechando que tenía a Serra sujeta de la mano, la lanzó hacia delante con energía. La chica, tomando ventaja del impulso, estiró sus brazos hacia delante y tras acumular cosmo, atacó con fuerza.

"¡MISIL MÁGICO!"

"¡GOLPE ATÓMICO!" Al mismo tiempo que Serra lanzó su poderoso ataque, Aioros la secundó atacando con sus propias técnicas.

El impacto fue poderoso. Gran Fuego perdió el equilibrio de donde estaba y cayó a tierra con gran estrépito. Todos aprovecharon para lanzarles sus propias técnicas, lo cuál produjo un caótico desorden y levantó mucho polvo.

Entonces el silencio. La nube de polvo no dejó ver ni oír nada. Bajo ella, Gran Fuego parecía inerte. Los senescales, que tenían la habilidad de volar, se acercaron con cautela y sobrevolaron el área con cautela. Los santos permanecieron atentos. Nada… casi podían oír sus propios latidos. Serra aterrizó junto a Aioros y le tomó el brazo.

"Todavía no muere." Afirmó Aioros, con los dientes apretados. Serra asintió.

"Jejejeje…" La risa sonó irónica y maliciosa. Dos puntos rojos, que brillaban con intensidad, se dejaron ver entre la nube de polvo y tierra que se había levantado. Los senescales volvieron inmediatamente a tierra y asumieron una posición defensiva. "¿ESE fue su mejor golpe? No me hizo ni cosquillas."

Para horror de los guerreros allí reunidos, el cosmo de Gran Fuego se encendió mucho más poderoso, putrefacto y maléfico que antes. Entonces, la tierra bajo sus pies se sacudió con violencia y esta nauseabunda esencia llenó el ambiente, como si fuera una onda expansiva, que los botó a todos por tierra.

"¡Aaaaayy!" Se quejó Saori, cuyo cosmo pareció oscilar brevemente, hasta que se desvaneció. Athena se había desmayado, con lo cuál, el escudo desapareció. El ataque había sido así de potente. Sentir el estrés de su diosa fue demasiado para Shura, quien se puso de pie en cosa de segundos.

"¡MALNACÍO' HIJO DE…!"

"¡ROOOOOOOOOOOOOAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRRRR!"

Por entre la nube de polvo, más terrorífico que antes, la más horrible visión de todas apareció en toda su malignidad. Gran Fuego parecía haber aumentado su fuerza y tamaño de la nada. Extendió las alas, que parecían cubrirlo todo y asumiendo una posición de ataque, embistió contra la ciudad. ¿Acaso creen que eso arredró a Shura?

El santo de Capricornio se tronó los nudillos y corrió en dirección de Gran Fuego, haciendo caso omiso a los gritos que le pedían que no lo hiciera. La criatura alzó la cabeza y atacó al santo, pero este le esquivó en el momento en que cerraría sus fauces sobre él, dando un elevado brinco en el aire… y dado que tenía una bonita vista del espinazo de este monstruo…

"¡EXCÁLIBUR!"

La técnica de Excálibur avanzó rápida y graciosa, causando serias heridas por todo el lomo de Gran Fuego, hasta cercenarle el ala derecha, que se pulverizó en infinidad de partículas. Shura aterrizó con elegancia, pero no se quedó quieto, sino que tuvo que correr para ponerse a salvo, dado que la amputación recién efectuada debió dolerle bastante a la terrible criatura, dado que aullada de dolor y se revolcaba en el suelo. Golpes, patadas, técnicas, todo se dejó caer sobre la criatura en ese momento, pero bastó que agitara su ala izquierda para lanzar a todos por el suelo.

"¡MALDITAS CUCARACHAS!" Jadeó tras recuperar la compostura. Al menos ahora Gran Fuego se veía que ya no estaba tan seguro de su triunfo. "¡LA MULTIPLICACIÓN!" Exclamó inflamando su cosmo de una manera especial.

Aioros ayudó a Serra a levantarse y la semi arrastró varios metros. La chica se asió de su brazo, muy atenta a sus alrededores. De pronto habían desaparecido todos sus compañeros tras una densa neblina y no se veía a nadie. Gran Fuego se dejó ver entre la bruma.

"¿Sabes qué pasa, Serra?"

"Sí. La técnica de la multiplicación. Es complicada: en resumen, le permite a Gran Fuego atacar en todos los frentes al mismo tiempo, en forma individual." Explicó a la carrera. "Estaba usando esta técnica cuando llegamos. Cuando hace esto, parece que disminuye su tamaño, pero es tan solo una ilusión óptica."

"¿Cómo le derrotamos?"

"Destruyéndole. No es difícil, pero cuando muere uno, las demás contrapartes se fortalecen." Respondió Serra escuetamente. Aioros aferró su mano.

"Entonces cuento contigo." Le dijo con una sonrisa ganadora. Serra asintió y ambos comenzaron el ataque al mismo tiempo que Gran Fuego.

En otro frente de la batalla, no eran necesarias las explicaciones para saber que ahora Gran Fuego estaba dando lata como nunca antes. La neblina era un arma de doble filo. Si bien ocultaba la propia presencia, también lo hacía con la criatura, únicamente delatada por su gruesa respiración. Marín se sobó la muñeca izquierda mientras miraba a su alrededor con frialdad. Sabía que en algún lugar estaba…

¡TAC!

… Las mandíbulas de Gran Fuego se cerraron sonoramente y Marín apenas pudo esquivarlas. No salió ilesa: esta maniobra le ganó un corte importante en el costado derecho y perdió su pañuelo blanco, que le gustaba atar a su cintura, el cuál cayó al suelo. La amazona no tuvo tiempo de lamentar las pérdidas, dado que a base de mordiscos, Gran Fuego la perseguía con insistencia.

"¡ARGH!" Protestó Marín apretando los dientes, al verse arrinconada contra una pared.

"¿Crees poder escapar de mi, bicha?" Se burló Gran Fuego, encarando a Marín, abriendo las fauces, que comenzaban a chorrear ácido. La amazona sonrió maquiavélicamente.

"No me busques, que me encuentras." Le dijo casi en un susurro. "¡METEORO!"

Esta técnica tomó a Gran Fuego por sorpresa y tuvo que alejar su cabeza, dándole espacio a Marín para poder huir… Sin embargo, no contaba con la cola de Gran Fuego, la que vio justo por delante, tal como si fuera una pared que se movía a ella tan rápido, que parecía irreal.

Marín fue lanzada contra la misma pared de la que había escapado… parte de la mampostería cayó sobre ella, levantando mucho polvo.

Un pañuelo blanco ensangrentado. Él conocía ese pañuelo… Aioria acababa de destruir a la versión de Gran Fuego que le había atacado, aunque no sin dificultad. El santo de Leo tomó el pañuelo, aguantando la respiración… aquellas manchas de sangre parecían burlarse de él y se veían tan ofensivas que hasta parecían una blasfemia. Marín usaba ese pañuelo.

Aioria dejó escapar un suspiro desolado, mientras miraba a su alrededor, buscando con su cosmo al de Marín, sin éxito alguno. ¿Dónde estaba? ¿Por QUÉ no aparecía? Ella no se quitaba este pañuelo, le encantaba. ¿Por qué estaba manchado de sangre? Sujetó el pañuelo en sus manos, con delicadeza, como si temiera lastimarlo. ¿Qué significaba? Se puso de pie, sentía que la sangre le hervía y escuchaba claro el latir de su corazón detrás de sus oídos. ¡¿DÓNDE ESTABA?!

"¡METEORO!"

"Marín."

Susurró Aioria por unos momentos de alivio, puesto que no sólo sentía elevarse el cosmo de su amazona, sino además oía la dolorosa protesta de Gran Fuego. Dio un par de pasos en dirección del sonido, pero se detuvo, helado, segundos después: el inconfundible ruido de un golpe seco y una pared derrumbándose le sonó demasiado claro, y para él tuvo el efecto de una daga ardiente en el estómago al dejar de percibir el cosmo de su chica.

"¿Marín?"

Sin pensarlo, corrió a toda velocidad, elevando su cosmo, que por alguna razón logró que la densa neblina se disipara. Observó a Gran Fuego, quien estaba observando una derruida pared, jactándose en secreto. Su corazón se encendió en ira y su cosmo aumentó aún más, al intuir lo que había pasado.

"¡COLMILLO DE LEÓN!"

La técnica dio de lleno en el pescuezo de esta versión de Gran Fuego, quien fue arrojado lejos de la pared. Al reincorporarse, recibió una batería de técnicas, puños, patadas y más técnicas por cortesía de Aioria, quien enceguecido de coraje, no dejaba de atacar. Sacarse al león de encima le fue más difícil de lo que había sospechado, pero Gran Fuego logró dar un manotazo que lo lanzó algunos metros, lo cuál fue un alivio temporal: Aioria estaba de pie en un santiamén y nuevamente cargaba contra él.

"¡ÁGUILA DE FUEGO!"

Recibir este ataque de sorpresa desconcertó a Gran Fuego, quien creía muerta a la amazona. Marín estaba bien, golpeada como nunca antes, pero bien y con suficiente energía para entablar un combate. Intercambió una mirada con Aioria, quien al verla se sintió el hombre más feliz de este lado del universo.

"¿Cómo se atreven, malditas alimañas?"

Gran Fuego, entre atacar a Marín o a Aioria, decidió atacar a la amazona. El santo de Leo, al ver que su chica estaba de nuevo en la mira, atacó de nuevo, pero sólo retrasó lo inevitable y consiguió que lo mandaran contra unas columnas. Marín saltó en el aire para evitar ser atacada por la criatura, pero ésta le sujetó de un pie y la precipitó a tierra. Inflamó entonces el buche y se dispuso a vomitarle lava encima. Marín no tenía escape, pero no se quedaría quieta.

"¡RELÁMPAGO DE VOLTAJE!"

"¡ÁGUILA DE FUEGO!"

Gran Fuego no se esperaba esto. Este poder combinado fue el fin de esta contraparte, quien antes de convertirse en polvo, le dio un manotazo a una columna, dejándola caer encima de Marín… pero Aioria la empujó en el último minuto, recibiendo él mismo el golpe. La amazona se incorporó y no se tardó ni medio hipo en llegar junto al León y ayudarle a sacarse el peso de encima, pero de la nada, apareció otra de las contrapartes de Gran Fuego, presto ya a sacarles la cabeza de un zarpazo.

"¡ATAQUE DRAGÓN!"

"¡TOTEM DEL ERRANTE!"

Galieno y Gondebaudo atacaron a Gran Fuego en el momento preciso. Marín y Aioria, que seguía dolorosamente bajo la columna, les hicieron una agradecida señal con la cabeza. Los senescales se enfrentaron a Gran Fuego para distraerle, por mientras la pareja removía la columna.

Una vez que Aioria tuvo el suficiente espacio para salir, no mucho después, arrastró sus piernas desde debajo del trozo de mármol hasta que Marín pudo dejarlo caer sin riesgo. El santo de Leo sujetó el rostro de la amazona con ambas manos, al tiempo que esta le sujetaba los brazos. Se miraron algunos segundos.

"¿Estás bien, Marín?" Preguntó Aioria tan, TAN preocupado, que parecía campana. Entonces frunció el ceño. "¡Quiero que te salgas de esta batalla!"

"Sabes que no voy a hacer eso, Aioria." Le dijo Marín, mientras tomaba las manos del santo en las suyas. "¡Tus Manos Están Quemadas! Estás herido… Si alguien tiene que salir, ése eres tú."

"Tan sólo son raspones." Aioria no pudo evitar fijarse en el corte que Marín tenía en su costado. "Puedo aguantarme…"

"¡No, no puedes! Mírate como estás." Marín exclamó, dejando lucir en su voz preocupación, mientras intentaba sujetarlo. "Esa columna… te lastimó bast…"

"¡Suelta que estoy bien! Tengo que…" Aioria apretó los dientes en señal de dolor. "¡Tú eres la que debe ponerse a salvo!"

"Aioria…"

"¡ME LLEVA, MARÍN! Yo estoy bien." Aioria intentó incorporarse por sus propios medios. De pronto escupió mucha sangre. "… Es no más un raspón, ¡SAL, por amor a Athena, SALTE de aquí!" Marín le sujetó por los hombros, alterada por el estado de Aioria, y furiosa por la resistencia de éste a la ayuda.

"¡Claro que me salgo de aquí! Me salgo contigo, aunque tenga que arrastrarte." Afirmó con terquedad. Entonces, sorpresivamente, sin dar ninguna advertencia, Aioria se desplomó con pesadez y cerró los ojos. "Ay no…" Suspiró asustada, mientras lo arrastraba a lugar seguro, pero hasta en sueños el orgullo de Aioria parecía protestar. "No te resistas, por favor no te resistas…"

Algunos escuderos, entre ellos Nili, salieron al encuentro de Marín y la ayudaron a llevar al santo de Leo a un lugar relativamente más seguro. No lejos, Shura y Aredius, otro senescal, despachaban otra de las contrapartes de Gran Fuego, lo mismo los demás grupos. Así hasta que no quedaba más que el original, quien pareció retroceder con cautela, pero no se marchó. Tenía que maquinar su próximo movimiento. Elevó su cosmos, tan fuerte como siempre. Aioros sintió que Serra se le abrazaba a su espalda y sollozaba.

"Shhh… vamos a salir de esta, ya lo verás." Le susurró el santo de Sagitario.

Serra abrió los ojos y la única respuesta que le dio al santo fue aferrarlo con un poquitín más de fuerza, antes de soltarlo y pegar su espalda contra la de él. Al abrir los ojos, intercambió una mirada con dos de sus compañeros, Demetriano y Aredius. Luego buscó con los ojos al resto: Gondebaudo y Galieno no estaban lejos, Danju se mantenía firme pese al dolor que debía sentir, Shura estaba herido, pero bien dispuesto. No divisó ni a Marín ni a Aioria por ningún lado…

¡Oh, Dion! La bella ciudad reducida a no más que escombros… algunas lágrimas rodaron por sus mejillas. Todo cuánto hacían parecía inútil.

Aioros miró de reojo a Serra. Su linda Fantasma se estaba angustiando, y tal sentimiento parecía rebotarle en su corazón, estremeciéndolo. Hubiera querido abrazarla, pero no podía bajar la guardia, por mucho que desease hacer tal cosa. Ambos habían estado peleando hombro con hombro todo el tiempo, sin necesidad de ponerse de acuerdo en nada, en un continuo e intenso coqueteo, que al menos a él, le hinchaba el ego. Quizás por eso mismo intuía lo que Serra podía estar pensando: su chica estaba asustada.

"Mi señor…"

"Muñeca, no desesperes." Se apresuró en decirle Aioros. "Vamos a ganar esta batalla. En nuestros corazones está la fuerza. Sólo ten un poco de paciencia."

Entonces la senescal abrió los ojos. ¿Buscar en su corazón?


Flashback

"… Serra… hay algo dentro de ti, de las técnicas que tu Padre te enseñó, un secreto que bien comprendido, puede destruir a Gran Fuego." Wamba se detuvo a propósito. Sentía una ligera angustia por Serra… que sólo se incrementó cuando le echó un rápido vistazo a Aioros, que seguía esperando en la puerta. "Es la técnica del corazón. ¿Estarías dispuesta a sacrificar tu alma, por impedir que Gran Fuego aniquile todo cuánto existe?"

Fin de Flashback.


Serra inhaló asustada y sorpresivamente se aferró a la espalda de Aioros como si fuera una aterrada niña pequeña. Gran Fuego alzó la cabeza y extendió su única ala, agitándola ya no tan vigorosamente, pero levantando una pútrida corriente de aire, antes de asumir una actitud de ataque.

"¿Aioros?" La voz de Serra salió casi como un hilo tembloroso. El santo de Sagitario giró sobre sus pies en el acto: primera vez que le llamaba por su nombre. "Creo que ya lo entendí."

"Serra ¿Estás bien?" Aioros le sujetó los brazos con ternura. "¿Qué fue lo que entendiste?"

"Ya comprendí… lo que debo hacer." Le dijo con una temerosa sonrisa. "Tengo miedo… pero quiero y debo…"

"¿Qué entendiste?" Algo en el tono de Serra había despertado cierta aprehensión en Sagitario.

"La Técnica del Corazón. Ex Cordis … Ex Cordis Serrae. Desde el corazón de Serra." La chica se mordió el labio. "El secreto de los Senescales de la Tradición… estaba en mi corazón…"

"¿Tu corazón? ¿Qué ocurre con él?" Aioros no tuvo tiempo de reaccionar cuando Serra se colgó a su cuello, le besó fugazmente en los labios y le sopló con suavidad detrás de la oreja…

"Disculpad mi atrevimiento, pero en verdad no tendré otra oportunidad." Serra le acarició el rostro, sonriéndole con ternura, mostrando ese cálido gesto que tenía a Aioros de cabeza. "Esa vez que me atrapasteis bajo el árbol, cuando nos vimos por primera vez… os amé… os amé desde que os vi." Confesó con las mejillas sonrojadas.

Aquello que había despertado aquella aprehensión en Aioros, ahora se había transformado en un enorme nudo en su garganta. No entendía nada de lo que estaba pasando, Nada, pero intuía que lo que seguiría le iba a doler.

Aioros, ignorando que los demás no sólo observaban a Gran Fuego, sino también a ellos, y que la criatura ya había cargaba contra la ciudad, acarició las mejillas de Serra y la abrazó con fuerza, rodeando con sus brazos el contorno de su querido fantasma.

"¿Qué vas a hacer, muñeca?" Le preguntó, sin soltarla, temeroso de que se le fuera a ir. La chica se dejó abrazar, sintiéndose segura y a gusto en los brazos del santo. "También te amo, ¡Mi vida está contigo! ¿Qué vas a hacer?"

Serra tan solo le sonrió, mientras dejaba caer algunas lágrimas. Entonces se convirtió en una lucecilla azul, escapando así del abrazo de Aioros, y se elevó en el aire. El santo la quedó viendo, sin darle importancia a Gran Fuego, que, terrible como nunca, agitaba su única ala y remecía la ciudad hasta los mismos cimientos con sus patas. Aioros vio a Serra elevarse varios metros, despidiendo aquella lucecilla.

Entonces la luz pareció desaparecer y cambió a un color menos añil y más rosa. Serra se puso a brillar de un color rosa pálido, una ligera brisa comenzó a agitar sus cabellos. Gran Fuego se detuvo de golpe y fijó sus ojos en la chica, sin saber si atacar o embestir. Entonces, al ritmo de los latidos del corazón, Serra comenzó a despedir suaves ondas expansivas muy brillantes, azulinas o purpúreas, no lo sé, era una tonalidad muy extraña, pero no por eso menos bella. Estas ondas provenían desde el centro de su pecho. Gran Fuego decidió embestir, encendiendo su cosmo.

"¡Ugnh!"

"¡SERRA!"

Estas ondas expansivas parecieron reaccionar al cosmo de Gran Fuego y se aceleraron rápidamente. Serra apretó el rostro en señal de dolor, y extendió los brazos hacia los lados. Un agudo dolor en el pecho se extendió por todo su cuerpo, al tiempo que la intensidad de las ondas cobraba fuerza y rapidez. Gran Fuego saltó hacia Serra con las fauces abiertas, como si tuviera la intención de comérsela, pero eso fue su ruina.

"¡NOOOOOOOOOO!"

Cientos de lazos de luz salieron desde el corazón de Serra y asieron con fuerza a la criatura, quien al intentar zafarse, sacudió a la chica con violencia, sin que lograse moverla más de dos centímetros. Así como la luz dañaba a Gran Fuego, también parecía dañar a quien la generaba. Desde abajo, los desesperados ojos de los senescales y los santos no sabían qué hacer, y más de alguno disparó sus respectivos ataques contra la criatura. ¿Qué estaba pasando?

Gran Fuego intentó regresar a tierra, pero por más que lo intentaba, menos lograba su objetivo. Era como si Serra lo estuviese reteniendo en lo alto.

Aioros desplegó las alas de su armadura y saltó en el aire, decidido a ayudar a su chica. Justo cuando estaba por alcanzarla, vio como Serra arqueaba su espalda, ponía los ojos en blanco y gemía de dolor. Era evidente que le dolía cada fibra de su cuerpo. Esto le desgarró el alma y lo desconcentró: no vio cuando una de las garras de Gran Fuego embistió contra él y lo lanzó contra el suelo.

"¡SERRA!"

El golpe contra el suelo fue tremendo. Abrió un enorme boquete, al cuál Shura y los demás senescales se apresuraron a socorrerlo, pero no fue necesaria su ayuda, Aioros, enfurecido consigo mismo, se puso de pie solo y observó nervioso hacia arriba. El amor de su vida estaba sufriendo mucho dolor, y Gran Fuego se resistía. ¡TENÍA QUE HACER ALGO! Tenía los puños tan apretados, que de no ser por su armadura, seguro se habría roto los dedos.

"… La flecha…" Susurró de pronto Aioros. "¿Cómo no pensé en eso antes?"

Sin hacerse de rogar, Aioros tomó su arco y flecha, elevó una silenciosa plegaria, elevó su cosmo y tras apuntar rápidamente, disparó la flecha en dirección al corazón de Gran Fuego. Extrañamente, sintió como si toda su energía cósmica hubiera sido disparada junto a la flecha, pero no le importó: si eso ayudaba a Serra, daría incluso su propia alma.

Entonces, en el momento en que la flecha hizo impacto con el corazón de Gran Fuego, una luz brillante y enceguecedora cubrió el campo de batalla.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: La Eterna Quietud

"¿De qué consuelo sirve eso, Shion? Se supone que no debió pasar nada de eso." Protestó la joven diosa, haciendo una pausa en sus lágrimas, que se reanudaron en seguida. Shion bajó la mirada.

"No sirve de nada." El Patriarca entendía mejor que nadie por lo que el santo de Sagitario debía estar pasando en esos momentos. "Tan solo nos queda apoyar a Aioros con todo lo que podamos."


PS: Si creen que fui cruel, ni se esperan a lo que tengo planeado. Ojalá que no le hayan tomado mucho cariño a Serra, debo añadir. ¿SABEN QUÉ? El próximo capítulo es cortito de adrede. ¡GRACIAS POR LEER!