¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Les ruego que se den una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Kala–neechan por reírse de mis locuras y a Yukime–chan por leer mis barrabasadas.
Un especial agradecimiento a Ekléctica, quien se dio el enorme trabajo de corregir el fic.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Principio 98 para ver y entender Manga: Una espada samurai puede cortar de todo.
La esperanza muere de últimas y el fic aún no acaba. Recuerden eso. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
Capítulo 18: El Duelo
Santuario. Casa de Acuario.
Tres semanas después.
Las últimas semanas habían pasado como un lento sopor. Las temperaturas subían y todo alrededor parecía tener más vida. Si bien el bosque no se veía tan bonito como en los últimos meses, parecía estar decayendo, aún no perdía del todo aquél brillo y preciosidad que había Serra derramado sobre el follaje. La rutina había regresado a cobrar su justo lugar, al menos entre la mayoría de los santos.
Sin embargo los dorados se mantenían a raya y preferían no hacer mucho escándalo al respecto. Si parecía que todo había vuelto a la normalidad, esto no más era una burla para cierto dorado, ya que las cosas nunca más volverían a ser las mismas. Era el respeto al guardián de la Casa de Sagitario que mantenía a los demás santos dorados y a sus amigos cercanos guardando un perfil bajo. Incluso los miembros de la élite dorada habían tenido el gesto de usar las capas negras en lugar de las usuales como signo de compañerismo.
Un gorrión se posó en la ventana de la cocina. Dio algunos saltitos en ambas direcciones y prestó atención a los movimientos del interior del recinto, como revisando que no había un gato (como si hubiera gatos) o que no hubiera problemas a la vista. Miró hacia el interior de la casa con atención y entrecerró los ojos. Hizo un gesto parecido al carraspeo y cuando estuvo seguro del todo, tomó aire, infló el buche y comenzó a trinar una alegre tonada como sólo un gorrión sabe hacerlo.
¡Crizlz!
Claro hasta que Camus decidió que era divertido congelarle las patas al pobrecillo animal.
El santo de Acuario se rió de su travesura para sus adentros, mostrando apenas una sonrisilla de niño pequeño y que le hizo ver muy sexy. Alsacia le dio con el periódico en la cabeza y rápidamente fue en ayuda del gorrioncillo que, acostumbrado y resignado a este frío trato por parte del guardián de la onceava casa, se quedó quieto cuando Alsacia acudió en su rescate. Una vez que la chica le hubo liberado del hielo, salió volando, prometiendo una cruel venganza… que olvidó pronto, dado que no era un pajarillo rencoroso.
Sino pobre de Camus, que no podría salir de Acuario sin un paraguas.
"¿Se puede saber qué te ha hecho el animal ese? No hay mañana en que no le congeles las patas al pobre." Protestó Alsacia, regresando a su lugar en la mesa. "¡Me gusta que cante! Se oye bonita y alegra el desayuno-" Camus la miraba divertido.
"A estas alturas el bicharraco ya debería saber lo que le conviene. Le congelo las patas incluso de antes de conocerte: es una tradición." Explicó mirando al techo. "Curioso… no sabía que los gorriones podían vivir tanto tiempo."
"Te sorprenderías, Camuchis." Alsacia tomó un sorbo de té y suspiró largamente. "¿Has sabido algo de Aioros? Ayer no le vi. Me preocupa: ha estado muy encerrado en Sagitario." Camus negó con la cabeza.
"Lo único que sé, es lo que me dijo Mu: Fue a Auralis a visitar a Serra." Camus jugueteó con su taza y se quedó quieto, pensativo, condolido. "Le está costando mucho superarlo. Pero ¿Quién puede culparle?"
Alsacia asintió levemente con la cabeza y asumió una actitud parecida a la de su marido. Ambos suspiraron al mismo tiempo y con nostalgia. Ya habían pasado 3 semanas desde que Serra muriese…
Era increíble cómo podía llegar a marcar una persona para que en tan corto tiempo, su ausencia fuera tan pronunciada y vacía por decirlo de algún modo.
Por lo menos su muerte no había sido del todo en vano. Producto de la técnica que había invocado, sumado al poder de la flecha de Aioros, que llevaba su propio cosmo, Gran Fuego había sido destruido por completo, y el mundo de Síax, del cual Auralis formaba parte, había sido restaurado. Pese a este enorme triunfo, las celebraciones habían sido muy austeras y agridulces.
Aioros ni siquiera había querido participar de nada, ni de las celebraciones en Auralis ni en las del Santuario: apenas sí había estado pendiente de la salud de su hermano, pero nada más. Un dolor como ese no se lo daba a nadie. Camus en cierta forma comprendía a Aioros: su esposa le había dado ya dos sustos bien grandes. Sintió entonces el pie de Alsacia acariciándole la pantorrilla, por lo que el santo de Acuario le sonrió en respuesta.
"¿En qué piensas, Osito Polar?" Le preguntó Alsacia sonriendo. "Te veo muy pensativo."
"En muchas cosas, chérie." Afirmó Camus. "Entre ellas Aioros: el tipo me preocupa."
"… Nos preocupa a todos." Aseguró Alsacia. "Hasta creo que bajó de peso." Añadió con un apesadumbrado suspiro.
"No me sorprendería, si apenas ha comido." Camus se mordió los labios. "Le comprendo: casi me volví loco cuando estabas en el hospital a punto de morir y no sé qué hubiera hecho si te hubiera perdido en El Dorado." Alsacia estiró su mano, la cual fue asida por su marido.
"Lo sé." Le dijo con una sonrisa cálida, que el francés respondió en seguida con una propia.
Reino de Auralis.
Los árboles eran enormes. Se alzaban al menos treinta metros al cielo y se veían robustos, muy saludables. Estos eran los Árboles Milenarios, los Secrela, de los cuáles se decía que crecían un milímetro por año y de los que Serra hablaba con tanto orgullo. Pese a que habían sido quemados como fósforos durante el combate, aquí estaban de nuevo, decorando el paisaje, imponiendo majestuosidad.
La luz se colaba entre las copas de los árboles y entre la sutil neblina, que se disipaba tranquila, despidiendo un delicado aroma mentolado. Algunos helechos crecían más a ras del suelo y algunas flores salvajes se agrupaban en algunos arbustos por aquí y por allá. Unas criaturitas, similares a las mariposas, revoloteaban en grupos tranquilos y al unísono, en improvisada coreografía. Hacía un poco de frío, lo cual parecía intensificar el aroma fresco que emanaban los árboles.
Vaya. Este era el aroma que había detectado en Serra la primera vez.
Justo allí, en un improvisado claro, a la sombra de un Secrela particularmente imponente, había un pequeño monumento de un mineral parecido al mármol. Era una suerte de lápida de no más de medio metro de altura. Tenía un relieve pequeño tallado en la piedra, que simbolizaba a una mujer mayor sentada sobre un banquillo, dándole la mano a una doncella más joven, que estaba de pie frente a ella. Según le habían explicado… la mujer sentada era la madre que recibía a su hija en el Mundo más allá de la Vida. No había que ser un genio para identificar a Serra en el tallado como la doncella más joven.
Aioros suspiró, mientras acariciaba con sus dedos esta representación en piedra. No había cuerpo bajo este monumento, era imposible que lo hubiera, pero a él, como a todos los que conocieron a la chica, esta lápida era suficiente para rendirle los honores mortuorios que le correspondían y sentían necesarios. El santo de Sagitario se puso de pie tras haber estado poco más de dos horas sentado frente a esta lápida. Había plantado algunas flores a los pies del monumento. Flopsi entonces saltó a los brazos del santo, quien le acarició el pelaje casi por inercia. El pequeño dragoncito lo estaba pasando tan mal como Aioros: su pelo había perdido brillo y hacía días que tan solo bebía agua.
"Te iba a traer una maceta, pero sé que no te gustaban las plantas atrapadas, así que te traje esto." Susurró Aioros. "Son violetas. Espero haberlas plantado bien… y que te gusten…" Flopsi suspiró y se hizo una bola en los brazos del santo. "…"
Aioros sintió una aguda estocada en la garganta acompañada de una abrasión que le hizo sentir como si tuviera la carne desgarrada. Ocultó los ojos tras su flequillo al tiempo que derramaba una solitaria lágrima. Tragó saliva, volvió a ponerse en cuclillas, se acercó al friso y besó la figura que le habían dicho que representaba a Serra.
"A eso venía, mi niña." Volvió a decir en voz muy baja, dejando al desolado dragoncito en el suelo. "Me voy, Fantasmita."
Con paso lento y descuidado, Aioros atravesó el enorme bosque hasta llegar al portal. Honestamente, no tenía ni la más remota idea de cómo funcionaba, pero lo hacía y le llevaba a donde quería, y eso era suficiente para él. El cruce ya no era tan violento como al principio, quizás debido a la costumbre. Luego de un minuto, Aioros estaba de regreso en la Tierra y en el Bosque de Athena. Salió del sello y se alejó del portal, llegando por inercia hasta el árbol en donde había atrapado a Serra aquella primera vez.
…
Y allí se quedó horas.
…
…
…
…
…
Era casi medianoche cuando Aioros sintió que alguien se aproximaba, pero ignoró dichos pasos, pese a que movían a ritmo acompasado por el área. Al cabo de unos minutos se produjo silencio, que duró un buen rato antes que los pasos se reanudaran. Entonces se dirigieron hasta él con decisión.
"Veo que no soy el único por estos lados." Le saludó Shion casual. "Buenas noches, Aioros… o debería decir buenos días."
"Buenas noches, Excelencia." Dijo Aioros en forma mecánica. "¿Qué lo trae por aquí tan de noche?" Shion miró despreocupadamente en cierta dirección.
"Hoy es el aniversario de una GRAN paliza que recibí hace doscientos cincuenta años." Explicó con cierto dejo de tristeza. "Como soy un viejo sentimental, vine a pagar mis respetos."
"Usted no está viejo."
"¿Verdad que no? Me revivieron de dieciocho años: nada como tener una sabiduría de dos siglos y medio y un cuerpo de adolescente." Dijo Shion con alegría, sacando pecho gustoso. "Ni comparado a como estaba antes, todo encorvado y achacoso."
"Sí, lo recuerdo: se quejaba por todo." El santo de Sagitario suspiró. "Pero debe reconocer que aunque esté joven de nuevo, la mayoría de las veces, usted echa mucha seriedad." Rezongó Aioros. Shion relajó los hombros.
"Eso es verdad: no es algo que me guste o que pueda evitar. Hace mucho que me quitaron mi alegría." Añadió con sorpresiva melancolía. Shion le echó un ojo a Aioros, que seguía bastante retraído. "Asumo que aquí conociste a Serra."
"… Así es."
Shion observó con más detención a Aioros, que se mantenía quieto en el mismo sitio. No lo envidiaba, ni le reprochaba nada. El pobre estaba hecho trapo y nadie hasta ahora había sido capaz de animarle. El Patriarca miró hacia las estrellas y luego hacia la dirección por la cuál había caminado, sintiendo un vacío general.
Créanlo o no, Shion era más empático con Aioros de lo que puedan pensar ustedes.
"Será mejor que te acostumbres." Le dijo, mientras se sentaba en el suelo, cruzado de piernas. Esto captó toda la atención del santo de Sagitario, pues no esperaba escucharle hablar. "Hijo, Serra no va a regresar."
"…"
"…"
"Ya lo sé… pero aunque sé eso…" Aioros sintió que los ojos le ardían. Tuvo la sensación de que una mano le oprimía la garganta y no le dejaba hablar. "… no… no puede decirme que me anime, cuando apenas sí puedo convencerme que… que…"
"Nunca te dije que te animaras. Te dije que te acostumbraras." Interrumpió Shion con paciencia. "Vas a tener que aprender a vivir con eso. Entonces podrás superarlo. Dudo que a Serra le gustaría verte así de mal."
"…"
"¿Aioros?"
"No… Serra no querría eso." El dorado se encogió de hombros. "Me pidió que no me olvidara de vivir… pero… pero… ¿cómo quieren que viva, si ella era mi vida y está muerta?" Aioros empuñó las manos. "Se me hace todo cuesta arriba. Despertar es un problema, respirar me es difícil, hasta la armadura me parece más pesada… Nunca creí que algo pudiese dolerme así de profundo." Shion suspiró, fijando su vista en sus manos, mientras escuchaba a Aioros hablar. "¿Por qué tiene que doler tanto?"
"No tengo idea, pero debe doler porque tiene que doler." El Patriarca tomó aire y cerró los ojos. "Te duele porque en verdad Serra era la mitad de tu vida, pese a lo poco que la conociste." Explicó Shion al cabo de unos minutos de silencio. "Te duele porque hubieras querido pasar más tiempo con ella y mimarla, y te duele porque no solo la perdiste en batalla, sino demasiado prematuramente."
"…"
"… al menos ella sabía lo que sentías… al menos pudiste despedirte. No todos tenemos la misma suerte."
"… duele…"
"¡Claro que duele! Te dolerá más, créeme." Shion le miró a la cara con gravedad. "Es más: Sentirás como se te desgarra el alma y como te la arrancan sin piedad." El Patriarca se detuvo unos segundos, como meditando sus palabras. Yo me pregunto… ¿por qué los arianos tienen que ser tan directos? ¿Es que no conocen el tacto? "… no hay forma de poder aliviar ese dolor, porque la única medicina que hay, es la misma Serra, quién no está ni vendrá: Esta pérdida es un dolor muy difícil de superar."
Estas palabras de Shion le salieron del alma. No era un simple consejo de un viejo a alguien más joven, parecía tener otro significado… y si bien eran palabras durísimas, no tenían malicia ni reproche. Era necesario que alguien las dijera.
"…"
"Si no aceptas este hecho, si no aprendes a vivir con él, no podrás superarlo ni seguir adelante… Lastimosamente es algo por lo que tienes que atravesar y…" Shion se detuvo y tragó saliva, Aioros nunca supo el porqué de esta reacción…
El Patriarca jamás terminó la idea. Ambos se quedaron en silencio algunos minutos.
"… Excelencia… sonará extraño, pero…" Aioros tragó saliva antes de continuar. "No quiero… no quiero… olvidarme de esto." El santo de Sagitario suspiró. "… siento como si este dolor es lo único que me queda de Serra y que si la olvido… si la olvido… todo lo que nos pasó… todo lo que pasó desaparezca… que se evapore… o que se lo lleve el viento… tal como se llevó a mi niña de entre mis brazos…"
"No te estoy diciendo que tienes dejarlo atrás y olvidarlo." Aclaró Shion. "Serra era para ti una chica en un millón. No puedes olvidarla, mucho menos por lo que significó para ti." Añadió con infinita paciencia. "¡Estás de luto! Lo que te estoy diciendo es que este dolor tienes que vivirlo a su ritmo, pero no puedes dejar de hacerlo… por muy duro que suene. Sólo así aprenderás como lidiar con él. Nada más recuerda que tienes amigos."
El Patriarca se puso de pie con algo de pesadez. De pronto él también se sentía deprimido, pero nada que no pudiera manejar. Sin embargo Aioros se quedó sentado allí donde estaba.
"… quiero ir con Serra… Quiero estar con ella… fue muy poco tiempo… me quedé con gusto a poco…"
"Aioros, muchacho… no puedes ir donde está Serra, pero puedes honrar su memoria. No te dejes hundir, eso es lo peor que puedes hacer: creo que ella te pidió que vivieras, no que murieras en vida."
"… Lo sé… Lo sé, lo sé, pero me duele." Aioros empuñó las manos con fuerza, para dejarlas caer luego. Entonces se golpeó el pecho. "Me SOFOCA el alma tratar de salir adelante… sin ella… no creí que podía enamorarme tan rápido, pero olvidarla… ¡No Se Puede!"
"… Te entiendo mejor que nadie."
"… no quiero que mis recuerdos de ella también se los lleve el viento. Temo que si la olvido… ella pase miedo ¡no sé!… Duele… no quiero este dolor, pero tampoco quiero deshacerme de él."
"Se puede. Sin que tengas que olvidarla." El Patriarca se agachó junto a él y le puso la mano sobre le hombro. "Se puede, aunque duele, aunque cuesta, aunque arde." Shion le miró con ojos compasivos y empáticos. Aioros quiso reprocharle esta actitud, pero ni bien vio sus ojos, comprendió que el Patriarca no le estaba diciendo eso de gratis.
"Gracias…" Balbuceo con torpeza. Shion se puso de pie, forzándole a imitarlo. Le sacudió las ropas y le dio una palmada en los hombros.
"Vete a casa. Te dejé una medicina para que duermas con Mu: tómala y considera eso una orden."
Aioros asintió y arrastrando con pesadez los pies se encaminó hacia las 12 casas. Shion lo miró unos momentos y tras unos instantes, decidió acompañarlo: como que no le llamaba la atención que se fuera solo.
Vaya.
La tarea de un padre nunca termina.
Reino de Auralis.
Palacio Real.
El Rex Wamba acarició el borde del Pozo con sus gruesas manos. Miró hacia el firmamento con tristeza. Su gente estaba a salvo, su reino intacto. Todo Síax estaba vacunado y la malicia que Gran Fuego había vomitado sobre la tierra parecía un cuento de terror contado por viejas locas. Aquél engendro por fin había sido aniquilado. Sin embargo… no todo era bueno… esta victoria había tenido un precio muy alto.
Wamba detestaba cuando sus senescales morían: en menos de un mes había perdido en forma trágica a tres de sus mejores guerreros. Ninguna de sus muertes había sido tranquila, ninguna era justa, ninguna había quedado sin honrar como era debido para guerreros de su estatus, pero… pero…
… Quizás debió actuar de otro modo, quizás debió haber hecho algo para prevenir las muertes y evitar que los caídos hubieran tenido tan trágico fin…
Debió haber protegido las vidas de sus vasallos, como era lo correcto, su deber, de alguna manera. Quizás debía haber sido más fuerte, quizás debía haber estudiado más. Se sentía un mal líder, un mal Rex. Estas muertes le dolían en el alma. Sobre todo la de Serra. ¡Serra! Se creía culpable de su muerte, ya que había sido él quien le reveló el secreto… quizás eso le había provocado tanto dolor a la hora de morir… sin mencionar que había dejado a alguien absolutamente dolorido por tamaña muerte.
No era justo. No lo era.
Cabizbajo, Wamba caminó con paso lento en dirección de sus habitaciones. Estaba llegando a uno de los obeliscos, cuando algo llamó su atención. Giró sobre sus talones con lenta dignidad y con su único ojo bueno… distinguió una muy tenue luz que venía de adentro del pozo místico y que subía hacía arriba como si se tratase de levadura. La energía mística de Síax parecía estar reaccionando a algo.
Curioso, y a paso veloz, se apresuró a ver de qué se trataba. Se inclinó en el borde del pozo para ver de qué se trataba… y su único ojo se abrió a más no poder.
La naturaleza siempre se regenera… tan sólo necesita un buen motivo.
Entonces, la luz bajó en intensidad y pareció desinflarse. Por unos segundos creyó que vería algo, pero… pero… ¡Pero…! No vio nada. Al menos no en el fondo del pozo. La masa de luz parecía moverse como si tuviera volumen… e iba descendiendo hacia el interior del planeta…
Qué decepción.
Wamba exhaló, meneando negativamente la cabeza y se pasó la gruesa mano por la cara. Apartó su capa y decidió retirarse. Ese día había sido muy cansado. Necesitaba dormir.
…
Se detuvo en seco. ¿Acaso había oído… algo? Volvió la cabeza hacia atrás.
…
"… mmm…"
… Un sonido captó su atención… estaba al otro costado, oculto a su mirada… Aguantó la respiración y sin querer hacerse de ilusiones, rodeó el pozo con paso calmo, aunque nervioso…
…
…
… Entonces… Pudo ver algo.
…
…
…
Había algo allí.
Continuará.
Por
Misao–CG
No Hay Adelanto del Próximo Capítulo…
… Es el último n.n
PS: ::sigue en OTRA islita remota del Cabo de Hornos y aquella furiosa tormenta sigue desatada:: Ya lo sé, pero no me van a convencer. Ya sé que Serra les cayó bien, pero MUERTA ESTÁ y así debe quedarse, no voy a ir por la vida reviviendo a todos. La muerte es parte de nuestra vida, así que acepten la idea. De todas maneras les agradezco que haya leído hasta aquí y que se les haya picado la curiosidad para ver cómo termina todo esto. ¡GRACIAS POR LEER!
