¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Les ruego que se den una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Kala–neechan por reírse de mis locuras y a Yukime–chan por leer mis barrabasadas.
Un especial agradecimiento a Ekléctica, quien se dio el enorme trabajo de corregir el fic.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA.
Principio 109 para ver y entender Manga: Puedes saber cuán popular es un show mirando el número de Hentai Doujinshi que tiene.
Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
"Ex Cordis Serrae"
("Desde el Corazón de Serra")
Epílogo: Algunos Asuntos Pendientes
Casa de Leo.
Una Semana después. 08:45 am.
Aioria suspiró profundo. Estaba apoyado contra una de las tantas columnas del templo, en actitud de espera. Tenía la vista fija en sus pies y no sonreía. Estaba muy serio: muchas preocupaciones en la cabeza le tenían inquieto. Aioros, la batalla, Marín…
Suspiró profundo y dirigió la mirada hacia la entrada del templo. Sabía que Marín estaba subiendo los escalones, de mala gana. La batalla contra Gran Fuego había provocado una tensa tregua que duró hasta que regresaron al Santuario y sus heridas estuvieron mejor. Aioria no tardó mucho en sanar, tampoco Marín… pero ambos se seguían guardando un extraño rencor… muy extraño, pero del cuál Aioria quería deshacerse lo antes posible.
La figura de la amazona apareció como recortada contra el cielo, caminando con paso calmado hacia el interior del templo de Leo. Aioria frunció el ceño y se cruzó de brazos, cerrando los ojos. Marín o se tardó mucho en llegar hasta él, pero no quiso reparar en él, fijando su vista al frente. Aioria abrió los ojos cuando esta hubo pasado, fijándose en su silueta: la amazona vestía su armadura, y al cinto, lucía un pañuelo similar al que había perdido, aunque de color azul oscuro.
"¡Amazona, detente!" Ordenó Aioria en forma dura. Marín se detuvo sobre sus pasos, pero ni siquiera se dio la vuelta. El santo de Leo se acercó a ella. "¿Dónde se supone que vas?" Le preguntó ni bien hubo llegado a su lado.
"Su Excelencia Shion envió por mi." Respondió Marín muy fría.
"No me pediste permiso para pasar." Apuntó Aioria, siempre con el ceño fruncido.
"No creí necesitarlo." Dijo Marín tranquila, con la vista fija al frente. "¿Puedo pasar?"
"No."
Marín se giró hacia Aioria y puso las manos en las caderas. Bajo la máscara, su rostro se veía cansado, pero no enojado. El santo de Leo relajó los músculos de la cara: no la iba a dejar pasar.
"¿Es esto necesario? No tengo ánimos para repetir esto otra vez." Le dijo Marín, recordando lo ocurrido la vez anterior. Aioria ladeó la cabeza.
"No pienso repetir nada que haya ocurrido antes, amazona." El santo de Leo se acercó más hacia ella, y miró ligeramente hacia abajo. "Tú y yo tenemos una conversación MUY pendiente."
"¿Desde cuándo te interesa terminarla?"
"Soy cabezota y rencoroso. No me olvido de las cosas muy fácil, menos de las que me interesan." Hasta que reconoce que es un cabezota.
"Pues amárgate solo." Marín se hizo a un lado e intentó seguir con su camino, pero Aioria la sujetó de un brazo y la regresó a mismo punto. "¡Aioria! Suéltame o te lo advierto."
"No he terminado." Aioria protestó y luego miró hacia la salida del templo. "Nunca me dejas terminar."
"¡Sí te dejo terminar! Eres tú el que no me deja terminar."
"¿Entonces por qué te quieres ir sin que haya terminado de hablar?"
"Porque esta no es una conversación y me estás estorbando."
"¿Y qué se necesita para que esto sea una conversación? Me pareció una buena oportunidad, ya que apenas te veo fuera del recinto."
Marín suspiró. Aioria estaba poniendo ese tono de niño taimado al que todos regañan sin motivo y que sabía muy bien que lograba desarmarla. Alzó la cabeza por primera vez hacia Aioria. Hasta ese momento se había negado a mirarle a la cara.
"Marín… en serio necesito hablar contigo." Le dijo con voz suave y ojos expectantes. Entonces llevó sus manos al rostro de la amazona e intentó quitarle la máscara.
"¡No hagas eso, Aioria!" Protestó Marín, que por segundos se había visto a merced del santo, pero ahora ya se había recobrado. Pero el León no le hizo caso y se la quitó sin mucho esfuerzo… aunque Marín no opuso mayor resistencia tampoco. "¿Por qué hiciste eso?" Aioria le sonrió.
"Hace tiempo que no te veía el rostro." Se disculpó con una traviesa sonrisa, intentando acariciar las mejillas, pero Marín no se dejó. "Estás tan linda como te recordaba."
"Gracias." Marín, para ocultar el ligero sonrojo de sus mejillas, estiró su brazo, intentando recuperar su máscara. "¡Devuélveme eso!"
Aioria estiró el brazo en alto, sacando la máscara fuera del alcance de Marín, quien intentó en vano de recuperarla. Se puso de puntillas y agitó los brazos en busca de resultados más concretos, sin embargo, lo único que logró fue que Aioria jugase con ella, hasta que de pronto, el santo de Leo la asió por la cintura y la atrajo hacia sí. Marín se quedó de una pieza y le dedicó una reprobatoria mirada a Aioria, nerviosa por la súbita cercanía del León. Ambos dejaron caer los brazos, la amazona por fin pudo recuperar su máscara, pero no alcanzó a ponérsela antes que Aioria le acariciase el rostro.
"Me preguntaba… cuál es tu decisión respecto de la Ley… vi tu rostro, y quiero saber si decidirás amarme o matarme."
Le preguntó con mucha seriedad. Marín alzó ambas cejas. La ley de la máscara, que indicaba que una amazona debía matar o amar al hombre que le viese el rostro, ya no estaba vigente. Saori la había suprimido cuando había regresado al Santuario, y sólo había hecho obligatorio su uso por un mínimo de 300 horas al año. Sin embargo, muchas amazonas, la gran mayoría, entre las que se contaban Marín y Shaina, aún seguían la antigua ley, más por costumbre que por otra cosa. Incluso las aprendizas la hacían valer: después de todo, la máscara era un elemento importante para las mujeres al servicio de la diosa. Aioria estaba muy al tanto de esto… y no en balde le había hecho esta pregunta.
"¿A qué viene esa pregunta?" Le preguntó Marín nerviosa, aguantando la respiración.
"Es que nuestra situación cambió mucho los últimos meses." Aioria se encogió de hombros, mientras le rodeaba la cintura con el otro brazo, sin que Marín se opusiese. "Tengo curiosidad."
"¿A qué se debe esa curiosidad?" Preguntó Marín ocultando su rostro tras la máscara, tarea que no le resultó fácil.
"Es que tengo un asunto pendiente contigo. Para resolverlo, necesito saber si me odiarás o si me amarás…"
"… ¿Qué… qué dices?" Marín tensó la espalda. ¿Qué estaba pasando?
"Tú sabes que te amo mucho." Le sonrió el León. "Nunca he dejado de hacerlo, por más que me colmes la paciencia."
"Imagínate entonces como me siento yo." Añadió Marín con cierto dejo de sarcasmo. Una gota resbaló por la cabeza del León.
"Entonces me has de querer mucho." Comentó con una sonrisa. "Pero sí, te amo mucho, más de lo que piensas y… sé que he sido un infeliz, pues no te he correspondido como mereces. No me di cuenta de esto, sino hasta hace poco."
"¡…!"
"No creo merecer haberte visto el rostro, por eso necesito saber si me amarás u matarás…" Aioria le apartó un mechón d su cabello y tomó aire, una bocanada MUY profunda de aire. "Porque si me amas, te juro por Athena que te amaré solo como un hombre puede amar a su esposa, pero sino…"
Marín abrió los ojos como platos y sintió como el corazón se le detenía de la impresión. Como sus rodillas amenazaron con botarla al suelo, la amazona se sujetó de la armadura de Aioria, tratando que eso pasara inadvertido… ¿Acaso había oído bien?
"… pero si no… quiero ahorrarte el disgusto de que manches tus lindas manitos con sangre tan ingrata como la mía, porque yo mismo tomaré mi vida."
"¿P–por qué me dices todo esto, león?" Marín sentía un nudo tamaño ANCLA en la garganta. Estaba por fin escuchando lo que había esperado tanto tiempo y no podía dar crédito a sus oídos. "¿Qué quieres decir?"
"No quiero perderte." Aioria le sonrió coqueto y juntó su frente con la de ella. "Ya fue malo que te hiciera enojar, fue asqueroso que no me hablaras. Me sentí de lo peor, sabiendo que estabas triste por mi culpa." El León se detuvo unos instantes y cerró los ojos. "Esas discusiones que tuvimos… fui un bruto… y quiero reparar mi tremendo error."
"¡…!"
"Casi te pierdo en Auralis… eso me habría destrozado el alma. Y ya que no estamos juntos como antes, el sólo hecho de pensar que puedas encontrar a alguien más, me hace sentir enfermo del estómago."
"Pero… pero… no digas eso… ¿Qué no ves que te amo? Yo no… podría buscarme a… otra persona…" Balbuceó Marín nerviosa, tratando de tragarse aquél nudo que le impedía hablar bien. Aioria la miró con ojos largos.
"Preferiría una muerte sádica, lenta y dolorosa a verte en los brazos de otro." Entonces volvió a quitarle la máscara y sin ningún aviso la besó en los labios. "Ya sé que es algo tarde, y quizás ya no vale la pena… pero… me gustaría mucho, muchísimo, si aceptaras casarte conmigo."
Marín ya no se pudo aguantar las lágrimas. Este tipo de cosas son las que una chica no puede evitar y por muy fría que sea, tarde o temprano una explota. La amazona se quedó en silencio, en una suerte de shock por las palabras que acababa de oír. Aioria frunció el ceño preocupado: la chica estaba demasiado silenciosa.
"¿Marín?" Preguntó con cautela.
Entonces, de súbito y con una fuerza imprevista, la chica le dio un fuerte empujón, obligándole a soltarla, para luego asestarle un sonoro bofetón. Perplejo, sin saber qué pensar, Aioria se sobó su mejilla, pero no tuvo ni tiempo de emitir comentario al respecto, dado que Marín se le colgó al cuello y le besó en los labios como no lo había besado en meses… y como León que es, Aioria se dejó mimar. Mejor se olvidaba del bofetón, que bien merecido se lo tenía.
"¿POR QUÉ te Tardaste Tanto?" Demandó saber Marín, una vez que se separaron. "¡Claro que quiero casarme contigo!" La amazona reprimió un sollozo. "No podría cambiarte por nadie más, león bruto. ¿En qué pensabas?" La pareja se fundió en un fuerte abrazo. "No sabes lo que esperé por esa pregunta… yo… yo… me porté como una cría…"
"¡Cómo te amo, Marín!" Exclamó Aioria con una gran sonrisa en el rostro.
"Yo también."
La pareja siguió dentro de su burbujita, tratando de recuperar el tiempo perdido, olvidándose del resto del mundo de sus obligaciones…
… y sin percatarse que detrás de aquella columna, Alisa y Milo, quienes pasaban por allí no más de casualidad, se cubrían las bocas con las manos y hacían soberanos esfuerzos por mantenerse en silencio y evitar interrumpir el momento Kodak. Kyrus, que colgaba del canguro que su mamá tenía puesto, miraba con ojos grandes y curiosos.
En cuanto ambos pudieran salir de allí, sin ser vistos en la medida de lo posible, sería cuestión de horas para que todo el mundo se enterasen de las nuevas buenas… claro, sólo y si es que lograban salir de allí.
Bosque del Santuario.
Aquella Noche.
Como dije, una vez que Milo y Alisa pudieron salir de su escondite, apenas pudieron esperar a que Aioria y Marín le comunicasen las buenas nuevas a Saori y a Shion, para hacer circular la noticia por todo el Santuario, la cuál se esparció como reguero de pólvora. Antes de las 9:30 de la mañana, ya todo el Santuario estaba enterado.
Esta noticia logró animar más a Aioros. El santo de Sagitario ya estaba más tranquilo y aceptando cada vez más lo ocurrido. Enterarse de que su hermano por fin había llevado las cosas a buen puerto le había alegrado más de lo que uno podría pensar y hasta le habían dado ganas de silbar.
Ya era tarde por la noche y la luna se mostraba en cuarto menguante. Se veía como una delgada pestaña en lo alto, apenas opacando las estrellas. En dos días más sería la luna nueva. Aioros se llevó las manos detrás de la cabeza y observó el firmamento. El recuerdo de Serra aún lo tenía muy claro en el corazón y la extrañaba más que nunca. Sin embargo, comenzaba a convencerse que ya nunca más la vería, excepto en sus sueños y en sus recuerdos… porque había soñado con ella, sueños agradablemente vívidos…
… de los que despertaba con los ojos bañados en lágrimas. Suspiró y comenzó a arrastrar los pies. Olvidarla le parecía demasiado trabajo. Observó el bosque, y pese a la poca luz, pudo distinguir el tranquilo follaje, que apenas se movía en sosegado compás. Respiró profundo: esta escena le relajaba, pero no podía dejar de remitirle a Serra y la calma que irradiaba, pese a ser tan juguetona. Sacudió la cabeza… ya no podría ver un árbol sin pensar en ella.
Sintió que se le oprimía la garganta cuando pasó por su mente nunca más ir a ese sector del bosque, que era en donde había conocido a Serra, pero se obligó a dar la vuelta, sintiéndose envejecer… no volvería allí, aunque le doliera, al menos por un buen tiempo. Si quería superarlo, tenía que…
Un tenue resplandor al fondo del bosque llamó su atención por completo. Pero fue tan fugaz que no estaba tan seguro de haberlo visto. Aioros entrecerró los ojos y observó por algunos instantes. Dio dos pasos: esa luz vino del portal a Auralis.
¡RIS, RAS, RIS, RIS, RAS!
El follaje, movido quizás por qué fuerza, se agitó por algunos instantes. Aioros, desconcertado, observó hacia la copa de los árboles sin detectar nada. Decidido, y quizás algo molesto, decidió ir a investigar de qué se trataba. Avanzó varios metros en dirección del portal. Quizás alguien, desde Auralis, había cruzado al Santuario. Tenía que ir a ver de qué…
Se quedó quieto. En la oscuridad pudo distinguir algo, que sin estar fuera de lugar, parecía desarmar todo su esquema cognitivo. En medio del camino, de aquél sendero… había una maceta. ¿Qué podrá tener de extraño una maceta? Nada, pero si uno se pone a considerar que momentos antes no estaba y que nadie había pasado por allí.
Entonces su corazón se aceleró. Había alguien detrás de él… pero… pero… pero…
"¡Eia!"
Su alma se cayó de golpe a sus talones y casi él mismo cae producto de la impresión. Esa Voz… ¡ESA VOZ! Aioros se giró sobre sus talones tan rápido como pudo, con el corazón en un puño, aguantando la respiración. Sus ojos se abrieron a un tamaño no natural, su ritmo cardiaco se aceleró de contento ante lo que veía y con justa razón sintió ese hormigueo en el pecho ante tal prodigio.
Entonces esbozó la más linda y amplia de las sonrisas. Aioros de Sagitario no podía estar más feliz.
"Eia."
La saludó con calma, siendo el único sonido que emitió, ofreciéndole su mano, que fue aceptada con gusto. El tiempo pareció congelarse, pero a ninguno de los dos pareció importarle demasiado y se dejaron perder en los ojos del otro.
Ambos se habrían quedado así una eternidad.
Fin de "Ex Cordis Serrae."
Por
Misao–CG
PS: ::sigue en aquella islita remota del Cabo de Hornos:: ¿No son lindos los finales abiertos? La razón de ser de este final tan bizarro se debe a que ES UNA VENGANZA POR TODOS LOS LIBROS CON FINALES ABIERTOS QUE TUVE QUE LEER EN EL COLEGIO, en los que la duda de lo que podría haber pasado al final me carcomía los nervios, y yo no más tenía que aguantarme, porque no me quedaba de otra. Espero que les haya gustado el final de este monstruo. Les agradezco de corazón todo el apoyo y el que hayan llegado hasta el final del fic. Este mamotreto comenzó a ser escrito el 29 de julio de 2005 y se terminó de escribir el 20 de Agosto de 2005, a las 17:10 pm. Sufrió las debidas modificaciones del caso. Para las traducciones del latín, que no fueron muchas, se utilizaron los diccionarios Spes Latín – castellano, castellano – Latín de editorial Vox y el Iter 2000 Latín – castellano de editorial Sopena. ¡GRACIAS POR EL APOYO A LO LARGO DEL FIC!
¡NO SE LASTIMARON ANIMALES DURANTE LA PRODUCCION DE ESTE FIC!
Excepto Gran Fuego, pero él no cuenta como un animal, sino como un vil villano de las más ruines costumbres.
