...Así que decidí volver a la Villa de la Lluvia y pasarme por allí. De paso, comería algo, que ya comenzaba a rugirme el estómago; aunque en el fondo no tenía ganas de comer.


Llegué a la Villa y me pasé por la casa, pero como no había nadie, aparte de varios Anbu que investigaban lo ocurrido, me fui a desayunar algo por allí cerca. Entré a un bar y me senté en una mesa, después de pedir un té bien caliente, que dado el frío que hacía, me sentaría muy bien. Cuando ya iba por el segundo sorbo, escuché el llanto de un bebé. Miré a la mesa que tenía enfrente, de donde provenía el ruido y vi a dos mujeres, una de frente y la otra de espaldas a mí, la cual sostenía en los brazos a un bebé del que yo sólo podía ver un poco del pelo de la cabeza y la punta de los pies. Junto a ella había un niño de poco más de cuatro años, de pie junto a la cabeza del bebé, admirando los rubios cabellos del pequeño, sin ningún gesto en la cara.

Di otro sorbo al té, entretenido ahora con mi bandana, y de repente escuché un sollozo por parte de la madre de los dos niños. El chaval que estaba junto a ella la miró de nuevo sin ninguna expresión y de repente frunció el entrecejo como enfadado, y salió corriendo del bar.

Un horrible pensamiento recorrió mi mente en ese instante. ¿Era esa la mujer de la noche anterior, y sus dos hijos? Bueno, después de todo no era tan horrible. Yo quería saber cómo estaban¿no? Pues ahí los tenía.

- No llores, Yumiko… -decía la mujer de enfrente, tomándola de la mano-; ese hombre no era una buena persona… ¡No te merecía! –exclamó, aunque eso pareció empeorar las cosas en vez de mejorarlas, puesto que la otra soltó un nuevo sollozo.

- ¡C-Cállate, Kaori! –murmuró- …tú no le conocías como yo…

- Bueno, vale, lo que tú digas… -terminó la otra chica (al parecer llamada Kaori) dándose por vencida-. Pero a ti lo que te hace falta ahora es salir, salir de la Villa, conocer gente y cambiar de vida; porque estás pasando por una etapa depresiv…

- ¿Qué dices¡Yo no tengo depresión! –interrumpió la chica del bebé ofendida (que se llamaba Yumiko, según dijo Kaori unos segundos antes).

- Vale, sí… -dijo Kaori poniendo los ojos en blanco y suspirando; de repente pareció ocurrírsele algo-. ¿Por qué no vamos a Konoha? –sugirió sonriente, y pude ver que parecía bastante joven, incluso más que la otra, la cual ya había identificado como la mujer del hombre muerto-. Allí vive mi familia, podríamos pasar una temporada allí.

- ¿Konoha? –murmuró Yumiko pensativa, dejando de sollozar pero con la voz aún temblorosa-. Hace muchos años que no he vuelto.

- ¡Es verdad! –rió-. A los trece años tuvimos que venir aquí.

- Sí… -dijo Yumiko, y de no ser porque estaba de espaldas a mí apostaba a que había esbozado una sonrisa-. No me parece mala idea ir allí, y volver a ver a nuestros amigos de la infancia…

Yo escuchaba la conversación entretenidamente, mientras me acababa el té. Pensé que si podía hacer algo para que Yumiko se sintiera mejor tal vez fuese hablar con ellas, así que me levanté y me dirigí a su mesa.

- Hola… -saludé tímidamente-. Ehm… No he podido evitar escuchar vuestra conversación y…

Mientras intentaba decir algo coherente ellas me miraban aturdidas, seguramente pensando algo como: "¿Quién es este tío?" o algo parecido.

- …Por eso… ehm... creo que podría acompañaros a Konoha… ¿Q-Qué os parece?

Pasaron varios segundos meditabundos por su parte.

- Vale –dijo Kaori sonrientemente, lo cual para mí fue una sorpresa.

Yumiko la miró atónita, como pensando algo parecido a "¿Estás loca?"

- ¿Vale¿Eso quiere decir que no os importa? –pregunté mientras mi subconsciente saltaba de alegría.

- Claro que no nos importa –sonrió Kaori-. Como no tengo familia aquí, no tengo de qué preocuparme, y Yumi-chan puede llevarse a los críos, que falta les hace distraerse…

- ¡Kaori! –exclamó ligeramente avergonzada. Yo no sabía a qué se referían, pero miré a Yumiko, que aún no parecía muy convencida de lo que su amiga había decidido, y ella me miró a los ojos fijamente, pensativa; finalmente, miró a Kaori convencida-. ¡Vale!

Cuando la vi desde la rama del árbol había pensado que tenía más de veinticinco años, pero ahora que la miraba de cerca podía notar que era incluso más joven que yo, pero las ojeras y el mal aspecto de su cara la hacían parecer más mayor. Tenía el pelo castaño claro, casi rubio, recogido en una larga trenza que casi alcanzaba la cintura, y sus ojos llorosos eran de un brillante color esmeralda. A pesar de su mal estado, era una mujer preciosa.

El bebé que sostenía en los brazos no tendría mucho más de un mes, e iba envuelto en una manta.

- ¿Cuánto tiempo tiene? –pregunté, señalándolo con la cabeza.

- Dos meses… -contestó la madre intentando sonreír.

- Ahm. Es muy guapo… ¿cómo se llama?

- Es una chica –replicó amablemente-, y se llama Sora.

- Ah, perdona… -contesté, sonriendo-. Qué nombre más bonito, Sora.

- Gracias… -respondió lánguidamente, apartando la mirada con una triste expresión.

- Nosotras somos Yumiko Hime y Kaori Yiromaka –dijo Kaori como intentando cambiar de tema, señalando primero a su amiga y luego a sí misma. ¿Y tú eres…?

Kaori también era bastante joven; aunque tuviese ojeras, no pasaría de los 23 años, y se podía calcular mejor que con Yumiko porque no las tenía tan pronunciadas. Tenía el pelo oscuro y rizado, cayendo sobre sus delgados hombros, y sus preciosos ojos azul turquesa me miraban sonrientes, aunque también cansados de llorar junto a su amiga.

Esas ojeras por parte de ambas chicas no se habían producido en una sola noche.

- Yo soy Iruka Umino –me presenté tímidamente.

Me senté allí con ellas y estuvimos charlando un rato, y por la tarde emprendimos el viaje de vuelta a Konoha a través del bosque.

Kaori y yo hablábamos animadamente sobre la Villa de la Hoja. Pero Yumiko y su hijo Jillian caminaban en silencio. Ella junto a su amiga y el niño tres pasos por delante de ellos.

El chaval, de cinco años, tenía el pelo oscuro y los ojos color esmeralda como su madre, junto con una mirada tan intensa que reflejaba todo lo que sentía en el interior de su alma. Lo que se veía era tristeza y lamentación, por la muerte de su padre. El hombre a quien yo había asesinado…

La voz de Kaori me despertó de mis horribles (aunque certeros) pensamientos.

- …Recuerdo que en nuestra clase había un niño muy simpático e inocentón, aunque muchas veces se las daba de listo y nunca atendía en las clases… ¿Cómo se llamaba…?

- Iru-kun –murmuró Yumiko mirando al suelo como si la conversación no fuera con ella.

- ¡Ah¡Es verdad, Yumi! Iru-kun… Por cierto, Iruka-san, recuerdo que se parecía mucho a ti… demasiado… -Kaori me miraba pensativa, cuando de repente se le iluminó la cara y se paró en seco-. ¡AH¡IRUKA-KUN¿En serio eres tú?

Yumiko y yo también dejamos de andar, y Jillian siguió caminando varios segundos, para luego detenerse y mirar hacia nosotros impasiblemente con las manos en los bolsillos. Me recordó a Sasuke.

- Ah… sí, bueno… creo que sí… -contesté tímidamente rascándome la cabeza y arqueando los ojos-. A decir verdad, vosotras también me sonabais de algo…

- ¡Vaya! –exclamó Kaori alegremente, mientras notaba cómo un ligero rubor le coloreaba las mejillas-. Pues has cambiado mucho… Estás muy bien… -me miró de arriba a bajo, haciéndome sentir un tanto incómodo, hasta que volvió a mirarme a los ojos y sonrió-; aunque sigues teniendo cara de niño… pero con la misma mirada triste.

Ahora me tocaba a mí sonrojarme. Hacía tiempo que ninguna chica me decía que estaba bien, y lo de la cara de niño lo tomé como un cumplido. Normalmente no tenía esa miraba triste anteriormente mencionada, pero ahora estaba así por lo que había hecho. Decidí no mencionar nada de eso por el momento.

- Bueno… -seguía rascándome la cabeza, cada vez con más timidez-, supongo que sí, pero te puedo asegurar que soy más feliz que entonces.

- ¡Me alegro! -Kaori sonrió.

- Entonces, vosotras sois… ¡Kai-chan y Yumi-chan¡Vaya! Cómo habéis crecido… -exclamé observándolas detenidamente-. Kai-chan, recuerdo que eras de esas raritas y feas, que llevabas gafas de culo de vaso y siempre ibas peinada con dos horribles coletas…

- Oye, no te pases… -me interrumpió, amablemente mosqueada.

- …Pero reconozco que ahora estás muy diferente… -la miré de arriba a bajo tal y como ella había hecho conmigo, admirando todas las curvas de su desarrollado cuerpo de mujer, sin poder evitar sonrojarme-…y muy bien… Ejem… -miré a Yumiko-. Y Yumi-chan también ha crecido mucho… aunque sigue tan guapa como siempre.

Siempre me había parecido preciosa, aunque ahora le decía aquello para que apartara sus pensamientos de aquel hombre, aunque sólo fuera por un instante; para que sonriera.

Y funcionó. Esbozó una sonrisa agradecida, y yo me sentí mejor al verla con aquel hermoso gesto en la cara.

Cuando llegamos a Konoha y después de que Kaori exclamara alegremente "¡Hemos llegado¡Cuánto tiempo!", paseamos por las calles dirigiéndonos a la casa de sus familiares, donde se hospedarían los siguientes días.

Ahora hablábamos de los años en la academia, de nuestra infancia, y Yumi también participaba en la conversación, aunque no mucho y continuamente desanimada, mientras Jillian seguía caminando igual que antes, con las manos en los bolsillos y sin pronunciar palabra alguna.

De repente, alguien que corría sin mirar por dónde iba, se estampó contra mí. Era Naruto. Se frotaba la cabeza, dolorido.

- ¡ITEEE…¡UAH, IRUKA-SENSEI! –exclamó al verme-. ¡Lo siento, no puedo parar a hablar¡Sakura-chan me persigue¡Nos vemos, 'te bayooo!

Comencé a reírme.

- ¡Hasta luego, Naruto¡Nos vemos en el Ichiraku! –le dije mientras corría lejos del peligro de Sakura.

- ¡OK!

¿Qué habría hecho Naruto esta vez? Esa pregunta me estuvo rondando por la cabeza apenas varios segundos. Cosas de críos.

Dejé de reírme cuando me percaté de que Yumiko y Kaori me miraban con curiosidad.

- ¿…Sensei? –preguntó Kaori despacio-…¿Tú?

Giré la cabeza frunciendo el entrecejo, sonrojado.

- Sí¿qué pasa?

Kaori estalló en risas, mientras Yumi también intentaba reírse, pero le resultaba considerablemente difícil.

En aquel momento supe que debía, que tenía la necesidad de hacerla feliz. Ella estaba deprimida y siempre he odiado que la gente tuviese depresión. Yo tuve una vez, hace años, y sé que es lo peor del mundo. No tienes ganas de absolutamente nada, y cuando digo nada, también me refiero a que ni siquiera quieres seguir viviendo. Es lo peor que puede sentir un ser humano. Por eso quería hacerla feliz. No pretendía que se enamorase de mí, ni que olvidara a aquel hombre. Quería ganarme su cariño, pero que él siguiera vivo en su interior, y sentía la necesidad de apartar de ella aquel maldito monstruo al que llamamos "depresión".

- Sí, sé que sólo había apenas un 2 de posibilidades de que en aquellos tiempos me convirtiera en un ninja, y menos aún de que me ascendieran a chuunin… -continué hablando, cabizbajo y sonriente, intentando conseguir una sonrisa de la chica de la trenza-¡y sensei ya ni te cuento! Pero he cambiado. Ya no soy el crío idiota e inútil que sólo se preocupaba por jugar y que le prestaran atención… -ahora miraba al cielo, a las nubes.

Yumi sonrió sinceramente por primera vez en bastante tiempo.

- Me gustaría conocer a ese nuevo Iru-kun… -dijo, mirándome sonriente, y no pude evitar sonrojarme ligeramente.

Cuando llegamos a casa de los familiares de Kaori, nos despedimos hasta el día siguiente, que tenía pensado invitarlas a comer al Ichiraku Ramen. Traer a Naruto quizá no fuese mala idea.


yey! perdón por el retraso jejejej gracias por vuestros reviews:) espero q os guste también este capítulo jejeje ...se acerca el final! xDD weno, aún falta :P jA nE:)