- "Vale, tío, sólo te lo diré una vez…", dije impacientemente, "CÁ-LLA-TE. ¿Me oyes?".

Mientras discutía conmigo mismo, Yumi y yo seguíamos fundidos en aquel beso adornado por las dulces caricias de nuestras manos.


Capítulo 6 - END

- "¡Ah, ojalá pudiera! Pero mi deber es ayudarte", dijo aquella vocecita en mi cabeza,con un cierto tono de melancolía, "Mira, Iruka-kun… Si quieres hacer algo de provecho, puesto que no has hecho nada de eso desde aquella noche… confiésale la verdad."

- "¿Qué?"

- "Dile que fuiste tú quien se cargó a su marido, tío. Es lo único que te pido. Con esto no compensarás los otros hechos, pero al menos, hazme caso, que servirá de algo."

- "…", no sabía qué decir. En el fondo, tenía razón.

Cada vez se me hacía más difícil seguir atento a mis pensamientos porque estaba demasiado emocionado. Ella pasó sus brazos alrededor de mi cuello y pude notar cómo todo su cuerpo se pegaba al mío, sin separar nuestros labios. Pero conseguí despertarme de aquel romántico trance cuando noté que ambos dejamos caer nuestros cuerpos sobre la cama, ella abajo y yo arriba.

- "Díselo."

- Yumi-chan… -murmuré, despegándome de ella e incorporándome de nuevo. Ella también volvió al borde del colchón, observándome con curiosidad.

- ¿Qué pasa, Iru-kun¿Es… es que vamos demasiado rápidos? –preguntó con timidez.

- No, no es eso… es que… Tengo que confesarte algo –aparté la mirada para tropezarme con un espejo de pared. Me vi reflejado, y noté el ligero rubor sobre mis mejillas-. Yo… yo… -no podía decírselo, no era capaz.

- "Díselo de una vez."

- Yo… -frunció el entrecejo al fin decididamente, y murmuró tajantemente-:Yo soy el ninja que asesinó a tu marido.

Ella se quedó sin palabras, intentando dar crédito a lo que acababa de decir. Daba la impresión de que su cerebro trabajaba a toda máquina.

- ¿... -Qué? –consiguiótartamudear al fin.

- Yo… -por dentro me retorcía de dolor- me asignaron una misión… Y esa misión era matar a Kenji…

- P-Pero… no puede ser… tú… -parecía realmente confusa.

- Es la verdad…

Lo que Yumiko hizo a continuación me dolió en lo más profundo del alma. Se levantó bruscamente, me miró entornando los ojos con cierta expresión de odio, y me dio un manotazo en la cara, antes de salir corriendo no sólo de la habitación, sino también de la casa. Yo me quedé de piedra. Ese guantazo me había dolido mucho más que todas las palizas que cualquier ninja poderoso pudiese propinarme. Aunque no precisamente por la fuerza del golpe. Me dolía el corazón. Deseaba taparme la cara y dejar marchar hasta la última lágrima que tuviese en los ojos. Pero no eramomentode llorar. Cogí un paraguas y las llaves de casa y salí corriendo a la calle a buscarla.

Llovía a cántaros y apenas se podía ver más allá de tres pasos por delante. ¿Cómo iba a encontrarla así? Me arrepentí de no haberme puesto algo arriba, una camiseta, un jersey… cualquier cosa, porque aparte de que me estaba congelando, me estaba calando hasta los huesos… Pero no había tiempo.

Habían pasado casi 20 minutos desde que comencé a buscarla, cuando la encontré en el patio de la academia ninja, sentada en aquel columpio en el que Naruto solía sentarse cuando estaba deprimido. Me acerqué a ella despacio. Ni siquiera me miró.

- Yumiko, yo…

- No digas nada. No intentes excusarte –murmuró con voz temblorosa.

- Fue una misión… ¡yo no sabía que ese hombre tenía una esposa y dos hijos!

- ¡Pues haberlo sabido antes de matar a nadie! –exclamó, levantando la vista y mirándome furiosa, con la cara empapada entre la lluvia y las lágrimas.

- … -aparté la mirada, avergonzado.

- Yo… yo le amaba¿sabes, Iruka? Y tú me lo quitaste… me lo quitaste para ocupar su puesto… ¿Por qué lo hiciste?

- Yumiko, soy un ninja. Aunque me de rabia, hay veces en que tengo la obligación de hacer cosas que no le gustarían a nadie…

- Eso ya lo sé… no me refería a eso, sino a por qué ocupaste su lugar.

La miré a los ojos. No estaba seguro de cuál era su expresión. Me estaba pidiendo que la dejara en paz, que desapareciera de su vida para no volver a verme nunca más, y al mismo tiempo me rogaba que me permaneciera a su lado por siempre y le explicara el por qué de lo que había hecho. Se levantó y se acercó a mí.

- De todas formas… yo... le amaba… yo le amaba… -comenzó a llorar, mientras me golpeaba una y otra vez el pecho con los puños cerrados- ...Le amaba...

Hice todo lo posible por no llorar, aunque aún así una lágrima se deslizó por mi mejilla.

- Ocupé su lugar porque verte triste me rompía el corazón… -murmuré mirando al cielo lluvioso.

Sus golpes eran cada vez menos fuertes, hasta que no aguantó más y apoyó su cabeza en mi pecho, llorando. Cuando fui consciente de mis actos, me di cuenta de que había dejado caer el paraguas al suelo y la había rodeado con mis brazos. Esto fue antes de acariciar delicadamente su mejilla con mis manos y besarla. Ella no hizo nada por impedirlo y eso me tranquilizó.

- Lo siento… -murmuré en cuanto me separé de ella para admirar sus preciosos ojos; ella me dedicó una amarga sonrisa, aunque con eso tenía suficiente-. Anda, volvamos a casa…

Asintió levemente con la cabeza, apoyándose más en mí y abrazándome fuertemente. Daba la impresión de que no me quería dejar marchar, que yo era lo único que le quedaba. Aunque no fuera del todo cierto, por supuesto. Tenía a Kaori y a sus hijos. Miré de nuevo hacia el cielo oscuro y triste, y una gota de lluvia se fundió con una de mis lágrimas, cayendo ambas por mi mejilla...

Llegamos a casa y después de cambiarnos cada uno de ropa, cruzamos unas escasas palabras. "Lo siento…", "ya no importa…", "espero que puedas perdonarme…", "te he dicho que ya no importa…" y poco más. Luego me dirigí a mi cuarto, a dormir, y descubrí que me seguía. Me giré para encontrarme con una mirada sonriente yjuguetona, aunque amarga,pero no pude evitar besarla de nuevo y acabar con lo que habíamos empezado apenas media hora antes.

Aquella noche ambos nos desahogamos de una forma especial. Como diría Jillian, haciendo "eso que hacemos los mayores"…

A la mañana siguiente me desperté con los rayos de sol que atravesaban el cristal de la ventana y pude ver que ella seguía abrazada a mi cintura, con su cabeza apoyada en mi pecho durmiendo apaciblemente. Aspiré el aroma de sus claros cabellos y me sentí reconfortado. Deseé que se parase el tiempo, que estuviésemos toda la eternidad abrazados los dos, y nunca tuviéramos que separarnos.

Pero por desgracia no fue así. Poco después, ella despertó, se vistió y se tuvo que marchar. Después de varios abrazos de despedida a Jill-kun y a ella (el pequeño no paraba de llorar, porque no quería irse), los vi partir por el bosque, no sin antes encargarle a un amigo mío chuunin que los acompañara. Sólo de pensar que no volvería a verlos me partía el corazón. Pero ¿qué otra cosa podía hacer? Si aquellos hombres de los que había hablado Kaori la encontraban… no quería ni pensarlo.

Llegué a la conclusión de que todo debía volver a la normalidad, a como había sido siempre. Esto sólo había sido un capítulo más en la aventura de mi vida, y hay veces que lo mejor que puede hacer una persona es olvidar. Punto y aparte. Eso es lo que haré.

Pero, aun así… la sigo amando.

FIN


Yey! weno, q os ha parecido? espero que os haya gustado no sólo el final, sino el fic entero. Anda, dadle una oportunidad a Iruka los que no le conozcáis tanto como nosotras, sus fans...! jejejej Espero reviews! jA nE! o