Witt.- Pst-pst, Matt, ..' oíste? (acercándome al oído de Yamato).

Matt.- ¿Qué cosa? ¬¬

Witt.- Creo que este fic está atentando con la vida de muchos: primero Sora Takenouchi Ishida te ahorcó a ti y ahora SORITA-DG1 quiere ahorcarme a mí si esto termina en Mimato…

Matt.- Hey! (mirando a SORITA DG1 con ojitos tiernos) ¿No habría forma de negociar ese asunto? (¿por qué a mí no me mira así? T-T)

Witt.- O.o ¿No me digas que… (mi voz se opaca por la sorpresa) quieres que este fic sea un Mimato (casi me quedo sin aire al terminar mi pregunta)?

Matt.- ¿Q-qué? No, no me refería a eso… En realidad yo quise decir¿No habría forma de negociar que la ahorcaras sea como sea que termine el fic? Creo que ya le hace falta una sacudida de tuercas.

Witt.- (me congelé… se me congeló el corazón y se partió en mil pedacitos T-T, por un momento pensé que quería defenderme) Eres muy cruel conmigo/Zap/ (Je! No me quedé con ganas de darle un coscorrón).

Matt.- Oye! Eso duele.

Witt.- Lo mismo que pensé: creo que este fic está provocando el surgimiento del "asesino en serie" que todos llevamos dentro. Y mientras éste muchacho cruel se sigue sobando su rubio "coco" ustedes pueden continuar con la lectura del 3er capítulo.


Un error del destino…

By: Zoe Wittgenstein or "Witt"


Capítulo III

Las mentiras…

A la mañana siguiente Mimi y su pequeño salieron precipitadamente del hotel, tenían que realizar un gran recorrido por Japón. Quizá irían al centro de la ciudad, a la torre de Tokio y a los lugares más bellos que Mimi conocía y que quería mostrarle a su retoño.

Tachikawa quería divertirse un poco con su hijo, a ambos les agradaba perseguirse el uno al otro corriendo por las calles de Nueva York y… ¿Por qué cambiar la tradición en Tokio? Sería bueno continuarla en cualquier parte del mundo¿no? Así que Mimi comenzó a correr mientras Mikey la perseguía.

Iban corriendo muy aprisa y bastante distraídos, Mimi miraba tras ella cuidando de no alejarse demasiado de Mikey, por lo que no se dio cuenta de que alguien más caminaba en la acera, pero en dirección opuesta a ellos y, sin poderlo evitar, chocó con aquella persona.

—¿Mi-Mi-Mimi? —balbuceó una voz masculina frente a la castaña.

—¿Quién es esa persona, mamá? —preguntó el niño al notar que aquel hombre conocía a su madre.

—Él es… —se notó algo indiferente, incluso enfadada —Yamato Ishida… un CONOCIDO de la infancia.

—Y… ¿no me vas a presentar? —preguntó el niño.

—¡Ay! S-sí, él es Yamato Ishida y —mirando a Matt — él es…

—Mikey… —continuó la frase de Mimi —ya lo sé.

—¡Ah¿Lo conoces?

—Sí, oí algo de él en televisión.

—Mmm… —gesticuló sin mostrar algún interés en los comentarios de Matt.

—Oye Mimi —dudando.

—¿Sí, Matt?

—Te gustaría ir a cenar.

—¿Cenar¿Debido a qué?

—Necesito hablar contigo.

—¿"Hablar conmigo"? Yo no tengo nada que hablar contigo.

Mimi tomó de la mano a su hijo y se dispuso a irse. Se notaba indignada, incluso molesta, pero Matt la detuvo precipitadamente por el brazo.

—Mimi, por favor —rogó con la mirada, esa dulce mirada que derretiría a un iceberg en Polo Norte —. Si ya no me consideras amigo, por lo menos hazme éste último favor.

—¡Ay! —quejándose mientras miraba la mano de Matt, la cual todavía le sostenía el brazo. Matt entendió la indirecta de los ojos de Mimi y la soltó poco a poco —De acuerdo —suspiró profundamente mientras sonreía ampliamente, como para comercial de pasta dental —, pasa por mí a las 8:00 PM.

—¿Ho-hoy? —preguntó Matt.

—¿Algún problema? —preguntó algo cortante.

Justo ese día Yamato había acordado llevar a cenar a Sora su restaurante favorito, debía disculparse por lo grosero que había sido la noche anterior pero ahora tendría que cancelarle, aunque no quería. Sin embargo, no era momento de hacer enfadar a Mimi o nunca le confesaría la verdad, además, Tachikawa siempre había sido una joven autoritaria, engreída y caprichosa, sería mejor no contradecirla.

—No-no —respondió precipitadamente el rubio —, ninguno. Está bien hoy a las ocho.

Matt intentó sonreírle un poco a Mimi, luego volteó a ver al pequeño niño.

—Pequeño Mikey —se agachó y, mientras le alborotaba el cabello con una mano, con la otra le obsequió una paleta de caramelo —, tomo esto —le sonrió cálidamente, casi como un padre al ver a su hijo. ¿Sería que había descubierto algo sin siquiera preguntárselo a Mimi?

El rubio se incorporó y se despidió de la castaña y de su pequeño hijo.

Espero que Sora no se enoje conmigo —pensó Yamato mientras caminaba rumbo a casa de la pelirroja, lo menos que se merecía era que le diera la cara de frente y no la cancelara con una llamada telefónica.

Por su parte, Mimi y Mikey habían decidido ir a casa de Taichi para pedirle un pequeño favor. Tachikawa tocó una vez el timbre, un largo silencio invadía el pasillo ¿acaso Tai no estará? Mimi pegó su oído a la puerta para oír cualquier movimiento dentro del apartamento.

—¿Escuchas algo, mami? —preguntó el niño mirando a su mamá.

—Sh… —pidió su mamá —, si hablas no podré escuchar si alguien se acerca a la puer… ¡TAAA!

¡Plaz!

—¡Mamá!

Lo dicho, Mimi no pudo escuchar los entorpecidos pasos de un soñoliento Taichi que abría la puerta mientras ella continuaba con todo su peso recargado en la misma. En consecuencia, cayó al suelo cual alta y ancha era. ¡Santo ma… ndarinazo!

—¿Mimi¿Qué haces ahí? —preguntó mientras veía a la pobre castaña tirada en el suelo con la cara hundida sobre el tapete de la entrada.

—¿No ves? —escupiendo una pelusa —Contando el polvo de tu alfombra… —respondió con ironía no muy alegre, a decir verdad.

—Je, je… ¡Nunca dejas de ser graciosa, Mimi!

—¿Por qué mejor no ayudas a levantarme, en vez de reírte de mí?

Taichi la ayudó a ponerse de pie, era mejor hacerlo cuanto antes o sino Tachikawa quemaría su apartamento con aquella fulminante mirada que sus ojos expresaban a causa del coraje y del golpazo que se había metido. Mimi se sacudió el polvo una vez incorporada, se acomodó el cabello con los dedos y tomó de las manos a Mikey mientras entraba al apartamento del moreno, como si nada hubiera pasado.

—¿Quieren tomar algo? —ofreció Taichi educadamente, aunque en el fondo aún se aguantaba la risa de ver lo cómica que se había visto Mimi al permanecer tirada y despatarrada en suelo.

—No-no, es que sólo vine a pedirte un favor…

—Ah! Bueno… ¿y de qué se trata?

—Lo que pasa es que, iba caminando muy tranquila por la calle de la mano de mi hijo —¿caminando, eh¡Qué mentirosa! —y nos topamos con Matt, él me invitó a cenar porque dijo que tenía algo de que hablar conmigo, realmente no sé que le pasa pero… acepté.

—¿Y eso que tiene que ver conmigo? —cuestionó —Momento… ¿dijo que iba a cenar con Matt o fue mi imaginación?

—Vine a pedirte que… —dudó un poco —mmm… ¿puedes quedarte a cuidar a mi pequeño Mikey hoy por la noche?

—¡Qué? No-no-no, Mimi —gritó sorprendido —Me llamas a las doce de la noche para que te vaya a recoger al aeropuerto y ahora vienes a las once de la mañana a pedirme que cuide a tu hijo —se volteó muy indignado —. Me niego rotundamente —mientras entrecruzaba los brazos y le daba la espalda a ambos.

—Pero Tai —rogó con la mirada.

—No, no me vas a convencer.

—Por favor…

—No.

—Por favor ¿si? —buscando la cara de Tai para convencerlo —Anda Tai.

—¡Ay! —suspirando —Ya, está bien, muy bien, lo haré.

—¡Gracias!

En realidad, Tachikawa tenía un gran poder de convencimiento, sus enormes ojos llenos de ternura infantil encantarían hasta el más gruñón de los seres. Su expresión era casi angelical y su sonrisa iluminaba cada rincón de la habitación en que se encontrara. En consecuencia, Taichi no pudo negarse.

—Sí… de nada —dijo no muy convencido —. ¡Cómo no! —comentó entre dientes.

Tai siempre fue muy condescendiente con sus amigos cuando le pedían un favor¿qué le costaba cuidar al pequeño hijo de Mimi mientras ella y Matt arreglaban sus asuntos? Si es que tenían algo que arreglar. Después de Todo Yagami nunca tenía nada que hacer…

—Bueno, te espero a las 7:45 en mi habitación del hotel.

—Ahí estaré —mientras daba un gran bostezo con el que casi se come a Mimi y a Mikey.

Mimi y su hijo salieron del apartamento de Tai, mientras el moreno se disponía a meterse por tercera vez a la cama en el mismo día. Pobre Tai, sólo quería descansar un poco luego de la desvelada, del chisme, del viaje de ida, del viaje al hotel y el de regreso a su apartamento¿era demasiado pedir?

Ding, Dong…

Yamato estaba esperando tras la puerta del apartamento de la pelirroja. Sus manos le sudaban como nunca, y jugueteaba con sus demos entrelazándolos unos con otros, su respiración no era lo más tranquila del mundo. ¿cómo iba cancelar su cita con ella? Sin duda eso le ponía los nervios de punta. ¡Demonios!

Sora abrió la puerta con una gran sonrisa en el rostro hasta que se dio cuenta de que se trataba de Yamato, la hora del día oscilaba entre las doce treinta y la una de la tarde, muy temprano para comenzar con su cita y muy tarde para un desayuno en pareja.

La pelirroja se puso un poco seria, incluso triste, no era buena señal que Matt llegara a su casa antes de la hora acordada para ir a un compromiso. La joven Takenouchi hizo pasar a su novio al apartamento, el rubio entró despacio, con pasos torpes y con la cabeza baja; eso le comprobó aún más a Sora que no se trataba de algo bueno, pero ella intentaba disimular, quizá sólo sería uno de esos tontos presentimientos que corren por la mente de las mujeres venidos del país de la imaginación, la locura y la histeria.

—¿Quieres algo de tomar? —sonrió la pelirroja.

Matt negó con la cabeza y suspiró profundamente, en ese instante Sora supo que por fin abriría la boca y por fin diría el porqué de su visita.

—¿So-sora? —balbuceó Matt mientras ella lo miraba fijamente a los ojos —So-sobre nuestra cena de hoy en la noche, yo…

Sora le rogaba con la mirada que no continuara, la pelirroja conocía demasiado bien al rubio y sabía que cancelaría la cena, no quería escucharlo decir "No puedo…". Días antes, Yamato había estado muy amoroso con ella, incluso Sora llegó a pensar que le pediría matrimonio en cualquier momento¿qué era lo que había cambiado? Acaso ¿había dejado de quererla de un día para otro?

—Sora, yo… —divagó, no sabía qué decirle ¿la verdad? Por supuesto que no, ella no lo entendería, eso pensó Yamato, pero no imaginaba ni por un instante qué tan compresiva era su novia —debo cancelarla, es que…

Takenouchi lo miraba insistentemente, en su mente sólo le pedía, le imploraba a Yamato que le dijera la verdad: "Por favor Matt, dime la verdad, dímelo, has estado muy raro desde ayer… Matt sea lo que sea, lo entenderé… confía en mí, por favor", pero en vez de decírselo se quedó sumisa y callada esperando poder confiar en su novio, esperando que le dijera la verdad o al menos una excusa creíble.

—Es que pronto comenzarán mis exámenes finales en la universidad y debo prepararme —terminó Matt.

Sora sabía que eso no era verdad, Matt jamás había sido un mentiroso profesional; su labio inferior temblaba, su nariz se arrugaba y evitaba mirarla a los ojos. Definitivamente, como abogado, moriría de hambre —sin ofender a cierto elegido que lucha por la justicia —, Yamato ni siquiera era capaz de hacer un buen trabajo en cuanto a la omisión de detalles, ni siquiera podía tergiversar algunas frases que no necesariamente fueran mentira.

Ambos habían cometido un error, por un lado Yamato no había tenido el suficiente valor de confesarle a la pelirroja todo lo relacionado con Mimi, él pensaba que Sora se encelaría y lo dejaría, la amaba mucho como para lastimarla o más bien se amaba mucho como para decirle que le había fallado, que no había sido sincero. Por otra parte, Sora, no le confesó que se había dado cuenta de su mentira, pero en el fondo ella quería que fuera verdad, quería que Matt no le hubiera mentido, quería pasar el resto de su vida con Yamato y debía confiar en él. Nunca le había mentido ¿o sí? No había por qué no creerle. Era mejor así: quedarse callada… quedarse callado… guardarse un secreto, guardarse sus sentimientos… ¿a quién podía afectarle?

"Ojos que no ven, corazón que no siente", pero la realidad es que sí siente, pero no podían, no querían darse cuenta de ello.

—Mu-muy bien —intentó sonreír Sora, aunque por dentro le dolía el pecho —. Sé lo importante que es la universidad para ti, es uno de tus más grandes sueños¿verdad?

—S-sí —titubeó intentando guardar las apariencias —. Discúlpame Sora, esta noche era muy importante para mí, no me gustaría defraudarte.

—No, no te preocupes. No me defraudarás si esta noche vas y te hundes en los libros para cumplir tu sueño de ser astronauta.

¿Quién inventó las indirectas¿Quién fue el inútil que pensó que serían buenas para llevar una relación? La gente siempre escucha lo que quiere. Y todavía… todavía Yamato le sonrió y asintió con la cabeza. A estas alturas no admitiría que le había mentido ¿quién lo haría? Siempre se lucha con un ángel por un lado y un demonio por el otro… que levante la mano quien siempre le hace caso a "pepe grillo".

Matt se despidió con un beso en la mejilla de su novia, quien lo tomó fuertemente de la mano dándole la enésima y última oportunidad para que le dijera la verdad, señal que el rubio no respondió. Simplemente cruzó la puerta y abandonó a la pelirroja, quien hundió el rostro en sus manos y comenzó a llorar amargamente, no quería creerlo un mentiroso, sin embargo… lo era, pero ¿por qué?

Yamato, por su parte se sentía culpable. Agh! Esa sensación tan horrible que te quita el sueño por las noches y te evita mirar a los ojos a quien le mentiste, eso si eres una persona con remordimientos, sino… eres una persona cínica que, pese al daño que hagas y mentiras que digas, eres capaz de incluso sonreírle casi sinceramente a esa persona.

"¿Se habrá dado cuenta?", se preguntaba Matt una y otra vez, esa forma en que ella se había aferrado a la mano de él le pareció extraña. La pelirroja tenía una mirada melancólica y dudosa, aún era tiempo de volver y decirle la verdad, pero cuesta mucho trabajo aceptar los errores que cometemos. No nos gusta perder el amor propio y aceptar que no equivocamos. "Seguramente es sólo mi imaginación" se dijo a sí mismo, en realidad lo único que quería era cortar de tajo sus remordimientos.

Había cosas más importantes en las cuales pensar, pero… ¿más importantes que el amor y confianza que Sora siempre le había tenido? Ya habían superado varias pruebas desde lo que ocurrió hace cuatro años con Hikaru —véase capítulo uno—, su corista. ¿Para qué buscarse nuevos problemas y trabas para continuar limpios con su relación? Sin lugar a duda no era culpa de Sora, ella era una joven muy honesta, sincera, amorosa y sensata… lo suficientemente como para saber lo que era bueno y lo que era malo.

Takenouchi era de las pocas personas que, la mayoría de las veces, le hacía caso a esa cosita rara en nuestra mente llamada conciencia, que generalmente acuchilla con saña nuestros deseos momentáneos. A veces es fastidiosa pero ella sabe lo que hace… es su trabajo y ha estado en éste mundo desde mucho antes que existiéramos. ¿Cómo sería el mundo sin ella? Acaso ¿sería mejor?

Ahora era el momento de ir a su departamento, tendría mucho en qué pensar y luego prepararse para pasar por Mimi al hotel, menos mal que estaba cerca de su casa, con tanta presión incluso podría olvidar su nombre. ¿Valdrían la pena tantas mentiras o todo esto era producto de su imaginación y Mikey no era realmente su hijo? Lo hecho, hecho está, tendría una charla con Mimi y por fin sabría la verdad. Si es que la castaña estaba dispuesta a revelarlo.

Continuará…


Siempre debrayo (sueño, alucino) mucho cuando escribo historias, empiezo con una idea y mis dedos terminan escribiendo otra, hay mucho de mí en cada línea que escribo¿estoy medio loca, no?

Gracias a quienes me escriben reviews!

Sorita-DG1

Witt.- (con miedo en mis ojitos) No quiero que me ahorques… aún no sé cómo va a terminar esto.

Sora Takenouchi Ishida

Witt.- No te acabes tus uñitas que luego no van a crecer lindas, aunque no gastarás mucho en esmalte ;)

Carito

Witt.- Uh! Aún no sé como va a terminar esto… no aseguro nada.