Sorita-DG1
Matt.- Gomen! No quise decir que quería que terminara en Mimato, ;P sólo dije que quería que ahorcaran a esta loca que juega con mi vida personal TT Ya he sufrido demasiadas "ahorcadas" en estos días. Yo no hice nada… la culpable es ella (ya sabes a quién me refiero, a la bruja que se hace llamar "Zoe Wittge-lo-que-sea").
Witt.- je! Yo sí tengo que agradecerte por tu comentario, no le hagas caso a este tonto que está a mi lado. . Me alegra mucho que te esté gustando… eso me ilusiona mucho-mucho. Sólo quiero decirte que muy pronto no estarás tan segura que Tachikawa es tan buena como parece (es humana, to2 cometen errores). Y tú Yamato, mejor ya cállate y no me llames bruja.
Matt.- ¿Yo qué?
Sora Takenouchi Ishida
Witt.- Seh! Pobre Yamato está a mi merced, está bajo mi control Muajaja (Ay! Ya me dio un síndrome raro, no hay antídoto, salvo que me vuelva a someter a otra lobotomía). Por cierto, antes de terminar este fic tendré que reservar toda una "casa funeraria" x aquello que los cientos de muertos que surgirán a raíz de esto, o sino por lo menos un hospital muy grande, x eso de los heridos a causa de pedradas, asfixias, balazos y jitomatazos ;b
Shin Black
Witt.- No, pobre Sora. Ella jamás podría quedarse con Tai son muy buenos amigos y Yagami es demasiado impulsivo y descuidado, Sorita dejaría de ser una linda pelirroja para convertirse en una señora gorda fea y llena de canas verdes… Taichi en vez de jugar el papel de esposo o novio lo jugaría como el bebé grande de casa. Jeje, mejor sola que mal acompañada ;)
Carito, Barbuchis, marcela, alex, Fairy Mary, AkiaFallen
Witt.- Wow! o.O No Sabía que el Mimato tuviese tantos y tantos fans por aquí, la verdad a mí no me molesta esa pareja n.n
A veces no entiendo por qué hay una eterna guerra entre Mimato-Sorato y Sorato-Taiora, je! Cada quien sus gustos y cada pareja tiene lo suyo, en fin… continúen leyendo, espero que les agrade. Y dejen reviews aún cuando no les haya gustado la historia ¡Critíquenme, no sólo aumenten mi ego! Yo intentaré mejorar cada vez más.
Un error del destino…
By: Zoe Wittgenstein or "Witt"
Capítulo IV
Ansias y simios en el techo.
Yamato se dirigió a su casa, en realidad estaba muy melancólico por lo que había sucedido en casa de Sora, había notado a su novia algo rara, incluso triste. Matt se sentía bastante mal¿acaso habría sido mejor que le hubiese confesado la verdad desde un principio? No-no, agitó su cabeza intentando apartar esa absurda pregunta, ni pensarlo, Sora jamás debería enterarse, claro… a menos que Mikey sí fuera su hijo y entonces sí que la pelirroja se enfadaría mucho-mucho con él.
"Fue sólo una noche, Sora" Pensó responderle al imaginar la cantidad de preguntas que podría hacerle su novia. No, no podía decirle eso, sería su sentencia de muerte¿qué es eso de: "Fue sólo una noche, Sora"? El rubio entró a su cocina y tomó una lata de cerveza de la nevera, sorbió un poco de ese líquido amarillento y amargo; estaba helado, aunque Yamato no lo sintió, estaba completamente hundido en sus pensamientos como para darse cuenta de lo que hacía o lo que bebía.
—Aún es temprano —susurró al ver el reloj de pared, junto al refrigerador, una cuarenta y cinco marcaba éste —. ¡Qué bueno! Me dará tiempo de tomar una siesta antes de pasar por Mimi! —pensó, estaba algo cansado, durante toda la noche no había dormido pensando en lo mucho que cambiaría su vida si sus sospechas fuesen reales.
Yamato suspiró, dio el último sorbo a la lata de cerveza¿para qué perder el tiempo si no le sabía a nada? Salió de la cocina y caminó hacia su habitación, en lo único que pensaba era llegar felizmente al país de los sueños y relajar los músculos de su cuello. Se había estresado mucho y eso que aún no conocía la verdad.
Faltaban una… dos… tres… casi seis horas para que llegara la hora de su cita, eso le daría tiempo de al menos dormir cinco horas. Pero… ¿cómo fue que Yamato supo en dónde se hospedaba Mimi? Muy formalmente había quedado en pasar por ella a las 8:00 PM¿no? Cierto, Yamato, tontamente, esperó a que Taichi, luego de recogerlos en el aeropuerto, le llamara por teléfono para decirle en qué hotel se quedarían Mimi y su hijo durante su estancia en Odaiba. Sin embargo, el rubio no pudo aguantar la incertidumbre y decidió llamar por su propia cuenta a Tai, seguramente al muy desconsiderado se le había olvidado avisarle.
Taichi estaba dormido en su casa, eran alrededor de las diez de la mañana cuando sonó su teléfono, rumbando como el estruendo de una catástrofe natural. No podría dormir y eso era un hecho. Yamato le preguntó con ansiedad si ya había visto a Mimi, el moreno asintió con una voz pasmada, lenta y casi inentendible. Luego, el rubio decidió armarse de valor y preguntar en dónde se había hospedado la castaña y su pequeño hijo, "Hotel Odiada", respondió Tai por instinto "Habitación 1823, es la suite principal, último piso" y colgó el teléfono, el pobrecillo ya estaba tan cansado que ni cuenta se dio de lo que hacía.
Fue por esa llamada que Yamato decidió ir a ver a Mimi al hotel, aunque no sabía con qué pretexto y aún así se decidió. Por suerte su encuentro con ella había sido casual, como si hubiera sido una coincidencia, a pesar de que Yamato ya había planeado tocar hasta la puerta de su habitación. Yamato caminando solo por la calle y Mimi y su hijo corriendo velozmente por la avenida principal, así fue como se encontraron y formalizaron una cita ¿"Formalizaron su cita"¡Qué va!
Yamato había caído por fin en el país de los sueños, cómodo y bajo una sábana de algodón. Cualquiera que lo viera en ese estado, pensaría que se trataba de un ángel, un bello enviado del paraíso durmiendo sobre las nubes de algodón de azúcar, pero Matt no era un ángel, era un simple mortal que venía al mundo a cometer errores… muchos, muchos errores, como todos los demás seres que habitan éste planeta.
Mimi, un poco más tarde, estaba desesperada. La hora de la cita se acercaba peligrosamente, no sabía qué ponerse. ¿Algo formal? Yamato no la llevaría a un lugar muy formal ¿o sí? Corrió por toda la habitación del hotel, vació sus maletas y regó ropa por todos lados, en la sala, sobre su cama, en el tocador, en el buró, el clóset, en fin, en todas partes, pero nada le convencía. Así era Mimi, aunque solamente fuera al supermercado se arreglaba para verse espectacular, le encantaba atraer las miradas de todas las personas que se cruzaban en su camino, a veces por despampanante y otras veces por extravagante.
Por fin se decidió, se vestiría con una minifalda blanca de piel, una blusa rosa con un buen escote, una chaqueta de cuero blanco y botas de vaquero, también blancas. Siempre se veía bien, en realidad no era la mujer más bella del planeta, ni mucho menos la más escultural y exuberante; sin embargo, no tenía nada que envidiarle a nadie, era una joven muy delgada pero bien proporcionada.
—Ya se me hizo tarde y Tai todavía no llega —refunfuñó frente al espejo mientras se colocaba unas arracadas de plata en las orejas.
Mientras tanto, Mikey la veía atento con sus enormes ojitos azules, mientras recargaba su barbilla sobre la mesita del tocador, apenas la alcanzaba, era muy bajito y sólo veía sobre ella si permanecía de puntitas. Parecía ser un niño muy inocente, lo reflejaba en su tierna y dulce mirada. Mimi, ni siquiera lo veía, estaba más preocupada por otras cosas como para enfocarse en algo 'tan simple' como el rostro de su pequeño mirándola con fascinación y admirando lo bella que era.
Justo en ese instante sonó el timbre de su puerta, seguramente se trataba de Tai.
—¡Ah! Debe ser él —exclamó Mimi y por fin se dignó a mirar a su pequeño hijo —. Mikey, anda, ve a abrir la puerta por favor —le pidió sonriente —, seguramente se trata de tu tío Tai.
Mikey se encogió en hombros y corrió contento a abrir la puerta. Efectivamente, se trataba de Tai, éste lo cargó como si fuera un muñequito de trapo y lo montó sobre sus hombros.
—¡Hola, pequeño Mikey¿Cómo estás?
El niño sonreía muy feliz, como a cualquier niño de su edad le agradaba estar en las alturas. No sufría de vértigo, ni mareos, al contrario, era una sensación muy divertida y emocionante.
—¡Estoy bien, tío Tai! —le respondió mientras jalaba un poco el cabello de su nuevo pony y luego le tapaba los ojos impidiendo que Tai pudiera ver por dónde caminaba.
—¡Oye! No hagas eso o nos caeremos.
—Parecen cavernícolas —comentó Mimi mientras salía del baño y caminaba al recibidor —. Mikey, quita tus manitas de los ojos del "tío Pony" y baja de ahí, ahora mismo.
—¡Hey¡No soy el Pony! —reclamó —Soy el tío Semental —exclamó con un tono presumido mientras bajaba de sus hombros al pequeño hijo de Mimi, quien no se notó muy contento por terminar el juego, pero tuvo que resignarse.
—¡Cómo no! —hizo burla Mimi —Los hombres siempre se jactan de sus cualidades… —divagó un poco mientras miraba la entrepierna de Tai —físicas —añadió al haber encontrado una palabra adecuada —. Aunque en realidad yo hago mucho caso del dicho "Dime de qué presumes…
—No-no —tapándole los oídos a Mikey —, no digas cosas malas enfrente de tu hijo. Podrías dejarlo traumatizado¿qué pensará de su guapo tío Tai?
Mimi desvió la mirada algo indiferente y la dirigió hacia el reloj colgado en la pared, eran las ocho con un minuto. A Tachikawa no le gustaba esperar a nadie y se notaba a leguas porque comenzó a chocar constantemente la punta de su pie contra el suelo "Plack, plack, plack", incluso entrecruzó sus brazos… señal de desapruebo. ¡Vaya con la castaña y su gran capacidad de paciencia!
—Calma Mimi ¿Por qué estás tan ansiosa? —le preguntó al notarla tan precipitada, de hecho hasta con el seño entre cruzado —. Será que Matt es… —pensó.
—¿Yo, ansiosa? —se mofó de Tai un tanto exagerada —No estoy ansiosa —aseguró sonriente mientras caminaba en círculos y miraba constantemente el reloj: ocho con dos minutos —. Aunque no lo creas no podría estar más calmada.
En ese instante tocaron la puerta, lo que provocó que Mimi saltara como un gato tras un terrible susto.
—Calma, yo abro —le dijo Tai intentando tranquilizar los nervios que invadían a su vieja amiga.
Taichi caminó hacia la puerta, llevaba de la mano al hijo de Mimi y la abrió.
—Ya te esperaban, galán —le dijo al ver que se trataba de Yamato.
—¿Tai? —el rubio miró muy sorprendido su amigo —¿Y tú-tú, tú qué haces aquí?
—Vine a cuidar al pequeño hijo de Mimi mientras que ustedes salen a… arreglar cuentas —le dijo en voz baja, una vez más cubriendo los oídos del pequeño de cinco años.
—Déjame en paz —refunfuñó entre dientes mientras hacía a un lado al moreno para que le permitiera pasar —, ya tengo bastantes problemas por resolver…
—¡Ah, hola Matt! —saludó Mimi disimuladamente mientras sonreía como una adolescente —¿Nos vamos? —preguntó —. Cuídate pequeñito —mirando a su hijo con gran ternura —¡Ah! Tai, no lo dejes dormir tarde porque mañana será un día muy especial…
—¿"Especial", será que piensa decirnos la verdad? —Matt pensó intrigado —. Toma Tai, éste es el número y la dirección del restaurante a donde llevaré a Mimi —le entregó una pequeña tarjeta —, si surge una emergencia podrás llamarnos, Yagami.
—De todos modos dejé sobre la mesita del tocador mi número de celular ¡Ah! —recordó algo —Y no le des dulces, le hacen daño —le guiñó el ojo a su amigo —. Adiós Mikey, adiós Tai.
—Adiós Mami —respondió el pequeño.
—Sí, adiós mami —se despidió Tai con un leve tono de burla, no pudo evitarlo, después de todo, Tai siempre fue algo simple con sus comentarios.
—Muy gracioso Tai… muy gracioso.
Mimi caminaba segura de sí misma, desde lejos se notaba que se trataba de una modelo y actriz de cine. Pronto llegaron a la planta baja del hotel y se dirigieron al flamante Ferrari rojo del joven rubio. En el transcurso del camino, Matt estaba miraba de reojo a su acompañante mediante el retrovisor y eso fue durante varios minutos: espejo-volante-frente, espejo-frente-volante, ahora era él quien se notaba mucho más que ansioso.
—Y… ¿qué has hecho de tu vida? —le preguntó Mimi, intentando romper el hielo y el silencio tan incómodo que invadía el cálido ambiente del interior del automóvil.
—Pues nada interesante —comentó sin ánimos —, trabajo en un bar en el centro de la ciudad llamado "Deluxe Star", es el sitio de moda —sonrió satisfecho mirándola por el retrovisor —. Nuestra banda toca los viernes y sábados a partir de las nueve treinta. Cover 1500 yenes.
Mimi rió un poco e intentó disimularlo cubriéndose la boca discretamente con las manos.
—¿Qué? —preguntó Matt entre risas al no comprender la actitud de su acompañante.
—Sonaste como un comercial barato —intentó calmar su risa —: "Cover 1500 yenes" —imitando de manera graciosa la voz de Yamato.
—¡Hey! No hay remedio, gano por comisión. Mientras viernes y sábados soy la estrella del lugar, de lunes a jueves no soy más que el mesero del bar —tuvo que aceptar, aunque no era para nada grato —, mi jefe es un explotador tacaño —se quejó —, es un hombre insoportable.
Ambos se vieron por unos instantes a los ojos sonriendo, las palabras de Yamato hacían reír sin esfuerzo a la castaña, sin embargo, en segundos voltearon sus rostros al lado opuesto.
—¿Y por qué trabajas tanto? —le preguntó intrigada mientras jugueteaba con sus manos notándose nerviosa.
—Pues… necesito pagar la universidad —suspiró profundamente —. Eso me pasa por querer ser astronauta.
—¿"Astronauta"? —a decir verdad, Mimi jamás imaginó que Yamato quisiera ser astronauta. ¡Qué va! No tenía que fingir, en realidad nunca había sabido nada de la vida del rubio, ni de sus intereses, de lo único que tenía conocimiento era acerca de la existencia de su hermano menor, TK, pero sería el colmo que no lo supiera —¿Aunque tengas que estudiar Física? —preguntó horrorizada, nunca le agradaron las matemáticas ni los cálculos quemadores de cerebro a la castaña.
—Sí —asintió sin titubeos —, aunque tenga que estudiar física —le dijo entre una bella y brillante sonrisa, casi de comercial de pasta dental, incluso le guiñó el ojo, sólo le faltó "tintinear".
Mimi se sorprendió por la actitud de Matt, lo que provocó que se sonrojara levemente, no podía evitarlo, Yamato se veía bastante atractivo —¿cuándo no?—, llevaba puesta una camisa negra, una chaqueta roja y un pantalón de vestir negro.
—Desvía tu mirada, Mimi —se dijo a sí misma en pensamientos —. ¡Desvíala, desvíala! —rogó.
—Ya llegamos —anunció Matt interrumpiendo los pensamientos de Tachikawa.
Ambos bajaron del auto, Matt le entregó las llaves al valet parking, no sin antes rogarle y suplicarle que tuviera sumo cuidado con su bello Ferrari, meses antes en otro restaurante le habían causado una terrible ralladura que le había costado sus ganancias de dos meses, Yamato no permitiría que volvieran a hacerle daño a 'su bebé' sin que pagaran hasta con su última gota de sangre, no exagero, si acaso la mitad de ella.
—Te juro que si le pasa algo a mi auto —amenazó el rubio con el puño cerrado y los ojos casi saliéndose de órbita —, sólo una ralladura te voy a…
—Vamos Matt —pidió Mimi mientras tenía en su frente una gota de sudor —, el pobre hombre mojará sus pantalones si sigues hablándole así.
Yamato reaccionó¡Qué infantil había sido! Pero era su auto, su bello auto, algo que le había costado años de trabajo conseguir, no quería volver a ver dañado a 'su bebé'¿quién querría? Lo había conseguido con sacrificios, cantando en bares de mala muerte en los lugares más oscuros de Tokio y sus alrededores.
—Está bien-está bien —refunfuñó Matt intentando hallar la calma.
En ese instante, Yamato recordó a Sora, ella ya se había acostumbrado a los constantes berrinches de su novio, ella era muy paciente con él, incluso bromeaba con los valet parkings diciéndoles: "Deberías tomar en serio sus amenazas, no te gustaría terminar como el último que dejó su pequeña huella en el retrovisor, ni su familia lo reconocía al visitarlo en el hospital". Esa era Sora, aparentemente una joven seria aunque le gustaba bromear de vez en cuando, además con eso le levantaba los ánimos a su guapo novio.
Matt suspiró y decidió entrar, junto con Mimi, a restaurante. El rubio había reservado una mesa en el sito más alejado del lugar, quería estar a solas con su ex-amiga, por si acaso explotaba una bomba nuclear.
—Bueno y… ¿de qué querías hablar conmigo? —preguntó Mimi, sin duda estaba ansiosa por llevar a cabo esta conversación ¿cuál es la prisa, Mimi?
—Primero ordenamos¿no crees?
El rubio tenía mucha hambre, todo el día se la pasó dormido y olvidó una de las cosas más belicosas del mundo ¡Comer! Lo último que probó su boca fue esa amarga y fría cerveza, en definitiva esta no le había llenado ni la tercera parte de su estómago, ansiaba más que nada en este momento comer un enorme filete de res bien condimentado.
—De acuerdo —desvió la mirada y suspiró profundamente mientras tomaba la servilleta blanca sobre la mesa y la colocaba en sus piernas.
Al paso de unos instantes se aproximó a ellos un mesero con buen porte, quien les entregó el menú educadamente y se retiró. No es bueno o, mejor dicho, no es cómodo que un mesero permanezca atento a tu lado mientras piensas en lo que vas a ordenar, en estos casos es mejor que el camarero se de una vuelta a la cocina o a ver si a otros clientes se les ofrece otra cosa.
Minutos más tarde el camarero se les acercó y se dispuso a pedir la orden de aquellos jóvenes.
—¿Desean ordenar ahora?
—Sí —asintió Yamato mirando a Mimi, de éste modo le dio a entender que le cedía la palabra.
—Bueno —divagó un poco la castaña mientras leía el contenido del menú por quinta vez, a veces es muy difícil decidirse qué es lo que se quiere, pues se antojan tantas cosas y el estómago no es tan grande como se desearía —será un pedido especial ya que no está en la carta —comentó con una amplia sonrisa —, deseo ordenar un plato de arroz frito con pepinillos —su boca se hizo casi agua al imaginarse su 'delicioso' platillo, pero aún le faltaban ingredientes muy importantes —¡Ah! Con crema y fresas arriba —recordó con una sonrisa —¿podría traer un poco de soya fermentada? Eso le dará un mejor sabor.
Yamato y el mesero se congelaron al oír la peculiar orden de la joven castaña, no sólo se quedaron pasmados y con la boca abierta ante tal petición, sino que la idea les parecía sumamente asquerosa.
—¿Hay algún problema? —preguntó Mimi inocentemente.
—No-no, ninguno —respondió el mesero —y… ¿usted caballero…? —preguntó temeroso al pensar que Yamato también pediría una orden tan o más extraña que la de Mimi.
—Bueno, a mi déme… —titubeó —tráigame un Filete mignon, el especial de la casa, por favor.
Luego pidieron sus bebidas, Matt pidió una copa de vino tinto, perfecto para su exquisito filete mignon, basta mencionar que Mimi pidió una de sus extrañas combinaciones, un martín que en lugar de aceituna llevara una fresa y un trozo de piña, le pareció muy curioso el contraste, al menos eso no sonaba tan asqueroso como su plato fuerte.
Por fin, ambos jóvenes habían terminado sus respectivos platos, por fin llegaría el momento en que ajustarían cuentas. Ambos lo sabían, tenían algunas cosas de qué hablar, sin embargo los dos fingían demencia, como si se encontraran ahí por casualidad.
—¿Qué tal la cena? —preguntó Matt, no se le ocurrió otra forma de cómo comenzar a hablar.
—Deliciosa —sonrió Mimi como una niña pequeña —, me recordó a cuando era niña y mamá preparaba deliciosos platillos para mí —. Pero ya deja de titubear —comentó —, ahora dime ¿Sora no se enfadará contigo porque sales con otra chica?
—¿Eh… Sora? —se sorprendió al escuchar la pregunta tan directa de Tachikawa —N-no —titubeó un poco evitando la mirada de la castaña —, esto no es una cita —afirmó —. Sólo salgo con una vieja amiga.
—¿"Amiga"? —susurró entre diente entre dientes.
Ambos permanecieron en silencio durante unos instantes, sus modos de llevar una plática amena no eran los más agradables ni prudentes. Mimi, tenía cruzadas las piernas y luego comenzó a escucharse otro "Plack, plack, plack", otra vez la castaña estaba golpeando el suelo son la punta de su pie, luego miró a miró a los ojos a Yamato y suspiró.
—¿Y siempre te acuestas con tus amigas? —preguntó con una mirada acusadora, cortante y fría.
Mientras tanto en la suite 1823 del Hotel Odaiba, un joven moreno sufría al tratar de dormir al pequeño Mikey.
—Mikey… por favor —rogó mirando hacia arriba —, baja de ahí pequeño Mikey, puedes lastimarte.
El pequeño Mikey estaba colgado de una de las lámparas del recibidor de la gran habitación, se sostenía con sus manitas regordetas y se balanceaba como si estuviera en un columpia "Atrás, adelante" y luego comenzó a girar en círculos. El pequeño reía muy divertido y mucho más aún al ver la cara de pánico de su tío Tai, quien hacía se movía de un lado a otro para estar al pendiente si el pequeño caía al suelo. Por desgracia Yagami no podía alcanzar su 'sobrinito' porque el techo estaba muy por encima de su cabeza¿cómo diablos había llegado el pequeño engendro del demonio hasta allá?
—¡Qué divertido, tío Tai! —gritó emocionado el niño mientras movía sus piernitas de un lado a otro —Deberías intentarlo.
—No-no, Mikey, ya es hora de dormir, tu mami se enfadará si cuando llegas no te ve dormidito en tu cama. No quieres que maten al tío Tai ¿verdad?
El niño lo miró extrañado, no… no quería que su mamá le hiciera daño a su nuevo tío Tai¿quién le haría caballito si no estaba él? Aunque en realidad estar colgado de la lámpara era más divertido, en fin, Mikey se resignó.
—Está bien tío —dijo muy decidido —, hazte a un lado que voy a saltar —continuó el pequeño niño que se encontraba a unos tres metros lejos del suelo.
—Sí está bien, me haré a un lado —dijo Tai muy convencido, estaba algo distraído que no se dio cuenta de las palabras tan disparatadas que acababa de decir —¡Q-qué? —expresó horrorizado el moreno, no podía hacerse simplemente a un lado y dejar que el mocoso se estampara contra el suelo ¿o sí? —N-no, Mikey, no saltes aún —se colocó justo debajo del niño para lograr atraparlo cuando éste se soltara —. Ahora sí, yo te atraparé cuando caigas.
—Ok, tío Tai —sonrió el niño —, si tú insistes…
Mikey soltó sus manitas de la lámpara, Tai lo veía desde abajo, casi en cámara lenta, como caía. Lo atraparía, sí, lo atraparía, sería el héroe de la noche y con suerte Mimi no se enteraría de ese acontecimiento, pero no… Mikey no cayó en los brazos del tío Tai, más bien cayó sobre el tío Yagami. ¡Vaya héroes con los que nos topamos hoy en día!
—¡Ay, ay, ay! —se quejó Tai, él era el que se había estampado contra el suelo al caerle encima el niño —Eso sí que dolió —comentó con la cara embarrada en la alfombra —¡Auch! —intentando de levantarse, luego miró al pequeño Mikey y lo vio sano y salvo —. Menos mal, no te pasó nada malo, Mimi me hubiera arrancado cada cabello, uno por uno, si te veía siquiera un rasguño.
Mikey se limitó a reír, su tío Tai lo hacía reír mucho, era un hombre muy divertido y más ahora que tenía una cara demacrada, los cabellos más desarreglados de lo normal y unos cuantos rasponcitos en el rostro.
Ding dong
Alguien tocó la puerta, Tai y Mikey continuaban en el suelo, a penas eran las ocho cincuenta y cinco, era muy temprano para que Mimi y Matt regresaran, sobretodo si tenían ciertas cuentas pendientes. Taichi se levantó sacudiéndose el polvo en su trasero —¿polvo en una suite de lujo? Mimi debería demandar a ese hotel— y caminó despacio hacia la puerta, le dolía todo su cuerpo no podía moverse como lo hacía normalmente.
—¡Hey! Eres tú —saludó al abrir la puerta despacio y encontrarse con aquella persona.
Continuará…
Witt.- Al fin terminé el capítulo cuatro, trataré de actualizar pronto con el siguiente capítulo. Siento que en este no pasaron cosas muy interesantes, salvo la pregunta que le hizo Matt a Mimi, qué mala, no tenía que ser tan directa, en fin… me compadezco del pobre de Tai, nadie se imaginaba que Mikey sería tanto desma… porque tenía una carita de ángel. ¿Qué pasará con Yamato y Mimi, arreglarán lo que sea que tengan que arreglar¿Quién habrá tocado la puerta de la habitación de Mimi?
Onegai, onegai, dejen reviews, sean buenos o malos ¡Aniquílenme!
