La Verdad


No.

Resonaba esa palabra una y otra vez en la cabeza de Anna. Una y otra vez, sin cesar. La voz seca y seria de su prometido no la dejaba descansar ni un solo segundo.

No.

No prestaba atención a ningún otro sonido de su alrededor, solo al penetrante y repetitivo murmuro de negación de su prometido.

No. No. No…

Anna caminaba lentamente por las oscuras calles, sin rumbo alguno aparentemente, con una maleta en su mano derecha e intentando secar las lagrimas con la otra.

La noche y la fría brisa que acariciaba su piel eran los únicos testigos de su confusión en ese momento.

¿Cómo es posible que se haya permitido dejarse llevar impulsivamente por sus sentimientos?

Ahora, por reaccionar sin razonar, se encontraba caminando sin rumbo. Tratando de perderse. De perder aquel momento. De perder aquel dolor.

De repente, la rubia dejó de reclamarse así misma. Sus pies se detuvieron muy lentamente. Había algo que le llamó la atención…

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- ¿No ha llegado a casa?

Habían pasado ya unas cuantas horas. Yoh recorrió 3 veces más la estación, y también sus alrededores. Sin embargo, lo único que encontró fue un clima cada vez más frío. También había encontrado unas cuantas monedas en su bolsillo, y llamó a Manta, desesperado de no saber nada de su prometida.

- No… ¿Seguro que no estaba ahí?

- Claro que sí, Manta. Ya he buscado como tres veces.

- No te alteres…

- No estoy alterado…

- ¿Dónde puede estar?

El castaño guardó silencio. ¿Dónde pudo haber ido su prometida? Si es tan tarde, con este clima, con pocas cosas, sin sentido de razón, herida…

Un nudo se abultó en su garganta.

-Yoh… -La vocecilla de su amigo lo sacó de sus pensamientos-¿Yoh?... ¿Estas ahí?

- Sí, perdón¿Qué decías?

-Que le he pedido a unos cuantos fantasmas de la casa que fueran a buscarla.

- ¿Sí? –El rostro del castaño se iluminó de repente, esperanzado- ¿La vieron¿Ya la encontraron?

- Aún no regresan…

-Ya veo…

Yoh cerró sus ojos. Intentó imaginar a salvo a su prometida. Sin frío, sin lagrimas en su rostro, regresando a casa. Si tan solo no hubiera dicho no…

-¿Yoh?

-Ya nada se puede hacer.

- ¿Qué? -Manta se dejó asombrar por el extraño pesimismo que su amigo presentó de repente. Se sentía tan extraño oír a Yoh decir eso. Tan extraño y alarmante.

- No tiene caso. Todo se acabó. Lo acabé. Yo lo hice. Yo provoqué sus lágrimas.

-¡Yoh, no digas eso!... ¡Me estás asustando!... ¿Qué piensas hacer, eh?

No hubo contestación. Solo se escuchaba el tedioso y repetitivo sonido del teléfono, indicando que la llamada había sido cortada.

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Yoh colgó resignado. Observó el teléfono. Las monedas no le habían alcanzado para más tiempo, y su llamada se había cortado. ¿Ahora qué? Ya no tenía más dinero. Tendría que regresar a casa. Lo único que podía hacer ahora era esperar.

Salió de la cabina telefónica cuando de repente sintió a sus espaldas una mirada penetrante. Giró lentamente, esperando encontrar a cualquier persona paseando. Aunque a estas horas, era casi imposible.

Y ahí estaba. Era su prometida. Parada, petrificada. Viéndolo anonada, sorprendida de verlo.

-¡…Anna! -El castaño corrió hacia ella. Sintió que un gran peso de encima había desaparecido. Su garganta dejó de hacerse nudos, y su estómago ya no estaba revuelto. Pues ahí estaba ella. A unos cuantos metros de él.

Pero su prometida no sintió lo mismo.

La rubia veía como el chico corría hacia ella. No deseaba verlo. Se sentía avergonzada. Se sentía herida. No podía regresar con él y pretender que nada había pasado. No podía esconder su dolor. Lo había hecho mucho tiempo, pero ya no podía más. Tampoco podía convertir su tristeza en enojo, como antes. ¿Por qué?

¿Por qué de repente se hizo tan vulnerable?... ¿Tan frágil y débil?

¿Por qué le dolía tanto?...

No.

Faltaba escasa distancia para que Yoh llegara a Anna, cuando sucedió lo último que el castaño se imaginaría que pasaría.

La rubia había dado media vuelta y salió corriendo. Huyendo de él. Yoh se paró en seco, confundido, intentando calmarse.

Pero desistió. No pudo calmarse. No ahora que veía como su prometida corría tan rápido como podía, huyendo de él.

El muchacho gritó el nombre de la rubia, y corrió para alcanzarla.

Y la carrera comenzó.

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La oscuridad abrazaba a toda la ciudad, y la acariciaba con una fuerte y congelante brisa.

En las calles desiertas se oían pasos correr desaforadamente, acompañados de gemidos de cansancio y falta de aire.

-¡Anna, detente! -Gritó entre gemidos. Sorprendido de que su prometida corriera más rápido de lo que creía.

Sin embargo, su prometida no se detuvo. Su respiración se acortaba cada vez más, pero no se detuvo. Sus piernas comenzaban a cansarse, más no se detuvo. Corría y corría. Intentando alejarse. Perderse.

- ¡Anna!

Sofocado, Yoh se detuvo. Recargó sus manos en sus rodillas, inclinándose hacía el piso y dando grandes bocanadas de aire, intentando respirar mientras soltaba tosidos.

A lo lejos alcanzó a escuchar también los tosidos de su prometida. Se había detenido igual que él.

Se incorporó una vez sintiéndose mas recuperado y apenas dio los primeros pasos cuando vio que su prometida ya corría de nuevo.

Era absurdo, lo sabía. Pero era lo único que su mente le podía razonar. Estaba tan ofuscado, que no le importaba tener que correr hasta el cansancio con tal de llegar con Anna.

-¡Anna, ya basta!... ¡Deja de correr!

La aludida, de repente, paró en seco y dejó caer su maleta bruscamente.

Respiraba cansada, con bocanadas fuertes y desesperadas. Estaba cansada. Era mejor detenerse a que caer desplomada inconsciente al piso.

Frotó sus brazos. El frío era insoportable.

-Anna… -La rubia volteó la mirada hacia su prometido, que la había alcanzado al fin. El muchacho estaba agitado, más su mirada de preocupación y confusión era mayor.- Anna¿Por qué corriste¿Por qué huiste?.

No hubo respuesta.

En realidad, ella no tenía una respuesta a eso. ¿Por qué lo había hecho?

No lo sabía. Solo siguió un impulso.

- Déjame sola -Anna desvió la mirada, y recogió su maleta.

- Pero…

Ignorándolo, dio media vuelta, y apenas comenzó a caminar cuando Yoh la tomó del brazo, deteniéndola.

- No te irás.-presionó el brazo de la rubia, haciendo que ésta comenzara a intentar zafarse.

- ¡Suéltame, Yoh!

-¡No!

No.

-¡Estoy harta de tus No! -La rubia, usando más fuerza, logró soltarse. Dejando anonado al castaño.

-Anna, yo…

- ¡Cállate! No quiero escucharte.

-Yo… no quise decir eso.

- Solo déjame sola.

-Anna…

-No me toques -replicó cuando la mano de su prometido se acercó a su rostro.

El muchacho, dejó caer lentamente su mano. Y su mirada se convirtió en una triste.

-En verdad lo siento…

-No quiero regresar.

-Por lo menos regresa para que recojas todas tus cosas, y esperes a mañana que abran la estación. ¿O pensabas pasar la noche en la calle?

Anna lo miró con enfado. Él tenía razón.

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-¡Anna! –Manta vio sorprendido entrar a la rubia a la casa, con su maleta en las manos. Y detrás de ella a un callado Yoh. La muchacha, sin siquiera pronunciar palabra, se fue directo a su habitación.

Manta observó preocupado a su amigo. Quien se sentó rendido del cansancio a la mesa.

-¿Estás bien, Yoh?

El muchacho se limitó a afirmar con la cabeza.

-Se irá mañana -Dejó escapar desganado, mientras tomaba la bandana de su prometida que había dejado en la mesa al salir a buscarla.- Si quieres puedes quedarte a dormir, Manta. Ya es tarde.

-¿Qué fue lo que pasó?

- Sino te importa, Manta, no tengo deseos de hablar.-Exclamó, levantándose y dirigiéndose a las escaleras, aún con la bandana en sus manos.

Manta solo observó como Yoh subía las escaleras para luego encerrarse en su cuarto.

Y toda la casa quedó en silencio.

En un terrible silencio, uno que reflejaba tensión y tristeza. Un silencio que hacía sentir la casa vacía y desolada.

Manta frunció el ceño. No podía permitirlo. No podía soportar ver como la relación de Yoh y Anna se estaba desmoronando en mil pequeños y diminutos añicos. No podía permitirlo. Algo tenía que hacer.

Subió las escaleras y se dirigió a la habitación de la muchacha.

Se quedó frente la puerta, observando el picaporte. Tenía que hacer algo.

Tragó saliva, y muy lentamente llevó la mano al picaporte…

-¿Qué quieres? -Antes de que Manta alcanzara abrir la puerta, ésta se había abierto de golpe. La rubia lo veía desesperada, esperando a que el chico reaccionara.

-Yo…eh… quería… hablar…

- ¿Sobre qué?

- Pues….sobre…

Antes de que terminase siquiera la oración, la rubia le abrió paso, indicándole que podía entrar. Nervioso, y algo asombrado, Manta entró.

El cuarto de la muchacha ya se encontraba algo más ordenado. Las cosas que estaban tiradas anteriormente ya no lo estaban, puesto que ahora permanecían en otra maleta. En total solo había dos maletas, ambas repletas de los objetos personales de la muchacha. Manta pudo notar que eran tantas sus cosas que tuvo que guardar todos sus discos de Ringo, sus revistas y libros en bolsas de supermercado, y en aquel bolso rosa que Anna usaba para salir.

-Si quieres, puedo mandarte los carros de mudanza de mi familia… - Exclamó el chico, mientras tomaba asiento en la silla del tocador.

-Como quieras.

Manta la miró con extrañeza. Normalmente, Anna le habría exigido el carro de mudanza, pero solo se limitó a un "como quieras". ¿Qué tan grave pudo haber pasado, para que Anna estuviese así?

-Anna… ¿En serio te vas?... ¿Por qué? -Se animó a preguntar al fin, después de estar un rato en silencio, viendo como Anna doblaba su ropa de manera de que cupiera en sus maletas.

Sin embargo la pregunta se desvaneció en el aire.

No hubo una respuesta.

La muchacha dejó de doblar la ropa. No quería recordar. Miró rápidamente al chico y luego desvió su mirada a su ventana. El viento golpeaba con más rudeza las ramas de los árboles.

Manta la observaba atento, preocupado.

-Manta… - Musitó de tal manera que al chico le alarmó- en verdad, eres un buen chico.

-…Anna

-No importa.

-¿Eh?

-No intentes impedir nada. A eso es a lo que haz venido ¿no?

-Pero yo…

-Una vez, la abuela Kino me dijo que el querer era un arma de doble filo… los sentimientos llegan a ser tan profundos que es probable que llegue existir sufrimiento e igual de profundo.

Su voz había derrochado melancolía en cada una de sus palabras. La mirada de la muchacha era cristalina, dejando ver que había estado llorando.

-Pero, Anna…

¿Qué podía decirle? Resonaba en la cabeza de Manta. Le asustaba el ver a Anna así. Tan decaída, tan frágil. Como si fuese una de esas ramas que eran golpeadas por el viento. Pero no quería que ella se fuera. Estaba seguro que Yoh no quería que ella se fuera. Así que no podía permitirlo.

Anna se dejó caer en el montón de ropa que había estado doblando. De repente se sintió tan cansada. No había dejado descansar sus piernas de tanto correr y no había probado bocado.

-¿Anna? -La muchacha lo miró con enfado. Lo único que quería era descansar, dormir. Y así tener las energías suficientes en la mañana siguiente para irse.

Pero al parecer, Manta no se marcharía.

-Manta, quiero dormir.

-Pero… dime por que te vas.

-Ya te dije, no puedes hacer nada.

-Pero dime que pasó…

-Manta, ya te lo dije…

-Pero, Anna…

-¡Me dijo No¡¿Ya, contento! -Había explotado. No pudo evitarlo. Empezó a sentir como resbalaban lentamente las tibias y amargas lágrimas por todas sus mejillas. Se levantó rápidamente y le dio la espalda a Manta, ocultando su rostro.

Manta se sintió culpable. Jamás se imagino que él llegaría hacer llorar a la rubia. Y ahora, ahí la tenía frente él, intentando ocultar las lágrimas y él ahí sentado sin saber que hacer, anonado.

-Yo… lo siento, Anna… no quise hacerte llorar…

-No… tu no eres el culpable de éstas lágrimas… -La muchacha limpió su rostro y se dirigió ala puerta- será mejor que ya te vayas a dormir, Manta.

Manta caminó hacia la puerta. Sino fuese porque él mismo lo estaba viendo, jamás hubiera creído lo que sucedía. La muchacha tenía una mirada tan desolada, que casi Manta podía sentir la tristeza que esos ojos le expresaban.

-Buenas noches, Anna…

Y la puerta se cerró.

Manta se quedó unos minutos en el pasillo, pensando. Quizá, en verdad no podía hacer nada. Todo parecía más complicado de lo que se imaginaba. Todo parecía tan… irreal. Tan deprimente. Confuso.

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Yoh se encontraba acostado en su futón, boca arriba. Su cuarto estaba oscuro y silencioso. El único sonido que podía escuchar era el de su respiración y el del viento soplar.

¿Soy bonita para ti?.

No.

¿En verdad quieres estar a mi lado?

No.

¿Me quieres?

No.

¿Te pondrías triste si yo…me marchara?

No.

No podía dormir. Aquello resonaba en su cabeza una y otra vez. Le atormentaba, y aún más el imaginarse como se sentiría su prometida. Pero por más que lo pensara, no sabía por que había contestado que no.

¿Por qué?

Cambió de posición, quedando su mirada hacia la ventana. Vio como el viento agredía a las ramas. Y pudo verse a él como el viento, y a su prometida como las ramas, hiriéndola.

¿Por qué había dicho eso?

¿Por qué dejaste que hiciera el papel de la tonta ilusionada sino me quieres?

El papel de la tonta ilusionada. ¿Acaso él había estado haciéndola sentir así todo este tiempo?

¿Jamás le mostró una señal de cariño?

¿Qué había estado haciendo?

Se levantó del futón y salió de su cuarto. El pasillo estaba igual de oscuro y silencioso.

Ahí estaba. La habitación de su prometida.

Caminó lentamente y se detuvo frente a la puerta. Pero no llevó su mano al picaporte, ni siquiera lo miró. Solamente cerró los ojos y recargó suavemente su cabeza en la puerta.

Mañana.

Mañana ésta habitación estaría vacía. Mañana ella se marcharía.

Y él aún no sabía la verdad.

¿Cuál es la verdad?


Notas:

¡Hola! Por fin pude subirles éste capítulo( disculpen la tardanza)¿qué les parece?

Sí, sé queme falta muchísimo por escribir como se debe, pero por ahí la llevo, supongo. Por lo menos espero que parezca decente XD.

En fin, quiero agradecerles sus reviews. En verdad no me esperaba que el fanfiction fuera tan bien recibido. Me subió mucho el ánimo.

Escuché por ahí que prohibió la contestación de los reviews, así que para no arriesgarme, no podré hacerlo ( aún así les agradezco, y espero éste capítulo haya sido de su agrado.

Y sí, sé que Yoh es tan cruel, pero todo es parte del show, dirían por ahí XD

Saludos a todos!