N/A: Bien, primero que nada, lamento muchísimo la demora, lo cierto es que nunca deje de trabajar en este fic, es solo que realmente no me gustaban las cosas que escribía y terminaba borrándolo todo. XD
El final esta dedicado a mucha gente, en primer lugar, mi adorada Maia, quien me metió en este agradable fandom y además se toma el trabajo de quererme XD, y después, pero muy de cerca a TODOS mis betas: Beu Ribe, Tomoe KR Lupin, Mari y Keiko Asakura principalmente, gracias por su apoyo moral XD (si me olvidé de alguien, mil disculpas)
Sin mayor preámbulo...acá esta el ultimo cap de este tan lamentable fic XD
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-Remus...- Murmuró mientras las lagrimas afligidas comenzaron a rodar con fuerza por sus mejillas, mezclándose con las persistentes gotas de lluvia – Por...por favor perdóname! – imploró, humillándose con la mano que quedaba sana, su varita había perdido su transformación ante la profunda desesperación de su señor y yacía cuando menos a un metro a su izquierda, semi sepultada en un lodazal
- No puedo hacer eso – Respondió sin inmutarse, la frialdad brillando en los, usualmente cálidos, ojos dorados – después de todo, y como tu tantas veces recalcaste, no soy mas que una bestia asquerosa con sed de sangre.
- Por favor! – Suplicó, sus ojos abiertos con horror al sentir lo que el mismo había invocado- Si me dejas vivir, te contaré todo sobre el velo, y acerca de cómo liberar a Sirius!
El licántropo se limitó a mirarlo atentamente.
Una Ultima Vez
Capitulo final: Almas que se encuentran
El contacto visual se mantuvo, intensos ojos de un color ámbar analizaban las orbes de un color cielo muy pálido, llenas de una humedad casi roedora. Peter Pettigrew recordaba bien sus clases de Cuidado de Criaturas Mágicas, y el hecho de que la mayoría de las bestias consideraban débiles y mentirosas a las personas que parpadeaban de manera continua. El procuró no hacerlo por al menos dos minutos.
Finalmente, el hombre de cabello castaño suspiró un tanto resignado y musitó – Finite Incantatem! - Con un pequeño "plop!" la varita de fresno volvió a su forma original, bajando a la altura de la cadera de su dueño.
- Sa...sabía que no dejarías pasar esta oportunidad – Susurró mientras hacía un torniquete en su profunda herida, conteniendo así la mayoría de el sangrado.
- A...si? – murmuró un tanto pensativo, una expresión curiosa se dibujó en su rostro
- Que te parece entonces un intercambio? – exclamó con ansiedad, mientras unas intensas punzadas de dolor azotaban su brazo mutilado - Te prometo que no te arrepentirás!
- Intercambio? – musitó con escepticismo el licántropo, para luego dejar escapar una risa larga y amarga, un tanto incongruente con su aspecto, los cabellos de la nuca del animago se erizaron. Luego de al menos un minuto, prosiguió – Bien, mi buen Peter...di algo que justifique tu existencia.
- Heee, si! – exclamó nervioso ante la intensa mirada de Lupin
Detrás del velo...- Susurró con gravedad, tratando de llenar el aire con misticismo – Se oculta un limbo de sombras perpetuas...es un mundo paralelo donde solo existe oscuridad infinita. Es un lugar donde no se esta vivo o muerto, uno se limita a existir en el infinito.
- Pero... Sirius esta muerto- Dijo Remus con tono sereno, sin embargo sus ojos se contorsionaron por el dolor.
- No...no lo esta – comentó Peter con una risita queda y algo mas de confianza, sentándose sobre su gordo trasero y haciendo intentos vanos por levantarse con su rechoncha mano izquierda- Ahora mismo esta atrapado allí, ya te lo dije antes, ese lugar esta más allá de la vida o la muerte...es curioso...-murmuró, prolongando su enervante risa- Tal pareciera que su destino es estar encerrado...
- No voy a volver a pedirte que moderes tus palabras – Siseó de manera peligrosa
- Si, si, discúlpame! – pronunció el roedor con nerviosismo – Ahora bien...ese antiguo arco es inmune a la mayoría de las magias conocidas, es por eso que ni siquiera el propio Dumbledore pudo hacer nada por sacarlo
- La mayoría de los elementos mágicos desarrollan una resistencia natural contra la magia con el correr del tiempo, teniendo en cuenta que el arco existe desde los principios mismos de la historia de la magia, es lógico que ni siquiera Dumbledore pudiese hacer algo – sentenció el hombre lobo con calma.
- Eso es por que gente como Dumbledore rechaza las artes oscuras! – Exclamó con astucia- Mi maestro conoce rituales con un poder tal que podrían someter con facilidad a esa dimensión paralela, trayendo a Sirius de regreso!
- Si, bueno...no se si lo recuerdes, pero en este momento tu Maestro esta muerto
- Eso no importa!- dijo con intensidad – Ya te lo dije, el me ha trasmitido muchos de sus conocimientos, entre ellos, el como sortear una situación de estas características... Si aceptas acompañarme...podríamos librar a Sirius de su sufrimiento, todo podría ser como antes, podríamos estar juntos y quien te dice, podríamos ser felices!...Que me dices, Remus? – Susurró, extendiendo su mano izquierda, en una forma casi implorante.
- Incarcerous! – Dijo sin vacilar, mientras un centenar de cuerdas atrapaban a un anonadado Pettigrew, quien, al intentar moverse cayó de bruces con un ruido sordo.
- Qué...qué haces Remus? – Preguntó asustado
- Eres despreciable...-Susurró con aparente calma, aunque su interior fuera un remolino de emociones – Yo sé que Sirius esta muerto
- E...eso...eso no es verdad – Susurró con una leve nota de pánico mientras se sacudía con desesperación.
- Tu historia puede sonar creíble Peter... – dijo con calma, mientras su mano izquierda masajeaba de manera inconsciente sus adoloridas costillas – Pero no puedes engañar al lobo que hay en mi...
- Remus – Los ojos del animago se abrieron con asombro encontrando unos inexpresivos ojos de un ámbar sucio, opaco, muy diferente a los alegres luceros que irradiaban felicidad en su época en Hogwarts.
- Mírame bien Peter! – Dijo con voz atronadora, haciendo una floritura elegante con su mano izquierda, Pettigrew obedeció y sintió como su sangre se helaba.
Era cierto que Sirius era dueño de una belleza física y un encanto incomparable, pero Remus no estaba muy por detrás de eso, pese a que siempre fue muy delgado, sus músculos se marcaban de manera armoniosa, aunque su rostro siempre lucía cansado sus facciones eran muy agradables a la vista, sus ojos dorados brillaban de manera traviesa, reflejando su lado merodeador, que se escondía tras una imagen de seriedad, orden y eficiencia. Su cabello, de un castaño claro, solía relucir con intensidad, reflejando gamas que iban desde un rubio ceniza hasta un rojo cobrizo, una masa de consistencia sedosa que siempre daba un aspecto de "prolijo desorden".
Pero ahora...
Remus parecía haber pasado más de una década en Azkaban, su piel era del color de la leche agria, y parecía muy enfermo. Su rostro se había llenado de arrugas agotadas, sus ojos ya no brillaban, eran de un tono marrón claro muy opaco, como el del agua sucia. Su cabello necesitaba un corte, estaba enmarañado y muy veteado de gris, el tono predominante ya no era la suma de una gran gama de colores, sino un marrón marchito y triste. Ya no tenía músculos, su figura era esquelética, sus costillas se pegaban a su piel creando un efecto desagradable, como si hubiera fracasado al intentar transmutarse en la forma de un Thestral. Sus heridas parecían profundamente infectadas por el contacto con la plata, y su rostro se hallaba cubierto de un sudor muy fino, que hacía aún mas notorio el agotamiento en su envejecido rostro.
Finalmente el hombre lobo carraspeo, llamando nuevamente la atención del animago.
- Al igual que los lobos reales – enunció con un tono débil, y Pettigrew no pudo evitar notar lo frágil que lucía su antiguo amigo- los hombres lobo solo pueden tener una pareja en el transcurso de su vida, es un vínculo emocional y psicológico muy poderoso que solo puede ser destruido con la muerte...Cuando la pareja de un hombre lobo muere, inevitablemente una parte de lobo muere con ella, y sus expectativas de vida se reducen a poco más de cinco años...En otras palabras – dijo dando algo más de intensidad a su discurso- puedo afirmar que Sirius ha muerto, por que, desde que se ha ido, yo mismo he estado muriendo poco a poco.
- Yo...yo no...- Susurró horrorizado.
- No lo sabías? – Preguntó con calma, sus ojos dorados llenos de paz. Se colocó en cuclillas, a unos centímetros del rostro de su alguna vez amigo – Bueno, no es algo que puedas saber leyendo "Las fuerzas oscuras: Una guía para la autoprotección"
- Yo...
- Dices que nadie puede entender tu sufrimiento, Peter...-Susurró con la misma calma, tan habitual en él – Acaso crees que para nosotros fue fácil? Crees que yo no sufrí teniendo que desgarrarme a mi mismo todos los meses, temiendo a que me descubrieran y me persiguieran?
Acaso crees que Sirius no sufrió el repudio de su familia? El desprecio y el odio desde que fue un niño? No solo por hacer lo que creía era correcto, sino también por haber elegido amar no solo a un media sangre, sino que para colmo a un licántropo de su mismo sexo.
No sufrió Lily, siendo una hija de muggles, la persecución y el prejuicio en una época en la que eso era un insulto y una sentencia de muerte?
Y no lo hizo James? Arriesgando su vida por ella? Renunciando a sus títulos como hijo de sangre pura al convertirse en un "amante de muggles" y en consecuencia, en enemigo de las fuerzas oscuras?.
Todos sufrimos, Peter, la única diferencia entre tu dolor y el nuestro, es que tu fuiste demasiado cobarde y egoísta como para enfrentarte a el, preferiste odiar a quienes podrían haberte ayudado solo por que ese era el camino más fácil. Realmente me decepcionaste.
- Debes odiarme – dijo con voz queda, aunque su rostro dibujaba una mueca obstinada.
- No...no te odio – Exclamó seriamente el antiguo profesor, su rostro se mostraba ceñudo, pero sus ojos destilaban verdad – Al contrario, me compadezco de ti – Dijo con tono resoluto- Lo cual sería una buena explicación a por que sigues vivo...
- Recibiendo la compasión de un hombre lobo, he? – comentó con un suspiro el animago- Y yo que creí que no podía caer aún mas bajo...
- Supongo...-comentó complaciente para luego incorporarse – Se bueno y espera tu destino aquí...yo debo ir a enfrentar el mío.
Y sin decir nada más, dio media vuelta y comenzó a caminar, con una leve cojera, rumbo al castillo.
-CDE-
Dolor. Sus costillas dolían horriblemente, y su boca se llenaba con el sabor metálico de la sangre, sin embargo no podía detenerse, debía correr más y más, sin dejar de maldecir a los fundadores y sus ridículas ambiciones de jardines tan extensos.
Había sido un año difícil, muy difícil, ataque tras ataque, duelo tras duelo, y muchísimas noches en vela, pero todo eso valía la pena ahora, por que finalmente, el mayor exponente de la maldad sobre la tierra no era mas que un mal recuerdo.
Confiaba en que los miembros de la Orden pudieran atrapar a los mortifagos restantes, realmente no podía esperar nada de los Aurors y el Ministerio, después de todo y como bien había dicho alguna vez el profesor Lupin en su ultimo año de entrenamiento, "...luego de que Alexander Waldemar y el resto del personal de la escuela de Aurors fueran pasados a retiro, de ese lugar solo han salido burócratas buenos para nada."
El profesor Lupin...
Su relación con él siempre fue muy compleja, llena de formalismos, apropiados, si, para una relación profesor-alumno, pero no para quien fuera uno de los mejores amigos de tus padres. Y aún así, aunque nunca lo hubiesen dicho, los dos sabían perfectamente acerca del intenso cariño que sentían el uno por el otro, algo así como un acuerdo tácito que les permitía seguir adelante con tranquilidad.
Él era, después de todo, lo más cercano a una figura paterna que hubiera conocido, Sirius era su padrino y se comportaba como tal, más un amigo que un familiar. Dumbledore era más como un abuelo estrafalario dispuesto a hacer cuanto pudiese para ayudar a su nieto favorito, pero Remus, Remus era diferente, resultaba una guía ante las nuevas dificultades que pudiese encontrar en su camino, aplaudía todos sus logros pero no le temblaba el pulso al momento de señalarle cuando cometiese un error, haciéndolo avergonzarse de si mismo y desear hacer algo para mejorar y redimirse.
Resultaba un tanto irónico...lo más seguro era que en otras circunstancias podría incluso haberlo llamado tío Remus o algo así...
Y de solo contemplar esa idea, sentía que sus venas hervían y su sangre se transformaba en un oscuro liquido ponzoñoso.
Solo unas cuantas células de su ser rogaban por que Remus no manchase sus manos con la vida de Peter Pettigrew, mientras que el resto continuaban maldiciéndose a si mismas, por haber consentido que ese cúmulo de traición y desvergüenza que alguna vez fuera conocido como uno de los mejores amigos de James Potter siguiese aún con vida.
Ese, era un pensamiento que aún lo carcomía por las noches, después de todo, el fue quien evitó que su padrino y su profesor acabaran con Wormtail...¿Quería decir aquello que el era responsable de todo cuanto había hecho Peter tras ese incidente, la resurrección de Lord Voldemort, la muerte de tantos inocentes, entre los que se podían contar su padrino y tantos amigos y compañeros¿eran todos esos sucesos consecuencia de la existencia de una persona?
Sacudió la cabeza de manera enérgica, tratando de espantar esas ideas. Lo cierto es que el Profesor Lupin, el ultimo vinculo que lo unía a su verdadero origen, lo ultimo que quedaba de su familia necesitaba su ayuda...y no dudaría en pelear con garras y dientes para poder brindársela.
Si bien lo peor de la tormenta ya había pasado, el clima se mantenía inestable, los relámpagos relucían transformando por segundos la noche en día, mientras los truenos rugían en la distancia, llenando los corazones de escalofríos, que poco tenían que ver con el clima.
No...no podía ser que Remus hubiera...no...no podía ser...debía correr más, mucho más y a mayor velocidad...solo entonces, tal vez...
Allí!
En la distancia, sobre una loma pronunciada, se encontraba la figura que había buscado con tanto ahínco, su antiguo profesor lo miraba con una sonrisa tranquila, su capa danzaba con elegancia, dándole un aire místico mientras el sauce boxeador se agitaba de manera enérgica colina abajo.
Ojos de un esmeralda intenso encontraron los de oscura miel.
-Perdóname...Harry – dijo con una voz muy suave
- Profesor...-Susurró con un nudo en la garganta, sentía que sus ojos se humedecían, aunque no pudiera explicar el porque.
- Me...me temo que no he podido matarlo – comentó con una risa queda – supongo que sigo siendo... demasiado débil – Y, con nada mas que una sonrisa, se desvaneció, cayendo de espaldas en el césped enlodado.
- PROFESOR! – gritó horrorizado, acortando la distancia que los separaba en unas cuantas zancadas y poniéndose rápidamente de rodillas ante el hombre, acomodándolo en su regazo.
Sin dudas Harry James Potter había aprendido mucho sobre estrategias de combate, estaba seguro de que conocía mas encantamientos y hechizos defensivos o de combate que la mayoría de la gente de su edad, exceptuando tal vez, a Hermione Granger...sin embargo, todos esos conocimientos eran inútiles en una circunstancia como esta.
En su desesperación, optó por sacudir el cuerpo del licántropo, primero con suavidad pero luego de no obtener respuesta lo hizo de manera un tanto mas frenética, arrancando un pequeño gemido de dolor del cuerpo semi conciente. Un tanto aliviado por el signo vital, optó por revisar las heridas bajo la densa pero deshilachada capa.
Y con eso se heló su sangre.
La piel, prácticamente unida los huesos, se encontraba repleta de heridas y profundas cicatrices, la sección abdominal era una masa sangrante de un color bermellón muy intenso, y comenzaba a tomar tintes de un color verde infeccioso, los hombros estaban cubiertos por completo en esa costra ponzoñosa.
Se mordió el labio inferior con mucha fuerza, en un intento vano por contener las lagrimas, mientras pronunciaba los pocos encantamientos curativos que había aprendido durante sus clases y entrenamientos.
Se sacó su propia túnica y comenzó a hacer presión en la maltratada región abdominal, en un esfuerzo sobre humano por detener la intensa hemorragia, tratando de ignorar la pálida piel totalmente cubierta por profundas cicatrices que poco tenían que ver con esta batalla.
- Ha...Harry – dijo con vos débil el antiguo profesor, sus ojos oscurecidos relucieron con algo de su antiguo brillo ante la imagen de su ex alumno.
- Profesor Lupin!- Dijo con alivio, su voz temblaba por la emoción – Por un momento creí que usted había...-concluyó, tratando de deshacerse del nudo en su garganta.
-No te angusties Harry...-Comentó con una sonrisa sutil y unos ojos que destilaban conocimiento- Después de todo, esto es lo mas cerca que estará la gente como yo de recibir una muerte digna...
-No...no diga tonterías- susurró, dejando escapar una risa inquieta, mientras sus ojos se empañaban- Usted no morirá hoy, me oye, Profesor Lupin? – suspiró con angustia- No hoy...
-Sabes...-prosiguió, prefiriendo omitir el comentario de su alguna vez alumno – Tus padres nos encargaron, tanto a mi, como a Sirius, que siempre veláramos por tu seguridad...y si bien, se que no hice un trabajo perfecto, me alegra no haber faltado a mi palabra.
-Tonterías! – gritó un poco mas ofuscado, mientras la vista del hombre lobo se perdía mas y mas en la oscuridad, más crecía la desesperación en el joven de ojos verdes, quien disparó chispas rojas al cielo, implorando ayuda que no parecía llegar – Donde demonios esta Madame Pomfrey?
-Harry...ella no llegará, ya es tarde para mi- su rostro, agotado pero sereno dibujó una pequeña sonrisa, sin embargo, al contemplar la aterrada expresión del muchacho, optó por una postura mas seria – Quiero felicitarte Harry...-tosió de manera violenta, sin embargo procuró conseguir fuerzas para continuar- Lo que haz hecho hoy...es sin duda...sin duda algo maravilloso...se que tus padres, y también Sirius...se que ellos estarían orgullosos.
-Pero...- Protestó apretando los puños sobre la túnica con la que seguía haciendo presión – de que me sirve? He perdido casi todo...de que vale ganar entonces? – susurró, sin poder contener una solitaria lagrima.
-Harry...acaso no lo ves? – Dijo con una cálida sonrisa paternal – Es cierto que nosotros hemos perdido mucho...pero gracias a esos sacrificios, hemos podido evitar que muchísima más gente tuviera que sufrir el mismo destino...eso, mi querido muchacho, es una gran victoria.
-Supongo...-dijo con la cabeza gacha – Es solo que...no sé que es lo que haré ahora...el objetivo de mi vida era acabar con Voldemort...y ahora...ya no tengo nada por hacer...esperaba que tal vez usted pudiera guiarme pero...
- No digas tonterías – dijo frunciendo ligeramente el seño, para luego sonreírle- Aún te queda mucho por ver y experimentar, juraría que aún deseas convertirte en Auror...además...- agregó risueño- Si aún no has probado el chocolate "Queen Mave" de Honeydukes, realmente no has visto nada.
- Que hay de usted entonces? – protestó un tanto molesto, sus ojos aún enrojecidos.
-Que hay de mi? – preguntó sereno, descansando sus ojos para luego abrirlos con pesadez
-Por que...? por que si vivir es tan importante...por que esta tan tranquilo? – preguntó con reproche, presionando de manera frustrada la tela ensangrentada contra la hemorragia que no parecía querer detenerse.
-Yo...-dijo con voz calma, aunque sus ojos delataban que se sentía un tanto asustado por primera vez esa noche...no por su destino, sino por la reacción del valioso joven ante el – yo...
-POR FAVOR!- Gritó con sarcasmo una desagradable voz en la distancia, unos cuantos metros colina abajo, Peter Pettigrew se arrastraba como un gusano, Harry hizo un amago de levantarse y darle su merecido, sin embargo el hombre convaleciente en su regazo se lo imposibilitó – ME DIRÁS, MI QUERIDO REMUS, QUE TU ADORADO HARRY NO SABE NADA!
-Cállate Peter – Dijo con vos molesta el hombre lobo, mientras el joven mago lanzaba miradas asesinas al animago
-CALLARME DICES? – Gritó a los cuatro vientos, tomando especial recaudo de que las palabras llegaran a los oídos de Harry – NO ME DIGAS QUE NO TE HAN CONTADO LA VERDAD HARRY!
-De que diablos estas hablando? – preguntó con vos venenosa
-JAJAJA!- Rió casi hasta derramar lagrimas – NO LO SABES!
-Que es lo que debería saber?
- DIOS REMUS! – Aulló con sorna – QUE DIRÍA TU AMADO SIRIUS DE TODO ESTE ASUNTO?
Los ojos de Harry tomaron el tamaño de galleons, pasando del cuerpo amordazado de Pettigrew a los ahora enrojecidos ojos de Lupin, quien los cerró en un gesto de dolor.
- Lo siento... Harry...-Susurró con vos queda- debí decírtelo antes...
-el qué? –Preguntó con malicia Pettigrew- que tu y su padrino fueran amantes? o el que él creyera que eras el traidor por que a Dumbledore se le ocurrió que Snape y tu tuvieran misiones secretas juntos? O mejor aún, el hecho de que sus padres tuvieron que morir por culpa de sus peleas de pareja?
-Silencio! – Exclamó el chico Potter, alzando su varita con velocidad abismal, sin apuntar en dirección alguna, enmudeciendo al traidor quien pronunciaba insultos y blasfemias en gritos mudos.
-Harry...
-Profesor...es cierto eso? – preguntó apretando sus puños, las uñas presionando con fuerza suficiente para hacer sangrar las palmas – Es cierto que usted y Sirius...?
-Es cierto...Yo lo amaba...-dijo en un susurro débil, sus ojos tomaron un aire soñador mientras contemplaban un punto indeterminado en el horizonte – mejor dicho...lo amo
-Cómo...?...Cuándo...?...Por qué...?- pronunció con voz temblorosa, inclinando la cabeza y ocultando su expresión en la penumbra
-Como casi todo en mi vida – dijo con melancolía, y con respiración agitada, sus párpados pesaban, pero hacía lo imposible por evitar cerrarlos – comenzó con mi maldición...
-Se refiere...
-Supongo- dijo callándolo en seco, aunque su tono seguía siendo amable- que habrás notado mis cicatrices...yo ya había sido un hombre lobo durante...cinco años antes de mi ingreso a Hogwarts, para ese entonces mi cuerpo...ya estaba marcado por la furia del lobo...
Harry se limitó a asentir, enfocando sus ojos esmeraldas en los luceros que parecían recuperar poco a poco ese brillo de un dorado intenso
-Yo...hacía lo indecible para ocultar mi cuerpo...y mi secreto... – dijo con un gemido, presionando sus costillas y contorsionando su rostro en una mueca adolorida- sin embargo...en una de las últimas noches en 2do año...Sirius se indigestó (creo que dijo algo de haber encontrado la entrada a las cocinas o algo así...) y fue con Madame Pomfrey...después de la luna llena...como imaginarás, notó el hecho de que en lugar de estar visitando a mi madre enferma me encontraba hecho polvo...y totalmente cubierto de vendajes en una cama de la enfermería.
-Y...que hizo el? – Preguntó, sus ojos llenos de una expresión indescifrable.
-Yo...me hallaba inconsciente, y, como es lógico, Madame Pomfrey no le quiso dar explicaciones...ese momento fue clave... luego de eso, él, James y Peter pasaron el resto del año en la biblioteca...Supongo que haciendo investigaciones...
Ese verano fue el más solitario que pueda recordar desde que llegara a Hogwarts...comencé a asustarme, temía haber hecho algo inapropiado...algo que los hubiese enfadado...o peor aún... el que hubiesen descubierto mi secreto...
Y así fue.
Sirius...fue el primero en llegar a mi compartimiento en el tren...entró corriendo, jamás lo había visto tan serio... solo me pregunto "es verdad?" y al verme asentir, me abrazó con una intensidad que no sabría describir, nunca nadie me había tocado de esa forma...mucho menos después de que me infectara.
Desde ese entonces, él y James urdieron cientos de complicados planes...para ayudarme con mis transformaciones...creo que el más loco involucraba una cebolla verde, un troll de montaña y un huevo de un Vipertooth peruano...jeje...si mal no recuerdo, ese no funciono del todo bien...
Pero finalmente, la respuesta llego: En una de nuestras primeras clases de Transformaciones de ese año...animagos...- Tosió de manera salvaje, escupiendo un poco de sangre en su mano derecha, mientras un Harry horrorizado le daba torpes palmaditas en la espalda.
Muy difícil...encantamientos y pociones casi mortales...pero finalmente...
Juraría que fue el momento más feliz de mi vida...no solo no me hacía daño...la tristeza del lobo...fue reemplazada por alegría...pues finalmente había conseguido una manada.
La noche después de eso...durante la cena, yo me hallaba en el cuarto...era cierto que no me había herido del todo...pero no por ello la transformación dejaba de ser agotadora... Sirius...el se había ofrecido a llevarme una bandeja con comida...entro a la habitación y dejo la charola sobre mi mesa de luz, se sentó junto a mi...y...
Me sonrió
Se que es estúpido...-comentó mientras sus párpados caían pesadamente y unos cuantos cabellos cubrían su rostro, Harry tubo el buen recaudo de apartarlos con gentileza – pero en ese momento sentí algo nuevo en mi interior...algo que nunca había sentido por Sirius...ni por nadie mas, para el caso...
- ...Amor?- Dijo el muchacho con un hilo de voz.
- Eso me gusta creer...-respondió con una sonrisa vaga.
-Entonces...desde cuando? – Realmente no sabía que creer...las palabras de Remus eran sinceras en su agonía...aún no estaba seguro de que pensar...pero sin duda necesitaba saber la verdad.
-Sexto año – Respondió con voz baja, su respiración agitada y sus ojos cerrados – Recuerdas...recuerdas aquella...aquella broma que te mencione?
Sin duda, como podría olvidar aquella broma?...El "Suceso del sauce boxeador"...pero...-pensó Harry para si mismo – Cómo podría considerarse algo así como un hecho remotamente romántico?
Más de una vez el muchacho de gafas se preguntó acerca de ese asunto. Como fue posible que el resto de los merodeadores pudieron perdonar a su padrino por aquel hecho, que, de haber pasado a mayores, hubiera derivado en la rápida expulsión de Lupin y peor aún, en su entrega al Ministerio, donde un ser de sus...características sería enjuiciado y ejecutado más rápido de lo que se puede decir "Werewolf"
-Creo habértelo dicho alguna vez...soy realmente un desastre haciendo pociones – Agregó con una risa agotada mientras su antiguo alumno lo miraba un tanto asustado por su falta de linealidad en las conversaciones. Sin embargo, no lo cuestionó, se limitó a asentir y hacer un ruido indefinido que podría ser considerado como un "ajam".
Con muchísimo esfuerzo, y MUCHA ayuda de Sirius y tu padres, conseguí las MHB suficientes para hacer un curso EXTASIS en esa materia...creo que no hace falta aclarar que en un mes disolví más calderos que la mayoría de mis compañeros en su vida...
El caso es que el Profesor Slughorn no pudo dejar de notar eso...y como mis notas teóricas eran bastante buenas, decidió ponerme un tutor...Severus Snape – Harry jadeó de asombro...y un tanto de revulsión ante la idea de un joven Severus Snape
Si...a Sirius tampoco le hizo mucha gracia...le dijo a Slughorn que el me daría clases particulares, o cualquier otro, pero el profesor no hizo caso, después de todo nadie era mejor en esa materia que Snape...
Severus era un buen tutor...es cierto que siempre era muy taciturno y no era muy buen conversador...pero siempre obteníamos buenos resultados.
Durante ese periodo Sirius se comportó...bah, como un idiota, elegía ignorarme por completo, se metía en problemas a toda hora y jugaba bromas pesadas que distaban de ser graciosas. Sin mencionar que todas las noches volvía muy tarde, con un perfume distinto.
Una noche dos días antes de la luna llena, Severus y yo repasábamos unas notas en la biblioteca...y entonces...el me besó –rió con calma al escuchar un "Puag" y sentir un escalofrío en la columna de su antiguo alumno– Yo estaba a punto de apartarlo cuando Sirius nos interrumpió...nunca había visto esa expresión en sus ojos...era como si ardieran en llamas, luego me miró de una manera muy intensa. Antes de que pudiera decirle algo ya se había ido corriendo.
Dos días después Severus se introdujo en el Sauce Boxeador.
-Cuando...cuando me enteré de lo que sucedió...no...no podía creerlo – dijo con respiración agitada, mientras pequeñas gotas de sudor resbalaban por su frente, mezclándose con las gotas de lluvia, el muchacho de cabello azabache lo limpiaba cuidadosamente usando el puño limpio de su ahora ensangrentada túnica
No le hablé por al menos un mes...no hubiera podido hacerlo aunque hubiera querido por que el mismo me esquivaba, y agachaba la mirada si llagábamos a cruzarnos.
Terminé por hartarme y confrontarlo mientras el resto del castillo miraba un partido de Quidditch. Le pregunté sus motivos, aunque realmente no me importasen, por que me encontraba furioso, no me interesaba que hubiera sido la mejor broma del siglo...pues me sentí traicionado...
Entonces...se quebró y me lo dijo
El me amaba
El me dijo que me amaba...puedes creer eso...Harry? a mi...a un hombre lobo...pudiendo tener a quien desease, elegía quedarse con...alguien como yo – Y sin poder evitarlo, una solitaria lagrima rodó por su prematuramente envejecido rostro.
Entonces me abrazó con todas sus fuerzas y me dijo: "Entiendo...que no puedas aceptarme...solo te pido...que me dejes estar así...aquí contigo y con eso seré feliz"
Yo mismo... lo abrasé con todas mis fuerzas...y así comenzó todo
-Ya...ya veo – Dijo Harry secándose con rapidez una lagrima por debajo de sus lentes
-Eran tiempo de guerra...si...pero nuestra relación...y también la de James y Lily...eran como pequeños oasis, pequeños bálsamos de alegría... Sirius y yo teníamos personalidades que parecían muy diferentes...tu madre solía decir que no era así... sino que éramos "complementarios"...cada uno tenía lo que al otro le faltaba...y de una manera u otra, compensábamos esas carencias...
-Pero entonces...por que es que el desconfió de ti? – Preguntó con angustia
-Por orden de Dumbledore...la mayoría de las misiones de la Orden son secretas...el profesor consideró que sería buena idea que Severus y yo trabajáramos en una misión común...después de todo el era un espía mortifago y yo un hombre lobo que supuestamente se uniría al lado oscuro...una noche, Severus creyó oportuno acompañarme al umbral. Sirius estaba del otro lado de la puerta con los ojos llameando con la misma intensidad que en sexto año...luego de eso...y alentado por unos cuantos otros factores...Sirius dudó de mi...y realmente no lo culpo por ello
-Pero...cuando sucedió...allí en el Ministerio...-murmuró con voz queda, aunque se podía notar un dejo de reproche en su voz – usted se mantenía calmado...es que entonces usted ya no lo...
- Nunca! – Exclamó con el tono más peligroso que Harry le haya escuchado jamás, lo tomaba con fuerza del cuello de su camisa, obligándolo a ver aquellas orbes doradas, llenas de dolor – Nunca te atrevas a poner en duda mi amor por Sirius
-No...no lo haré- dijo con calma, permitiéndose sonreír con sinceridad por primera vez en mucho tiempo. El lupino se relajó y volvió a apoyar su cabeza en el regazo del chico Potter
-Harry...no...no queda mucho – Dijo entre pequeños gemidos de dolor – Por eso...quiero que me perdones...lamentaría partir con la idea de que tu me odias...o peor aún...que odiases la memoria de Sirius...eso – tosió con fuerza- eso es algo que no podría perdonarme...
-Jamás...-Dijo con voz temblorosa, sus ojos enfocando con firmeza las agotadas orbes de Lupin, abiertas con un aire dubitativo – jamás podría odiarlos, ustedes son...ustedes siempre serán mi familia – concluyó, sonriendo con simpatía ante el rostro un tanto estupefacto de su antiguo maestro, quien finalmente devolvió la sonrisa
-Ya...ya veo- Pronunció con calma, volviendo a cerrar sus ojos y ensanchando su sonrisa – Espero...espero que hayas...hayas podido...es...escuchar...eso...Si...Si...rius
Y sin decir más, Remus John Lupin suspiró por ultima vez
-CDE-
Colina abajo un bulto de telas y sogas se agitaba de manera obscena, de no ser por que su voz se hallaba silenciada, probablemente toda Gran Bretaña hubiera podido escuchar la cruenta y sádica risa de Peter Pettigrew.
-REMUUUS! – gritó una voz en la lejanía.
Y como si eso hubiera sido una confirmación de lo que su entumecido cuerpo le decía, sin mayor esfuerzo destruyó las cuerdas que lo aprisionaban, después de todo...cuando un mago muere, todo encantamiento que haya realizado pierde sus poderes...un curioso efecto que descubrió luego de tantos años de leal servicio mortifago.
Esta era su oportunidad...mientras el niño lloraba colina arriba sobre el cadáver del híbrido...el podría arrastrarse sigilosamente hasta su varita y entonces...si...ahora podría transformarse!
Estaba salvado...miró hacía donde yacía el cuerpo de Remus, el chico Potter, quien daba su espalda al sauce, parecía haberlo tomado en sus brazos y lloraba a mares en el frío hombro del hombre lobo.
Procuró arrastrarse con sigilo...como creía haber visto a los muggles guerreros en una de esas "Tevelisiones". Su varita no podía estar a mas de un metro o algo así...tanteó con su mano ilesa en los charcos de fango y...si!
De haber sido posible, su risa hubiera sido aún más intensa, aventuró una ultima mirada...Potter había dejado de agitarse... por el contrario, lucía muy rígido, su mirada se enfocaba en la luna en cuarto creciente que brillaba con intensidad sobre sus cabezas, en forma de silenciosa testigo.
Entonces, un escalofrío azotó al traidor...pues el cuello del joven mago giró con una velocidad fantasmagórica, depositando sus encolerizados ojos esmeralda en su patética figura.
Hizo entonces lo primero que vino a su mente, saludó con una muda y tonta sonrisa y con un rápido movimiento de su varita se transformó en una sucia y maloliente rata.
-Peter- El eco de una voz fuerte y clara llegó al agudo oído del roedor...el ínfimo rincón de conciencia humana pudo haber jurado que esa voz fuerte ocultaba un profundo dolor...pero...que mas le daba a el? – El decidió no matarte... – Su voz tomó un tono peligroso- Así que no te atrevas a moverte
Pero como es bien sabido, tanto las ratas como los asesinos prófugos tienden a ser imprudentes, así que Pettigrew corrió con toda la fuerza que podían darle sus tres patas, cojeando de una manera que en otras circunstancias podría incluso haber sido señalada como "divertida".
Si pasaba los limites del Sauce boxeador, entonces sería libre...no había chances de que ese "pobre aprendiz de brujo" pudiera encontrar una rata en medio de la oscuridad...el árbol estaba muy cerca, solo dos o tres metros y el avanzaba con absurda velocidad, saltando como loco. Aventuró a mirar hacia atrás, Harry no se había movido ni un milímetro, se limitaba a observar con intensidad la dirección del mortifago, con su varita en la mano derecha y acariciando cuidadosamente el cabello de Lupin con la izquierda.
Solo un metro...medio metro!...medio metro y sería libre, tendría que esquivar las poderosas ramas del Sauce Boxeador, pero después de tanto tiempo y gracias a su forma diminuta eso era tan solo un juego de niños. Mientras realizaba los cálculos exactos para esquivar las poderosas embestidas del árbol encantado salto una ultima vez y entonces...
Petrificus Totalus! – Dijo con presteza, rápido movimiento de varita mediante.
El encantamiento golpeó de lleno la espalda del animago, haciéndolo caer con la pesadez de una piedra, rodando colina abajo. Su dolorosa caída lo dejo boca arriba, a merced del glorioso árbol.
Peter Pettigrew no podía moverse, de haber podido hacerlo hubiera temblado y gritado de horror mientras las ramas comenzaron a danzar casi expectantes, ante la perspectiva de una nueva presa. Peter Pettigrew no podía luchar, aunque supiera el punto débil de la planta, de nada le servía estando petrificado. Peter Pettigrew no pudo llorar, no pudo gritar, y sin duda alguna, no pudo arrepentirse de la crueldad que dominó su alma y corazón. Solo había una cosa que Peter Pettigrew pudiera hacer: Contemplar con ironía, como el único testigo de su traición se transformaba en su asesino. Peter Pettigrew solo podía morir.
Y eso fue lo que hizo.
-CDE-
Oscuridad...eso era todo cuanto podía ver...acaso...acaso esto era lo que encontraría al momento de?...no!...no podía ser...debía existir algo mas.
Y así era.
Pudo contemplar esa luz...camino hacia ella... sentía que su cuerpo debilitado se hacía cada vez mas fuerte gracias a los intensos ases luminosos...no estuvo seguro de cuanto tiempo camino...podrían haber sido diez años o diez segundos...pero no importaba...no importaba si es que finalmente podrían encontrarse.
Dio un ultimo pasó y la luz lo cegó, cuando sus ojos finalmente pudieron acostumbrarse su boca tomó el tamaño de un caldero...pues ya no había ningún túnel, ante el se hallaba un hermoso claro, los campos estaban cubiertos por exquisitas flores que juraría no existían mas que en sueños, cerca había una gran laguna de aguas cristalinas.
Atravesó un pequeño camino empedrado, tratando de no distraerse con las maravillas naturales del lugar. Se detuvo frente a la laguna, y miró su reflejo.
Ahogó un grito
Ante el se encontraba ese joven Remus Lupin de veintidós años, asombrado, revisó sus brazos y su torso, y ante su desconcierto, no poseía cicatriz alguna, su piel era pálida y tersa, como la recordaba antes del trágico suceso que marcaría su vida.
-Es un lindo efecto...no crees? –Preguntó una voz risueña a sus espaldas. Remus Lupin hubiera jurado que de no estar...bueno, muerto, hubiera sufrido un ataque por la emoción. Giró su cuello con una velocidad que le hizo daño.
Sirius Black, con su juventud y belleza restauradas, le sonreía con calidez para luego envolverlo en un abrazo intenso.
-Esto...esto tiene que ser un milagro- susurro el muchacho de cabello castaño, sus ojos dorados llenos de lagrimas mirando los intensos ojos grises que solían dejarlo sin aliento.
-Algo así...-Susurró apoyando su frente contra la de Remus, el gris de sus ojos relucía con una calidez indescriptible mientras sus fuertes brazos se enroscaban en la pequeña cintura de su amante – Creo que Lily me ha dicho que en este lugar uno toma la forma que tenía durante los momentos mas plenos de su vida...
-Lily...Lily y James están aquí? – Preguntó mientras sus ojos se abrían con intensidad y su sonrisa se hacía tan pronunciada que podría haber dolido
-Claro...donde esperabas que estuvieran sino? – Respondió con una sonrisa
-Me gustaría verlos – dijo sin apartarse de los brazos de Sirius
-Hay mucho tiempo, los visitaremos y te mostraré todo este lugar – Comentó acercando aún más su rostro al del joven de ojos dorados, quien tubo la dignidad de sonrojarse – Pero por ahora...me gustaría recuperar algo del tiempo perdido.
Y sin decir mas, lo besó, con ternura, y al mismo tiempo con una pasión abrasadora. En ese segundo, Remus Lupin pudo confirmar que en efecto, había llegado al paraíso.
-CDE-
-Así que...amantes? – Preguntó a la nada con una naturalidad tal que llego casi a asustarlo...lo cierto es que en un comienzo la imagen de su padrino y su antiguo profesor en situaciones que fueran más haya de la simple amistad lo perturbaban bastante pero...pensando un poco más en ello...la idea de que su padrino hubiera podido gozar de la plenitud del amor...el que haya podido partir sin que se le hubiera negado algo tan maravilloso, el que alguien lo amase con una intensidad tal...era cuando menos reconfortante.
Tomó el cuerpo en sus brazos, cubriéndolo con una tela negra que tubo el recaudo de conjurar, le asombró notar lo increíblemente delgado que era.
Sonrió con un aire melancólico y comenzó a caminar rumbo al castillo, en la distancia podía ver a una Minerva McGonagall agitadísima, y a Madame Pomfrey corriendo con una velocidad admirable para una mujer de su edad.
Sintió entonces un escalofrió que poco tenía que ver con el frío de su cuerpo entumecido.
Su corazón pudo sentir como el alma llena de paz se desvanecía de este mundo, y...no supo explicar como, pero estuvo seguro, de que, en algún lugar, un viejo arco se derrumbó por su propio peso.
FIN
N/A: Bien, esto es, por lejos, el capitulo mas largo que haya publicado jamás...lo cual es realmente lamentable por que no es TAN largo XD
Mmm...No estoy seguro de si la ultima frase se entendió del todo, me refiero que en el momento en que Remus y Sirius se encuentran, es, para Harry, el momento en el que el alma de su padrino finalmente podría descansar en paz.
Como sea, no los entretengo mas, tengo una reunión con mi "Ho todo poderoso padre" XD
Saludos y mucha suerte
Les desea
Viosil Uab
